Ha sido un año lleno de cambios para mí, a parte el colegio ha estado muy pesado... Los meses pasaban pero nunca olvidé ésta historia, tenía tantos deseos de actualizar... Ahora que queda menos de un mes para salir de vacaciones mi tiempo va volviendo de a poco. Eso sí, las pruebas finales se acercan y debo estar 100% concentrada, por eso quise subir un nuevo capítulo para que la culpabilidad de no actualizar dejara de atormentarme. (Aunque el cap es corto, pero, bueno, es el puntapié para lo que se viene) ¡Gracias a los que esperaron! En serio, los quiero demasiado. Subiré la historia a Wattpad yo creo, porque igual me gusta la plataforma y por fin aprendí a ocuparla bien, LMAO. X'D
Eso. Se nos une un nuevo personaje. ¡Al fin! Y muy pronto, una de mis parejas favoritas comenzará a tomar más protagonismo. Espero disfruten.~
Aclaraciones: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Himaruya Sensei. Esta historia en si es un Alternative Universe, que como tal, no tiene nada que ver con la trama original de la serie.
‒Diálogos de los personajes‒.
«Pensamientos de los personajes.»
"Recuerdos de los personajes, o diálogos antes dichos."
"Y con los Pensamientos blancos, comienza todo."
‒¡Brindemos porque al fin somos libres!
‒Momentáneamente‒Dijo el castaño levantando con pocas ganas su vaso, las ojeras oscuras hacían resaltar sus ojos, dándole un aspecto demacrado‒, recuerda que solo tenemos una semana de libertad.
‒Lovino, no arruines el momento. ¡Solo brinda y ya!
‒Bien, bien.
‒¡Salud!‒Dijeron al unísono los tres, chocando sus vasos de jugo.
Matthew suspiró con cansancio, apoyándose en el respaldo de la silla, del café de la universidad.
Las semanas habían pasado y había estado muy atareado. Investigaciones, ensayos, informes, exposiciones, controles de lectura… ¿Quién fue el que dijo que el primer año de universidad no era tan terrible? Pues al parecer, estaba bastante equivocado, porque el pobre no había tenido ni un solo respiro en un largo tiempo.
Y solo era el primer semestre… Le costaba imaginarse como serían los últimos años, si lo poco que llevaba del primero, era así de difícil.
‒Oh Dios, ¡Al fin, al fin!‒Exclamó Eli lloriqueando de broma, al contrario de Lovino, ella se veía fresca como una lechuga. (Pero era trampa, aseguró que había gastado unos tres a cinco correctores para cubrir sus ojeras estos días)‒, para celebrar me iré de fiesta hoy con los chicos. ¿Quién se anima?
‒Paso, hoy saldré a cenar con Antonio.
‒¿Y tú Matt?
‒Prefiero descansar, gracias por la invitación Eli.
Matthew se sintió algo culpable al ver la cara de decepción de su amiga, pero no accedió ésta vez. Estaba demasiado agotado como para algo así. Llegaría a su hogar, comería algo y dormiría por lo menos unos tres días de largo.
‒Par de aburridos, son unos malos amigos… Al menos tengo a Rod y a Gilb que irán conmigo.
‒¡Que buena compañía!‒Dijo Lovino con ironía.
Eli rodó los ojos con una sonrisa y dijo: ‒Como sea, es un alivio que todo haya terminado. Lástima que Introducción a Cálculo me dio bastantes problemas… ¡El profesor es un desgraciado, no entiendo nada de lo que dice!
‒Eso es cierto, es muy complicado…Las matemáticas nunca han sido mi fuerte.
‒Ni el mío‒Estuvo de acuerdo el italiano‒, aun así Matt, ¡Maldición! ¡Me sorprendiste!, eres el segundo mejor de todo el curso. ¿Cómo lo hiciste? ¡Eres fantástico!
‒Wow sí, ¿Te han dicho lo inteligente que eres? Sobre todo en química general, me dejaste sin palabras.
‒Sí, no te veías como el tipo de chico sabelotodo.
Matthew se rió.
‒Serías el primero de todo el curso si ese tipo holandés que da miedo, no te hubiera ganado en Cálculo. ¡Estuviste muy cerca!
‒¡Ese tipo es aterrador! ¡Debes darle una paliza el próximo semestre!‒Dejó en la mesa con brusquedad el vaso vacío producto de la euforia. ¡Cómo odiaba a aquel tipejo altanero!
Las mejillas de Matthew se coloraron por los cumplidos, y con la cabeza gacha, negó. ‒No es para tanto, chicos… M-muchas gracias de todas formas…
Nunca nadie a parte de su familia le había dicho algo así, y para ser la primera vez, se sentía demasiado feliz…
Elizabeta y Lovino siguieron hablando el resto del receso de aquel extraño holandés que le había arrebatado el primer lugar. A Matthew tampoco le agradaba, siempre que cruzaba miradas con él, le dedicaba malas caras.
La primera vez que lo vio en el laboratorio, solo pudo pensar en lo mal educado que era al andar mirando así a todos.
¿Lo odiaría por estar pisándole los talones con respecto a las calificaciones? Él no lo sabía, y tampoco le interesaba, en realidad.
La última clase de la mañana transcurrió con normalidad, el profesor de cálculo se apiadó de todos, y no les dejó ningún trabajo para las míseras dos semanas de vacaciones que tenía de descanso. Las proclamadas semanas "Antisuicidio" como le decían todos los estudiantes del lugar.
‒Bien alumnos, les deseo un grato descanso. Vuelvan con todos los deseos de seguir, y nos vemos en Calculo I.
Todos salieron lo más rápido de allí, y los tres amigos no fueron una excepción.
Quedaron en contactarse por Whatsapp, y cada uno siguió caminos diferentes. Elizabeta saldría a almorzar con una amiga, Lovino iría a comprar al supermercado, (harían pizza con su hermano Feliciano) y Matthew, Matthew solo volvería a su departamento.
El metro fue horroroso. El verano estaba a flor de piel y Matthew nunca lo había sentido con tanta fuerza. La ciudad era algo totalmente distinta del pueblito de Canadá. El calor se hacía pesado y asfixiante. Ayudaba un poco el hecho de que hubiera aire acondicionado, sin embargo el número de personas pegadas unas de otras, lo contrarrestaba.
Cuando por fin llegó a su hogar lo primero que hizo fue irse directamente a su nevera, para sacar de ella una botella de agua. Se la bebió entera y se lanzó a su sillón.
Dirigió sus ojos hacia la pared, comenzando a perderse en sus pensamientos. Pensó en Francis, en que no lo había visto hace bastante, y en cómo lo extrañaba.
Suspiró con tristeza.
Quería ir a verlo, pero su vida tan ocupada por los estudios, y el miedo por sus sentimientos se lo impedían. Le había enviado varios mensajes, a los que Matthew respondía con amabilidad y anhelo. Francis no acostumbraba a responderlos, para luego algunos días después enviarle otro saludo, para comenzar otra insípida y vacía charla, la cual siempre terminaba en lo mismo.
Seguía preocupado de sus melancólicos pensamientos, cuando de repente escuchó como la cadena de su baño era tirada, y el agua se escuchaba correr entre las tuberías. Matthew quedó boquiabierto cuando por la puerta salió un hombre alto un tanto más corpulento que él, y con el mismo tono de cabello, pero diferente estilo de peinado.
No tuvo tiempo para recuperarse de la sorpresa, puesto que el visitante, habló con voz alegre:
‒Surprise bro!
‒¡Alfred!‒Exclamó el canadiense levantándose de golpe. Se pellizcó la mejilla, y no, no era un sueño‒¡Alfred!
Matthew sonrió y corrió a los brazos de su hermano, que los tenía abiertos, esperando para rodearlo.
Cuando se separaron, el primero en hablar fue Matthew, comenzando el interrogatorio.
‒¿Qué haces aquí? ¿Mamá sabe que viniste? ¿Cómo lo hiciste? Espero que no sea nada ilegal, o sino… Y espera, ¿Cómo diablos entraste?
Oh sí, la última duda era la más grande.
‒Hey. Hey. Calma Matt‒Dijo estallando en risa‒, vine para visitarte, y tenía ahorros tranquilo. Nada ilegal. El conserje me abrió, fue muy amable. Creo que me creyó que era tu hermano, por el aterrador parecido que hay entre los dos.
‒Eso me tranquiliza‒Suspiró con una mano en su pecho. Ya se imaginaba a Alfred escalando una escalera por el frontis, para poder entrar‒, ¿Y mamá? ¿Por qué no vino? Tengo tantas ganas de verla…
‒El trabajo la tiene atada, tú entiendes.
‒Comprendo…‒Dijo entristecido. Alfred lo miró con una media sonrisa, sabiendo cuan cercano era Matthew a su madre. Mucho más que él, inclusive. Dándole palmaditas en su espalda, intentó animarlo.
‒¡Pero te mandó muchísimos regalos! Traigo una maleta llena de cosas que ha ido comprando en éste tiempo solo para ti, hizo mermeladas también, te mandó semillas, un kit nuevo de jardinería… Todas esas cosas raras que le gustan a ambos.
‒¡¿Hablas en serio?! ¡Semillas! Oh dios, quiero verlas, ¿Las tienes aquí?
Alfred enarcó una ceja, conmocionado. Su hermano definitivamente era muy raro…
‒¿Te emocionas así por unas semillas? Matt, no es por nada pero, asustas…
‒Son semillas Alfred, para alguien que estudia lo que yo estudio, todo lo relacionado con plantas y flores, son el paraíso.
Alfred estuvo de acuerdo, tenía sentido. ‒Al menos ya sé que regalarte para tu cumpleaños‒Y se encogió de hombros.
Ambos rieron.
. . .
‒Oh, así que por eso estás así.
‒Sí Mich querida, no lo he visto hace semanas.
Ambos jóvenes subían las escaleras del edificio llevando en sus manos las bolsas del supermercado. Tendrían una tarde de repostería para pasar el rato. Cuando Francis estaba deprimido, se le antojaban los dulces.
‒Eso es terrible Fran, ¿Qué piensas hacer al respecto?
‒No lo sé, la última vez que hablamos por teléfono, preguntó si podía ver mis pinturas, pero en las pocas veces que hemos charlado otra vez, no da señales de interés en el asunto…
‒¡Es la oportunidad perfecta!‒Exclamó con los ojos brillantes de emoción‒, deberías invitarlo, todo muy casual. Le cocinas algo delicioso, bueno, todo lo que cocinas lo es, pero algo especial. ¡Que demuestre cuanto te gusta! De seguro capta la indirecta‒Le guiñó un ojo y Francis se avergonzó.
‒No lo sé, ha estado muy ocupado con la universidad, no quiero molestarlo…
‒Vamos Fran, no seas cobarde.
El aludido hizo una mueca con su boca. Era algo incómodo la situación. Michelle había terminado descubriendo los florecientes sentimientos que tenía hacia el canadiense hace algún tiempo. Había sido su consejera y confidente. No terminaba de acostumbrarse. Tener asumido cuan perdido estaba por Matthew era… Extraño. No sabía cómo sentirse al respecto. Matthew se veía tan distante, sentía que mientras más crecía el tiempo sin verse, más crecía la brecha que los separaba.
Con Matthew, Francis no podía ser espontaneo. Estaba tan asustado de hacer algo que le disgustara, algo que lo alejara ‒más‒ de él, todo debía pensarlo, meditarlo y ser cuidadoso.
No quería espantarlo…
Solo quería acercarse a él…
‒Yo creo que-
‒¡Oye! Espera, ¡Ssh! Mira mira‒Apuntó con su dedo índice hacia el frente. Para ese momento ya habían llegado a su piso, y se encontraban a un par de pasos de la puerta para entrar al departamento‒, ¡Es Matthew!
‒Cierto, pero está…
Ambos se miraron entre sí. Michelle frunció el ceño. Francis estaba confundido.
‒¿Será su novio?‒Dijo la chica en voz baja, agarrándose la frente‒,Dios, eso no sería nada bueno.
‒No lo creo, es decir, él nunca dijo nada. Bueno, si lo dijo. Me dijo que estaba soltero.
¿Y qué tal si Matthew no le había llamado ni contactado producto de que estaba ocupado con su nuevo novio? Aquel pensamiento le hizo helar la sangre. ¿Y si estaba en lo correcto?
‒Pero wow, el parecido entre ambos es gigantesco‒Seguían susurrando entre sí, para no ser detectados. Se habían escondido tras uno de los barrotes de la baranda‒.Quizás también es canadiense. Los estadounidenses, canadienses y europeos para mí son todos iguales.
‒¿Estás hablando en serio? No puedes decir que todos somos iguales, hay mucha diferencia entre un francés y un inglés, por ejemplo.
‒Ya, ¿Y esa cual sería?‒Rodó los ojos Michelle. Podía ver hacia donde se dirigía la conversación.
‒En que nosotros tenemos clase, y ellos no.
‒Aquí vamos de nuevo. Supera ese odio estúpido que le tienes a Arthur, Francis. ¡Supérenlo los dos! Los hace parecer estúpidos a ambos.
‒Nunca. ¿Para qué lo nombras? Me has arruinado el día.
Michelle bufó ya cansada del tema. Dirigió su atención hacia Matthew, quien charlaba alegre con aquel extraño. Luego miró por el rabillo a Francis, que también hacía lo mismo que ella.
‒La verdadera razón por la que tu día puede ser arruinado está ahí en frente, Francis‒Aseguró con voz de ultratumba‒. Tengo unas ganas tremendas de averiguar de quien se trata.
‒Ni se te ocurra Mich.
‒¡Vamos a hacerlo!
‒¿Qué? No, Mich, déjalo. Vámonos a casa, las bolsas están pesadas…Oye, No, ¡Mich! ¡Vuelve aquí!‒Michelle lo había ignorado y se dirigía hacia los dos chicos rubios. Francis no sabía qué diablos hacer. Se tapó la boca mientras negaba con su cabeza.
¡Maldita niña!
Dejó las bolsas al lado de las que, había soltado Michelle, y la siguió sin más opción.
Cuando la alcanzó ella ya estaba frente al sorprendido Matthew y al interesado Alfred. Matthew al notar a Francis abrió más sus ojos. El francés no supo cómo tomar su reacción, solo atinó a sonreír lo más templado que pudo.
‒¡Señor Francis!‒Matthew se acercó hacia él pasando de los otros dos presentes. Pareció olvidarse completamente de que estaba a punto de salir a comprar junto a Alfred en el mismísimo instante en que reconoció a la persona en quien tanto había estado pensando.
‒Matthew. ¿Cómo estás‒Dijo con calma. Claro, por dentro estaba temblando de nervios… «¡¿Por qué a mí?!»
‒La universidad, ya sabes. Ha estado muy pesada, ¡Pero a excepción de eso, muy bien, gracias!‒Exclamó con energía de sobra. Cuando se dio cuenta de cómo estaba actuando, carraspeó aclarando su voz. La felicidad se le había escapado de las manos‒, ¿y tú? Hace muchísimo que no te veo…
‒Bien, gracias‒Se mordió el labio para no sonreír. ¡Estaba tan aliviado de que Matthew actuara así de feliz solo por verlo!‒Algo ocupado también con las pinturas, pero nada muy terrible…
‒Oh…
‒¡Hey Matt! ¿Quién es tu amigo?‒Michelle, quien había intentado distraer a Alfred para que los otros dos hablaran en paz, falló inevitablemente en su intento. Alfred la había ignorado cortésmente, lo suficientemente intrigado en saber que era lo que hacía su hermano con aquel hombre‒. ¿O es tu novio?
Michelle dejó escapar una exclamación y apretó los labios para no estallar en risa. Las expresiones que colocaron Francis y Matthew, ¡eran incomparables!
‒No lo son pero ya quisieran…‒Murmuró Michelle para sí misma.
‒¿Perdona?
‒¡Oh! Nada, nada. Tonteras mías‒, se hizo la desentendida, utilizando su mejor sonrisa como arma secreta. Francis le dedicó una mirada fulminante a Michelle para que guardara silencio, y ella se disculpó sacando su lengua‒, ya me callo mejor.
‒Mejor‒Dijo Francis rechinando los dientes‒, soy Francis Bonnefoy, mucho gusto‒, extendió su mano hacia Alfred, y él la tomó al instante, estrechándola con fuerza sobrehumana «¡Mierda! Duele…»‒, ¿Y tú eres…?
‒¡Soy Alfred Jones! ¡El próximo presidente de América, un placer!
Francis y Michelle desencajaron su cara con tal presentación. Vaya, que buena primera impresión… ¡Un lunático!
Matthew solo suspiró y colocó una mano en el hombro de su hermano. Parecía bastante acostumbrado a su actuar.
‒Él es Alfred. Mi hermano.
Alfred asintió con una sonrisa brillante, con su pecho inflado y los brazos en la cadera.
‒¡Tú hermano!‒Michelle se sintió tan avergonzada por tal malentendido que sus mejillas se coloraron, y Francis, él solo quería ir a su casa y no salir más. ¡Menuda película se habían pasado los dos en tan poco tiempo!
‒Michelle, en casa hablaremos seriamente.
‒Lo sé, soy una tonta. Debo admitirlo.
Matthew y Alfred inclinaron la cabeza al mismo tiempo, con una expresión de extrañeza.
Ese parecido monumental era impresionante. ¡Eso era cosa solo de parientes!
¿Enseñanza? Definitivamente, nadie debía sacar conclusiones antes de tiempo.
De todas formas, Francis debía admitir que una calma interior le inundaba por completo. Y es que, ¡No era su novio, aleluya! E inclusive, le había preguntado sí eran pareja con Matthew… Tan bochornoso, pero agradable a la vez…
‒Creo que ya es hora de irnos, ¿No es así Mich?
‒A-ah, sí…‒Michelle enarcó una ceja. ¿Tan pronto?
‒Lamentamos haberlos interrumpido‒Dijo con una sonrisa amable el francés hacia Alfred y luego hacia Matthew. Los hombros del canadiense se decayeron al instante, y su boca se curvó hacia abajo.
‒Está bien, nos vemos pronto Señor Francis. Nos vemos también Mich.
‒¡Cuídense chicos, fue un placer conocerlos!
Francis al ver como el ánimo de Matthew había decaído tanto, se detuvo un momento a pensar. ¿Estaría bien si lo invitaba a salir algún día de estos? Pero y su hermano… Cierto, tenía visitas…No tenía deseos de estorbar, no obstante Francis le dijo a Matthew:
‒Te hablaré más tarde Matthieu‒, dijo apuntando hacia su celular‒debes estar atento.
Batió su mano, y corrió a ayudar a su prima Michelle, que batallaba con las bolsas de las compras. Matthew parpadeó varias veces, y su hermano le lanzó una mirada de sospecha, haciéndole sonrojar.
Mientras tanto, Francis suspiró. Lo rodeaba un aire de ensueño y felicidad, que Michelle no tardó en notar.
‒Vaya, se nota que ya estás mejor. Solo bastaba con que lo vieras por unos minutos, y tu rostro se iluminó.
‒Así es, el amor es muy interesante.
‒¡Qué cursi!
Continuará.
Yaaaay~ Al menos ahora estaré más tranquila.~ Besos a todos, suerte en los exámenes finales, y todo lo que tengan por hacer. ¡Ya se vienen las fiestas de fin de año, así que colóquenle todo el empeño, que ya queda poco para el descanso! Nos vemos en la próxima actualización, espero sus opiniones acerca de la entrada de Alfred en la historia. ¿Qué creen que pasará de ahora en adelante? Me gustaría también saber si les gustaría que hubiera UsUk en la historia... no estoy tan segura.~ Y eso, bye bye.
