Hola a todos! Se que tardamos un poco en subir el capítulo, pero regresamos a la escuela y todo esta de de publicar lo mas pronto posible si prometen dejarnos muchos reviews.

Nada nos pertenece.


Nueve

National Olympic Monument, Washington, 1987.

En la primavera de su decimosegundo año, Alice era una jovencita baja y menudita, con una tupida melena oscura. Los ojos, de un tono claro, estaban sombreados por largas pestañas y unas cejas oscuras. El bosque, con sus sombras verdes y sus aromas húmedos, era su mundo. Casi siempre iba allí sola, pero nunca se sentía solitaria. Su abuelo le enseñó cómo seguir huellas, cómo acercarse cautelosamente a los venados o a los alces para fotografiarlos, cómo permanecer sentada en silencio, mientras los minutos se volvían horas, para observar el majestuoso andar de un macho o la gracia de una hembra con un cervatillo.

Pasaba días serenos pescando con su abuela, y allí aprendió a ser paciente. Había asumido una parte de las labores en River´s End, el albergue y zona de campamento que los Cullen habían dirigido en Olympic por dos generaciones, y allí aprendió a ser responsable. Se le permitía vagabundear por el bosque, vadear los arroyos, escala las colinas, pero jamás rebasar los linderos sola.

Sus recuerdos de la casa de Beverly Hills eran imágenes vagas y fugaces de techos altos y colores brillantes. Durante los primeros meses en la casa del bosque, preguntaba cuándo llegaría su madre, dónde estaba su padre. Pero siempre que hacía una pregunta, su abuela apretaba los labios y la mirada se le ensombrecía.

Así fue como Alice aprendió a esperar. Y más adelante, también aprendió a olvidar.

Terminadas sus obligaciones del día en el campamento, Alice echó a andar por el sendero hacia la casa. Tenía la tarde libre. Entró en el claro donde se erguía el hogar de los Cullen desde varias generaciones atrás. La mica de las antiguas piedras refulgió en el apacible atardecer. Las ventanas relucían. Era una casa de tres plantas, con techos voladizos hacia los cuatro costados. Flores, helechos y rododendros silvestres se desparramaban en el revuelto jardín de su abuelo. Dando saltos, recorrió el sendero de piedra y abrió la puerta del frente. Sólo tuvo que poner un pie dentro para saber que la casa estaba vacía. Olfateo y se alegró al percibir el aroma de galletas recién hechas. Cuando llegó a la cocina, sacó varias del gran frasco de vidrio donde se guardaban y leyó la nota pegada en el refrigerador:

Ally:

Tuve que ir al pueblo. La tía Bella y el tío Edward llegan hoy por la noche. Quédate en casa para que me ayudes con los víveres cuando regrese. Puedes arreglar tu habitación… si logras encontrarla. No te comas todas las galletas.

Te quiere,

Tu abuela.

-¡Rayos! –con sincero pesar, Alice volvió a tapar el frasco.

Quedo varada en la casa. ¿Qué iba a hacer durante el día? Sintiéndose víctima de las circunstancias, subió las escaleras de atrás. Su cuarto no estaba tan desordenado. Tenía sus cosas, nada más. ¿Por qué guardarlas si enseguida querría sacarlas otra vez?

Con un profundo suspiro, bajó los viejos y olvidados juegos de mesa y rompecabezas que atestaban sus anaqueles. La abuela llevaba algunas semanas pidiéndole que los ordenara. Decidió que los llevaría al desván. Con cuidado, ascendió los escalones con la tambaleante pila en brazos y abrió la puerta. Encendió la luz y miró a su alrededor, buscando el mejor lugar para guardar los juegos desechados. En un rincón había unas lámparas viejas. Junto a un muro estaban apilados en orden varios muebles de bebé, además de cajas y baúles. Un armario de madera guardaba una familia completa de muñecas y animales de felpa. Llevó las cajas hasta el armario y las acomodó en el suelo a un lado. Abrió algunos cajones y contempló las ropas de bebé envueltas cuidadosamente en gasa. Se suponía que no debía subir al desván sin permiso.

La lluvia empezó a golpetear en el techo. Miró hacia la pequeña ventana que daba al claro y descubrió el arcón. Era de madera de cerezo con herrajes de latón bruñidos. Siempre estaba oculto por un cortinaje, siempre cerrado con llave.

Aquel día, el arcón no estaba arrimado al fondo ni cerrado con llave. La abuela debía de haber guardado algo, pensó Alice. Se arrodilló delante de él. ¿Qué mal había en abrirlo y atisbar al interior? Quizá sólo estuviera lleno de ropas viejas y mohosas.

Pero los dedos le hormigueaban al levantar la tapa. El aroma fue lo primero que la asaltó. Algo extraño y conocido a la vez.

Había vídeos en estuches negros sin etiquetas, tres gruesos álbumes de fotografía, cajas de diversos tamaños. Abrió una. Allí, entre espuma plástica, reposaba una media docena de frascos decorativos.

-Los frascos mágicos –murmuró. Ese aroma… el perfume de su madre. Dejando la caja a un lado, Alice se inclinó dentro del arcón, inspiró largamente y olió a su madre.

Sacó el primer álbum de fotografías. Estaba lleno de fotos de Rosalie cuando era niña, retratos con Bella y sus padres. Había una en que aparecía con una bebita en brazos.

-¡Oh, ésa soy yo! –exclamó en voz baja -. En esa foto estamos mi mamá y yo.

Puso el álbum en el piso y sacó el siguiente. Éste no contenía fotos de familia sino recortes de diarios y artículos de revistas. Su madre en las portadas de las revistas People, Newsweek y Glamour. Las examinó primero con gran atención. ¡Era tan hermosa, tan perfecta! Después, el corazón le dio un vuelco al hojear una serie de fotografías de su madre con un hombre apuesto de cabello oscuro. Había fotografías de ellos en una amplia habitación con luces deslumbrantes, en un sofá, con su madre sentada en el regazo de él, con las caras cerca.

Emmett McCarty. Decía que se llamaba Emmett McCarty. Cuando Alice lo leyó, sintió un nudo en el estómago. Era papá. ¿Cómo pudo olvidarlo? Tomaba a su madre de las manos y sostenía unas tijeras ensangrentadas.

No, no. No podía ser. Era un sueño, una pesadilla.

Empezó a mecerse hacia atrás y adelante, llevándose una mano a la boca cuando surgieron las imágenes en su mente: vidrios rotos que resplandecían en el suelo bajos las luces. Flores marchitas. La brisa tibia que entraba por la puerta abierta.

No era verdad. No dejaría que lo fuera.

Alice aparto el libro y saco el último. Habría mas fotografías, se dijo. Pero también eran periódicos, con enormes titulares que parecían gritar.

ROSALIE CULLEN ASESINADA

ARRESTAN A EMMETT McCARTY

CUENTO DE HADAS TERMINA EN TRAGEDIA

Había fotografías de su padre en las que se veía aturdido y desaliñado. Y una de ella misma, según reconoció con un sobresalto. De ella muchos años atrás, con los ojos desorbitados y las manitas sobre las orejas.

Negó con la cabeza, pasando las hojas rápidamente. Más adelante, otra cara que le evocó recuerdos. Un policía. Él la había sacado de la casa donde estaba la sangre.

Porque su madre estaba muerta. Lo sabía. Por supuesto que lo sabía. Pero no hablamos de eso, se dijo. Nunca hablamos de eso porque hace llorar a la abuela.

Buscaba anhelante las palabras y las imágenes:

DROGAS. CELOS. OBSESIÓN

EMMETT McCARTY SE RETRACTA; SE DECLARA INOCENTE

HIJA DE CUATRO AÑOS FILMADA COMO PRINCIPAL TESTIGO

Ahora lo recordaba todo. La habían sentado en la sala de la tía Bella, y una mujer pelirroja le preguntó sobre la noche en que vino el monstruo. La abuela le prometió que sería la última vez que tuviera que hablar de eso.

Alice pasó más hojas. Y leyó otra serie de titulares:

VEREDICTO: ¡CULPABLE!

CADENA PERPETUA A McCARTY

-¡Desgraciado! ¡Mataste a mi madre! –lo dijo con todo el odio que una niña pudiera destilar -. Espero que también estés muerto. Espero que hayas muerto dando de gritos.

Con manos serenas, cerró el álbum y lo acomodó cuidadosamente con los demás en el arcón. Cerró la tapa, apagó la luz y bajó al porche trasero.

No comprendía cómo había sepultado todo lo ocurrido, pero decidió que no lo volvería a hacer. Recordaría siempre. Indagaría todo lo que pudiera sobre la noche en que murió su madre. No podía preguntarle a su familia; pensaban que todavía era una niña. Pero se equivocaban. Jamás volvería a serlo.

Oyó el ruido del jeep que se acercaba por el sendero entre la lluvia. Cerró los ojos y se concentró. Guardó el odio, el dolor y la ira en un rincón del corazón. Después se puso de pie, con una sonrisa lista para su abuela.


Que les ha parecido? Pobre Ally los recuerdos han vuelto y tal parece que esta empeñada en saberlo todo, de que cosas se enterara?

Esperamos muchos reviews para actualizar, de lo contrario nos veremos obligadas a tomar medidas drasticas p

Saludos a todos y nos leemos pronto.