-¿Qué estará pasando?- se preguntó Esme, por millonésima vez- Se están tardando mucho.

-No te preocupes, cariño. Todo saldrá bien. – la tranquilizo Carlisle- Recuerda que es una misión de rescate. Son complicadas. Cálmate.

-¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡¿Cómo?! Si mis hijos están afuera poniendo sus vidas es riesgo.- dijo con voz entrecortada entre hipidos.

Carlisle no respondió. Solamente se limitó a estrecharla más fuerte contra su pecho.

Unos pasos más atrás se encontraba Rosalie sentada en una banca mirando hacia el horizonte. Sus pensamientos se encontraban a kilómetros de allí. Junto al hombre que amaba.

Recostó la cabeza contra vidrio sintiendo el frio de la ventana contra su mejilla, escuchando las gotas que empezaban a golpear contra ella.

Se conocieron cuando ella estaba en la universidad y él se preparaba para ser policía. Cuando ambos tenían veinte años.

Sonrió.

Recordando ese momento.

Rosalie acababa de terminar las clases. Se sentía realizada porque acababa de empezar su carrera y estaba segura que tendría mucho futuro en su campo de trabajo. Estudiaba en la NYU* negocios internacionales.

Su apartamento quedaba a quince minutos de la facultad, por lo que no se preocupó de la hora. Aunque debió admitir que eran pasadas la seis, ya era un poco tarde para estar sola en la calle. Y hacia frio. Por lo que se subió a su BMW Serie 1** color plata y arrancó, saliendo del estacionamiento.

Su auto le fascinaba, recién había salido al mercado y era importado de Alemania. Lo vio en unas de sus vacaciones amándolo desde el primer instante.

Estaba a punto de llegar a su casa, iba cruzando una calle desierta. Había empezado a nevar y todas las personas estaban dentro de sus casas o protegiéndose dentro de los restaurante. Pero nadie estaba en la calle. O al menos eso pensó ella.

Tamborileó los dedos sobre el volante esperando a que el semáforo cambiara de color.

Tardaba demasiado.

Así que se dispuso a subir la calefacción porque sus hermosos dedos con uñas decoradas impecablemente a la francesa se estaban poniendo azules.

Genial.

El semáforo había cambiado de nuevo a verde. Se disponía a cruzar a la derecha cuando de repente vidrios volaron por todas partes.

Estiro lo brazos protegiendo su cara, mientras que alguien abría la puerta y la sacaba en contra de su voluntad.

Sintió como unas manos gruesas la estampaban contra el coche, inmovilizándola.

Rose abrió los ojos con un poco de miedo, y se topó con unos ojos negros que la miraban con desdén. Ella conocía a ese tipo.

Era Royce.

Su nada agradable exnovio.

-¿Qué quieres? Creí que había quedado claro. ¡No quiero verte nunca más!

-¿A sí? Pues déjame decirte que yo si quiero verte- dijo con aliento a alcohol- enterita.

Tomó la cara de Rose entre sus dedos y la beso a la fuerza. Luego se separó.

-Pero tranquila, no necesito ni quiero acostarme contigo, hay mucho mejores que tú.

La soltó al fin y se alejó de ella unos cuantos pasos.

Por un momento Rose pudo respirar con normalidad.

Hasta que Royce sacó una arma de la cinturilla de sus pantalones. Y le apunto con ella.

-¿Qué quieres?

- Tu dinero, joyas. Ya sabes, las cosas de valor.

-¿Y por qué te los daría?

Se acercó a ella en dos zancadas y coloco el arma sobre la cien de ella.

-No te hagas la difícil. O si no te vuelo los sesos.

Rose miro por el rabillo del ojo hacia el arma, y notó que el dedo que apretaba el gatillo temblaba descontroladamente.

-Necesito diez mil millones de dólares. Para mañana.

-¿Estás loco? ¿De dónde crees que voy a sacar tanto dinero?

-No te hagas la tonta Hale, que no te queda. Tu familia tiene mucho dinero.

-Exacto. Mi familia. Yo no. Ni siquiera tengo trabajo aun.

Pudo ver la duda y la desesperación en los ojos de Royce. Pero lo que vio después le puso los pelos de punta.

Ira.

Ira asesina.

-¿Así que no vas a cooperar? Está bien. Te daré un incentivo.

Alzo su mano exageradamente hacia atrás y Rose cerró los ojos esperando un golpe que nunca llegó.

Los abrió y sorprendida identifico el cuerpo de Royce despatarrado en el suelo.

Alzo la vista y pudo ver como un joven apretaba el arma y sacaba los cartuchos. Descargándola. Cuando terminó con su tarea se volvió hacia ella.

-¿Te encuentras bien?

Pero ella no pudo contestar porque se quedó embelesada viendo su cabello negro ondulado goteante. Y como los copos de nieve se fundían con su nívea piel.

Desde ese momento él sería su héroe.

Suspiró.

Lo había visto apenas hace cuatro horas y lo extrañaba mucho.

Y también a su periodo.

Una lagrima se deslizo por su rostro, mientras acariciaba su vientre y una sonrisa triste se formaba es su cara.

Se había enterado hacia cuatro días atrás. Tenía un retraso de dos semanas. Pero no encontró el momento oportuno para decírselo a Emmet.

Con el secuestro de Alice y Sophie. La noticia del oscuro pasado de Bella, el cual podía volver a repetirse si no actuaban rápido. Y el descubrimiento del paradero de las chicas no dejaba tiempo para ese tipo de noticias. Y estaba muy nerviosa porque no sabía cómo Emmet reaccionaria.

Inspiro profundamente. Porque pasara lo que pasara a ese bebé no le faltaría el amor de una madre.

Salió abruptamente de sus pensamientos cuando escucho una conversación que tenía Edward.

-¿Preparado para qué? ¿Emmet? ¿Hola?

Alejó el teléfono de su oído. Frustrado.

Le dijo algo a Carlisle y luego se volvió hacia nosotros.

-Debemos que ir al hospital, ustedes vuelvan a casa. Le llamaremos si hay novedades.

Y todos le dirigimos miradas de "eres un estúpido si crees que te haremos caso"

A lo que el suspiró, y nos encaminamos a los autos mientras exigíamos explicaciones.

O_o_O_o_O_o_O_o_O_o_O_o_

Edward caminaba de un lado a otro en la entrada de hospital. Casi arrancándose el cabello.

El Hospital NewYork-Presbyterian había sido su lugar de trabajo los últimos tres años. Pero en ese tiempo nunca se había sentido así. Tan a la expectativa.

Nervioso.

Con una extraña opresión en el pecho, que no podía explicar.

Se encontraba enfundado en su bata de doctor esperando ansiosamente la llegada de la ambulancia. No sabía quién estaba herido, solamente recibió la llamada de Emmet diciéndole que estuviera preparado.

¿Preparado para qué?

Aun no lo sabía. Emmet había colgado. Y eso había incrementado las posibilidades de que se quedara calvo antes de tiempo.

Así que le informó a su familia. Y le pidió a Carlisle que también se preparara porque podrían esperar cualquier cosa. Por supuesto que Carlisle accedió rápidamente sin dudar.

Además le pidió a Rosalie, Esme y a Jasper que fueran a casa para descansar. Y que ellos le avisarían de la novedades.

Seh, lo dijo inútilmente.

Porque ahora se encontraba con una Rosalie llorosa, consolando a una preocupada Esme, con un descolocado Jasper mirando a la nada, todos parados en medio de un pasillo caminando de un lado a otro sin parar.

Pensó que tal vez el estar con su familia calmaría sus temores, pero fue todo lo contrario. Lo sollozos de Esme, el sonido de los tacones de Rose al caminar, y los múltiples suspiros de Jasper solo incrementaban sus miedos. Sin contar la mirada impasible que le dirigía su padre.

Edward se sorprendió al notar que él no parecía preocupado, triste, ni desesperado, ni desubicado. Pero luego comprendió que alguien debía ser cuerdo para mantener la calma y la cordura en los demás. Y eso solo hizo que admirara más a Carlisle.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ruido de una sirena. Todos quedaron petrificados por la escena que se presentaba frente a sus ojos.

La sala se llenó de policías, y agentes. Pero ninguno parecía estar herido.

Y como un chasquido de dedos, todos reaccionaron simultáneamente.

Carlisle y Edward corrieron hacia la puerta esperando la camilla mientras que Rose, Esme y Jasper se pegaban a la pared, sorprendidos.

Entro una camilla con dos figuras acurrucadas en ella.

-¡Alice! ¡Sophie!- gritó Jasper abalanzándose sobre ellas. Y estrechando a ambas entre sus brazos.

Verlas le quitó parte de la opresión de su pecho.

Ambas tenían lágrimas brotando de sus ojos, pero se notaba que no estaban lastimadas…

Rápidamente las revisaron. Solo estaban un poco deshidratadas y asustadas. No necesitaban ayuda médica urgente. Las palabras de Emmet rebotaron en su cerebro y entonces…

Entonces la vio. Esto no podía estar pasando. Pero él lo presintió. Y no pudo hacer nada para evitarlo.

Estaba pálida, inconsciente y muy sangrante. Decidió tomar su actitud profesional aunque se estuviera desgarrando por dentro. Y procedió a tomar los signos vitales, mientras la camilla iba a toda velocidad por los pasillos.

Su pulso era bajo y demasiado rápido.

-La arteria femoral del muslo izquierdo fue perforada y se desangra a un ritmo alarmante- informó una enfermera.

-Bien, esta inconsciente, piel húmeda, sudoración, palidez y respiración rápida- dijo enumerando los síntomas- Está entrando en shock hipovolémico.

Entraron en la habitación, le abrieron la camisa y empezaron a monitorearle los latidos del corazón.

-Presión arteria baja- indico un enfermero.- Temperatura corporal muy baja.

-Inyecte dos miligramos de dopamina y…

Pero un pitido lo interrumpió.

-¡Código azul! Gritó alguien.

Y él sintió que se derrumbaba.

Bella estaba sufriendo un ataque cardiaco.

Y hasta aquí llegó el cap.

¿Qué les parece? ¿Qué le sucederá a Bella? ¿Edward podrá soportarlo?

¡COMENTEN! Para mí su opinión es muy importante.

Alexandra