Los Personajes Pertenecen a Stephenie Meyer, La Historia Es Completamente Mia y Esta Protegida, Asi Que Pregunten Si Desean Publicarla En Alguna Parte.
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Beteado por Monz Pollen. Beta FFAD ( www . facebook groups / betasffaddiction/)
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10. El Secreto de Bella.
Bella's POV.
Volver a casa fue llenar un pequeño vacío que siempre tenía. Amaba donde había nacido y crecido, por eso siempre trataba de regresar aunque esta vez no era por las razones de disfrutar.
— Hija ¿quieres comer algo? —me preguntó Charlie.
— Claro.
— Bien, subiré esto —mostró mi bolso—y calentaré la comida que tengo.
— Gracias papá.
Me senté en el sillón enfrente del gran televisor que tenía mi padre para ver los partidos. Saqué mi teléfono y marqué el número de Edward.
— Hola hermosa ¿ya llegaste? —preguntó.
— Sí, estoy en casa de mi padre.
— Qué bien, yo estoy en el bar, Jasper necesita de mi ayuda.
— Llevas días sin darle tu ayuda, creo que debes dejarlo descansar —dije.
— Puede ser, aunque hace un tiempo yo lo cubrí a él, creo que debo cobrarme —se rió.
— Entonces si es así bien.
Conversamos un poco más, hasta que mi padre dijo que la comida estaba lista, me despedí de él y me fui a sentar con mi padre a la mesa.
— Vaya papá, esto se ve delicioso —dije al ver el plato.
— Qué bueno que te parezca.
— ¿De dónde lo sacaste?
— Es un secreto, aunque te lo diré pronto —dijo muy misterioso.
— Ya quiero saber.
Comí lo que mi padre me había servido, luego nos acomodamos en el sillón donde vimos algunas películas hasta que decidí irme a dormir. Mañana sería un día largo y necesitaba tener fuerzas. Le dije buenas noches a mi padre y subí a mi habitación.
Estaba igual que siempre, todas mis cosas de mi adolescencia aún llenaban las paredes, y agradecí al ver las fotos de mis compañeros de instituto en ellas. Aunque me llevé una gran sorpresa al ver una foto que hace muchos años no me fijaba. Dejé de mirarla ya que me produjo un dolor en el pecho.
Me di una ducha rápida, me coloque mi pijama y me metí en la cama, el sueño no se demoró nada en llegar y caí rendida.
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— Bella, Bella —escuché un grito desde la parte baja de mi casa.
Me levanté de golpe, para bajar las escaleras y buscar a la persona que me llamaba.
— Bella ven —volví a escuchar.
Miré por todas partes hasta que encontré a la pequeña niña, pero ella salía por la puerta trasera.
— Espera —le grité.
Al salir al patio me encontré con una fuerte lluvia, que de inmediato me mojó. No era bueno que esa pequeña niña saliera la lluvia.
— Espera, está lloviendo —corrí detrás de ella sabiendo que había entrado al bosque. Estaba oscuro, la lluvia era cada vez más fuerte, mi ropa pesaba y cada vez era más complicado correr.
— Vuelve —le grité.
— Encuéntrame —la escuché detrás de mí.
Desperté asustada y sudando. Me sentía ahogada en mi habitación, así que me puse una sudadera y bajé para salir al patio trasero.
La noche no estaba helada, lo cual me extrañó. Forks no era el lugar más caluroso de Estados Unidos. Me senté en una mecedora que mi padre tenía, colocando mis pies sobre el asiento y rodeándolo con mis brazos.
Odiaba mis pesadillas, y más cuando estaba sola. Las noches que Edward me acompañaba él las espantaba y no las tenía, pero como pasaba las veces anteriores, volver a mi casa era volver a tener pesadillas.
Me quedé ahí hasta que amaneció y sentí a mi padre moverse por la casa. Así que entré y lo encontré calentando café en la cocina.
— Hija ¿Qué hacías afuera?
— No podía dormir —dije tomando una taza.
— ¿Qué harás hoy?
— Preparé algo de comida y luego iré a visitarla —murmuré.
Mi padre se sentó con una taza de café y un emparedado, me senté enfrente de él, pero solo con una taza de café, no podía comer.
— Hija ¿puedo preguntarte algo? —dijo Charlie.
— Claro.
— ¿Le contaste a Edward sobre ella?
Lo miré y pude ver que él estaba muy interesado en la respuesta.
— No, no quiero que lo sepa —dije.
— ¿Por qué?
— No, no puedo papá, no puedo —murmuré.
— Hija deberías hablar con él —dijo Charlie—, él merece saber esa parte de ti.
— Lo sé papá, pero no puedo.
— Hija vives con Edward, nunca pensé verte así con alguien, después de lo que pasó con Max.
— Papá, lo que pasó con Max no me marcó para siempre.
— Lo sé, hija. En un principio lo creí, ahora veo que estaba equivocado. Ustedes se aman, viven juntos, creo que deberías contarle. No es bueno tener secretos.
— No puedo contarle papá.
Él no siguió con el tema, así que se puso de pie, me dio un beso y me dijo que cualquier cosa lo llamara. Sabía que se preocupaba mucho por mí, pero estas eran mis luchas y no debía dárselas a él.
Pasé la mañana limpiando un poco la casa de mi padre, aunque sorprendentemente estaba limpia y solo tuve que ordenar algunas cosas. Preparé algo de comida y se la dejé a mi padre dentro del microondas, así la calentaría al llegar.
Me puse ropa cómoda, y tomé mi abrigo. Corría un viento helado, en el transcurso del día, el clima había cambiado y al parecer iba a llover.
Caminé por las calles de Forks, saludé a algunas personas que me reconocieron, pero el resto del tiempo miré el suelo, no quería que nadie supiera de mi pasó por Forks.
Compré unas flores, cuando se puso a llover de manera leve. Seguí mi camino, hasta llegar a mi destino.
— Hola pequeña —dije.
No pude evitar que las lágrimas cayeran por mis mejillas, cada año era más duro venir y ver sus nombres en la fría piedra.
Sophie Lili Swan
Nacimiento 5 de Abril 2005
Muerte 5 de Abril 2005
"Siempre será mi luz, siempre serás mi pequeña. No importa donde estés, siempre te amaré. Tu mamá"
Caí de rodillas al ver lo que había colocado en la lápida hace siete años atrás. Un dolor recorrió mi cuerpo, mientras lágrimas salían de mis ojos. Que ella estuviera aquí era mi culpa, solo mi culpa.
Dejé las flores sobre su tumba, mientras lloraba sin control. Como hubiera deseado poder tenerla conmigo en estos momentos, haberla visto crecer y haber podido criarla, darle todo el amor que se merecía.
— Lo siento hija, lo siento —dije entre sollozos.
El agua mojaba mi cuerpo, mientras lloraba la pérdida de mi hija, cada año era igual.
Pasó bastante tiempo, hasta que el agua dejó de caer sobre mí y agradecí el que parara de llover.
— No puedo dejarte bajo la lluvia —dijo esa voz que tan bien conocía.
Me giré para mirar de tras de mí y me llevé una gran sorpresa al verlo ahí de pie. No había parado de llover, él tenía un paraguas sobre mí.
— Ed… Edward ¿Qué haces aquí? —le pregunté.
— Alice me dijo que me necesitarías, así que esperé a que salieras de tu casa y te seguí. Al verte aquí no quería molestarte, pero ya llevabas mucho tiempo bajo la lluvia.
Él me tomó de la mano para colocarme de pie.
— Estás empapada —dijo.
— No deberías de estar aquí —murmuré y traté de secar mis lágrimas como el agua de mi rostro.
— Lo sé, y lamento todo esto, pero estas empapada.
Le di la espalda a Edward y volví a mirar la tumba de mi hija. El agua corría por sobre la lápida, y el clima estaba como me sentía… triste.
Un brazo de Edward rodeó mi cintura y apoyó su cabeza en mi hombro.
— No deberías estar sola ¿Por qué no dejaste que la gente te acompañe?
— No quiero que nadie me vea aquí, no merezco venir a verla y menos llorar por ella.
— ¿Por qué dices eso? —me preguntó.
— No te lo diré aquí, ni ahora ¿Podemos conversar después?
— Claro, tómate tú tiempo.
Edward me abrazó todo el tiempo que estuvimos en el cementerio, me dejó llorar sin decirme nada, solo apretando su agarre cuando el llanto se hacía más fuerte. Había querido que Edward estuviera conmigo y por arte de magia se cumplió, agradecía su brazo alrededor de mi cuerpo.
Se había hecho tarde, cada vez estaba más oscuro y la lluvia junto con las nubes no estaban ayudando.
— Edward, es hora de volver —dije con la voz ronca.
— Bien, vamos.
— Adiós hija, vendré mañana —le dije a la tumba.
Edward pasó un brazo por mis hombros y me llevó hasta la entrada del cementerio debajo del paraguas.
— Hay que caminar un poco a casa.
— Tranquila, vine en el auto —dijo con una leve sonrisa.
Él me llevó hasta el auto, me ayudó a subir y luego se subió el. Condujo por algunas calles hasta que llegamos a la casa de mi padre.
— ¿Cómo sabes…? —indiqué la casa de mi padre.
— Recuerda que te seguí al cementerio. Bueno Alice me dio la dirección de tu padre y estaba esperando unas casas más allá cuando saliste. Lamento eso —dijo apenado.
— Está bien Edward —tomé su mano—, gracias por venir, pero… ¿Vamos dentro? Quiero cambiarme de ropa —le dije.
— Claro, vamos.
— ¿Trajiste ropa? —le pregunté antes de bajar.
— Sí —dijo extrañado.
— Tráela, te quedarás aquí.
— Bella, no creo que a tu padre le parezca.
— A él no le molestara, ya verás que hasta el mismo te lo pedirá.
— Bien.
Nos bajamos del auto y corrí hacia la casa, vi a Edward tomar un bolso pequeño y correr hacia mi lado.
Abrí la puerta y me llevé una gran sorpresa al escuchar el televisor y la risa de mi padre.
— Creo que mi padre está aquí.
Edward dejó su bolso a un lado de las escaleras, nos tomamos de las manos y fuimos hasta el living.
— Hija llegaste —dijo mi padre y cuando se giró nos vio. —Vaya, hola —saludó mi padre.
— Señor Swan, soy Edward Cullen —dio un paso hacia delante y estrecho la mano de mi padre.
— Dime Charlie, y es un gusto Edward… pero ¿Qué hace aquí? —me miró.
— Alice le dijo que viniera, me encontró en el cementerio.
— Ya veo —dijo mi padre sabiendo lo que había pasado.
— Me daré un baño —dije —papá llevaré a Edward arriba para que también se cambien.
— Claro, yo preparé la mesa, aún queda de tu comida.
— No tengo hambre —murmuré.
— Bella debes comer —Edward tomó mi mano—, más si estás con este estado de ánimo.
Él me miró con sus intensos ojos preocupados, así que no pude evitar decirle que no. Subimos a mi habitación, Edward dejó su bolso sobre la cama y miró la habitación.
— Espero que no te moleste dormir en una cama de plaza y media, pero nunca necesité cambiar la cama.
— Tranquila, puedo dormir en el suelo si es pequeña —murmuró mientras miraba mis cosas.
— Ya veremos eso, me daré un baño y luego lo haces tú.
Tomé algo de ropa y mi toalla para correr hacia el baño. El agua calentó mi cuerpo que aún estaba frío por la lluvia, y por primera vez en años no llore mientras me bañaba luego de haber visitado la tumba de mi hija. Me sentía fuerte al saber que Edward estaba en la habitación de al lado y eso se lo agradecía.
Me puse ropa cómoda, volví a la habitación y encontré a Edward mirando una pared donde tenía varias fotos.
— Puedes bañarte —le dije.
Él se giró y tenía un brillo especial en los ojos.
— No has cambiado mucho —dijo mostrando un foto.
— Yo creo que sí, tengo arrugas que antes no tenía —le regalé una sonrisa.
— ¿Dónde tienes arrugas? —se acercó—, eres perfecta —me abrazó.
— No lo soy Edward, hoy lo viste.
— Me mostraste a una persona destruida, algo que no sabía de ti.
— Lamento eso —dije apoyando mi cabeza en su pecho.
— Está bien Bella, tienes derecho a guardar tus cosas —besó mi cabeza.
— Quiero contarte todo, pero primero debes darte un baño y debemos comer algo.
— Bien —él se separó—, te quiero. No lo olvides —dejó un beso en mis labios.
Él sacó sus cosas de su bolso y fue hacia el baño. Aproveché de cepillarme el cabello, ordenar un poco la habitación. Luego me recosté sobre la cama y cerré los ojos.
Me sentía cansada, sobre todo mentalmente, volver a ver la tumba de mi hija era un golpe fuerte. Aún no asumo que ella no está conmigo, la había esperado tanto y no la pude tener conmigo.
Una solitaria lágrima cayó por mi mejilla.
— No llores —escuché a mi lado.
Abrí los ojos y Edward estaba a mi lado, ya bañado, con ropa distinta y su cabello aún mojado.
— Solo fue un pensamiento —dije sentándome en la cama.
— Vamos a comer —me tomó de la mano y me puso de pie.
Llegamos a la cocina donde mi padre estaba preparando algo.
— Hice ensalada —mostró Charlie.
— Gracias papá.
Los tres nos sentamos a comer, Charlie y Edward fueron lo que más conversaron, ya que mi padre le preguntó muchas cosas a Edward. Su edad, donde vivía, sobre su familia, a lo que Edward como siempre respondió tenso, pero mi padre no lo noto. Luego hablaron del trabajo de Edward, y aunque se lo había comentado, el no pudo parar de preguntar por el alcohol, sobre si había mucha gente ebria y todos esos temas que a él le interesaban. Al parecer los dos se estaban llevando muy bien.
Mi padre fue el primero en irse a dormir, así que con Edward limpiamos la cocina. El ayudo a limpiar, mientras lavaba los platos ocupados.
— ¿Vamos a mi habitación? —le pregunté al terminar.
— Sí.
Tomé su mano y lo llevé hasta mi habitación, cerré la puerta al entrar y nos recostamos en la cama. Alcanzamos a estar los dos juntos si estábamos abrazos.
— ¿Estás casada? —preguntó Edward pasando su mano por mi cabello.
— Un poco, pero no quiero dormir —lo miré—, quiero contarte de Sophie.
— Si tú quieres —dijo él con cariño.
Me acomodé en los brazos de Edward, apoyé mi mejilla en su pecho y solté un suspiro.
— Conocí a Max cuando tenía diez años. Él se mudó a casa de enfrente y la madre vino a preguntarle cosas a mi padre con él. Desde el momento en que nos vimos fuimos muy cercanos y como era mi compañero de curso, caminábamos juntos al colegio y de regreso a casa, rápidamente fue mi mejor amigo.
A los quince años me pido ser su novia, y no lo dudé al decirle que sí. Él me gustaba y lo quería mucho. Fuimos novios por alrededor de dos años y algo… creo, ya ni lo recuerdo —me apreté a Edward—. A principios de noviembre cuando ya había cumplido los diecisiete, Max y yo tuvimos relaciones. Ninguno de los dos se preocupó de cuidarse, éramos jóvenes e inexpertos. Para los dos fue nuestra primera vez.
— Él debió cuidarte —dijo Edward.
— Los dos debimos Edward, recuerda que es una relación de dos.
— Bien, pero él debió cuidarte según yo.
No pode evitar sonreír un poco por la actitud sobre protectora de Edward.
—Luego de eso pasó un mes y medio cuando comencé a sentirme mal. Mi mejor amiga de ese entonces, Ángela, me acompañó por la prueba de embarazo, ya que tenía dudas por la falta de mi periodo y de las náuseas matutinas. Me hice el test y este dio positivo. No lo podía creer y lloré un buen tiempo en los brazos de Ángela.
Ella me apoyó todo el tiempo, me dijo que estaría conmigo cuando le contara a mi padre, como también cuando le contara a Max. Así que eso hice. Primero llamé a Max y le pregunté si podía venir a mi casa de manera urgente. Él llegó preocupado y al verme con los ojos llorosos sabía que algo no estaba bien. Le mostré la prueba de embarazo y él quedó sorprendido al igual que yo. Los dos lloramos por mucho tiempo, hasta que se tuvo que ir. Prometió volver al día siguiente para hablar con mi padre… pero él no vino al día siguiente. Solo cuando volví a clases lo vi.
Me dijo que no estaba interesado en ser padre, que me podía quedar con ese bebé o hacer lo que quisiera con él, que no le importaba. Le pregunté que dónde había quedado su amor, pero él solo dijo que hace ya un tiempo no me amaba. Todo se vino abajo en ese momento.
Hasta que Edward no pasó su mano por mi mejilla no me había dado cuenta de que estaba llorando.
— Si no me puedes contar, no lo hagas —me dijo Edward.
— Quiero hacerlo —murmuré—, lo necesito —y hasta ese momento no me había dado cuenta, cuanto lo necesitaba.
Le conté a mi padre unas semanas después. Él se decepciono de mí, pero cuando preguntó por Max y le dije que me había dejado, estuvo a punto de salir con la pistola y matarlo.
— Yo lo hubiera hecho —dijo Edward.
— Sé que mi padre también, pero no era lo que quería. Ya amaba a mi hija en ese momento y si él no la quería conocer, yo no lo obligaría.
Tomé un poco de aire antes de continuar.
— El tiempo pasó, Ángela y mi padre estuvieron conmigo siempre, me cuidaron y también amaban a mi hija. Cuando tenía unos seis meses de gestación… —un nudo se formó en mi garganta —recibí la visita de la madre de Max. Dijo que me había visto con mi vientre y quería saber si el bebé era su nieto. No se lo negué.
Ella quería apoyarme económicamente para que no demandara a Max, le dije que no era necesario, que no quería nada de ellos. Ella comenzó a decirme cosas horribles sobre mi padre y sobre mí. Le grité otras más a ellas y cuando ya no pude aguantarlo más, le dije que se fuera y me fui escaleras arriba. Pero ella me detuvo, me dijo que aún estábamos conversando y en el forcejeo, caí por las escaleras.
— ¡Dios! —murmuró Edward.
— Caí desde lo más alto, sentí miles de golpes en mi vientre, y cuando llegué al suelo, pude sentir un líquido saliendo de mis piernas. Luego de esos los gritos de la madre de Max, la llamada a emergencias y todo se fue a negro.
Me limpié las lágrimas y tragué onda para volver a continuar la historia.
— Cuando volví a despertar estaba en el quirófano, mi padre estaba a mi lado y el doctor al otro. Recuerdo que supe lo que pasaba antes de que me dijeran, pero no pude hacer nada para cambiarlo. El doctor dijo que mi bebé había muerto por culpa de la caída y debía pujar para tenerlo, que me inducirían el parto.
En ese momento comencé a llorar y Edward me abrazó fuertemente tratando de consolarme.
— Fue la cosa más horrible que alguna vez hice. Saber que estaba pujando para sacar a mi hija ya muerta fue horrible —dije entre llanto.
— Amor no es necesario que continúes —dijo Edward.
— Luego de tenerla se la llevaron, pero pedí verla. Era hermosa Edward, la niña más hermosa que alguna vez pude haber soñado —me sorbí la nariz—. Mi padre se encargó de todo, yo solo tuve que recuperarme y luego ir al cementerio. Ese día llovía, casi como hoy en la tarde. El padre dijo unas cosas muy hermosas y luego bajaron su ataúd. Recuerdo haberle gritado a Max y a su madre cuando aparecieron, pero no tenía fuerzas así que todo se fue a negro.
Desperté en mi habitación sola, y fue cuando decidí que no quería que nadie hablara de este tema. Guardé todas las cosas que serían de Sophie en una caja, que ahora está dentro de mi closet. Le pedí a mi padre poder tomar los exámenes libre y en las vacaciones me fui donde unos tíos en Canadá. Volví al año escolar siguiente y ya nadie hablaba del tema. Luego de eso lo mantuve como secreto. Alice se enteró al ver una ecografía de Sophie que tenía en un libro y luego supo Rose.
Me quedé en silencio esperando algo comentario de Edward, pero este no llego, así que lo miré y pude ver en sus ojos dolor.
— Eras solo una niña —murmuró—, y tuviste que pasar por todo eso.
— Lamento no habértelo dicho antes, pero no es algo que le cuente a todo el mundo —le dije.
— Tranquila Bella, te comprendo —besó mi frente—. Puedo ver lo doloroso que es para ti contármelo, así que entiendo porque no me lo dijiste, pero ahora estoy contigo y te apoyaré. Me hubiera gustado mucho haber conocido a Sophie, seguro era igual a ti.
Me acurruqué en los brazos de Edward, mientras el me abrazaba más a su cuerpo.
— Gracias Edward, gracias por escucharme, por estar conmigo.
— Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites. Esta es parte de tu vida y agradezco que me dejes estar en ella.
Nos quedamos abrazamos por un tiempo, hasta que comencé a tener mucho sueño. Así que los dos nos colocamos nuestro pijama y nos metimos dentro de la cama para seguir en los brazos del otro, pero esta vez en nuestros sueños.
Como primera vez, no tuve pesadillas mientras pasaba una noche en mi antigua habitación.
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Los días en casa de mi padre pasaron rápido. Edward me acompañó a la tumba de Sophie todos los días. Le llevamos flores y Edward le regaló un pequeño remolino para decorar la lápida, lo cual encontré un gesto muy dulce.
Le presente a mi hija a mi novio, y Edward como buen caballero le pidió salir conmigo. Él estaba haciendo todo a lo que siempre le temí: que la persona a la cual amaba, porque descubrí que amo a Edward, no aceptara esta parte de mi vida, pero él la aceptaba y me comprendía.
Por ser el último día que pasaríamos con mi padre, había decidido preparé algo para el almuerzo, ya que nos iríamos después de él. Así que fuimos en la mañana a despedirnos de mi hija y luego me fui directo a la cocina a preparar una rica lasaña.
Edward me estaba ayudando con las ensaladas, cuando mi celular vibro en el bolsillo de mi pantalón, lo saqué para ver el nombre de mi padre en la pantalla, lo cual me extraño.
— Alo, papá —dije.
— Hija ¿Dónde estás?
— En la casa, preparando el almuerzo ¿No deberías estar de camino?
— Ya voy para allá —dijo y escuché la puerta del auto—, quería avisarte que voy con alguien, así que coloca un puesto más.
— ¿Con quién vienes? —le pregunté extraña.
— Ya verás hija, no me demoro mucho en llegar.
— Ok, te espero.
Colgué la llamada y termine lo que estaba haciendo. Colocamos la mesa para cuatro personas.
— Creo que todo está listo —dije.
— Ya quiero comer, tengo hambre —dijo Edward rodeando mi cintura por la espalda.
— Mi papá ya llegara, espera un poco.
Nos fuimos al living, hasta que escuché el auto de mi padre en la entrada. Podía escuchar que venía conversado con alguien hasta que entro en la casa.
— Bells, llegué —dijo mi padre.
— Estamos aquí —le grité.
Mi padre apareció desde la entrada, con una mujer de la mano. Debía medir uno sesenta, cabello negro largo y piel morena.
— Hola hija, Edward —saludo papá —quiero presentarte a alguien. Ella es Sue Martin, mi novia.
Cuando él dijo eso, me llevé una gran sorpresa, no lo esperaba.
— Es un gusto, soy Edward Cullen —reacciono primero que yo.
— Un gusto Edward —le dijo Sue.
— También es un gusto —dije—, y una gran sorpresa —le di una sonrisa.
— Tenía muchas ganas de conocerte —me sonrió Sue.
— ¿Por qué mejor no pasamos a comer? —preguntó Charlie.
— Si pasen —dije—, está todo listo.
Pasamos a la mesa de la cocina, Sue se sentó junto a Charlie y yo junto a Edward. Comenzamos a comer en silencio, pero cuando Edward les preguntó el tiempo en que estaban juntos, la conversación comenzó a fluir.
Mi padre nos contó que llevaban juntos unos tres meses, pero hace poco comenzaron a ser novio. Sue nos contó un poco sobre su familia y su vida. Tenía dos hijos ya trabajando y con familia. Ella vivía sola en la reserva desde hace cinco años, y le gustaba la calma del lugar.
Era una mujer esforzada, y podía ver la química que había con mi padre. Me sentí feliz al ver como reacia su vida, era algo que el necesitaba después de haber estado tanto tiempo solo.
— La comida estuvo perfecta Bells —dijo mi padre.
— Gracias por el almuerzo —me dijo Sue.
— De nada, que bueno que les gusto.
Sue se ofreció a preparar algunos cafés para todos, pero como ya era tarde, declinamos con Edward. Teníamos que viajar y era mejor salir pronto.
Nos despedimos de mi padre y de Sue. Aunque mi padre tuvo una pequeña charla con Edward, mientras me despedía de Sue.
— Cuida de Charlie por favor —le dije a Sue.
— Claro Bella, y es bueno conocerte.
— Igualmente, nos estaremos viendo pronto.
Nos subimos en el auto de Edward y nos fuimos a Seattle. Mañana tendría que volver al trabajo, y después de estos días lejos de la rutina, no sabía que sería volver a trabajar.
Que les parecio..? Pensaron que ese seria el secreto de Bella...? Habían muchas hipótesis pero solo algunas personas acertaron :D Ahora solo queda el secreto de Edward :S y seguro que de ese aun no tiene muchas pistas
Quiero decirles que lamento subir capitulo hoy y no ayer jueves... pero llegue cansada a mi casa y solo me lance sobre mi cama a dormir y olvide lo del capitulo xD así que lo lamento..!
Gracias como siempre por las alertas, favoritos y review :D Soy una persona muy feliz cuando los veo :D
El adelanto como siempre dentro de los próximos días en el grupo de facebook (link en mi perfil)
Gracias por leer y comentar :D
Saludos
Danii^^
