¿De verdad de detuve justo en esta parte? Cuando decidí abandonar FF no me di cuenta de este terrible error. Lamento sinceramente haber dejado todo, espero que aún me queden algunas lectoras y conocer nuevas. Las razones ya las expliqué en el nuevo fic y creo que las lectoras son casi las mismas. Agradezco enormemente su apoyo y comprensión.

Sin más, el capítulo para que no me deseen matar ^-^

Recopilando

Kakashi cumplió los 32 años hace unos días, cuando llegó un mensajero con una historia. Estaba en el equipo de búsqueda de Lee, Shino, Iruka y Anko pero les retiraron la misión para dársela a un equipo de búsqueda, sin embargo antes de que el equipo iniciara los ninjas comenzaron a llegar liberados por quienes los tenían luego de aburrirse de ellos. Cundo tenia 14 años se acostó con Anko (de 12) luego de recatarla de Orochimaru, pero siempre usó mascara y esa noche le cubrió los ojos y ella no descubrió su identidad. Los únicos que conocen sobre ese incidente son Yora, Pakkun y el escritor de las cartas, pero Yora dice que no revelará a Anko quién fue aquel ANBU.

Anko está próxima a su cumpleaños número 30, fue la última en ser dejada en libertad y actualmente está viviendo en el departamento de Kakashi luego de que éste se lo ofreciera al salir del hospital. Yora dijo que Anko no quería que él y Kakashi se conocieran, pero no dio motivos. Anko fue madre a los trece años y casi mueren ambos en el parto donde la atendió una ansiada asignada por el Hokague, que mantuvo el secreto del hijo, teniendo una sospecha de quién era el ANBU padre de ese niño pero sin decírselo a Anko. En primer lugar las cartas indican que ese bebé no sobrevivió, luego cuando se aclara que sí lo hizo Kakashi cree que murió siendo un niño ya que Anko vive en la aldea sin ningún niño consigo, y se reúsa a creer que ella pudiera darlo en adopción ya que las cartas hablan de gran amor de Anko por su hijo.

Yora es un chico de piel muy blanca, ojos miel y cabello oscuro, se viste de pantalón flojo negro y camisa de malla roja que deja ver su piel debajo. Kakashi piensa que es algo bajo para sus 23 años, además es delgado aun con músculos y parece frágil, diciendo él mismo que es enfermizo y le dan fiebres muy seguido. Se hizo pasar por un mensajero de la aldea de la Luna lo que explicaría su poco bronceado, sin embargo luego se comprueba que tiene habilidades para manejar el agua y es muy fuerte. Habla siempre en clave ya que ansia decir la verdad pero no puede revelar nada. Habló sobre que era bueno conocer los orígenes, pero Kakashi no entendió hasta que supo que la razón de hablar sobre él y Anko eran los orígenes de ese bebé. Hasta ahora el personaje más misterioso pues dice que no puede decirle la verdad a Kakashi por su padre, sin embargo, también dice que es su padre quien escribe las cartas, confundiéndolo al decir que su padre es él mismo, como ambas caras de una moneda formando una sola y diciendo que si Kakashi reconoce a su padre en su rostro, sabrá la verdad. Quiere que Kakashi vea su padre en su cara, pero dice no culparlo pues él mismo se ha encargado cuando llegó que no pudiera hacerlo. Muestra un gran amor por Anko al hablar sobre ella y respeto y admiración hacia Kakashi.

Pakkun es el personaje novedoso por decirlo de alguna manera, en su corta participación, se mostró sorprendido luego de llegar al lugar donde estuvo Yora, pero Kakashi le pidió no revelarle quién era su padre ya que piensa que Yora quiere que lo averigüe por sí mismo.

Eri Mitarashi es el hijo de Kakashi y Anko, llevando obviamente el apellido de ella pues ni Anko conoce al padre, tiene diecisiete años y Yora lo conoce, pero lo único que le dice a Kakashi es que un escritor habla más allá de las palabras y que ese chico es diferente y que quiere conocerlo. Cuando le habla a Kakashi sobre él no le revela que sobre quien cuenta es de su hijo y Kakashi no le toma importancia pues lo que quería era mantener a Yora hablando para que no se fuera todavía. Estuvo cerca de morir cuando iba a nacer y la anciana que atendió el parto creyó que tendría que decidir entre salvar a Anko o al bebé, eligiéndola a ella y dejándola inconsciente para que no supiera; al final logró salvarlos a ambos y le contó luego de muchos años a Anko sobre ese incidente. No se conoce su aldea y el único indicio de que sigue vivo es que Kakashi cree que es ese chico del que hablo Yora pues sus edades coinciden.


-¿Quién está vivo?

-Mi hijo...mi hijo.- Estaba llorando, irremediablemente. Un hombre de treinta y dos años llorando.- Y todo gracias a estas cartas, a una historia...a Yora

-¿Le ha ocurrido algo?

Kakashi miro a Pakkun un momento, sorprendido. Luego recordó sus propias palabras.

-Yora quiere que lo descubra mi mismo, y eso haré. No quiero saber nada por ahora, por que eso podría significar dejar de recibir esta historia. Me basta con saber que está bien.

- ¿A qué historia te refieres?

-Te contaré luego.- Susurro cerrando los ojos y sonriendo tenuemente bajo su mascara.

Aquella noche, Kakashi había dejado la cortina abierta y la luz de la luna y los faroles de la calle entraban por ella, iluminando una parte de la salita pero no el sillón donde estaba recostado.

Miró una vez más la puerta de su habitación donde Anko debía estar ya dormida. Aquella mujer que le había dado un hijo. Un hijo al que no conocía y por el cual todavía no sabía qué hacer o cómo sentir. Tenía un hijo demasiado grande, un adolescente ya, y el recién había cumplido años. Ya no se sentía tan joven por saberse padre de un chico ya adulto, pero al mismo tiempo se repetía que era irreal que tuviera esa edad. Deberían verse como hermanos si estaban juntos; todo aquello provocado por un desliz cuando joven.

Tan joven, un niño todavía en cuerpo. Se preguntaba cómo seria su vida ahora si no lo hubiera hecho, si aquella noche se hubiese negado a la petición de la niña que fue Anko, de haber negado el sentimiento, de no haberse involucrado.

Pero lo hizo y era tarde para buscar respuestas a eso, lo único que deseaba saber en ese momento era que había sucedido con su hijo, dónde viviría y cómo seria, si era un buen estudiante o un trabajador, qué otros talentos tendría además de aquel que insinuó Yora sobre la escritura, y sobre todo, qué habría hecho Anko, por qué no estaba con ella. O quizá sí, quizá Anko no había podido alejarse de él y lo había ocultado en su propia aldea, haciéndolo pasar por el hijo de alguien más o uno de los tantos huérfanos hijos de ninjas.

Pero Anko no tenía un corazón para hacer eso, no era posible.

Recordó que Anko era un junnin que salía constantemente de la aldea, y que cuando el Hokague vivía sus salidas eran mucho más frecuentes y largas. Era obvio que él había sido el rey de la historia y por eso hablaba de proteger a la niña. El Hokague debió esconder su secreto y a ese niño en otro sitio. En otra aldea, lejos de él, sin poder conocerlo, sin poder sentirlo.

Estaba cansado y deseaba la verdad pero temía tanto arriesgarse y hablar con Anko, pedirle información sobre un chico que se suponía no conocía o confesar ser aquél niño de su pasado. Ambas opciones eran muy arriesgadas y terminarían mal; pero no podía seguir. Era imposible pensar que luego de recibir esa historia se olvidara que tenía un hijo.

Sólo un minuto más y pensaría qué hizo Anko con ese niño, sólo un poco más antes de hacerlo. Un momento más para poder pensar en tener un hijo.

Pero no se atrevía a llamarse padre, no en toda su palabra. No había estado con él, no lo vio crecer, no estuvo ahí para cuidarlo.

-Pero no fue porque yo no lo quisiera. Y juro sobre la tumba de mi padre que seré mejor que él, que cumpliré con mi deber. Encontraré a mi hijo. Lo juro.

Aquella noche no durmió, miró por la ventana hasta que comenzó a amanecer y sólo entonces se levantó a tomar un baño antes de que Anko se despertara. Ya quería enfrentarla para no tener que mentir ni fingir ignorancia, pero era astuto esperar a saber un poco más antes de eso. Astuto y cobarde.

Sin desayunar se dirigió aprisa a la entrada, donde ya un mensajero le esperaba con la carta. La tomó casi sin verle o hablarle, quien se fue rápido y sin ofenderse.

Después tendría que volver a averiguar sobre los aldeanos capturados por lo que le hicieron a Anko y a su amigo Iruka, pero ahora debía leer esa carta.

Ansioso salió apenas de la aldea lo suficiente para ver de lejos la entrada y se sentó sobre una roca con la carta ente sus temblorosas manos. Aspiró una vez y se dijo que lo peor ya había pasado, aquellas cartas, esperaba, solamente contaran el paradero de ese niño. No quería más suspenso, ya no por sí mismo, sino porque no deseaba que algo malo le pasara a su hijo.

Y de nuevo esa palabra le provocaba un sin fin de emociones que no controlaba, iniciando por un doloroso tirón en el estomago y terminando por una paz incomprensible todavía.

Carraspeó la garganta mientras abría el sobre aunque no leería en voz alta y al sacar la carta se sentía un poco más relajado.

Es maravilloso el amor de una madre por su hijo. Puro. Incondicional. Eterno.

Tan joven la princesa, tan alejada de su caballero, pero con una felicidad tan grande e inalcanzable que nada podía dañarla cuando estaba junto a su hijo.

A veces sonrisas falsas con otros, escondiendo el dolor de un pasado.

Pero cuando las cosas la sobrepasaban, siempre tenía algo que la hacía olvidarse de todo.

Le amaba con locura y devoción infinita. Y aunque fuese pequeño, él también la amaba.

Un mes pasó sin darse cuenta y era hora de volver, pero sabía que se acercaba peligro a su aldea. Escuchó sobre demonios y la destrucción que estos traían, monstruos siendo encerrados en cuerpos de niños. Ella no permitiría que eso le sucediera a su hijo.

Durante días envió y recibió cartas del rey hasta que finalmente le concedió resguardar a su hijo. Le dolía profundamente pero sabía que no estaría a salvo con ella. Quizá podría protegerlo de esos monstruos, pero no de aquel maestro que la daño.

Sabía que algún día él regresaría a buscarla para terminar su trabajo y ella debía ser más fuerte para proteger a su hijo.

Antes de volver a la aldea, juró regresar siempre que pudiera. No lo abandonaría nunca. Ella era, después de todo, su madre.

Las cosas no eran simples al pasar el tiempo, cada día le era difícil al saberse lejos de su familia. Pequeña y lejana, pero eran una familia ahora, y nadie podría cambiar eso.

En los entrenamientos se volvió más fuerte y decidida. Quienes sabía creyeron que por su maestro, sólo el rey y el jefe de la aldea conocía su necesidad de proteger lo que más amaba.

Cada poco ella se iba de la aldea en misiones muchas, otras más eran mentiras entre ella y el rey para poder ir. Nunca estaba alejada de su hijo más de un mes pero siempre permanecía con él días enteros hasta que se volvía inevitable volver.

Uno a uno los años fueron pasando, ella convirtiéndose en una ninja fuerte y ejemplar mientras las demás chicas reían y disfrutaban de su juventud.

Él creciendo cuidado por un hombre serio y frío, respetable.

El día que su hijo cumplió los cuatro años ella llegó al amanecer.

Su hijo estaba ya despierto, desayunando en silencio junto a Taisei, el hombre que le cuidaba.

Taisei era un hombre respetado por su aldea por sus amplios conocimientos y ser el maestro de todo buen ninja, incluso del jefe de la aldea desde hacía unos años. Su carácter era frío y conservador, jamás entablaba lazos con nadie. Pero el jefe le había encomendado la misión de proteger y cuidar de Eri como un favor al Hokague. Aunque se ofendió por encomendarle una tarea tan inapropiada, aceptó al ver a la madre.

Siendo tan joven ella, era predecible la vida que tendrían. Pidió conocer la historia de ambos y al hacerlo prometió que si ella lograba vencer sus obstáculos entonces tendría su respeto; hasta entonces, protegería a ese niño y le enseñaría.

Podía ver el difícil pero importante futuro que ese niño tendría.

-Eri.- La chica extendió sus brazos y el niño la miró ansioso antes de buscar los ojos de su maestro buscando su aprobación. Cuando éste asintió se levantó de la mesa y corrió hasta abrazar a su madre.

-Sin correr dentro de la casa, señorito Mitarashi. ¿Tendremos que volver a repasar las lecciones sobre etiqueta y modales?

Esa noche, la joven acostó a su hijo luego de escuchar a Taisei leerle al pequeño un poco en la biblioteca de la casa. Libros grandes y tan lejos de los cuentos infantiles que le preocupó por un momento la vida que le estaba dando a su hijo. Pero al ver al niño atento con un vaso pequeño de té en sus manos ya frío por estar perdido en las palabras de su maestro, supo que estaba creciendo bien.

-Lo prometiste.- Susurró el hombre al creer ambos al niño dormido, dejando los formalismos al dirigirse a ella. La besó en el cabello y le tomó la mano.- Prometiste que si al crecer él deseaba ser un ninja dejarías que lo fuera. Y él lo desea.

-Lo sé, pero no deseo que corra ningún peligro. Conozco tu forma de enseñar, eres severo y exigente, pero no creo que pueda estar con alguien mejor.

-Iniciaremos mañana. Él será fuerte, le esperan grandes cosas.

-Cuida de él, es todo lo que tengo.

-Lo haré, lo juro.- Le beso entonces la mejilla y al separarse ella tenía la vista en el suelo. Él comprendió y dio un paso fuera de la habitación.

Cuando Kakashi terminó de leer sintió el corazón latir con fuerza al saber a su hijo ninja. Pero también repitió las últimas líneas, esperando ver algo más allá de las frases del maestro Taisei, pero no lo logró.

También recordó cuando Yora le dijo que las cartas las escribía su padre y habló sobre su maestro, sobre el hombre que le educó. Quizá fuera el momento en que Yora y su hijo se conocieron. Pero Taisei no tenía hijos. Debió enseñarle a ambos, pero no era el padre de Yora. Taisei era la tercera persona que conocía el secreto de Anko y pudiera ser el escritor de las cartas desando ayudarlo

O pudiese ser que sí fuera el padre de Yora pero no lo supiera todavía. Yora era seis años mayor que su hijo, tendría diez en aquel entonces. Y Taisei se mostraba interesado por Anko, en aquél tiempo tener más de 40 años y mostrar interés por una chica seria mal visto, y siento él tan conservador como decía la carta seguramente respetaba mucho eso y era joven. Bien podría tener edad para ser el padre de Yora.

Y no debía saberlo, por el contrario el hombre se hubiese casado con la madre del niño como mandaba la sociedad. Habiendo mantenido una larga relación antes.

Pero le parecía imposible que mostrándose así, él pudiese "faltarle al respeto" a una mujer tocándola antes del matrimonio. A menos que ya fuera mayor de sus 25 entonces seria aceptable.

De pronto, Kakashi se detuvo. Sacar tantas conjeturas sobre las edades era tonto. Él mismo había tenido un hijo a sus quince años sin saberlo. Nada podía saber sobre ese tema.

Además, estaba sacando demasiadas posibilidades sobre si era o no el padre y las circunstancias, cómo se conocieron su hijo y Yora, y la relación de Anko con Taisei, entre otros pensamientos que en nada lo ayudaban.

Comprendió entonces lo que debería hacer y se dirigió regreso a su casa para enfrentar a Anko finalmente.


Me salté el proceso de la captura ya que debidamente, aunque complemento, no es importante y solamente les aburriría con tediosas descripciones de algo obvio que no se relaciona con la historia.

Espero les gustara el capítulo y la historia en esas cartas les siga atrayendo.

Respecto a Anko, creo que ella consideró que era la mejor opción al alejar a su hijo para protegerlo, evitar que tuviese el destino de Naruto pero sobre todo alejarlo de Orochimaru quien regresaría.

En el momento de la carta, Anko tiene 17 años y el hombre 31.

Recuerden: Un review dejado, un gatito salvado ;)