Cap. 10
Fiel al Lord.
Habían pasado ya tres semanas desde aquél lejano día en el que Tobías había sido asesinado por Mulciber, haciéndole creer a Severus que había sido un suicidio.
Severus estaba hospedado en la mansión Malfoy mientras tanto, sin embargo, su estado anímico era verdaderamente preocupante, puesto que se la pasaba el día entero acostado en su cama y murmurando cosas sin sentido.
Lo único que Lucius podía comprender era que el muchacho estaba totalmente desesperado por que la venganza le había sido arrancada de las manos.
Sin embargo, ni él ni Narcisa sabían como sacarlo de ese extraño letargo en el que parecía haber entrado. Y aquello no era parte de sus planes.
Ellos habían creído que Severus buscaría la venganza contra su padre en cada muggle y en cualquier sangre sucia que se cruzara en su camino, pero en lugar de ello se había desestabilizado y caído en un pozo sin fondo del que no conseguían sacarlo.
Aquél día sin embargo, Lucius había sido convocado por el señor oscuro, y dejado a solas con él.
- Ha pasado el tiempo, Lucius, y sigo sin conocer a ese ente brillante del que tanto me has hablado.
- Mi señor, no ha sido mi intención retrasar su encuentro con él.
- Debo suponer que tras el suicidio de su padre, el joven Severus se ha arrepentido de entrar a mi servicio, ¿Es eso, acaso?
- ¡Por supuesto que no mi Lord! Severus ha jurado obedecerle, y se que cumplirá.
- Entonces, por que… no ha venido.
- Esque… esque…
- ¡CRUCIO!
El rubio gritó de dolor y cayó al suelo retorciéndose sin control, mientras Voldemort rechinaba sus dientes.
- No me gustan las excusas, Lucius, y creí que lo sabías.
- Lo se… lo se mi lord…
- Mañana vendrán a mi presencia aquellos a los que les he tendido mi mano, y en ellos estará tomarla o morir, así como aquellos que han deseado buscarme. Trae mañana a Severus, y mas te vale que sirva para mis propósitos, de otra forma, te sugiero que comiences a despedirte de este mundo, o no volverás a ver la luz del día.
- Si mi señor, no se preocupe mi señor, Severus estará aquí mañana.
- Eso espero.
Lucius salió de la sala muy alterado y sin saber que hacer.
No podía poner en forma a Severus en un solo día, el muchacho estaba destrozado, y por primera vez se preguntaba si haber asesinado a Tobías había sido verdaderamente una buena idea.
Severus jamás había asesinado a nadie, y si la primera vez que lo hacía era por que alguien se lo ordenaba podía dificultársele. ¡Por Salazar Slythering, que iba a hacer!
Apareció en su casa minutos mas tarde y caminó a las habitaciones de su padre, el hombre estaba revisando algunos documentos de sus negocios.
Lucius le miró de espaldas con profundo respeto y cariño. Los Malfoys eran unos verdaderos desgraciados con los desconocidos, pero en familia… la familia es lo primero, y lo más importante que puede existir. El mataría por su familia, entregaría su alma por ella, inclusive sería capaz de enfrentar al mismísimo señor oscuro por aquellos que llevaban su misma carne y sangre.
Pero sus cavilaciones acerca de los lazos afectuosos que poseía se vieron cortadas de golpe cuando el anciano comenzó a toser descontroladamente, y al querer incorporarse cayó al suelo.
- ¡PADRE!!
Abraxas giró su grisácea mirada hacia su hijo sin parar de toser bajo su mano, en la cual rebotaban gotas de sangre que iban a parar a la costosa alfombra.
- Tranquilo padre, tranquilo… ya pasará.
El señor Malfoy sonrió brevemente mientras se estremecía en los brazos de su hijo. Este tenía razón, pronto pasaría. La viruela de dragón avanzaba con inusitada rapidez en su cuerpo, y muy pronto moriría.
Como buen Slythering, no tenía miedo a morir. Estaba listo, y sabía que su hijo sabría manejar perfectamente el imperio tras su fallecimiento. Lo único que lamentaba era que nunca podría ver a su muchacho felizmente casado con la bella Narcisa.
Minutos más tarde, el hombre yacía recostado mientras su hijo le traía una taza de té, la cual bebió con manos temblorosas.
- ¿Cómo te encuentras, padre?
- Ahora estoy mejor hijo mío… el que no está bien eres tu, ¿Qué ha ocurrido?
Lucius ladeó el rostro, incómodo por que su padre lo conociera tan profundamente. Abraxas por su parte no le presionó en lo absoluto. Su hijo hablaría cuando estuviera listo para hacerlo.
- El lord requiere la presencia de Severus mañana… de no ser así, me asesinará.
Susurró el rubio con voz apesadumbrada, bajo la mirada penetrante de su padre. El mago mayor por su parte, dejó el té sobre su mesa de noche y entrelazó los dedos en actitud pensativa.
Estaba al tanto del estado de salud en el que se encontraba Severus, y sabía que era muy improbable que estuviera listo para presentarse ante el Lord al día siguiente.
Podía plantarse ante él, y Lucius podía decir que sería un excelente mortífago. Eso podía hacerlo cualquiera, pero jamás pasaría las pruebas del señor oscuro para ser un buen vasallo a su servicio.
Por tanto, tanto él como su hijo estaban condenados.
Pero ambos sabían que aquello significaría un fallo colosal de parte de Lucius, al haber echo perder su tiempo al Lord, y nadie sale impune de ello. El fallo del heredero Malfoy sería cobrado no solo con su muerte y la de Severus, sino con la de sus allegados.
Aquello sin duda incluiría a Abraxas y a Narcisa.
- P-padre. ¿A dónde vas?
- Voy a levantar a Severus de esa cama.
Lucius trató de seguir a su padre, pero este le colocó una mano en el pecho en señal de que se detuviera.
- Puedo ir solo, no te debes de preocupar por mí.
- Pero tu enfermedad…
- Mi enfermedad aún me permite ir a patearle el trasero a un mestizo para hacer entrar en su dura cabeza muggle que no estamos para estupideces.
Tajó el hombre con voz brusca mientras salía de su habitación, luchando contra sus propios síntomas para aparentar una fuerza y una seguridad que en realidad no sentía.
Tocó un par de veces, y apenas se escuchó un breve murmullo como respuesta. Empujó la puerta de madera apenas rozándola con los dedos y esta se abrió con facilidad, estaba hechizada para ello.
Había un bulto en la cama. Hasta donde podía observar el hombre, era un cuerpo abrazando sus propias rodillas.
- ¿Severus?
Hubo otro breve sonido en respuesta.
- Severus, te acogí en mi casa gustosamente por que mi hijo me ha hablado mucho de ti, por que siempre que su boca ha pronunciado tu nombre ha sido con un orgullo inigualable.
El cuerpo en la cama se revolvió, aparentemente incómodo.
- También es de mi conocimiento que mi hijo te quiere como si fueras un hermano. A decir verdad, eres la primera persona a la que Lucius le tiene aprecio. Conozco a mi hijo, y se que fuera de Narcisa, no quiere a nadie mas, excepto a ti.
Severus cerró sus ojos, sin saber que pensar.
- Por eso me resulta sorprendente que tú, siendo alguien tan lleno de cualidades, se deje derrumbar por una estupidez.
- No es una estupidez.
- Por supuesto que lo es. Tu padre se suicidó, te arrebató a tu madre y luego te arrebató la venganza, ¿Y tu crees que estar aquí tirado como si estuvieras muerto va a realmente ayudarte de algo?
El muchacho no contestó.
- Si te quedas aquí, entonces tu padre realmente habrá ganado. Habrá demostrado que él, un asqueroso muggle fue más fuerte que un mago. Y créeme, jamás he escuchado semejante estupidez.
- Usted no…
- ¿No que? ¿No se lo que es que un muggle me arrebate algo muy querido? Mi muchacho, claro que lo se. La familia Black ha sido muy allegada a nosotros, especialmente debido a Bella y a Cissy. Ellas y su hermana Andrómeda solían pasar mucho tiempo en la mansión cuando eran niñas. ¿Sabes donde está Andrómeda ahora? Está en brazos de un asqueroso muggle llamado Ted Tonks.
Los puños de Abraxas se crisparon con furia.
- Y tiene a una niña de esa… escoria…
Severus desvió sus ojos hacia el rostro desencajado de rencor del señor Malfoy. Nunca habría creído que alguien tan poderoso como él era capaz de sentir una rabia tan intensa contra un ser tan insignificante.
- Ella nos traicionó, traicionó sus raíces, y a cada uno de nosotros, nos dijo que habría preferido mil veces haber nacido Squib, por que así renegaríamos de ella y podría ser feliz con ese hombre.
Los ojos metalizados del hombre se encontraron con los negros se Severus.
- No eres el único a quien un muggle le ha arrebatado lo que ama.
El muchacho se enderezó lentamente en la cama cuando observó algunas lágrimas formándose en los ojos del anciano.
- Andrómeda solía sentarse en mi regazo y abrazarme, diciendo que como nunca había conocido a su padre, yo era como su papá. Mi esposa, Angela, solía traer galletas, y ella me las daba a comer de sus inocentes manos… ese muggle merece la muerte en mis manos, tal y como Tobías la merecía de las tuyas. Pero… a diferencia de tu padre, la muerte de ese hombre le daría dolor a mi pequeña Andrómeda.
Abraxas se puso de pié con los brazos cruzados tras de su espalda.
- ¿Tienes idea de lo que es no poder tocar a un muggle solo por hacer feliz a una niñita preciosa?
Severus negó con la cabeza, a sabiendas de que Abrazas no le miraba, al menos hasta que se giró con la furia destellando en sus ojos.
- Tú no sabes Severus, no tienes ni idea de lo que es perder algo a manos de un muggle. Pero gracias a tu egoísmo, yo estoy a punto de saber lo que es perder a un hijo.
- ¿Un hijo?... ¿Perder… a Lucius?
-Los muggles son la causa de que vivamos escondidos, de que nosotros, la raza élite vivamos de la inmundicia sobrante de los mundos que ellos no han descubierto. Que nosotros tengamos todos los medios para destruirlos, y mas aún, para ser inmunes a sus estupideces, y aún así, seamos inferiores por que ellos ni siquiera saben que existimos. Y el único hombre, el único mago que finalmente puede lograr la diferencia, que aplastará a los insectos para que nosotros finalmente podamos tomar lo que nos pertenece, tiene su mano tendida hacia ti para que contribuyas a hacer realidad todos nuestros sueños… pero tu prefieres deprimirte por que una venganza te fue arrebatada de las manos.
El joven Slythering bajó la mirada, pero la mano del hombre, fuerte como una garra le asió del rostro, sacudiéndolo con fuerza.
- Tu lugar en el mundo, Severus Snape, no te puede ser arrebatado por nadie, mucho menos por un mugroso muggle que fue lo suficientemente cobarde como para arrancarse su propia vida… y tu, tu estás aquí, tirado, sin saber que el Lord Oscuro ha estado esperándote durante tres semanas, y que si mañana no te presentas ante él, asesinará a Lucius…
Severus abrió sus ojos desmesuradamente.
- Mi hijo se ha sacrificado tanto por ti, siempre elogiando tú nombre ante el lord, y por tu culpa, si no te levantas de esta maldita cama, mi hijo será asesinado, y luego seguirás tú.
Abraxas le soltó con desprecio.
- Y si mi hijo muere, te juro que el Lord deberá asesinarme a mí también, por que yo te mataré con mis propias manos antes de que el señor oscuro lo haga, ¿Me has entendido?
El muchacho se quedó en silencio, el señor Malfoy se puso de pié de golpe.
- ¡ME HAS ENTENDIDO!
- ¡Si señor!
- Levántate de esa cama, hijo. El mundo te está esperando, el mundo está esperando que tiendas tu fuerza por nuestra causa, y le entregues tu magia, tu cuerpo y tu alma al señor de las tinieblas, al hombre que creará un nuevo régimen, y hará todos nuestros sueños realidad.
Severus se sacó las sábanas de encima y se puso de pié, tambaleándose brevemente debido a todo el tiempo que se la había pasado tirado.
El hombre sonrió brevemente y acarició el rostro del muchacho, tomándole luego por los hombros.
- Eres todo un hombre Severus, demuéstrame que eres digno de la sangre mágica que corre por tus venas, y ve a reclamar tu lugar en este mundo.
El joven de cabellos negros aceptó brevemente con la cabeza, y segundos después se encontró a si mismo siendo estrechado por los brazos del dueño de aquella mansión.
- Eres valiente Severus, y se que nunca contaste con tus padres, Lucius me ha hablado tantas maravillas de ti, que quiero que me demuestres que puedo llamarte dignamente un segundo hijo.
- Si señor.
- Y el día que lo logres, estaré orgulloso de que por primera vez puedas llamar a un hombre que se lo merezca con el título de padre.
Severus aceptó con la cabeza, sintiéndose al borde de las lágrimas mientras correspondía al abrazo.
Siempre había soñado con tener a alguien que lo comprendiera, alguien que le sonriera con orgullo y le dijera "Bien echo, hijo"
Alguien que comprendiera la magia que bullía dentro de él. Y en aquél instante de su vida, con el recuerdo de su madre enterrado bajo toneladas de rencor, furia y asco, la idea de finalmente contar con alguien a quien pudiera llamarle padre, le dio una flama de esperanza.
Pero primero, debía salvar la vida de Lucius, exponiendo la propia.
Poco después, Lucius se encontraba en el estudio, organizando los papeles que su padre había estado revisando antes cuando sintió una mano sobre su hombro.
Se giró y se encontró cara a cara con Severus.
Había cambiado tanto en aquellos años. En él ya no había casi nada de aquél jovencito indefenso del que abusara cuatro años atrás, solamente quedaba el hombre, el sabio, el mago, y el próximo asesino.
Al día siguiente, Lucius apareció fuera de los límites de la mansión utilizada por el señor oscuro como base de sus operaciones.
El rubio se subió la capucha de su túnica y ajustó cuidadosamente su máscara, para luego girarse a observar a Severus, el cual iba vestido con una vieja túnica negra y los ojos vendados.
- ¿Por qué tengo que llevar esto en los ojos?
- Es una norma.
- No me interesa, yo vengo aquí con recomendación, ¿Qué no?
- Si hubieras venido antes, no la habrías necesitado, pero hoy vas a estar frente al lord, al igual que otros a quienes él mismo ha llamado, y deberás probar que eres digno de estar a su servicio, no un maldito presumido que cree que por que tiene a un amigo dentro, ya puede pisotear a los demás.
- Hablas demasiado, ¿Sabías?
- Y tú deja de comportarte como idiota. Además, dame tu varita, te dije que podías conservarla un rato mas, pero ya fue demasiado.
- ¿Por qué tengo que dártela?
- Por seguridad, imbécil, ahora dámela.
Severus abrió su vieja ropa, extrayendo su preciada varita y entregándosela al rubio, quien la guardó a un lado de la suya.
- Tienes que ser menos cabeza dura.
- Y tú deberías teñirte el cabello.
Ambos rieron por lo bajo, sin embargo, la verdad es que estaban demasiado tensos, y bromear sin sentido parecía ser una buena opción para relajarse. Severus por su parte no sabía por que había estado deprimido, le parecía tan absurdo, y tan infantil, pero no ocurriría de nuevo.
Se había preparado para este momento durante largo tiempo en su vida, finalmente vería cara a cara a aquél ser a quien temían mencionar incluso su nombre.
Entró junto con Lucius, el cual le llevaba de un brazo, y pudo escuchar murmullos a su alrededor. Aguzó el oído y alcanzó a escuchar una breve voz conocida… quien era, quien…
- Oh miren, es Severus.
Bellatrix. Era ella, estaba seguro.
Así que esa mujer estaba allí. Habían sido amigos, si a lo que habían llevado podía llamársele amistad, por supuesto, ya que él jamás había confiado en ella. Había algo que no le agradaba en esa mujer, y que sinceramente no quería averiguar que era.
De repente, la mano conciliadora de Lucius abandonó su brazo, y casi inmediatamente alguien le asió con tanta fuerza como la de una tenaza, lanzándolo al piso, donde chocó contra alguien, y ese alguien se quejó lastimeramente.
Trató de ponerse en pié, pero lo único que consiguió fue volver a caer cuando alguna otra persona cayó encima de él.
Se podían escuchar risas a su alrededor, diablos, esos imbéciles debían de estar disfrutando con el grupo de idiotas que estaban enredados en el piso.
Severus agudizó sus oídos, escuchando con claridad los gimoteos de la persona que estaba a su lado, y mas hacia su derecha pudo escuchar el cuchicheo de otros dos, que al parecer trataban de calmarse entre ellos.
Por Salazar Slythering, ¿Dónde diablos estaba? ¿Entre las próximas víctimas?
De repente, sus sentidos captaron un sonido nuevo, y todo fue silencio, lo que le permitió a aquél sonido aumentar gradualmente.
Era el claro susurro de una capa que se movía lentamente, mientras el eco de unos pasos resonaban a su alrededor.
Pudo escuchar como todos a su alrededor se postraban ante el señor oscuro, quien era seguramente el que había arribado a la sala.
Estaba frente a él, aunque no pudiera verlo, podía sentir su magia, aunque seguramente no la estaba utilizando, y por un acto instintivo necesitó huir, correr, mandarlo todo al demonio y salvar su propia vida por el ente tan magníficamente poderoso que acababa de aparecer, pero se contuvo, y en lugar de ello buscó arrodillarse en actitud sumisa, agachando la cabeza.
- Quítenles los vendajes.
De manera que los otros estaban tan ciegos como él… bien, eso los dejaba a todos en iguales condiciones.
Unas manos fuertes le sostuvieron la cabeza y jalaron su cabello, Severus no se quejó en lo absoluto y se negó a abrir los ojos para observar lo que acontecía en aquella sala.
Un grito resonó en la estancia, y alguien a su lado trató de correr.
Severus se estremeció cuando una luz verde destelló en sus párpados cerrados y un cuerpo cayó muerto al suelo. Pobre diablo.
- Bien, bien, bien… así que, ustedes son las basuras que se sienten lo suficientemente fuertes como para aparecer ante mí, pueden estar orgullosos por ese solo echo. Existen tantos que temen solo a la mención de mi nombre, y ustedes, simples mortales se atreven a aparecer ante mí.
Voldemort caminó ante ellos, sonriendo, deleitándose del miedo que podía oler en ellos.
- Señor, señor, por favor, se lo ruego, por favor… mi familia, mi hija, usted dijo que si no venía a usted los asesinaría, no… no… yo estoy aquí, dígame que no les hará daño.
- Lord Voldemort cumple lo que promete, Lord Voldemort siempre cumple, y tu estás dudando, ¿Acaso estás llamándome mentiroso?
Todos se quedaron en profundo silencio, y el Lord sonrió brevemente.
- Si, eso pensé. Ahora… tu, tu también acudiste por que yo te he llamado, ¿No es así? Un mago… casado con una sangre sucia, ¿Cómo puedes traicionar a tu raza de esa manera?
- Señor, yo… ella es una bruja, lo es, se lo juro.
- Es una hija de muggles. Pero puedo perdonarte a cambio de tus servicios, aunque no se si pueda perdonar a tu mujer, el solo echo de que exista es una ofensa.
Algunos más pasaron bajo el escrutinio del Lord, hasta que este se detuvo ante Severus.
- Desde el momento en el que llegaste te has mantenido sumiso y obediente, tal y como cualquiera otro de mis sirvientes podría hacerlo. Eres distinto, puedo verlo. Puedes estar totalmente orgulloso por eso, cualquiera de estos imbéciles está temblando de miedo, excepto tu… levanta la mirada.
Severus obedeció y se enderezó, sentándose sobre sus talones para luego levantar sus ojos y observar por primera vez al hombre a quien había venido a entregarle su existencia.
No existía retrato o fotografía alguna que mostrara la imagen de este hombre, y todos los que lo habían visto y sobrevivido le describían como un monstruo.
A Severus no le pareció eso.
Al contrario, era como una especie de dios mágico. Su piel era pálida, como una calavera, sus ojos eran de una tonalidad carmesí como la sangre, rasgados como las pupilas de un gato, sus dedos sostenían una varita con una empuñadura de hueso, larga y fina, así como sus dedos que asemejaban arañas de largas y afiladas patas. Tenía poco, casi nada de cabello, y su cráneo estaba brevemente agrietado. Sus labios eran pequeños, pegados a su piel, y su nariz era prácticamente inexistente, alargada hacia los lados, como la de una serpiente.
Los ojos negros de Severus se posaron sobre esas rendijas carmesíes, y ahí mantuvo su mirada. El emanaba poder, era como un ángel de la muerte.
Pasaron los segundos, y un escalofrío recorrió la espalda del muchacho. Esos ojos eran poderosos, podía sentir que le dominaban, que le doblegaban, que le hacían sentir como el ser mas débil del mundo.
Pero continuó mirándole, por que sabía que podía hacerlo.
Algunos a su alrededor desviaron la mirada totalmente perturbados, incapaces de hacer lo que aquél muchacho desconocido estaba haciendo.
Repentinamente, Severus sintió una breve punzada de dolor en su cabeza, entrecerró uno de sus ojos y se mantuvo firme, pero el dolor comenzaba a volverse más y más intenso.
Lucius miró a su lado a Narcisa, quien observaba la escena retorciéndose los dedos.
- ¿Qué ocurre? Lucius, ¿Qué pasa?
- No lo se, no tengo…
De repente, la verdad de lo que estaba ocurriendo cayó sobre Lucius cual si fuere un balde de agua fría.
- Por Salazar Slythering… Sev deja de hacer estupideces, deja de hacerlo…
Voldemort rechinó los dientes furioso y crispó los puños, mientras la nariz de Severus comenzaba a sangrar. Los dedos como garras se cerraron en torno al níveo cuello y lo alzó, colocándolo a su altura.
- ¿Por qué?
Severus no dijo nada ni intentó defenderse, el lord lo soltó, lanzándolo al suelo mientras le apuntaba con su varita.
- Por que no me dejas entrar…
- Mi madre me enseñó Oclumancia, señor. Y siendo la primera vez que encuentro un digno rival para las habilidades que mi madre me heredó, no pienso ceder tan fácilmente, ni siquiera tratándose de usted.
Todo se volvió un total y absoluto silencio, el cual se fue rompiendo poco a poco por los cuchicheos que viajaban de un lado al otro de la sala. Lucius tembló, y Narcisa le tomó de la mano.
Severus había cometido la osadía de enfrentarse al mismísimo Lord llamándole su rival, comparándose a si mismo y aumentándose al nivel del mago, haciendo parecer que ambos eran iguales.
- ¡Asqueroso mestizo!
Bramó de repente Bellatrix echándose hacia delante varita en mano, pero Rodolphus la tomó por la espalda, evitando que cometiera alguna estupidez.
- ¿Sabes lo que significa que no te doblegues ante mí?
-Aún no soy su vasallo, y aún no le he jurado lealtad, por lo tanto, no está en mí obedecerle.
Voldemort sonrió brevemente y ladeó la cabeza, golpeando divertido su varita contra la palma de su mano.
- ¿No me tienes miedo?
- Estoy paralizado de terror, señor.
- ¿Y aún así me enfrentas?
- No es valiente el que huye, sino el que encara su temor.
- Ya veo…
El ser oscuro tendió su mano.
- Tú debes de ser Severus, el protegido de Lucius, ¿No es así?
- Es como usted lo ha dicho, señor.
- Mi buen Lucius se ha quedado corto al describirte mi muchacho, sin embargo, no me respetas lo suficiente, y eso tiene que cambiar, y lo sabes, ¿Verdad?
- Si señor.
- Espero tu respeto y tu lealtad, Severus Snape.
- La tendrá siempre, señor.
Dicho aquello, Severus tomó la mano blanca como la cera que le habían tendido y se arrodilló en el suelo, besando los nudillos del que ahora en delante sería su amo y señor.
- De pié, Severus, ven conmigo.
El joven se levantó y siguió al hombre, al cual le abrían paso velozmente. Los otros candidatos se quedaron parados mirándose los unos a los otros, preguntándose que sería de ellos. Voldemort se giró y los miró.
- Tu hija, no será dañada, Poorbeen, por que Lord Voldemort cumple lo que promete. Y tú, en cuanto a tu mujer, no puedo decir lo mismo. Sin embargo, el señor oscuro comete equivocaciones, y creo que esta fue una de esas veces, creí que serían algo bueno para mi familia, que nos ayudarían a avanzar y seríamos mas grandes, pero no son mas que un montón de escoria y basura inservible que representaría no mas que un peso para mi.
Dicho aquello, se giró hacia sus leales mortífagos.
- Mátenlos a todos.
- ¡NO!
Los prisioneros se miraron entre si y buscaron entre sus ropas, descubriendo horrorizados que no contaban con sus varitas.
Severus enarcó una ceja mientras se alejaba siguiendo al lord, al darse cuenta de que al parecer, él había sido el único consiente de que todo el tiempo habían estado desarmados. De repente, su mirada se cruzó con la del hombre casado con una hija de muggles, el cual intentaba soltarse del agarre de dos mortífagos.
- ¡POR FAVOR, POR FAVOR, AYUDANOS!! ¡TU ERES UN MESTIZO! ¡TIENES UN PADRE O UNA MADRE MUGGLE, MI ESPOSA ES HIJA DE MUGGLES, SI NO REGRESO LA MATARÁN, LA MATARAN!! ¡AYÚDANOS, POR DIOS, AYÚDANOS!!
- ¡Ya cállate imbécil!
Soltó uno de los hombres que le sujetaban soltándole una bofetada, pero el mago no cedió.
- ¡SUÉLTENME, SUÉLTENME! ¡NO PERMITIRÉ QUE ASESINEN A MI ESPOSA, NO!!
De repente, una mujer se soltó de entre la maraña de cuerpos que se había formado y corrió directo hacia Severus, era muy ágil, probable razón por la que la habían llamado, y se aferró a la túnica del muchacho.
- ¡Ayúdanos, no seas cobarde, por el amor de Merlín! ¡Háblame, intercede pro nosotros!
- ¡Suéltame!
- ¡Ayúdanos, por favor! ¡NOO!!
Lucius y Narcisa acudieron en ese instante y la tomaron de ambos brazos, tratando de separarla de su compañero.
- ¡NOO, SUÉLTENME! ¡BASTA!!
- ¡Suéltalo gradísima zorra!
- ¡NOO, NO QUIERO MORIR, NO QUIERO, POR FAVOR, AYÚDENME!
- ¡Basta!
El rubio sacó su varita y la plantó frente a la cara de la mujer, la cual chilló desesperada tratando de zafarse del fuerte agarre de Narcisa.
- ¡Avada Kedavra!
Hubo un destello de luz, y la mujer se quedó quieta. Narcisa se mantuvo en silencio y soltó el cuerpo, el cual cayó al suelo inmóvil.
Voldemort se acercó y se arrodilló, tomando el rostro aún paralizado de terror entre sus dedos.
- Tan bonita… inmóvil, fría… saquen esta basura de aquí.
- Si mi señor.
- ¿Severus? Ven conmigo.
El muchacho aceptó brevemente y caminó detrás de él.
Sin embargo, giró el rostro una última vez para observar a Lucius, el cual levitaba en ese instante el cuerpo muerto. Sus ojos metalizados se encontraron con los de Severus, y brillaron, demostrando que detrás de aquella máscara, el joven heredero Malfoy estaba sonriendo.
Era la primera vez que presenciaba un asesinato. Peor aún, era la primera vez que veía a Lucius asesinar a alguien.
Los ojos negros del joven se fueron hasta donde su vista alcanzaba, observando que los pocos sobrevivientes que quedaban chillaban de dolor, para aparente diversión de los mortífagos, mientras una chica bastante joven, mas o menos de la edad de Severus era jalada por otros tres, apartándola del grupo.
Los finos oídos de Severus alcanzaron a notar palabras entrecruzadas sobre lo que iba a ocurrirle a aquella chica.
Y por un instante se preguntó si él realmente quería aquello, si él sería capaz de realizar aquella misión. Iba a destruir vidas, y todo por la gloria del hombre a quien estaba siguiendo en ese momento.
¿Realmente valía la pena?
- No me agrada que uses tu Oclumancia contra mi, Severus.
La voz silbante lo regresó a la realidad abruptamente, el Lord abrió una puerta y entró a una pequeña habitación, sentándose en un cómodo sillón forrado de piel y tomando una copa que había estado esperando por él.
- Sin embargo, aún no eres mi sirviente, por lo tanto, supongo que puedo perdonártelo, pero ten cuidado de no cometer estupideces, por que Lord Voldemort no perdona dos veces, ¿Me has oído?
- Si señor.
- Espero lealtad por parte tuya, por que si fallas, el precio no será solo tu vida, sino la de tu familia.
- Yo no tengo familia, señor.
Los ojos rojos de Voldemort se estrecharon, pero fingió no haber escuchado aquella frase, al menos por un momento. Se dedicó a degustar la copa de vino con sus finos labios y permitió que algunas gotas escaparan por sus comisuras, luego se giró a observar a Severus.
- Creí que Lucius era tu familia, y también la dulce Narcisa. Si tu fallas, los que pagarán el precio serán ellos, ¿Te gustaría?
Severus no contestó, consiente que no era eso lo que deseaba, que mil veces preferiría que lo castigaran a él a que le hicieran daño a sus seres queridos.
- Bien, y ahora que lo comprendes, quiero saber si alguna vez has asesinado a alguien.
- Jamás.
- ¿Y tu padre?
- Se suicidó antes de que yo llegara.
- Ya veo. Debes comprender Severus, la delicada línea de equilibrio del barbarismo muggle, y la sutileza mágica, ¿La conoces?
- No señor, no la conozco.
- Debes conocerla.
El ser oscuro se puso de pié y caminó hacia fuera de la habitación, abriendo una puerta aparte.
Severus le siguió y se encontró con un largo pasaje de escaleras. Ambos caminaron en silencio durante algunos minutos, hasta finalmente entrar a una pequeña y sucia estancia en la cual aguardaban algunos personajes encapuchados.
El muchacho sonrió al reconocer a Lucius y a Narcisa entre los presentes.
- Tráiganlo.
Uno de los encapuchados hizo una marcada reverencia y se retiró, Severus se retorció los dedos nervioso.
No tuvo que esperar demasiado cuando entró de nuevo el mortífago, esta vez acompañado de un hombre con los ojos vendados, el cual se veía realmente desnutrido y débil, tropezando a cada paso que daba.
- Por favor, por favor, no he cometido ningún crimen, suéltenme… ¿Qué es lo que quieren? ¿Dinero? Por Dios, mi familia es muy pobre, por favor, por favor…
- ¡Cállate!
Bramó el mortífago dándole una bofetada y derribando al hombre al suelo, donde se quedó quieto y gimoteando, tosiendo sangre.
- Es un muggle, Severus. Un mago podría comprender quienes somos y por que está aquí, pero para un ser tan inferior como este, eso está fuera de su comprensión. Quiero que lo mates.
- ¡NO! ¡No, por Dios, no me mate, no me mate! ¡No he hecho nada, lo juro!
- ¡Por supuesto que has hecho! ¡Existes, y eso es suficiente!
Gritó Voldemort mirándole con desprecio, y Severus se congeló.
- ¿Qué tal, Evans?
- ¡Déjenlo en paz! ¿Qué les ha hecho??
- Bueno, es simplemente que existe, no se si me explico.
El joven retrocedió un paso. Era como vivir lo que ya antes había vivido, pero esta vez viéndolo desde el otro lado. El… él debía…
- Estoy esperando, Severus. Quiero que lo mates frente a todos nosotros.
- Ave César.
Susurró el muchacho pensando en lo mucho que se parecía aquella situación a un circo romano.
Snape avanzó lentamente y la cuerda que sostenía al hombre fue soltada. Los mortífagos formaban un corro en torno al hombre, el cual temblaba casi desnudo en el suelo.
Severus se arrodilló a su lado, y al sentir aquella presencia, el hombre se aferró a su túnica.
- Por favor… por favor, por Dios se lo suplico.
Era un hombre inocente, que nada debía. Había nacido muggle, hijo de muggles, con una vida normal y tranquila.
Normal y tranquila, como nunca él nunca la había tenido. El código de restricción de magia a menores de edad existía por el simple echo de que los muggles podían mirarlos. Los niños no podían jugar libremente al quiddich por que los muggles podían verles, los magos adultos vivían una vida mediocre por que los muggles no debían advertirlos.
Todo era culpa de ellos, ninguno era inocente, disfrutaban de privilegios que no debían poseer. Los magos debían reinar por que eran mil veces mejores, poseían mil veces más fuerza, y más sabiduría.
Las manos de Severus se cerraron en torno a los puños del hombre, quitándoselo de encima.
- No, por favor… no… no…
Un momento después, Severus cerró sus manos en torno al cuello del desdichado hombre, el cual trató de gritar, pero el joven lo echó hacia atrás, tumbándolo y haciendo que su cabeza se estrellara contra el piso.
El hombre gimió de dolor, pero Severus no se detuvo, se colocó encima de él y cerró sus manos en torno a su cuello, apretando con más y más fuerza.
Las manos de su víctima se tomaron de sus hombros, tratando en vano de empujarle, pero el muchacho no cedió. Podía sentir claramente el corazón agitado, la manera desesperada en que los dedos del hombre trataban de luchar, como su cuerpo intentaba utilizar sus últimas fuerzas para poder liberarse, pero todo era inútil.
Podía sentir la fuerza que comenzaba a mermar, y como la piel bajo sus manos se tensaba, convulsionándose. Un hilillo de sangre brotó de la nariz del hombre, quien comenzaba a caer al suelo lentamente, hasta quedarse quieto al final.
Hubo un largo y prolongado silencio. Severus observó sus propias manos y al hombre muerto. El lo había matado. Era por él que el hombre ya no respiraba, ya nunca abriría los ojos ni vería un mañana.
Sus manos poseían el poder de la vida y la muerte.
Levantó la mirada y observó a Voldemort, el cual se acercó y le tendió su varita. Severus la tomó y la guardó en sus ropas.
- Los muggles son un montón de animales. ¿Alguna vez has aplastado a una hormiga?
- Si señor.
- Es exactamente lo mismo, los muggles pueden morir con la misma facilidad. ¿Cierto?
Severus observó el cuerpo inerte y ladeó el rostro.
Era verdad.
Voldemort se arrodilló y levantó la cabeza del hombre muerto, empapando sus dedos de la sangre que surgía de su cráneo.
- Dame tu brazo izquierdo.
Severus así lo hizo. Lucius se acercó en ese instante y le retiró la manga, descubriendo la piel nívea de su antebrazo.
Los dedos largos de Voldemort delinearon aquella blanca superficie dibujando algunas líneas carentes de forma, para luego extraer su varita.
- ¿Juras serme fiel, Severus Snape?
- Si señor.
- ¿Juras, si es necesario, morir en mi nombre?
- Si señor.
- ¿Juras que me entregas tu alma, tu cuerpo y tu magia?
- Si señor.
- Bien…
Voldemort apoyó la punta de su varita contra el antebrazo, pinchando luego con fuerza hasta que atravesó la piel. Severus hizo un breve sonido de dolor, mas no dijo nada.
- Morsmordre…
Y un grito sonó en la estancia. El sonido quedó atrapado dentro de aquellas paredes mientras el joven chillaba debido al dolor mientras su carne se quemaba con la señal verde brillante que exigía brotar de su brazo.
Lucius le apretó los hombros, y Severus se fue ligeramente hacia atrás, sin embargo, el señor oscuro le tenía firmemente sujeto, hasta que finalmente todo se llenó de aquella luz, la cual rompió la piel del joven para poder emerger, destruyéndose un segundo después en una explosión de luz esmeralda.
Voldemort sonrió al observar la piel sangrante y la carne abierta. Sanaría muy pronto, y cuando lo hiciera, aquél brazo nunca volvería a ser el mismo mientras él continuara con vida, y eso, sería por siempre.
- Bienvenido, Severus Snape.
- Gracias… mi Lord.
El ser oscuro sonrió y acarició los oscuros cabellos, retirándose luego de la estancia. Segundos después, Severus cayó inconsiente.
TBC…
HOLA!!
Perdón por el retraso. ¡A que no saben que! Ayer no vine a publicar por que me fui a ver la exposición de objetos del Titanic.
A decir verdad estuvo muy bonito, lo que no me gustó fue que había niños corriendo por todos lados como viles loquitos. Los padres de hoy en día no saben controlar a sus críos.
Había un témpano gigante como de dos metros de alto por tres de largo que se podía tocar, y decía que el agua donde habían estado las víctimas del naufragio había estado mucho mas helada.
Aunque no fue la gran maravilla, pero bueno, de todas formas fue muy interesante.
Mil gracias por sus mensajes a:
Iliandra, Lupina Black (Iuuu, la novia de Sevie!), Black Angel, Dany Snape y Rasaaabe.
Un beso a todas, muchas gracias!!
Atte. Lady Grayson, la oscuridad.
