RochiiR.C.R : Jajaja mis mejores deseos para ti también. :)
LethydeMarvel: Me divierte, me declaro culpable.
PauRiddle: Sorry de antemano :(
LauraSteiner No voy a hacer otra temporada, tristemente aquí concluye. Si, Arceus lo hizo por venganza, aunque no era precisamente lo que deseaba. La historia la tenía planeada así desde que quise que Hermione terminara embarazada. El fic de Harry/ Voldemort, espero terminarlo si mi musa lo permite. Mi otro fic será de Hermione, Voldemort y Tom Riddle, si, es algo bizarro y sexy al mismo tiempo ;)
AfroBlack: Si me lo hubieses dicho antes habría hecho un capítulo completo sobre Voldemort y su hija! Ya es el final, pero puedo consentir ese capricho a menor escala! Espero te guste.
Satorichiva: Si, andaba distraído porque entró a la mansión en busca de Voldemort pero se encontró a la hija. A él realmente no le interesaba matar a la niña, pero igual lo hizo. A mí me gustó esa parte también, fue inspiradora.
Zelda Black7: Amé tu comentario, fue muy pasional y sincero :) Se me olvidó responder tu anterior comentario... se pronuncia RRania.
"Tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente se niegan a apartarse"
CAPITULO FINAL.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Salió de la habitación y se dirigió a su despacho. Sus movimientos eran lentos y pausados. Como si unas cadenas invisibles le sujetaran fuertemente los tobillos. Los oscuros pasillos de su mansión, que siempre había encontrado cómodos y reconfortantes, ahora se veían reducidos a meros espacios vacios, donde no encontraba absolutamente nada.
Llegó a su despacho y con mucha parsimonia se sentó en su sillón, mirando fijamente el fuego. El silencio era tal sepulcral que podría haberlo cortado con un cuchillo, el simple pensamiento hizo que se sintiera enfermo. Miraba al frente en un especie de trance, y agradecía profundamente encontrarse así, porque no estaba seguro de lo que haría una vez que Hermione se hubiese despertado. Llevó sus manos a su cara y suspiró. No sabía qué hacer, su mente no procesaba nada, una inmensa y desconocida tristeza se apoderaba de él. Jamás había tenido un sentimiento como aquel, pero había algo que lo sobrepasaba: el miedo.
No podía permanecer en ese lugar, demasiada tensión, demasiado silencio. Se puso en pie y salió con paso rápido. Respiró profundamente al momento de detenerse al frente de la puerta. Controló el temblor de su mano y giró el picaporte. Cerró los ojos durante unos segundos mientras escuchaba como la puerta se cerraba tras de sí. Caminó despacio y se acercó a la cama. Se sentó en el suelo y apoyó sus brazos en el colchón, mirando fijamente, sin podérselo creer todavía, el cuerpo inerte de su hija.
Había ordenado enterrar a Vanessa, que sinceramente no le había importado mucho, era lamentable, si, pero no era ni remotamente comparable. Él mismo había recogido el pequeño cuerpo de su hija y la había limpiado de todo rastro de sangre, no iba a permitir que más nadie pusiera sus sucias manos sobre ella. Acercó su mano y acarició su cara con la punta de sus dedos, estaba fría y pálida, pero aun conservaba vestigios de su última sonrisa. Su mano cayó al lado del rostro de la niña, era como si no pudiera soportar el peso de ésta.
Su corazón latía fuertemente contra su pecho. Se quedó ahí apoyado sin hacer nada más. Era la primera vez que pasaba por ese tipo de situaciones y la verdad es que no tenía una idea fija en cómo debía proceder. Concibió un leve sentimiento de rencor hacia sí mismo cuando se percató que no sentía tanta tristeza o dolor por la muerte de su hija, no por lo menos esa intensidad que sería la acostumbrada. Quizás había visto tanta gente morir, asesinados por su propia mano que estaba ¿inmune?
Oyó un sonido en su espalda y se dio la vuelta. Allí, arrastrándose por el piso, venía Nagini. Se detuvo a su lado, en el suelo y levantó su cabeza.
-Lo siento tanto, amo- siseó
-¿Qué voy a hacer ahora, Nagini?-
-Quizás deberías ir pensando en considerar tus oportunidades… todo se va a desmoronar- La serpiente se alzó hacia la cama y se acercó a la niña – Todavía no lo puedo creer-
Voldemort se quedó callado mientras miraba la escena inexpresivamente. Nagini se giró y se le enroscó por el cuello.
- ¿Te duele? ¿Aunque sea un poco?- preguntó
-¡Por supuesto!- Exclamó furioso- Era mi hija y ese bastardo la ha matado-
- Lo superarás rápido… Hermione por otro lado…-
Voldemort bajó la cabeza- No lo sé…-
Nagini se retiró y fue hasta una repisa. Voldemort la ignoró hasta que ésta regresó con algo brillante colgado de su hocico. El mago la miró perplejo.
- Esto estaba en su cuello, creo que ni te diste cuenta-
Voldemort alargó la mano y tomó el objeto entre sus dedos. La observó detenidamente y sus ojos se abrieron de sorpresa, pero una sonrisa amarga inundó sus labios.
-¿Qué hace esto aquí?- preguntó
-¿Qué es?-
-Lo tenía Arceus… me dijo que había pertenecido a su familia… algo por el estilo-
Nagini siseó furiosa – Ha asesinado a la niña y ha tenido el descaro de dejarlo en su cuello-
Voldemort notaba como la ira se acumulaba en su interior- Lo ha hecho para que lo recuerde… para burlarse de mi-
Nagini miró hacia el cuerpo de Rania- Y no podrás vengarte-
Voldemort se levantó de golpe y Nagini cayó al suelo, alzó la vista aparentemente sorprendida ante el repentino movimiento de su amo. Voldemort asía fuertemente la cadena contra su puño y sus ojos despedían odio.
- ¿Crees que no lo sé?- escupió mientras se daba la vuelta y salía de la habitación. Caminó dando grandes zancadas y se detuvo frente a su habitación, tenía inquietud de entrar allí, sabía que se encontraría con Hermione, todavía inconsciente, en la cama. No quería que se recuperara, no sabía que le iba a decir, que iba a hacer.
Suspiró y abrió la puerta, de inmediato la vio. Con los ojos cerrados, totalmente aislada del mundo y la actual pesadilla, y sin embargo, Voldemort podía ver la angustia acumulada en sus suaves facciones.
Tomó su sillón y lo volteó quedando de frente a la cama. Vio a la bruja fijamente mientras apoyaba los codos en sus rodillas y juntaba sus manos.
-Hermione…- susurró
Miró hacia la puerta contigua, donde se encontraba la habitación de su hija, ahora vacía. Sintió desasosiego al pensar en que mas nunca la vería salir de allí, más nunca oiría su voz, jamás vería esa sonrisa y sus ojos brillar de emoción.
FLASHBACK
Su mano bajó, rompiendo la maldición cruciatus que estaba empleando contra su incompetente mortífago. Éste todavía en el suelo, mantenía sus gemidos y sollozos ante el atroz dolor que causaba su hechizo.
- A… amo, por favor… perdóname, se lo ruego-
Pero lord Voldemort solo reía, eso era una salida a todos sus problemas, el torturar y matar gente aliviaba masivamente el sobrenatural esfuerzo que hacía para que Hermione y su hija no se dieran cuenta de lo que realmente ansiaba. Debía fingir, aun cuando Hermione sabía lo que realmente él era, lo que él hacía. Ante los ojos de su pequeña, él era perfecto y así había permanecido durante cuatro años.
Levantó la varita una vez más y logró pronunciar la maldición con voz sedosa, se deleitaba con los gritos de hombre. Alzó su cabeza y aspiró, extasiándose ante el olor a sangre, dolor y lágrimas que se entremezclaban en el ambiente.
Escuchó un grito de miedo y se giró de repente. Allí estaba la niña, asomándose tras el borde la puerta de su despacho, mirando la escena con horror y pánico. Sus ojos estaban agrandados y observaba aterrada hacia donde él se encontraba. Bajó la varita y los gritos de hombre pararon, pero él no se dio cuenta, estaba absorto mirando hacia su hija. Eso no podía ser nada bueno.
-Ven, Rania- dijo con tranquilidad fingiendo que allí no estaba sucediendo nada.
La niña negó con la cabeza y no se movió. Voldemort estiró su mano y la invitó a acercarse- He dicho que vengas- repitió
Se dio cuenta de su temblor antes de obedecer. No supo bien que sentimiento floreció ante esa reacción. La pequeña se acercó hasta donde él se encontraba y el hombre la tomó del hombro pegándola a su cuerpo. El mortífago se había incorporado y con una seña de su amo, se levantó rápidamente y salió por la puerta. Voldemort bajó la vista y la clavó en el cuerpo de la niña.
- No ha sucedido nada- le dijo
-¿Qué le hacías, papá?- preguntó con miedo- ¿Por qué gritaba?
-Solo lo he castigado, por desobedecerme- le explicó en voz baja
Rania levantó su cabeza y sus ojos empezaron a derramar lagrimas- Yo te desobedezco-
Voldemort la miró fijamente, luego pasó sus dedos por su oscuro cabello, acariciándolo- Jamás te castigaría… no de esa forma-
-¿Por qué?-
El mago sonrió de medio lado- Porque eres mi hija-
Pero ni esa respuesta había aliviado la tensión en el cuerpo de la pequeña, Voldemort se dio la vuelta al escuchar unos pasos amortiguados. Ya era tarde y estaba a punto de acostarse por fin, dejó su copa de vino y alejó sus ojos de su lectura al ver a su hija acercarse, pálida y nerviosa, vestida con su pijama y sus pies descalzos saliendo de su habitación. Hermione estaba profundamente dormida y no se había enterado de nada.
Voldemort se quedó sentado en su butaca mirando a la niña- ¿Qué ocurre?- le preguntó
-No puedo dormir- le respondió
-Ya es tarde, así que regresa y duérmete- le respondió Voldemort de mala gana.
-Papá…- dijo la pequeña mientras se acercaba más –… No volveré a desobedecerte… lo prometo-
Voldemort se quedó paralizado ante esto. Se recostó en su sillón y miró fijamente a la niña- Acércate -
La pequeña prácticamente corriendo llegó hasta su altura, Voldemort la tomó y la sentó en su regazo.
-¿Es por eso que no puedes dormir?- preguntó el hombre.
Rania asintió- Ese señor lloraba, algo le dolía y no lo ayudaste-
-No quería ayudarlo, lo estaba castigando-
La niña lo miró abriendo mucho sus ojos- Te estabas riendo, papá… mucho-
-Me gusta castigarlos-
-¿Te gusta? ¿A mí también?- La pequeña parecía cada vez más nerviosa.
Voldemort sonrió- Eso nunca, jamás te haría algo como eso, yo estaré solo para cuidarte y protegerte-
Una sonrisa apareció en los labios de su hija mientras sus ojos brillaban de felicidad ante las palabras -¿Siempre?-
Voldemort asintió mientras tomaba la copa de vino y bebía. Su hija lo miraba fascinada y curiosa – Quiero eso- dijo mientras señalaba la copa. Voldemort negó con la cabeza con una sonrisa leve, sin embargo acercó la copa a los labios de su hija que bebió aquel líquido carmín y se separaba frunciendo el entrecejo.
- Es horrible- le dijo poniendo cara de asco. Voldemort le sonrió mientras pasaba su mano por su cabeza. La niña se dejó caer en su pecho, recostándose contra el cuerpo del adulto y pasando sus brazos por su cuello, hundió su cara en éste y cerró los ojos. El mago la sostuvo mientras continuaba con su lectura, ni se percató cuando ambos cayeron dormidos en esa postura.
FIN DEL FLASHBACK
Suspirando, se levantó de su butaca y se acercó despacio a la cama. Estaba nervioso ante lo que ocurriría, pero era necesario salir de eso, no se podía retrasar más. Saco su varita con mucha parsimonia y apuntó cuidadosamente a Hermione – Enervate-
Un gemido salió de los labios de la bruja mientras el hombre notaba como su corazón palpitaba como nunca antes bajo su túnica. Algo dentro de su cuerpo se sobresaltó al ver los ojos de Hermione abrirse lentamente. Por un momento parecía perdida, miró hacia todas las direcciones sin moverse de esa postura y finalmente fijó sus ojos en Voldemort, percatándose de su presencia.
Cuando sus miradas se conectaron, fue una sensación extraña. Algo desapareció de las profundidades de los de ella en ese momento, algo que Voldemort valoraba y algo que sabía que le sería difícil recuperar.
-¿Dónde estoy?- preguntó
Voldemort decidió que la indiferencia sería su mejor arma, además que no estaba seguro de que postura debía tomar en esos momentos. Sin embargo, eso no engañó a Hermione, abrió mucho los ojos de repente y se incorporó en la cama mirándolo fijamente.
- Dime que es mentira- susurró con un dejo de histerismo - ¡Dime que lo último que vi fue un maldito sueño!-
Voldemort se quedó en silencio, no sabía que responder, mejor explicado, no sabía cómo debía responderle aquello. Abandonándose ante la frialdad y apatía, negó con la cabeza tranquilamente. Hermione lo miró perpleja, como si no pudiera creer eso, pensando que le estaban jugando una broma.
-¡¿DONDE ESTÁ MI HIJA?!- le gritó tomándolo del brazo y halándolo hacía sí.
Voldemort se inclinó hacia ella- Lo siento, Hermione-
Los ojos de la chica estaban desorbitados y como si un rayo se hubiese estrellado sobre su pecho, cayó hacia atrás en la cama y empezó a llorar incontrolablemente, gritando y convulsionándose mientras llevaba sus manos a su cara y se retorcía.
Los gritos angustiosos golpeaban los tímpanos del mago, que solo observaba la escena sin saber qué hacer. Hermione lo jaló una vez más y el hombre tuvo que colocar su mano sobre el colchón para evitar caer sobre ella.
-¡NO! ¡TRAELA DE VUELTA, HAZ QUE VUELVA!- le suplicaba con dolor.
Voldemort bajó sus ojos a ella y negó con la cabeza- No puedo hacer eso, Hermione-
-¡Tú puedes hacerlo, sé que puedes! ¡PUEDES HACER CUALQUIER COSA Y PUEDES LOGRAR QUE NUESTRA HIJA REGRESE! ¿QUE ESPERAS?- exclamó mirándolo por encima de las lagrimas.
Voldemort pensaba que la chica ya estaba empezando a desvariar y no lograba asimilar bien la situación, pero decidió ser comprensivo- Eso escapa de mis posibilidades, Hermione, lo lamento-
Hermione detuvo sus lágrimas por un momento, como si la falta de aire y la agonizante angustia que se extendía por su cuerpo hubiesen remitido momentáneamente. Miró a Voldemort con fijeza mientras se incorporaba, el mago la seguía de cerca, atento a su próxima reacción. Se levantó de la cama respirando con dificultad y miró hacia la puerta de la habitación de Rania.
- Hermione, no estás bien, lo mejor que puedes hacer es permanecer acostada- le dijo Voldemort en un intento de acercarse a ella.
Hermione levantó una mano y buscó en su ropa, allí la encontró. Sacó su varita y lanzó un hechizo aturdidor a Voldemort, éste lo esquivó rápidamente mientras observaba sorprendido a la bruja. Había rencor en los ojos de ella y lo apuntó con un dedo.
- Es tu culpa, la has asesinado- le dijo histérica.
Voldemort se quedó paralizado – No la he matado yo, ha sido Arceus-
Hermione negó con la cabeza- Lo has hecho tú, ha sido tu culpa- repitió mientras se le acercaba despacio- Has acabado con todos, con mis amigos y ahora con mi propia hija ¡el único que debería estar muerto deberías ser tú!-
Voldemort buscó su varita y la sujetó entre sus dedos- Hermione, estás confundida… no sabes lo que dices-
-¡Nunca la quisiste, eres un maldito monstruo! ¡Supongo que estarás aliviado ahora ¿verdad?! ¡No hay nadie que se interponga en tu camino…!-
- ¡YO LA QUERÍA!- era ahora Voldemort quien gritaba furioso, su varita temblaba en su mano mientras veía a Hermione apuntarlo con la suya con esa firmeza que parecía anormal.
- ¡TU NUNCA HAS QUERIDO A NADIE! ¡NO PUEDES SENTIR AMOR! ¡ERES UN MENTIROSO, TODO HA SIDO FALSO, ESE… HOMBRE… HA ASESINADO A MI HIJA Y TU ESTAS AHÍ, TAN CALMADO!-
El mago negó con la cabeza- Hermione, me preocupas tú ahora. Necesito ocuparme de ti… déjame…-
- ¡Lo único que necesito es que me dejes en paz! ¡No quiero volver a verte!– le espetó con odio.
- No puedes decirlo en serio, no es verdad. Estás alterada, lo entiendo, pero por favor…- La voz de Voldemort había tomado un dejo muy leve de desesperación.
Hermione lo miró con asco mientras pasaba por su lado sin dejar de apuntarlo. Voldemort guardó su varita y se le quedó mirando mientras la chica se dirigía a la puerta.
- Me voy. No puedo estar en el mismo espacio que tú. Has destruido todo lo que tenía, absolutamente todo…-
Voldemort se dio cuenta en ese momento en que Nagini había tenido razón, todo se había desmoronado y él nunca lo había previsto. No quería que Hermione se fuera, no podría soportarlo, pero tampoco deseaba detenerla, sería su decisión y lo menos que podía hacer era aceptarla. Se quedó donde estaba mientras Hermione le lanzaba una última mirada rencorosa antes de salir por la puerta.
Se sentó en la cama y llevó sus manos a su cara. Tenía tantas cosas en su cabeza que no lograba decidir qué hacer primero. Lo principal y más importante sería enterrar a su hija, con solo pensarlo una punzada doloroso lo atacó, jamás pensó en que tendría la necesidad de enterrar a alguien.
Se puso en pie y caminó hasta la puerta, mas rápido de lo que se imaginó había llegado hasta la habitación donde Rania yacía. Entró y se quedó de pie en el umbral observando con fijeza el cuerpo. Era asombroso como esa expresión de calma todavía era notoria en su cara. Se acercó y con mucho cuidado pasó sus brazos por debajo y la alzó. Ninguno de sus mortífagos estaba al corriente del fallecimiento de su pequeña y no tenía intenciones que se enteraran por ahora, solo Bellatrix había sido informada y solo porque le había pedido que se encargara de Vanessa. Por lo demás nadie sabía nada al respecto, los había obligado a desalojar la mansión, por lo que actualmente se encontraba totalmente desierta.
Salió de la mansión y fue hasta el jardín. No quería que su hija reposara en otro lugar, sería allí mismo, donde había nacido, donde había crecido, donde había pasado grandes sustos pero principalmente donde había sido feliz. Nunca se había percatado de la amplitud de sus terrenos mientras caminaba, el cabello de su hija se movía ante el viento, como si éste estuviera despidiéndose de la niña.
Llegó hasta el lugar que había escogido. Una lomita se alzaba dos metros de donde él se encontraba. Cerca de aquel bosque que ambos habían explorado en numerosas ocasiones. Era el lugar perfecto, como si la naturaleza hubiese escogido hacerlo a medida para recibir a una princesa. No muy ostentoso como la gente habría imaginado, nunca fue un hombre deseoso de lujos y no pensaba cambiarlo justo ahora.
Con una orden dictaba en silencio, su magia fluyó por sus venas y logró cavar un hoyo limpio y perfecto en el suelo. Respiró profundamente y se agachó para depositarla allí. Era así como deseaba hacerlo, sin lapidas, sin féretro, simplemente entregándosela a la naturaleza como él la había recibido, con su magia sobre ella, diciéndole un adiós, pero recordándole que siempre estaría con ella, más allá de la muerte si es que eso existía.
Con una nota de dolor en su pecho, la tierra se elevó y cubrió su pequeño cuerpo. Lo había hecho tan perfecto que nadie podría sospechar alguna vez que allí yacía la hija de lord Voldemort. El hombre se quedó de pie mirando la tumba. Cerró los ojos y como de si una película se tratara, las imágenes y recuerdos aparecieron en su mente.
FLASHBACK
El cuchillo rozaba la cerámica del plato mientras lo deslizaba con gracia y elegancia. Rania reía y hablaba con Nagini mientras Voldemort cortaba su desayuno en pedazos pequeños, algo que bien podría hacer con magia, pero no le causaba ninguna molestia.
-¿Necesitas pedazos tan pequeños para poder comer?- siseó Nagini.
Rania asintió –Me gusta así-
-Yo no lo necesito, puedo comer cosas más grandes sin ayuda de nadie-
Voldemort sonrió imperceptiblemente pero decidió no opinar nada mientras seguía cortando. Rania había abierto sus ojos sorprendida- ¿Qué tan grande?-
-Como una persona-
Voldemort dejó el cuchillo y le pasó el plato a Rania que parecía haber perdido las ganas de comer. Tomó El Profeta y siguió leyendo mientras alzaba la taza de café y bebía un sorbo.
-¿Podrías comerme a mí?- preguntó asombrada
Nagini asintió- Serías deliciosa-
Rania rió y se cruzó de brazos mientras se alzaba en la silla- Pero yo podría matarte si eso pasara-
Voldemort se detuvo y notó como unas gotas calientes de café se escurrían por la comisura de sus labios, rodaban por su barbilla y mojaba su túnica. Miró de reojo a su hija y la veía tan desafiante ante la "amenaza" de Nagini.
-Ya basta las dos- ordenó Voldemort mientras sus ojos volvían a centrarse en el periódico.
-Es verdad… igual te quiero mucho, Nagi… no podría matarte, te perdono la vida. Dame las gracias- la pequeña rió mientras se mordía el labio inferior.
-No… solo te diré que también te quiero mucho, pequeña-
- Rania come de una vez- le espetó Voldemort fríamente.
-Voy, papá- respondió sobresaltándose.
El desayuno pasó a lentitud exasperante porque la niña comía de mala gana, insistía en que no tenía hambre y quería jugar. Por lo que Voldemort la cargó y la subió a sus hombros mientras la pequeña reía de alegría.
Hermione apareció, ya vestida y lista para salir de viaje. Rania quedaría con Vanessa y Nagini en la mansión por dos días.
- Vanessa te está esperando, cariño. No comas muchos dulces- le dijo Hermione acercándose.
-Está bien, mamá- le respondió. Voldemort la bajó de sus hombros y la sostuvo en su regazo, la niña pasó sus brazos por el cuello del hombre y le dio un beso en la mejilla- Cómprame algo, papá- le dijo al oído mientras reía y se ponía de pie en el suelo.
Voldemort la miró y le sonrió levemente- Pórtate bien, entonces-
La pequeña sonrió y salió corriendo hacia las escaleras. Hermione se acercó hacia Voldemort y lo abrazó, éste la besó y le dijo con una sonrisa sádica- Te tengo a mi merced por dos días, espero y estés preparada-
Hermione sonrió- Lo estoy-
FIN DEL FLASHBACK
¿Desde cuándo las cosas habían cambiado tanto? ¿Podrían ser alguna vez como antes? Solo había experimentado ese malestar la primera vez que Hermione lo había abandonado, cuando pensó que había muerto… Nunca había tenido emociones de ese tipo, tan fuertes y todos tenían que ver con esa chica…
Lejos de enfurecerse, algo se aclaró en su mente, realmente ella lo era todo para él. La única que podría destruirlo realmente, la única por la cual podía perder y abandonar todo. Estaba más que dispuesto… y ahora ella no estaba, ella no volvería a su lado. Y su hija… ella no había sido una cero a la izquierda en su vida, realmente estaba destrozado por su muerte, ahora lo podía sentir de verdad.
Era como si tuviera un peso sobre su pecho, le impedía respirar con normalidad y sintió como algo mojaba su cara. Levantó la vista la cielo y se dio cuenta que ese liquido salía de sus ojos. Abrió levemente la boca y se sorprendió, llevó su dedo índice y lo tocó, no recordaba haber llorado jamás en su vida, ni de bebé había derramado lágrimas.
Bajó su cabeza y observó la tierra. Habían muchas primeras veces en su vida desde entonces, pero suponía que esa era la más importante. Llevó sus manos a su cara y se dejó llevar por el sufrimiento.
- Perdóname, hija- dijo en voz baja.
XXXXXXXXXXXXXXXXXX
Habían pasado dos semanas y Hermione todavía se encontraba tirada en la cama, de lado, sin poder y querer moverse. La casa de sus padres no le daba alivio y no podía pensar en otro lugar o situación que la ayudara a superar aunque fuera una pequeña parte de la tragedia que afrontaba su alma. Había llorado y gritado tanto que sus ojos y su garganta suplicaban un poco de misericordia. No podía creer por lo que estaba pasando, no era justo, ya era suficiente.
Se tranquilizó como pudo y se sentó en la cama. Sentía como si estuviera atrapada en una pesadilla y no pudiera escapar. Miró hacia la ventana y sus ojos se desviaron a la mesa de noche. Había un papel sobre la oscura madera, un trozo de pergamino que reconoció. Quería tomarlo, pero su mano vaciló, habían pasado solo quince días y no estaba segura de lo que quería hacer.
Sin saber cómo, sus dedos ya tenían sujeto el papel y le dio la vuelta. Lo miró con una sensación extraña, sintiendo tristeza al recordar el instante en que la recibió, pensando que en ese momento tenía un problema, y ahora, era que se daba cuenta que todo en el mundo eran nimiedades, que sabías cuando habías tocado el fondo cuando realmente deseabas morir y no sufrir más. Suspiró…
"Son las once y cuarto de la noche, estoy totalmente solo y te necesito tanto ahora"
Miró fijamente las letras y las releyó varias veces. Recordó como le hizo sentir esa carta, la tranquilidad que le dio en su momento ¿necesitaba otra? Voldemort no había intentado comunicarse con ella en todos esos días, quizás todo había terminado finalmente. Se lo imaginó como siempre, siguiendo con su vida como si nada hubiese pasado.
Empezó a llorar nuevamente ignorando el ardor en sus ojos, estaba tan perdida, no podía perdonarle aquello a Voldemort, eso era algo que había rebasado todo límite tolerable. Estaba consciente que lo volvería a ver una vez más, tarde o temprano; lo que no sabía a ciencia cierta era si podría sentir lo mismo, si lo observaría con los mismos ojos.
Se levantó de la cama, es como si estuviera cargando un enorme peso encima. Soltó un gemido y caminó por la casa e un puro intento de liberar energía y estrés. Podía notar a cada paso una angustiosa y terrible sensación apoderándose de ella, su hija… No podía aceptarlo, no podía admitir algo como aquello, que su pequeña ya no estaba, había desaparecido para siempre, no volvería a verla.
Sus piernas no la sostuviera y cayó al suelo como tantas otras veces, dejándose inundar de tanto dolor, recordando todo momento a su lado, sus primeras palabras, sus primeros pasos… quería castigarse, quería que esa agonía aumentara y la terminaran de destruir.
Acostada en el frío suelo, las lágrimas seguían cayendo sin control por sus mejillas Se sentó en suelo después de unos instantes y miró su ropa, llevaba quince días sin comer casi nada, si se había dado dos baños había sido mucho y no había cambiado su ropa. Pero no tenía nada en esa casa, todo había quedado en la mansión; se preguntó si Voldemort habría tirado sus cosas. Por más que se odiara, no tenía más opción que regresar e ir a buscar lo que quedara.
Se levantó del piso y se dispuso a salir por la puerta, no sin antes mirarse en el espejo, una chica desconocida le devolvía la mirada, el pelo desordenado y sucio, la palidez de su cara hacía que sus rojos e hinchados ojos destacaran, una mirada de miedo, dolor y odio se entremezclaban en ellos, las mejillas hundidas y unos labios blancos como la cera se destacaron. Pero todo eso estaba bien, porque era el aspecto perfecto para describir lo que sentía su corazón en aquel momento.
Se concentró lo que pudo y se apareció en la mansión. El pánico nuevamente le oprimía el pecho y le costaba respirar, sus manos habían empezado a temblar y podía sentir como sus ojos estaban muy abiertos de aprensión, dudosa ante lo que encontraría. Un viento frío hizo que tiritara, se abrazó a sí misma y empezó a caminar hacia la puerta. No miraba hacia ningún lado que no fuera su objetivo.
Pero el problema era que ya había alguien esperándola allí. La chica no cambio su postura ni su mirada, siguió caminado sin detenerse ni una vez. Al fin llegó a la altura suficiente para poder distinguirla.
-Lo que me faltaba- soltó con desprecio.
-Veo que te has dignado a regresar- le dijo en respuesta Bellatrix.
-No he "regresado", vengo a buscar mis cosas y puedes estar tranquila que mas nunca volverás a verme-
-Eso no me tranquiliza; me inquieta… he de ser honesta- contestó la mujer con sorna.
Hermione se sorprendió sin alterarse- Vaya novedad… déjame pasar, tengo asuntos que arreglar-
Bellatrix cambió su postura y se cruzó de brazos- Esto me avergüenza mucho… Te he estado esperando-
Hermione levantó una ceja- ¿Por qué?-
-Para pedirte que te quedes-
La chica sonrió con ironía- Escucha, no me importa cuales sean tus intenciones, pero puedes alegrarte, al fin tienes a lord Voldemort para ti sola…-
- Al principio lo pensé y lo disfruté, pero ya no…- Bellatrix respiró y puso mala cara- Cuando me entere que el señor oscuro te había escogió, me pareció tan repugnante…No solo porque no entendía que podía verte a ti, eres una sangre sucia, él merece a alguien de su altura, aunque no existe ninguna mujer que le merezca…-
-Todo eso ya lo sé, me lo has dicho miles de veces y no sé porque estamos teniendo precisamente ahora, esta conversación- se cansó Hermione.
-… Pero lo que más me molestaba era que… no eras adecuada por tu forma de ser, jamás podrías llevar ese tipo de relación… No podrías soportar el honor y la presión de mantenerte a su lado, sabía que te destruiría…-
Hermione estaba empezando a exasperarse, pero decidió no responder nada más. Quería terminar esa conversación lo antes posible, para su mala suerte, Bellatrix continuó:
-El señor Oscuro está… cambiado, nadie excepto yo, lo ha visto, no hemos recibido más ordenes, no hay llamadas ni reuniones… Y es lamentable en la situación que TÚ, lo has dejado-
Esta vez Hermione sintió curiosidad- ¿Situación?-
Bellatrix volteó su cabeza y señaló con ésta hacia la derecha, Hermione se giró y un dolor punzante atravesó su pecho, allí, a quince metros estaba Voldemort, de pie, dándoles la espalda. Hermione no reconoció de inmediato, el mago parecía no haberse percatado de la presencia de la bruja, estaba totalmente paralizado viendo hacia el suelo.
-¿Qué…?- preguntó en voz baja.
-Apenas se ha movido de ese lugar en todos estos días…- Bellatrix volteó de nuevo hacia ella- Si te vas a ir, al menos intenta… corregir algo de esto-
Hermione la encaró- Hablas como si yo fuera la responsable, como si yo tuviera la culpa-
Bellatrix sonrió levemente- Has decidido estar a su lado, debe haber riesgo, debe haber dolor… él paga el precio por amar de distinta manera… y tú, eres sola una persona que está destruida y necesita avanzar…- dijo antes de darse la vuelta y regresar adentro de la mansión.
Hermione se quedó estática, todavía absorbiendo todo lo que la bruja le había dicho. Movió su cabeza y se fijó una vez más en Voldemort. Su mente tomó su propia decisión y la obligó a avanzar hacia él. Era como dejarse llevar siendo manipulada por otra persona, cosa que Hermione agradeció. No estaba segura que decir, cuando antes que realmente se diera cuenta, ya se hallaba a su lado.
Los ojos de Voldemort tardaron al menos dos segundos en chocar contra los de ella, no sonreía y éstos estaban vacios de toda emoción. El hombre parpadeó varias veces antes de percatarse que era ella quien estaba a su costado. Se giró y la encaró aparentemente demasiado sorprendido para decir algo.
La bruja tampoco sabía que decir o que sentir, simplemente tenía su mirada clavada en el suelo. ¿Las has enterrado aquí?- preguntó con tono cortante
Voldemort asintió despacio -¿Te parece inadecuado?-
Hermione negó con la cabeza- Lo has hecho tú mismo-
El mago asintió nuevamente. Pasaron al menos tres minutos en los cuales ninguno dijo nada, Hermione seguía sin querer hacer contacto visual con él, sentía como si le fuera a quemar.
-Hermione…- empezó-… Perdóname-
La chica sintió un nudo en la garganta y tuvo ganas de llorar nuevamente, pero siguió sin mirarlo.
-Sé que te fallé… a nuestra hija, fracasé en mantenerlas a salvo… siguió en un susurro – pero necesito que me perdones…-
Hermione volteó y lo miró fijamente, sentía una especie de compasión por él, pero ¿alguien había sentido compasión por ella alguna vez? Las últimas palabras de Bellatrix resonaban constantemente en su mente, quizás Voldemort era el que pagaba por amar de esa manera, pero ella no salía ilesa.
¿Podría avanzar? ¿Podría perdonarle eso? ¿Ese hubiese sido el último deseo de su hija? ¿Verlos separados? ¿Qué otra cosa tendría que entregar para permanecer con ese hombre? ¿Todo era sacrificio?
Respiró y llevó su mano a su cara, solo observándolo, ya no sentía odio y menos cuando su pequeña yacía a unos centímetros, profundamente dormida. Voldemort estaba tenso y le devolvía una mirada llena de aprehensión. Ambos sabían que lo que ella respondiera en ese momento sería lo que sellaría todo.
- Tú siempre serás… el hombre más increíble que yo haya conocido- le dijo en voz baja mientras se daba la vuelta y regresaba a la mansión, dejándolo solo. Caminó sin mirar atrás, quería buscar sus cosas e irse de allí.
Subió rápidamente las escaleras ignorando el temblor y la depresión que la ahogaban al entrar en la habitación. Ya se había castigado bastante y aún no parecía suficiente. Había perdido las dos personas más importantes para ella, ya nada tenía sentido. Abrió los cajones y empezó a buscar entre su ropa, solo se llevaría unas cuantas cosas.
-Hermione-
Se dio la vuelta. Voldemort estaba en la puerta, mirándola ¿suplicante? La bruja se giró totalmente y quedó al frente suyo. El hombre no se movía y parecía estar hipnotizado.
- No te vayas-
-No creo que deba permanecer aquí… es lo mejor para los dos-
Voldemort se acercó e hizo algo para lo que Hermione nunca podría haberse preparado: Se arrodilló ante ella.
La bruja se quedó de piedra mientras observaba al hombre a sus pies, totalmente destrozado y desesperado. Levantó ambas manos y las colocó en sus brazos tratando de alzarlo.
- Por favor, no… no lo hagas, ponte de pie-
-No te vayas, Hermione, no me dejes… perdóname, te lo suplico- dijo en voz muy baja
¿Podría irse? ¿Podría simplemente dejarlo ahí? El mago más poderoso, el más intimidante y peligroso estaba ahora allí, de rodillas rogándole que no lo abandonara, que no se fuera. Ese pensamiento lo ablandó sin querer.
-Te amo, Hermione…- le dijo mirándola a los ojos.
Si había algo más que podría destruir su determinación, era eso. Giró su cabeza y pudo ver a su hija, sentada en la esquina de la habitación donde salía estar, la niña la miró y sonrió radiante. Hermione rompió a llorar con histeria, sabía que estaba alucinando, su subconsciente le pedía a gritos que hiciera lo que tanto deseaba.
Se tiró también de rodillas y abrazó al hombre como si la vida dependiera de ello. Lloró con fuerza en su hombro, dejando salir todo el sufrimiento, la amargura, la pena y la angustia. Voldemort no lloraba, pero Hermione notaba como su respiración era errática y dificultosa mientras la tenía sujeta.
Pasaron minutos, largos minutos en los cuales ninguno habló, ninguno se movió o se separó de esa posición. Hermione podía notar el corazón del hombre palpitar con fuerza mientras tranquilizaba su respiración. Se separaron y Voldemort no la miraba a la cara, sino que tenía cabeza gacha. La bruja se sentó en el suelo mientras el permanecía arrodillado, era como si alguien hubiese absorbido todo lo negativo de aquella habitación, todo lo destructivo que se acumulaba en ella. Por primera vez en días se encontraba en paz, sentía que su hija estaba allí con ellos, sentada y feliz de que tanta tristeza y odio hubiesen desaparecido.
-No hay nada que perdonar- le dijo con un poco de ánimo en la voz.
Voldemort levantó la vista y Hermione se dio cuenta que estaba tan demacrado como ella. No sonreía, no hacía ningún tipo de mueca, simplemente parecía hallarse en un trance. La bruja se preocupó. Lo ayudó a ponerse en pie y ambos fueron hasta la cama. Voldemort se echó en ella todavía sin decir nada, la chica se acostó a su lado y lo abrazó.
-No fue tu culpa, lamento haber dicho todo eso…-
Voldemort la miró – Si lo fue, maté a mi propia hija-
Hermione negó con la cabeza- Él lo hizo… Ella no hubiese querido que te echaras la culpa, sabía que… la querías, por encima de todo…-
- ¿Eso piensas?- le preguntó el mago
Hermione asintió- Eso sé… al fin y al cabo, resultó ser más parecida a ti de lo que hubiésemos imaginado ¿verdad?...- Hermione sonrió ligeramente y le dio un suave y breve beso- Es inmortal como su padre… inmortal para ti, para mi… estará con nosotros porque la has ayudado a vencer a la muerte-
Voldemort parecía anonadado, al principio confuso a las palabras de Hermione, pero decidió no pensar más. Quizás si tenía razón, abrazó más la chica contra su cuerpo y no supo cuando ambos cayeron dormidos, siendo dominados por el agotamiento.
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Habían transcurridos dos meses en los cuales ambos fueron la constante del otro. Voldemort había abandonado la mansión y se habían trasladado a otra más alejada al oeste. El como la había conseguido a Hermione no le importaba mucho, solo sabía que era como estar en casa, era realmente empezar de cero.
Hermione no volvió a ver otro mortífago en ese tiempo, solo a Bellatrix y unas pocas veces a los Malfoy, no era precisamente hacer las paces, pero Bellatrix había aceptado todo y en cierta parte parecía agradecida que su amo se hubiese recuperado. Narcissa por su parte sorprendió mucho a la chica cuando le estrechó la mano de despedida una noche. Fue un momento de unión muy extraño, pero caluroso, ella había perdido a su hijo a causa del mismo enemigo y Hermione pensó que necesito apoyo y consuelo, y ella realmente no estaba dispuesta a negárselo.
Nagini había acompañado a Hermione a la tumba de Vanessa, a la cual dio las gracias y se despidió dejando sus flores favoritas. Voldemort había cambiado notablemente con ella, la posesividad y la dominación hacia ella habían bajado en un grado bastante aceptable. Ella podía tomar las decisiones y el jamás se lo volvió a criticar o prohibir. Por supuesto eso no significaba que su carácter hubiese desaparecido, seguía siendo el mismo a fin de cuentas, pero la bruja jamás se quejó, eso la enamoraba más.
Muy reticente aceptó regresar al castillo de Fharland y Hermione dejó la cadena de oro reposando en éste para que esa familia pudiera descansar en paz. Era definitivo para ella cerrar ese capítulo y empezar uno nuevo en su vida. Quizás fuera algo apresurado, pero sentía que estaba lista para hacerlo.
Por último visitaron la tumba de su hija. En el suelo, justo en el centro, se hallaba una piedra con dos serpientes dibujas en relieve. Hermione la miró mientras interrogaba a Voldemort con los ojos. Éste sonrió- Pensé que le hubiese gustado- dijo con calma.
Hermione lo abrazó por la cintura y se apoyó en su cuerpo. Miró hacia la antigua mansión que seguía tan imponente y majestuosa como siempre. Un recuerdo donde había florecido una familia extraña, pero perfecta a su manera. Voldemort también la miró y un último recuerdo lo atacó, un recuerdo que volvía a él cada noche. Miró a Hermione y la separó de su cuerpo mirándola fijamente.
El mago sonrió ante la mirada de desconcierto de la bruja- Pensarás que es algo inusual e impropio para hacerlo delante de nuestra hija… pero yo te digo, plenamente convencido que es el lugar perfecto…-
Hermione frunció el entrecejo- ¿De qué hablas?-
-Hermione…- puso una rodilla en el suelo- …Cásate conmigo- sacó una caja del bolsillo de su túnica y la abrió, Hermione se quedó estática y sin aire al ver el brillante anillo de oro blanco que el hombre le ofrecía.
-Yo… yo… simplemente…- dijo entrecortadamente, sudaba de los nervios- ¡Por supuesto!- exclamó sin podérselo creer todavía.
Voldemort se puso en pie rápidamente y tomó la mano de la bruja colocándole el anillo en el dedo, ésta todavía se encontraba impresionada, pero sonrió con felicidad y se lanzó pasando sus brazos por el cuello del hombre. Voldemort por su parte la tomó de la cintura y apoyó su cabeza en el hombro de la chica. Miró de reojo hacia la tumba de su hija y sonrió satisfecho- Te dije que te cumpliría esa promesa, querida hija, y tal como me lo pediste, lo he hecho delante de ti. Tenías razón, ya veo la gran diferencia… Te amo-
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"FIN"
NOTA: DEBO ADMITIR QUE HE LLORADO MIENTRAS LO ESCRIBIÍA. UNA VEZ MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS LECTORES Y LECTORAS. LAMENTO NO HABER PODIDO COMPLACER LOS FINALES QUE ESTOY SEGURA QUE MUCHOS ESPERABAN, PERO ESPERO IGUALMENTE QUE LO HAYAN DISFRUTADO Y OJALA NOS VEAMOS PARA MI LA PROXIMA HISTORIA.
"Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás"
