Hola de nuevo! :DD Disclaimer: No, K-ON! no es mío, si lo fuera, tendría más de 10 temporadas, el YuiAzu sería canon y el Mitsu sería esencial en TODOS los capítulos :v
Sí, hoy llega a su fin mi primer fanfic QnQ chale(? Jajaja, pensé que no les gustaría, pero para ser el primero y tener reviews, follows y favs, pienso que no está tan mal xD
Espero que les haya gustado, me esforcé mucho para que fuera un fic de agrado :'3
Sin más por el momento, les dejaré el décimo capítulo, ¡gracias por leer!
¡Enjoy!
...
"—Nee, Doctor-chan, ¿podría hacerme un pequeño favor?—
—¿De qué se trata Ritsu?—
—Bueno, quisiera que entregara algo por mi en caso de que después de la operación, no pueda hacerlo por mi misma— Sacó una pequeña carta de su bolsillo y se la entregó al médico
—¿A quién quieres que se la entregue?— miró la carta y luego a Ritsu, arqueando levemente una ceja
—Es para Mio... yo, bueno, no puedo dársela a mis padres porque aún no lo saben, me gustaría que fuera usted quien se la entregara, pero es importante que lo haga después de la operación—
—Está bien Ritsu, yo se la entregaré, y tranquila, prometo no leerla— sonrió el hombre mientras guardaba la carta en su bolsillo
—Muchas gracias doc... en serio, le agradezco—
—No tienes nada que agradecer Ritsu-chan—
—Ah, casi lo olvido, ¿podría hacerme otro favor?—
—Claro, dime—
La castaña le hizo una seña al doctor para que se acercara y le susurró algo al oído, el médico abrió los ojos atónito, para luego mirar a Ritsu y asentir con la cabeza aprobatoriamente.
Ritsu sonrió, y fue trasladada al quirófano minutos después"
...—Ritsu... ¿qué?— la pelinegra se dirigió al doctor, aún estando en shock
—Ella está en coma, lo lamento, la operación fue un total éxito, pero supongo que fue demasiado para soportarla— el médico se acomodó sus gafas
—¿Seguro que es un coma? Quiero decir, Ritsu suele dormir mucho, y quizás sólo está dormida— intento fallido para Mio
—Sé que es difícil de asimilar Mio-chan—
—No, es decir, ¿esto es una broma? Porque si lo es, es una de muy mal gusto—
—Mio-chan...— habló la sra. Tainaka —T-Tranquila... Ritsu está viva, eso es lo importante—
—No— respondió Mio —¿cómo quieren que me calme cuando acaban de decirme que mi mejor amiga está en coma? Es ridículo que me lo pidan— sus lágrimas la habían traicionado y ahora recorrían sus mejillas con rapidez —Quiero ver a Ritsu—
—Mio-chan, ella está viva, podría responder a algún estímulo si hubiera alguno— el doctor intervino —Podrán pasar a verla en un par de horas, por ahora, deben esperar—
Pero Mio había esperado lo suficiente, negó con la cabeza y salió corriendo del lugar sollozando. Qué duele más,¿saber que tu primer amor está en coma, o no saber con exactitud cuando va a despertar o bien, si despertará? Mio se hacía esa pregunta una y otra vez mientras corría hacia su casa, necesitaba estar sola, aunque en realidad lo que necesitaba era ver a su castaña molesta junto a ella.
—Mio-chan necesita estar sola— el doctor se giró a mirar a los Tainaka —Ritsu ya fue trasladada a su habitación, yo les avisaré cuando puedan verla, por lo mientras ¿les gustaría un café?— Ambos asintieron, necesitaban uno con urgencia, para intentar asimilar la noticia que les fue dada.
Mio llegó a su casa corriendo y entró sin saludar a sus padres, le importaba poco si se encontraban o no, subió con rapidez las escaleras y se adentró en su habitación cerrando la puerta detrás de si, se tiró en la cama y abrazó su almohada al mismo tiempo que comenzó a llorar desconsoladamente, le dolía aún, ¿qué hizo su castaña para merecer eso? ¿acaso no podían ser felices juntas sin algún percance que lo impidiese? Quizás no, a Mio le faltaba el aire, lloró hasta quedarse profundamente dormida, al menos así podría distraerse de su dolor.
Las horas pasaron con tanta rapidez que un nuevo día se asomó a la ventana de Mio, los rayos del sol entraban por las rendijas que dejaba la cortina de la ventana, golpeando a Mio directamente al rostro, incitándola a despertar. Y así lo hizo. Mio despertó y abrió los ojos con dificultad, se sentó en su cama y notó que la mañana la había tomado por sorpresa, dicen que cuando uno se siente solo es normal dormir por horas para apaciguar el sentimiento de soledad, pero dormir no había sido suficiente para tranquilizar a Mio, quien fue golpeada por los recuerdos. Negó con la cabeza, debía tranquilizarse si quería ver a Ritsu, se levantó de la cama y se dirigió al baño donde se miró al espejo. Tenía los ojos rojos y las mejillas húmedas, Dios, ¿tanto había llorado anoche? No lo recordaba, decidió que lo mejor sería darse un baño, quizás el agua la ayudaría a reacomodar sus pensamientos.
Se desvistió y entró a la bañera mientras ésta se llenaba, el contacto con el agua la ayudaría a relajarse.
Estuvo dentro del agua al menos durante media hora, pensando en su castaña, quien de alguna manera se había vuelto una necesidad fisiológica para la pelinegra. Una canción bastante familiar la sacó de sus pensamientos, Mio se levantó de la bañera, se colocó una toalla alrededor del cuerpo y salió hacia su habitación, donde encontró a su celular vibrando; era una llamada.
Dudó en contestar, el número que le llamaba era desconocido, y al final decidió atender;
—¿Hola?—
—¡Hola Mio-chan!— escuchó una enérgica y aguda voz del otro lado de la línea
—¿Quién habla?— Mio se escuchaba bastante desanimada, después de todo, lo que en verdad quería es que Ritsu estuviera llamándole para decirle que todo fue una pesada broma y que estaría en su casa en unos minutos, pero no todos los sueños se cumplen
—Qué mala Mio-chan, ¿no me reconoces? Soy Yui—
—Oh, disculpa Yui, no te reconocí la voz, dime, ¿en qué puedo ayudarte?—
—Bueno, Azu-nyan y yo queremos saber qué tal todo con Ricchan, ¿te gustaría venir con nosotras a la cafetería de Mugi-chan?—
—Yo.. bueno...— Mio no sabía qué decir, ¿cómo les diría que Ritsu no había soportado la operación?
—Anda Mio-chan— insistió Yui
—...Está bien, ¿a qué hora las veo allá?—
—¡Qué bien! en una hora, ¿vale?—
—Está bien, te veo allá Yui— Colgó y suspiró, pero lo mejor era que se enteraran de una vez.
Mio dejó el celular en su escritorio y comenzó a vestirse, ahora la duda era cómo revelarles todo sobre el coma de Ritsu.
...
La pelinegra entró a la cafetería; se encontró a Mugi sentada en una de las mesas esperando con una sonrisa de amabilidad y se acercó a ella, saludándola con la mano;
—Hola Mugi, ¿has visto a Yui y Azusa?—
—No, pero no deben tardar mucho, siéntate Mio-chan— Mugi la miró —Qué bien que llegaste temprano, quería hablar contigo respecto a algo—
—¿Respecto a qué, Mugi?— Mio la miró arqueando una ceja, no fuera a ser que Mugi le peleara el amor de Ritsu o algo así. Exacto damas y caballeros, Mio seguía siendo una celosa de primera.
—Tranquila, ¿recuerdas que Yui me pidió que les ayudara a cubrir la operación de Ritsu?—
—Sí, lo recuerdo, ¿sucedió algo?— Mio miró a Mugi a los ojos
—Bueno, quería preguntarte si es que puedo ir contigo al hospital a ver a Ritsu, también me serviría de mucho saber qué médico la está atendiendo—
—Claro Mugi, ¿cuando te gustaría ir?—
—¿Podríamos ir cuando se termine esto?— a Mugi le brillaron los ojos
—E-Está bien, iremos al terminar— Mio le sonrió a la rubia
En ese momento entraron por la puerta dos chicas conocidas por ambas, la castaña y la pelinegra se sentaron en la mesa junto a ellas.
—¡Hola chicas!— saludó enérgicamente Yui, Mio sonrió con nostalgia
—Hola Azusa, Yui— respondió Mugi
—Hi— Mio bajó levemente la mirada
—¿Pasa algo Mio-senpai?— Azusa miró a la morena mayor, quien sólo negó con la cabeza
—No Azusa, bien, ¿qué querían saber acerca de Ritsu?— bajó levemente la voz al mencionar a su novia
—¿Qué tal le fue con la operación?— Yui miró a Mio con una sonrisa inocente —¿Salió todo bien?—
Mio las miró a todas y sus ojos comenzaron a humedecerse, ya no podía seguir fingiendo ser fuerte, en ese momento rompió a llorar y Mugi se apresuró a abrazarla intentado consolarla; Azusa y Yui se miraron con temor.
—Cálmate Mio-chan, ¿qué sucedió?— Mugi acariciaba la cabeza de Mio intentando calmar su llanto
—Ritsu... ella... ella no soportó la operación, según el doctor todo salió bien, pero Ritsu no despierta, ella está en coma— la voz de Mio sonaba quebrada. Yui, Azusa y Mugi se miraron con angustia.
—¿E-En coma?— Yui se cubrió la boca
—Sí... sigue viva, pero no da señales de despertar— Mio bajó la mirada
—¿Podremos ir a verla?— Azusa habló
—Sí Mio-chan, ¿podemos ir?— Mugi miró a Mio y le limpió las lágrimas con suavidad
—E-Está bien...— Mio las miró y asintió con la cabeza.
Todas se levantaron de la mesa, salieron de la cafetería y tomaron un taxi en dirección al hospital. Al llegar, entraron a recepción y Mio se acercó a la recepcionista; —Disculpe, quisiera saber si Tainaka Ritsu ya puede recibir visitas— la recepcionista asintió y tecleó algo en su computadora de escritorio; —Sí, ella ya puede recibir visitas, su habitación sigue siendo la misma, Akiyama-san— Mio suspiró de alivio —Gracias— se despidió de la chica y caminó por el pasillo; Mio vio de reojo cómo la recepcionista saludaba con cortesía a Mugi, pero no le tomó importancia.
Las chicas subieron por el elevador, al llegar bajaron y se encaminaron hacia la habitación de la castaña, donde encontraron al médico afuera.
—Akiyama-san, qué bien que volviste— el médico le sonrió a Mio —veo que trajiste amigas contigo—
—Sí, todas son amigas de Ritsu y querían verla— Mio miró al médico —¿Hay alguien adentro ahora?—
—Sí, están los padres de Ritsu hablando, supongo que es por lo del costo de la operación— suspiró el médico
Mio abrió los ojos, era cierto, aún no había conseguido el dinero, y sinceramente no sabía de dónde lo iba a sacar a estas alturas
—De eso me encargo yo— Mugi se acercó y miró al médico, quien también la miró, ambos atónitos; —No sabía que tú atendiste a Ricchan, papá— Mugi sonrió y el médico igual
—Yo tampoco sabía que eras su amiga, hija—
Mio, Yui y Azusa miraron a la rubia atónitas, ahora mismo se comprobaba la teoría de que el mundo era demasiado pequeño. ¡Mugi era hija del médico que atendía a Ritsu!
—Padre, yo prometí ayudar a pagar la operación de Ritsu— Mugi miró al hombre
—Entonces ya está pagada— sonrió el hombre —Chicas, debo atender a otros pacientes, sean cuidadosas con Tainaka-san— el médico se despidió y desapareció por los pasillos del hospital
—El médico es tu padre, Mugi, ¿por qué no nos lo dijiste antes?— Mio miró a la rubia, aún sorprendida
—En realidad ni yo sabía que él atendía a Ricchan, por eso necesitaba que me dijeras qué médico la atendía, pero al entrar al hospital me imaginé que él era quien la cuidaba, conozco a la recepcionista— La chica rubia sonrió amablemente; —¿Entramos?—
Todas asintieron y Mio puso su mano en la manija, suspiró y la giró abriendo la puerta con cuidado; dejó que todas entraran antes que ella, necesitaba calmarse.
—Mio-chan— Mio volteó y vio a Mugi, quien le extendía la mano, sonriéndole —¿Entrarás?—
La pelinegra asintió y tomó la mano de Mugi, quien la atrajo hacia adentro mientras cerraba la puerta.
Allí estaban los padres de Ritsu sentados junto a la cama de su hija, quien tenía la mascarilla de respiración artificial puesta sobre la boca y la nariz; Mio la miró y se acercó a la cama, sentándose junto a la sra. Tainaka, quien le sonrió y le acarició la cabeza con ternura; —Gracias por ser tan buena amiga con Ritsu, Mio-chan— la mujer miró a su hija en la cama; —Ella tiene mucha suerte de tener una amiga como tú, como todas ustedes— dijo mirando a Yui, Azusa y Mugi, quienes le sonrieron amablemente. Todos estuvieron conversando animadamente durante un rato, Mio de vez en cuando miraba a su novia con ligera tristeza en sus ojos, al final una enfermera avisó que el horario de visita había terminado, y todos se retiraron a casa, ésta vez fue turno del padre de Ritsu para quedarse con ella durante la noche.
Mio llegó a su casa bastante agotada, pero con los ánimos renovados. Su visita y la presencia de las chicas le habían dado esperanzas de que Ritsu despertaría pronto, y aún si no lo hacía, Mio esperaría por ella todo el tiempo que fuera necesario.
...
Había pasado ya un mes y medio, las vacaciones estaban a punto de culminar y Mio sabía que si eso pasaba, Ritsu perdería un año debido a su estado de salud; y no quería que eso pasara.
Mio se encargaba de visitar a Ritsu todos los días durante las tardes, cuando sus padres no podían pasar mucho tiempo con ella debido a sus trabajos. Ese día, Mio llegó un poco más temprano, quería pasar más tiempo con su castaña, así que salió rápido de su casa en dirección al hospital. Al llegar saludó a la recepcionista con una sonrisa y se dirigió al elevador, se había familiarizado en poco tiempo con ese lugar, que antes le daba pavor. Al llegar al piso de Ritsu bajó del elevador y caminó por el pasillo con tranquilidad, llegó a la puerta y cuando iba a tomar la manija, ésta se giró y la puerta se abrió, dejando salir al médico, quien miró a Mio con un rostro de ligera tristeza, para luego hablar:
—Buenas tardes doctor— la pelinegra lo miró con una ceja arqueada
—Buenas tardes, Mio-chan— el médico se acomodó las gafas
—¿Sucede algo? Lo veo un poco decaído—
—Sí.. Mio— el doctor miró a la pelinegra, inhaló y exhaló, necesitaba estar calmado —¿Sabes cuanto tiempo tiene Ritsu en coma?—
—Pues... casi todas las vacaciones de verano, que serían casi dos meses— respondió la pelinegra
—Sí, es con respecto a eso— el doctor miró a su alrededor —Ven, entra— y entró a la habitación de la castaña seguido de Mio, quien al entrar, cerró la puerta.
—¿Qué con eso doctor?— Mio se mantuvo de pie junto a la cama
—Verás... te lo explicaré de una manera en que puedas entender fácilmente— el médico se quitó las gafas y las colgó en un bolsillo de su bata —Ritsu tiene 2 meses en coma, y tú has venido a visitarla todo este tiempo, eso es excelente, pero... — suspiró pesadamente —Verás, unos minutos antes de su operación, Ritsu me pidió que te diera esto— dijo mientras sacaba la carta de su bolsillo y se la entregaba a Mio; —Cuando termines de leerla, inmediatamente búscame, es esencial que lo hagas, así te explicaré todo— El médico salió de la habitación dejando a Mio confundida y con la carta en las manos, se sentó junto a la cama acomodándose para leer y la abrió:
Para Mio:
Hola Mio-chuan, ¿cómo estás? ¿cómo te lo has pasado? Quiero pensar que te lo has pasado bien. ¿Sabes? Recuerdo aquellos viejos días en los que no nos hablábamos en la escuela y me observabas todo el tiempo, no creas que no me dí cuenta jaja, a mi también me gustaba observarte a lo lejos, no sé, me parecías muy hermosa, y ahora que puedo verte de cerca el tiempo que quiera, pienso que la palabra "Hermosa" no podría describirte por completo.
También recuerdo la primera vez que hablamos, estabas bastante asustada por aquél perro en el parque, me pareció muy tierno tu temor, pero también sentí una necesidad increíble de protegerte; y así lo hice, me sentí tan bien cuando lo hice, que juré protegerte todo lo que pudiera, y mírame ahora, lo hice, pero no todo salió como yo hubiera querido.
Ahora, quizás, estoy postrada en una cama sin despertar, o peor aún, tres metros bajo tierra, créeme que prefiero mil veces la primer opción, al menos así tendría posibilidad de despertar y estar a tu lado, como siempre; pero no sé si pasará, no sé si será posible el volver a estar contigo, yo quiero con todo mi corazón que así sea.
Te quiero, ¿lo sabes? Cuando te adentraste en mi corazón pensé que sería algo malo, tenía miedo Mio, miedo de dejarte sola para la eternidad, miedo de no poder protegerte todo el tiempo, tenía miedo de perderte y lastimarte, pero tú me ayudaste a vencer todos mis miedos, y justamente por ti, logré hacerme más fuerte. Tú eres mi razón de ser, mi complemento, eres mi primer amor y quiero que seas el único y último, nadie más podría hacerme sentir tanto amor, sólo tú.
Ahora sólo espero que, mientras leas esta carta, sepas que siempre te amaré, que eres todo para mi, que eres una luna que decidió amar al sol, incluso sabiendo que sólo podíamos amarnos mientras uno se aleja del otro, eres un ángel, un ángel excepcional que decidió amar a un demonio, aún sabiendo que el amor era prohibido y lleno de riesgos; tú los tomaste, y ahora aquí estamos, amándonos con locura.
Tomando en cuenta que eres la persona más importante para mi, dejé en tus manos una decisión, una decisión que solamente tú puedes tomar, nadie más. Pase lo que pase, siempre sonríe mi reina peligrosa, que todo es mejor cuando eres fuerte y te mantienes sonriendo.
Te amo, y siempre lo haré, Mio Akiyama.
De: Ritsu Tainaka
Las lágrimas de Mio cayeron sobre la carta, borrando una que otra palabra con su amargura. Mio se cubrió la boca con una mano mientras releía una y otra vez la carta, miró a Ritsu sin dejar de llorar y le sujetó la mano fuertemente; —¿Cómo quieres que sonría cuando no te tengo a ti para ser feliz?— Mio abrazó a la castaña llorando desconsoladamente, la extrañaba, y mucho.
El médico entró a la habitación y encontró a Mio llorando, se acercó para consolarla.
—¿Mio-chan?— le acarició la espalda con cariño
—¿De qué decisión habla, doctor?— habló Mio, intentando recuperar la compostura, el doctor suspiró
—Ritsu me dijo que, en caso de quedar en coma, te dejaría en las manos su vida, ¿qué quiere decir? Ritsu quiere que sólo seas tú quien decida si ella vivirá o morirá, si debe ser desconectada, o permanecer en coma, Mio, ésta decisión es muy importante, y si necesitas tomarte un tiempo para pensarlo, puedes hacerlo, debes estar lo más calmada posible—
La pelinegra quedó en shock, ¿Ritsu quería que ella decidiera si moría o vivía? Apenas y podía estar bien cuando la veía en cama respirando artificialmente, ¿y ahora quería que decidiera sobre su vida? Ella no quería hacer el papel de Dios, pero Ritsu así lo quería. Mio miró al médico con asombro, él sólo le acarició la cabeza y asintió intentando darle fuerzas a Mio, después, salió de la habitación.
—¿Por qué?— la pelinegra le daba la espalda a Ritsu, parada junto a la puerta —¿Por qué debo ser yo quien decida eso, Ritsu?— Mio se giró y la miró, sus ojos comenzaron a cristalizarse; —¿Por qué me torturas de esta manera, idiota?— Mio caminó hacia la cama con lentitud, aún sosteniendo la carta en sus manos; —¿No crees que me duele decidir si verte en cama por quién sabe cuanto tiempo, o en tu funeral?— Mio se mantuvo de pie justo frente a la cama; apretando la carta con su mano fuertemente; —Yo no puedo decidir eso, Ritsu, no debería— las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas, sus ojos la habían traicionado; —Sí, te amo y haría cualquier cosa por ti... pero esto, esto es imposible, Ritsu— Mio se limpió las lágrimas; —Se supone que nadie más puede tomar la decisión, ahora necesito tu apoyo, tu ayuda, tus consejos, te necesito Ritsu, necesito saber que estás conmigo...— caminó y se posicionó junto a la cama, sentándose en la orilla; —Dijiste que siempre estarías cuidándome, cumple tu promesa... por favor...despierta, Ritsu—
La pelinegra tomó entre sus manos la pequeña mano de la castaña y la abrazó, aún llorando. —Quiero que me cuentes todo lo que sentiste cuando todavía no nos atrevíamos a hablarnos, quiero reír de las ocurrencias que hacía para llamar tu atención, quiero que escuches todos los planes que tenía para hablarte, para acercarme a ti. Quiero que recordemos todo lo que hemos vivido juntas, nuestro encuentro en el parque, nuestra primer cita, nuestra primer noche juntas...— La morena miró a la castaña, sin soltarle la mano —Quiero repetir esa noche todas las veces que sea necesario, sólo contigo puedo ser quien soy, puedo dejar de ser la tímida y penosa Mio, tú eres mi inspiración, eres esa luz que me guía a través de la oscuridad, Ritsu—
Mio comenzó a llorar mientras abrazaba la mano de su novia, la carta quedó sobre la cama. —Quiero estar contigo para siempre, quiero graduarme de la preparatoria e ir a la misma universidad contigo, quiero que nos mudemos juntas, que armemos una vida que tenga como base nuestro amor, quiero casarme contigo y formar una familia, quiero ser llamada "Tainaka Mio", y que tú seas llamada "Akiyama Ritsu", quiero vivir muchas cosas contigo, y pueden hacerse realidad... sólo...— Mio intentó tranquilizar su llanto —Sólo despierta, Ritsu... es lo único que te pido, permíteme ver esos ojos ámbar tan hermosos que me llenan de alegría, por favor...— Mio no se dio cuenta de que la respiración artificial había dejado de cumplir su función, siendo reemplazada por una respiración natural.
—No puedo decidir eso Ritsu... simplemente no puedo...— se levantó de la cama y miró a la castaña fijamente, había dejado de llorar, ya no tenía lágrimas para derramar; —N-Necesito tiempo para asimilarlo... — caminó hacia la puerta y sujetó con fuerza la manija, lista para retirarse; —V-Volveré mañana, Ritsu— Mio abrió la puerta y se detuvo justo en el marco, suspiró y bajó la mirada, no tenía ganas de absolutamente nada, cerró lentamente la puerta detrás de si cuando fue interrumpida por una voz:
—¿Mio?—
La pelinegra alzó la mirada esperando encontrar a alguien en el pasillo que la hubiera llamado, pero no había nadie. Parpadeó varias veces. No, no podía ser cierto. Mio se giró y abrió la puerta para luego abrir los ojos anonadada: Un par de ojos color ámbar la miraban embelesados desde la cama.
—¿R-Ritsu?...— sólo alcanzó a decir, la castaña sonrió y ladeó levemente la cabeza; —¿Quién más está en esta habitación y se llama de esa manera, Mio-chuan?— La castaña no supo de dónde le llovieron los abrazos y los besos de su novia, Mio se había lanzado a la cama con una necesidad increíble de tener entre sus brazos a su novia;
—¡Ritsu idiota!— gritaba Mio mientras lloraba y abrazaba con fuerza a la ambarina
—M-Mio.. n-no puedo respirar— Ritsu sonreía mientras correspondía al fuerte agarre de su pelinegra, no sabía de dónde podía sacar tanta fuerza, después de todo siempre se había visto débil
—Ritsu, Ritsu, ¡Ritsu!— Mio escondió su rostro en el cuello de la castaña, quien le acarició la cabeza con cariño
—Ya ya, ya estoy aquí Mio-chan— Ritsu sonrió y apoyó su cabeza en la de Mio, mientras cerraba sus ojos; —No me volveré a ir, te lo prometo—
—Te extrañé mucho Ritsu.. fue muy difícil estar sin ti por tanto tiempo— la castaña miró a Mio enternecida, acarició su rostro con un pulgar y la miró a los ojos
—Yo también te extrañé, Mio, me hacías mucha falta— le sonrió con esa calidéz que sólo ella lograba provocar; —Escuché todo lo que dijiste... bueno, casi todo, era como estar dormida y en parte despierta— la pelinegra miró a su novia y se limpió las lágrimas; —¿E-En serio?—
—Sí, Mio— Ritsu le besó la frente; —Por alguna razón, siempre pude sentir tu presencia junto a mi, todos los días— relataba la castaña mientras tomaba la mano de la pelinegra; —No sé.. escucharte llorar de esa manera, de alguna u otra forma me hizo despertar, supongo que mi subconsciente pensó que estabas en peligro y debía protegerte— la castaña se rascó la nuca algo nerviosa; —Y acerca de la carta.. yo... bueno... fue demasiado cursi, y me da comezón de sólo recordarlo, pero es lo que realmente siento por ti, te amo, Mio—
La pelinegra sonrió y la volvió a abrazar; —Yo también te amo, Ritsu—
El médico entró por la puerta y dejó caer varios documentos al ver a la castaña y la pelinegra abrazarse; —¡Despertaste Tainaka-san!—
—Yes, Doc— Ritsu sonrió —Fue todo gracias a Mio— replicó la castaña
—E-Eh!?— Mio miró a su novia —Claro que no, todo fue por tu propia cuenta—
—A decir verdad— interrumpió el médico —Notamos que cuando Mio se encontraba cerca respondías a algunos estímulos, Ritsu-chan— se acomodó las gafas y sonrió —Fue en parte también gracias a Mio, es sorprendente ver que una persona pueda causar tantas reacciones sobre alguien con coma, me da mucho gusto que hayas despertado Ritsu, ahora, debo tomarte algunos estudios para comprobar que todo está en orden—
—¡Todo está en orden doctor!— Ritsu no quería más análisis de sangre, Mio soltó una risita
—También necesito llamar a tus padres, volveré en unos minutos— el doctor salió de la habitación, dejándolas solas
—Tus padres se pondrán muy contentos al saber que despertaste, Ritsu— Mio miró a la castaña
—Eso creo, tendré bastantes visitas— Ritsu se rascó la nuca mientras sonreía nerviosa; —Por cierto, pude escuchar todo lo que dijiste después de leer mi carta, Mio—
—¿En serio?— Mio arqueó ambas cejas
—Sí, todo— Ritsu la miró a los ojos; —¿Te gustaría repetir esa noche?— dijo divertida, y se ganó otro golpe en la cabeza
—¡C-Cierra la boca idiota!—
Ritsu reía a carcajadas y Mio se cruzó de brazos sonrojada, para después unírsele, después de todo, había extrañado escuchar esa risa.
Al cabo de un rato, llegaron a visitar a Ritsu sus padres, su hermano y las chicas, Azusa, Mugi y Yui, ésta última se lanzó a abrazarla como si llevaran una amistad de años, y lo más extraño de todo, fue que se llevaron bien de inmediato; cosa que hizo caer una gotita de la frente de las pelinegras. Ambas eran un dúo dinamita, y bien merecido se tenían el nombre, en ese rato hicieron explotar a la ojigris y a la cobriza, y al final ambas castañas se ganaron un regaño. Todos reían divertidos, excepto Yui, quien sollozaba abrazada a Azusa, imitando a un niño de 6 años cuando su madre le quita un caramelo.
...
Las vacaciones de verano llegaron a su fin. La preparatoria Sakuragaoka recibía a sus alumnas de vuelta en una ceremonia matutina, el director dio su tradicional discurso, logrando que más de una alumna se durmiera sin que los maestros se dieran cuenta, lo normal. Las clases siguieron su curso normal, sin embargo el ambiente era distinto para Mio, quien de vez en cuando daba una mirada a un asiento vacío, varios lugares frente a ella. Era el de la castaña.
Después de la operación Ritsu debía tomar reposo y sus padres habían acordado con la dirección de la escuela que en cuanto se recuperase volvería a clases, eso sí, necesitaría tomar clases extra y presentar exámenes para poder acreditar materias, por lo tanto, no había asistido a la ceremonia de bienvenida.
Mio suspiró, serían meses bastante largos sin su castaña hiperactiva, pero lo soportaría, esperaría un poco más por su castaña. ¿Tenía la paciencia golpeada? Bastante, pero el amor lo compensa todo.
Las clases llegaron a su fin al escuchar el último timbre. Mio tomó su mochila y caminó por los pasillos de la escuela hacia la salida, llegó a la entrada, se cambió los zapatos y salió de la preparatoria.
Caminó hacia la puerta y, quizás por instinto, volteó a ver aquella banca donde solía tomar los almuerzos con la castaña, abrió los ojos de par en par:
Allí estaba, sentada y sonriéndole, Ritsu. La castaña la saludó con la mano e hizo un ademán para que Mio se acercara a ella, la pelinegra se acercó.
—¿Qué haces aquí Ritsu? ¿no deberías estar en el hospital reposando?—
—Sí, se supone que debo estar allí, pero ayer me dijiste que me visitarías cuando terminaran las clases y decidí venir por ti— la castaña sonrió y levantó su pulgar
—Se supone que iría a verte, ¿a qué iremos al hospital?— Mio se cruzó de brazos y la miró divertida
—Bueno, hoy me escapé para estar contigo y supongo que en unas horas se darán cuenta de que no estoy allí, como debería, así que, ¿qué te gustaría hacer?—
—No lo sé, cualquier cosa está bien, mientras vaya contigo— Mio le sonrió
—¡Vamos a Inglaterra!— Ritsu levantó sus brazos enérgicamente
—¿En estos momentos? Idiota, no tenemos dinero, y debes estar en reposo—
—Estoy bien y siempre lo estaré, mientras esté con mi ángel guardián— Ritsu le tomó la mano a Mio, quien se sonrojó de inmediato
—N-No soy un ángel guardián—
—¡Claro que lo eres! Eres un ángel excepcional, Mio-chuan— Ritsu le besó la mejilla y tomó la mochila de Mio, colgándosela en el hombro; —Demos un paseo—
—Está bien— Mio sonrió y entrelazó sus dedos con los de Ritsu, ambas caminaron y salieron de la preparatoria dirigiéndose a quién sabe dónde, con la única condición de ir juntas, cualquier lugar estaba permitido.
Mio miró de reojo la banca y sonrió, toda esa etapa había comenzado y terminado allí, ahora, había iniciado una nueva etapa junto a Ritsu, y esperaba que ésta vez, no terminara nunca.
...
Ay, lloré cuando lo escribía, en verdad(? Bueno, espero de todo corazón que les haya gustado mi fanfic, recibo con gusto sus reviews, quizá vuelva a escribir otra historia en poco tiempo, la inspiración jamás me falta, pero el tiempo sí :c ¡Muchas gracias!
Haku fuera! ^^/
...
OMAKE:
—¿Estás segura de hacer esto? Te ves un poco nerviosa, Mio—
—¡Por supuesto que estoy segura! Aparte, debemos hacerlo de una vez, sospecho que ya se dieron cuenta y no me gustaría que se enteraran por alguien más—
—Bueno, pase lo que pase, yo estaré contigo—
—Estaremos bien, Ritsu—
Ambas salieron de la habitación de la castaña y bajaron a la sala, donde se encontraban los padres de ambas; los Tainaka y los Akiyama.
—¿Qué sucede hija?— Akane miró a Ritsu desde el sillón donde se encontraba sentada, junto a su esposo
—Etto... yo... — la energía de Ritsu se esfumó
—Ambas queremos decirles algo de suma importancia— Mio asumió el control después de ver a su novia derrotada
—¿De qué se trata?— habló el sr. Akiyama
Mio inhaló y exhaló, miró a Ritsu y apretó su mano, la castaña asintió con la cabeza y sonrió, dándole seguridad a Mio
—Ritsu y yo somos pareja— lo dijo mientras tenía cuatro miradas sobre ella
—Ya lo sabíamos— la sra. Akiyama sonrió amablemente; —Era demasiado obvio, hija—
—Exacto, no somos tan despistados pequeña— el sr. Akiyama rió divertido
—Era difícil no imaginarlo, chicas— la sra. Tainaka rió también
—¿Cuando van a casarse?— el sr. Tainaka las miró, divertido por sus sonrojos nivel Master
—Te dije que ya lo sabían— Ritsu miró a su novia mientras sonreía divertida; —Somos demasiado obvias—
—Supongo que sí— Mio sonrió y abrazó a Ritsu, quien le besó la mejilla
—Bueno, creo que sólo a Satoshi lo tomaron por sorpresa— el sr. Tainaka señaló al pequeño Satoshi, quien entraba a la casa con un ramo de rosas, sonrojado
—¿¡Mio-san es tu novia, nee-chan!?— dijo el pequeño castaño
—Yep, ¿no es genial?— presumió la castaña
—Debo tirar las rosas... — Satoshi subió a su cuarto, rodeado por un aura de soledad
—Eres cruel con tu hermano, Ritsu— regañó la ojigris a la ambarina
—No, la cruel eres tú por elegir a su hermana antes que a él— Ritsu se defendió divertida
—Cierra la boca... ¿te gustaría que estuviera con él?—
—¡Mio-chuan me pertenece!— dijo Ritsu mientras abrazaba posesivamente a Mio
Los padres de ambas se miraron sonriendo, como siendo cómplices de algo. Habían aprendido a aceptar a sus hijas como fueran, pues la felicidad de ambas estaba primero frente a cualquier otra cosa.
—¿Cuando se casarán?— habló el sr. Akiyama; —Me gustaría ayudar a planear su boda— dijo divertido
—¡Papá!— Mio gritó avergonzada
Todos rieron divertidos y merendaron en suma tranquilidad, excepto Satoshi, quien había renunciado a ser de la familia Akiyama directamente por su hija, ni modo, había muchas más chicas en el mundo, aunque ninguna se comparaba con Mio. Maldijo a su hermana y a las preferencias sexuales de Mio por lo bajo.
