La noche no parecía tener fin, sobretodo cuando al mirar el reloj de su mesilla, Mohinder se dio cuenta que todavía eran las tres y media de la madrugada y desde que se había acostado, todavía no se había podido dormir.
Por más que lo intentaba no conseguía sacarse de la cabeza su encuentro con Gabriel, ¿o había sido Sylar el que le había seguido hasta el parque, el que le había besado en su apartamento? Prefirió no pensar en eso; pues ya tenía bastante con no poder sacarse de la cabeza sus penetrantes ojos negros y su cautivadora voz.
Se dio la vuelta en la cama y suspiró con fuerza. No podía entender porque tenía que ser todo tan complicado. "¿Por qué no puedo tener una vida como los demás? Quiero una vida fácil, sin tener que pensar en que mañana me pueden matar por intentar acabar con la organización o que un asesino psicópata está perdidamente enamorado de mi.
Vale, puede que yo también esté enamorado de él, pero eso no tiene nada que ver, si no me hubiera buscado, si no nos hubiéramos encontrado, seguramente al final, hubiera conseguido olvidarle… con el tiempo, pero lo hubiera conseguido."
Intentó apartar de su mente todos aquellos pensamientos que ya comenzaban a darle dolor de cabeza y cerró los ojos intentando dormir, dentro de pocas horas, Molly aparecería en la habitación, se sentaría en la cama y le despertaría, como todos los domingos para que le preparara el desayuno.
"Sabes donde encontrarle, sabes donde vive." La imagen de Molly dándole los buenos días, cambió de repente por la de Gabriel, en su apartamento. Lo vio tan cerca que casi pudo notar su aliento cálido sobre su rostro.
Volvió a darse la vuelta en la cama. Por más que lo intentaba, no conseguía olvidarse de lo ocurrido, hacer como si no hubiera pasado era una tarea imposible y mucho menos sacarse de su cabeza un beso que había anhelado desde que Gabriel había desaparecido de su vida.
Una jaula de grillos parecía haberse apoderado de su cabeza, la voz de Matt le repetía una y otra vez, que tenía que olvidarlo, que jamás podría cambiarlo, que Sylar volvería y trataría de hacerle daño, que estaba poniendo en peligro a Molly dejando que Gabriel pisara esa casa.
A la vez, la tierna voz de Gabriel apareció de la nada, tan cercana que creía estar escuchándola en su oído en ese mismo momento. "Yo te quiero, lo he intentado, pero no puedo dejarte ir. Te quiero."
Mohinder quería gritar con todas sus fuerzas, todo aquello le estaba sobrepasando y lo peor de todo era que no podía hablar con nadie. Si claro, Matt estaba al otro lado del pasillo, incluso Nathan. Pero ¿Qué podía decirles? "Soy débil y estoy enamorado de un asesino, tenéis que entenderlo." Sólo de pensarlo, Mohinder ya dudaba si Matt le echaría de casa y simplemente le mataría.
De nuevo cerró lo ojos con fuerza y dejó la mente en blanco. "De algo tienen que servir todos los años practicando yoga como para dominar mi propia mente y dormir un poco." Vacío la mente de recuerdos, de imágenes y de todo aquello que le impedía dormir, incluso respirar. Pocos momentos después, terminó por quedarse dormido al fin.
- o -
Gabriel lo miraba, sin separar la espalda de la pared, en completo silencio, sin poder apartar la mirada de la figura que descansaba inmóvil en la cama. Los segundos se habían convertido en minutos, pero no le importaba, no mientras Mohinder siguiera estando ahí tumbado, tranquilo, al menos aparentemente y el pudiera contemplarlo como si se tratara de la obra de arte más hermosa que hubiera visto en su vida.
Quería acercarse a él, tocarle y demostrarle, que por mucho miedo que le tuviera desde lo ocurrido unos días atrás, él nunca podría hacerle daño. No podía negar que Sylar era capaz de tomar en control demasiadas veces, pero ni siquiera esa personalidad perturbada era capaz de pensar en hacerle daño al profesor. No al menos, mientras todavía quedara algo de Gabriel en su interior.
Sin embargo, le daba miedo ir hasta él, ¿y si se despertaba y se asustaba al verlo? No quería eso, pero tampoco podía resistirse a sus propios impulsos de ir hasta él y sentarse en la cama a su lado, abrazarle, incluso besarle si pudiera y encontrara las fuerzas para hacerlo.
Mientras pensaba en ello, se dio cuenta que sus piernas habían comenzado a moverse solas y se iban acercándose a la cama del profesor. Se quedó parado delante de ella, con la respiración algo acelerada por cada segundo que pasaba mirando a Mohinder, no estando seguro de poder aguantar sin tocarle.
Alargó la mano hasta acercarse lo suficiente a él como para sentir su calor. No se atrevió a tocarlo, por miedo a que se despertara, parecía tan tranquilo y sereno, tan sosegado después de lo mal que se lo había echó pasar él… que hasta rozarle le parecía mal.
Mohinder suspiró, parecía que supiera que Gabriel estuviera allí, pero tampoco en ese momento se despertó. Tan sólo se removió en la cama y se dio la vuelta, quedando tumbado sobre su espalda, permitiéndole a Gabriel ver su rostro completo. Gabriel se sentó en la cama, muy lentamente hasta que pudo notar el cuerpo del profesor contra el suyo y su calor llegando hasta él.
"Mohinder…" De nuevo, Gabriel acercó su mano a Mohinder, pero esta vez, aunque con movimientos algo temblorosos, llegó a tocar su mejilla. Sonrió tímidamente, porque aunque poder sentir su piel cálida le hacía sentir mejor de lo que había estado en muchos días; hacerlo por primera vez desde que Mohinder se había marchado de su apartamento para siempre, casi le hacía perder los nervios y romper a llorar.
Gabriel comenzó a reír sin hacer ruido, no se podía creer lo mucho que le había cambiado Mohinder, tanto que comenzaba a tener sentimientos que se asemejaban al miedo a perder a una persona, al dolor por la soledad sin la persona amada y la sensación de angustia ahora que lo tenía delante y no podía estar todo el rato a su lado.
- o -
Volvió a bajar la mirada hacia la cama y para su sorpresa, se encontró con los ojos de Mohinder mirándolo directamente, mientras él sentía que le estaba atravesando igual que una espada afilada.
"¿Qué haces aquí?" Por mucho que Mohinder intentó que su tono fuera el más duro posible, ver delante de él a la única persona en la que no podía dejar de pensar en todo momento y la única que le hacía sentirse débil, no se lo ponía nada fácil.
Trató de moverse, sentarse en la cama, pero su cuerpo no le dejó, no reaccionó a sus ordenes, ni a sus gritos interiores. "No puedes permitir que siempre te gane, sólo es un hombre, por mucho que te sientas atraído por él, por mucho que le quieras besar y que duerma contigo esta noche, no puedes hacerlo, no puedes rendirte tan fácilmente." Pensamientos demasiado fáciles, pero absolutamente imposibles de llevar a cabo.
"No quería despertarte, sólo quería verte, aunque sólo fuera un momento." Nunca le había escuchado hablar así, nunca había escuchado su voz sin que le diera algo de respeto, nunca como ahora que parecía incluso el ser más inocente del mundo.
"Sólo está actuando, sólo quiere que te vuelvas a fiar de él. Sólo desea terminar lo que empezó el otro día." Su voz interior era tan fuerte que creía que se trataba de alguien que estaba realmente en la misma habitación que ellos.
"Te dije que esto tenía que terminar, que no nos volveríamos a ver. Te dije adiós y lo dije en serio." Mohinder no estaba muy seguro de que su tono y sus palabras sonaran de algún modo convincentes, pero prefirió no pararse a pensar en ello.
"Lo se, pero no puedo y se que tu tampoco." Llevado por sus propios impulsos y sin ser capaz de pensar en lo que estaba haciendo, Gabriel puso las manos a ambos lados de Mohinder, sin poder apartar la vista de él.
"No te equivoques. Te repito que lo dije en serio." Mohinder respiró hondo y por una vez, decidió ser completamente sincero con sus sentimientos. "Tal vez tengas razón y te quiera, pero ambos sabemos que esto no saldría bien. Ya me lo has demostrado."
"Lo se y lo siento." Como impulsado por una fuerza invisible, Gabriel volvió a poner su mano sobre la mejilla de Mohinder. "Entiendo que tengas miedo, pero no puedo permitirme perderte."
"No lo hagas, no lo hagas, él es fuerte y tal vez suene sincero, pero no debes rendirte. Piensa en Molly, en Matt y Nathan ¿Qué pasará la próxima vez que Sylar vuelva? ¿Crees que Matt estará allí para rescatarte?"
"¿Qué pasará la próxima vez que Sylar vuelva?" Dijo repitiendo las mismas palabras que le había dicho su conciencia, con una mirada dura en los ojos.
Gabriel dudó un momento, a eso si que no podía responder, no podía asegurarle que Sylar no volviera a tomar el control, no sacara su agresividad y su instinto y volviera a por él. "No lo se." Dijo con toda la sinceridad que fue capaz de encontrar. "Sólo se que te quiero más que a mi propia vida y que daría lo que fuera por poder estar contigo una noche más aunque sólo fuera."
Mohinder abrió la boca para contestar, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. "¿Cómo puede hacerte esto, como puede jugar con tus sentimientos de esta forma? Porque sabes que sólo está jugando con tus sentimientos ¿verdad?" Mohinder se apoyó sobre sus manos y se levantó lentamente como si cuerpo pesara una tonelada.
"Tienes que aguantar, si le dices una vez más que no puedes volver con él, seguro que se marchará y tratara de olvidarse de ti." La voz se fue haciendo menos insistente a cada segundo que pasaba, hasta que cuando se quiso dar cuenta, ya no la estaba escuchando, ya no había nada en su cabeza, excepto la visión que tenía delante, aquellos ojos negros y profundos que decían mucho más que las tiernas palabras que acababa de escuchar.
"Sabes que me arrepentiré de esto ¿verdad?" Dijo Mohinder apenas con un hilo de voz, mientras notaba las dos manos de Gabriel sobre sus caderas y todo él acercándose a su cuerpo. "Intentaré mantenerte a mi lado, que Gabriel no deje nunca paso a Sylar, pero se muy bien que terminarás por hacerme daño." Le dijo al oído mientras cerraba los ojos y suspiraba. Había echado tanto de menos el roce de sus manos y de su piel contra la suya, que no pudo evitar un pequeño gemido.
"Te prometo…" La mano de Mohinder sobre su boca le impidió continuar hablando. No quería escucharlo, no quería oír unas palabras que, pese a ser reales, pese a decir lo que Gabriel sentía en su corazón, sabía que al final serían desgarradas por la verdad que aquel hombre escondía en su interior.
"No digas nada, no hagas ninguna promesa que ambos sabemos que al final se romperá. Sólo quiero que me abraces, que me dejes caer en el mayor de error de mi vida sin darme esperanzas de que no me estoy equivocando."
Gabriel lo tumbó en la cama, quedando sobre él, sin apartar la vista de esos rizos rebeldes que caían despreocupadamente sobre su rostro y por esos labios que hablaban con miedo.
"Deja que al menos por esta noche, pueda ser feliz a tu lado." Terminó por decir Mohinder mientras veía como Gabriel apartaba la sábana que separaba sus dos cuerpos.
Apretando con fuerza su cuerpo contra el del profesor, Gabriel le besó por fin. Apenas podía soportar escuchar esas palabras tan tristes saliendo de la boca del hombre que le había echo perder la razón durante tanto tiempo.
Aunque ya se habían besado en su apartamento, aquello había sido demasiado fugaz, tan sólo un par de besos robados. Ahora todo era diferente, ambos sabían que querían hacerlo, sin importar las consecuencias, sin importar el mañana, sin importar el peligro que se cernía sobre ellos, que al menos por el momento estaba en letargo hasta la siguiente vez que se despertara y que tenía un nombre, Sylar.
Mohinder volvió a gemir, intentando no levantar demasiado la voz para no despertar a nadie en la casa. Arqueó el cuerpo cuando Sylar le besó el cuello, cuando sus manos desaparecieron bajo su ropa.
Sabía que se trataba de un tremendo error, que aquella noche de pasión tendría consecuencias inimaginables y que sólo llevarían a un final en el que prefería no pensar mientras abrazaba, lo que para él significaba el tesoro más importante que nunca hubiera podido desear en toda su vida.
Lo que había fuera de esa habitación no importaba, nada que no fueran ellos dos, que no estuviera en esa cama, nada excepto el hombre que le abrazaba con fuerza, que le besaba con pasión, que le acariciaba, como no lo había hecho nadie, en lo que ahora parecían siglos, era importante para él.
Incluso el tiempo, parecía haberse detenido. Tal vez se tratara de alguno de los poderes de Gabriel, pero no iba a preguntar, no iba estropear su fantasía hecha realidad por dejarse arrastrar por la más tenebrosa de las realidades.
Sin embargo por mucho que no quisiera verlo, el enemigo volvía a haber penetrado en su vida, un enemigo que se hacía más fuerte cada día y que cuando menos se lo esperase saltaría sobre él como un león que atrapa a su presa y mordería su yugular hasta desangrarlo.
El mañana no existía esa noche, el mal sólo era un pensamiento horrible que había almacenado en su mente y el miedo había desaparecido en el mismo momento en el que los labios de Gabriel se habían apoderado de los suyos.
