Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.
Capítulo nueve
—Sobria, elegante, fina y destacable —esas fueron las palabras de Jakotsu—. Sabía que este vestido era especialmente para ti, querida.
—¿Así lo crees? —Cuestionó a los presentes.
—¡Por supuesto! —Exclamó el diseñador—. Lo sencillo va contigo, lo haces lucir espectacularmente, ¿no es así, Kannita?
—Sí —afirmó parcamente.
Rin se miró al espejo de cuerpo completo, encontrándose con una elegante mujer de cabellos recogidos en un sencillo y flojo chongo, que le hacía ver acorde al aventó y, al mismo tiempo, fresca y juvenil.
Su maquillaje era un poco más cargado de lo usual, pero sin recaer en el exceso de capas innecesarias. Kanna había ocupado los tonos adecuados y había aplicado lo mínimo, resaltando en espacial sus grandes ojos y sus labios.
Sobre la joyería sólo contaba con aquellos pequeños pendientes de oro blanco, con unas pequeñas piedras incrustada en cada uno de los aretes.
Pero no había nada mejor que el vestido que enfundaba su cuerpo. Era tal como a ella le gustaban, cortes sencillos y colores planos, pero que demostraran la elegancia que desprendía el color negro. De tal manera, de que delineaba exquisitamente cada una de sus líneas, desde sus senos, cintura, cadera y, para terminar, sus piernas estaban a la vista gracias a la abertura que se encontraba del lado izquierdo de la falda. Sólo le faltaba el colocarse los zapatos, que le esperaban en la entrada del departamento.
—Es un vestido adecuado para una cena así y, sobre todo, para que vayas de acorde con Sesshōmaru —expuso pícaramente—. Tu hombre siempre se ha destacado por mostrarse elegante y soberbio. Y tú no podías quedarte atrás, querida.
—Pensaste en todo —rió.
—Claro, si se muy bien en el nido de víboras en el cual te vas a meter —le hizo saber—. La mayoría de las mujeres solteras, trataran de venderse con vestidos excesivamente caros y abarrotados de detalles. Parece ser que mientras más excéntricas y emperifolladas salen más rápido —rió irónicamente.
—Esté es tu estilo y te queda bien —habló Kanna—. Creo que ese hombre se sentirá satisfecho al verte de esta manera, afín a sus gustos y exigencias.
—Hmmm… —alzó los hombros y se dio un vistazo más al espejo—. Supongo que tienen razón.
—Confía en mí, cariño —Jakotsu la cogió de los hombros y ambos se miraron hacia el espejo—. Vas a ser la novedad de la noche y la mujer más envidiada de la sociedad.
Rin asintió ante las palabras del pelinegro, porque al final, ese era el objetivo de la velada. El descubrir ante la alta sociedad japonesa su relación y, que ese fuera el primer paso para convencer a sus padres.
—Me gustaría que fueras —dijo al mirar el reflejo del modisto.
—No tengo acompañante.
—Hakudōshi se ofreció a ser tu pareja —les recordó Kanna.
—Es verdad —viró hacia el hombre—, aún están a tiempo de arreglarse e ir.
—Haku es un amor al haberse ofrecido, pero no quiero ir —suspiro—. No me siento preparado para enfrentar a… —torció la boca con melancolía.
—No recordaba que tu padre estaría presente —miró entristecida a Jakotsu.
A pesar de ya haber pasado los años, el conflicto que mantenía el diseñador con su padre aún seguía afectándole.
Jakotsu dejó las labores empresariales, para convertirse en un diseñador de modas. Tal decisión no le agrado a su padre. No sólo porque su primogénito dejaba de lado la presidencia del emporio, sino también por su orientación sexual.
Takeda Niikura había resultado ser homofóbico, de tal manera que, al enterarse de las preferencias de Jakotsu, lo desconoció como hijo. Sin olvidar que hizo hasta lo imposible por desprestigiarlo ante todo el mundo, incluso haciendo que le cerraran las puertas en cualquier empresa fuera o no de moda. Pero su odio y rencor hacia Jakotsu, no había podido traspasar a la compañía Tukusama.
Rin desconocía los motivos por los cuales estos le dieron cabida, pero lo que, si tenía claro, fue que estos habían ganado al tenerlo de su lado.
Jakotsu no tardó mucho en ponerse en la mira del mundo de la moda japonesa y en convertirse en el diseñador estrella de la compañía.
—Y también estará mi hermano —salió por la tangente. Y fue a dar directamente a la llaga—. Así que ten cuidado, porque sin duda hará lo posible por hacerlos quedar mal a ti o Sesshōmaru.
—Como si eso fuera posible —se mofó la albina con estoicismo.
—Yo sé que mi hermanito es un completo idiota al lado de Sesshy, pero no está de más el ser precavido.
—No te preocupes, no dejaré que nada malo pase —le aseguró con una sonrisa.
—Eso espero, porque esta es tu noche, cariño —dijo con un tono sugestivo.
—¡Oh, sí! —Exclamó con fingido entusiasmo.
Los tres salieron de su habitación, para ir a la sala en donde los demás se encontraban. Hakudōshi, Kohaku y Shippō estaban en la sala jugando Capcom vs Marvel 3.
Ese mes le había tocado al albino y a ella el poner la casa, la comida y los juegos para todo el fin de semana. Sólo que ella no gozaría al menos de esa primera velada.
—¡Wow! —Exclamó el pelirrojo—. Jefa, que sexy te ves esta noche.
—Habló el que pide un aumento en su salario —se burló Hakudōshi.
—Lo digo porque lo siento —se defendió—, ya sé que eso no sirve con ella.
—Muy chistositos los dos —dijo, mientras checaba en su monedero plateado de que no le faltara nada.
—Realmente te ves muy guapa, Rin —intervino Kohaku.
—Gracias, que lindo eres —le sonrió por sus honestas palabras.
—Ustedes dos deberían aprender del hermoso de Kohaku, él si es un hombre amable y educado —les regañó Jakotsu—. Que suerte la tuya, Kannita.
Kanna sólo se limitó a sentarse al lado de su esposo, el cual estaba sonrojado por las palabras del diseñador.
—Sí, sí, como sea —les ignoró Hakudōshi, sin quitar la vista de la pantalla.
—¿No nos regalas una partida antes de irte, jefa? —Inquirió ofreciéndole el control. El albino le había ganado de nuevo.
—No, si lo hago me envicio y si me envicio, no querré salir y no quiero hacer enojar al Demonio.
—¿Demonio? —Hakudōshi preguntó con una estruendosa carcajada—. Para demonios, esté papacito que siempre me da la victoria —dijo con tonó enamorado, mientras miraba en la pantalla a Dante.
—Se escuchó más gay que tú, Jakotsu —pronunció Shippō.
—De hecho —asintió el nombrado.
—Por ese demonio si me hago gay —afirmó Hakudōshi.
El toque en la puerta les hizo romper su conversación, girando todos hacia la entrada del apartamento.
Rin rodó los ojos ante lo metiches que se veían todos, porque no había duda de que se trataba de Sesshōmaru.
—¡Voy! —Gritó mientras se colocaba los zapatos.
—Que fina, cariño —la reprendió Jakotsu.
—Y eso no es nada —intervino Hakudōshi—. Una vez le hable al celular, para saber dónde andaba, porque no había llegado a casa. Y la muy descara me dijo…
—¡Cállate! —Le aventó un cojín.
—¡Buenos días, en estos momentos no puedo atenderte porque tengo entre las piernas a con un candente italiano! —Imitó su voz horrorosamente.
—¡Jefa! —Le miró pícaramente el pelirrojo.
—¡Oh! —Kohaku sólo negó con su cabeza.
—¡Oh! —La apuntó Jakotsu—. Entonces si te acostaste con Casey, el modelo que… ¡Oh por Dios!
—Yo se me esa historia —Kanna se involucró en la plática—, con todo y detalles.
—¡Ya me voy! —Gritó para no escuchar a los demás.
Trotó tan raído como los tacones le permitieron y abrió la puerta para salir de una vez de ahí, sólo para encontrarse de golpe con Sesshōmaru, quien tenía la ceja altiva y esos impenetrables ojos sobre de ella.
—Siento la tardanza —se disculpó mientras se alisaba el vestido.
Sin embargo, el hombre no le contesto nada, se limitó a observarla de arriba hacia abajo, con esos duros y fríos ojos, que no sabía interpretar si lo hacía para juzgarla o si en verdad le gustaba lo que veía. Aunque intuía que era la primero, con ese hombre nunca había nada positivo.
Por lo tanto, ella no se detuvo e hizo lo mismo y, para su —básica y primitiva— desgracia, ella tendía a juzgar mucho físico en los hombres. Y si algo tenía que reconocer, es que el albino era jodidamente atractivo con traje normal o con smoking.
Sesshōmaru lucía un impecable y sobrio smoking negro de corte italiano, que le favorecía por su compleción alta e imponente. Simplemente veía a un hombre con una esencia imperial envidiable, que ya no era común ver en esos tiempos.
Para favorecer más esa elegante etiqueta por parte del albino, era encontrarlo con su cabello completamente recogido en un alta coleta, resaltando su rostro masculino, con esas líneas tan finas y a la vez tan fuertes.
Sesshōmaru Tukusama era un hombre que rayaba en la hermosura.
Eso era que algo que no podía negar, por mucho que el hombre no llegara a convencerla en otros aspectos.
—¿Y qué opina? —Prefirió terminar con esa guerra de miradas y se mostró ante él, como si de una modelo se tratara—. ¿Le gusto? ¿O tengo que regresar a cambiarme? —Espetó burlona.
—No tengo quejas, Rin —respondió áridamente.
—El rostro de una figura egipcia muestra más emociones que usted, ¿lo sabía? —Sólo escucho como el hombre chasqueo la lengua—. Vamos, no tiene nada de malo el reconocer que su socia es linda —se acercó a él y paso su mano por la delgada solapa del saco, ganándose de nuevo aquella mirada bañada en oro—. Por ejemplo, yo admito que hoy luce particularmente guapo, Sesshōmaru.
Sintió como una mano firme se posó sobre su cintura, pegándola suavemente al cuerpo masculino, sin entorpecer el contacto de sus miradas.
—No tengo quejas de su buen gusto —articuló con aterciopelada voz—, así que no tiene por qué esperar negativas de mi parte.
—Vaya, es bueno saber eso —le sonrió, para después alejarse de él—. ¿Nos vamos?
Sesshōmaru no dijo nada, simplemente le siguió los pasos con elegante y firme andar, algo que también había visto en Inu No Taishō. No había duda que el albino había heredado mucho de sus padres.
—¡Después de las doce ya no acepto devoluciones! —Gritó Hakudōshi.
Rin miró hacia el apartamento, encontrándose con el grupito que estaba prácticamente fuera. Viró hacia Sesshōmaru, que solo les dedico una mirada de soslayó y siguió su camino. Ella no tuvo otra que guardarse la risa y alcanzar al albino que, no parecía tener ganas de seguir ahí.
Luego de bajar las escaleras en completo silencio y llegar hasta donde el Lamborghini blanco esperaba, montaron sin perder más tiempo. Dirigiéndose hacia donde se realizaría la dichosa subasta.
No se encontraba nerviosa, pero la realidad es que había pasado mucho tiempo desde la última vez que asistió a un evento de ese calibre.
Tenía claro que no solo se encontraría con la gente que suele «socializar» constantemente, sino también habría políticos, ministros y personas allegadas al mayor líder del país.
No importaba donde estuviera, las normas de la cúspide de la sociedad siempre tendrán el mismo trato y las mismas ceremonias. Lo sabía porque había estado en eventos tanto en oriente como en occidente, y las normas eran exactamente iguales.
Observó de reojo al albino, quien mantenía su atención fija en la carretera y con aquella nula expresión en su cara. Era como si nada le afectara, estuviera en el trabajo, en un evento o en una cita, seguía mostrándose estoico ante el mundo.
—Recuerdo vagamente —habló para romper el fastidioso silencio—, que una vez estuvimos en la misma fiesta, lo vi sin acompañante. ¿Suele ir solo a estas celebraciones?
—Sí.
—¿Por qué? —Curioso.
—No necesito de una —respondió fríamente.
—¿Ni a su madre?
—Ya no soy precisamente el adolescente que funge el papel de acompañante de su madre, Rin.
—Supongo, pero…
—No necesita mi compañía, ni yo la suya —la interrumpió—. Aparte, parece que se siente más cómoda haciendo pareja con André.
Rin tenía claro que su padre siempre hacía lo posible de ir acompañado, ya fuera por ella o por Irasue. Por lo regular, su padre recurría a la albina. Ya fuera para no incomodar a su hija, por comodidad o porque realmente se la pasaba mejor al lado de su mejor amiga. Y a ella no le disgustaba en absoluto, el fin era que su padre se sintiera a gusto en dichas reuniones y, sin duda, Irasue le proporcionaba la diversión que él buscaba en algo tan aburrido y frío como las reuniones aristocráticas.
—Tiene razón —sonrió menguadamente.
—¿Y usted?
—¿Yo qué? —Viró su atención hacia el hombre.
—No suelo verla en eventos así, ¿por qué?
—Pues… —Parpadeó un par de veces, no esperaba que el hombre le cuestionara algo tan «banal»—. Soportó las excentricidades de mi trabajo, porque me gusta. Pero aguantar las excentricidades de un grupo de creídos e hipócritas que se sienten los reyes del mundo… ¡Nah!, no es mi estilo.
—¿Incluido su padre? —La retó.
—Incluido mi padre —respondió sin dudarlo—. André Lowell no es precisamente un hombre humilde y él lo tiene presente, al igual que mi opinión. Y no es algo que le preocupe particularmente.
—Hmmm…
—¿O qué esperaba? ¿Qué saliera a defender a mi padre? ¿Qué dijera que es un gran hombre y un pan de Dios? —Cuestionó con son divertido.
—Para nada, la sinceridad parece brotarle por los poros.
—Al menos ya sabe una peculiaridad de mí.
—Una de tantas.
—¡Uh! —Exclamó provocadoramente—. Parece ser que soy un libro abierto para usted.
—No, más bien es una caja de sorpresas que no quiero abrir.
Rin le observó detenidamente, por aquella frase que dijo con tal soltura y seguridad, algo que la sorprendió.
Sus amigos más cercanos no se cansaban de decirle de que era alguien fácil de conocer, siempre mostrando al mundo lo que tenía que ofrecer y lo que era. Pero el que su socio dijera lo contrario…
Quizás era por lo poco que se conocía o simplemente no era alguien que se relacionara demasiado con alguien, como para poder descifrar a las personas de una manera más íntima.
Salió de sus pensamientos al verlo girar el volante y como el auto se introducía al interior de un inmenso terreno, en donde se encontraba una grandísima mansión, que sin duda era del Primer Ministro de Japón.
—Llegó la hora —dijo en un suspiro.
El albino no habló, sólo se dirigió hacia la colosal estructura en donde esperaban los mozos, para atender a los recién llegados y aparcar los automóviles en alguno de los estacionamientos privados del lugar.
Rin respiró profundó ante la sola idea de saber que no solo se encontraría con Bankotsu, sino también con Sara, que se encontraría ahí con sus padres y, sobre todo, los espectadores más difíciles de todos.
Los padres de ambos.
El auto se detuvo y las puertas no tardaron en abrirse, en donde se encontró con la mano enguantada de blanco. Aceptó el gesto del joven hombre y salió del coche, para encontrarse con la iluminación que tenía la entrada y la gente que aun llegaba al recinto.
—Rin —Sesshōmaru le llamó, mientras le tendía la mano.
—Sí…
Se alejó del chico al cual le regreso el gesto con una sonrisa, para después tomar la mano de Sesshōmaru y encaminarse hacia la entrada principal.
La castaña sabía lo decisivo que sería esa noche, en especial, porque ella jamás había ido a eventos de ese tipo, a menos que fuera con su padre. Jamás había aceptado las invitaciones de Bankotsu y, con ello, sabía que eso haría que la ira del pelinegro se acrecentara con solo verla llegar al lado de Sesshōmaru.
La única estrategia que tenía para que las cosas no perdieran el rumbo, de que todos se creyera toda esa farsa y que no terminara arruinándose por una tontería, era el no separarse de Sesshōmaru y, en el peor de los casos, de sus allegados. Si fallaba en algo así, Bankotsu e incluso Sara —de la cual no sabía que esperar— encontraría el momento adecuado para hacer que todo se convirtiera en un caos.
—Ni se le ocurra dejarme sola —musitó a lo bajo.
—No pretendo tal cosa.
Sesshōmaru la soltó de la mano, para rodearla con el brazo y posicionar la mano sobre su cintura, de una manera tan abrazadora y posesiva, que incluso podía sentir la calidez que desprendía aquella mano a través de la tela de su vestido.
—Que agresivo —le miró divertida. Él le respondió con aquella fulminante mirada ambarina.
—Usted es solo mía ante la vista de los imprudentes —le recordó—. Solo sigamos el plan, Rin.
—Es mejor actor que Irasue, quien lo diría.
Solo sintió como la apretó más a él en forma de queja, ella no pudo más que aguantarse la risa ante la manera en que lo hacía cabrear.
Se estaba convirtiendo en su hobby favorito.
Terminaron por entrar a la gran sala del evento, encontrándose con algunos grupos de personas cercas. Los cuales ella catalogaba como los «chismosos», porque su fin era el ser los primeros en ver a los demás invitados y criticar todo lo que pudieran. Y ese día no sería la excepción, al contrario, tendrían mucho material de aquí hasta que terminara la velada.
No se había equivocado, pudo sentir la mirada de los presentes clavarse sobre de ellos, algunos sin decoro y otros con más discreción. Pero era obvio que les había sorprendido. No sólo porque el rumor de su noviazgo terminaba de ser eso, para pasar a una realidad, sino, que eso daba para interpretarse como algo mucho más serio que un enamoramiento pasajero. Sobre todo, al venir de un hombre como le era Sesshōmaru.
Pasaron sin darle mucha importancia a las curiosas personas, encaminándose en donde localizaron aquellas parejas que conocían a la perfección.
Inu No Taishō e Izayoi, André e Irasue y, para terminar, Inuyasha también se encontraba presente, siendo acompañado por Sango, que era la hermana menor de Kohaku. Sin duda, no se aburriría si el menor de los Tukusama y Sango se encontraban ahí.
Al llegar pudo encontrarse con unos matices de miradas; desde amables, sorprendidas, las burlonas y las intransigentes. Sin duda sería una noche bastante pesada para la castaña.
—¡Buenas noches! —Fue ella quien rompió con el innecesario silencio.
Se liberó del agarré del albino y fue a saludarlos a todos, con su respectivo beso en la mejilla. Mientras tenía sobre de ella, la mirada del primogénito de los Tukusama.
—Me alegra el verte aquí, Rin —dijo amablemente Izayoi.
—Muchas gracias, tía —le sonrió.
—Lindo modelo, querida —habló Irasue—. ¿Jakotsu?
—Así es, Irasue.
—Sin duda conoce tus gustos y los de mi hijo —escupió divertida.
—Sí, eso parece…
—Aunque mi hija usará harapos, incluso así se vería hermosa —intervino André—, ¿no es así, Sesshōmaru?
Rin giró con elegante gracia hacia el albino, esperando la respuesta que le daría a su padre. Y estaba segura que no sería la única, esa noche sería una tirada de interrogantes imposibles, que tendrían que contestar con mucha prudencia.
—No hay duda de ello, André —respondió sin apartar la mirada de ella.
—¡Keh! —Se quejó Inuyasha—. ¿Desde cuándo protagonizan noviazgos baratos?
—¡Inuyasha! —Le regañó Izayoi y Sango.
Se percató de la asesina mirada que Sesshōmaru, le dedico a su medio hermano. Y el otro como el gran idiota que era, le respondió desafiante.
—¿Cuál es tu ardor, Inu? ¿A caso te molesta que haya preferido a tu hermano y no a ti? —Espetó, mientras volvía a los brazos de Sesshōmaru, pero sin apartar su mirada del hombre más joven.
—No alucines, a mí no me gustan las ancianas como tú…
—¡Inuyasha! —La imponente voz de Inu No Taishō, se hizo escuchar—. Compórtate.
—Déjelo, es solo un niño —defendió al menor.
—Oye…
—Ya cállate, bestia —sentenció el mayor de los hermanos—. Compórtate como el Tukusama que eres, y no dejes en vergüenza a tu acompañante.
—¡Keh! —Se cruzó de brazos y miro hacia otra parte.
—Dejando esta charla de niños —habló Irasue—. Cariño, ¿ya viste el hermoso cuadro que subastaran? —Le preguntó a Sesshōmaru.
—No adquiriré nada —le hizo saber.
—¿Entonces a que has venido, Sesshōmaru? —Espetó indignada.
—Supongo que diste tu donativo antes, ¿no es así, hijo? —Indagó Inu No Taishō.
—Sí.
—¿Deseas ese cuadro, Irasue? —Le preguntó a su jefa, al leerle las intenciones.
—Por supuesto, pero tengo a un hijo tan avaro, que ni a su madre le quiere regalar nada —cogió un pequeño pañuelo de su bolso y se limpió las falsas lágrimas.
Rin dirigió toda su atención a Sesshōmaru, quien había desviado la mirada de su madre, para no tener que ver todo el drama que le estaba montando. Algo que le causaba bastante gracia. No había duda de que su jefa era el karma de su único hijo.
—¡Buenas noches!
Rin viró hacia el recién llegado, era uno de los socios de su padre. Sino mal recordaba, se trataba de los que ofrecían la maquinaria a la textilera y sus servicios de reparación, un hombre muy elegante y bastante serio. Socio que pasaría a ser de su acompañante, si todo ese teatrito culminaba en matrimonio.
Así empezó la jornada de saludar y entablar periódicas charlas con los demás invitados. Algunos lo hacían para solidificar alianzas, mientras otros lo realizaban con el fin de saber sobre su relación con Sesshōmaru. Pero el albino no daba tregua y no permitía el que profundizaran sobre un asunto que no les concernía. Acción que ella apoyo, al sólo responder escuetamente o solo dar una simple sonrisa.
Durante el extenuante procesó, se sintió extraña, no solo por ser el centro de atención de los presentes, sino por la firmeza con la cual la sujetaba Sesshōmaru. Jamás vaciló con su agarré, sobre todo al no ir conforme a lo que la etiqueta dictaba.
Mientras algunas damas sujetaban a su acompañante del brazo, como costumbre occidental y otras se limitarán en mantenerse al costado, como toda costumbre oriental. Al albino poco le importaba si le veían bien o mal, tampoco es que a ella le afectara mucho. En momentos apoyaba sus manos sobre el fuerte pecho o se acaramelaba aún más a él.
Sin dejar de lado la incomodidad que sintió en ciertos instantes, al sentir a los ojos azulados sobre de ella. Se había percatado de la presencia de Bankotsu, desde el inicio de la ronda de saludos.
Esperaba que no fuera tan imprudente de ir a saludarlos, no solo por Sesshōmaru, sino también por su padre. No dudaba ni un poco de que su progenitor, lo despacharía sin decoro alguno.
Cuando por fin pensó que dejarían de abordarlos llegaron Sara y sus padres, para «saludarles».
—¡Buenas noches! —saludo el señor Asano.
Rin no puedo evitar el mirar a la peculiar familia, que estaban saludándolos como si no hubiera problema alguno. Se había dado a la tarea de investigar a los Asano, sólo para saber un poco más de ellos y, de alguna manera, saber con quienes se estaban metiendo.
Sōju Asano era el Ministro de Hacienda del país, era una figura importante. Y lo demostraba con ese orgullo tan característico japonés. No era nada a comparación de Inu No Taishō o André, que tenían el porte de un caballero europeo, pero, aun así, el hombre sabía imponerse a su manera.
Por otra parte, se encontraba Naomi Asano, que le había dedicado unas cuantas miradas despreciativas, como si fuera al bicho al que tenía que eliminar. Acción que poco le hacía, no es que fuera una mujer especialmente intimidante, sobre todo si la comparaba con Irasue, que sin duda le superaba sin problema alguno.
Y ahí estaba Sara, mostrándose altiva y elegante, como toda modelo haría en ese y en cualquier otro lugar. Pero eso no era suficiente como para hacerla menos o incomodarla, porque la oscura mirada de la modelo, mostraba lo insegura y temerosa que era.
—A sido toda una sorpresa lo de la relación entre sus hijos —habló la mujer—. No esperaba que alguien tan visionario como Inu No Taishō y André, aun creyera en los matrimonios concertados.
—Mamá… —Le llamó Sara, con voz apenas audible.
—¿Es así? —Preguntó con sincera curiosidad el padre de Sara.
Rin podía asegurar que el hombre no sabía nada de lo que su esposa e hija realmente quería, tal vez, ni siquiera sabía que Sara estaba enamorada de Sesshōmaru.
—No te confundas, querida —intervino Irasue—. Que no estamos hablando de mentes débiles, ellos son suficientemente independientes como para caer ante una presión así —escupió con toda intención—. Si están juntos, es porque las personas triunfadoras siempre buscaran a otro triunfador, eso es todo.
—Hasta hace poco nos enteramos de esta relación —agregó con prudencia Inu No Taishō—, por lo tanto, esa idea es obsoleta, Naomi.
—¡Interesante! —Exclamó, mirándola especialmente a ella—. Debió haber sido toda una gran batalla, para que alguien como Sesshōmaru se fijara en ti, cariño —arrojó con todo el veneno que poseía.
—Naomi, limita tus comentarios —le reprendió su esposo.
—Pero sino he dicho nada malo, Sōju —dijo inocentemente.
Rin sintió como el albino apretó sus largos dedos en su cintura, acto que le orillo a mirarlo. Pudo notar que esa mujer poco le agradaba y, que si esta no se callaba terminaría siendo un completo patán, sin importarle de quien era esposa.
No solo el albino mostró su descontentó por el comentario, también su padre e Inu No Taishō. Incluso escuchó a Inuyasha gruñir un «vieja bruja» entre dientes. Pero solo las mujeres le miraban expectantes, esperando a que fuera ella quien contestara. Y vaya que si lo haría.
Su orgullo estaba en juego y no dejaría que una vieja loca y ardida, viniera hacerla menos, solo porque la hija no consiguió lo que ella sí.
A Sesshōmaru.
—No se preocupe, señor Asano —intervino educadamente—. Es algo a lo que puedo responder sin problema alguno —le sonrió dulcemente al hombre.
—Estoy ansiosa —incitó la mujer.
—Mi padre siempre me enseño que una dama jamás le debe rogar a un hombre, por ese motivo, jamás lo he hecho y jamás lo haré —sonrió triunfal al ver como la mujer frunció el ceño y como Sara bajo la mirada—. Por lo tanto, déjeme decirle que aquí el que busco el sí, no fui yo, sino él.
»Y no me malinterprete, Sesshōmaru no es un hombre que le ruegue a una mujer. Simplemente actúo como el caballero que es, al darme su tiempo y atenciones, para que al final aceptara su intención —su sonrisa se mostró soberbia—. Acciones que, viniendo de un Tukusama, se valoran mucho más. No cualquier mujer tiene semejante suerte, ¿no lo cree?
—Claro…
—Si nos disculpan, iremos a tomar nuestra mesa —anunció Izayoi—. Con su permiso.
Sin más que decir, todos tomaron camino hacia la mesa que les esperaba, menos ella y Sesshōmaru, que aún tenía la mirada clavada en la irritante mujer. Así que no tuvo de otra, que atraer su atención a la fuerza.
Colocó su mano sobre la pálida mejilla, logrando que los ojos dorados se fijaran exclusivamente en ella.
—Tranquilícese, por el momento ya no la quitamos de encima —musito para que sólo la escuchara él—. Y no pierda su tiempo en esa mujer, ni en su hija, que de eso me encargo yo.
—¿Usted?
—¿No me cree capaz?
—No creo que merezca la pena —fue directo.
—Las mujeres son muy peligrosas, Sesshōmaru —le recordó—. Y no voy arriesgarme por subestimarlas, ¿entiende?
—No se olvida de lo que trata todo esto —dijo disgustado.
—Cómo olvidar algo que yo misma inicie —sonrió sutilmente—. Usted no se apure por las apariencias, no necesita dar explicaciones de nada. La que se las ingenia aquí soy yo, usted solo concéntrese en impresionar a mi padre.
Se alejó sutilmente y le extendió la mano para que accediera a seguirla, acto no rechazó, la tomó al momento en que se la ofreció y se encaminaron hacia donde los demás se encontraban.
La cena trascurrió de lo más tranquilo, a excepción de los tontos comentarios por parte de Inuyasha o de los dramas que en sus momentos montaba Irasue. Ella se limitaba a contestar en monosílabos o reír cuando en verdad no podía evitarlo, aunque no hacia realmente mucho esfuerzo para comportarse como la dama que debía ser.
Dejó de lado lo que estaba comiendo y se viró a su costado derecho, en donde se encontraba Sango.
—Sango —le llamó tenuemente.
—¿Sí? —Le respondió rápidamente.
—¿Me acompañas al sanitario?
—Claro —asintió con una sonrisa.
Ante la afirmación, volvió hacia su izquierda y se acercó a la oreja de Sesshōmaru, para no interrumpir la plática que tenían los hombres que compartían la mesa.
—Iré al baño, no tardo —le susurró.
Sesshōmaru la miró al instante en que se levantó, percatándose de que no iría sola, por lo cual asintió y volvió su atención a la plática que continuaba en la mesa.
Rin y Sango se encaminaron hacia los baños, viendo como la castaña trataba de abordar algún tema en especial. Aunque la hermana de Kohaku, siempre se había mostrado ser más segura que su hermano, había momentos en los que se parecían por completo.
—¿Quieres decir algo? —La alentó.
—No quiero sonar como una entrometida, ni nada por el estilo, pero… —la tomó del brazo y se pegó más a ella. Haciendo la conversación más íntima—. Mi hermano ya me había comentado que eras novia del hermano mayor de Inuyasha, pero la verdad no me la creía.
—¿Por qué no? —Le miró curiosa.
—Bueno, es que él es tan…intimidante y frío —sonrió apenada—. No es que conozca mucho de su personalidad, pero con las veces que lo he visto en la mansión de los Tukusama, se ve tan…demoniaco.
—¿Demoniaco? —Rió—. ¿En serio?
—En serio —bajó la mirada apenada—. No parece un hombre que cuaje con tu personalidad.
—Bueno… —Guardó silencio al llegar al baño y ver que había unas cuantas mujeres ahí.
Varias le miraron de arriba hacia abajo a través del espejo, mientras otras sólo murmuraban entre sí.
La gran mayoría eran unas completas desconocidas para Rin, pero el ver los vestidos, las joyas y lo maquilladas que estaban, podía asegurar que se trataba de hijas de empresarios, ministros o uno que otro famoso.
En eso recordó a Jakotsu, cuando le describió al sequito de mujeres que se encontraría en la velada. Y no se había equivocado en nada. Prácticamente estaban luciendo exageradamente llamativas, tal vez porque las japonesas de hoy en día tendían a cargar hasta con el peluche o simplemente porque estaban promocionando su soltería y que estaban dispuestas a un buen partido.
Estaba segura que Sesshōmaru, era uno de esos peces tan gordos que muchas querían cazar. Ya fuera por su estatus, su poderío empresarial o simplemente por lo atractivo que era para las mujeres. Cualquier fuera una las ideas, eran aceptable para las mujeres presentes.
No les dio más importancia y entró a uno de los baños, la verdad es que su necesidad era más grande que el estar examinando a las presentes. Sango sólo se dispuso a esperarla, mientras se miraba que el maquillaje no estuviera corrido o algo así.
Al terminar y salir del cubículo fue al costado de Sango, para lavarse las manos y darse cuenta que ya no estaban las demás mujeres.
—Desde que entraste se fueron —le informó.
—Ya veo —sonrió.
—No parece importante mucho ser el centro de atención —inquirió curiosa.
—No voy a darle importancia a cosas tan tontas como estas —dijo escuetamente, al momento en que se estaba secando las manos—. Me importa muy poco lo que piensen u opinen de mí.
—Pero debe ser fastidioso el vivir así, ¿no?
—No suelo estar en la mirada de nadie —se alisó el vestido—. Aunque ahora será imposible pasar desapercibida —comentó mientras sacaba el labial del pequeño bolso.
—Tu novio no es alguien que pase bajo la mesa —agregó divertida—. Parece resaltar a cualquier parte donde vaya.
—Sí —se tinto los labios—, es un hombre reconocido por cualquier aspecto de su vida.
—¿Y eso no te incomoda? —Siguió preguntando.
—Es algo con lo que puedo aprender a vivir —se limitó a decir.
—Debe gustarte mucho como para decir algo así.
—Me encanta —dijo con toda la picardía posible—. No estoy con él de gratis.
Vio como el rostro de la menor se tiño de rojo ante sus palabras y como negó de ellas, como si lo que hubiera escuchado fuera un sacrilegio. No podía creer que aún no se acostumbrara, teniendo un joven novio tan pervertido como Miroku.
En eso la puerta del baño se abrió, dándole la entrada a alguien más, para sorpresa de Rin, se trataba de Sara.
—Disculpen la molestia —habló tenuemente—, pero quería saber sí… ¿me podrías dedicar unos instantes de tu tiempo?
Su compañera miró a Sara, para luego posar su mirada en ella, esperando la respuesta que daría. Mientras ella pensaba en si aceptar tal cosa o dejarlo pasar. Pero su curiosidad era tan grande, que realmente, algún día la terminaría matando.
—Claro, porque no —asintió—. Adelántate, en unos momentos más te alcanzo, Sango.
—Sí.
Sango dio caminó hacia la salida, dejándola a solas con la modelo, quien tenía la mirada baja. No tenía ni siquiera la fuerza de encararla o quizás era muy buena actuado. Desde lo que le dijo Kagura y Jakotsu, ya no se podía fiar de la sosegada actitud de la castaña.
—¿Quieres que hablemos aquí? —Cuestionó—. No parece el mejor lugar para charlar.
—No, hay una sala de estar cerca del sanitario —le informó—, podemos charlar ahí.
—Bien, te sigo.
Sara asintió y dio marcha hacia la salida del sanitario, por lo tanto, no tuvo más opción que seguir los delicados y finos pasos de la modelo.
Se notaba que ya estaba curtida en el mundo de las pasarelas, su andar era algo que se volvió una costumbre y su porte es algo invaluable en esas mujeres. Pero, aun así, no podía compararla con Kagura, que a pesar de ser considerada una modelo de talla «grande», había una gran diferencia ente el hermoso y agraciado cuerpo de la pelinegra, al cuerpo delgado y carente de curvas de Sara.
Ahora podía entender porque Sesshōmaru, había preferido el enredarse con una mujer como Kagura y no como Sara. Había una diferencia abismal físicamente hablando.
Se detuvo al momento en que la castaña lo hizo, la mujer giró para enfrentarla por primera vez y pudo ver lo triste que se sentía. Incluso podía jurar que en cualquier momento se soltaría a llorar.
—Supongo que ya lo sabes, ¿no es así? —Le preguntó con voz clara.
—Sí —respondió—, no me esperaba que se tratara especialmente de él.
—Bueno, nunca dije su nombre —sonrió a medias.
—Sí, difícil de adivinar —se mantuvo firme—. Es una lástima, pudimos ser buenas amigas.
—¡Aún podemos serlo! —Exaltó repentinamente.
—¿A sí? —Le miró dudosa.
—Claro, si tu quisieras…
—No, no lo creo —fue reacia.
—Desde que lo vi, me enamoré de él —su voz se volvió más fuerte—. Le seguí los pasos sin importarme nada. Sesshōmaru es el hombre de mis sueños, y con quien quiero estar, ¿puedes entenderlo? —Dio un paso hacia adelante. Rin endureció sus facciones—. Supongo que te has enamorado alguna vez y sabes lo que te estoy refiriendo, ¿verdad?
Rin permaneció en silencio, analizando a la mujer que tenía enfrente suyo, pensando en lo mal que se lo ha pasado el albino a tener a una mujer tan desquiciada como esa. Realmente, Bankotsu se quedaba corto a comparación de esa mujer.
Sara Asano tenía un grave problema psicológico, estaba obsesionada con la imagen que ella misma se creó, pero no del verdadero Sesshōmaru.
—Yo sé que no soy nadie para pedirte esto, pero por favor, déjalo —los ojos marrones se llenaron de lágrimas—. Haré lo que pidas, con tal de que termines con él.
—Vaya, no me esperaba algo así —soltó con seriedad—, no quería creer que tu dignidad era nula.
—¿Qué? —Le miró confusa.
—Rebajarte a este nivel por un hombre —chasqueó la lengua molesta—, que ni siquiera le interesas en lo más mínimo. Sara, debes estar muy jodida de la cabeza o tu madre debe tener bien amaestrada, como para caer a este nivel —negó con su cabeza—. Quería creer que no eras una loca obsesiva, pero los rumores a veces aciertan por desgracia.
—¡Ellos no saben nada! —Alzó la voz, sin importarle que pudiera llamar la atención—. Aquellos que me juzgan, no saben lo que es amar de verdad. ¡No saben lo que siento por él!
—Pero yo si se lo que él siente por ti, y es nada —la encaró sin problema alguno—. Acéptalo de una vez, o el golpe será tan duro que terminará dañándote.
—Sesshōmaru no será tuyo —la enfrentó con seguridad. Ya había sacado las garras.
—Él ya es mío —escupió orgullosa y segura de sí misma—. Sigue tu vida y evítate problemas, Sara.
—Tú…
—Rin.
La imponente voz hizo eco entre las dos, viendo como la mujer volvía a la misma postura sumisa y frágil. Mostrando que era una maldita mosquita muerta de lo peor. No había estado tan agradecida con la modelo y el diseñador, al advertirle del pie del que cojea esa mujer. Que, sin dudas, le daría más que un dolor de cabeza.
—¿Qué ocurre? —Espetó en una orden.
—Nada importante —se giró y quedó enfrente de Sesshōmaru—. Vámonos.
Sesshōmaru asintió ante su petición, aunque le había dedicado una fulminante mirada a la modelo. Mostrando la poca gracia que le causaba que la mujer se le hubiera acercado, sin importar cual fuera el motivo.
El albino la atrajo hacia él, sin importarle lo tosco que se vio al momento en que lo hizo y lo mucho que le molesto que lo hiciera de esa manera.
—Disminuya su fuerza, que no me importara aventarlo si sigue lastimándome —dijo entre dientes.
El albino cedió ante su petición y dejó de apretujarla, su agarre seguía firme, pero era soportable. Algo que le hizo inhalar con fuerza y exhalar de la misma manera, tenía que guardar la compostura.
—Y se quejaba de Bankotsu —le susurró—. Esa mujer esta trastornada.
—No es problema mío —fue reticente.
—No, pero vaya par de arpías me acabo de echar encima —masculló molesta—. ¿Qué diablos les da para tenerlas tan atontadas?
—Déjese de sandeces, Rin.
—No estoy jugando, realmente estoy tratando de entender cómo alguien puede amarlo, cuando ni siquiera le dio entrada —le miró intrigada—. Usted no es precisamente un príncipe azul.
—Curioso —habló estoicamente—, porque usted tampoco parece ser la princesa que tratan de venderme.
—Jamás he engañado a nadie —se sinceró—. Así que no se sorprenda, que sabía muy bien que no se asociaba con cualquiera.
—Lo sé —la acorraló contra uno de los pilares, sin ser vistos por terceros. Rin lo desafió con la mirada—, pero me encabrita el que la vean como un ángel cuando es obvio que no lo es.
—Me alegra saber que no me compra por mi cara de niña buena —comentó escuetamente—. Así al menos sabe con quién se ha metido, más vale que ambos nos andemos con cuidado —posó sus manos sobre el pecho del hombre, apartándolo un poco de ella—. Y no se preocupe por su eterna enamorada, que de esa loca me encargo yo sola.
—Sorpréndame, Rin —le desafió.
—Lo dejaré con la boca abierta, se lo aseguró —terminó por liberarse del hombre, pero solo para sujetarlo del brazo—. Es mejor que volvamos, no vayan a pensar que estamos haciendo cosas indebidas —se burló.
Sonrió complacida al ver la cara de fastidio que le regalo el albino por su comentario, era tan agradable hacerlo enfadar con cosas tan sencillas como esas. Era agradable, después del trago amargo que vivió con Sara.
Llegando a la mesa se anunció el inicio de la subasta, invitando a los interesados a acercarse el escenario en donde se pondría a la vista las piezas que estarían en juego.
No pudo ni siquiera tomar asiento, ya que el albino se lo impidió, llevándola consigo hacia donde se efectuaría la subasta. Sorprendiéndola, ya que había intuido que no participaría. Vio a su costado y se encontró con Inu No Taishō e Izayoi, quienes parecían interesados en entrar a la competencia.
—¿Qué va a comprar? —Lo cuestionó—. Ni siquiera miró las cosas que se subastarían.
Sin embargo, el hombre no le contestó, simplemente tomó la paleta enumerada que le había entregado uno de los meseros. Se quedaron rezagados atrás, no parecía interesado en llamar la atención, al igual que sus tíos, que se quedaron en la misma línea que ellos.
Con ello la subasta inició con un enorme cuadro, el cual poco distinguió, pero suponía que era el que su jefa había mencionado. Así captando que al final, el albino complacería a su madre.
La competencia había iniciado, mostrándose interesado cinco hombres, los cuales habían alzado sus manos aceptando el precio de la obra de arte, que poco a poco iba incrementando. Pero su acompañante se mostraba tranquilo, no había levantado ni una sola vez la paleta, era como si en verdad estuviera analizando la situación, para hacerse presente en el momento adecuado.
Cuanto tres de los hombres habían desistido en la competencia, es cuando entro Sesshōmaru, aceptando cada de las puestas más altas por el cuadro. No parecía muy interesado por el derroche de dinero que estaba haciendo. Tal vez lo que pagaría, sería suficiente para tener calmada a su madre por un tiempo o simplemente no le importaba.
—Vendida al número sesenta y nueve—dijo el dirigente de la subasta.
Rin no se había percatado del número que le había tocado a su compañero, pero no puedo evitar el malpensarlo. Era un número engañoso y divertido a la vez.
—Ni siquiera pregunto por qué se ríe.
—Dudo mucho el que no sepa lo que ese número significa.
—Parece ser que usted lo conoce muy bien —le miró de soslayó.
—Tal vez un poco —se aguantó las ganas de reír—. ¿Quiere que se lo enseñe? —Bromeó.
—Debería bromear con alguien que no se tome en serio lo que le dicen.
—¡Wow! ¿A caso me está amenazando?
—Tómelo como quiera.
—Ya entendí, Señor Amargado —dijo sonriente—. Supongo que ya termino aquí, volvamos a la mesa, que mi postre me esperan…
—Aún no.
—¡¿Ah?!
Rin no dijo nada, realmente estaba curiosa el saber qué es lo que más quería adquirir el hombre. Tal vez le habían dado un catálogo días antes de la velada, así que pudiera haber algo más que le había llamado la atención. Así que se aguantó las ganas de volver a su postre, esperando expectante a lo que el albino deseaba obtener.
Luego de unos cuantos objetos más, se hizo presente un collar de oro blanco y revestido de solo diamantes. A esa lejanía no podía apreciarlo, pero estaba segura de que era bastante bonito. Y lo pudo intuir porque Inu No Taishō, fue el primero en mostrar interés en dicho artículo.
—¿Un regalo para mi tía? —Cuestionó a lo bajo.
Pero no obtuvo ninguna respuesta, sino la mayor sorpresa de la noche. Sesshōmaru había entrado a la competencia por la misma joya.
¿De eso se trataba? ¿A caso sería otro obsequio para Irasue?
—¿Planea pelear contra su padre? —Espetó asombrada.
El hombre no le respondió, sólo le dio una torcida sonrisa, mostrándole lo enserio que iba. Así que se limitó a espera a ver quién de los dos ganaba, aunque consideraba que desperdiciar millones de dólares —moneda que manejaron en la subasta—, no era precisamente lo que ella haría.
Los demás participantes se fueron quedando rezagados ante la imponencia de los Tukusama, solo ellos quedaban y se esperaba saber el veredicto final.
Rin viró hacia la dirección de Inu No Taishō, viendo cómo Izayoi le susurraba unas cuantas palabras, que lograron que el hombre frunciera el ceño. Dudaba de que su tía estuviera dando presión a que aceptara el siguiente nivel. No parecía precisamente interesada en dicho objeto.
Cuando la puesta llego a los cinco punto ocho millones, la fuerte batalla que les habían regalado tanto el padre como el hijo se finiquitó.
Sesshomaru había ganado la costosa subasta.
—El collar de diamantes Mr. Winston es vendido al número sesenta y nueve —terminó por decir el anunciante. Mientras la gente aplaudía por la «victoria» de Sesshōmaru.
—Felicidades, se ha hecho de un collar de cinco punto ochos millones, Rin —el albino le musito al oído, con voz aterciopelada y altanera.
Abrió los ojos en par en par al escucharlo, no podía creer que el hombre se hubiera embarcado en la subasta, para demostrar lo «desprendido» que era con ella. Una mujer que precisamente no usaba joyería de tan cara como esa.
La hizo reaccionar al hacerla dar unos cuantos pasos, ya no parecía interesado en lo demás que estaba por subastarse. Ella accedió por inercia, mientras procesaba las palabras dichas por el albino. Quería creer que le estaba jugando una broma de mal gusto.
Llegando a la mesa, el hombre no la soltó, no tenía ni la más mínima intención de que volvieran a sus asientos.
—Vaya compra, Sesshōmaru —hablo su padre sorprendido—. No solo un hermoso cuadro, sino también un hermoso collar para tu madre.
—Mi hijo no es tan desprendido con su madre —intervino burlona la albina—. Ese collar es para la dama que sujeta celosamente, ¿no es así, cariño?
—Tan persuasiva como siempre, madre.
—¡Wow! —Exclamó André por todos, quienes se habían quedado mudos. Siendo Irasue e Inu No Taishō la excepción—. Vaya, esto que si va en serio —los ojos verdes se clavaron en ella—. No te vez contenta, hija.
—Yo… —miró a su padre y a los demás, para terminar en el dueño de esos ojos de oro, que esperaba su respuesta—…aun no me lo creo. No me esperaba algo así.
—Parece ser que las intenciones de mi hijo, son claras —habló el mayor de los albinos—. ¿Lo entiendes, Rin?
—Eso trato…
—El viejo le ha regalado joyas mejores y más caras a mi mamá —agrego Inuyasha—. Debes sorprenderte con algo mejor, no te dejes engatusar... —se calló al sentir el fuerte estirón de cabello por parte de Sango—. ¿Pero qué diablos te ocurre, Sango?
—Deja de ser tan imprudente y metido —le regañó—. El día que tengas novia, querrás vender hasta el alma para complacerla.
—Tonterías —dijo entre dientes—. Este Tukusama jamás caerá ante una mujer.
Las platica volvió amenizarse por los regaños que recibía Inuyasha, por parte de Sango y su madre. Pero ella ni siquiera les prestó atención. Aún estaba debatiéndose de la verdadera intención del albino por tal acción.
—Es hora de que reclame lo que me exigió, madre —dijo Sesshōmaru, ignorando las otras platicas.
—Con gusto, cariño —la mujer se levantó con la caballerosa ayuda de André—. Es hora de reclamar el amor que me da mi hijo gastando dinero en mí —dijo «enternecida».
Sesshōmaru no presto atención a las palabras de Irasue, se concentró en soltarla y ofrecerle el brazo, para que la dama albina hiciera exactamente lo mismo con su otra extremidad.
Se encaminaron en silenció hacia donde se encontraba la entrega de papeles, de los objetos adquiridos. En dónde fueron atendidos sin demora alguna.
Irasue fue la primera en reclamar el hermoso cuadro a su nombre, postrando su elegante firma sobre el documento que la declaraba como la nueva dueña.
—Dígame que esto es una broma de mal gusto —pidió en voz baja.
—Quería que convenciéramos a todos —le recordó—, y esto es un buen comienzo.
Rin suspiro ante ello, no esperaba que las cosas se fueran a tornar así, pero si el hombre quería que así fuera, no le quedaba más que aceptarlo. Le daría el gusto de comportarse como la dama maravillada y enamorada por tan desprendido gesto hacia ella.
Se acercó a firma el dichoso papel, proclamándose como la dueña del tan elegante y cara joya.
—¿Desea el llevarla de una vez o prefiere el que la mandemos a un banco en especial? —Le preguntó el hombre.
—Sesshōmaru —le llamó melosamente—. ¿Podría prestarme su cuenta para guardar mi regalo?
El albino rodó los ojos ante su propuesta, pero no se negó a ello. Dio los datos necesarios para que la joya terminara en la seguridad de su cuenta bancaría. De esa manera, no se sentía tan presionada. De alguna forma, seguía estando en las manos del hombre, que era lo que le importaba.
Después del desagradable momento del «regalo», volvieron a la mesa, en donde —por fin— pudo degustar de su postre.
La subasta había terminado y con ello las melodías de la orquesta se hicieron presentes, dejando la gran plaza para aquellos que quisieran aprovechar la pista. Y así había sido, varias parejas —especialmente matrimonios— bailaron al son de la música.
Entre ellos se hicieron presentes Inu No Taishō e Izayoi, quien sonreía contenta ante las palabras que su marido le susurraba. Después se les unió André e Irasue, quienes charlaban, mientras demostraban todo el porte europeo en la fiesta.
Se veían tan bien y contentos de hacerlo que, al momento en que termino su postre y dio el último trago a su copa de champagne, se levantó y extendió su mano al albino. Quien la miró con la ceja alzada.
—No me dejará con las ganas, ¿o sí? —Lo retó abiertamente.
Sesshōmaru se incorporó sin decir ni una sola palabra, acepto su mano y se dirigieron hacia la pista de baile. En dónde la atrajo hacia él, haciendo que lo largo de su vestido se hondeara y dejara al descubierto sus piernas, gracias al corte lateral izquierdo de la falda negra.
La fuerte mano se posiciono en su espalda, mientras la otra le sostenía de la mano. Ella sólo accedió al colocar su mano libre sobre el brazo del albino y empezar a seguir el ritmo de la melodía. Llevándose la grata sorpresa de lo bien que bailaba Sesshōmaru.
—Vaya sorpresa me acabo de llevar —dijo con voz queda, pero audible para ambos.
—Hmmm…
—Supongo que su madre le orillo a aprender a bailar —aseguró sin temor alguno—. Sin duda lo hizo todo un caballero.
—No creo que me vea como tal, Rin.
—En estos momentos, se ve como uno —le sonrió—. Sea el caballero adecuado para esta damisela enamorada.
—Deje de bromear —le advirtió.
—No estoy bromeando, solo estoy actuando —rectifico al albino—. No vinimos a eso, no me lo recordó con la joyita que me acaba de regalar.
La melodía cambio, volviéndose mucho más pausada, sutil e íntima, provocando que se olvidará de todo protocolo, llevando sus dos manos hacia la nuca del albino, orillándolo a que las grandes manos se posaran sobre su cintura, pegándola más al cuerpo masculino.
—Si vamos hacer esto, hay que hacerlo bien y a mi manera —le susurró sobre los delgados labios—. ¿O piensa oponerse?
—No.
Rin sabía quiénes le miraban, acentuado especialmente en Sara y su madre, que estaban en su respectiva mesa, muy cerca de la pista. A lo lejos se encontraba Bankotsu, que, para su alivio, no se había atrevido a interactuar con ella. Ya fuera por la presencia de Sesshōmaru o simplemente porque no se metería en problemas, al tener al líder de los Niikura en dicha fiesta.
Por esos motivos, era el momento adecuado para callarlos a todos y darles de que hablar. Porque así era ella, no se andaba con rodeos y mucho menos con vergüenzas.
Inició con darle uno que otro beso pausado a aquellos cálidos labios, hasta que pareció cansar al albino, quien la pego más a él para robarle un beso.
Profundo, lento, sedoso, caliente y con sabor a champagne, era a lo que le sabía ese beso. Un maldito contacto y bastante vicioso, que le hizo olvidarse en donde se encontraba, con tal de probar un poco más de la delicia que le regalaba Sessōmaru.
No había sido como aquel beso que se dieron a las afueras del edificio, ese era tan apasionado y adictivo, que no quería que se terminara. Jamás se le cruzo por la cabeza lo buen besador que resulto ser su pareja.
Sesshōmaru terminó el beso, pero sus labios se siguieron tocandose, mientras su mirada se encontraba con los iris ambarinos. Tan desafiante e imponente como siempre, pero con un brillo peculiar, uno que no supo descifrar.
—¿Contenta?
~O~
Cuando llego a la casa, solo se encontró con Hakudōshi y Shippō, quienes seguían jugando. Kohaku y Kanna ya se habían ido a dormir, y no era para menos, ya pasaban de las dos de la mañana.
Los chicos le comenzaron a bombardear de preguntas, pero ella les despacho con un simple «estoy cansada, mañana hablamos». Y se fue a su habitación, en donde solo se quitó el vestido para ponerse su pijama, se desmaquillo, soltó su cabellera y se echó a la cama boca abajo.
Se quedó así por unos cuantos segundos, hasta que llevo los dedos a sus labios, recordando el tremendo beso que se dieron Sesshōmaru y ella frente de todos.
—¿Será así en todo? —Le preguntó a la nada—. ¡Maldición! —Se echó la almohada sobre su cabeza.
No quería aceptarlo de ninguna manera, pero tampoco podía engañarse, ese beso le había sabido a gloria y tenía ganas de que se volviera a repetir.
Bufó por sus adentros y se quitó la almohada, para abrazarla al instante en que giró, quedando con la vista suspendida en el techo.
—Quien lo diría —rió torpemente—. Sesshōmaru Tukusama me calentó con un simple beso.
Notas:
*Capcom vs Marvel 3: Es un juego de peleas, en donde se unen personajes de las historietas de Marvel y personajes de los videojuegos de Capcom. Esté en especial se trata de la tercera edición, que fue lanzada para PlayStation 3, XBOX 360 y PlayStation Vita.
*Dante: Personaje principal de la saga de Devil May Cry (no reboot). La apariencia que se muestra en Capcom vs Marvel 3, es la de Devil May Cry 3 «Dante's Awakening».
*Traje corte italiano: Se le dice así, porque el saco es más largo, más ancho de los hombros, más delgado del talle (ajustándose un poco más al cuerpo del hombre) y sin ningún tipo de abertura en la parte inferior del saco.
*Número sesenta y nueve: Rin lo refiere a la famosa posición sexual, en donde la pareja se realiza sexo oral al mismo tiempo.
*Collar Mr. Winston: Este collar se dio a conocer gracias a la actriz y modelo Jessica Alba, en el año 2013. Esto ocurrió en la presentación número 70 de los Globos de Oro.
El collar fue hecho por la famosa casa de joyería "Harry Winston Jewelers", quien lo tiene evaluado en 5. 8 millones de dólares.
Dudas:
¿Por qué Sesshōmaru si tuvo una aventura y Rin no?
Rin si ha tenido aventuras después de su rompimiento con Bankotsu, no se ha mantenido en celibato de ninguna manera. El que no haya insinuado nada anteriormente, es otra cosa. En este capítulo les di a conocer, que tuvo relaciones de una sola noche con un modelo italiano. Quizás en un futuro, mencione algunas otras aventuras de Rin.
¿Por qué siempre la primera en enamorarse es Rin?
No sé de dónde sacan el que yo voy hacer que Rin, sea la primera en caer. Cuándo en la historia no se ha mostrado ningún tipo de interés sentimental por ninguna de las dos partes. Falta un poco más para que estos empiecen hacerse presentes. Y no, no tengo aun contemplado a quién haré caer primero. Así que relájense, que nada está escrito aún.
¿Quién de los dos caerá primero?
Es una pregunta similar a la anterior, pero acá no finiquitan nada. Solo buscan los horrorosos spoilers. Y la verdad, no planeo decir nada al respecto, porque si no, toda la historia pierde toda su gracia.
Así que mejor díganme ustedes, ¿quién cree que caiga primero? ¿Y por qué? ¡Lancen sus apuestas!
~O~
¡Hola a todos!
Un viernes más, para dejarles el nuevo capítulo de la historia, que espero sea de su agrado.
Muchas gracias a las personas que ya tienen este fic en sus favoritos y la siguen. Como también les agradezco a los lectores anónimos.
Mis respectivos saludos y agradecimientos a las personas que han dejado su reviews, las cuales son: Nymer1a, Maril3, Milly Taisho, floresamaabc, La Rozeta, Kate-Klaroline, ookami-ouji, Mayuzz, Star fiire -Lupita Reyes, Claudy05, Aleliz, Abigz (por el capítulo 7 segunda parte :3), Dani Pasos Lara y Cleoru Misumi.
Recuerden a todos los que estén interesados en unirse al grupo Elixir Plateado, pasen a mi perfil de fanfiction, para que puedan obtener el link y el nombre de las administradoras del grupo. No olviden que este grupo es totalmente dirigido a la pareja SesshRin.
También encontrarán ahí el link para pasar al Pixiv de Rozeta, en donde encontrarán su arte de esta hermosa pareja de Sesshomaru y Rin. Y si desean ver los avances de los personajes de Gentle Lie, no olviden de ir a checarlos con ella.
Siendo esto todo, les deseo una bonita noche, buen inicio de fin de semana y nos leemos el siguiente viernes.
¡Hasta luego!
