¡Hellooo! :3 ¡Ya que ha llegado el miércoles, pues les traigo la continuación! Y aunque no es un capítulo muuuyy largo, al menos se divertirá con él mientras les proporciono tiempo de calidad entre Aomine y Axelle para compensar mis desvíos del romance LOL. También agrego que quienes están leyendo este fic son los únicos que tienen actualización de mis historias XD. Los demás tendrán que esperar por cuestiones de tiempo/inspiración y que este fic ocupa todaaa mi atención e.e. Así que sientanse orgullos por ello ( ? ) owo. Espero no haya nadie leyéndome que me siga en las otras historias que tengo y mandé a hiatus jeje...Sin más, nos leemos el domingo =D. ¡Besitos, abrazos y apapachos!¡Gracias por sus lecturas amados lectores fantasma! Y claro, gracias BubbleBlack por comentarme sin falta :3 Te regalaría un chocolate si viviéramos cerca :D
Capítulo 10
Los inconvenientes del estudio
Suspiró con cansancio. No había nada que pudiera hacer al respecto, ya que tenía estrictamente prohibido realizar demasiado esfuerzo físico por al menos un par de semanas y eso incluía claramente, las prácticas diarias de basquetbol. Así que de momento no tenía nada más que hacer dentro de aquel amplio gimnasio o al menos eso era lo que pensaba hasta que se topó a la castaña justo en el momento en que decidió salir de aquel lugar.
—Me voy –dictaminó Aomine.
—No te estoy prohibiendo que te vayas a casa, de hecho es lo que tienes que hacer si quieres recuperarte lo antes posible –remarcó-. Así que aprovecha el tiempo libre que tienes para estudiar apropiadamente ya que si no sales con buenas notas no podrás participar en el torneo regional de verano, ¿entendiste? –soltó con ese tonito amenazador tan propio de ella.
—Lo sé, no tienes que estármelo repitiendo cada dos minutos –se quejó poniendo mala cara.
—Es tu culpa por ser un cabezota como Bakagami.
—No me compares con el idiota de Bakagami –renegó mirando tajantemente al pelirrojo-. Él realmente apesta para los estudios.
—¡Los dos son un asco en la escuela! –gritó sin condolencia alguna. Y es que era la cruel verdad.
—Deberían sentirse avergonzados de tener tan malas notas, Kagami-kun, Aomine-kun –comentó casual Kuroko observando a sus dos amigos.
—¡Tus notas son normales! –levantó la voz el pelirrojo.
—Pero siguen siendo mejores que la de ustedes dos…juntos…-suspiró intranquilo Hyuuga. ¿Qué harían si ese par de idiotas no aprobaban los exámenes que estaban literalmente a menos de un par de días? Toda esa situación era como un déjà vu para él.
—Si al menos tuvieran más materia gris en sus huecas cabezas –agregaba Riko con desesperanza.
—Eso me hace recordar cuando tuvimos que hacer un grupo de estudio para que Kagami pudiera jugar. Vaya que fue un verdadero dolor de cabeza –agregó pensativo Hyuuga-. Haríamos lo mismo pero ya no estamos en preparatoria y nosotros también tenemos que estudiar para nuestras pruebas.
—Requerimos de alguien que no sólo tenga tiempo, sino que pueda entender las materias sin demasiado esfuerzo. Alguien capacitado para enseñarle a uno de estos dos buenos para nada…Alguien como…
—¿Por qué siento que entré en un mal momento…? –preguntaba con inocencia Axelle mirando a todos. Tanto Hyuuga como Riko le observaban con una amplia sonrisa.
—Perfecto, tenemos a una candidata aquí mismo.
—¿Candidata?¿Para qué? –no sabía qué esperar con ella.
—¿Tienes tiempo libres por las tardes después de la universidad, no es verdad? –interrogaba Riko.
—No desde que me haces venir a entrenar con todos ustedes –señaló lo obvio.
—¿No te gustaría descansar de nuestros entrenamientos un par de semanas? –le ofreció sonrientemente.
—Quizás…Pero en este momento no estoy segura por el modo en que me miras…Es sospechoso –hacía bien en desconfiar.
—Sólo tienes que encargarte de que uno de estos dos idiotas estudien para sus exámenes –y con idiotas se refería a Aomine y Bakagami.
—Prefiero quedarme a entrenar todos los días –confesó rápidamente.
—Axelle, tienes que hacerlo por mí, por el equipo, por la universidad de Tokio…Recibí las evaluaciones de Aomine-kun y Bakagami y están para tirarse por la ventana. ¿Y sabes qué es lo más increíble?
—¿Que apenas hemos empezado la carrea que nos permitirá ser adultos responsables capaces de mantenernos por nuestros medios y ellos ya tienen malas puntuaciones?
—¡Exactamente! ¿Y sabes qué más?
—¿Que su único talento en apariencia es el basquetbol y comer más que la gente promedio?
—¡Así es! –gimoteó-. Así que por favor ayúdame –pidió tiernamente, poniendo una cara angelical-. Te recompensaré, te lo prometo.
—Llevo escuchando eso desde el examen de inglés –comunicó.
—Vamos Axelle. Además quiero evitar que ese tonto se meta en más problemas. Tuvimos suerte de que Kuma-kun y Shinya-kun lo encontraran, pero no podemos asegurar un segundo golpe de suerte.
—Bueno en eso tienes razón…Aomine es muy impulsivo y por eso terminó así, de manera que está bien, ayudaré –sonrió tenuemente-.
—No sé qué haría sin ti –dijo efusivamente mientras la abrazaba fuertemente. Esa mujer tenía mucha más fuerza de la que pensaba, estaba que le faltaba el aire.
—Si me sigues abrazando de este modo, seguramente tendrás que afrontar ese hecho –al fin podía respirar como cualquier otro ser humano normal.
—Aomine-kun, por favor sigue las instrucciones de Axelle –se dirigió hacia el moreno. Uno que puso una mueca de total disgusto ante eso.
—Pensé que podía elegir –soltó la rubia.
—Bueno con todo este embrollo y lo que nos contó Aomine-kun, decidimos que Bakagami podía acompañarla a casa para que esté segura.
—Y como Aomine-kun está todo malherido no sirve para cuidar a nadie…-murmuraba Axelle de mala gana.
—¡Te escuché!
—Y gracias a que los dos estudian la misma carrera, le he pedido a Satsuki-kun que le explique –decía animadamente Riko, como si todo fuera perfecto y maravilloso. Aomine y Axelle no pensaban igual.
—Me largo –sencillamente Aomine se fue de allí.
—Ves, ves –la castaña le hacía señas a su amiga para que alcanzara al chico.
—Sabes, yo también tengo exámenes que aprobar…-pero a ninguno de esos dos le importaba algo como eso.
Tuvo que correr para poder alcanzar al despreocupado estudiante de ingeniería. Quién pensaría que aun con aquellas heridas podía desplazarse a paso normal. Sabía que sería un largo camino hacia la estación del metro.
—Aomine-kun.
—¿Qué es lo que quieres? –ni siquiera le miró.
—Sabes que debes obtener buenas notas o no habrá basquetbol.
—Ya escuché eso.
—Entonces sabes lo que pasará a partir de hoy, ¿verdad?
—Sí, empezará una pesadilla –soltó secamente.
—Tampoco estoy feliz con esto, ¿sabes? Pero al menos intento poner mi esfuerzo, espero que hagas lo mismo.
—Nadie te está obligando a que lo hagas. Puedo hacerme cargo de mis asuntos yo mismo.
—De ser así no necesitarías que alguien como yo te ayude a estudiar –recalcó calmadamente.
—¿En dónde estudiaremos? –cuestionó mirándole de reojo. Sí, odiaba recibir ayuda de las personas, pero aborrecía más no poder jugar baloncesto y más cuando un torneo se aproximaba. Debía tragarse el orgullo por esa ocasión.
—¿Te molesta que sea en tu casa?
—¿Quieres seguir molestándome? –le reprochó. Sabía que si ella iba allí su madre continuaría incomodándole con ella y esa falsa relación que todos creían que existía.
—No, pero es mejor que sea allí por tu propio bien –mencionó como sí nada.
—Oh, así que estás preocupado por mí –se burló y le sonrió triunfalmente.
—¿Hay algún problema sí es así?¿Te pone feliz o te agranda el ego? –respondió con su mismo tono y esa peculiar sonrisa suya-. Apurémonos que primero debo entender de que van tus materias para poderte explicar adecuadamente –prosiguió con normalidad-. Cuando los fundamentos queden claros dudo que tengas demasiadas dificultades más adelante.
—¿Pero qué…demonios…?¿Qué clase de respuesta fue ésa?¿Por qué rayos no reacciona…como una chica normal? Creo que sí hay algo realmente mal con ella.
—¿Escuchaste lo que te dije? –alzó una de sus cejas y lo miró atentamente.
—Dejé de prestarte atención cuando empezaste a hablar sobre la escuela.
—Eres un cínico de lo peor, ¿te lo han dicho verdad? Me recuerdas a mi padre…-chasqueó fastidiada.
—Tu padre debe ser un sujeto muy genial entonces –soltó con egocentrismo.
—Je ne sais pas ce qui est pire…son arrogance…ou son cynisme…
—Deja de parlotear en francés –respingó.
—Hablo en el idioma que quiero –bufó molesta.
No le sorprendía en lo más mínimo el recibiendo que su madre le daba a esa chica; después de todo, desde el primer día que entró a la casa se había ganado fácilmente su simpatía. Sabía que le esperaban largas y tediosas tardes donde tendría que tolerar a esas dos mujeres. Pero debía sobrevivir, después de todo, él era Aomine Daiki y algo tan simple como una revoltosa rubia no iba a estropearle la vida.
—Axe-chan, me da mucho gusto verte de nuevo –la madre le sonreía amablemente. Realmente estaba feliz de volver a ver a la chica-. Por cierto, gracias por los chocolates. Estuvieron deliciosos.
—No hay de qué, me alegra que hayan sido de su agrado.
—Siéntete como en tu casa, Axe-chan. Yo les hablaré cuando la comida esté lista.
—Muchas gracias.
—Gracias a ti por estar al pendiente de mi Dai-chan. Después de lo que pasó hace dos días atrás…Simplemente…
—No es necesario que se mortifique más por eso. Ya pasó y ahora Aomine-kun será más cuidadoso –alentó-. Así que no piense más en esas cosas.
—Eres tan buena chica, Axe-chan. La próxima vez haré unas galletas para que le lleves a tu madre.
—Agradezco el gesto, pero mi madre no vive aquí. De hecho mis padres están divorciados –mencionó con una sonrisa nerviosa. Un silencio incómodo se hizo presente.
—Axe-chan, lamento haber sacado el tema, yo no sabía…-mencionaba con pena Natsumi.
—No se preocupe, la verdad no me afecta hablar al respecto –prosiguió-. Ahora iremos a estudiar que tenemos el tiempo encima –miró de reojo al moreno y simplemente le sonrió burlonamente-. ¿Listo Aomine-kun?
No era la primera vez que entraba a la habitación de un chico, después de todo se había criado en compañía de tres, por lo que estaba completamente acostumbrada. No obstante, había peculiaridades en el cuarto del moreno que llamaron su atención de inmediato.
Esperaba hallar algún póster de algún basquetbolista o algo alusivo a aquel deporte que él tanto amaba. Sin embargo, no había nada. Las paredes eran de un tono crema, completamente austeras, a excepción de un reloj de pared y uno que otro cuadro familiar.
La cama yacía pegada hacia la ventana mientras frente a ella se encontraba lo que parecía ser el armario. Así mismo había una pequeña mesa de madera en el centro, soportada por una alfombra ovalada bastante mullida de tono azul cielo.
Todo lucía extrañamente en su sitio. ¿Seguro que era la habitación correcta?
—¿Estamos en la habitación adecuada?
—¡Por supuesto que sí! –repeló mientras arrojaba sus cosas a la cama-. Tu habitación parece más la de un chico que la de una mujer.
—Podría ser cierto. Pero bueno, dejemos eso a un lado y pasemos a lo que importa –comentó. Tomó asiento frente a la mesita esperando a que el moreno hiciera lo mismo y empezará con la reunión de estudio.
—¿Realmente serás capaz de entenderlo? –resopló mirando a la chica con sumo aburrimiento. Ya hasta había recargado sus codos sobre la mesa, depositando su rostro en sus dos manos.
—Llevo una materia llamada Pre-cálculo, de modo que podré apañármelas con Cálculo Diferencial -¿por qué era tan grueso ese libro?-. Algebra no es problema, pero no sé si así sea con Geometría Analítica…Aomine-kun, ¿por qué demonios te metiste a estudiar Ingeniería…? –todos los libros eran enormes, monstruosos, aberraciones de la naturaleza-. Hubieras estudiado educación como Kagami…o hubieras sido Policía, no sé.
—Sonaba interesante.
—¡¿Sólo por eso?! –exclamó incrédula.
—¿Podría haber otra razón?
—Mejor no hablemos al respecto, presiento que me provocará una jaqueca terrible –abrió el primer libro. Al mal tiempo darle buena cara, o sea, a estudiar Cálculo Diferencial-. Esto no va a ser nada divertido. Debo replantear mi amistad con Riko…
No había pasado ni siquiera una hora y sentía que la cabeza empezaba a dolerle y todo a su alrededor se volvía difuso. Y eso que apenas había leído los primeros capítulos del libro.
—¿Cómo puede leer Marko este tipo de cosas y sonreír mientras lo hace? –se cuestionaba perpleja a la vez que tomaba un respiro antes de proseguir-. Supuse que no sería sencillo, pero es más tedioso de lo que imaginaba…
—¿Acaso es una clase de cerebrito? –preguntó Aomine. A diferencia de ella, se encontraba tumbado boca arriba sobre su cama, viendo una revista, seguramente de Mai-chan.
—También estudia Ingeniería en la Universidad de Tohoku. Y siempre ha sido bueno en los estudios, especialmente lo relacionado con los números. –relató al tiempo que sacaba una libreta de su mochila, así como unos lapiceros.
—¿Y siempre ha jugado basquetbol?
—Desde que tenía como diez años aproximadamente. Después de que su padre nos llevara a todos a un partido en América, todos quedamos impresionados. Pero definitivamente, ellos tres más que yo…A partir de ese momento empezaron a practicarlo. Aunque eso causó también serios problemas…
—Padres ricos, puedo ver rápidamente el problema.
—El padre de Marko es dueño de una larga cadena de hoteles tanto en Italia como Francia, bastante redituables, así mismo invierte en otros campos para expandir sus ganancias. Por otro lado, el papá de Hadrien controla el emporio de los automóviles en toda Alemania, vendiendo en toda Europa e incluso en Asia. Y en el caso de Leo, su familia maneja una industria farmacéutica reconocida que se fundó hace más de dos décadas atrás.
Sí, todos vienen de buenas familias por lo que el dinero no es problema para ninguno de ellos –finalizó tranquilamente-. Y esa es la razón por la que a sus padres no les agrada que sus hijos jueguen basquetbol, porque son los sucesores de sus emporios, por lo que no deberían estar perdiendo el tiempo en banalidades como ésas.
—Y aun así esos tres decidieron venirse a Japón y jugar basquetbol –sonrió ampliamente. Al menos poseían suficientes agallas para oponerse a los mandatos de sus padres.
—Exactamente –suspiró y volvió a reabrir el libro de texto.
—Pero tus padres son ricos, ¿no?
—Pues el que tiene dinero es mi padre, no yo –señalaba-. Además yo estoy bajo el cuidado de mi madre más que otra cosa. Y mi madre le prohibió que me enviara dinero o cualquier clase de ayuda parecida.
—Suena como si fuera una controladora.
—No suena, lo es…-dijo desviando la mirada-. Y lo más incómodo de todo es que se siguen viendo las caras aun cuando se divorciaron hace más de cinco años…Es lo malo de que trabajen juntos y que mi abuelo la invite a su casa…Si pudiera también me divorciaría de ellos.
—Ahora queda claro porque prefieres estar en Japón, incluso si no te dan nada de dinero.
—En realidad vine a Japón porque me enamoré de él mientras mi madre me hablaba de su tierra natal, así que deseaba conocerlo por mí misma, por lo que aprendí el idioma desde chica. Pero mi mamá me dijo que no quería vivir de nuevo aquí, así que si quería venir aquí que ya era cosa mía…-murmuraba cada vez más bajito-. Al final me dejó venir con ciertas condiciones…Y ahora ni loca vuelvo a Francia con ella –señaló con el ceño fruncido.
—Tu familia es muy complicada.
—¡Y tú eres un perezoso de lo peor! –exclamó, calmándose en breve-. Quemaré tu revista si no te pones a estudiar en este preciso momento.
—Tú eres mi tutora, después de todo. Así que haz tu trabajo.
—No creí que tuviera que recurrir a esto desde el inicio, pero a como van las cosas es lo mejor…Satsuki-kun siempre tiene buenos consejos.
—Ummm…
No podía evitar sentir que aquellas revistas le resultaban tremendamente familiares. ¿Pero por qué? Él tenía exactamente las mismas, resguardadas en algún sitio de su habitación. ¿Entonces a qué debía la inquietud que asolaba a su corazón?
—Sí, es justamente lo que te imaginas Aomine-kun –momento, ¿de dónde había sacado aquellas tijeras?¿Y por qué las dirigía peligrosamente hacia una de las tantas revistas que se postraban a su derecha?
—Ey, baja eso…Puedes hacerte daño –dijo sin quitarle la mirada de encima a la chica-. Así que Satsuki se las dio para fastidiarme. ¿Cómo demonios las encontró en primer lugar?
—Sería una pena que Mai-chan sufriera un accidente, ¿verdad?
—No te atreverías.
—Me gustan los retos y las apuestas –sonrió felizmente.
—Baja esas tijeras –ordenaba.
—Ponte a estudiar.
—Bájalas en este momento.
—Bueno, no llegamos a ningún arreglo -¿qué tanto filo podían tener aquellas tijeras que habían logrado tusar la pobre revista en dos partes en el primer corte?¿Es que iba a seguir con aquella masacre?
—Ya tomé el libro, ¿lo ves verdad? –al fin había cedido.
—Has hecho la elección correcta, Aomine-kun.
—Me haces recordar al bastardo de Akashi y su manía con las tijeras –masculló observándola. Se veía inofensiva, pero eso era una premisa demasiado rápida sobre su persona.
—¿Te refieres a Akashi Seijuurou? –él simplemente asintió-. Fuimos compañeros de clase –sonrió tiernamente.
—¡¿Qué eran compañeros?! –empezaba a entender por qué esa chica no era normal.
—Sí, íbamos a la misma preparatoria después de todo…Él es increíble en el basquetbol, por no decir que también lo es en los estudios. Era fastidioso que quisiera tener siempre la razón –suspiró-. Él siempre era tan extremo.
—Alguien se oye como una colegiala recordando a su viejo amor –comentó tranquilamente sin quitarle la mirada de encima.
—¿En serio? Pensé que no se escucharía de ese modo. Solamente éramos compañeros de grupo, nada destacable –mencionó tranquilamente-. ¿Acaso pensaste que me gustaba o estaba enamorada de él? –arqueó una ceja ante semejante insinuación.
—…De ser así tendrías unos espantosos gustos…-sentenció mirándole como bicho raro.
—Ponte a estudiar y deja de pensar en ese tipo de cosas absurdas –sentenció arrojándole aquella revista justo en la cara.
—¡Deja de hacer eso! –le gritó furioso.
—Si estudiaras como el resto de la gente normal no tendría por qué hacer este tipo de cosas. Es tu culpa por ser como eres, Aomine Daiki –continuaba.
—Veo que se están llevando muy bien –esa indudablemente era la voz de la madre del moreno. Había entrado con una charola llena de onigiri y un par de vasos de té de cebada-. Seguramente tienen un poco de hambre ya.
—No se hubiera molestado –comentó la chica al tiempo que mantenía su mirada fija en esas perfectas bolas de arroz-. Por cosas como éstas vale la pena venir a casa de Aomine-kun. La comida de su madre es la mejor.
—Golosa.
—Estudien duro –animaba felizmente la mujer. Pronto habría de dejar nuevamente solos a los estudiosos chicos.
—Tu madre es una persona muy agradable –su estómago demandaba comer algo. Por lo que aquella bola de arroz le sabía a verdadera gloria.
—Tu teléfono está sonando –indicó mientras tomaba una de aquellas bolas de arroz.
—¿Hola? –pero su saludo se quedó únicamente en eso. Tras el auricular no escuchó absolutamente nada, incluso cuando el marcador de la llamada continuaba avanzando-. Este número es de…Pero, ¿por qué estaría llamándome ahora después de todo lo que ocurrió…? –observó el número por un rato, sin embargo, terminó respondiendo pese a todo. Sin embargo, no se escuchó respuesta alguna-. Creo que se equivocaron de número. En fin, continuemos ante de que se nos haga más tarde.
