A/N: Seguimos por acá :) No soy doctora ni nada parecido. Las cosas que he usado/usaré en referencia del caso médico es manipulado a mi forma para seguir la historia. Saludos!
Había sido una buena mañana para Emma. James le acababa de decir que el auto estaría listo en un día y, por lo que había llegado a ver, estaba quedando mejor que antes. Ahora solo tenía que hacer una llamada.
—Doctora Cuddy.
—Es Swan.
—Lo sé. Pensé que ya estarías de regreso Dra. Swan.
—Sobre eso… Voy a necesitar unos días más. En si llamaba para pedir el resto de la semana. Tuve un accidente y mi carro aún…
—Espera ¿Tuviste un accidente?
—No ha sido nada grabe. El escarabajo terminó peor.
—Swan.
—Preferiría que no le digas a mi equipo o a nadie más, especialmente a August, ya que de alguna forma —elevó su tono, fingiendo sarcasmo—. Se enteró de mi pequeña aventura.
—Está bien. Entonces una semana… ¿Cómo está el caso?
—No tengo caso ¿Recuerdas? Solo estoy de vacaciones.
—Recibí una llamada del hospital de Storybrooke ¿Recuerdas todas esas autorizaciones que tuve que conceder?
—Cierto. No, no recuerdo. Vacaciones —repitió, divertida. Era demasiado fácil molestar a la pobre mujer al otro lado de la línea.
—¿Sabes lo que estás haciendo, Swan?
Emma permaneció callada por un instante antes de responder.
—Claro. Estaré en contacto siempre que sea absolutamente necesario.
—Ten cuidado, Swan.
Bueno, eso no había sido tan malo como esperaba. Una notificación de mensaje de voz aun aparecía en un rincón de la pequeña pantalla. Era un mensaje de voz de August. No quería hablar con él en ese momento.
—Emma ¿quieres que te arregle el asiento de pasajero también?
—¿El asiento? ¿Qué tiene? —Se apresuró a ver lo que el hombre le indicaba con el dedo, y ahogó un gemido al ver el desgarre en el asiento. —Sí, por favor, si no es mucho trabajo.
—Me tomará un tiempo más —avisó.
—Comprendo. Puedes tomar el tiempo necesario, ahora estoy de vacaciones por una semana más.
—Me alegro. Siempre es bueno tener un descanso.
—Tienes toda la razón, siempre hay que… perdón, tengo que responder. —El número en la pantalla era desconocido, así que imaginó que sería de alguien en Storybrooke.
—Swan.
—Dra. Swan, le habla Karla. —Se le escuchaba falta de aire, como si hubiera estado corriendo por todo el hospital.
—¿Todo bien? —Intentó no sonar alarmada.
—Necesito que venga al hospital de inmediato. Es Regina.
—Estaré ahí en tres minutos. —Colgó y se puso la capucha del poncho de lluvia.
—¿Una emergencia? Puedo llevarte en mi auto.
—No, creo que demoraríamos más así. —En lo que iba a buscarlo y encenderlo ya perdería valiosos minutos.
—¿Qué piensa hacer entonces? Emm... —Se quedó con la palabra en los labios cuando la rubia salió corriendo de su garaje.
—¿¡Pero está loca!?— pensó en voz alta, siguiendo con la mirada la figura que se movía velozmente bajo la lluvia.
Emma corrió al hospital, quitándose el poncho mojado y tirándolo afuera antes de entrar apresurada, casi resbalando en el piso mojado.
—¿Qué pasó? —Exigió saber cuándo abrió la puerta de la habitación de Regina.
—Estaba delirando. La fiebre volvió a subir. Ya le administré un antibiótico y le he puesto un I.V. Todo está anotado.
"Está mejorando, pero no lo suficientemente rápido" —pensó la doctora, arrugando el ceño.
—Gracias, Karla. —Aceptó la carpeta.
Emma leyó rápidamente las notas de la noche anterior y esa mañana. Podía sentir la mirada de Regina sobre ella, pero la ignoró de momento para revisar sus signos.
—Los resultados de la prueba de esta mañana fueron negativos. —Le decía a Regina mientras ponía su mano sobre su frente. Frunció el ceño y agarró el termómetro—. Abre la boca.
—Pensé que eras buena —susurró la morena con la voz entrecortada entre quejigos que intentaba acallar mordiéndose el labio inferior.
—Karla, busca un I.V de cloranfenicol.
La enfermera asintió antes de salir de la habitación a toda velocidad.
—Empezaré con el tratamiento para la Turalemia. Te bajará la fiebre. —Se volteó para acercarse nuevamente al monitor con los signos vitales, pero Regina la detuvo con una palabra.
—Emma. —Era la primera vez que la llamaba así.
—Todo estará bien —dijo al sentir el débil agarre de la morena en su brazo. —Confía en mí, haré todo lo que pueda para que salgas de esta. —La voz de Emma se volvió inusualmente suave, como si en realidad estuviera preocupada por ella.
—Prométeme que harás todo lo que puedas. —Pausó y tragó en seco, estaba claro que estaba sintiendo dolor.
—Lo prometo.
—No… no hagas lo mismo que con April. Jim. Jim sabrá qué hacer.
—¿Qué? —Preguntó, boquiabierta, estupefacta— ¿Regina? ¿Regina? —Ya la mujer se había quedado dormida. Todos sus signos seguían estables y eso la alivió, pero no podía dejar de pensar en sus palabras.
"… no hagas lo mismo que con April" esas palabras resonaron en su cabeza por horas.
—Jim, gracias por venir en esta tormenta. Necesito hablar contigo.
—¿Regina está bien?
—Está más estable, está recibiendo un tratamiento nuevo.
—¿… más estable?
—No tienes que preocuparte, como dije está estable. Por cierto, ¿Cuándo llega Katherine?
—Su vuelo se retrasó un poco. La buscaré en dos horas. ¿Por qué me llamaste?
—Regina mencionó algo. Bueno, no dijo mucho, solo dijo que tú sabías. ¿De qué estaba hablando?
—Oh…
—Entonces sí sabes de qué hablaba.
—Claro. No sería su asistente si así no fuera.
—¿Qué era entonces?
—No le puedo decir. Regina me dio instrucciones muy precisas.
Emma se peinó el cabello con los dedos, sintiendo la frustración comenzando a crecer en ella.
—¿En serio?
Jim asintió.
—La Alcaldesa piensa en todo, es algo que siempre he admirado.
—Ya. No digas más, que solo alimentas mi curiosidad. En el momento indicado me dirás y ya ¿cierto?
—Así es.
—Con eso es suficiente. Por ahora.
—Regina es una mujer muy fuerte, Emma. —dijo el joven de repente, con la mirada enfocada en un cuadro que tenían enfrente. —Cualquier cosa que tenga lo podrá superar.
Emma lo miró de reojo. En el poco tiempo que llevaba conociendo a la mujer había confirmado las palabras del joven. Aunque la fuerza de Regina se podría confundir fácilmente con testarudez.
—Mantente firme y haz tu trabajo como debe ser. Lo que sea necesario.
—No tienes que decirme cómo hacer mi trabajo. —Su rostro se mostró indiferente, pero su tono cargaba un poco de irritación.
—Regina quería que te recordara eso. Creo que en el fondo sabía que su condición no iba a mejorar.
—Regina aún puede hablar por su cuenta.
Jim asintió con una leve sonrisa. Ya no parecía el muchacho asustadizo que la seguía mientras ella husmeaba por la casa de su jefa. Algo había cambiado en él, y no podía evitar no preguntarse el por qué.
—Estoy seguro que Katherine querrá venir directamente al hospital. ¿Deseas que le de algún mensaje antes de llegar?
—No es necesario. Hablaremos una vez que esté aquí.
—Dra. Swan, la alcaldesa ha despertado. —Le avisó una enfermera que había reemplazado a Karla durante su descanso.
—Gracias. ¿Deseas hablar con ella? —Le preguntó a Jim, pero el joven negó con la cabeza.
—Ya tengo que salir al aeropuerto si quiero llegar a tiempo. No vemos después, Emma.
Regina la buscó con la mirada adormilada, media sentada en la cama, gracias a que la enfermera le había enseñado como elevarla.
—¿Cómo te siente? —Colocó su mano sobre la frente de la mujer sin esperar respuesta. Regina cerró los ojos.
—¿Cómo crees? —Su voz estaba ronca y se aclaró la garganta, pero terminó tosiendo.
—Parece que bien. —Le alcanzó un vaso con agua y un palillo. —Úsalo, conserva tus energías.
Regina tensó la mandíbula, mirando a la rubia y luego el palillo. Ha esto había llegado… incapaz siquiera de tomar agua por su propia cuenta… y con la ayuda de esta mujer insufrible.
—¿Qué es todo esto? No tenía tantos —Frunció el ceño al ver los nuevos I.V.
—No te preocupes por eso. Lo bueno es que la fiebre te está bajando. El tratamiento está funcionando, Regina.
Regina quería sonreír. Oh, sí que quería hacerlo. Las palabras de Emma eran buenas, las mejores noticias que pudo recibir al despertar, pero su cuerpo le decía algo muy diferente. Aún sentía todo su cuerpo pesado, las articulaciones le dolían y seguía sin fuerzas.
—¿Cuánto tiempo? Para volver a estar 100%.
—Una semana, más o menos, todo depende de cómo respondas a las medicaciones. Eso es estando aquí en el hospital —avisó y humedeció una toalla para limpiar la frente de la mujer, refrescándola.
—Creo recordar que alguien hacía eso en algún momento ¿Karla? —Emma la miró a los ojos por un instante, antes de volver a humedecer la toalla y repetir la acción.
Emma asintió y Regina cerró los ojos, sintiendo la delicadeza con que limpiaba su frente. La señorita Swan era muy mala mintiendo.
—¿Recuerdas que alucinaste?
—¿Qué?
—Ya tengo mi respuesta. Hay que esperar unas horas más para ver cómo sigues respondiendo al tratamiento. —Katherine está de regreso hoy. Vendrá a verte.
La morena hizo una mueca.
—No quiero que me vea así. —confesó.
—Es tu amiga ¿No?
Regina permaneció en silencio.
—Katherine ha visto suficiente de mí en un hospital —le dijo, evitando su mirada. Emma estuvo agradecida por ello porque no hubiera podido ocultar la sorpresa que tenía plasmada en su rostro.
—No la conozco mucho, pero estoy segura que eso no le importará.
—Lo sé —susurró con resignación.
—En tu defensa, no te ves tan mal, solo cansada.
—Que amable de tu parte —dijo con una voz que rezumaba sarcasmo y Emma comenzó a reír como aquella vez; de oreja a oreja, sorprendiéndola una vez más.
Ya por la tarde, Emma estaba sentada en uno de los asientos en la sala de espera, tomándose un café, cuando la rubia llegó casi corriendo hasta la recepción.
"Finalmente" pensó, poniéndose de pie, caminando hacia ella.
—¿Cómo que no es hora de visita aún? —Le protestó a la enfermera.
—Katherine.
La mujer se giró con rabia en la mirada y se calmó instantáneamente al verla.
—Emma.
—Lo tengo, Kristen. —Se dirigió hacia la mujer sentada en la recepción, que le sonrió de vuelta.
Katherine intercambió la mirada entre las dos, sorprendida.
—He tenido mucho tiempo para conocer el staff —explicó y Katherine la siguió por los pasillos.
—Tus brazos... — dijo Katherine en voz baja.
Emma se miró los brazos, como si se hubiera olvidado que aún usaba las vendas.
—Se ve mucho peor de lo que es, te lo aseguro. El de la cara me esta sanando de maravilla. —Sonrió, señalándole con el dedo una fina línea ahora de un leve color razado, como si alguien la hubiera arañado.
—Ya veo… —No sabía qué otra cosa decir.
Emma se detuvo a unos metros de la habitación donde estaba Regina. Había pasado mucho tiempo desde que trataba a un paciente con la cercanía que lo estaba haciendo con la morena, también el lidiar con los familiares y amistades; esa era la parte que más odiaba.
—Regina está bajo un tratamiento de antibióticos por I.V., cuatro veces al día. Mínimo se tendrá que quedar toda la semana en el hospital.
—¿Pero ha mejorado?
—La fiebre ha bajado, todo parece ir yendo perfecto. Tiene un poco de nauseas, pero es normal con la medicina que se le está administrando.
—Emma, lo único que necesito saber es si estará bien. Es lo único que me importa.
Emma la miró con una mirada en blanco. Katherine estaba desesperada, aunque lo contenía bastante bien. Se había equivocado, Regina no estaba sola; Katherine era su mejor amiga, habían crecido juntas. Eran como hermanas.
—Está mejorando —respondió con un tono neutral.
Katherine apartó la mirada, inhalando aire con fuerza y dejando ir un suspiro. Claro que no era lo que quería escuchar. Quería escuchar seguridad. Una mejora definitiva, pero en el fondo entendía que era algo que la doctora no le podría asegurar.
—Gracias por ser honesta conmigo, Emma. Sabía que serías la mejor doctora para Regina.
—Estaré en la sala de espera.
—Puedes pasar también. Prefiero que estés por si necesito saber algo más sobre su condición.
Emma parecía insegura, pero la siguió en silencio con las manos en los bolsillos de la chaqueta roja, de la cual Regina se había quejado tanto.
Katherine y Regina habían estado hablando por media hora, aunque Regina le puso atención en silencio casi completo, respondiendo a las preguntas de Katherine con síes y noes. Parecían haberse olvidado de Emma que, desde que entró con la rubia, se había sentado en el rincón de la habitación, en silencio, simplemente observando la interacción entra las dos.
Emma se había sorprendido al principio. Esperaba que Katherine le hiciera mil preguntas a la morena "¿Cómo estás?", "¿Te duele algo?", etc. Pero no fue así. Para nada. La Katherine ansiosa y desesperada con la que había hablado momentos antes en el pasillo se había quedado allí. Lo primero que hizo al entrar fue sonreírle, fue su mejor intento. Luego se sentó y de la bolsa que llevaba sacó una notepad y comenzó a leerle lo que tenía escrito; casi todo era sobre trabajo.
—Y Derek estuvo de acuerdo con posponer la reunión hasta finales de noviembre —dijo y cerró el notepad.
—Todo perfecto entonces. Deberías enseñarle varias cosas a Jim.
—Ya lo hago.
—Chequea mi carpeta —dijo Regina con un suspiro.
Katherine asintió y sacó el Ipad. Emma las observaba con más atención, especialmente cuando Regina giró la cabeza para mirarla a ella por un instante.
—Me gusta el plan este. Los hermanos estarán felices. Y… —Se quedó callada, boquiabierta, como si todo el aire hubiera escapado de sus pulmones de repente—. Regina ¿Qué es esto? —inquirió en voz baja, mirándola y luego a Emma, con el ceño fruncido. Esa mirada fue suficiente para que la doctora se enderezara en la silla. ¿Acaso había leído algo sobre ella?
—Es la mejor decisión. Mi padre no podrá viajar y tú no lo harías.
—Tu padre puede venir —objetó.
—No. No puede. Le dije que no lo hiciera.
—¿Estás segura de esto?
—Sí.
Las dos asintieron, dejando una Emma muy confundida.
— Emma me dijo que estarías aquí toda la semana. En tres días te convenció, eso es algo que no esperaba.
—Yo diría que en unos minutos… —susurró la rubia y las otras dos mujeres la miraron.
—¿Que dijo, Señorita Swan?
—Nada.
—Emma, me habías dicho que regresarías ayer a NY, ¿Qué cambió? —curioseó Katherine.
— Para empezar mi carro aún no está listo. La otra razón es el caso.
— Ah. El caso —repitió, mirando a Regina de reojo.
— Me quedaré toda la semana. Solo quiero asegurarme personalmente que el tratamiento se haga correctamente.
— Ya veo.
— Katherine, ¿No has visto a James, cierto? Debe echarte de menos. Ve a casa.
— Pero Regina…
— No me moveré de aquí. —Suspiró con una sonrisa y tono amargado—. Aunque pudiera no creo que la Doctora Swan me lo permita.
—Como si eso te detendría. —Sonrió y se puso de pie, alisándose la ropa con las manos—. Vendré a visitarte más tarde. Emma, gracias… —le susurró a la rubia antes de salir de la habitación.
—Puede irse al hotel. —Escuchó Emma después de unos minutos en silencio. Regina no había dejado de mirar el techo, y comenzaba a preguntarse en lo que estaba pensando.
La doctora asintió levemente antes de retirarse de la habitación, también.
