Hola, de verdad que he durado mucho con este fic en proceso, es que es un trabajo que le he tomado mucho cariño y no quiero que termine, me disculpo por tardar tanto en actualizar y hacerlos esperar. Sé que muchos que lo siguieron perdieron la esperanza de su culminación eso me pone algo triste, pero sería aún más triste no culminarlo.


Novena Bala

La noche llamaba con su suave brisa, fría y su manto negro sobre el techo de la camioneta. No había una canción específica en la radio, México había bajado el volumen y ahora todos podían oír sus propios pensamientos.

El tráfico coopero a que el viaje hacia su destino fuera más suave y claro que lo seria, pues no tenían muchas ganas de llegar, se encontraban en silencio y casi expectantes como si quisieran que alguien dijera algo para poder iniciar un tema, ahuyentar el silencio y sus pensamientos, pero nadie hizo algo. México conducía y parecía estar muy concentrado en eso, mientras que Chile y Argentina miraban por la ventaba cada uno en su lado. David estaba de copiloto mirando nada realmente, cuando el vehículo se detuvo ya arrimado en la acera, Chile y Argentina se bajaron despidiéndose.

El lugar era una calle completamente iluminada por los faros de luz, algunos hombres caminaban por la acera. Argentina se acercó a la ventana del conductor, hablaron cortamente, más que todo México, Colombia se encontraba distraído, perdido en el vidrio ahumado de su asiento.

Cuando México por fin subió el vidrio de su puerta, arranco el auto sin decir más. Ambos se hallaron en un profundo silencio que parecía absorber el aire volviendo el mismo denso y pesado. Ambos se habían vestido para la ocasión, era una reunión, hacía mucho tiempo que no asistían a este tipo de encuentros, con este tipo de personas, en estos momentos tan cruciales de su vida, pero con la razón de relajarse y distraerse de lo que Nicaragua pensaba era estrés y pensamientos innecesarios. Se esperaba que esa noche, esa misma noche partiera el barco "La Dama Unión" rumbo a España, como había sido planeado, justamente cuando David Santander pisara la entrada de ese salón de eventos el barco abandonaría el puerto, había prepara todo para que fuera así, había hecho todo posible para ese momento, hecho llamadas, arreglado toneladas y consultado con Antonio y este muy gustosamente había aceptado a su petición. Acepto por el simple hecho de que México estaba con él. España sentía un cariño especial por el mexicano.

Quizá el largo recorrido a ese lugar no era de mucha ayuda cuando era víctima de muchas voces en su cabeza, que se reunían a su alrededor, como personas con tono susurrante que le traían recuerdos, dolorosos, reprimidos, algunos graciosos. Se encontraba sumergido, en una sala de cuatro paredes. Inmóvil y presionado.

No podía hacer nada. No podía hacer nada. Solo tenía que seguir el juego. Solo tenía que esperar ¿pero por cuánto tiempo? ¿Por cuánto tiempo tenía que esperar?. Se sentía tan impotente, tan incapacitado.

Pego la cabeza del vidrio de la ventana mientras que el vehículo seguía en movimiento, el aire acondicionado le golpeaba en el rostro, enfriando su nariz y haciéndole cerrar los ojos para que no se secaran, México lo observo de reojo, luego volvió al camino, donde se intentó concentrar. No había pasado desapercibido para el comportamiento de su patrón. Para él no era nada aquella reunión, era algo impuesto, ganas no le faltaban de dar vuelta en U y retornar a casa donde seguramente David se encerraría en el cuarto –no sin antes comer— y no salir hasta la mañana siguiente o si el clima no ayudaba hasta la tarde.

Había pasado antes, cuando Haití murió.

Solo estaba profundamente deprimido y no había tenido el tiempo para desahogarse, era normal, David era joven y aunque era joven parecía ser un adulto maduro y experimentado en mucha cosas, menos en internalizar los sentimientos, y esperaba que para esa reunión a donde se dirigía no tuviera sentimientos. No lo sabía, quizá y solo quizá, David se estaba preparando mentalmente para aquel encuentro después de todo la experiencia le había enseñado a no improvisar nada, apegarse a un plan, improvisar podía desatar muchos inconvenientes…ya habían tenido experiencia en eso. Habían pagado caro por improvisar y por no tener un plan.

Si, seguramente David estaba meditando acerca de cómo debía comportarse en esa reunión, según parecía, iban a asistir personajes importantes e influyentes, quizá algún representante de algún político –nunca se les ve en estas reuniones de forma presencial— algunos proveedores, otros más y si tenía suerte quizá una mujer bonita. Desconocía quien más podía asistir a ese tipo de encuentro, a lo mejor algún representante de la policía, porque nadie era completamente inmaculado en ese mundo y la policía del país tenía un largo cordón que podía incendiarse en cualquier momento.

Entraron al estacionamiento y lo hallaron lleno.

Se estacionaron y David se alejó de la ventana al detenerse, se quitó el cinturón de seguridad y se prepararon para salir de automóvil. Afuera hacia frio, el estacionamiento era enorme, como era de esperarse, caminaron por la acera de la casona y al llegar a la entrada de esta un hombre que parecía ser un portero los recibió, junto a él estaban dos hombres grandes y musculosos que no cabía la menor duda de que eran la seguridad. El recibidor les dio la bienvenida y México le dijo los nombres, no los nombres de pila, por supuesto.

Le dieron indicaciones, entraron al lugar luego de ser revisados, era un evento festivo, no se podían ingresar armas, no importaba quien fueras.

Subieron las escaleras de mármol y se encontraron con una enorme puerta de madera abierta a los invitados, su interior era enorme y estaba bien iluminado con tenia una larga mesa de bocadillos en el centro, otras más se dispersaban por el salón, camareros desplazaban las bandejas con champaña o vino y David arrugó el rostro no veía ron por ningún lado. Se alejó de México y se acercó a la mesa de bocadillos sin saludar a nadie o ver. México se quedó por un momento en su lugar antes de ir con él. Observo como David se decidía en que escoger, todo realmente se veía apetitoso, que no sabría ni que escoger el mismo, David no escogió nada, metió las manos en sus bolsillos de su pantalón negro y suspiro suavemente, un suspiro que casi no se sintió.

El salón estaba llena de gente y estaba completamente seguro que no quería conocer a nadie. Ni a las chicas lindas. Nadie.

Solo era David y su aparente indecisión por que probar primero.

—Patrón – México hablo por primera vez desde que condujeron hasta allí.— Si no se siente bien, podemos irnos, sabe que no importa….

David no volvió el rostro hacia él, ni se movió o dio indicio de querer encararle como siempre lo hacía cuando le hablaba.

—No. Me siento bien –Mintió muy hábilmente — ¿Qué crees que sea eso? –Pregunto al aire con una voz no propia, México observo la mesa con aparente interesa.

—… ¿Cuál?— Pregunto entonces.

—Esa cosa rosa… —

—Creo que es salmón.—

—Hmmm…

David no dijo nada más. Paso los ojos por el mantel de la mesa, hasta sus pies, y México se extrañó un poco que inclinara un poco la cabeza, luego el colombiano se enderezo poco a poco volviendo a su posición inicial. Al poco tiempo, silencio entre ellos volvió a emerger renuente a irse totalmente, aunque hubiera música, luces, los comentarios de los personajes a su alrededor y un ambiente de aparente diversión, México identificó un completo desierto dentro de la cabeza del colombiano. Ni siquiera presto atención cuando una mujer se le acercó y le pregunto a cerca de él.

David hizo un gesto con las cejas como si su cadena de pensamiento fuera interrumpida y lo fue. Fue interrumpido por ella. Volvió a verla, era una mujer joven de cabello negro corto por el cuello, la observó por un momento más antes de decidir si responderle o no. Ella lo vio confundida.

—Cáterin. Veo que ya conociste a David— Aquella voz saco totalmente de su ensimismamiento. México por arte de magia apareció a su lado…o ¿siempre estuvo con él?, en fin no importaba.— Es un gran negociante, hoy mismo se concreta un gran negocio que nos beneficiaran a todos

La mujer parecía francamente sorprendida, observo a David con sus ojos abiertos y una sonrisa.

—¿En serio? Un empresario a tan corta edad – Cáterin parecía impresionada— ¿Dónde trabaja usted? . –Pregunto entonces mirando a David que le devolvió la mirada tan frio como una roca

—…Flores – Le respondió sin más –

—Oh, que hermoso –Miro a Nicaragua – Amo las flores… ¿Y usted? –pregunto a México que hacia un buen papel de observador.

—Ah…Licores – Respondió rápidamente— Exportaciones a Europa.—

Cáterin asintió. Satisfecha.

—¿Cómo se conocieron?—Pregunto — ¿Las flores son buenas para tu negocio de tabaco, José?

Nicaragua sonrió y negó con la cabeza.

—No, no lo es, lo que pasa es que David es alguien muy humilde para admitir sus otros negocios. – Se detuvo a reír entre dientes en un momento y luego se tornó serio – Lo siento, ojala lo hubieras conocido antes, está preocupado en estos momentos.

—Oh ¿en serio?— Cáterin volvió los ojos a el aludido que parecía ser un maniquí en ese espacio — ¿puedo preguntar que le preocupada?...

David la observo entonces. México observo a David con disimulada preocupación.

—Los accionistas de la empresa. La junta directiva sabe cómo son ¿verdad?. –

—Como no, espero no tenga inconvenientes en el futuro, me encantaría saber más de su empresa ¿se desempeña en otra rama? –

David observo a México, y fue cuando dijo

—Compre algunas acciones en la empresa de Licores de mi amigo, y en el aceite de Oliva de otro amigo en España. La Empresa realmente es italiana, pero detalles menores. –

La mujer asintió nuevamente sonriendo con una encantadora actitud.

—Eso se escucha sorprendente, tiene muchas relaciones internacionales –

—No es la gran cosa, es demasiado trabajo— Se atrevió a decir México, en parte cierta, en parte mentira. El Mexicano tomo una copa de vino de un bandeja que pasaba cercana, lo tomo pero no la bebió al momento — Además los italianos son muy temperamentales.

David asintió y apretó los labios en un gesto de concordancia, y ese gesto fue el más humano en toda la tarde.

Nicaragua sonrió, y fue la sonrisa más falsa de toda la noche, David que seguía todos sus gestos y movimientos, la observó y le dio algo de grima.

—¿De verdad? – Cáterin parecía estar intrigada.

Pronto alguien pareció hacerle señas a Nicaragua desde el otro lado del salón y fue con ellos luego de despedirse cortamente.

—Tenia entendida que son personas muy apasionadas.

—Con la pasta y los tomates quizá – Le dijo México y rio un poco para aliviar la atmosfera tensa que David estaba creando con su silencio – Y a las mujeres obvio.

—¿Se encuentra bien, Señor David?— le pregunto cáterin con sincera preocupación – está muy callado.

El colombiano arqueo ambas cejas con un gesto frívolo.

—Si…—Le dijo entonces con una voz congelada – Me disculpo que no sea tan metiche como usted, Cáterin...

—Yo no…

David arrugó el entrecejo con desagrado ante el gesto de triste indignación de Cáterin, oh no, ¿ahora qué? ¿Lloraría? …había herido los sentimientos de una mujer y ¿debía sentirse mal?.

—Lo siento yo…no era mi intensión.—

México tenía los ojos como platos, miro a David y luego a Cáterin que era puñalada con la mirada del colombiano como si intentara cumplir el plazo de tiempo requerido para trasmitir su profundo desagrado. Inconmovible.

—David, creo que estas exagerando.

El colombiano bufó.

—No creo que exagero. No me gusta la gente tan preguntona.—Le espeto a México pero sin volver a verlo, más bien tenía la mirada clavada en la mujer que estaba roja de vergüenza e indignación.

Luego de unos segundos en donde David relajo la expresión de su rostro, se retiró de la mesa con absoluta calma. México lo vio por unos segundos; se desplazó a los muebles en la esquina del salón, en total silencio y calma.

Volvió entonces hacia Cáterin.

—Lo siento. Señorita— Le dijo con un real sentimiento de contrición – perdónelo, está pasando por un momento complicado.

Cáterin aún no salía de su indignación y vergüenza

—No es motivo para tratar así a una dama.—

—Lo sé, aunque realmente él no le gusta que le pregunte a cerca de su vida—

Cáterin emitió un Hmp muy notorio.

México tuvo que compensar a Cáterin de su ofensa –aunque el también concordaba con David en su curiosidad—, paso la primera hora con ella, hablado de trivialidades totalmente cotidianas, ella era una mujer soltera, secretaria de un empresario de Azúcar del país. Las horas siguientes se integró a un pequeño grupos de personas, nada fuera de lo corrientes, comerciantes, empresarios, ejecutivos, gente sin importancia. México se sintió envuelto en una extra sensación.

La tranquilidad de hablar de cosas triviales, allí donde estaba, nadie iba a matar a nadie, nadie iba a hacer un plan elaborado para sacar un barco de apuros, nadie iba a usas códigos o secretos. Y rio. Rio alegremente por primera vez de una estupidez, la exesposa de Vladimir.

Volvió entonces la mirada hacia la esquina del salón, donde David estaba acompañado por increíble que pareciera, no era alguien muy alto que digamos, pero no parecía ser una incomodidad para el colombiano que estaba absorto en una conversación unilateral por su parte, solo escuchaba.

No supo cuánto tiempo paso, pero Cáterin y sus demás semejantes— civiles comunes del mundo de los negocios – se despidieron pasada la una de la madrugada, México pensó que era conveniente que él se retirara también, se levantó del sofá, camino por el salón, aún estaban algunas personas, cambio de pensamiento cuando noto que solo eran de seguridad.

David se encontró con él, en el centro del salón, y noto que su acompañante también se retiró cuando palmoteo la espalda del colombiano con familiaridad.

—Buenas noches, Joven— Dijo y se marchó. David no le respondió al momento, solo lo vio irse. Miro entonces a México.

—Me quiero ir ya –Fue lo que comentó escuetamente y metió la manos en los bolsillos de su pantalón.

México se veía confundido.

—Este bien. ¿Qué paso? ¿Hiciste un nuevo amigo? –Pregunto con cierto entusiasmo el mexicano que le observaba con atención

Colombia hizo un gesto desapasionado, no era un amigo como tal, el señor solo se sentó a hablar acerca del mercado de pescado y mariscos. Le dio casi todo una tesis a cerca del asunto. David no le veía muy importante, había otro negocio que esperaba aclarar a continuación.

Dos hombres los acompañaron a una puerta de madera blanca cerca de un pasillo donde entraron, Varios asientos estaban reunidos en un pequeño y cómodo círculo donde una mesa de vidrio estaba en el centro.

Visualizaron la habitación, no había ventanas, era totalmente blanca y el piso de madera estaba impecable, estaba muy bien iluminada, detrás de los asientos había una especie de barra de mármol claro, que tenía algunas botellas con licores,

A los pocos segundos escucharon unos susurros en la puerta y entraron tres hombres, David al momento no reconoció a ninguno de ellos, así que en el trascurso que estuvieron acercándose para sentarse en el espacio vacío a ellos los detallo con minuciosidad, sabía entonces, que eran un trio de cuarentones. Sus trajes de oficinas le decían que seguramente no era muy diferentes a los que había visto en la reunión minutos antes. Se preguntaba aun ¿Por qué la fiesta se había terminado tan pronto?

No se detuvo a pensar mucho al respecto cuando Nicaragua apareció, como único anfitrión y responsable de este pequeño encuentro.

—Buenas noches — Dijo muy felizmente y esa felicidad de causo una desazón al colombiano más que razonable, se escuchaba hipócrita. – Ya que nos hemos dispersado lo suficiente podemos hablar con más tranquilidad.

La mayoría miro a Nicaragua.

—Gracias a la ayuda de estos dos caballeros aquí presentes, pudimos cumplir con su pedidos mis estimados— Se refería a los tres hombre que estaban frente a los ya mencionados, estos observaron a México y a Colombia con cierta incredulidad.

— ¿Ellos?—

México arqueo una de sus cejas, pero David no hizo gesto alguno, esperaba que los hombre agregaran algo más a su pregunta.

— ¿Ustedes son Colombia y México? …—Pregunto un segundo de ellos con clara intriga, siendo un poco más educado que el primero. –

Ninguno de los dos respondió, no al momento, parecían pensárselo.

—Tenía entendido que Colombia era un personaje influyente, según Nicaragua, era un poderoso capo.—

David se rio suavemente sin abrir los labios, sonó como una risa infantil y reprimida…

—…Un capo no muy popular –

—A diferencia de Nicaragua, claro. –Dijo David con una pequeña sonrisa en su rostro— No soy tan…llamativo.

Nicaragua sonrió y resoplo como si aquel comentario fuera inofensivo para él y lo era, por que David estaba conteniéndose de ser lo crudamente sincero.

— ¿Usted es Colombia?—

Este asintió sin más.

— ¿Y usted?— Le pregunto el segundo a México que aquella pregunta le había tomado un poco descolocado –

—Ahmm…Soy México –

— ¿Y qué hace? – Le pregunto el primero con una mirada suspicaz –

—Mato gente que pregunta mucho.

—Deberías hacer eso con Caterin – Aconsejo David sin más—

México le regalo una mirada en discrepancia

—No mato mujeres, sobre todo si son bonitas —Le dijo sin más y volvió a ver a los tres hombres— pero si, mato gente, entre otras cosas más desagradables. ¿No creen que somos nosotros?...No sé qué cosas les habrá dicho Nicaragua…pero…si preguntan mucho tendré que matarlos ¿o no jefe? –Miro entonces a David que asintió con tranquilidad.

Luego volvió a ver a los tres hombres que estaban algo sorprendido y una pisca de miedo se reflejó en sus ojos. Mexico sonrio y fue cuando dijo:

—Tranquilos, era una broma. –

Nicaragua sonrió poco a poco.

—Ellos fueron los que facilitaron la salida de todo – hablo en nicaragüense— Sin ellos hubiéramos tenido muchos inconvenientes.

David asintió notoriamente solo una vez y se acomodó en el asiento como impaciente.

— ¿y Ustedes son clientes de Nicaragua? Me imagino—

El segundo asintió sin más.

—Ah, ya veo –David sonrió y fue la sonrisa más falsa de toda la noche – Verán, pasaba por un mal momento para cuando Nicaragua me llamo y quiso hacer este negocio conmigo, intentaba matarlo y bueno, tal vez no sepan como sea todo esto de las mafias y protocolos, pero de verdad estaba tentado a no hacer esto por ustedes. He perdido a dos personas importantes en estos meses…y lo que menos quería era liarme con el responsable…

—Luciano lo mataste tú –

—Si…pero por tu culpa claro.—Le respondió el colombiano simpáticamente— y luego también mataste a Julián. ¿Verdad?

Nicaragua arrugo el entrecejo. México observo a David con sorpresa disimulada, como una súplica silenciosa a que se callara

—…Yo no mate a tu Juliancito –Le respondió el Nicaragüense con cierta ironía—…No me digas que lo has matado ya para no tener nada que te detenga.

México observo a Nicaragua con algo de molestia, los tres hombre parecían estar desconcertados y lo estaban, miraron a Nicaragua y a David varias veces pero sin encontrar respuesta.

—… ¿Mataste a Juliancito? –Pregunto Nicaragua queriendo aclarar la situación de una jodida vez—…Maldición, eres un cínico, Colombia, yo que pensé que eso te detendría un poco, veo que no te has vuelto blando con el tiempo.

El nicaragüense soltó una carcajada.

—Disculpen. ¿Qué está pasando aquí?— pregunto un tercero de los hombres.

—Una historia de amor; vera, Colombia asesino a mi fiel pareja una tarde de Julio, si no mal recuerdo y no se me va a olvidar , imposible, en el escape, tomo a un rehén con un recién graduado de ingeniería que ha sonado un poco en los medios por corto tiempo…bueno, nuestro querido colaborador, lo tomo rehén, pero no pidió rescate ni nada, solo se quedó con él por más de siete meses…—Nicaragua sonrió – Y no dio intensiones de devolverlo…se preguntaran por qué.

Colombia clavo los ojos en el caribeño con un aire de frialdad

—No sé el motivo exacto, pero comencé a pensar que quizá ya lo habia asesinado, Colombia no es muy humano que digamos…pero luego me entere que seguía con vida…y pensé y pensé…y logre determinar que tenía sentimientos por el muchacho – Nicaragua se quedó mirando al vacío, como si hubiera llegado a una zona desconocida de la conversación— ¿no es eso lindo?...querer a alguien.

Hubo un momento de silencio. Corto, pero pesado.

—Así que me moví un poco, y él se movió un poco, y busque información acerca de él muchacho. Era joven, soltero y apuesto. – Tocó el hombre de uno de los clientes en familiaridad – es un mundo moderno y sé que ustedes –Miro a los tres clientes— no tendrán ningún prejuicio contra sus inclinaciones amorosas…además, Juli es un chico lindo e inteligente.

Noto un gesto de irritación por parte de ambos amigos.

—Y fui a buscarlo. No contaba que estuviera tan lejos de él, pero me sorprendí de que México estuviera llevándolo a su casa con la mayor discreción y fue toda una persecución según sé…pero no pude tenerlo, verán me hubiera encantado conocerlo…pero es una pena, quería ser yo quien lo matara.

David se levantó como si una corriente eléctrica lo obligara, era la ira.

—Tú lo mataste—

—No, yo no lo hice, lo hiciste tú – Le respondió, México se levantó y a su vez Honduras y Belice lo hieren igual, señal de advertencia. –

David observo a Nicaragua, y poco le importo que no estuvieron solos.

—…No me mientas.

—No lo hago. Lo acabas de decir tú, ¿no?. Tú lo mataste. De verdad me sorprendes. Pensé que te habías ablandado, pero sigues tan fiero como siempre. – Nicaragua hizo un gesto con la mano y sus dos matones se relajaron— Estoy verdaderamente impresionado. Pensé que te tenía con Jul, pero me equivoque…En fin, no importa, hay otras cosas en que enfocarnos ahora…

Colombia hizo un gesto con el labio, en total desaprobación, abrió los labios para replicar y su teléfono sonó. Puso los ojos blancos en cuanto eso pasó. Nicaragua espero a que contestara.

Argentina estaba en la línea. Miro su teléfono, miro su teléfono por largo tiempo, pero no respondió.

— ¿Es algo importante? – Pregunto Nicaragua—

—No. –Apago entonces el teléfono – solo dime lo que tengas que decirme y me iré a casa. No te soporto—

Nicaragua se vio algo decepcionado, esperaba que Colombia fingiera algo de cortesía, pero era implacable incluso en la paz.

—…Bien.

Nicaragua abrió los labios para hablar cuando alguien toco la puerta. Guardo silencio y David frunció las cejas, Nicaragua no se movió y cuando tocaron por segunda vez, afilo la mirada, que extraño. Belice se encamino hacia la puerta con precaución. Nicaragua no le quito el ojo de encima.

Abrió la puerta...

.

.

.

Belice cayó muerto en el piso a los pocos segundos.

Los presentes se paralizaron, Nicaragua abrió los ojos como platos, el cuerpo de Belice estaba en el piso soltando sangre por la cabeza. Alguien entra, es una mujer. Una mujer con una pistola en la mano, no era muy alta, pero su cabello castaño era corto y sus ojos verdes, hermosos y con una mirada peligrosa. México apretó los labios, detrás de ella, Un hombre alto con una bufanda y una arma larga en su mano derecha. Su cabello rubio estaba peinado hacia arriba, y una cicatriz en su frente, su expresión era inescrutable. Serio.

Bélgica y Holanda estaban allí.

—Mierda. – México sabía lo que eso significaba.

Holanda miro a los presentes, dijo algo en un idioma que ninguno conocía y Bélgica lo tradujo al español.

— ¿Quién de ustedes es Nicaragua?—

David miro al nombrado que aún no se movía.

Holanda dijo algo más y Bélgica le respondió

— ¿Quién es Colombia? –

— ¿Quién quiere saberlo? –Pregunto este con una voz incapaz de expresar emoción—

Holanda le fulmino con sus ojos claros al momento que Bélgica lo tradujo. Luego esta misma le ordeno.

—Todos los que no hayan sido nombrados salgan de la habitación. –

Los tres hombres se levantaron con algo de temor, muy justificado, Bélgica les apuntaba con su arma en la cabeza a uno de ellos, cuando pudieron pasar por el cadáver de Belice sin pisar la sangre, salieron por la puerta bajo la mirada de Holanda que era profunda y atemorizante. Luego de un momento México se levantó, dispuesto a irse y antes de acercarse a la salida Bélgica lo detuvo con la mano.

— ¿Eres Francisco? – Pregunto al verlo bien y confírmalo— Quédate.

México no comprendió del todo pero al ver a Holanda supo que tenía que obedecer, retrocedió lentamente hacia donde estaba anteriormente, fue entonces que Bélgica bajo el arma, y salió de la habitación con pasos rápidos, como si estuviera haciendo aquello con mucha rapidez pero eficacia, la sangre de Belice casi llegaba a la entrada.

Nicaragua intercambio mirada con Colombia y México.

— ¿Qué es todo esto?—Le pregunto Nicaragua a el colombiano

—No tengo la más puta idea…—Miro a México— ¿y tú?

México apretó los labios y negó con la cabeza. Entonces, recordó la llamada de Argentina que no había contestado. Maldijo mil veces en su mente, maldición, maldición.

Seguramente lo estaba llamando para advertirle, no importaba, de todos modos hubiera sido muy tarde para salir de allí si atendía la llamada.

Pero ¿Cómo se habían enterado? ¿Cómo se había enterado?...¿quién le había informado donde estaban?. Colombia miro a México y luego a Nicaragua.

Honduras seguía estando en la habitación.

Alguien está hablando afuera sonaba molesto otro se escuchaba tranquilo. Dos hombres estaban en la puerta.

Antonio estaba en la puerta. Antonio estaba en la puerta, Antonio estaba en la puerta, México tuvo que repetírselo varias veces.

España estaba allí. Oh mierda, no.

Tenía una indumentaria cómoda, sencilla, pero decente. El calor del sur le hacía bien a su piel y su cabello corto y castaño estaba decentemente peinado. Tenía una simpática sonrisa en su rostro al ver el cuerpo de Belice en el piso y tuvo mucho cuidado de no pisar la sangre al entrar. El otro hombre era alta, más alto que Holanda, tenía una bufanda corta y su sonrisa era infantil y sus mejillas sonrojado, parecía un personaje infantil, mas infantil fue cuando rodo el rostro del cadáver con el pie y pregunto.

— ¿Esta muerto?— Su acento era duro y fuerte, volvió a la puerta donde alguien le respondió. España miro a este

—Rusia, amigo mio…está muerto ya, no lo toques –Le pidió amablemente—

Rusia, el más alto de todo, dio un gran paso que para sus piernas no fue ningún esfuerzo, sin embargo sus pasos eran ligeros.

Cuando España volvió a ver a los invitados a cada uno de ellos y…frunció el ceño. Sacó su pistola, y apunto al frente. La bala provoco una explosión al salir disparada, nadie se movió. Nadie respiro.

Colombio no sintió nada. Nada anormal en su cuerpo, todos se miraron con sorpresa. Volvieron detrás de ellos. Honduras estaba echado en el mueble. Una perforación en el pecho llenaba su traje de sangre.

—Creo que dije los nombres de quienes estaban invitados. — Susurro España y miro a Holanda que solo lo observo con su mirada penetrante pero no hubo palabras. – bien, ya no importa.

—¿Qué estás haciendo aquí, maldito? – Pregunto Nicaragua, ya harto, la ira estaba marcada en su rostro. –

Antonio parecía estar complacido ahora, sonrió con simpatía, se acercó y Nicaragua retrocedió algunos pasos. México tenía todos sus sentidos alerta. Rusia se trasladó con calma a uno de los asientos y Holanda se quedó cerca del español.

—Estoy a punto de hacer lo que se ha debido de hacer desde hace….—España se detuvo a pensar con real concentración – tres…¿cuatro años? No lo sé, no llevo bien la cuenta.

—¿de qué coño estás hablando?

—De matarte, por supuesto, tio – España sonrió y su ojos verdes tan vivos se oscurecieron al ver al caribeño – de eso se trata. Es de lo que siempre se ha tratado. ¿No es verdad, Colombia?—

El nombrado apretó los dientes con resignación. Algo de temor y una sensación horrible en su estómago. Se sintió regañado.

—Ustedes tres, mis hijos…—España se sentó en el mueble libre, rodeando a el caribeño que aún no salía de su impresión— peleándose, matándose unos a otro…yo pensé que les había enseñado bien…

El español suspiro con una aparente tristeza.

—Esto no es bueno para el negocio. –

David no le quitaba la mirada de encima, luego observo a el ruso que no parecía pintar nada en todo esto ¿Quién coño era el?, estaba muy relajado, sentado en el mueble a su lado, como si esperara algo.

—…México estoy muy decepcionado de ti –confeso España y volvió a verlo con una sonrisa – de verdad no esperaba que habías caído tan bajo.

— ¿Qué quiere, Antonio? -Pregunto Mexico, con una voz moderada-

—Bueno, vine porque tenía un…acuerdo con el Señor Braginsky –y miro a Rusia— que tal vez podía interesarle a David, pero creo que ya no pienso hacer dicho acuerdo. Lo siento Iván

Este sonrió.

—Descuida, Iván está feliz con esto, de todos modos. – Y sonriendo observo al Español. –

—Yo sé que sí, hombre… —Antonio sonrió tanto que mostró todos sus dientes— Sera el castigo de David por engañarme…Si, David, lo sé todo, sé que esa mercancía no es tuya, sé que estas con Nicaragua, sé que quieres mi favor…lo sé todo. Absolutamente todo

—Carajo—

—nada pasara a Europa si yo no lo permito. –

Nicaragua apretó los dientes y su mandíbula comenzó a arder. ¿Cómo? ¿Cómo era posible? Vio un gran edificio caerse sin poder detenerlo, como arena yéndose por sus dedos. Maldición, maldición. Una sensación de impotencia le golpeaba el orgullo.

— ¿Qué?, no, es mía, devuélvemela. No tienes derecho. –Nicaragua estallo, se encaró con España, se inclinó sobre el con sus ojos inyectados en sangre – Maldito desgraciado, ¿Quién te crees que eres para hacer todo esta mierda?

España se quedó en silencio, tenía la boca del arma apuntándole el estómago al caribeño pero sin disparar. Nicaragua tampoco se acercaba más de lo necesario, una parte de el dudaba que su vida terminaría allí, estaba tan encendido en ira, impotencia y rabia que no le importa quien estuviera al frene de él.

—Soy España. –Le respondió con su mirada ensombrecida –

—Quiero mi mercancía. –

—Lo siento, ya es mía. — Entonces frunció el ceño — …Si la quieres tendrás que pagar por ella. Ahora siéntate, niño malcriado, o te disparare en la rodilla y eso duele mucho.

El caribeño se tragó sus palabras, Holanda le estaba apuntando con su escopeta. Nicaragua retrocedió y se sentó en el reposabrazos del mueble justo al lado de Rusia.

—Bien. — España suspiro complacido – Ustedes dos par de inútiles piensan que tienen a todos comiendo de la palma de sus malditas manos ¿no?... Pues ya saben que no es así. Lo es todo. Y con todo me refiero a todo lo referente a ustedes dos.

Hubo una pausa corta.

—Lamento lo de Luciano, Colombia, pero tranquilo él se lo merecía. Bueno, Julián no corrió con suerte.

Nicaragua arrugo el entrecejo, pero no vio el momento para manifestar su discrepancia.

—…Nicaragua tu mercancía va a entrar a mi territorio, pero automáticamente será mía, y solo mia. Espero que lo entiendas, es el precio por matar a tus hermanos. –Le dijo el español con una paternal paciencia – y Colombia, no creas que me he olvidado de ti. También tendrás tu castigo por esto.

España volvió a ver a México.

—Tú y yo tendremos que hablar luego. –

Mixco asintió con la cabeza cortamente, pero no lo observo.

—…Ahora bien. –España se levantó de su asiento – Ya hice lo que tenía que hacer y…Rusia puedes adelantarte si así lo deseas.

Rusia se levantó sin más, dio las buenas noches a los presentes y salió de la habitación al poco tiempo. Bélgica lo acompañó afuera.

México observo cuando Rusia se marchó y bajo los ojos en un gesto difícil de interpretar, apretó los labios y se sintió derrotado. Inútil. El también tenía un pequeño edificio construido y se ha desmoronado al momento que España había aparecido.

—Bien. Buenas noches, caballeros, recuerden lo que les dije. Vamos México, muévete

— ¿Qué?

—Vienes conmigo, tenemos que hablar—

—No, él no se ira a ninguna parte. – Colombia hablo por primera vez—

España no parecía estar muy satisfecho con eso, su simpatía expresión cambio radicalmente. Fue hasta donde estaba Colombia, la presencia del español era asfixiante y sus ojos verdes muertos se clavaron en el. Pego el frio metal del arma en los labios del colombiano con brusquedad.

—Calla…—Le ordeno— yo doy las órdenes aquí, niñato. Voy a volarte la puta lengua si vuelves a hablar.

Colombia apretó los labios, pero fulmino a España con la mirada, a este poco le importo. Jamás se había sentido tan impotente en su vida, era como un niño frente a su padre.

México se levantó.

—Está bien…iré, tranquilo Antonio – México lo apaciguó con una voz moderada.

España renovó su expresión.

—Perfecto. — Sonrió y aquella expresión fue demasiado aterradora para el colombiano, que se quedó quieto en su asiento. – Vámonos. Holanda. Lleva a México al auto…yo me adelantare en un momento.

Holanda salió y México también. Todo en completo silencio. Mientras España le advertía a Nicaragua con una mirada que no se moviera.

Hubo un gran silencio. Un gran y denso silencio que era insoportable. España observo a David y a Nicaragua. Y luego sonrió como solo él podía haberlo, con simpática crueldad.

—Quiero matarlos a ambos…de verdad, chicos. –Confeso entonces el español escuetamente— ambos dan muchos problemas. Demasiados. Los problemas no son buenos para los negocios.

Suspiro pesadamente.

—Esto tiene que ser una dura decisión para una padre, pero…la verdad es que no lo es – Admitió como si estuviera divertido, es que Antonio era un buen hombre, cuando estaba tranquilo, cuando no, era algo desequilibrado. – Quiero que uno de los dos muera, y sufra…en demasía, quiero que el que tenga que morir sufra…tanto, que rogara por morir rapido.

Sus ojos verde oliva se clavaron en David.

—Tú entiendes, ¿verdad, Colombia? ¿Sabes a que sufrimiento me refiero?

Este lo observo con desconcierto por un momento antes de que desviara la mirada, España era demasiado aterrador en ese momento, no podía mantenerle la mirada, no podía enfrentársele, su mirada era densa. Nicaragua en cambio estaba hirviendo en ira, lo vio como si le desafiara. Pero España jamás lo encaro. Al ver que Colombia no buscaría la forma de corresponderle la mirada, dejo de observarlo.

—Claro que lo sabes…—dijo con una voz ajena. – La fortuna favorece a los valientes…

David observo a España de reojo y solo encontró una marea azul vigilándolo; Julián estaba observándole desde arriba con sus grandes ojos azules. El colombiano casi hecha a llorar, pero solo se humedecieron sus ojos. Se sentía aún más débil, más vulnerable, la mirada de Julián lo acusaba, lo victimizaba.

Lo próximo que escucho fue un disparo, Nicaragua grito y gruño de dolor. España le había disparado en la rodilla. El dolor era tal que el caribeño cayó al piso y se golpeó el brazo con la mesa de vidrio.

España lo vio desde donde estaba y sonrió. Miro a David alegremente. Nicaragua tomo el pie de España y apretó el tobillo por el dolor que experimentaba. España le disparó en el brazo y el grito envió un cosquilleo en el estómago a David. Apretó los labios ente confundido e ido. Miro a Nicaragua con detalle, estaba sintiendo placer por su dolor.

—Y tú, has sido muy valiente, hijo. – Dijo España con una sonrisa de oreja a oreja, le entregó el arma —…


Muchas gracias a todos los que han comentado y leido esta historia. Espero dejarlos satisfechos a todos. Gracias de verdad.

DamistaH.