Disclaimer: Thorin, Fili, el Hobbit, LOTR y todos sus personajes no me pertenecen lamentablemente; pertenecen al maravilloso maestro Tolkien.
Advertencias: Spoilers, Lemon, Genderbender, violencia, palabras en Khuzdul y Sindarin.
Parejas: Thorin x Female Fili.
Estado: Proceso.
.
.
.
.
Volver a Ti
.
.
Capítulo 4
El valor de una promesa
.
.
.
Fili abrió los ojos incapaz de conciliar el sueño, la brisa fresca moviendo las cortinas mientras los copos de nieve caían ligeramente sobre la ventana abierta. La rubia llevó una de sus manos tras su cabeza, suspirando vapor helado mientras se tocaba los labios con la otra, incapaz de creer todavía lo que había pasado.
No dormiría esa noche, eso estaba claro, el sueño se negaba a acudir a ella y no podía hacer nada para evitarlo, con la mente llena de Thorin.
Él era el causante de todo, de sus problemas, de sus desvelos y de sus quebraderos de cabeza, y el recordar cómo había pasado todo sólo la hacía sentir más estúpida, como si fuera una enanilla tonta con la que cualquiera pudiera jugar y a la que engañar; y ella no era así. Sin embargo el príncipe Thorin ejercía un control sobre ella y sus emociones que la joven no entendía todavía, por más que se esforzaba en encontrarle sentido a por qué se sentía en la necesidad de estar cerca de él, aun cuando sabía que no estaba bien ni soñarlo siquiera.
Un nuevo suspiro salió de sus labios y la rubia se levantó resignada, caminando los pasos que la separaban de la ventana de su habitación, cerrándola mientras observaba la que probablemente sería la última nevada del invierno. Pasada cierta fecha del último mes lunar ya no solía nevar más; y aún en invierno la montaña conservaba toda la nieve intacta hasta el final, cuando la primavera estaba cercana y al llegar rompiera toda la nieve y la montaña aflorara llena de vida.
Fili amaba la primavera.
Las flores, las hojas, los colores y sonidos, la vida que de ella emanaba… ¿Qué le sucedía, en nombre de los Valar? Ahora perdía sus pensamientos en cosas tan triviales cuando había tanto que hacer con el festival de Mahal a las puertas. Era en el solsticio de invierno, y el rey Thrain planeaba la llegada de parientes del Norte y del Este; y eso sólo podía significar una cosa, más trabajo para ella. Torneos de lucha entre los varones, peleas tontas debido al hidromiel, accidentes con los animales... Sería una semana muy dura.
—Tengo demasiado en la cabeza como para añadirte ahora a mis preocupaciones, Thorin —murmuró ella en voz baja a pesar de que estaba sola en su habitación, repitiéndolo para sí misma como si el nombre se le hiciera dulce en los labios—. Thorin…
Llevó de nuevo la mano a sus labios recordando lo que había pasado.
Thorin tiró de las riendas de su montura deteniendo al animal, señalando con un gesto hacia delante, las faldas de las altas Montañas Grises que tenían delante.
—Si quieres podemos detenernos en esta pradera —dijo el moreno—, hay multitud de raíces y hierbas que te resultarían útiles, estoy seguro. Sin embargo nuestro destino final son las montañas.
Fili lo miró confundida durante un instante, no entendía qué podía querer hacer el príncipe en un lugar tan inhóspito. Después frunció los labios sopesando mentalmente las opciones que él le había ofrecido antes de tomar una decisión. Habían pasado varias horas cabalgando incesantemente, luego el camino a seguir era claro, y ella asintió interiormente antes de hablar.
—Si nuestro destino final son las montañas, mejor será que vayamos cuanto antes a ellas —respondió la rubia.
Thorin asintió conforme mientras espoleaba a su pony para que echara a andar de nuevo, seguido de cerca por la joven.
—Estoy de acuerdo —respondió él—. Vamos, con suerte llegaremos antes del atardecer.
Cabalgaron unos cientos de metros antes de que la curiosidad de la rubia fuera demasiado grande como para retenerla dentro de sí, por lo que rompió el tranquilo silencio que se había interpuesto entre ellos deseando obtener alguna respuesta que saciara su sed de saber qué es lo que estaba pasando en realidad; todavía no creía que el propósito verdadero del príncipe Thorin para traerla a ese lugar fuera la generosidad de acompañarla a recoger plantas para las pócimas curativas.
Tenía que haber algo más, y ella lo averiguaría.
—Príncipe Thorin —llamó ella acercando sus monturas.
Él se giró hacia ella interrogante, sin dejar de cabalgar mientras lo hacía, observándola con curiosidad.
—¿Sí? —inquirió—. ¿Qué sucede?
Fili no respondió lo primero que tenía en la cabeza, pues sabía que de hacerlo resultaría demasiado agresiva, puede que sin duda descortés. Sin embargo no quería darle demasiadas vueltas a la pregunta o haría que él se confundiera en los misterios y no entendiera de qué hablaba, o qué es lo que quería saber en verdad, así que optó por la pregunta más sencilla y sin segundas intenciones.
—¿Puedo preguntaros algo? —dudó ella finalmente, mirándolo a la profundidad de sus ojos azules.
—Por supuesto —asintió el moreno sosteniéndole la mirada—, siempre.
La joven tomó aire y lo soltó, pensando la pregunta un instante antes de hablar.
—¿Por qué estamos aquí en verdad? —inquirió, y añadió al ver que Thorin iba a hablar, seguramente para decir algo que ella ya escuchado—. Sí, lo sé, sé lo que dijisteis en las casas de curación… sin embargo sé que hay algo más.
Thorin la miró seriamente sin decir nada, tanto que Fili se preguntó si su pregunta le había molestado. Nada más lejos de la realidad. En verdad Thorin estaba pensando que Fili era demasiado curiosa para su propio bien, demasiado intuitiva, siempre lo había sido; y le alegraba comprobar a cada día que la conocía más y más, que el carácter y forma de pensar de su sobrina permanecían intactos, a pesar de las circunstancias.
—Podéis decírmelo —dijo Fili—, sea cual sea la razón guardaré el secreto, pero por Mahal no me toméis por tan necia como para creer que en verdad sólo lo hacíais para traerme a mí a recoger plantas; sabéis bien que tenemos gente que se ocupa de ello en la Montaña.
Él sonrió tristemente clavando la mirada en el horizonte, soltando al aire con lentitud respondiendo sin mirarla.
—Tienes razón, no he sido sincero del todo —dijo Thorin—. Podría inventar una excusa, pero no lo haré —e hizo una pausa para pensar unos instantes—. Estás equivocaba en parte, sin embargo.
Ella lo miró confundida al oír sus palabras, frunciendo las cejas en confusión, por lo que Thorin aclaró lo que había querido decir.
—Es completamente cierto que deseé que vinieras y recogieras tus flores y tus cosas —aclaró—. Sin embargo, como bien dices no es el único motivo que me mueve, y en eso no puedo mentir… Lo cierto es que ni yo mismo sé lo que busco aún —confesó el moreno—, sólo sé que al verlo, lo sabré.
Ella se quedó tan confundida y sin respuestas como al principio, sin embargo el que el príncipe le hubiera sido sincero al admitir que había motivos ocultos en esa travesía, le había hecho más feliz y satisfecha de lo que ella misma hubiera podido imaginar. No sabía por qué, pero se sintió completa de alguna manera.
Después de aquello habían cabalgado en silencio durante casi una hora, cada uno sumido en sus pensamientos, hasta que llegaron finalmente al sendero de roca que ascendía a las montañas.
Las Montañas Grises, Ered Mithrim, como las llamaban los elfos, eran unas empinadas formaciones de roca desnuda sin vegetación, en la que el agua corría libremente formando multitud de cascadas y manantiales. Había multitud de cuevas en ellas debido a la porosidad de la roca, por lo que eran o al menos solían ser refugio de criaturas tales como osos, felinos grandes, trolls, trasgos y orcos.
Thorin sabía que era arriesgado traer a Fili a ese viaje, pero no había podido resistir la tentación de tenerla cerca, de pasar tiempo con ella e ir poco a poco ganándosela.
A priori podía decir que había logrado domar su carácter, al menos ella ya no era hostil y cortante con él como lo había sido al conocerse, además iba sacando poco a poco a relucir su verdadera personalidad, que él conocía, amaba y añoraba. Bien valía la pena correr el riesgo que suponía el defenderla, puesto que Thorin dudaba que la rubia estuviera entrenada en lucha como sí sucedía en su vida real, en la que Dwalin, Frerin y él mismo habían enseñado a la joven a usar las espadas dobles y las hachas. Sin embargo, como sanadora era poco probable.
Los ponys caminaban alerta por el sendero de piedra, y estaban a media altitud cuando cruzaron por debajo de un gran arco de piedra que actuaba de puente natural para una cortina de agua que dejó a la rubia anonadada por su belleza, una construcción natural de la roca tan magnífica sobre sus cabezas como si hubiera sido tallada por manos enanas.
—Está cayendo la tarde, el sol se pondrá pronto —señaló la joven y se volvió hacia Thorin—. A menos que hayáis encontrado lo que buscáis, príncipe, sugiero que levantemos el campamento aquí y esperemos al alba para continuar… No me gusta este terreno escarpado.
Thorin asintió muy de acuerdo, deteniendo su montura y apoyando los codos sobre las rodillas acarició su barba, pensativo.
—Has dicho algo muy cierto —dijo el moreno—, no me gusta este terreno escarpado tampoco. Busquemos un refugio y atemos a los ponys, después podremos descansar.
Y sin tener nada que rebatir, Fili asintió a lo que había dicho el príncipe, siguiéndolo mientras desmontaban de sus caballos, caminando con las riendas en las manos para buscar una cueva pequeña en la que no hubiera indicios de animales, orcos u algo peor como un troll de piedra, tan asiduos a esos lugares. No tardaron mucho en encontrarlo, unos cientos de metros más adelante, un poco más arriba encontraron la cueva perfecta, cabían los dos y los ponys con amplia comodidad.
Thorin se aseguró antes de nada de que no hubiera rastros de junturas, grietas o cualquier señal que pudiera indicar la presencia de un mecanismo como el que usaban los Trasgos de las Montañas Nubladas. Ya había tenido suficiente de ellos para toda la vida. Fili lo observaba analizar la cueva con las riendas de ambos ponys sujetas en su mano, y cuando el moreno asintió satisfecho y le hizo un gesto para que entrara, la rubia se adelantó, liberando a los ponys para que descansaran.
—No hay mucha madera para hacer una hoguera —observó de pronto Fili mirando alrededor—, es más, no hay ninguna… Temo que tendremos que comer en frío.
El moreno sonrió, negando con la cabeza.
—Siempre llevo encima cuando salgo de viaje para evitar eso mismo —respondió Thorin—. Es una cosa básica que te enseñan en el ejército, todos los enanos lo hacemos. —Y se dirigió a la bolsa que llevaba su pony en la grupa, sacando un fardo atado con unas cuerdas y entregándoselo a su sobrina junto a una yesca y pedernal—. Ahí tienes, ya podemos encender un fuego.
Fili sonrió encantada, realmente sorprendida.
No esperaba que el príncipe Thorin supiera algo como eso. Cada día que pasaba conociéndolo se daba cuenta de que nada de lo que sabía de él era cierto, y cada hecho y palabra que salía de su boca lo confirmaban. Ella hubiera esperado que él entendiera de oro, de tasación de minerales y joyas… nunca de supervivencia o lucha; fue una sorpresa agradable y que recibió cálidamente.
Cenaron tranquilos a la caliente y dorada luz de la hoguera el caldo de carne y vegetales que la rubia había preparado, Thorin contándole historias sobre las criaturas salvajes que podían encontrar en esas tierras, aterradores monstruos, y Fili riendo sin creer una palabra, sabiendo que él tan sólo bromeaba con ella. Era cierto, y Thorin estaba disfrutando de la risa de su sobrina como hacía mucho que no lo hacía. Amaba verla feliz y ser él el motivo de su alegría.
Fili estaba disfrutando del viaje a pesar de todo, y cuando llegó el momento de dormir, su mente estaba tan activa y llena de pensamientos que dudaba de poder conciliar el sueño. Se tumbó en su manta de pieles y se tapó con otra, mirando la luz naranja y dorada y cómo las llamas bailaban sobre la madera antes de que sus ojos se encontraran con los azules del príncipe tumbado al otro lado del fuego mirando en su dirección.
—¿Qué miráis así? —dijo ella e intentó sonar divertida, pero estaba mas nerviosa de lo que admitiría.
Thorin sin embargo estaba serio, y su voz fue tranquila y calmada al responder.
—Te miro a ti, muchacha —dijo Thorin, guardando el «Kidhuzel» que llevaba en los labios para sí mismo, no era el momento de llamarla así todavía.
Fili abrió los ojos sorprendida antes de que una sonrisa ligera se dibujara en sus labios.
—¿Y veis algo que os complazca, mi señor? —inquirió ella con ironía.
Sin embargo la mirada de Thorin ya no era seria o tranquila, era deliberadamente hambrienta, y Fili vio el deseo claramente reflejado en sus ojos. Parecía estar devorándola con la mirada, desnudándola, y la joven se sintió repentinamente indefensa. Estaban solos en una cueva perdida en las montañas grises y si el príncipe Thorin quisiera hacer algo que ella no quisiera, el amparo de la soledad le cubriría, nadie la ayudaría. Tragó saliva por el pensamiento, y el moreno lo vio claramente, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios.
—Tuviste mi respuesta en la cacería —dijo Thorin—. Sabes que sí, te deseo. —Y se detuvo a evaluar la reacción de la rubia antes de continuar—. Sin embargo no haría nada a lo que tú no accedieras.
Fili se quedó atónita, con los labios ligeramente entreabiertos por la incredulidad y la sorpresa.
Se repuso en el acto, girándose hasta quedar mirando al techo de la cueva, tragando saliva mientras se tranquilizaba, pues aún sentía la mirada de Thorin sobre ella, y aunque tratara de disimularlo, no podía; su pulso estaba acelerado y su respiración también, y ella sabía que el príncipe lo sabía, sabía que él ejercía ese efecto sobre ella.
—Calma tu ánimo, Fili —dijo Thorin entonces, sorprendiéndola de nuevo al llamarla por su nombre—, no va a sucederte nada malo esta noche, ni nunca, mientras estés en mi compañía.
Ella giró el rostro para mirarlo, encontrando sus ojos azul grisáceos con los de él, azul intensos, sin embargo no vio rastro de duda o mentira en las palabras del príncipe, que se giró dándose la vuelta, dándole la espalda mientras se tapaba a sí mismo con la piel de oso que traía. Fili se quedó mirándolo sin saber qué decir, desconcertada por sus palabras, sin embargo la voz del moreno la alertó, sacándola de sus pensamientos.
—Duerme, aún no acaba esta travesía —dijo Thorin— necesitas descanso.
Y sin más palabras, la rubia hizo lo que el príncipe le pedía, con el corazón latiendo acelerado en su pecho, sin saber lo que él estaría pensando en ese momento.
Despertó sobresaltada por un trueno.
La luz blanca del relámpago hizo que la cueva resplandeciera luminosa durante un instante antes de apagarse y sumirlos de nuevo en la penumbra. Estaba oscuro todavía, la noche era profunda, y una tormenta repentina se había desatado; llovía copiosamente, y los rayos y truenos resonaban en la noche como rocas chocando contra montañas. Fili soltó el aire que había estado reteniendo, lo odiaba, odiaba las tormentas, la habían asustado toda su vida, y aún ahora, cuando tenía veintitrés años y casi rozaba la mayoría de edad seguían asustándola como si fuera una enanilla.
Se levantó, viendo cómo de la antes exuberante hoguera sólo quedaban las brasas naranjas y brillantes, consumida como estaba, comenzando entonces a andar de un lado a otro de la caverna abrazándose a sí misma con ambos brazos, con la respiración cada vez más agitada, intentando darse calor cuando el fuerte estruendo de un nuevo trueno hizo retumbar la cueva.
No supo que había comenzado a lagrimear hasta que la voz de Thorin la sobresaltó, sacándola de su trance. El moreno estaba sentado sobre su saco de pieles, observándola con preocupación.
—Fili —llamó.
Ella lo miró sin responder, sin soltarse de su abrazo particular.
—Fili, tranquila —dijo Thorin—, sé que estás asustada. Cálmate —"sobrina" estuvo a punto de decir, pero se contuvo a tiempo, acostumbrado como estaba a esa situación.
La rubia cerró los ojos y trató de hacerlo, respirando profundamente para tranquilizarse cuando sintió una manta cálida posarse sobre sus hombros y envolverla. Abrió los ojos tan sólo para ver cómo el príncipe Thorin estaba de pie frente a ella, envolviéndola con su manta de piel de oso, la preocupación reflejada en su rostro.
—Junta tu manta con la mía —ordenó—, sé que te calmarás si me tienes cerca.
Por extraño que pudiera parecerle, por una vez la rubia no replicó. Siguiendo a Thorin hasta su manta, se tumbó en ella mientras el moreno traía la otra y la juntaba haciendo el lecho de pieles más amplio. Tumbándose después a su lado y cubriéndolos a ambos con las pieles, pasó un brazo por la cintura de la joven, atrayéndola hacia sí, acariciando su espalda de forma tranquilizadora, de la manera que Thorin siempre lo hacía con ella desde que era una enanilla y le sucedía esto.
Fili, tal como Thorin sabía que sucedería, se calmó y durmió enseguida rodeada por su brazo y con su calor rodeándola, sintiéndose segura junto a él. El moreno se permitió una sonrisa ahora que ella no podía verlo, dormida como estaba. Cuánto amaba a esa terca enana, y cómo se arrepentía de haber desperdiciado los ochenta y un años que había pasado a su lado sin descubrir que ella era su única hasta el último momento, cuando ya fue demasiado tarde.
Con esa sonrisa y el corazón ligero y completo, el rey bajo la montaña cerró los ojos y se entregó al sueño.
Cuando Fili despertó creyó notar una cálida brisa sobre su mejilla, y abrió los ojos extrañada, encontrándose con la barba del príncipe Thorin rozando su cara. Intentó apartarse, sin embargo los brazos de Thorin la rodeaban por la espalda impidiéndola alejarse de su lado, y al intentar hacerlo de forma que él no se despertara el moreno abrió los ojos y los clavó en ella, haciéndola palidecer al verse en esa situación comprometida con el heredero al trono de Durin.
Tragó saliva intentando sacar una disculpa, sin embargo la mirada tranquila y llena de paz y felicidad que se reflejaba en el rostro del príncipe la desarmó, sintiendo un vuelco en su corazón que no supo a qué se debía. Clavó sus ojos en los suyos y se perdió en ellos, incapaz de pronunciar palabra, sólo observando esos iris azul medianoche brillantes a la luz del sol, que la miraban con una adoración que Fili no entendía.
El agarre de su espalda fue ligeramente aflojado, lo justo para que Thorin alzara la mano y la depositara en su mejilla acariciándola levemente, dejándola en shock antes de bajar por su mandíbula y detenerse en su mentón, alzando su barbilla para quedar a la misma altura. Fili sabía lo que pasaría si tan sólo acercaba su rostro un poco más al de él. La cuestión era si estaba dispuesta a hacerlo. La voz de Thorin la sacó de sus pensamientos.
—¿Me permites? —inquirió suavemente el moreno.
Y como si todas sus barreras se las hubiera llevado el viento, la rubia asintió cerrando los ojos, permitiendo que el príncipe Thorin la besara.
Cuando los labios del moreno estuvieron sobre los suyos todo se sintió extremadamente bien, correcto, como si encajaran dos piezas de un puzzle. Empezó como un beso ligero, apenas un roce de labios, los suyos tan cálidos y los de Thorin tan suaves que se derritió en el contacto. Sin embargo pronto sintió la calidez de la lengua del príncipe rozar sus labios como si pidiera su permiso, y ella entreabrió los suyos para permitirle que la besara más profundamente.
El beso se convirtió rápidamente en uno pasional y ardiente, tanto que pronto les hizo falta el aire y tuvieron que separarse para respirar dejando sus labios unidos en pequeños besos ligeros que Thorin daba sobre ella invitándola a más. Sin embargo y a pesar de todo, fue el príncipe quien se apartó primero, incorporándose con ella sobre él ofreciéndole su mano para levantarse; mano que ella aceptó incorporándose aún envuelta en la manta, volviéndose hacia la hoguera para preparar el desayuno.
Fili mordió su labio recordando la calidez y dulzura de los labios de Thorin sobre los suyos, y sin poder evitarlo de nuevo suspiró.
No supo por qué había dejado que él la besara, sólo sabía que no lo había sentido como un error a pesar de saber con certeza que sí que lo era.
Después de aquello había pasado un par de días más recorriendo las montañas buscando algo que Thorin no había llegado a aclararle en ningún momento, pero al tercer día pareció darse por satisfecho con algo y emprendieron el regreso a Erebor. Por el camino habían parado en las lindes de las montañas a recoger diversas plantas y raíces, y más adelante igualmente se habían detenido en la pradera, llenando la bolsa de Fili de suministros útiles para las casas de curación.
Lo mejor del viaje independientemente de las plantas, había sido descubrir lo equivocada que había estado con el príncipe Thorin, el saber que podía encontrar en él alguien en quien confiar.
Miró por la ventana cómo el alba comenzaba a rayar en el horizonte y se dirigió al baño para prepararse. Ése probablemente sería un día duro.
Fili abrió la puerta de su casa de curación con su llave cerrándola con tras de sí con cuidado, pues era de cristal, ahogando el suspiro que llevaba dentro. Cansada como estaba no tenía ninguna gana de trabajar ese día, y se planteó por un momento volver a su casa y dejar que fuera otro quien hiciera su labor por un día. Mas la responsabilidad que sentía en el fondo era demasiado grande, por lo que no lo hizo.
Abrió las cortinas para dejar entrar la luz en la estancia, encontrando una sorpresa inesperada encima de la mesa de madera y mármol de la consulta.
Sobre ella había una tela de terciopelo negro, cosa que no debería haber llamado su atención de no ser por lo que había sobre ella. Una espada corta, dos hachas pequeñas, una daga larga, una ancha y corta, y cuatro hachas de lanzamiento. Ahí, encima de su mesa. Alguien había entrado sin su consentimiento, esto estaba claro, sin embargo no había notado la cerradura forzada ni ningún vidrio que indicara que alguien hubiese roto algún cristal para entrar.
Nada tenía sentido. ¿Cómo era posible que alguien hubiera entrado sin que nadie lo notara? Y lo más importante ¿Por qué? ¿Con qué propósito? ¿Por qué dejar un montón de armas sobre la mesa de una sanadora? ¿Acaso alguien estaba gastándole una broma? De ser así era de poco gusto, sinceramente. Negó con la cabeza ligeramente irritada mientras doblaba la tela de terciopelo y hacía un montón con las armas, posándolas a un lado en el suelo, junto a la estantería, para dejar la mesa de trabajo limpia y eficiente. Se ocuparía de la molestia después.
Con la mente aún confundida por lo que acababa de ver, la rubia sacó un libro de inventario de recetas que debía actualizar antes del final de la semana, comenzando a escribir con la pluma de paloma marrón arena que había comprado hacía poco, rasgando el pergamino con el ligero y relajante sonido del plumín sobre el papel.
Estaba tan concentrada en su escritura, en los números y las plantas que iba anotando que cuando unos golpes se escucharon en la puerta y ésta se abrió, Fili dio un ligero salto llevándose la mano al pecho sorprendida, especialmente al ver de quién se trataba.
—Lady Dis —dijo Fili sorprendida—, ¿todo va bien?
La morena entró en la habitación cerrando la puerta con el pie, pues en los brazos llevaba una mantita blanca y azul con lazos plateados en lo que Fili supo inmediatamente que se trataba del pequeño enanillo que ella misma había ayudado a nacer hacía poco.
Dis se acercó corriendo la silla de forma interrogante, pidiendo permiso a Fili para sentarse silenciosa, pregunta que le fue respondida con un asentimiento, por lo que Dis se sentó.
—Sí, todo va muy bien —sonrió finalmente acomodada la morena acunando al enanillo dormido—, quería agradeceros personalmente que me ayudarais con Kili y Dwalin.
—¿Así lo habéis llamado? —exclamó la rubia sorprendida—. Es un hermoso nombre, igual que su dueño.
Y se levantó para ver a la preciosa criatura rodeando el escritorio, sentándose sobre el mármol mientras su madre descubría la manta y le enseñaba el apacible, hermoso y sonrosado rostro de Kili, que dormía tranquilo y sin preocupaciones. Fili sonrió enternecida, amaba a los niños y esperaba poder tener alguno en algún momento.
—De hecho sí que es precioso, todo en él lo es —dijo Dis asintiendo—, por eso estoy aquí, no me quedaba tranquila si no venía. Sé que fuisteis vos quien atendisteis a mi Amrâlimê durante la cacería; le dije que tuviera cuidado ¿pero creéis que me escuchó? Nunca lo hace, ¡es tan necio! —y bufó irritada antes de negar con la cabeza y sonreír resignada—. Por ello agradezco vuestra ayuda, lady Fili.
—Oh no, mi señora —respondió Fili—, no debéis hablarme así, no soy tal dama como para que la princesa de Erebor me trate con pleitesía.
Dis se permitió una sonrisa amigable alzando las cejas al mirar a la joven a su lado, ambas debían tener la misma edad, si sus cálculos no estaban errados.
—Permite que te tutee entonces —rogó Dis sin perder la sonrisa—, es lo mínimo que te debo, Fili.
Fue el turno de Fili de alzar las cejas sorprendida, sin embargo sintió una calidez en su interior que no esperaba. Definitivamente todo en esa familia real era de todo menos como ella lo había imaginado. La princesa era una enana agradable y simpática, no la necia malcriada que siempre supuso; podría ser amiga suya, si las circunstancias lo permitían.
Hizo una pausa sopesándolo antes de aceptar mentalmente, sí, qué diablos, ya había cometido demasiados errores prejuzgando a esa gente.
—Si va a ser así —dijo Fili devolviendo la sonrisa— por supuesto, Dis.
Dis sonrió ampliamente muy contenta, recorriendo con los ojos la habitación; era más hermosa de lo que había imaginado. Estaba limpia y ordenada, había flores en la mesilla, e incluso tenía un montón de armas apiladas en el suelo como si… Un momento ¿armas apiladas en el suelo? La confusión se reflejó en su mirada, desviándola después a la rubia de forma interrogante.
—¿Y estas armas? —señalo la morena con un gesto, aún sorprendida—, ¿planeas practicar en los campos de entrenamiento? Es peligroso, Fili, yo no te lo recomendaría.
Fili miró el montón de armas maldiciendo mentalmente por no haberlas escondido, viendo que no tenía más opción que responder.
—No, claro que no —dijo—. De hecho no sé cómo han llegado a estar aquí —negó ella frunciendo los labios—. Esta mañana las encontré sobre mi mesa… tal como las ves, en ese estado.
— ¡Oh Fili querida! —exclamó de pronto Dis—, ¿insinúas que las armas no son tuyas, y alguien más las dejó aquí?
La rubia tan sólo asintió y Dis observó las armas con más detenimiento.
Eran hermosas, de buena artesanía, debían pertenecer a alguien de clase alta, eso estaba fuera de discusión. Lo extraño, no tanto para ella, se dijo Dis, era que estaban ligeramente manchadas, incluso había alguna que tenía marcas en la empuñadura. No había duda alguna, eso sólo podía significar una cosa, no había error posible.
—No tienes idea de lo que significa esto ¿verdad? —sonrió la morena clavando su mirada en Fili.
—¿Alguien intenta gastarme una broma? —dudó la rubia.
La respuesta de la joven sanadora provocó una risa alegre en la princesa, que no podía creer que hubiera mujer joven casadera en Erebor que no tuviera idea de lo que significaba en verdad ese gesto. Ella lo sabía de sobra, tantas clases de protocolo como había dado en su vida, su septa había sido muy estricta al respecto con el tema, como para confundir las señales ahora. La ignorancia de Fili era incluso divertida… desde luego, su presencia había llegado como caída del cielo.
Estaba claro que Fili la necesitaba más de lo que ella misma se imaginaba, y por supuesto, Dis la ayudaría. Sería su amiga y consejera, si ella así lo quería.
—Querida mía, alguien intenta cortejarte —aclaró entonces la princesa alegremente.
—¿Qué? —dijo Fili perpleja.
La estupefacción brillaba tan clara en el rostro de Fili como una estrella, tanto así que Dis se apiadó de ella.
—¿No lo ves? —sonrió Dis de nuevo—, es una de las señales de cortejo de nuestro pueblo.
Fili frunció el ceño sin decir nada, esperando que Dis se aclarara, por lo que la morena continuó, al ver que no obtendría respuesta.
—Cuando es el varón quien corteja primero, una de las cosas que ellos suelen hacer para mostrarlo es darle las armas que usan a su pretendida —explicó Dis—, para que las limpie, afile y pula, de esa forma cuando las use lucirá con orgullo el objeto que su dama ha cuidado… y gracias a ella esgrimirá y logrará su victoria.
Fili la miró atónita, incrédula, eso no tenía ningún sentido ¿Quién iba a cortejarla a ella? Si alguien hubiera tenido esas intenciones, Fili se habría dado cuenta, no era tan ciega como para no ver el deseo de los hombres sobre una mujer, y nadie había dado esas señales; bueno ciertamente alguien, pero no podía ser cierto. Fili negó con la cabeza, viendo lo estúpido de la situación.
—Eso es ridículo —contradijo Fili finalmente—, el valor de una victoria no se alcanza ni se mide con la belleza de las armas.
Dis rió de nuevo negando con la cabeza, mientras observaba las armas en el suelo, por alguna razón las encontraba extrañamente familiares.
—Ah cielo, los hombres son así, necios y simples como animales —dijo la morena observando las armas más detenidamente— ¿Estás segura de que no sabes de quién son?
—No, no tengo idea —admitió Fili encogiéndose de hombros—, ¿acaso sabes algo que ignore?
Dis no respondió enseguida, observando ahora muy fijamente la espada corta. Si su mente no estaba mal, creyó reconocer el tallado de la espada que solía usar en ocasiones Thorin; sin embargo no estaba segura de ello, así que guardaría el secreto hasta que pudiera hablarlo con él y confirmarlo de manera segura.
Al alzar los ojos vio que Fili la estaba mirando expectante, por lo que se dio cuenta de que aún no había respondido a su pregunta, distraída como estaba en sus pensamientos.
—No… sólo pensé en alguien —dijo Dis—, pero debo haberme equivocado. Si me disculpas Fili, debería irme, el pequeño debe comer pronto.
—Por supuesto, Dis —sonrió la rubia—. Vuelve cuando quieras.
Dis entonces se levantó asintiendo con la cabeza avanzando hacia la salida, deteniendo sus pasos un instante antes de salir, con la mano sobre el pomo de oro, mirando a Fili dulcemente.
—Lo haré, créelo —sonrió igualmente la morena—, y ten algo presente, ¿sí? Te invitaré al palacio pronto, creo que he encontrado en ti una nueva amiga.
Y mostrándole una nueva sonrisa, la princesa salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado, dejando a la rubia tan sorprendida que no supo que hacer mas que sentarse sobre la mesa de su consulta, aún pensando en las palabras que había escuchado, en las revelaciones que había adquirido.
«Así que alguien me esta cortejando», pensó para sí misma ella, no tenía ni idea de quién, pero dudaba de que se tratase de quien ella quería que fuera.
Thorin cerró los ojos, las manos apoyadas sobre la mesa de su escritorio en su alcoba. No había pegado el ojo en toda la noche, dándole vueltas a lo que sucedió en la travesía.
Su viaje no había sido, como Fili había sospechado, un viaje de sencillo placer y entretenimiento; había tenido sus motivos reales para ir a las Montañas Grises, que no eran sino encontrar un rastro palpable de Smaug. Los dragones vivían al norte de estas montañas, en el Brezal Marchito, todo el mundo lo sabía. Ésa era una tierra muerta e inhóspita donde prosperaban como parásitos. Sin embargo cuando alguno de los reptiles viajaba más al Sur y cruzaba su frontera, adentrándose en las Ered Mithrim, solía haber señales físicas en la tierra que los delataban: rocas removidas en grandes cantidades, terreno quemado, animales calcinados o despedazados, nubes de humo anormales en días despejados, rastros de azufre… Multitud de señales que para quien sabía lo que buscaba, como era su caso, eran un indicador de desastre.
Y las había encontrado.
Llevaban un día y medio en las Montañas Grises y no había encontrado nada de lo que estaba buscando. Sin embargo, cuando el alba del segundo día estaba claro y brillante en el cielo, con sus rosas y lilas pálidos mostrando su belleza, su sobrina suspiró encogiéndose de hombros sobre su montura.
—Temo que llueva —había dicho la rubia.
Él había mirado al cielo, encontrándolo despejado y claro, y así se lo había hecho saber a ella.
—No lo creo, hace frío y la mañana es clara —dijo Thorin—, lo más probable es que nieve al anochecer, no que llueva.
Sin embargo la respuesta de su sobrina había sido lo que había estado esperando, y se golpeó mentalmente por no haberlo notado él mismo.
—Esas nubes oscuras de allí dicen lo contrario —señaló la rubia.
Y Thorin había mirado en la dirección que la joven señalaba, comprovando que efectivamente había una nube extraña, reciente y redondeada como una espiral. Definitivamente aquello no era ninguna formación meteorológica, pensó Thorin, asintiendo al saber que había encontrado su señal.
Habían cabalgado hacia el lugar encontrándolo desolado, y en la ladera de la montaña aparentemente normal, sobre las piedras habían hallado una sustancia sobre algunas rocas, pegajosa y ambarina de olor horrible. Thorin alargó la mano para tocarla, notando que estaba muy caliente y escocía ligeramente sobre la piel.
—¿Qué es eso? —había dudado Fili tocándolo igualmente.
—Ten cuidado, no lo toques —advirtió Thorin—, es azufre… Debemos irnos de aquí, volvamos.
No habían hablado sobre el tema, pero Fili sabía que algo tenía que ver la sustancia con lo que había traído allí al príncipe. No sabía lo cerca de rozar la verdad que había estado.
Thorin frunció los labios, pensativo y molesto.
Eso significaba que de repetirse igual que la otra vez, tenía tan sólo unos meses o incluso menos, semanas quizá, para que el ataque de Smaug se produjera.
Negó con la cabeza dejando que sus manos, apoyadas sobre la mesa se cerraran lentamente formando un puño, abriendo los ojos y clavando sus ojos azules en la chimenea frente a él con los nudillos blancos por la fuerza con la que lo hacía. Tenía la decisión tan clara en su mente y corazón que dolía.
—Te prometo esto, Fili, aunque no me conozcas como deberías hacerlo si nada de esto hubiera pasado, aunque no me ames —dijo Thorin firmemente—: voy a salvar tu vida y la de toda la gente que me importa, que los Valar sean mis testigos… Lo juro, kidhuzel.
Y sin esperar un instante más salió de la habitación con la clara intención de visitar las herrerías de Erebor, el momento había llegado.
.
Mini diccionario
.
KHUZDUL
.
Adad −Padre
Nadad –Hermano Mayor
Nadadith −Hermano Pequeño
Namadith Hermana Pequeña
Inudoy Hijo
Atamanel Amor mío (literalmente Aliento de Alientos, pero como eso no tiene sentido lo traduzco menos literalmente dado su obvio significado)
KidhuzelMi unica de Oro (no tiene una traducción lógica, podríamos decir: "Dorado entre el oro", o bien "Oro mas valioso que el mismísimo oro")
Amrâlimê Mi amor
