-Te lo digo Leo algo le pasa.
Leo observó a Mikey mientras iba a buscar algo en su habitación. A pesar de que Splinter había hablado con él y les había asegurado que no notaba nada extraño en él.
-¿Estás seguro?- le preguntó Leo.
-Definitivamente- respondió Donnie.
Mikey salió de su habitación y se dirigió a sus hermanos, Leo lo observó con detenimiento, parecía el mismo de siempre a sus ojos, con esa sonrisa, la forma en que caminaba, sus ojos…
Quizás si había algo mal.
Cuando Kaleen volvió a despertar la luz de la ventana era oscura.
Se incorporó con un brazo y miró el cuarto desorientada, Amy lo había ambientado de modo que se sintiera cómoda, Amy tenía la decoración de su casa con demasiado color, las pinturas en las paredes e incluso los instrumentos daban pruebas de que había nacido para el arte.
La habitación que le había dado en su Loft era mucho más calmada, tenía su ropa acomodada y en la mesa de luz estaba la foto que no había soltado en casi ningún momento hasta que logró dormir.
Apartó las sabanas y se levantó, ya no llevaba la ropa del entierro si no un camisón que a Amy ya no le iba porque su ropa no consistía en un pijama y no sentía las ganas de revolver para sacar los pantalones y la camisa que usaba para dormir.
En cuanto salió sintió el olor de una sopa, Amy era buena en la cocina, tenía sentido, pues vivía sola y no tenía en quien apoyarse.
-Hey- la saludó dándose la vuelta.
Tenía el pelo cobrizo atado en un rodete del cual escapaban algunos pechones, tenía uno pijama de gato, la camiseta resaltaba sus atributos normales, le recordó cuando eran más pequeñas Amy siempre había parecido mayor, como si fuese de acero.
-Hola- respondió con voz algo ronca-¿Eso es sopa?
-Mi especialidad- respondió Amy con una sonrisa cálida-¿Te sientes mejor?
-Sí, más calmada.
Amy apagó la hornalla y le sirvió un plato lleno de sopa de fideos.
-Come, es la especialidad de la casa- bromeo mientras Kaleen se sentaba en la barra- Mikey me ha dicho que intentaría pasar por aquí.
-¿Sus hermanos no saben nada?- inquirió Kalee.
-No, dijo que no quería involucrarlos en esto.
-No lo entiendo. Pensé que los quería bastante.
Amy suspiró y se sentó enfrente con el tazón de sopa.
-Hay veces Kalee- respondió Amy- Que el amor no es suficiente.
Mikey logró separarse lo suficiente de sus hermanos cuando ya casi era la hora de volver.
Kalee estaba desecha, como suponía, pero parecía mejor que en el funeral.
Hablaron poco pues no podía permitirse que sus hermanos sospecharan.
-Solo quería ver cómo estaban- le aseguró a Kaleen.
-Más tranquila- respondió- Gracias, a los dos. En verdad Gracias.
Amy la abrazó y Mikey le dio un beso en la frente.
-La familia es lo primero- replicó Mikey- Tengo las cosas un poco apretadas con mis hermanos así que me será difícil venir, pero llamaré.
Porque no podían permitirse bajar la guardia aun, las heridas de lo ocurrido aún estaban abiertas.
Las dos asintieron.
-Ten cuidado Mikey- le recordó Amy.
Esa noche ninguna de los Ania tuvo buenos sueños.
Amy soñó que no llegaba a rescatar a Levi, Kaleen soñó con su hermana pequeña y Mikey soñó que perdía a sus amigos a manos de sus hermanos.
El problema de la Guerra era ese, que luego de enfrentarla había que lidiar con lo que se había dejado allí detrás, muerte, dolor, lágrimas, pérdida. Amy y Kaleen durmieron juntas, Mikey durmió en el sofá arrullado por los ruidos de su familia.
Aun les quedaba un largo camino para que pudieran dejar detrás los horribles meses que habían pasado.
Lo peor es que ese camino puede ser más doloroso que la misma guerra.
Semanas después.
-¡Mikey!- lo llamó Raph gritando.
Mikey saltó al ser traído a la realidad desde sus pensamientos y miró a Raph.
-Lo siento Raph ¿Qué decías?
-¿Qué estas sordo? La sal.
Mikey se la pasó. No estaba en modo para nada, había hecho la cena para distraerse pero la verdad era que quería estar solo.
Los juicios estaban casi a la mano, no faltaba mucho para que comenzaran y Mikey estaba en las nubes pensado en todo lo que tenía que hacer, sabía que sus hermanos estaban preocupados por él (No estaba seguro de si Splinter estaba preocupado) pero era claro para él que sus hermanos ocupaban un lista muy debajo de sus prioridades.
-Voy a recostarme- anunció levantándose.
Incluso Splinter lo miró mientras caminaba hacia a su habitación, estaba cansado. Estaba aterrado de seguir teniendo pesadillas, estaba aterrado de los juicios.
Estaba exhausto.
Amy había estado bastante activa entre la Guardia y sus rotos amigos, a Mikey le preocupaba que se sobre esforzara, incluso ella había sufrido por la persecución pero era la que más fuerte se mantenía.
Mikey la admiraba por eso, esa fortaleza de acero parecía irrompible. Esa chica era única.
Pasó un rato antes de que fuese Raph quien golpeo a su puerta.
-¿Mikey?
Pero él no se levantó, se quedó en su cama y cerró los ojos, quizás se fueran, como siempre.
-¿Mikey?- llamó Donnie.
-Mikey sal por favor, nos preocupas.
Pero no podía levantarse, el sueño ya lo había capturado así que solo se dejó llevar por la oscuridad.
Splinter miró la puerta de su hijo menor con preocupación.
Hacía semanas que Mikey estaba actuando extraño, Donnie había propuesto depresión, puesto que parecía exhausto y tardaba en responder.
Si ese era el caso lo habían mantenido vigilado y solo parecía…perdido en sus pensamientos, en el entrenamiento actuaba como si no pasara nada pero él había notado como se apretaba el brazo con fuerza.
Respiró hondo y puso la mano para abrir la puerta.
Para su sorpresa estaba abierta, Splinter entró con suavidad y vio a Mikey dormir apretando su almohada, sonriendo fue hacia su hijo menor y lo cubiró con una manta.
-Estamos aquí para ti Miguel Ángel- pensó mientras se marchaba- yo estoy aquí.
Amy se apoyó en la pared lejana de donde salían los Guardianes.
Estaba agotada, pasar el día escuchando las historias desgarradoras para los juicios era mentalmente agotador, lo único que quería era acostarse.
Muchos le agradecieron cuando volvió a la sala donde estaban los familiares, ella solo les dio bendiciones y dejó que se fueran, muchos lloraban cuando la veían y la saludaban, otros le agradecían.
Leila Jells fue diferente, fue hacia ella y le dio una botella de jugo con un alfajor.
-Come algo de azúcar, por cómo te ves parece que te fueras a desmayar- le dijo ignorando las miradas de otros.
Ella había perdido a su esposo y se había quedado con dos hijos, Amy la había conocido cuando los había salvado. Pero, a diferencia de la mayoría, ella no la había llenado de alabanzas y pedidos.
Ella había visto a una chica que estaba destrozada.
-Me siento cansada- le respondió.
-Me lo imagino, tener que escuchar estas atrocidades una chica como tú- bufó- ¿Qué tiene en la cabeza Aeri?
Aeri era la líder de la Guardia, había librado a Kaleen y Mikey de todo esto pero al costo de que ella tenía que hacerlo.
-No tengo ni idea Leila.
