Capítulo IX: ¿Injusticia o realidad?

Él se veía sumamente frágil a pesar de que su cuerpo resistió miles de ataques y batallas, y a pesar de que su personalidad fuese seca e indomable. Se notaba cansado, agobiado y fatigado con solo mirar como dormía de forma tan profunda y al mismo tiempo, se mostraba tan sereno. Tal vez, soñaba con el momento del accidente o quizás, con otro final el cual resultaría bueno. Quizás ambas. Nunca lo sabrían con certeza puesto que ahora se encontraba durmiendo y querían dejarlo así, hasta que mejorara.

Ryo no despegaba la mirada del vidrio que lo separaba de Kyoya, el cual, se encontraba en una camilla, conectado a centenares de cables y tubos, aquellos artefactos cantaban un coro con el «Bi, bi, bi...» que emitían en forma de patrón por defecto. El pelirrojo mayor se imaginaba como había llegado a terminar en esas horribles condiciones el pobre chico; moretones, raspaduras y otras características de heridas profundas. El sonido, insistente y un poco irritante era lo que rompía el incomodo silencio de la sala de espera, haciendo de la situación algo tediosa al esperar por los resultados de los doctores.

Los que conocían a Kyoya —Excepto Madoka y Yuki, que se quedaron en el taller— estaban sacando sus propias conclusiones en sigilo desde sus asientos o recostados en la pared. Ninguno hablaba, simplemente estaban hipnotizados por algún punto en la habitación que por ese momento, sería su mundo hasta que un medico respondiera sus preguntas.

Más tarde, luego de una interminable espera, una puerta se abrió al final del pasillo, cortando el delicado hilo del suspenso, seguidamente de ello pasos se acercaron a donde el grupo de jóvenes —Y un adulto— se encontraban. Era un doctor cargando consigo una expresión bastante neutra y un portapapeles.

—¿Ryo Hagane-san? —Preguntó mirando al pelirrojo de traje formal una vez que estuvo lo suficientemente cerca como para dirigirle palabras.

Ryo cuando sintió que se le aproximaron, volteó con el mismo rostro puesto del doctor

—Sí, soy yo... —Pronunció, revistiendo su pánico en una máscara de calma.

Antes de que el médico le dirigiera otra palabra, el hombre de bata blanca observó a cada chico y chica los cuales, lo miraban insistiéndole con los ojos los resultados pronto.

—Bueno, supongo que no tengo de otras que decirles lo que pasa aquí mismo —Comentó en tono seco y luego miró su portapapeles—. Verá Hagane-San, el joven Kyoya sufrió muchos daños que podrían haberle costarle la vida.

Algunos pusieron ojos de platos ante tal franqueza. Aunque era verdad, se notaba en los golpes.

—¡¿Qué?! ¡¿Entonces Kyoya puede morir?! ¡Eso no es cierto! —Chilló Benkei apretando sus puños y apunto de soltar lágrimas. A su manera dramática, claro.

—Sí y no. Ahora está mejor —Prosiguió el doctor—. Primero... Apenas si come, dándole mala fuerza al cuerpo. Segundo, tiene un golpe en la parte posterior de la cabeza que por suerte no le causó una hemorragia interna. Tercero, tiene moretones y rasguños casi por todo el cuerpo, imagino... Que tuvo una pelea con alguien, aun así casi le fracturan un brazo y una pierna pero sí que salió con una costilla rota... —De nuevo, miró a Ryo quien apenas creía lo que decía—. En conclusión, este chico es el más problemático que he visto en mi carrera. Solo les sugiero que estén con él para que no se meta en otro lio porque no creo que soporte otra cosa.

El informe del médico hizo palidecer a la mayoría presente. ¿En serio pasó todo eso y llego a la WBBA? Había que admitirlo, eso es digno de admiración.

Kyoya... No puedo creer que estés tan herido... Resiste. Te mejorarás pronto —Pensó Gingka sumergiendo su mirar en el piso limpio.

—Gracias por decirnos eso, Doc. Ahora quisiera saber cuándo podría mejorarse —Le cuestionó Ryo manteniendo una leve sonrisa aunque la escena fuese deprimente.

—Debo de recomendarle que debe de quedarse al menos seis semanas aquí. Eso significa, nada de Beyblade y batallas en ese periodo, tampoco ejercicios forzosos. Hay que mantenerlo con una dieta sana y le asignaré analgésicos, mucho descanso en cama hasta que por lo menos sanen los moretones, su costilla, rasguños y la herida de su cabeza.

Benkei era el más afectado por esas duras palabras: Nada de beyblade y batallas...

—¡Kyoya amigo! ¡Estarás bien y todo será normal en dos semanas! —Exclamó y cubrió sus ojos para llorar muy dramático, mientras que Kenta y Yu le consolaban por lastima de verle así.

—Bien, ya les dije lo que debía. Pasen buenas tardes y traten de mantenerse en silencio... —Sonrió el doctor y se retiró dejando al grupito un poco aliviado.

Por otro lado...

—Hm...

Tsubasa, estando apoyado en la pared, armaba un rompecabezas en su mente. Kyoya tenía conexión con los bladers bandidos que hablaba Julian, eso explicaría su mal estado, y la de Leone. En ese momento tuvo un breve flashback el cual se presentaba cuando Leone se cayó de su abrigo, por supuesto, todo tenía sentido, se topó con los tipos malos

—¡Ya lo tengo!

Dareki dio un saltito desde su silla al escuchar a su amigo gritar tan alto

—¡Ay, Tsubasa! ¿Qué tienes?

—Tengo una teoría. Kyoya se encontró con los bladers bandidos y tuvo una batalla con ellos pero perdió, eso explica la fractura de Leone y sus heridas.

—Uhm... Tsubasa tiene razón, debió ser eso. No me sorprende que lo hayan atacado pero... Debo admitir que nunca vi que alguien llegara a agredir de forma tan brutal —Se unió Ryo observando con atención al adolescente en camilla desde la ventana. Como si estuviese esperando que fuese él quien afirmara la teoría.

—¡Si entonces fueron ellos...! ¡Nunca se los perdonaré! —Una vez más Benkei, preso de la ira— ¡Amigo mío, te prometo que te vengaré!

—Ay Benkei, ya no hagas ruido, te llamaran la atención... —Dijo Kenta un poco avergonzado. Aunque en el fondo, tenía la necesidad de hacer lo mismo.

Gingka súbitamente se levanto de su puesto de un salto, robándoles la atención a todos.

—¡Si eso es así...! —Frunció levemente el ceño— ¡Hay que ir a buscarlos! ¡No permitiré que ellos estén afuera causando líos sin un alto! —Defendió haciendo más notorio su enojo.

En sus palabras, se podía llegar a sentir el coraje al ver a su compañero de tal forma, nadie sería tan cruel como para eso, y si así de malos son, entonces merecen un innombrable castigo.

—Espera, Gingka —Le interrumpió su mayor, mostrando seriedad en su rostro—, no puedes ir a buscarlos —Apuntó con mucho más rectitud, casi cortándole con la mirada.

El blader de bufanda esbozó la confusión en su cara. Casi nunca escucha un "no" por parte de su padre, hay veces que pronunciaba esa palabra cuando este desea más hamburguesas pero... ¿Por qué ahora siendo tan importante buscar a los delincuentes que casi matan a su amigo? Era momento ideal para respuestas directas.

—¿Qué? ¿Por qué no? —Preguntó, totalmente exaltado.

—¿No has visto como han dejado a Kyoya?... Terminó en un hospital. Y no dejaré que vayas solo para que termines igual. Lo lamento pero te prohíbo ir —Respondió Ryo sin permitir que su expresión se esfumara.

Posteriormente les clavó la mirada a los demás como si también la advertencia fuese para ellos.

—Eso también va para ustedes.

Unos se quedaron sin nada que decir y otros iguales que Gingka. Exaltados. Entendían lo del pelirrojo, aunque con ellos era diferente el caso, ya estaban en la misma situación, no tenía sentido, todos juntos podían vencer a los malhechores. Además, no poseían el imprudente don del fracaso, intentarían hasta al menos conseguir lastimarlos, lo que sea, querían hacer algo al respecto.

—¿¡Qué?! —Alzó la voz Benkei al igual que sus brazos, de nuevo tan escandaloso— ¿Pero que pasará si no hacemos algo? ¿Dejará que ellos lastimen a más personas?

—¡Eso es muy injusto! ¡Ellos deben de pagar! —Le apoyó Kenta estando arriba de su asiento. Viéndose tan grande como su cólera.

Luego, le siguió Yu—. ¡Yo le apoyo! ¡Yo-yo es un amigo queridísimo! ¡Queremos ayudar!

La pelinegra se les unió sigilosamente levantándose de la silla.

—Eh... No quiero alzarle la voz, Hagane-san , pero es verdad. ¿En serio no podemos ir? —Agregó amablemente Dareki con un tono de voz suave acompañado de una carita preocupada.

—Ya sé que todos quieren buscar respuestas, me incluyo en ello. Solo que no quiero que ninguno de ustedes salga herido o peor. Dos sujetos hicieron añicos a un blader legendario, imagínense con algunos de ustedes.

La seguridad de Ryo vencía al capricho de su hijo y de sus amigos. Se le notaba en su comportamiento ya que tenía sus razones de ser.

No estando de acuerdo con ello, Gingka se interpuso gracias a su terquedad aunque mayormente por las ganas de hacer justicia

—¡Eso no es una excusa! ¡Nosotros podemos vencerlos, somos más! ¡Siempre salimos ilesos de algo! ¡Déjanos hacer...!

Antes de que terminara, Ryo dejó salir su lado desconocido como padre protector. Un lado al que tenían que hacer caso o si no quién sabe.

—¡Gingka! —Rugió tan alto que su hijo se encogió de hombros y maquinalmente se puso firme cual militar novato en la armada— ¡No, es...! ¡No! —Siguió en la misma fuerte tonada.

Luego, silencio absoluto, solo el medidor cardiaco hacía el abrumador tintineo de fondo, contrarrestando la incomodidad del principio que retornaba a la sala. Gingka, se quedó inmóvil, con los hombros firmes. El inmenso grito —mejor dicho, regaño— condenó a cadena perpetua a su actitud tan impetuosa*, callándolo y de por sí, dejándolo mudo; ya no tenía deseos de contradecirlo otra vez. Ni hablar de los demás jóvenes, oprimieron totalmente cualquier otra queja que si no fuese por la firmeza de Ryo, estuvieran bombardeándolo con ello.

El pelirrojo superior no me inmutó aunque si se disculpó con las personas de atrás que se quedaron mirando la escena. Después, se acomodó su traje y dejó escapar un suspiro, harto de la situación y listo con su decisión.

—¡Es hora de irse chicos!... Dejemos a Kyoya descansar, volveremos mañana —Ordenó Ryo en tonada de niño, muy alegre.

Luego, se dispuso a irse de la sala sin otra cosa que decir acompañado de una expresión llena de pura serenidad. Como se mencionó inicialmente, sonaba sospechoso.

Rápidamente los demás le siguieron teniendo las cabezas pegadas al piso, tristes y decepcionados. Y también confundidos por la breve bipolaridad del hombre pelirrojo. Más allá de eso, lo más útil que podían llegar a hacer era esperar, una orden o una señal, lo que sea, pero ninguno se quedaría así, no concebían la aflicción que sentían en sus adentros; les dejó un agrio sabor en la boca.

Mientras que el grupo se retiraba en afonía, la pelinegra se quedó parada enfrente del vidrio del mismo modo, callada y neutra, apreciando el preocupante panorama del joven durmiente.

Tsubasa le dio por voltearse a medio camino, y cuando dilucidó a la chica postrada en la ventanilla, se dirigió a ella sin emitir palabras ni sonidos. Se colocó a un lado, mirando lo que ella observaba, a un chico golpeado. Apenas giró a verle el rostro a la pelinegra, notó unas gotas cristalinas saliendo de sus coloridos pero ahora desconsolados ojos.

—Él estará bien... —Susurró el peliblanco hospedando su mano en el hombro de la chica.

La muchacha forjaba a sus lágrimas a regresarse a donde pertenecían pero estas aumentaban la cantidad de ellas.

—No es eso... Sé que mejorará —Murmuró a punto de quebrarse—. Me da coraje que haya maldad en el mundo y que personas buenas sean las afectadas —Siguió, apartando su vista a un lado evitando el contacto visual de Tsubasa a sus sollozos.

La lastima del joven de cabellos blancos lo sometió a darle un abrazo a la chica inesperadamente. Lo necesitaba, ella también era una ser frágil. No obstante, aquella descripción le quedó pequeña cuando comenzó a llorar descontroladamente, aunque intentaba oprimirlo, ya que apenas conocía al joven que la abrazaba y al que dormía. A decir verdad, se veía adorable.

—Eh... ¿Dejarás de llorar? ¿O nos quedaremos aquí todo el día? —Habló Tsubasa ya sonando algo incomodo del abrazo.

Dareki pasó de ser depresiva a ser ella misma. Soltó una risita abrazando aun más a su amigo, agradeciéndole con una gran sonrisa por hacerla sentir mejor.

—¡Ay, ya cállate! ¡Arruinaste el momento! —Comentó y rió de nuevo. Descartando por completo la desilusión por la cual estaban allí.

—Supongo que estás bien, ahora mejor vámonos, no quisiera ver a Ryo enojado, de nuevo.

Más tarde, ambos se aproximaron a la puerta de salida junto a ella.

El mañana sería otro día, y sería mejor, las cosas saldrían bien y todo bien. Quizás la maldad estuviese ahorcando a la bondad en esos momentos, pero muy pronto, sería diferente lo quisiera o no.

A punto de salir del hospital, Tsubasa recibió un golpe rápido con una piedra pequeña —Pero si dolorosa— justo en la parte de detrás de su cabeza, trayendo como consecuencia que este se quejara y volteara en busca de su agresor. Lo único que miró fue a Gingka caminando detrás de ellos, sin una expresión acusadora que le delatara de ser quien le lanzó eso, aunque, sin previo aviso pasó alado de Tsubasa casi tirándolo al suelo, empujándolo a un lado mejor dicho. Que si no fuese por su rostro tranquilo, juraría que lo apartó con rabia.

—¡Hey, Gingka! ¿Qué ocurre contigo? —Demandó disgustado el peliblanco mostrando un ceño apenas fruncido.

—¡Ay perdona! No te vi... —Contestó positivo el muchacho de bufanda y luego, se fue muy normal. Demasiado.

Tsubasa y Dareki ese día quedaron confusos al comportamiento raro de Gingka. Fue extraño, puesto que el pelirrojo se les quedó mirando en el pasillo anteriormente pero después siguió como si nada.

Aun así, no era el caso.

Malvados acechaban a la ciudad en donde nuestros héroes ahora residen. Una batalla mortal se acercaba y no es como las otras, ya que los que ahora llamaremos villanos, tienen una gran fuerza de voluntad que con ella humillan a cualquiera.

Y no darán piedad cuando sea el momento de ejecutar sus viles actos contra el mundo.

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Palabra del día:

Impetuoso:

«Que actúa de forma irreflexiva y precipitada.»