Si les soy honesta (y lo sere xD), este capítulo me costó una muela!, espero de verdad les guste, le puse empeño T_T. (Lo intente señor, lo intente!)
Quería agradecer a todas las que están siguiendo esta ruda, fraternal y algo cruel historia xD
A Rose Black Dragon, a dragonazabache, a invaso'rs Queen, a yukio87, a TheSaku, a Haoyoh Asakura, a Crystal Violeta, a Akirakey Dann Kesseki Tsuki, a iukarey, a TMNT fangirl, a I Love Kittens too, a karai saki, a Tsukimine12, A TODAS! (Si es que se me quedo alguien por ahí). MUCHAS GRACIAS. Cada una de ustedes a puesto su granito de arena para que pueda seguir escribiendo. De verdad, gracias por el animo.
Espero que me den sus comentarios, que para mi significan mucho!
Perdónenme si se me pasaron algunas faltas ortográficas (estoy tratando de corregir eso); entonces, sin mas que decir, empecemos
Capitulo 10
Splinter había entrado a la casa con una enorme sonrisa. El viaje había sido provechoso. Había conseguido encontrarse con uno de sus viejos amigos y podido encontrar toda la paz que necesitaba para volver. Extrañaba su casa y el ambiente hogareño, por no decir que también extrañaba a sus revoltosos hijos.
Una vez entro, dejo la enorme maleta en el piso con un suspiro, no había podido resistirse a comprar la colección de tazas para él té que vio, muchas de ellas eran extrañas, y viendo la cantidad de colores se decidió llevarle una taza a cada uno de los integrantes de la familia. Sabía que a sus hijos no les gustaba el té, exceptuando claro a su hijo mayor, pero ya vería como arreglar el asunto. Por último serian una bonita colección para el estante
Relajándose se desato la bufanda que cubría su cuello y mientras se frotaba con fuerza las manos para entrara en calor vio extrañado el silencio que reinaba en la casa. Mirando la hora en la cocina se percato de que no era muy tarde, sus pequeños retoños no podían haberse ido a la cama tan temprano y creía haber dejado bien claro el punto de no salir a la superficie, por lo que tenían que estar en casa.
Lo extraño es que nadie había salido a recibirlo, ni siquiera su hijo mayor. Había hecho bastante ruido al entrar y Leonardo si es que se encontraba dormido tenía el sueño muy ligero como para no notar que había llegado. ¿Abría sucedido algo?
La sonrisa que antes cruzaba su cara comenzó a desaparecer en el momento que sintió como algo caía en su estomago. Un mal presentimiento recorrió su espalda haciéndolo estremecer. Nunca había fallado. Aquel instinto ridículo y molesto que siempre le avisaba de algo malo jamás se había equivocado. Era un don. Un don que ya le había acarreado varias canas. Preocupado y con un bloque de cemento por entrañas se encamino a las escaleras. Subió despacio cada escalón, esperando que de pronto se abriera alguna de las puertas y saliera su primogénito para saludarlo y preguntarle por su viaje, para luego ofrecerle un té; pero nada ocurrió.
Sus agudos oídos captaron enseguida tres pequeñas voces que parecían susurrar algo desde la pieza de Leonardo. El viejo maestro aliviano un poco el peso de su estomago al pensar que estos si le habían sentido y que estaban esperando que este entrara a la habitación para asustarle. Enarcando una ceja avanzo hasta la habitación y una vez frente a la puerta no le quedo ninguna duda de que quienes se encontraban en la habitación no eran otros más que sus hijos, pero parpadeando varias veces se dio cuenta de que sentía algo más que sus presencias. Alguien más se encontraba entre ellos. ¿El señor Jones habría bajado a saludarlos? Lleno de dudadas y sin mucho más preámbulo abrió la puerta, deslizándola bajo sus manos.
-"¿Niños?..."- pregunto al aire
Tal como lo había pensado todos se encontraban ahí, pero contrario a sus pensamientos los chicos no corrieron a abrazarlo como anteriores veces, ni gritaron "sorpresa", como tanto esperaba su pobre estomago; se quedaron quietos, y con una cara que no logro descifrar. Donatello, Miguel Ángel y Raphael lo miraban como si estuvieran viendo el día del juicio final, y Leonardo, abrigado hasta más no poder miraba fijamente sus rodillas.
Splinter los escruto con la mirada antes de ponerse serio frente a sus hijos. Algo había pasado, y por lo visto no se habían sacado la lotería.
-"¿Bienvenido a casa sensei?"- dijo Mike tratando de calmar la tempestad que se avecinaba
-"¿Qué sucedió?"- pregunto sacando paciencia de su frasco favorito, mientras cerraba los ojos y dejaba caer los brazos
-"Pu…pues vera, han pasado muchas cosas, ¿cual quiere le cuente?"- pregunto tartamudeando Rapha
La vieja rata ya iba a comenzar a levantar la voz cuando enfoco bien la vista en sus jóvenes pupilos. Todos parecían haberse ido juntando de a poco para encerrar a su hermano mayor, quien temblaba como si sufriera de una fuerte hipotermia. El maestro asimilando esto y la cantidad de ropa que llevaba puesta pensó que su hijo está enfermo. El miedo reemplazo entonces el bloque de concreto en su estomago y precipitándose sin pensar sobre el grupo, se arrodillo frente a su hijo mayor, el cual comenzó a temblar de manera más violenta al sentirlo
-"¿Leonardo, hijo, que sucede?"- pedía saber asustado el padre, mientras pasaba su mano por la frente del pequeño de azul, buscando rastros de fiebre o síntomas de enfermedad
Leo aunque hubiera querido no habría podido contestarle. Estaba aterrado. El miedo de que su padre lo odiara o se avergonzara de él, le rompía el alma. Además sabía que si se atrevía a levantar la cabeza sus ojos ya presos del temor terminarían por desencadenar la total desgracia. Sabiendo que no podía controlar aquel pal de órganos traicioneros creyó poder engañarlos si enfocaba hacia otro lado. Pero nadie puede huir de sí mismo.
Splinter al no oír respuesta por parte de Leonardo, termino por levantarle la cabeza, provocando lo inevitable. Leo al sentir las manos de su padre sobre sus pómulos miro instintivamente hacia adelante. El mayor recordaba tan claramente los ojos negros de su padre que pudo imaginarlos en medio de la oscuridad. Las suaves manos acompañadas de su tibio pelaje café le recordaron sucesos del pasado. Donde para esos entonces él era simplemente su hijo, y no su joven aprendiz.
Las lágrimas rodaron calientes y desgarradoras. Una pequeña voz dentro de él lloraba desconsolada, preguntándole cosas que no tenían respuesta, el solo pudo igualar sus lágrimas en un silencio absoluto. Tapándose la cara avergonzado oculto su rostro y su dolor de su maestro, quien no entendía ni creía lo que estaba sucediendo.
Leonardo, su hijo mayor, al cual no lo veía derramar una sola lágrima desde los seis años, ahora lloraba como un niño pequeño a su lado. Para el maestro todo sonaba a locura. Creyó que estaba enloqueciendo o que despertaría de pronto de una extraña pesadilla. Bajo sus pies sintió el vaivén del barco y creyó fervientemente que dormía. Pero tal pensamiento solo reflejaba su angustia frente a lo desconocido.
¿Qué es lo que había sucedido?
Su mirada entonces se dirigió hacia los chicos, para su sorpresa Mike también estaba llorando y Don lo abrazaba tratando de calmarlo. Raph en cambio apretaba los puños en una clara señal de presión, y miraba con ira y rabia hacia el piso, pero no con su rabia común, si no que con culpa, como si pidiera disculpas al tapete por pisarlo.
-"¿¡Que es lo que está sucediendo!?"- pidió saber, perdiendo los estribos
Ami que en ningún momento se había alejado de Leo, se tenso al oír el grito del maestro, pero su mirada neutra y fría no cambio en absoluto. Ya se espera todo eso. Lo único que esperaba era que la rabia no se le subiera a la cabeza.
Leonardo no intento siquiera responder. Donny termino hablando por todos
-"Sensei…como dijo Rapha, han pasado muchas cosas, si quiere que le contemos todo, tendrá que sentarse y no gritar"- pidió al ver el rostro alterado de Leo
El sensei abrió los ojos al escuchar la voz dolida y triste de su tercer hijo, su manera de sentirse no cambio en absoluto, si no que empeoro un poco más.
-"Leonardo"- pidió girándose nuevamente al de azul que se cubría al rostro- "Dime que está pasando aquí ,ahora mismo"- exigió con la voz más serena que encontró- "como líder y hermano mayor te deje a cargo de tus hermanos, ahora dime que sucedió"
-"Yo…yo"- tartamudeo a penas, intentando cumplir la orden
-"¡No le pregunte!"- grito Rapha atrayendo la atención de todos- "Nosotros le diremos… no le pregunte "- dijo volteando hacia otro lado la cabeza
El maestro, que ya empezaba a enojarse seriamente, se volteo hacia sus hijos y determino
-"Bajare al segundo piso, dejare la maleta en mi habitación y espero que al volver estén todos, y repito, todos, en la sala para explicarme que es lo que está pasando"
Y sin más que decir se encamino hacia la puerta de entrada, alejándose a paso veloz.
Los chicos helados y con un nudo atorado en sus gargantas se voltearon enseguida a su hermano, quien no paraba de llorar y temblar. Ambas sensaciones parecían competir por ser el primero en destruir al chico.
Ami les dio paso a los hermanos cuando vio sus intenciones.
Donny sin pensarlo demasiado le abrazo, Mike preso del llanto trato de calmarse a sí mismo sin conseguirlo y Rapha mirando hacia el techo comenzó a hablarle al grupo.
-"Le diremos la verdad"- sentencio-"La cruda horrible y cruel verdad"- dictamino mirando a sus hermanos
Don asintió junto a Leo, quien apartando las manos de su cara busco en la voz de Rapha la fuerza que necesitaba para pararse de la cama, no podía echarse a morir aun, por lo menos todavía no. Apoyándose entonces de Donny se puso de pie y asintió en respuesta a su hermano, sin enfocarse en nadie en específico. Entre más rápido sacaran la espina menor seria el dolor.
Mike mirando a Rapha le pregunto
-"¿Cómo se lo diremos?"- dijo asustado y sobándose las manos con nerviosismo, pero viendo que nadie entendía a que se refería aclaro enseguida las dudas de todos, el tiempo era tan escaso como los segundos para respirar- "El maestro no es tan joven chicos…no quiero que le de un infarto"- explico
-"Solo le diremos la verdad Mike, excluyendo claro…las escenas demasiado sangrientas"- pidió Donatello, estremeciéndose al recordarlas- "si es que quieren claro"-
-"Es... buena idea"- dijo el de azul
-"Bien…vamos entonces"- dijo Rapha al tiempo que tomaba a Leo de su brazo izquierdo y comenzaban a caminar.
El mayor no tuvo fuerzas esta vez para hacer pataleta ante la ayuda que le brindaban sus hermanos. Como un muñeco se dejo guiar, sin muchos deseos de orientarse o preguntar por donde iban, sintiendo que con cada paso se acercaba más a la ahorca. Rapha notando su preocupación le hablo mientras salían
-"No tienes que decir nada ¿ok?, yo se lo diré todo"- Raphael todo lo que quería era quitarle un poco el miedo que sentía Leonardo. Tristemente no consiguió nada de lo que buscaba. El chico simplemente asintió de manera robótica antes de seguir temblando. Rapha suspiro. Por lo menos su hermano se había calmado lo suficiente como para dejar de llorar. Algo era algo
Splinter que ya estaba en sentado sobre el sofá pequeño de la sala espero pacientemente que el grupo bajara del segundo piso, y si ya está bastante sorprendido, su extrañeza llego a un nivel superior al ver como Leo era ayudado por sus tres hijos al bajar la escalera. De manera lenta los chicos guiaban sus pasos, sin soltarlo un solo momento.
¿Qué demonios estaba pasando en su casa? ¿Es que acaso había entrado en alguna dimensión desconocida?
Los chicos al ver a su padre sentado en el sofá tragaron duro y Leo sintiendo su temor les dirigió una pregunta que quizá no quería que contestaran
-"¿Esta ahí?"-
-"Me temo que si"- contesto en un susurro inaudible el menor de los cuatro. Leo solo pudo seguir temblando
Avanzando lentamente bajo la muda sorpresa de su padre, llegaron hasta el sillón largo, y sin medir muchas palabras sentaron a Leo con cuidado y posteriormente se sentaron ellos.
Ami que en silencio había seguido a los chicos se gano detrás del sillón y apoyando sus manos sobre los hombros de Leo le hablo
"No estás solo, tus hermanos están contigo, yo estoy aquí, no dejare que te hagan daño"
Leo esta vez no se estremeció, ni se asusto con su presencia. Apreciaba que estuviera con él, aunque en ese momento hubiera rogado por que la chica lo sacara de ahí. La pequeña niña al leer sus pensamientos solo pudo sonreír con ternura y preocupación. Pero volviendo a retomar su papel, la sonrisa al igual que la de Splinter, desapareció en un abrir y cerrar de ojos
La hora de la verdad había llegado, el maestro cruzado de brazos emitió las primeras palabras
-"¿y bien?"- preguntó el sensei, rozando el límite de la curiosidad y la rabia
-"Bueno…"- carraspeando nervioso, Raphael abrió la sesión –"Han pasado una cantidad enorme de cosas…"- Raphael miro a su padre-"La tostadora se descompuso por ejemplo"
-"¡Raphael!"- Bramo Splinter perdiendo la paciencia
-"¡Está bien, está bien!"- grito el de rojo igualando la voz de su padre, quien solo lo miro con desaprobación, el chico sin escapatoria comenzó a contar lo que era realmente importante-"Hace unos días…cinco o seis para ser más exactos, nosotros…tuvimos una fuerte pelea en casa, gritamos y dijimos muchas cosas que no debíamos "- Splinter atento a cualquier expresión que reflejara algún intento de mentira, escuchaba atento cada palabra- "En esa pelea…nosotros, herimos a Leo"- El maestro al escucharlo enseguida busco en su hijo mayor rastros de golpes en su cara, (Lo único visible gracias a la cantidad de ropa que tenia puesta). Lo hayo pálido, y mirando al piso nuevamente, con los rasguños de siempre, pero visiblemente alterado.
-"No es lo que está pensando"- dijo Donny al ver como su padre buscaba heridas físicas en su hermano; el maestro entonces con la mirada le pidió a el que siguiera explicando la situación-" Nosotros …le pedimos a nuestro hermano que nos dejara en paz…, que se alejara de una buena vez y que ojala…..que ojala"- Donatello nervioso se mordió los dedos, incapaz de completar la oración
-"Le pedimos que ojala muriera"- completo Mike para sorpresa de todos, tapándose avergonzado la cara una vez logro completar la frase
El maestro parpadeo un par de veces, miro a cada uno de sus hijos, deteniéndose por un poco más de tiempo sobre Leonardo y luego se paso las manos inquietas y alteradas por la cabeza, sin creer nada de lo que estaba escuchando.
-"¿¡Qué hicieron…que!?"- dudaba, no creía que tal aberración, contra el mayor de sus hijos, fuera verdad. Sabía que estos solían pelearse o discutir de vez en cuando, eran adolescentes después de todo, pero llegar a tal grado….
-"Estábamos enojados"- trato de explicar Mike- "No queríamos…no queríamos que realmente pasara…solo lo dijimos"- hablaba lloroso el pequeño
-"El problema es que no medimos la fuerza de nuestras palabras"- retomo el tema Donatello-
-"Leo…realmente creyó que nosotros…deseábamos que él …ya sabe"- Raphael no quería seguir pronunciando la palabra muerte, menos con lo que se venía ahora
-"me…, me están explicando demasiado"- hablo preocupado el maestro al ver a sus hijos descomponerse de esa manera frente a él- "Díganme de una buena vez que es lo que paso"- pidió desesperándose, ya que cada idea dibujada en su mente era más espeluznante que la anterior
-"Yo…yo intente"- Splinter inmediatamente se enfoco en su hijo mayo al oírlo hablar por primera vez desde que había llegado. Leonardo sabía que tenía que ser él quien dijera la parte central de la situación, jamás le hubiera dejado esa carga a sus pequeños hermanos, por lo que respirando y conteniendo sus sollozos se declaro culpable- "Yo intente… suicidarme"- dijo al fin mientras cerraba los ojos y dejaba que estos hicieran lo que quisieran, la verdad ya estaba dicha y nada podía ser cambiado.
Splinter se quedo helado. La sangre le bajo a los pies de golpe, mareándolo. Algo dentro de él se convirtió en hielo solido. No supo que parte fue, pero el peso helado lo envolvió por completo, amenazándole con convertirlo en un único trozo gigante de hielo. Su hijo. Su pequeño niño de azul había intentado matarse. Había intentado arrancarse la vida que Dios tan amablemente le había concebido. ¿En qué momento había sucedido todo eso? ¿Dónde estaba el cuando todo sucedió? ¿Podría haber detenido a su hijo? ¿Podría haber hecho algún cambio?
La respuesta cruel y visible le explico que sí. Pero el estaba ocupado. Le recordó su mente. La visita a Japón no podía esperar ¿verdad?, aquel té de jazmín que tanto le gustaba no lo podía tomar cómodamente en la sala de su casa ¿verdad?, porque su hijo mayor podía encargarse de todo, ¿verdad?, porque él estaba cansado y necesitaba un lugar para sentirse de nuevo en armonía con el universo, ¿verdad?
"Porque usted no quería ver lo que realmente estaba pasando ¿verdad maestro Splinter?"
La voz clara y dulce que resuena en su cabeza destroza sus nervios. Ya la había escuchado antes, solo que no recuerda cuando, fue hace tanto tiempo, que poco a poco la oración pierde importancia en su memoria. Su mirada se vuelve a posar en sus hijos solo para darse cuenta de que no sabe qué hacer. No sabe qué decir, no sabe cómo actuar. No sabe quien tiene la culpa. No sabe si gritar o llorar. Enojarse o guardar la calma son dos opciones tan ilógicas y estúpidas que no sabe por cual decidirse. Todo lo que puede hacer es oír la voz de Leonardo, repitiendo la misma frase, infinitas veces.
"intente suicidarme, intente suicidarme, intente suicidarme…"
La vos de su hijo mayor se va transformando, hasta dejarla 10 años más joven. Mirando fijamente ve que Leo ya no está. Por lo menos no el de diecisiete años. El niño que está presente tiene 8. La mirada desencajada de terror del pequeño se posa sobre su persona y las palabras que salen de su tierna boca terminan por desgarrarle el corazón.
-"Quise morir papá"- dice lentamente, mientras las lagrimas caen-"¿Dónde estabas tú papi?"- pregunta a medida que se van formando enormes heridas en sus brazos de la nada- "¿Por qué me abandonaste?"- la sangre cae salpicando su ropa y el pequeño sigue preguntando con los ojos más abiertos que antes- ¿Por qué ya no me quieres?
Encerrándose en una realidad inexistente la figura llorosa, e inocente desaparece, solo para verse en otro lugar. Ve al mayor con los ojos cerrados, acostado en una cama, con los brazos cruzados, y rodeado de una cantidad de flores asfixiante y horrible, con la piel pálida, sin color, sin vida. A su familia llorando. Se ve a sí mismo llorando sin control al lado de su hijo. Y a su izquierda el pequeño Leo que sigue preguntando. Preguntándose. Llorando. Muerto a su lado.
La música estúpida de un programa infantil suena en la habitación oscura, primero despacio, luego de manera imperceptible el volumen sube obscenamente, como queriendo burlarse de todos los que están adentro del cuarto. La risa hueca y espantosa de un payaso, la risa endemoniada de miles de niños, todo entremezclado le dan ganas de vomitar, desea apagar la condenada radio, o lo que sea que esté haciendo sonar tan espantosa orquesta, pero él no puede levantarse a pagarla, y nadie parece notar aquél ruido infernal; la locura como un pozo negro le absorbe, tragándose sus pies. Los ojos cerrados y la expresión de eterno dolor es todo lo que logra ver de Leonardo. Pero el pozo que le absorbe no es la locura como el firmemente cree, si no la culpa de saberse responsable. Antes de que logre gritar la figura del pequeño Leonardo aparece de nuevo frente a él. Tan cerca de su cara que por milímetros no se tocan. Una sonrisa hueca aparece entonces en el pequeño muchacho
-"¿Quién fue?, fuiste tú, esa es la verdad, ¿No querías escucharla?, pues ahí está"- dice como un muñeco
El mundo en el que estaba, se volvió más oscuro y siniestro que antes, sonrisas llenas de colmillos y dientes se rieron de él. El pozo comenzó a tragárselo. Juro por sus ancestros que se desmayaría. Pero aquel juramento no se cumplió.
La voz de Mike lo regresa. Avisándole que aún queda un atentado más contra su corazón. El pozo no está. Leo ya no está frente a su rostro. Sigue sentado el sofá. Vivo y con diecisiete años de nuevo. Los chicos tienen dientes normales, y no los enormes colmillos que centellaron antes de despertar. ¿Por qué todo fue un sueño no?
-"Hay …hay algo mas que debe saber"- repite Mike, al ver que su padre no parece captar el mensaje
La vieja rata ya no sabe si quiere seguir escuchando. La fachada de sabio y antiguo guerrero ah caído. Dejando el cascaron de lo que es ahora realmente. Un padre. No un maestro, no un sensei; un simple padre que descuido a su familia y sobre todo a su hijo mayor. Porque por más que intentara negarse, sabía que algo le sucedía a su hijo. Lo supo antes de ver la cara descompuesta y triste que le puso antes de partir. Antes de que le contara sus intenciones de viajar. Antes de la última pelea con Raphael hace ya 3 meses. Antes, lo noto antes. ¿Por qué no izo nada?
Pasándose la mano por los ojos termino por asentir a su hijo menor. Tenía que escuchar todo, aunque no quisiera. Por último aceptaría esa sentencia como parte de su castigo. Ya vería como reprendería a sus hijos.
-"Leo…estuvo inconsciente cinco días después de lo ocurrido"- continuo Donny, sin ganas de seguir hablando- "Pensamos que todo estaría bien cuando despertara…bueno… no tan bien, "-
-"Donatello"- corto el sensei, quien solo quería enterarse de una buena vez por todas de la tragedia completa.
-"Cuando estuvo inconsciente revise sus signos vitales, sus órganos principales, todo,…nunca pensé que …yo no creí "- Raphael poniendo una mano sobre su hombro corto a su hermano, ya había sido suficiente el esfuerzo de su parte, y tomando aire rebelo la desgracia
-"Leo…Leo está ciego"- confeso mientras las lagrimas que había prometido no sacar salían a flote
El maestro Splinter se paró de su sillón de manera automática. No era verdad, No era posible. No podía ser cierto. Dios no podía ser tan cruel. ¿O diablo no podía ser tan cruel?, pensó detenidamente, ¿Quién había sido realmente el amable benefactor?
Su mirada negra y perturbada viajo directamente al cuerpo de su hijo mayor, quien con los ojos abiertos e inexpresivos se enfocaba en llorarle a la alfombra de la sala. Las palabras del mayor salieron ahogadas, mas llenas de saliva que de letras.
-"Perdó…neme ….pa…dre"- Pidió suplicante- "Le…fa…lle, per…do…neme"
La verdad no era como un balde de agua fría, la verdad era peor o igual que haberse revolcado en espinas. Ahora entendía por qué su hijo no había parecido notarlo cuando estaba frente a él. Lo entendía y no quería llegar a entenderlo. La información en este caso no le servía de ayuda o consuelo. Sin notarlo comenzó a fruncir el ceño. Estaba molesto. Su hijo mayor lo había defraudado.
-"Sensei…por favor escuche"- Raphael no dejaría que todo el peso reposara otra vez sobre los hombros del mayor-"Si va a enojarse…enójese conmigo"
-"Con nosotros"- pidió Mike lleno de tristeza-
-"Leo solo…solo nos izo caso"- explico desesperado el de morado al ver la vacía y fija mirada de su maestro- "No tiene la culpa…el solo"
-"Silencio"- Pidió Splinter levantando uno de sus brazos, incapaz de seguir escuchando- "Silencio…no hablen mas"
El maestro arrastrando los pies avanzo lejos de su familia. Necesitaba pensar, averiguar cómo solucionar todo lo que estaba sucediendo. Ahora no podía hacer nada. El daño estaba hecho y consagrado. Con la cabeza gacha comenzó a caminar hacia el dogo. No tenía nada más que decir
Leonardo al sentir que este no respondía a su pequeña suplica y que comenzaba a caminar rompió en un llanto devastador. Don y Mike le abrazaron llorando, tratando de consolarlo. Pero nada o nadie podía ayudar a Leo. No había obtenido el perdón. Había perdido a su padre.
Rapha al verlo destrozado nuevamente, solo pudo morderse los labios, lleno de rabia y frustración. Si llegaba a soltar su boca, rompería su promesa. Debía calmarse, por el, por los chicos, y por sobre todo por Leo.
Ami al ver la reacción de su joven protegido, camino decidida hacia el maestro que se alejaba, con el ceño fruncido y los dientes apretados. Iba a oírle y ella tenía unas cuantas cosas que decir. Sobrepasándole y plantándose en la puerta del dogo hablo fría y duramente, despidiendo fuego por los ojos.
-"¿Se atreverá a huir?"-
Su voz corto el aire como una daga y el único que escucho sus palabras fue Splinter. Y exactamente nadie más debía oírlas. Ni siquiera Leo. Sus palabras en este caso tenían dedicatoria especial.
El viejo maestro no pudo sino quedarse estático ante la oración. Procesando si lo que había oído era parte de la realidad o de sus pesadillas
-"Es una pesadilla, pero es real"- sentencio con voz dura la niña
El sensei guardo silencio, mientras cada pelo de su cuerpo se erizaba al escuchar. Cerrando los ojos intento localizarla la penetrante voz, pero dejo de intentarlo al escuchar una risa
-"No es tan simple"- expreso con molestia y una sonrisa socarrona la chica-"Mejor haga algo bueno y mire a sus hijos"-pidió lo más amable que pudo. Splinter asustado se negó a voltear- "¡MIRELOS!"- ordeno entonces, comenzando a perder la paciencia. El viejo padre sobresaltado ante la energía que le gritaba volteo. Ami se sereno un poco al ver que este obedecía. Tenía que calmarse, de lo contrario se le lanzaría encima sin ningún recato.
La imagen que vio Splinter al voltearse lo dejo anonadado y vacio. Raphael, Donatello y Miguel Ángel, abrazaban con sumo cariño y cuidado a Leonardo, en medio de lagrimas y palabras susurradas contra el cuello. Encerrándolo entre los 3. El mayor se tapaba la cara y se ocultaba en el regazo del segundo quien apretaba los puños y trataba de consolarlo de manera inútil. Donny sobaba su caparazón y Mike del lado derecho de Leo le abrazaba un brazo, igualmente desconsolado.
-"¿Los ve?, ¿ve a los cuatro?"- el maestro asintió perturbado, sin ganas de desobedecer otra vez-"Pues ahora imagine que falta el del centro"- los ojos del sensei comenzaron a nublarse a medida que borraba la imagen de su hijo mayor- "Leonardo no debería estar aquí, el debió morir, pero se negó a irse porque los amaba, él, a pesar de todo, quiso volver por ustedes"- Splinter a medida que escuchaba se le crispaba el rostro de dolor y angustia- "y ahora usted….- Ami volvió a rogar por auto control- "Usted se va sin abrazar a su hijo, sin consolarlo, cuando lo tiene en frente, cuando se le ha otorgado otra oportunidad para estar con él, ¿Cuántos errores se permitirá seguir cometiendo? ¿O es que quiere perder a otro hijo?-el viejo maestro siguió sin moverse- Si cruza esta puerta lo abra perdido todo, ¿me escucho?, todo- cruzándose de brazos Ami espero que este comenzara a moverse. Para perder o pare regresar con su familia, no le daba más opciones.
Splinter llegado a ese punto no pudo seguir conteniéndose. Las lágrimas surcaron su cara sin poder encerrarlas por más tiempo. Se había equivocado. Solo no quería reconocerlo. Había estado a punto de perder a uno de sus pequeños y no había podido hacer nada para evitarlo, porque ni siquiera estaba presente. Avanzado nuevamente a tropezones se encamino devuelta hacia la sala. Era hora de afrontar el problema y de ser él quien pidiera disculpas. El orgullo que lo dominaba se había ido al infierno junto con su indignación. El no tenía por qué estar enfadado. Leo le había dado más de lo que cualquier padre hubiera podido pedir. Leonardo siempre otorgo sin pedir nada a cambio. El que había fallado no era otro más que el. Había dejado atrás la necesidad de su hijo por caprichos absurdos y banalidades. Las tazas de té en su bolso no profesaban otra cosa.
Con cada paso que lograba dar, miles de imágenes aparecían en su cabeza. Desempolvándole la memoria. Vio a sus hijos pequeños, se vio dándoles el biberón, arropándolos por las noches, cuidando su sueño, velando por seguridad, regañándoles por comer a deshora, enseñándoles lo que era bueno y lo que no, simplemente estando ahí, absolutamente presente para ellos.
¿Cuándo fue que las cosas cambiaron tanto?, se pregunto mientras avanzaba
-"Cuando Leo creció"-
Si. Esa era la causa. Esa era la verdad escrita con negro en su rostro.
Desde que Leo era pequeño había prometido mucho. Era fuerte, leal y el más maduro de sus hermanos. Y sin darse cuenta le entrego todo la responsabilidad al mayor, su propio peso se lo había dado a Leonardo, quien ni siquiera se quejo ante la injusticia. Su hijo había aceptado todo aquello como algo natural y ni él o sus propios hermanos habían ayudado a mitigar ese peso. Su hijo era fuerte, de eso no cabía duda; había aguantado por diecisiete años el peso de toda una familia sobre sus hombros. Diecisiete años fue el punto de quiebre. Diecisiete años que el chico aguanto peleas, gritos, castigos e insultos hacia su persona. Diecisiete años que se habían quedado detenidos ante la loca idea de morir. De descansar y por fin ser libre. Lo terrible era que ni siquiera era esa la razón por la cual el de azul había intentado borrar su existencia. Si no porque sus hermanos se lo habían pedido. La voz ahogada de Mike resonó en su cabeza. Sus hijos, sus propios hijos le habían desead la muerte a su hermano.
A pesar de las múltiples capacidades que su hijo poseía, seguía siendo un niño. Un niño que necesitaba amor y fuerza para avanzar. Él le entrego armas para defenderse, le enseño técnicas para no ser derrotado, pero se olvido de lo más importante. Se olvido de entregarle el cariño que el mayor, en ocasiones, pedía a gritos con sus ojos.
Deteniéndose sobre la alfombra, entendió horrorizado que no volvería a ver los ojos de Leo pidiendo cariño. Porque su hijo ya no veía. No lo vería a él. No vería a sus hermanos, no vería el sol ni las estrellas, no podría leer los libros que le había regalado en sus cumpleaños, y jamás vería la hermosa taza blanca con pétalos azules que había traído para él. El llanto se intensifico mientras sus propios ojos se dilataban al sentir tanta rabia contra sí mismo.
Si tan solo hubiera hablado con él, si tan solo lo hubiera arropado en las noches heladas de invierno, si tan solo lo hubiera abrazado mas, si tan solo le hubiera recordado lo importante que era para él, si no le hubiera cerrado la puerta en sus narices cuando pidió ayuda…
Aquel recuerdo lacerante le perfora aun más el corazón, deseando arrancárselo con las manos para apartarlo de su cuerpo, para ser libre de la presión que su propio organismo le causaba. Leonardo hace meses que no lograba dormir bien, una pesadilla siempre lo mantenía en vela, pegado a su sabana, con la luz encendida y con la mirada petrificada. Aterrado y realmente pálido había llegado hasta su recamara una de esas noches, rogándole por que le dejara quedarse ahí con él.
Una noche. Su hijo le había pedido solo una noche a su lado para detener el miedo que sentía y él se había negado rotundamente, recordándole que eso era solo para niños pequeños, para los bebes y no para los guerreros de alto nivel. Con una mirada dura le pidió que no lo defraudara y que se comportara como lo que era y girándose molesto, cerró la puerta, bajo la triste mirada de su hijo. ¿Pero que era Leo si no un niño? Leo era un niño, Leo era "su" niño pequeño, solo no quería verlo. Odiándose un poco mas se dio cuenta de que ni siquiera le había preguntado de qué se trataba el mal sueño. Ahora era tarde para retroceder
-"Nunca es tarde"- le recordó la voz-"Si sigue aquí, es porque aún no es tarde"
Llorando, Splinter continúo el camino hacia la sala, dejando como evidencia un angosto camino de agua, sin saber si darle o no la razón, a la voz que fríamente le hablaba.
Raphael fue el primero en notar de nuevo a su padre avanzando hacia ellos. Al principio creyendo que había vuelto para gritarles o reprenderlos abrazo a Leo contra si, Donny y Mike notando su comportamiento se giraron notando lo mismo que el de rojo, la acción fue instintiva por parte de todos. Proteger a Leo era lo más importante para ellos. Sin medir en sus acciones taparon los oídos del mayor quien al no entender que pasaba pregunto desesperado
-"¿qué?, ¿Qué pasa?"- Pero ninguna contestación llego
Los chicos tensos, pero preparados, levantaron la cabeza y esperaron lo peor, pero decididos a enfrentarse a Satanás en persona si era necesario. Splinter se cubrió la boca y se echo a llorar sonoramente esta vez, al ver la reacción de sus hijos, y los tres hermanos no pudieron evitar abrir los ojos como platos. Jamás habían visto llorar a su sensei. Nunca. Pero al parecer, la frase "para todo hay una primera vez", no solo era una bonita oración de anaquel
Leo ya desesperado por no obtener respuesta trato de zafarse de sus hermanos, quienes no lo detuvieron. Libre de su agarre y con sus oídos sin ninguna represión oyó claramente los sollozos de su padre.
El mundo se le derrumbo.
Se había dedicado toda una vida a hacer sentir orgulloso a su padre, a hacer lo imposible por verlo feliz y poder ganarse su cariño. Escuchándolo llorar creyó que todo estaba perdido. Ahora jamás lograría que le quisiera. ¿Pero que podía esperar realmente? Había fallado, había fracasado como líder y hermano mayor, y quizá mucho mas como hijo. Su padre nunca le perdonaría haberse rendido y actuado tan cobardemente, y el tendría que vivir con ese dolor para siempre.
Pero estaba equivocado. Todos lo estaban.
Splinter avanzando se paro ante su grupo de muchachos y amargamente les hablo
-"Niños…por favor, suelten a su hermano, tengo que verlo, tengo que cerciorarme de algo"- pidió
Raphael miro a sus otros dos hermanos, esperando una orden. Orden que llego por parte del mayor.
-"Hagan lo que pide"- Leonardo se enfrentaría a escuchar las duras palabras que saldrían de la boca de su padre. Sin huir, sin esconderse.
Los chicos algo reacios a lo que pedía su hermano se negaron en un principio, pero al escuchar un suplicante "Por favor", de su hermano, terminaron por ceder. Leonardo sintiendo la lejanía del calor que lo protegía, levanto enseguida la cabeza, buscando ciegamente a su padre. No levanto los brazos, pues sabía que lo que menos podía esperar era que Splinter se dejara escrutar por sus manos.
Aquello sería demasiado bajo, demasiado humillante, demasiado imposible.
-"Nada es imposible si lo crees"
El maestro ajeno a estas últimas palabras se agacho despacio, quedando a la altura de su hijo, quien al no escucharlo, ni verlo, se quedo en la misma posición, tratando de localizar a su padre, sin darse cuenta de que lo tenía a centímetros de su cara. Ami tristemente pensó que eso era una ventaja. Si el joven de ropas azules se hubiera dado cuenta de la cercanía que tenía en esos momentos con su padre, quizá hubiera intentado correr escaleras arriba.
Splinter por su parte estaba muy ocupado como para captar algo más que no fuera su hijo. Su mirada lo escrutaba por completo, buscando en sus ojos vacíos al niño risueño que había vivido 10 años atrás a su lado. El que reía y jugaba sin encerrarse horas entrenando para hacerlo feliz. El que no tenía que cuidar de sus hermanos, ni de todo lo que aconteciera en la guarida. Lo busco con todas sus fuerzas. Pero no lo encontró. No pudo hallarlo.
Triste y desesperado el sensei quito el gorro que Leo tenia puesto para verlo mejor, asustando de paso al chico, pero sin detenerse a dar explicaciones tomo su rostro entre sus manos y lo acerco más contra sí.
Todos los chicos se sobresaltaron por las acciones de su padre. Leonardo asustado, no se atrevió a quejarse por lo brusco de sus movimientos. Se quedo aun mas quieto, tratando de asimilar lo que su padre quería hacer. Splinter sin notarlo comenzó a llorar otra vez ante la resignación que el mayor le mostraba.
Cada abrazo que le había dado el mayor. Casa sonrisa llena de vida o color. Había desaparecido, borrada por la lluvia de los malos recuerdos. Cerrando los ojos pudo ver de nuevo al pequeño Leonardo que lloraba a su lado, preguntándole ¿por qué?
Enloquecido de dolor abrazo a un sorprendido Leonardo, atrayéndolo contra su pecho, de manera rápida, casi espontanea. Leo con la impresión no sabía cómo corresponder la muestra de cariño. Había llorado tanto. Se recordaba. Había suplicado tanto por algo como eso, que ahora teniéndolo al frente…no sabía qué hacer.
-"No está…"- Splinter apenas sacaba la voz-"No está, lo perdí,… y es mi culpa"- Leo sin entender dejo que este siguiera hablando-"Hijo mío…casi te pierdo…no… casi te perdemos… ¿cómo podrás perdonarme?"- sollozo contra su hombro- "¿Como perdonaras todas las veces que te deje solo? ¿cómo perdonaras el que te haya abandonado?….."- preguntaba devastado- "¿cómo?"
Leonardo petrificado comenzó a llorar, sin abrazar o decir palabra que animara a su padre. Era cierto. Siempre había estado solo. Como una sombra las imágenes comenzaron a caer en la sala, manchándola de recuerdos. Había querido correr tantas veces. Girar la cabeza y correr, correr en medio de la lluvia más tormentosa, sin detenerse, sin voltear, sin pensar en lo que pasaría, sin pensar en nadie, alejarse de los gritos, de las lágrimas, del dolor, de las miradas reprobatorias, y seguir corriendo. Intento huir sin conseguirlo, encharcando sus pies en enormes posas de barro y cansancio. Su familia siempre había sido los que lo anclaban a tierra. Los que hacían que detuviera la rápida y veloz huida. Los que hacían que mirara hacia atrás de manera inevitable. Los que hacían que sus piernas retomaran el camino a casa. La capacidad de poder ver una sonrisa en cada rostro. La felicidad de verlos dormir tranquilos, sabiendo que él los cuidaba. Cosas tan pequeñas eran suficientes. En este caso, aquel abrazo que tanto necesito, para él, fue suficiente. Ataría ese recuerdo a su memoria, respiraría aquella sensación y se llenaría del amor que despedía el momento, y todo eso sería suficiente.
Splinter sintiendo los brazos de su hijo rodeándolo se congelo. Las lágrimas que cayeron sobre su chaleco marrón le confirmaron que el perdón no solo estaba garantizado, si no que ya se había efectuado
-"Ma …ma estro…..perdó….neme…, todo esto….es mi culpa"- los chicos a su lado no pudieron evitar abrir sorprendidos los ojos ante las palabras de su hermano- "Yo no cumplí…hui como un cobarde…trate de escapar…..pero nadie puede huir y regresar como si nada"- trataba de explicarse a sí mismo- "Le pro….meto…. que…. si me da la oportunidad, me esfor…zare el doble…y –
Su voz desapareció cuando sintió las manos de su padre tomar las suyas y ponerlas sobre la cara del más anciano. Las lágrimas de su maestro mojaron sus palmas temblorosas, dejándolo estupefacto. Leonardo sin saber si aria o no lo correcto, izo lo mismo que había hecho con sus hermanos en forma automática, como si lo hubiera hecho toda la vida. De manera lenta y cautelosa, paso la yema de sus dedos por las mejillas suaves y abultadas de su sensei, reconoció el pequeño monte que era la nariz, las enormes y bien formadas cejas, el remolino que se le generaba en la parte alta de la cabeza, y los ojos cerrados y dolidos. Lo formo una vez más en su cerebro, pero sus manos a diferencia de su vista le mostraron una imagen totalmente diferente a la que recordaba.
Su maestro ya no se veía tan fuerte como antes, se notaba cansado, viejo. Como si le hubieran caído miles de años encima. Noto confusión y sorpresa, y no la enorme fuente de sabiduría que siempre mostraba. Todo lo que notaba, contradecía a la imagen anterior.
Splinter que no dejaba de observarlo, sintió que su vida se detendría para siempre en ese punto. Que no saldría nunca más de la sala donde estaba arrodillado, y que jamás dejaría de ver los ojos perdidos de su hijo mayor. Una parte de él rogo por misericordia, aunque no la merecía ni la necesitaba, de todas maneras la pidió.
Levantando la cabeza volvió a dirigirse al joven que ciegamente lo formaba con sus manos.
-"Te has esforzado suficiente…demasiado…nunca te escuche, …no fui capaz de ver más allá de mi propio orgullo, pedí hasta que me canse, y jamás te quejaste, no importando las trabas que te puse saliste adelante, ayudaste a tus hermanos incluso más que yo"- Leonardo guardo silencio sin saber que decir- "Estaba ciego…yo estaba ciego, y ahora que al fin puedo ver…"- su voz se quedo atrapada nuevamente al ver los ojos vacios de su hijo, mirando en su dirección, pero sin enfocarse en nada en lo absoluto- "¿Leonardo, podrás perdonarme alguna vez?"- pregunto ahogándose nuevamente en llanto- "Te he fallado como maestro….como padre…yo"
-"¡No diga eso!"- farfullo apenas el guerrero de azul, deseando taparse los idos para dejar de escuchar tantas "Tonterías"- "Yo soy el que falle….el que no pudo…el que"
-"¡Basta!"- ordeno Splinter- "Basta, hijo…por favor…"- suplico mientras volvía a abrazarlo-"tú nunca me has fallado, cualquier padre querría tener a alguien como tú de hijo…yo no me di cuenta….y casi te pierdo…casi lo pierdo todo…"
-"Sensei… ¿no está eno…jado? ¿no me o…dia por lo que hi…ce?"- Leonardo no creía que su padre hubiera podido perdonar su error
-"¿Enojado? ¿Odiarte? Hijo mío… yo jamás podría odiarte"- Lo abrazo con más fuerza, casi cortándole la respiración al de azul- "Si Dios me ah dado la oportunidad de tenerte aquí, a mi lado, aun después de todo, lo único que puedo sentir es agradecimiento "- suspirando para retomar su monologo continuo- "Saldremos adelante, como familia"- dijo mirando a sus hijos- "No volveré a dejarte solo"- Splinter a pesar de sus palabras, dejo que lagrimas amargas empeñaran su voz.
Había aprendido, se había dado cuenta de su error y ahora intentaría recapacitar, pero no importando lo que hiciera, sabía que los ojos de su niño jamás serian los mismos.
Leonardo sin contenerse más dejo que su pena fuera libre. Todas esas palabras que tanto rogo por escuchar, ahora salían a la luz, como parte de un plan perfecto y brillante. Su felicidad y alegría no tenia limites. Los chicos se miraron entre sí, cómplices del momento, el futuro no se veía tan negro como en un principio, las nubes se alejaban, dejándoles libre el camino que ellos quisieran labrar y reparar. Sabían que tenían mucho camino por recorrer, tenían que ayudar a su hermano, adaptarse a su nueva manera de verlos y sentirlos, pero por primera vez, ayudar no les molesto.
Ami viendo realizada su tarea avanzo un par de pasos y sin medir lo que hacía, empujo al trió de insolentes jovencitos, era hora de que todo se arreglara. Donny pensó que Raphael lo había empujado. Mike pensó que Donny lo había empujado, y Raphael simplemente no pensó y se dirigió hacia su padre y hermano.
-"Esta es nuestra última oportunidad"- recordó serio el guerrero de rojo en voz alta, mas para el, que para toda la familia. Su padre parpadeo un par de veces sin entender a que se refería, Raphael dándose cuenta de la metida de pata, trato de darse a entender- "Cuando…cuando perdimos a Leo…"- empezó a explicar
-"¡QUE!"- grito Splinter ante este nuevo dato
"-Leo….Leo murió por unos segundos"- trato de hacer entender Donny a su padre, quien solo atino a mirar más helado que antes a su hijo, que avergonzado había girado la cara- "Pero cuando volvió…"
-"Nos dijeron que era nuestra última oportunidad"- se apuro Mike a completar la oración de su inteligente hermano
La chica sorprendida abrió los ojos. Pero suspirando se relajo. Era obvio que después de todo lo que había hecho su presencia no pasara tan inadvertida.
-"¿Y quién les dijo eso…?"- pregunto el sensei, quien trataba de unir todo lo que sus hijos le decían.
-"No lo sabemos…"- explico Rapha- "Solo sé que hablaba muy enserio"- cruzándose de brazos miro a sus otros dos hermanos, quienes no dijeron nada. Ni siquiera Donny, quien aunque creía en su amada ciencia, aun no le encontraba una razón lógica a lo que había pasado ese día. Y realmente ya no quería buscarle la parte lógica al asunto, porque entre más le buscaba, mas se daba cuenta de que su hermano mayor, debería haber estado bajo tierra, hace mucho tiempo. Esta vez lo dejaría pasar.
Leo que también desconocía esa parte giro instintivamente la cabeza a donde sabia estaba Ami. La niña al sentirse atrapada solo pudo reírse bajito mientras susurraba
-"Ok, ok, me atrapaste"-
El mayor en vez de molestarse, sonrió. Le debía una.
-"Leonardo"- llamo nuevamente su sensei, haciendo que el chico agachara la cabeza en señal de que escuchaba- "¿Qué es lo que ha sucedido en estos días?"- pregunto curioso y asustado
-"Es una larga historia"- hablo Mike por Leo. Para sorpresa de los chicos Splinter sonrió abiertamente a sus hijos y sentándose al lado de Leo invito a los demás a que también se sentara. Desde ahora tenía todo el tiempo del mundo para escucharlos
Ami sonriendo se giro sobre sus talones y se alejo medianamente. Leo necesitaba su espacio. Pero no había logrado llegar a la cocina cuando una figura se materializo ante ella.
Un hombre de veintiún años de edad, con el cabello blanco y la tez pálida comenzó a formarse, los ojos amarillos cual linces se dirigieron a ella con absoluta molestia. La túnica blanca con bordes dorados y azules toco el suelo en una extraña reverencia ante el nuevo ser que la usaba. Las alas blancas aparecieron de pronto, llenando la habitación de un aire frio y transparente.
Ami sonrió burlonamente al verlo y levantando la mirada le hablo
Déjame adivinar…Estoy en problemas otra vez, ¿No es así, Camus?- pregunto con una sonrisa irónica
El chico no le contesto. Su mirada severa se agacho hasta quedar frente a los ojos verde y rojo, y sin contestarle, la agarro por los hombros tele transportándose con ella al instante. Cuando la niña volvió a mirar se encontró el lo alto de un edificio, con Camus a su lado. La mirada que el nuevo ser le dedico, no fue la más agradable.
Aun así, Ami volvió a sonreírle, como una verdadera idiota.
OK, este sería el capitulo 10, espero les haya gustado. Como tengo una semanilla libre la usare para escribir y actualizare pronto si la inspiración no abandona este cuerpo xD, Acepto consejos, criticas, llantos desgarradores, preguntas, y sobre todo COMENTARIOS! Un abrazo y nos vemos. Sayonara!
