Chicas aquí les traigo uno de los últimos capítulos de esta historia. Ya entramos en la cuenta regresiva para el punto final para esta Bella y Edward que tantas emociones han despertado en nosotros.

Estén atentos que en el grupo de facebook estaré publicando adelantos y las fechas de los nuevos capítulos, ademas que mañana empezamos con los festejos por el primer año del grupo.

Besitos, nos leemos pronto.

Capítulo 10: Duelo.

''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''

Dicen que, cuando una persona tiene una pérdida significativa, atraviesa por cinco diferentes etapas, hasta que finalmente lo asume.

Señalan que la primera es la negación, pensar que nada de lo que ha sucedido es verdad. Con esto me toca lidiar a diario… a veces, simplemente me paso horas acariciando mi vientre y al ser consciente de su vacio, como si me arrojaran de un acantilado, salto a la segunda fase: la ira.

Una y otra vez me pregunto, ¿Por qué a mí? ¿Por qué tenía que sucedernos esto? ¿Por qué tenía que volver James a mi vida? ¿Por qué tenía que destrozar mi familia de esa manera? ¿Qué necesidad tenía de provocar tanto dolor?

Estoy enojada conmigo misma, por nunca darme cuenta de la maldad que había en el que fue mi primer novio. Estoy furiosa conmigo misma por haber creído por un minuto que podíamos librarnos de una situación así sin ningún daño.

Sé que no tuve muchas elecciones, que si no hubiese vuelto a tiempo quizás hoy esté llorando a alguno de mis otros hijos, pero no sé cómo lidiar con la tristeza infinita que tengo…

Pov Bella.

Dos meses ya han pasado desde el día que perdí a mi bebé. A veces, me planteo que debería revertir la situación, que tengo que —poco a poco— volver a la normalidad. Pero no sé que hacer o qué decir para volver a ser lo que alguna vez fui.

Los Cullen siguen viniendo a visitarme. Esme todos los días me cuenta sobre mis hijos, y se lo agradezco de todo corazón. Me habla de Edward, del esfuerzo que hace para salir adelante, para manejarse solo con la silla de ruedas y de esa manera poder ocuparse de los niños.

Un día propone que yo la acompañarla a su casa, y yo acepto. Si bien aún no hablo con nadie, necesito ver a mis chicos.

Me bajo del auto y ella me invita a pasar. Con un gesto con la mano le indico que se adelante, mientras que a lo lejos puedo ver como los niños juegan alrededor del hombre que amo y como él los contempla con una expresión triste. Intenta sonreír, pero sé que solo se queda en eso en un intento, seguramente para intentar que los niños estén bien.

Noto la humedad en mis mejillas, nuevamente lloro más y esta vez es porque siento que soy una intrusa en sus vidas.

Me doy la vuelta y me marcho.

La situación se repite varias veces, al principio tarde una semana en volver, pero luego, poco a poco, mis visitas—a escondidas— se hacen cada vez más seguido.

Cada día tomo más confianza y me acerco un poco más.

El otoño se hace notar, y los niños aún salen a jugar aprovechando los últimos días templados. Los veo a los tres juntos en la casa del árbol que Emmett y Jasper han hecho para ellos. Están hablando bajito, y sin que se percaten de mi presencia me acerco a ellos.

— Mía, ¿por qué mami no nos quiere más? — pregunta mi pequeña.

— Si nos quiere, Vicky. Ya te lo he dicho un montón de veces — responde mi muchachito.

— Si nos quisiera, estaría con nosotros — replica con un puchero y cruzando sus bracitos, indicándole a su hermano que tiene razón.

— Mami si nos quiere, pero está triste porque el bebé se fue al cielo.

— ¿Y ella se quiere ir con él? ¿Por eso no está con nosotros?

Mía no le responde, por su expresión sé que mi hija mayor no sabe que responder y yo la comprendo.

Algún botón se acciona en mi cabeza y me doy cuenta que estoy perdiendo a mi hijos, que ellos me necesitan. Entiendo que, lamentablemente, no puedo hacer nada por mi bebé, pero que estoy actuando mal con Mía, Thommy y Vicky.

— No me quiero ir con él — digo casi en un susurro, pero ellos me alcanzan a escuchar.

Los tres voltean a verme, y yo corro a abrazarlos. Ellos sorprendidos me lo devuelven y los cuatro lloramos sin romper el abrazo.

— ¡Perdón, perdónenme! Les juro que no quería hacerlos sufrir de esta manera. Que nunca quise lastimarlos, ni que sintieran que no los quiero. Son lo que más amo en este mundo. Pero no podía, necesitaba tiempo para procesar todo lo que pasó — intento explicarles, enmendar mi error.

— Nosotros también te amamos, mami — dice Thommy.

— ¿Puedes quedarte con nosotros esta noche? — pregunta Victoria

Tras unos instantes de pensarlo, acepto. Estoy dispuesta a recuperar el tiempo que perdí con mis niños.

Pov Edward

La actitud de Bella me duele. No puedo negarlo. Pero… en el fondo de mi corazón, la comprendo. Entiendo que no me quiera ver más, que no quiera compartir su vida conmigo; pero no entiendo, es porque hace pasar por esto a los chicos.

Mis hijos sufren sin ella. Nuestros hijos extrañan a su mamá, su casa y hasta al bebé que perdimos.

Mamá intenta mantenerme esperanzado, pero es ingenuo pensar que volveremos a estar juntos. Es solo un sueño el que volvamos a ser la familia que éramos.

Quien más sufre es Vicky. Ella no estaba muy conforme con la llegada del bebé a nuestras vidas y ahora que no vendría lo quería menos. Más de una vez la observaba jugar con sus muñecas y decirles a los bebés que eran malos porque no dejaban que su mami volviera con ellas. En una oportunidad llegó hasta golpear al juguete.

Yo intentaba explicarles, aunque era algo que ni para mi tenía lógica. Intentaba compartir más tiempo con ellos, demostrarles que su papá los amaba y que estaba dispuesto a estar con ellos todo el tiempo posible.

Jasper, me mantenía al tanto de lo que sucedía en el caso de James. Él estaba detenido en una prisión de máxima seguridad, se le acusaba de estafas reiteradas, cómplice de homicidio en dos oportunidades; homicidio, por la muerte de Jane, abuso sexual en dos oportunidades y en una de ellas a una menor, además de secuestro.

Mi cuñado estaba convencido que le darían prisión perpetua y que terminaría pudriéndose en la cárcel.

Por mi parte no me importaba que hiciera, nada volvería el tiempo atrás. Nada me devolvería a mi hijo ni las cosas en mi familia serían lo mismo.

La rehabilitación era difícil y complicada, destinaba cada día tres horas solo a no perder para siempre mis piernas. No sabía si alguna vez volvería a caminar, pero mientras tanto batallaba día a día para que mis miembros no se atrofiaran.

En este tiempo, había aprendido a valerme por mi mismo. Ya puedo trasladarme en silla de ruedas, bañarme solo y hasta ir al baño sin ayuda. A veces me sentía patético por eso, pero eran pequeños logros para, en la medida de lo posible, poder volver a mi hogar con los niños.

Tras dos meses sin Bella a mi lado, una leve esperanza apareció cuando supimos que ella venía a ver a los niños a diario, si bien no se acercaba, este era un avance importante, dadas sus reacciones.

Roman, mi psicólogo intentaba que comprendiera su postura, ella había estado en una situación mucho más comprometida que yo, y él suponía que podía estar sintiéndose muy culpable por la relación que tuvo en algún momento con James.

Intentaba comprenderla, pero me dolía mucho más ver a mis hijos tan tristes.

Emmett había instalado una casa del árbol en el patio de mis padres, en ella pasaban la mayoría de las tardes los niños jugando.

Ese día noté a Vicky más triste que de costumbre y cuando fui a buscarlos a la casita me llevé la más grata de las sorpresas. Bella estaba con ellos, les pedía perdón y los abrazaba. Todos estaban llorando abrazados a su mami y yo no me quedé atrás, al menos ellos podrían encontrarse nuevamente con ella, tenerla en su vida de nuevo.

Mía fue la primera que se percató de mi presencia, y corriendo vino a mis brazos.

— ¡Papi, mami volvió! — Exclamó, mientras se sentaba en mis piernas y me abrazaba.

— Sí, cariño. Mami volvió porque los ama.

— Ahora podremos volver a casa todos juntos.

— Eso ya lo hablaremos con mamá — expliqué, luego de recibir una mirada reprobatoria de parte de mí esposa.

— Niños, debemos volver adentro. Tienen que bañarse antes de cenar.

Bella se puso de pie, mientras que tenía tomado de la mano a Vicky y Thommy.

— Vamos pequeños. Vayan adentro, yo ya los alcanzo.

Cuando nuestros pequeños hijos se fueron, nos quedamos solos después de mucho tiempo. Ninguno sabía muy bien cómo actuar. Nos miramos a los ojos y ambos notamos el dolor en nuestra mirada.

— Lo siento — susurró.

— Yo lo siento, Bella. Siento no haber podido protegerte...

Gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

— Por favor, no hablemos de eso. Quiero al menos intentar recuperarme por los niños, no estoy lista aún para hablar.

Asentí con mi cabeza a su pedido, mientras observaba como la mujer que amo se marchaba una vez más de mi lado.