Buenas, buenas...
Los personajes conocidos son de Meyer, el resto, es mío.
Capítulo Beteado por Súper Cony, amiga... en los momentos mas oscuros siempre brilla una luz, no desesperes, todo saldrá bien y serás feliz, te lo mereces...
Bueno... ¡A LEER!
Capítulo 10.
Acercamiento.
Bella había disfrutado de un poco de tranquilidad gracias a la presencia de Jasper en Los Cisnes; los mellizos habían pasado mucho tiempo separados por lo que estaban poniéndose al día con sus respectivas vidas, dándole a la niña Bella un poco de soledad con la que últimamente soñaba.
Por otro lado, Seth se había vuelto realmente un dolor en el trasero, el chico se estaba tomando muy a pecho su nuevo cargo nombrado de escolta de la niña de la casa, no la dejaba sola ni siquiera para ir al baño y eso tenía a Bella de un humor bastante irritable.
Había intentado en más de dos oportunidades escaparse hacia los establos en la noche, pero sin saber como, Seth la veía e interceptaba antes de siquiera ella poder pasar al costado de la casa de seguridad.
La chica le había dicho infinidades de veces que la dejara tranquila, que después de que oscureciera y sobre todo mientras estaban dentro de la hacienda no tenía que perseguirla como el ratón al queso, pero simplemente el chico no la dejaba ni respirar.
Era miércoles y era temprano en la mañana, cuando despertó en su cama, se estiró ruidosamente para luego hacer silencio y no despertar a Rose, pero levantó sus cejas asombrada de ver que la cama de la rubia estaba vacía, al sentarse en el borde de la propia un dolor intenso se apoderó de su vientre, arrugó los ojos mientras lo acunaba con sus manos, entonces recordó en que día del mes se encontraba, cuando cayó en cuenta, rodó los ojos y gruñó en silencio, "la visita mensual" estaba por llegar.
Todos los meses era lo mismo, odiaba esa semana, simplemente la odiaba, no tenía sentido sangrar, no había nada bueno esperándola al final de tantas incomodidades, nunca entendió por qué seguía "disfrutando" de esa parte de ser mujer.
Se fue al baño para poder asearse; extrañamente sentía calor, por lo que abrió la ducha y se dedicó a su cuerpo por la próxima hora, enjabonándose y aplicándose tratamientos para el cabello que usaba de vez en cuando nada más.
Como Rose no estaba en la habitación, aprovechó salir envuelta en la toalla hasta su armario.
Arrugó los labios molestándose por el calor que repentinamente sentía en la piel, rodó los ojos adjudicándole aquel calor a la ausencia prolongada de David, ya era demasiado tiempo que no lo veía, normalmente se sentiría deprimida y lo llamaría con desespero para poder verlo, pero hoy era diferente, hoy estaba tan malgeniada que agradeció que su prometido no estuviera a la vista, porque estaba segura de que lo insultaría por abandonarla. De nuevo.
Eligió del armario un atuendo fresco y ropa interior cómoda, se caló las braguitas por sus piernas y las acomodó sobre su trasero como si de un bañador se tratara, buscó un sujetador y eligió uno deportivo, nada de amarres incómodos en la espalda ni al frente.
Se inclinó tomando sus botas vaqueras del suelo del armario cuando la puerta de la habitación se abrió dándole paso a los mellizos, Bella abrió sus ojos de mas intentando tomar la toalla para cubrirse sin alcanzarla a tiempo.
— ¡Rose! —gritó indignada. La rubia aunque apenada, sonrió.
—Bella no seas exagerada, te he visto peor. —Sin inmutarse se fue hasta su cama dejándose caer en ella, Bella rodó los ojos con furia y lanzó la puerta del armario con fuerza, quedándose encerrada dentro del mismo.
Rosalie alzó las cejas al ver la reacción de su amiga pero se encogió de hombros, cuando se volteó a la puerta se encontró con Jasper estático, rio sacudiendo la cabeza.
—Más te vale reaccionar antes de que salga y se ponga peor. —Jasper parpadeó y sacudió la cabeza dándose unos ligeros golpes en la frente con la palma abierta de su mano, Rosalie se burló descaradamente de él—. Recógete la baba hermanito, se te está notando. —Jasper reaccionó mejor y la vio entre sus pestañas.
—Púdrete Blondie. —Rose soltó una carcajada, Jasper siempre la trataba así cuando lo dejaba en evidencia, aunque se sentía apenado por la cara de estúpido que había puesto frente a su hermana y que posiblemente Bella también la hubiera notado, no pudo evitar sentirse bien cuando escuchó a Rose reír.
—Será mejor que salga, no vaya a ser que se moleste por verme aquí.
Rose negó despreocupada. —Tranquilo, al parecer está de mal humor, hagamos lo que hagamos vamos a estar en su lista negra por el día, así que no te esfuerces demasiado, hoy habrá malas miradas, comentarios sarcásticos y puede que hasta insultos, el secreto está en no hacerles caso. —Jasper la vio como si estuviera loca, Rose se encogió de hombros—. Para entenderlo tendrías que ser mujer.
El rubio alzó las cejas entendiendo, ciertamente no era mujer, pero había vivido con su hermana gran parte de su vida, también había tenido a su madre y también estaban las novias, sobre todo María, la chica con la que había vivido en lo que entró en la universidad, no entendía esos cambios de humor, pero sabía tan bien como que el infierno existía que debía mantener su distancia por una semana, mientras todo volvía a ser como antes.
—Prefiero no saberlo, voy a salir entonces, te veo afuera. —Le lanzó un beso al aire y salió de la habitación.
— ¿Jasper?
El rubio acababa de cerrar la puerta, venía sacudiendo la cabeza, sintiendo que aún tenía la figura de Bella marcada en la memoria.
— ¿Jasper? —Esta vez sí volteó, arrugó un poco el entrecejo al extrañarse de verla ahí.
—Hola Alice, buenos días.
La chica sonrió extensamente, sus mejillas ligeramente se arrugaron en respuesta.
— ¿Cómo te va? ¿Dormiste bien? —La chica seguía sonriendo, pero Jasper aún estaba distraído con la imagen a medio vestir de Bella, sacudió la cabeza parpadeando.
— ¿Ah? —le preguntó.
Alice se mostró un poco incómoda, los pocos días que Jasper había pasado en casa había intentado desesperadamente entablar una conversación con el rubio, pero no había podido siquiera acercarse, él siempre estaba con Bella o con Rose y le daba un poco de vergüenza acercarse a hablar con ellos. Aún no le había pedido disculpas a Bella por las palabras hirientes del otro día y tenía miedo de que la rechazaran.
Pero por fin se le había presentado la oportunidad de ver a Jasper a solas y justo ayer le habían avisado sus amigas del pueblo que habría una fiesta para recaudar fondos para la reparación del estadio, así que le pareció buena idea invitar a Jazz.
—Lo siento —dijo Jasper sacudiendo la cabeza—. En verdad no te escuché ¿qué decías?
Alice se pasó una mano por su cabello corto. —Solo…solo te saludaba. —Jasper le sonrió con ternura.
—Hola. —Se acercó y le dio un pequeño beso en la mejilla que hizo que la piel de Alice se sonrojara—. ¿Cómo dormiste, chiquilla?
Eso fue suficiente para que el sonrojo se perdiera, la chica frunció los labios por su sobrenombre, pero igual contestó. —Bien. —Asintió—. ¿Ya desayunaste? —Jasper asintió, ella volvió a fruncir los labios, poder alejarlo de la antesala se le hacía difícil y no quería que su hermana y amiga la escucharan hablando con Jazz.
—Yo aún no lo he hecho, ¿me acompañas abajo? —Se sintió realmente atrevida al preguntarle en voz alta, sus orejas comenzaron a calentarse nuevamente, Jasper la vio un tanto apenado.
—Prefiero quedarme a esperar a las chicas, por qué no te adelantas y cuando baje con Bella las acompaño a ambas.
Esa no era la contestación que Alice esperaba, pero sin mostrarle ninguna mueca asintió, mientras salía de la antesala pensaba y pensaba en como decirle lo de la fiesta, tenía que ser directa.
— ¿JASPER? — su voz sonó como si estuviera gritando, el rubio subió las cejas impresionado del tono. Alice sintió como sus orejas empezaban ahora a quemar—. Ehhh, Steffi, ehh una, una amiga mía, me…me dijo que…, bueno, no fue ella. —Empezó a articular con las manos—. Es que van a reconstruir el estadio y…y… y necesitan dinero, ya sabes, entonces… bueno, hay una fiesta, bueno, no es una fiesta como tal, están buscando…
Jasper alzó sus manos deteniéndola. —Chiquilla respira, ve más despacio ¿sí? —Alice se sintió tonta—. ¿Hay una fiesta? —preguntó Jasper. Alice asintió—. ¿Alguien necesita dinero? —su voz era un poco dudosa.
Alice medio sonrió sintiéndose tarada. —La reconstrucción del estadio.
Jasper asintió. — ¿Están buscando fondos? —Alice asintió de nuevo—. ¿Y estás invitándome?
Ahora asintió de nuevo pero con la enorme sonrisa renovada.
—No sé chiquilla, pero te lo haré saber ¿vale? —No era la respuesta que esperaba, pero no era del todo desalentadora, la chica asintió de acuerdo y se sintió un poco ansiosa cuando escuchó movimiento tras la puerta, Jasper le sonrió en disculpa y ella se coló por la puerta, escapando de su hermana y la rubia. Cuando iba escaleras abajo se dio un golpe en la frente, debió haberle advertido a Jazz que no invitara a Bella o a Rose. Luego sacudió la cabeza, estaba segura de que no les diría, después de todo no creía que ninguna de las dos quisieran ir a una fiesta.
Abajo el estado de ánimo de la más joven de la casa era contagiante, la misma Khloe le sonrió tiernamente cuando la vio tan sonriente y campante, intentó persuadirla de que comiera waffles, tocino o huevos revueltos pero la chica tan solo tomó su yogurt con granola de siempre.
Charlotte apareció en la cocina y le indicó a Sara que le preparara su bebida proteica, la chica asintió temblorosa por el miedo que siempre le producía la señora de la casa, limpió sus manos en su delantal y prosiguió a preparar el brebaje.
— ¿Y a que debemos el buen humor? —preguntó Charlotte sentándose al lado de su hija, llevaba un taller de color blanco, con zapatos de tacón color marfil, sumamente elegante, pero sumamente fuera de tono.
Alice se encogió de hombros. —Es un bonito día. —Charlotte subió una de sus cejas viéndose realmente inquisitiva, Alice frunció sus labios en una mueca hacia las dos mujeres que aparte de ellas estaban aún en la cocina.
—Khloe, Sara, salgan de la cocina —ordenó sin miramientos la Señora de la casa. Sara, que le estaba colocando al frente la bebida, dio un respingo de puro susto, haciendo que tan solo un poco de la porción del vaso se desbordara, la mirada que Charlotte le dedicó a Sara fue digna del mismísimo diablo, la chica tembló de pies a cabeza.
—Sara, sal de la cocina, yo me encargo. —Khloe como siempre al rescate. La chica ni siquiera asintió, simplemente salió de allí, persignándose en lo que sintió el aire caliente del exterior sobre su piel aterrada.
Cuando se encontraba a mitad de camino hacia la casa de servicio, Seth venía saliendo, sin meditarlo mucho corrió a sus brazos, el joven la recibió con algo de pena y a la vez con cariño.
— ¿Qué sucede, bonita?
La chica lo abrazó explicándole lo que había ocurrido, Seth rio un poco llamándola exagerada.
—En serio Sethy, esa mujer es el diablo, tiemblo cada vez que me habla.
Seth la separó de sí tomándola de las mejillas. —Solo le tienes miedo porque es la señora de la casa, tienes que aprender a controlarte cuando estés con ella, necesito que mantengas este empleo Sara, si te vas de aquí no te veré todos los días y sabes que no puedo vivir sin ti.
Eso fue suficiente para que la chica olvidara el percance anterior y se derritiera en brazos de su novio, Seth. Desafiando su entorno y sin poder contener las ganas, se inclinó hacia la flaca y desgarbada chica, juntando sus labios en un pequeño y dulce beso.
—Ejem. —El chico la soltó de inmediato y la apartó de su lado, Edward iba saliendo de la casa para presentarse y a la vez despedirse de sus jefes, hoy tenía el día libre y tenía planeado sorprender a Nicole después de la escuela, le murmuró a Seth alguna palabra como "discreción" y pasó por al lado de la joven pareja sin siquiera mirarlos, yéndose directo a la entrada trasera de la casa.
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Cuando Charlotte terminó de despachar a Khloe, observó a su hija con la típica ceja alzada que la caracterizaba, Alice sonrió metiéndose otra cucharada de yogurt con granola a la boca masticándolo con calma. —Hoy es la fiesta de recaudación de fondos en el pueblo.
—Ujum. —Charlotte la instó a continuar mientras probaba su bebida proteica.
—Le dije a Jazz que fuera conmigo.
Charlotte abrió sus ojos de más. — ¿Jasper? —preguntó incrédula. Alice asintió—. Es demasiado mayor para ti. —Negó, restándole importancia a la sonrisa de su hija.
— ¡No es cierto! —exclamó indignada—. Bueno —convino al ver el rostro de su madre—. Puede que lo sea un poco.
—Es mayor que Isabella. —Alice volvió a abrir la boca, hablando atropelladamente.
— ¡Por apenas seis meses!
—Y aun así, Isabella es casi seis años mayor que tú.
—Tú y papá se llevan mucho más que seis años. —Esta vez su voz fue baja y apenada. Charlotte volvió a alzar su particular ceja y apartó un poco el vaso a medio vaciar de bebida. Alice inmediatamente se encogió en su silla sintiendo como su estómago se anudaba—. Lo siento —murmuró. Charlotte respiró profundo y arrugó los labios.
Justo en ese momento, entraron a la cocina los mellizos y Bella, la última venía algo mal encarada y los primeros conversaban entre ellos. Alice se sentó más derecha en su banco cruzando una de sus piernas, sus mejillas se encendieron de inmediato pero el rubio no las notó, Charlotte en cambio no perdía el más mínimo movimiento de vista.
—Buenos días Bella —convino la madrastra, acompañando sus palabras con un asentimiento parco a los mellizos, que devolvieron igual.
—Buenas —fue la única contestación de Bella mientras se dirigía a la nevera y sacaba un cartón de leche fría.
—Tu padre se marchó con Emmett temprano, me pidió que te avisara.
—Ajá —contestó esta vez mientras tomaba pan francés y sacaba el frasco de Nutella de uno de los armarios.
La cocina se quedó por completo en silencio cuando Bella cortó el pan en rueditas y embadurnó una de ellas con una porción demasiado generosa de Nutella.
— ¿Ese es tu desayuno? —la voz era impresionada y el tono lleno de repulsión. Bella levantó la mirada hacia su madrastra y mordió desafiante el pan llenándose los labios de chocolate mientras asentía y lamía los restos de sus labios.
Jasper soltó una carcajada.
—Diablos, de haberlo sabido desayuno así también. —Bella le dedicó una enorme sonrisa y le extendió el frasco de Nutella. Jasper tomó una de las ruedas de pan y se preparó una, la extendió hacia Rose que negó y fue a la alacena tomando una pequeña cucharilla, que luego introdujo en el frasco sacando una generosa porción.
—Esto es mejor comerlo solo que con pan —contestó a la expresión asombrada de Jazz y Bella, ahora los tres rieron. Jasper, que antes que nada era un caballero le extendió la ruedita de pan a Alice que los observaba entre impresionada y divertida, su sonrisa se amplió y estiró su mano hasta la de Jasper, pero Charlotte la tomó de muñeca impidiéndoselo.
—No puedes comer eso y menos a esta hora —dijo viendo con odio a Jasper que retrocedió su ofrecimiento encogiéndose de hombros y dándole él un mordisco.
Alice se sintió enormemente apenada y humillada, Jasper preparó otro ofreciéndoselo a Bella que sonriente y gustosa lo aceptó.
—Esto no es comida, Isabella, tienes que cuidar tu cuerpo, ¿quién come chocolate a esta hora y menos en esas cantidades?
—Jazz —interrumpió Bella colocándose de pie—, ¿te parece que descuido mi cuerpo? —Dio un pequeño giro—. Digo, ¿te parece que me veo mal? —Se había decidido por su atuendo últimamente habitual, un short y una camisa de botones, amarrada debajo de sus senos, dejándola con demasiada piel expuesta, pero hacía demasiado calor como para cubrirse más piel de la necesaria.
Todos en la mesa no dejaban de verse asombrados, sin embargo, el rubio palideció y se atragantó ligeramente con la pregunta. Rosalie rio divertida al verle la expresión a su hermano, sabía que Bella hacía eso para molestar a Charlotte, para la rubia no era un secreto el odio que aquellas dos se profesaban, pero su hermano había quedado en mitad de aquel enfrentamiento, un hermano que se derretía por su amiga desde que la había conocido y que no podía contestar a eso sin que su lengua se atragantara.
La puerta que daba a la parte trasera de la casa se abrió, dejando entrar a Khloe y a Edward que venían conversando amenamente, dándose los buenos días mientras Edward asentía a las palabras que la mujer mayor le decía.
Bella, al no obtener respuesta de Jazz se giró hacia los nuevos visitantes.
—Edward —llamó haciéndolo parpadear en su dirección, el resto de los integrantes de la cocina no podían esconder sus caras asombradas de la actitud de la chica—. ¿Cómo me veo? —preguntó obviando el jadeo de asombro de Charlotte, Rose dio un aplauso divertida—. ¿Te parece que me veo mal, desproporcionada o pasada de peso? —Alice no dejaba de mirar hacia la cara de su madre y hermana como si se tratara de un partido de tenis.
Edward levantó las cejas sorprendido por la pregunta, no pudo evitar verla de arriba abajo, tenía que admitir que estaba muy fresca y algo descubierta, pero no podía negar que las botas de cuero marrón sobre sus delgadas piernas la hacían ver particularmente guapa y atractiva.
—Con todo respeto señorita, pero usted se ve muy bien esta mañana. Fuerte y saludable, como siempre.
Bella le sonrió agradecida de que por lo menos contestara, no entendía por qué Jasper no lo había podido hacer, cuando volteó a ver a su madrastra alzó las cejas en una mueca de superioridad.
—Vamos al estudio Isabella —reprimió Charlotte. Bella tomó asiento de nuevo y la vio entre sus pestañas.
—Estoy desayunando.
Ya nadie más rio en la cocina, ambas se estaban viendo con furia y con desafío en las miradas, Charlotte sin apartarle la vista se dirigió al resto.
—Salgan de aquí inmediatamente, déjennos a solas. —Nadie tuvo que esperar segundas indicaciones, Jasper tomó a su hermana del codo y la sacó de la cocina. Edward y Khloe salieron por donde habían entrado, la única en no moverse fue Alice.
Bella preparó otro bocadillo colocándole más Nutella de la necesaria en un intento de desesperar más a la madrastra.
—No tienen que pelear, mami. —Alice se atrevió a hablar, Charlotte se dignó a mirarla.
—Sal —fue su única palabra.
—Tu furia es conmigo Charlotte, no la tomes con ella. —Alice se sintió mínimamente agradecida de la defensa de Bella, pero sabía que eso le traería inconvenientes después, Charlotte nunca podía con Bella, su hermana era demasiado fuerte y valiente, sobre todo porque sabía que contaba con el apoyo incondicional de Charlie y que tenía algo con lo que Alice no contaba… No le tenía miedo a Charlotte.
Pero la chica sabía que Charlotte iba a descargar esa furia más tarde con la única que no tenía permitido replicarle, la única hija de Charlotte.
Alice no dijo nada más y salió de la cocina, dejando a Bella y a su mamá a solas, se moría por poder escucharlas, saber como Bella podía enfrentarla sin temblar de miedo, pero no se atrevió a quedarse espiando.
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Bella dio otro mordisco a su pan cubierto con excesiva Nutella y dio un trago a su leche fría.
— ¿Cómo se te ocurre hablarle así a los empleados?
Bella arrugó el entrecejo, nunca pensó que fuera a empezar por ahí, simplemente se encogió de hombros.
—Eres la hermana mayor de mi hija, tienes que ser un buen ejemplo, no puedes ofrecértele a los empleados de esa manera.
Bella respiró profundo. —Número uno, no me ofrecí a nadie Charlotte —dijo viéndola a los ojos—, y número dos, la que le debe dar el ejemplo a Alice es su madre, no yo.
—Eres su hermana —la interrumpió. Bella rodó los ojos.
—Media hermana —corrigió.
—Como sea —dijo sacudiendo una mano—. No puedes desobedecerme de esa manera frente a todos, sobre todo frente a Alice, y no puedes desayunar eso. —Bella lanzó a su boca su último bocado y frotó sus manos mientras masticaba y tragaba.
—No puedes darme órdenes, ni frente a todos, ni a solas, eso ambas lo sabemos y como siempre Charlotte, yo hago, como y digo lo que me venga en gana.
—Será mejor que me respetes.
— ¿Por qué habría de hacerlo? —ambas voces eran demasiado desafiantes, Charlotte no perdía momento para establecer su autoridad en la casa, normalmente Bella no le prestaba atención, pero hoy estaba particularmente de mal genio y el pelear con Charlotte era poderosamente atrayente.
—Soy la esposa de tu padre. —Bella alzó sus cejas apartando finalmente sus bocadillos.
—Eso. Y corrígeme si me equivoco —empezó la chica con tono sarcástico—, tan solo le exige respeto a tu esposo y a tu hija, a mí me puedes sacar de ese bote, yo no te debo nada.
—Serás desagradecida. —Bella dio una risa demasiado burlona que hizo que Charlotte se crispara de rabia.
— ¿Desagradecida? —preguntó con ironía.
—Sí —indicó Charlotte—. Yo fui tu madre cuando la tuya desapareció.
Eso era un golpe bajo, pero aunque le doliera, Bella no lo demostró, no era primera vez que Charlotte usaba la carta de la desaparición de su madre, normalmente a Bella le temblaba el labio y esperaba estar sola o con David para poder llorar en silencio el abandono de Renée, pero hoy todo era muy diferente.
—Tú no fuiste nada parecido a una madre para mí —indicó Bella con voz clara, sin el mínimo atisbo de dolor—, y la que debería agradecer de vivir y disfrutar de este techo eres tú, o mejor dicho, deberías agradecerle a Alice.
Charlotte se vio sin argumentos al escucharle el tono a la chica, esa era su arma mortal, hablarle a la abandonada de su madre era más que suficiente para hacerle perder cualquier discusión o argumento, pero esta vez Bella permaneció de pie, inmutable, imperturbable.
— ¿Qué estás diciendo?
—Que a quien deberías agradecer por vivir donde vives y por tener lo que tienes es a Alice, a nadie más —recordó la conversación con Nana de unos días atrás, cuando veían las fotos de Alice recién nacida y de la cercanía de su nacimiento con el matrimonio de su padre—. Si no hubieras quedado embarazada de Alice jamás hubieras entrado a esta casa, jamás te hubieras convertido en la esposa de mi padre.
La mano de Charlotte se levantó a los aires, Bella no se movió ni un solo milímetro.
—Dale —dijo viéndola a los ojos, ni la más mínima pizca de miedo se reflejaba en su marrón iris—. Ponme una mano encima, golpéame, atrévete.
No sabía si Charlotte se atrevería, no le importaba, si en verdad la golpeaba no iba a ser primera vez que lo hacía, pero no podía dejar de imponerse en su lugar, millones de veces intentó fraternizar con Charlotte, intentó entrar en el círculo cerrado que eran ella y Alice, intentó en vano ser la hija de aquella madrastra, ser la hermana sin anteponer la palabra "media" con Alice, pero ninguna de las dos se lo permitió, Alice lo hacía por obediencia a su manipuladora madre, por eso no le guardaba rencor, pero Charlotte era algo totalmente diferente, ella sí sabía lo que hacía, ella sí sabía que la dejaba de un lado, rechazada y renegada, Bella no tenía la culpa de que Renée se hubiera marchado, pero Charlotte sí era culpable de haberla abandonado cuando ella era tan solo una pequeña vulnerable y débil.
Por lo que había aprendido a querer a quien la quería, a confiar en quien confiara en ella y a atacar y defenderse cuando era atacada, se tratara de quien fuera.
Charlotte bajó la mano lentamente y Bella se sintió en cierta forma frustrada de que se arrepintiera, la verdad era que tenía unas ganas enormes de devolverle el golpe.
—Tienes razón, tú no eres nada mío, ni lo serás a estas alturas, pero te agradezco que mantengas tus opiniones y comentarios lejos del alcance de mi hija.
—Alice es mayor de edad, ella puede decidir por sí misma.
—Mantén. Distancia —su voz fue más baja—. La casa es bastante grande. —Bella dio una risa.
—Haz tú que mantenga la distancia, yo no voy a cambiar en mi casa.
—Charlie quiere saber hasta cuándo tus amigos se quedarán a vivir aquí. —El cambio de tema la sorprendió, pero tan solo un poco.
Bella rio más alto, era imposible que Charlie le hubiera mandado a preguntar eso con Charlotte. —Que Charlie venga y me pregunte —contestó cruzándose de brazos. Charlotte apretó las manos en puños dándose cuenta de que la chica sabía que mentía.
—Esta casa no es un hotel. —Subió su temible ceja.
—Mis amigos se quedan hasta que ellos quieran, no tienes poder de decisión ahí.
—Te gusta desafiarme ¿no?
—Y a ti te encanta que te pongan en tu lugar.
Charlotte rodeó el mesón observándola. —Según tú, ¿cuál es mi lugar?
—Cualquiera, menos cerca de mí o mis asuntos.
Sin guardar los implementos la bordeó a ella y al mesón dirigiéndose a la puerta trasera, Charlotte comentó algo sobre el desorden que había dejado sobre la encimera, Bella la vio por encima del hombro.
—Si tanto te preocupa, encárgate tú.
Desde afuera, escuchó como su madrastra batía la puerta hacia la sala con furia, sacudió la cabeza y no pudo evitar una sonrisilla triunfadora. Le había ganado una a Maléfica en persona.
— ¡Niña! —la voz batiente de Khloe no destilaba nada más que preocupación. Bella se encaminó hacia ella sonriéndole con indulgencia.
—No hay nada de que preocuparse Khlo, por favor no te angusties.
La pequeña de estatura pero enorme de corazón ama de llaves la abrazó con cariño. —Niña, ¿por qué se pusieron así? ¿Qué pasó?
Bella negó despacio mientras correspondía al abrazo de Khloe, levantó la mirada y vio a Edward a su lado, frunció el ceño y él señaló a Khloe, explicándole en silencio que se había quedado acompañándola.
—Solo le dije algunas verdades a Maléfica, no te preocupes de más. —Edward no pudo evitar reír al escuchar el sobrenombre de la señora de la casa—. Por cierto —dijo Bella en un intento de distracción—, dejé todo regado en la cocina, ahora voy a recogerlo.
Khloe sacudió la cabeza separándose un poco de ella. —No importa, no importa, Sara o yo nos encargamos de eso, no importa.
Bella sonrió, agradecida de que la distracción hubiera funcionado, besó la frente de Khloe y convino. —Me voy un momento a las caballerizas, solo te lo digo para que no te preocupes, pero, por favor no les digas nada a Rose y Jazz, quiero estar sola un momento.
Khloe asintió. —Por supuesto niña, ve con Luke, yo no le digo nada a tus amigos. —El ama de llaves caminó hacia la casa, Edward asintió a Khloe y ambos la observaron retirarse, cuando Bella empezó a caminar hacia la familiar dirección de las caballerizas, sintió unos pasos ligeros tras ella.
—No tienes que seguirme Cullen —dijo sin voltear—. Tu trabajo no es protegerme. —Edward continuó su camino a una distancia prudencial, sintiendo la frialdad de su tono. En la cocina había sido amena con él, ahora volvía a llamarlo por su apellido, poniendo aquella distancia marcada entre jefe y empleado.
—Mi trabajo se limita a la protección de la familia Swan, señorita. No se preocupe, no pienso molestarla, la acompañaré a las caballerizas y me marcharé, igual me es conveniente. —Bella frunció el ceño y volteó a verlo un segundo. Edward aclaró—. Hoy es mi día libre así que mientras más me acerque a la entrada de la hacienda, mejor.
Bella sacudió la cabeza, aunque no veía lógico que la siguieran dentro de sus mismos terrenos, había algo en la presencia de Edward que no le molestaba tanto como la presencia de Seth.
El camino fue en efecto silencioso hasta que se encontraron con Ian y Johnny, ambos discutían acerca del alimento de los caballos, Bella los saludó con una sonrisa que ambos correspondieron ya sin verse sorprendidos de verla por ahí.
Sin preguntarles, Bella mezcló un poco de cebada, avena y vitaminas en un balde para darles a los caballos un poco de alimento.
Edward la observaba desde la entrada, lo más lógico para hacer era asegurarse de que todo estuviera bien, para marcharse. Sin embargo, a pesar de que la chica se encontraba perfectamente, sus pies no se giraron. La verdad era que quería hablar con ella, darle las gracias porque sabía que no lo habían despedido de la hacienda por su causa.
— ¿Cómo se encuentra Nicole? —las palabras de la chica lo hicieron regresar.
Parpadeó un par de veces entendiendo la pregunta. —Bien, señorita. Se encuentra bastante bien.
Bella le murmuraba palabritas en susurros a Juanita mientras la yegua comía desaforadamente.
— ¿Cómo salió en la evaluación que tenía? —Edward la vio realmente asombrado, no esperaba que recordara ese asunto. Bella se dirigió a la estancia de Zeus, el caballo de Charlie—. Era de matemáticas ¿cierto?
Edward parpadeó aún asombrado por su memoria. —Sí, era de matemáticas.
Bella acarició el hocico de Zeus mientras este se inclinaba en el comidero. — ¿Y bien?
—Ehhh —dudó un segundo—. No lo sé —logró decir al poco rato—. No he hablado directamente con ella, la veré esta tarde y le preguntaré. —Bella asintió.
—Mándale saludos de mi parte y dile que ciertamente puede venir cuando quiera. —Edward asintió parándose derecho, era la mejor oportunidad para agradecerle su bondad y si podía disculparse por las últimas palabras que le había dicho.
—Niña —la voz de Johnny los interrumpió—. Voy para Bosque Verde, Ian y algunos de los muchachos se vienen conmigo, ¿quiere que la regrese a casa o prefiere quedarse aquí?
Bella en vez de contestar frunció profundamente el ceño.
— ¿Qué vas a hacer para la hacienda de los Ateara?
—Su padre nos envió por una encomienda, tengo que ver al viejo Quil y arreglar unos asuntos. —Bella abrió sus ojos de más y corrió asustada hasta la estancia de Luke, pensaba que Charlie había cumplido su amenaza, se sintió estúpida de no haber ido de primero a ver a su caballo, la verdad es que no pensaba que Charlie se atreviera a deshacerse de él.
— ¡Luke! —gritó Bella dando algunos golpes en la verja de madera—. ¡Luke, muchacho, ven acá!
—No vendió a Luke, niña —la voz del capataz intentaba calmarla, pero Bella no lo hizo hasta que el relinchar de Luke se mostró presente, Bella soltó la cubeta al suelo y literalmente abrazó el hocico del animal sintiendo como el pánico salía de su sistema.
—Hola, guapo —susurró tan solo para él. Edward, que observaba detenidamente todo, captó la mirada del capataz que le pidió con una seña que lo siguiera, ambos hombres salieron de las caballerizas para poder hablar con más privacidad.
—Debo marcharme ahora, nos esperan en Bosque Verde y el trayecto es largo. —Edward asintió mientras observaba detrás como lo esperaban el veterinario y otros dos hombres en alguno de los jeeps de la hacienda—. Me comuniqué con la casa pero no he conseguido a Seth. —Eso hizo que el escolta lo viera a los ojos, no hablaba porque Johnny no dejaba de palabrear—. El patrón no quiere bajo ningún concepto que la niña esté sola siquiera en los alrededores de la hacienda, se supone que Seth debería seguirla a todas partes, pero el chico es un poco inútil siguiéndola. Necesitamos irnos a la hacienda y no puedo dejarla sola aquí.
Edward entendió a que se refería. Vio el reloj, él tampoco podía quedarse, además, era su día libre.
—John… —empezó con voz baja. El capataz negó de inmediato.
—No será por mucho tiempo, intenta comunicarte con Seth y tan solo déjala hasta que él aparezca aquí.
¿Qué iba a hacer Edward? ¿Marcharse? ¿Dejarla sola?
Órdenes eran órdenes y él le debía algunas a los dueños de Los Cisnes, sabía que Bella estaba detrás de su no despido, ya que el mismo Emmett se lo había insinuado cuando le explicó que Charlie había accedido espontáneamente a cambiar toda la agenda de sus escoltas para no deshacerse de él.
Así que lo menos que le debía a ambos era quedarse un par de minutos extras mientras encontraba a Seth para que lo relevara.
—Está bien John, ve, yo me encargo de localizar a Seth, me quedaré con ella mientras llega.
Mientras observó como el jeep se perdía por el camino de tierra pescó el celular de su bolsillo trasero, repicó demasiadas veces sin que nadie contestara.
— ¿Dónde demonios se metió este aprendiz de hombre?
Volvió a llamarlo un par de veces más, hasta que el celular dejó de repicar para enviarlo directamente al buzón de mensajes. Edward maldijo por lo bajo, luego la imagen de Seth abrazando y besando a Sara demasiado cerca de la casa de seguridad y su desaparición posterior al él encontrarse con Khloe cerca de la casa principal, le hicieron pensar que Seth se había metido en la casa de seguridad con la chica y si le había apagado el celular, significaba que estaban demasiado ocupados.
Esta vez maldijo por lo alto, tenía que conseguir refuerzos, tenía su día libre y quería ir a buscar a Nicole a la escuela y llevarla a pasear un rato, la visita de Jessica a la casa era inminente y necesitaban conversar antes de que representante de servicios sociales los entrevistara. Respiró profundo dirigiéndose a las caballerizas de nuevo, hablaría con la señorita, a lo mejor Bella accedía a regresarse a la casa hasta que algún otro escolta pudiera acompañarla de regreso.
Cuando se acercó lo suficiente a la entrada, la escuchó hablando, se detuvo alerta y posó de inmediato la mano en su arma de la cintura maldiciendo de nuevo al recordar que la había dejado por ser su día libre, en cambio tomó su navaja de bolsillo, una arma blanca de la que nunca se separaba.
Cuando se asomó disimuladamente dentro del establo, frunció el ceño, Bella estaba de espaldas a la caballeriza de Luke, de perfil a donde el escolta se encontraba, lo asombroso de todo aquello era que estaba hablando, sí, hablaba con demasiado ahincó, pero no había nadie al frente de ella.
Edward pensó que definitivamente estaba fuera de sus cabales, pero algo más allá de él mismo no le permitió interrumpir, en cambio se deslizó por la entrada como un centinela, escondiéndose en un pequeño espacio entre la reja de uno de los caballos y la entrada, donde guardaban los botes con los que les servían comida a los caballos.
Guardó la navaja en su bolsillo de nuevo y prestó atención, Bella trataba de convencer a alguien de que no tenía la culpa de algo, cuando escuchó el nombre de Jacob, palideció, ese era el hombre que había muerto en el accidente del rodeo.
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Bella estaba aferrada a Luke sintiéndose a parte de tonta, asustada, si en verdad nunca hubiera creído las palabras de Charlie en deshacerse de Luke, por un segundo creyó que en verdad lo había perdido, por ese pequeño minuto pensó que lo había perdido y con él la única conexión que tenía con Renée.
—Tengo que estar más pendiente de ti, guapo —susurró dándole pequeños besos sobre el pelaje.
— ¿Por qué has de estar pendiente de Luke?
Bella volvió a sentir el escalofrío, sin embargo tenía tanto calor, que casi lo agradeció.
—Charlie me dijo que debo deshacerme de él, pensé por un segundo que lo había hecho.
Luke relinchó un poco y Bella le dio otro beso alejándose tan solo lo necesario para levantar la cubeta del suelo y ponerle algo de comida a su caballo que aceptó con un sonido gutural, Bella le rascó el pelaje entre los ojos con cariño, al levantar la mirada observó a Jacob de brazos cruzados y sonriéndole.
—Hola —articuló. Ella contestó de la misma manera.
—Tenías tiempo que no venías, estuve esperándote. —Bella bufó rodando los ojos.
—La seguridad de la casa ha aumentado considerablemente, considera un milagro que pueda estar sola ahora. —Recordó como Edward había salido con John y como ninguno había regresado asumió que habían continuado con sus quehaceres.
—Tenemos que hablar, Bells. —Bella asintió rascando un poco más a Luke.
— ¿No te parecen asombrosos los avances que ha dado mi chico? —Levantó la vista con una sonrisa a la que Jacob no pudo ignorar.
—La verdad no recuerdo haberlo visto en su peor momento, pero se ve bastante bien.
—Cierto —continuó Bella—. Nunca lo viste después que desperté, la verdad yo también lo vi muy poco en aquella época, nunca fue el mismo.
—Tú tampoco.
Bella rodó de nuevo los ojos. Cuando habló, lo hizo en voz muy baja. —Perdí todo en unos pocos minutos, es de suponer que no sería la misma.
Jacob respiró profundo llenando el ambiente de aire frío, hasta el mismo Luke movió la cola con ansiedad, sin embargo no dejó de comer.
—Isabella —llamó Jacob en tono serio—. Tenemos que hablar.
—Te escucho. —Asintió colocando un poco más de la mezcla en el comidero de Luke.
—Me gustaría pedirte primero disculpas.
—Ya te lo dije, no fue tu culpa, deja de decirlo, tú no tuviste que ver en mi accidente.
—La verdad es otra. —La chica se molestó.
—Jacob —dijo entre dientes, el espíritu de su amigo levantó las palmas.
—Estoy siguiendo tu consejo, dijiste que aún estaba aquí porque tenía un asunto pendiente. —Bella abrió la boca, pero él no la dejó continuar—. Sé que dices que mi asunto debería ser Rosalie, pero algo me dice que no es así, mi asunto es contigo. ¿Qué más da? Déjame intentarlo y si no resulta volvemos al punto de resolver mi situación con la misma Rose.
Bella seguía pensando que era una real estupidez que Jacob siquiera pensara eso, pero no iba a discutir con él, además, tenía razón, lo que le sobraba ahora era tiempo y qué importaba hacerle ver que su teoría era errónea.
—A ver —comenzó Bella cruzándose de brazos—, dime por qué crees que fue tu culpa.
— ¿Qué recuerdas de ese día?
— ¿Del día del accidente? —Jacob asintió—. No me gusta hablar de eso Jacob, nunca me gustó.
—Por favor. —Bella buscó un banco cercano y se dejó caer sentada, había intentado olvidar con fuerza aquel nefasto día.
—Era viernes —comenzó—. Había una fiesta donde los Thompson, no quería ir y David dijo que se quedaría en casa, pero a la final fue. —Hizo una pausa y frunció el ceño, no recordaba cómo, pero supo que ella misma había llegado a la fiesta de la insoportable Natalie Thompson.
Sacudió la cabeza sintiendo un ligero dolor por el esfuerzo de recordar.
—No sé. —Respiró profundo—. Sé que David y yo salimos de la fiesta cerca de la media noche, no recuerdo nada más, los forenses dijeron que camino a Los Cisnes él perdió el control del auto, no…no recuerdo como fue.
Enterró la cabeza entre las manos, no recordaba con exactitud nada de aquella noche, todo habían sido conjeturas que su mente había formado luego de escuchar los testimonios de Charlie y del bombero que la rescató.
—Mi intención no es que recuerdes el accidente, lo siento. —Bella levantó la mirada llena de furia, sintió un leve dolor en su vientre que le hizo cerrar la boca y hablar entre dientes.
— ¿Entonces por qué me preguntas acerca de ese día?
—Bella ¿no recuerdas cómo fue que llegaste a casa de Natalie? —La chica negó, había pensado en eso mismo apenas unos segundos atrás—. Ni tú ni David iban a ir, tú no querías y él prefirió quedarse en casa, pero yo sí fui.
— ¿Y eso qué tiene que ver con el accidente?
Jacob respiró profundo, se movió de modo que estuviera agachado frente a ella, Bella sintió la piel de sus brazos erizarse, pero aquel erizado también fue en reacción a la cara de Jacob, podía palparse la culpa en sus ojos, y a pesar de su trasparencia, Bella juró que lo vio aun más pálido.
—No me interrumpas ¿vale? Una vez que comience, no me voy a detener, si lo hago jamás lo diré y en verdad necesito sacarlo antes de que termine vagando por la eternidad así.
Bella sintió temor por sus palabras, nunca lo había visto tan decidido y a la vez asustado en su vida, tan solo asintió, sintiendo que no podría hablar así lo intentara.
—Yo fui a la fiesta a escondidas de Rosalie, me sentía frustrado con su dependencia y necesitaba aire fresco, David me advirtió que no fuera, había pasado gran parte del día bebiendo y ambos sabíamos que no era muy centrado cuando bebía. El hecho fue que igualmente fui y evidentemente fue una estupidez, Natalie empezó a coquetearme y yo la dejé, la chica estaba vestida para matar y mis ganas se estaban volviendo incontrolables.
Bella alzó las cejas impresionada de sus palabras.
—No me enorgullece, pero le hice caso, le propuse que fuéramos a su habitación y ella accedió. David no dejaba de llamarme porque sabía que haría algo estúpido, cuando le atendí la llamada le dije que dejara de molestarme que iba a echar un polvo y que no molestara.
Se notó la pena en su voz, Bella levantó la mirada asombrada. —Lo recuerdo —dijo sintiéndose extraña—. Rosalie me llamó aquel día, llorando porque habían discutido, me dijo que alguien le había dicho que estabas en esa fiesta, fuimos a buscarte, intenté llamar a David y me dijo que no me acercara, pero igualmente fui con Rose.
Jacob asintió—. ¿Recuerdas qué encontraste?
Bella cerró los ojos, recordó las lágrimas, los gritos y el dolor, había asociado aquellos recuerdos con el accidente, pero no era así, ese dolor tenía que ver con algo diferente.
— ¿David y Natalie? —preguntó sintiendo un nudo en su garganta de recordar cómo había encontrado a su prometido con otra mujer desnuda. Las lágrimas cayeron por sus mejillas—. ¿David me engañó?
Las cosas ahora eran más claras, aquel día Bella llegó a la fiesta con Rosalie en la misión de encontrar a Jacob, se separaron al entrar para abarcar más espacio, lo que Bella nunca se imaginó fue que al que encontraría en una situación realmente embarazosa sería al hombre con el que se iba a casar.
Cerró los ojos con fuerza, Jacob se estiró hacia ella.
—No —dijo de inmediato—. David jamás te engañó, nunca siquiera lo pensó.
Bella parpadeó sintiendo se perdida por completo. —No…no entiendo Jake.
—David supo, porque lo llamaste, que irías con Rose a la fiesta, intentó advertirme pero yo estaba ocupado. —Alzó las cejas mostrando de nuevo la vergüenza en sus ojos—, por lo que él mismo fue a buscarme, fue a advertirme de que Rose me buscaría, de que se enteraría que la estaba engañando. Llegó a tiempo, incluso antes de que lograra mi cometido con Natalie, recuerdo haberme tirado en el suelo para buscar mi ropa, cuando tú entraste.
Bella lloraba escuchándolo y a su vez recordando la escena.
—Yo lo vi, David estaba, estaba con ella, Natalie estaba sin ropa, desvergonzada en la cama, le estiró la mano a David. Él…él estaba con ella, no había más nadie en la habitación.
Recordó como los había encontrado. Como David no tenía palabras para explicarle lo que sucedía.
—Fui un cobarde —dijo Jacob distrayéndola un poco—, escuché como discutieron, como llorabas y no me atreví a salir de mi escondite, escuché como lo abofeteaste y saliste corriendo, gritando que el compromiso se terminaba. David no se detuvo a pedirme que te explicara, salió corriendo tras de ti, gritándote para que no te fueras.
— ¡Dios! —gritó Bella enterrando el rostro entre sus palmas—. Yo creí que me engañaba, era mentira ¡todo fue mentira! —Jacob sentía un nudo en el pecho, era una sensación extraña porque desde que había muerto no había sentido nada, pero ahora sentía como si en verdad se estuviera partiendo en dos—. ¡¿Por qué no me dijiste nada?! —Ya Bella reclamaba con furia, sus últimos minutos con David habían sido de pelea, de reproches y discusión, todo hubiera sido diferente si Jacob hubiera salido, si hubiera explicado la situación, ella no hubiera salido corriendo de la hacienda de los Thompson, David no la hubiera seguido en el auto, ella no se hubiera montado tan molesta, no le hubiera propinado aquellos golpes en el brazo, él no le habría gritado que confiara en él, ella no le hubiera dicho que no quería casarse, no hubiera lanzado el anillo a su rostro.
Más terrible aún, él no hubiera perdido el control, el auto no hubiera derrapado sobre el aceite derramado en la carretera, no se habrían volcado, David no hubiera muerto.
Mientras ella pensaba todo aquello, Jacob balbuceaba disculpas que para ella sonaban sin sentido.
—Lo lamento, en ese momento no pensaba, solo estaba agradecido de que Rose no me hubiera visto. ¡No supe del accidente sino horas después! Me quería morir ¿ok? Tú estabas en coma y nadie sabía nada de Dave, cuando…cuando lo vi en la morgue quería morirme, todo fue mi culpa ¡mi maldita culpa! No dejé que nadie más se encargara de mi mejor amigo, yo corrí con todos los gastos y arreglos de su funeral, le pedí mil veces perdón, a ti también aunque no me escuchabas en tu condición, decidí contártelo todo una vez despertaras, te lo juro que te lo iba a contar.
Bella se mecía de adelante hacia atrás, le dolía la cabeza y el pecho.
—Pero luego despertaste y habías olvidado todo de aquel día, el médico lo llamó algo post-traumático, dijo que gracias a los golpes y al trauma que habías pasado lo más probable sería que jamás recordaras los detalles del accidente. Luego estuvo aquel tiempo en el que aún creías que Dave estaba vivo. ¿Cómo iba a decirte que había sido yo el responsable? No me atreví, soy un maldito cobarde, fui…—se corrigió a sí mismo—, pero ahora estoy aquí, atrapado en esto que ni siquiera sé cómo llamarlo, cuando me contaste lo de mis asuntos pendientes con Rose, supe que no tengo nada pendiente con la rubia, mi asunto pendiente era contigo, con Dave, de poder verlo.
Hubo un momento en que todo quedó en tiempo muerto.
Hasta los sollozos de Bella fueron silenciados, Jacob lo sintió, Bella también, inclusive lo sintió Edward, que aunque solo escuchaba una parte de la historia, observaba embelesado las reacciones y palabras de su jefa, él también sintió una ráfaga de aire particularmente helado que hizo que los bellos de la nuca se le crisparan.
Los caballos se inquietaron, relinchaban nerviosos desde sus lugares, llenando al establo de una atmósfera realmente macabra, la paja del suelo corría por causa del viento haciendo pequeños remolinos en el aire, inclusive la cubeta ya vacía que contenía la comida de los caballos se volcó, derramando el poco alimento que quedaba en ella.
Bella levantó la vista y ahogó un grito. Dándose cuenta de la enorme ausencia que sentía, se decía día a día que David se encontraba bien, que simplemente estaba como a veces él mismo decía 'de vacaciones' intentaba no extrañarlo de más, pero al verlo se dio cuenta de cuánto lo había echado de menos.
Intentó hablar, pero su garganta estaba cerrada por un nudo, sin embargo la voz de su amigo llenó el ambiente.
—David —fue un susurro. Una voz a la vez aterrada y maravillada de lo que escuchaba.
Bella siempre había tenido la teoría de que tan solo podía ver un espíritu a la vez, si veía a David, no veía a Nana y como últimamente el espíritu de Jake rondaba a Los Cisnes, no veía a ninguno de los otros dos.
Inclusive en el estadio, la vez que fue para intentar 'ayudar' a las víctimas de la tragedia les había hablado uno a uno, jamás se habían mezclado.
Por lo que se sintió abrumada y sobrecargada cuando se vio entre los dos, David estaba a su derecha, mientras Jacob lo veía con asombro desde su izquierda.
Se colocó de pie sin saber cómo, intentó hablar pero su voz no salió, estaba embotada. Agotada física y mentalmente, llena de pánico, quería preguntarle mil cosas a David, ¿dónde había estado? ¿Por qué la había dejado sola tanto tiempo? Y sobre todo ¿si lo que decía Jacob era verdad?
Ambos espectros la vieron trastabillar un poco, David se preocupó de inmediato. —Linda, siéntate. —Bella arrugó sus cejas. ¿Cómo podía decir algo tan increíblemente estúpido, cuando lo que ella necesitaba eran respuestas?—. Te estás desboronando, siéntate. —Jacob veía con terror la sombra de su amigo, pensando con pánico que él se veía igual, sintiendo por un momento real compasión por lo que Bella debía soportar a diario.
Bella tembló de frío y sintió como sus rodillas cedieron, dejándolas apoyadas en el suelo, su vientre volvió a darle una punzada y llevó sus manos hacía él intentando calentarlo un poco, pero sus helados dedos hicieron lo contrario.
Cerró los ojos entregándose al inminente desmayo que la amenazaba, su piel estaba helada y no dejaba de emitir temblores.
Fue extraño, porque en vez de sentir la paja de los establos contra su espalda, sintió otra ráfaga de aire frío, intentó abrir los ojos implementando un enorme esfuerzo en ello, entonces vio las imágenes espectrales de su prometido y su antiguo amigo alejarse, mientras los bienvenidos pero extrañamente no cálidos rayos de sol pegaban con toda su piel descubierta.
Edward la había visto sucumbir sobre sus rodillas, sin pensar en la locura de la que había sido testigo minutos atrás, salió de su escondite y la tomó en brazos.
La gélida piel de Bella se trasmitió a su misma piel, por lo que la sacó del establo buscando con urgencia el punto donde el sol mostrara más.
Encontró un lugar despejado donde el sol parecía tener por meta chamuscar a la pobre grama que crecía en el lugar, depositó a Bella sobre su espalda y haciéndole sombra con su cuerpo le palmeó las mejillas.
—Bella —la llamó moviendo un poco su rostro—. Respóndeme por favor. —Tomó su pulso y se sintió aliviado al encontrarlo, pegó una oreja de su pecho escuchando los latidos y luego pegó una de sus mejillas muy cerca de su nariz y boca, sintiendo la casi inexistente respiración de la chica—. Bella —volvió a llamarla—. Vamos señorita, abra los ojos.
Bella parpadeó un poco, sus dientes castañearon.
—Frí…frío —tartamudeó como pudo. Edward alzó sus cejas asombrado, el sol le daba de lleno en el cuerpo, él mismo sentía la traspiración de su cuello. Con extremo cuidado colocó una de sus manos sobre el abdomen descubierto de la muchacha y lo sintió helado.
Pensando que era imposible que alguien sufriera de hipotermia en el estado de Texas, se recostó junto a ella en el suelo y le quitó las botas de cuero, sus pies parecían piel de fantasma, él mismo pateó sus zapatos fuera y la llevó contra su pecho entrelazando sus piernas con las de ella, el calor corporal era el único remedio a la hipotermia que conocía.
La respiración de Bella se volvió más fuerte, Edward por primera vez extrañó su inútil y caluroso uniforme, de haber contado con él podía cubrirla con la chaqueta.
— ¿Quién…? —dijo Bella al momento que parpadeó y se encontró con un pecho masculino demasiado cerca. Edward la apretó un poco más, su voz se escuchaba asustada, inmediatamente intentó calmarla.
—Soy yo, Edward —dijo en voz baja—. Te estabas muriendo de frío y te saqué del establo. —Bajó un poco la mirada pero era tan fuerte el resplandor del sol que ella se ocultó en el pecho de él, dándose cuenta del aroma de su loción para después de afeitar—. ¿Quiere que la lleve a casa? —preguntó él intentando separarse, ella recordó lo que había sucedido en el establo y aterrada aferró la tela de su camisa con ambas manos.
— ¡No! —dijo sonando asustada, no quería ir a casa, no quería verlos, no quería recordar—. Quédate conmigo, ¿bueno? —pidió cerrando los ojos de nuevo—. No me dejes sola. —Edward asintió y se sintió sorprendido cuando ella en vez de alejarse de su cercanía, se apretó más contra él.
—Bella —llamó a los minutos. Ella asintió aún contra su pecho haciéndole saber que estaba escuchando—. ¿Qué fue todo aquello del establo? —Ella tembló ligeramente y él la apretó más, creyendo que sentía de nuevo frío.
— ¿Escuchaste? —su voz era temblorosa. Edward no pudo evitar comentar.
—Estabas hablando sola, pero mencionabas a Jacob. ¿Él no era…? Digo, ¿no fue él el que…? —de repente se sintió apenado, su curiosidad era enorme, pero no podía ser tan imprudente.
—Te lo había dicho ya, ¿recuerdas? —dijo Bella, a pesar del rechazo que había enfrentado con Edward, se descubrió hablando de nuevo del tema prohibido con él.
— ¿Entonces es cierto? —Bella asintió sin verlo a los ojos.
—Es una maldita pesadilla —contestó cerrando los ojos, esperando que Edward la apartara de su pecho.
Pero eso no sucedió, en cambio Edward la abrazó de nuevo, murmurándole cosas similares a la que ella le susurraba a Luke al oído.
Y por primera vez en algunos años Bella se sintió a salvo, y esa seguridad no tenía que ver con la profesión de Edward, tenía que ver con el hombre en sí.
