Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
*"Recuerdos"
*Relato
*Pensamientos
Capítulo 9
Sasuke estuvo notablemente callado después de nuestra conversación hace algunas semanas. No me reconocía en clase, y nunca le veía montando su patineta por la acera. A veces me sentaba en la sala de estar con las cortinas retiradas y estaba pendiente de él. Era descarado y desesperado, y no me importaba. Sabía que me había visto hablando con Madara en algunas ocasiones en la escuela, y me pregunté si eso representaba su falta de interés. De cualquier manera, mis sentimientos estaban heridos, y junto con ellos, mi orgullo. ¿No debería él intentar luchar por mis afectos o algo? ¿No era esa la cosa masculina que se hacía?
Decidí hacerle una visita en vez de esperarle. Era un frío sábado de octubre por la tarde, así que tomé una chaqueta ligera y me dirigí por la acera, contando seis casas desde la mía. Caminé por el camino de piedra a la puerta delantera sintiendo el rápido latido de mi corazón. Era esa sensación de nervios buena, una expectativa de algo maravilloso mezclado con el temor de que no saldría como esperaba. Pero la esperanza me hizo tocar la puerta de todos modos.
Una chica joven contestó.
—¿Sí?
La reconocí del restaurante como la hermana de Sasuke. Tenía el mismo color de cabello que Sasuke, los mismos ojos negros, aunque los suyos eran un poco menos opacos.
—Soy Sakura. Vivo justo abajo en la calle —dije—. Soy una amiga de tu hermano.
—Mi hermano no tiene amigos —respondió la chica—. Pero te dejaré entrar de todos modos.
Me sobresalté. Qué cosa para decir, y la forma en la que lo dijo. Como constatando un hecho. No insolente o cruel. Sólo una cuestión de hecho.
Espeté lo que sabía que no debía.
—¿Cómo puede no tener amigos? Es tan guapo.
Estúpida. Sólo estúpida.
—Asqueroso —dijo la chica. Ladeó la cabeza y me observó. Era muy bonita, y me pregunté por qué nunca la había visto en la escuela—. ¿Te gusta?
No sabía cómo responder. Ella apretó los labios en una sonrisa y se hizo a un lado, invitándome a entrar.
—¡Sasuke! —llamó—. ¡Tu novia está aquí!
—Agradable —le contesté, y se rió—. ¿Cómo es que no te he visto en la escuela?
—No estoy en el instituto todavía —respondió—. Estoy en octavo grado.
—Lo tengo. —Miré por las escaleras, con el corazón desbocado, cuando oí el andar de unos pies pesados. Sasuke apareció, vestido con pantalón de pijama a cuadros, el cabello despeinado, bajando las escaleras con la camiseta a medio poner. Tuve un vistazo de su vientre, con los músculos bien definidos, antes de que se pusiera la camisa. Estaba más sexy de lo que nunca lo había visto.
—Hola —dijo, dirigiéndose a mí. Estaba confundido.
—Hola —le respondí, igual de confundida. ¿Por qué había venido aquí?
—¿Sasuke, dónde has conseguido una novia? —preguntó su hermana.
—Ella no es mi novia, Sarada —respondió Sasuke—. Vete.
Sabía que era estúpido, pero los latidos de mi corazón se detuvieron por completo con el sonido de esas palabras: "Ella no es mi novia". Un pinchazo tomó su lugar, y traté de ignorarlo.
Sarada se encogió de hombros y salió de la habitación. Ya no estaba interesada una vez que supo que el estatus de la relación de su hermano no había cambiado.
—Tu hermana es linda —observé.
—Mi hermana es molesta —respondió él, empujando una mano en su cabello revuelto.
—¿Te acabas de despertar? —pregunté, señalando su ropa.
—No —respondió.
—Aaasí que, ¿por qué ese pijama? Son como las cuatro.
Me miró por un segundo.
—¿Por qué estás aquí?
Odiaba cuando la gente hacía eso: responder una pregunta con otra pregunta. Era exasperante.
—Simplemente no he hablado contigo por semanas —dije—. Pensé venir y decir hola.
—¿En serio? —sonó sinceramente sorprendido.
—Bueno, sí. Pensé que tal vez podíamos pasar el rato —ofrecí.
La verdad era que quería que me persiguiera. Creo que es de por sí femenino querer que te persigan. Y creo que Sasuke lo quería inicialmente, pero yo o él o alguien más lo estropeó. Así que me tragué mi orgullo y di a conocer mi interés, esperando que lo retomara donde empezamos hace varias semanas frente a mi casa. Sabía que yo no era quién para hacerlo. ¿Cómo se me ocurrió que podía hacer malabares con Sasuke y Madara? Todos íbamos juntos a la escuela, por amor de Dios. Pero en este momento, no me importaba. Él estaba frente a mí con un cabello por el que estaba ansiosa por pasar mis dedos, y un vientre que quería sentir presionado contra el mío.
Admito mi vulnerabilidad. La había sentido todo el día, intentando mantenerme ocupada para evitar enfrentarme a ella. Papá se había ido a la oficina, así que me quedé sola. Matsuri entró silenciosamente al frente de mi mente, preguntándome por qué no me movía más rápido, por qué no estaba trabajando más duro en vengarla, y no podía silenciarla. Lo intenté usando el collar del corazón roto que me había dado. Pensé que eso la calmaría, pero sólo alentó su incesante interrogatorio. Tenía que salir de la casa. Sasuke sería la distracción perfecta.
—Quieres pasar el rato. —No lo planteó como una pregunta. Lo dijo con sarcasmo, y eso me molestó.
—Bueno, si estás ocupado puedo irme —dije, volviéndome para irme.
—No —dijo, y tomó mi mano—. Sólo estoy confundido.
—¿Sobre qué? —pregunté, volviéndome para darle la cara. Dejó caer mi mano.
—No sé por qué quieres pasar el rato.
Me miró con esos ojos como posos sin fondo, sus cejas fruncidas, perdido en sus pensamientos, y decidí en ese momento que no quería pasar el rato. Quería hacerlo. Duro.
—Sasuke, me has prometido que me llevarías a casa de Lindsay —se quejó Sarada desde el rellano de la escalera. Tenía una bolsa de mano en el hombro.
Sasuke no me quitó los ojos de encima.
—¿Te interesa conducir a casa de Lindsay para dejar a mi hermana?
Sonreí y asentí.
—Está bien. Espera aquí. —Y desapareció hacia arriba por las escaleras.
Mientras él se estaba cambiado, Sarada me acribilló a preguntas, extrayéndome con éxito toda la información importante antes de que su hermano volviera a la planta baja: mi edad, grado, situación familiar, estatus social en la escuela. Le dije que era la chica más popular de mi clase. No me creyó, y así me lo dijo, pero creo que le gusté de todas formas.
Unos minutos más tarde, Sasuke vino abajo vestido con pantalones vaqueros y una chaqueta verde oscura. Se veía como un chico de poster de Bannana Republic, y me gustó cada pedacito de él.
—Tal vez Sasuke dejaría de ser un perdedor deprimido en la escuela si empiezas a salir con él —dijo Sarada mientras Sasuke tomaba las llaves del auto de la mesa del vestíbulo.
—Tal vez —respondió él, y ella le sonrió.
El viaje a casa de Lindsay estuvo lleno de la cháchara de Sarada. Disfruté escuchándola. Era graciosa y dulce, rápida con las ocurrencias, y no había nada en su actitud que sugiriera que le hubiera pasado algo terrible. Era brillante y locuaz. Feliz.
Me di cuenta de que salté a conclusiones en mi momento de pánico, considerando lo peor porque Madara fue tan insistente en que me mantuviera alejada de Sasuke. Instintivamente asumí que Madara le hizo algo horrible a Sarada y no quería que se descubriera. Pensé que me estaba volviendo paranoica.
Una vez que dejamos a Sarada, volvimos a la casa de Sasuke. Él me invitó a su habitación, y fui un poco demasiado rápida en seguirle. No dejé de decirme a mí misma que no me abalanzara sobre él, pero fue difícil cuando lo hizo muy atractivo al cerrar la puerta de su habitación. Me sentí como un chico. Completamente excitada con ningún otro pensamiento que no fuera sexo.
—No tenía que trabajar hoy —dijo, dejándose caer en su cama—. Es por eso que todavía estaba con mi pijama. Terminé mis deberes y luego jugué videojuegos todo el día.
—¿Hiciste tus deberes primero? —pregunté, y solté una risita.
—Tengo una buena ética de trabajo —respondió Sasuke, sonriendo.
—Y tanto. —Me dejé caer en la cama junto a él. No tenía sentido intentar ser tímida al respecto. Me prometí a mí misma que sólo respondería a un beso, no lo iniciaría—. ¿Así que dónde trabajas?
—En una tienda de juegos —dijo.
—¿Como videojuegos?
—Sip.
—¿Así que juegas mucho a videojuegos?
—Sip.
—No me pareces un friki —dije, luego inmediatamente me arrepentí.
Sasuke se rió.
—No creo que tengas que ser un friki para que te gusten los juegos.
Sonreí avergonzada.
—Oh.
—Sí, me gusta la mecánica detrás de ellos, sin embargo —dijo Sasuke—. Así que ahí puede ser donde entra el factor friki.
Sonreí y me acerqué un poco más.
—¿Así que qué tal está tu madre en california? —preguntó Sasuke. Se deslizó un poco lejos de mí. Supongo que le hice sentir incómodo. Tendría que haberme sentado en la silla de su escritorio en su lugar, pero se vería raro si me movía ahora.
—Está bien —respondí—. Hablo con ella una vez a la semana.
—Apuesto a que te echa mucho de menos —ofreció Sasuke.
Asentí.
—Aunque me alegro de haberme quedado aquí. Estoy conociendo a mi papá otra vez, y es divertido. Probablemente paso el rato con él mucho más que la mayoría de las chicas adolescentes.
Sasuke asintió.
—La verdad es que me gusta. No sabía que nos volveríamos tan cercanos tan rápido. Es casi como si no hubiera esos años en medio cuando no vivimos juntos.
Sasuke asintió otra vez.
Nos quedamos en un silencio incómodo, y ya que Sasuke no parecía tener ganas de decir nada, hablé.
—¿Así que planeas decirme algo sobre ti mismo aparte de que te gusta jugar a los videojuegos?
—¿Qué quieres saber? —preguntó.
—Bueno, para empezar, ¿cuánto tiempo hace que vives aquí? —pregunté. Pasé la mano hacia atrás y hacia adelante sobre su edredón.
—Toda mi vida.
—¿Así que has estado yendo a Charity Run desde noveno grado?
—Mmhmm.
—¿Tienes algún otro hermano?
—No.
—¿Y cuáles son tus hobbies?
—Siento como si me estuvieran haciendo una entrevista —dijo.
Sonreí.
—Bueno, no ofreces nada. Tengo que preguntar.
—Sakura, ¿por qué no hablas sobre ti misma en su lugar? Pareces mucho más interesante.
Empecé a sentirme frustrada.
—Estoy segura de que eso no es verdad. ¿Por qué eres tan misterioso? —Intenté sonar despreocupada, pero creo que en vez de eso salió como una acusación.
Sasuke estuvo callado por un momento.
—Mira, probablemente no quieres ser asociada conmigo en la escuela, ¿está bien?
¿Qué demonios significaba eso?
—Supongo que soy un poco paria. Y no me importa. Simplemente no quiero arrastrarte.
Le miré, estupefacta.
—Bien. Acabas de aumentar el factor misterioso a un trillón.
Se rió. Sonó sincero, oscuro y rico, esa risa masculina era tan malditamente sexy.
Me acerqué un poco más, y esta vez no se movió.
—Es tu último año, y deberías conocer gente y hacer amigos y divertirte —dijo.
—Te estoy conociendo a ti —ofrecí. Sonó coqueto y sensual.
Sasuke se rió entre dientes.
—Vas a ser mi problema este año, ¿no? —preguntó suavemente.
Infiernos si lo iba a ser.
Le miré y me dejé perder en esos ojos translúcidos. No me importaba si contenían un montón de secretos que no estaba dispuesto a compartir. Sólo sabía que estaba hambrienta por ser tocada, y ser tocada por alguien a quien deseaba.
—Ni siquiera te conozco —dijo. Levantó su mano a la parte posterior de mi cuello, acariciándome suavemente con los dedos.
—Lo mismo va por ti —respondí. Acaricié su cuello con mis manos, de la misma manera.
Era increíblemente íntimo, sentarse ahí, acariciando el cuello del otro, con las frentes presionadas juntas por lo que nuestros labios estaban a pocos centímetros de distancia. Pensé que podría ser más íntimo que el sexo, y no sabía lo que estaba haciendo. La parte racional de mi cerebro gritaba que esto era mucho tan pronto. La parte sexual me animaba. La parte vengativa me regañaba por seducir a la persona equivocada.
—Creo que estás llena de secretos —susurró Sasuke.
—Sé que tú lo estás —le susurré.
—Está bien entonces. Cada uno podemos compartir uno. Pero sólo uno —dijo él.
—¿Podemos preguntar el uno al otro?
Sasuke se tensó por un momento, la mano congelada en la parte posterior de mi cuello.
—Supongo.
—¿Por qué estabas en el funeral de Matsuri? —pregunté. Ni siquiera tuve que pensar en ello.
—La conocía. Ella iba a nuestro instituto. Oí lo que pasó y simplemente sentí que tenía que ir.
Sentí las lágrimas instantáneas e inquietantes en la parte trasera de mis ojos amenazando con surgir sobre mis párpados y arruinar este momento íntimo.
—¿Por qué estabas tú en el funeral de Matsuri? —preguntó Sasuke.
Tragué saliva.
—Era mi mejor amiga.
Sasuke se apartó de mí. Sabía que lo haría.
—¿Sabes… sabes por qué lo hizo?
Ese era un secreto que no estaba dispuesta a compartir. Negué con la cabeza, bajando la vista. Sentí que sus brazos se ponían alrededor de mí, y dejé de pensar en Matsuri. Había pasado todo el día pensando en Matsuri. Ahora mismo quería pensar en Sasuke y en todas las cosas que había planeado para mí en esta cama. Sabía que era demasiado pronto, pero no me importaba. Sentí su mano en mi barbilla cuando inclinó mi boca a la suya. Él dudó por un segundo antes de presionar sus labios contra los míos.
Siempre se describe como derretirse, y finalmente entendí por qué. Pensé que mi cuerpo se estaba convirtiendo en líquido. Podía sentir mis huesos traicionándome, amenazando con disolverse y dejarme en un gran charco de baba. Sus labios eran increíbles, suaves y flexibles, dejando pequeños picos en los míos hasta que temblé y gruñí —sí, realmente gruñí— de frustración.
—¿Qué quieres Sakura? —preguntó en mi boca.
Gemí una respuesta, y me besó más fuerte, dándome su lengua finalmente. Eso era lo que quería. Uní la mía con la suya, sintiendo un fuerte dolor en lo profundo de mi vientre que casi hería. Pensé que este era el chico que siempre quise besar, que todos antes que él no contaban para nada.
Sasuke se apartó.
—Quería hacer eso desde que me encontré contigo en el funeral.
—¿Por qué te detienes? —pregunté juguetonamente.
Sasuke sonrió con cansancio.
—Sakura, no creo que pueda estar con alguien ahora mismo, y no puedo decirte por qué. No tiene nada que ver contigo personalmente. Eres preciosa. Es sólo…
—Para —dije—. Vamos a preocuparnos de tus problemas más tarde. Por favor, ¿puedes simplemente besarme otra vez?
Tal vez sonaba patético. Tal vez era totalmente patética. No era quién para volverme física con un chico al que apenas conocía. Oh, ¿a quién quería engañar? ¡No le conocía para nada! Pero estaba conociendo sus labios, y eso es algo. ¿No?
Un lado de su boca se arqueó hacia arriba, y lo tomé como una invitación. Me abalancé sobre él, aplastándolo contra la cama y besándolo con avidez. Sí, estaba siendo agresiva. ¿Y qué? A él no parecía importarle. Envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y apretó. Me dejó sin aliento momentáneamente, y chillé.
—Lo siento —murmuró en mi boca, aflojando su agarre.
Le besé más fuerte, y antes de que lo registrara, yo estaba sobre mi espalda siendo presionada sobre el edredón por su peso. Movió sus labios a mi cuello, chupando y mordisqueando, provocándome gemidos y gritos y otros sonidos. Me di cuenta de que los dos estábamos yendo por ello como si no lo hubiéramos hecho en mucho tiempo. Para mí eran cinco meses. Me pregunté sobre mi chico misterioso.
Empujé contra él, y soltó mi cuello. Me miró.
—¿He hecho algo mal? —preguntó.
—No —respondí—. Es sólo, ¿cuándo fue la última vez que lo hiciste con una chica?
Su rostro enrojeció.
—¿Estoy oxidado?
—¡No, no! —dije—. Sólo me lo preguntaba.
Sasuke pensó por un momento.
—No lo sé. ¿Un año?
—¡¿Qué?!
Se sentó, apoyándose sobre los talones y empujando una mano por el cabello.
—No quería decirlo así —dije. Me sentí como una idiota.
—No pasa nada —respondió. Salió de la cama y se dirigió a la puerta de la habitación—. Estaba planeando salir en un rato.
Le miré.
—Bueno, como ahora —dijo.
—Oh. ¿Quieres que me vaya?
—Bueno, sería raro si mis padres vienen a casa y encuentran alguna chica en mi habitación —respondió.
Me sentí humillada. Era sólo "alguna" chica, tanto si él había querido que sonara de esa forma como si no. No era quién para venir aquí. Quién para besarme con él. Quién para hacerle sentir vergüenza. Era una idiota. Pensaba que sólo los chicos podían tener ese título, pero me di cuenta de que las chicas podían también.
Me levanté y le seguí a la puerta delantera. Nos quedamos en un silencio incómodo antes de que me fuera. No dijo adiós, y yo tampoco.
—¿Por qué te reíste de él? —preguntó Ino.
Acepté pasar la noche con ella, pero sólo si no nos hacía ir a otra fiesta.
—No me reí de él —dije—. O por lo menos no tenía la intención de hacerlo.
—¿Él era horrible?
—Lejos de eso. Toda la cosa era caliente hasta que abrí mi estúpida boca —me quejé.
—¿Por qué lo hiciste?
—¡Un año, Ino! ¿Qué demonios? Quiero decir, podría entenderlo si fuera feo o algo, ¡pero el chico es guapísimo! No podía ocultar mi sorpresa. ¿Qué quieres de mí?
Ino arrojó una lima de uñas en mi dirección y empezó con sus uñas.
—Así que, ¿es como si ustedes dos tuvieran esta incontrolable energía sexual alrededor del otro? —preguntó Ino.
—Obviamente. Ni siquiera nos conocemos. Me lancé sobre él como una maldita adicta —dije.
—Oh, Sakura. Para de castigarte por ello. Las sesiones de besos pueden ser agradables.
—Quiero más que sesiones de besos con él —dije, limándome las uñas.
—Así que, esto va más allá de una cosa de atracción sexual —confirmó Ino.
Asentí hoscamente. Me sentía como un jarro de agua fría en su divertida noche de sábado. No sé por qué me había invitado a pasar la noche. Oyó la forma en que había sonado al teléfono antes. Abatida. Un poco perra.
—Bueno, sabes lo que tienes que hacer —dijo Ino—. Vuelve y pide perdón.
—¡Ni siquiera sé por qué estoy pidiendo perdón! —argumenté.
—Estás pidiendo perdón por hacerle sentir como un perdedor por no haber besado a una chica en un año. Por eso —dijo Ino.
—Bien.
—Sakura, deshazte de esa actitud, ¿bien? Esta noche es sobre uñas y repeticiones de Sex and the City y Bacardí. —Metió la mano en su bolso y sacó varias botellas de avión.
—¿Dónde has conseguido esas? —pregunté. No estaba de humor para cuidar de Ino esta noche.
—¿Por qué importa? —respondió, sosteniendo las botellas en miniatura de ron.
—No voy a repetir esa noche del viernes contigo, Ino —le advertí.
—Oh, relájate. No voy a beber. Tú lo vas a hacer —dijo ella.
—De ninguna manera.
—Uh, sí lo vas a hacer. Necesitas dejarte llevar y dejar de preocuparte por Sasuke y divertirte un poco esta noche —dijo Ino—. No vamos a ir a ninguna parte. Vamos a quedarnos aquí mismo en mi habitación. Este es mi "gracias" por cuidar de mí después de la fiesta de Tanner.
—No puedo beber licor puro.
—Hola, Sakura. Soy totalmente consciente. Actúas como si no tuviera ni idea de quién eres —resopló Ino, y señaló la botella de Coca Cola que estaba en su escritorio.
Treinta minutos más tarde estaba borracha.
—Y yo, como, ¿qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Un año? Eso es como completamente imposible porque él es taaaaaan malditamente caliente —dije, tendida en el suelo del dormitorio de Ino vestida sólo con sujetador y bragas. No tenía ni idea de lo que le había pasado a mi ropa.
—¿Quieres terminar de cambiarte a tu pijama? —dijo Ino riendo.
Oh. Así que eso es lo que le ha pasado a mi ropa.
Negué con la cabeza de lado a lado.
—Oye, no hagas eso demasiado fuerte. No quiero que vomites en mi alfombra —dijo Ino.
—Sólo quería decir, "Sasuke, ¿por qué eres tan guapo y raro? ¿Cuáles son tus secretos? Tus secretos, Sasuke. Tengo que saberlos." —Rodé sobre mi estómago—. ¡Dios, puedes simplemente contármelos! —supliqué.
Ino rió.
—¿Tenty? —pregunté.
—No me llames así —respondió ella.
—Estaba dispuesta a hacérselo. No estoy bromeando para nada ahora —dije—. Quería hacerle cosas.
Me arrastré hacia mi amiga que estaba sentada frente a mí apoyada contra la cama.
—¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Quería hacer cosas. Muchas cosas —dije, a centímetros de su cara.
—¿Como chupársela? —preguntó ella.
—Hacerle. Volar. Por los aires —respondí, y Ino cayó al suelo riendo—. ¿Qué? —pregunté, riendo también, porque la risa de Ino era contagiosa.
—Te quiero —dijo entre risas—. Cuéntame más.
—Quiero nadar en sus ojos —dije soñadoramente.
—Oh Dios.
—Y casarme con él y tener sus bebés —finalicé.
—Y chupársela también, ¿no?
—Hasta Marte —suspiré, apoyándome contra la cama. Ino se sentó y se unió a mí—. Todo el camino hasta Marte.
Miré a mi amiga. Ella me miraba, sonriendo.
—¿Puedo llamarle? —pregunté.
—No.
—Sólo quiero desearle las buenas noches —dije.
—No.
—Pero necesito decirle un par de cosas.
—No, no lo necesitas.
—Pero le prometí que le llamaría esta noche.
—No, no lo hiciste.
—Pero le quiero.
—Lo sé, Sakura.
—Le quiero tanto. Nunca he querido a nadie tanto como le quiero a él.
Ino puso su brazo a mi alrededor, y descansé mi cabeza en su hombro.
—Lo sé, Sakura.
—¿Crees que me quiere?
—Creo que está locamente enamorado de ti.
Chillé.
—¿Puedo tomar otro trago?
—Te lo has bebido todo —dijo Ino.
Gruñí y miré la televisión.
—¡Charlotte sólo quería tener un maldito bebé, gente! ¿Es eso mucho pedir?
—Lo sé —dijo Ino—. Le han dado una historia dura.
—Tan malditamente injusto —dije, e hipé.
De pronto me quedé dormida en el hombro de Ino, mi cabeza subiendo y bajando en pequeñas hondas. Escuché la voz de mi amiga en la distancia antes de quedarme dormida.
—Vas a tener el peor dolor de cabeza mañana.
