Hinata no entendía como había llegado a este punto, sin embargo, el motivo le era indiferente.

Ella estaba debajo de él, sintiéndolo entrar y salir de ella con la delicadeza que jamás imaginó podía existir, con movimientos firme y uniformes que le hacían querer gritar de placer. Era tan delicado y a la vez tan apasionado.

La respiración y los jadeos se adueñaban del sonido en la habitación. Los movimientos se hicieron más fuertes, más intensos, más rápidos. Entonces, por primera vez en su vida conocía en carne propia la maravillosa sensación de alcanzar el orgasmo.

Un gran espasmo acompañado de un gemido la hizo despertar al instante. Estaba agitada, esa sensación en su entrepierna desaparecía lentamente.

Encendió la lámpara de inmediato y observó a su alrededor. Estaba completamente sola.

Quitó bruscamente la delicada sábana que la cubría aventándola al suelo, tocó desesperada su cuerpo para confirmar que llevaba ropa puesta, aunque su también notó que su prenda íntima estaba mojada

Se incorporó de un salto y encendió la luz de la recamara. En efecto, no había nadie. Corrió a la ventana que seguí medio abierta y la deslizó con rapidez, asomó medio cuerpo, sólo escuchó el ladrido de un perro y el poco sonido del tráfico nocturno.

Esta vez se aseguró de cerrar bien. Se dejó caer de sentón recargada en la pared. Sentía vergüenza… no, era más bien decepción.

―Todo fue un sueño ―dijo, llevando su cabello hacia atrás.

{…}

―¿Qué ocurre, Sasuke? ―Preguntó Sakura, cubriendo su cuerpo con una manta.

―Es un error ―Apenas y se podía percibir su voz.

Se levantó, dándole la espalda y sujetándose el cabello. Todavía llevaba el pantalón puesto.

―¿Qué es un error?

―Quiero estar solo.

―Pero… Sasuke.

Sakura quiso abrazarlo pero él la empujó con más fuerza de la que debería.

―Déjame solo, por favor.

―No te voy a dejar, esta vez no.

―Entonces quédate o vete, no me importa. Pero déjame dormir tranquilo.

Sasuke salió de la recamara, cerrando la puerta tan fuerte que el cristal de las ventanas vibraron. Por hoy, si Sakura no se quería ir, dormiría en el sillón.

Hinata, lo siento tanto.

{…}

Era una mañana tranquila. Hinata caminaba a su trabajo, preguntándose como vería a la cara a Naruto después del impropio sueño donde él fue su apasionado y sexy protagonista.

La suerte no estaba de su lado esa mañana porque, antes de entrar en el edificio, se encontró con él.

―¡Hinata, buenos días! ―saludó con gran ánimo.

―Buen día ―respondió sin detenerse, sin ver su rostro.

Aceleró el paso dejando a Naruto atrás. Él también se apresuró para alcanzarla.

―Pensé que llamarías hoy o irías a verme. Ya me siento mejor, por si te lo preguntas.

―Me alegro.

Ambos ingresaron al elevador. Definitivamente Hinata actuaba extraño, por lo menos respecto al trato con su jefe.

―Hinata, ¿Por qué estás evitándome? ―interrogó de frente.

―No te estoy evitando.

La acción que tomó, la de voltear a otro lado apartando el rostro decía lo contrario.

―¡Lo ves! Lo haces ahora. ¿Acaso te hice algo?

―Ese es el problema… no hiciste nada ―murmuró.

―No entiendo si balbuceas.

Ella, cansada de su insistencia, lo miró.

―Anoche, no estuviste en mi casa ¿verdad?

―No. Karin no me dejó levantarme de la cama en toda la noche. ¿Por qué?

―Por nada. Olvídalo.

Naruto se acercó demasiado cerca a ella, curioso, acariciándose el mentón con los dedos.

El rostro de Hinata se encendió de un rosado fuerte al tenerlo tan cerca hasta sentir su respiración en la cara.

―Estas muy rara. No me digas que tuviste algún sueño erótico conmigo anoche.

Ella se exaltó, mostrando un pequeño gesto de sorpresa. Inmediatamente llevó su mirada a otro sitio y tapo su boca delicadamente.

―¡¿Lo tuviste?! ―ella negó rápidamente, nerviosa y sin hablar o emitir sonido― Porque, si es así, puedo ayudarte a que se cumpla ―dijo serio, con una sonrisa ligera y es mirada penetrante que sólo le daba a ella.

Hinata estaba acorralada. Su espalda topaba con la puerta del ascensor, pues él estaba demasiado cerca. El elevador se detuvo y las puertas se abrieron sin previo aviso, haciendo que Hinata perdiera el balance y cayera, no sin antes tomar al culpable del brazo y jalarlo con ella.

Ambos cayeron, terminado en una posición alarmante, comprometedora y poco decente. Justamente como la del sueño de Hinata.

Las miradas de los empleados fueron a parar a ellos, en especial de Sasuke Uchiha aparentemente muy irritado.

Hinata pataleó hasta quitar a Naruto de encima, que parecía no tener intención de levantarse. Se puso de pie lo más rápido que pudo, acomodó su falda, tomó el bolso caído y caminó a su oficina con serenidad y como si nada hubiese sucedido.

Naruto se levantó y sacudió su pantalón. Observó a todos los que presenciaron la escenita, no muy contento.

―¿Qué están mirando? ¡A trabajar! ―ordenó con voz fuerte.

―Naruto, ¿puedo hablar contigo?

―Claro, Sasuke. Pasemos a mi oficina.

{…}

Cerró fuerte la puerta y aventó sus cosas al escritorio, dejándose caer en su asiento de piel. Cubriendo su rostro, absolutamente apenada por el accidente con su jefe. Aunque se podía distinguir una ligera sonrisa de satisfacción.

Se adentró tan eufórica en la oficina que no se percató de una pequeña rosa que estaba sobre la mesa. Inmediatamente pensó en Naruto, luego se dijo que era imposible.

Tomó la pequeña nota que estaba junto al detalle y la leyó.

"Espero que tengas un buen día. Sasuke"

Con la misma rapidez con la que la tomó, la arrugó haciéndola bola y la depositó en el cesto de basura. Y la rosa, esa se quedó en el mismo sitio donde la encontró.

{…}

―¿De qué quieres hablar?

―Necesito un consejo, como amigo.

―¿Tú, pidiendo consejos? ―Naruto rió y se echó hacia atrás en el asiento― ¿Qué le pasa a la gente hoy?

―Te hablo enserio. No sé qué hacer ―dijo Sasuke, llevando sus manos a los costados de su cabeza e inclinándola hacia abajo.

―¿Qué pasa?

―Es sobre… es difícil de explicar. Jamas te he contado mi pasado, y se trata de eso.

―Te escucho ―dijo atento, colocando sus codos sobre el escritorio y entrelazando las manos.

―Se trata de alguien a quien le hice mucho daño en el pasado… Estoy arrepentido y, yo la sigo amando, Naruto. Todos estos años ha sido la mujer más importante en mi vida. Pero ella no quiere saber nada de mí, y creo que la entiendo… En verdad quisiera una segunda oportunidad, pero no sé cómo. Sólo quiero que me perdone.

―No puedo entender por lo que estás pasando, ya que no lo he vivido, pero, como amigo te daré un consejo. No te rindas, hazle saber que en verdad la amas, que todos cometemos errores y que el pasado es eso, pasado. Conquístala, dile que mueres por ella y hazle ver que eres otro y lo arrepentido que estas ―Naruto sonrió poco―. Yo, voy a hacer lo mismo. Voy a conquistar a la mujer que me gusta.

Sasuke le deseó suerte, pensando que la mujer a enamorar era Sakura. Naruto, por respeto, no preguntó más sobre la mujer misteriosa de Sasuke.

Los dos con el mismo objetivo, adueñarse del corazón de su amada, sin saber que se trata de la misma persona.

{…}

Tres semanas después, luego de una junta de comité para los acuerdos y contratos que debían conseguir, llegó el viaje a la isla Jeju con la señora Tsunade.

Las últimas semanas en la empresa fue un mundo de estrés y trabajo en exceso. Y a pesar de los pocos ratos libres que podían llegar a tener, Hinata lo pasaba muy bien cuando los compartía con Naruto.

Sasuke, por supuesto, no desistió en su intento de hablar con ella. Pero esa oportunidad siempre era arrebatada de sus manos por la misma Hinata. Sakura sigue aparentando que Hinata Hyuga no existe, también se le había visto más cerca de Naruto. Ino insiste en aclarar las cosas.

Hinata sabía bien que debía superar el pasado, y por lo menos darles una oportunidad, pero no era tan fácil para ella recordar la traición. Porque cada vez que los ve, la melancolía se apodera de ella, no por Sasuke o las que fueron sus amigas, sino por el ser que crecía en su vientre y que perdió. Ese terrible recuerdo, las palabras del médico y dolor en su pecho, reviven cada vez que los ve a los ojos.

Hasta el momento, únicamente tres personas saben de ese tormentoso pasado. Karin, Neji y Hiashi. Hinata no hubiese imaginado que en el futuro se haría amiga cercana de Karin Uzumaki, se visitaban una a la otra con frecuencia, Naruto hacía lo mismo con su prima y, como es vecina de Hinata, siempre la llevaba a su casa al salir del trabajo. Aunque él dice que es por Karin.

.

Llegaron al hotel donde tenían la reservación. Para mala suerte de ambos, Kushina había reservado una sola habitación, con una sola cama matrimonial. Lo bueno fue que tenía un pequeño sofá y ahí Hinata haría que Naruto durmiera.

―Hinata, concéntrate en el trabajo. Te aseguro que todo va a salir bien.

Naruto tomó su mano, asegurándole con palabras claras y cálidas. Mostrando esa sonrisa que tanto detesta, porque comienza a gustarle más de lo que imaginó.

Estaban de camino para encontrarse con la clienta a tratar. La señora Tsunade los esperaba en un restaurante dentro del mismo hotel donde se hospedaron.

―¿Hinata?

Una voz, despreciable para Hinata, la detuvo de repente, una de sus ex compañeras de la universidad.

―Hola, querida

Igual que ella, una sonrisa falsa le brindo.

―Tamaki, que sorpresa. Y Kiba, también estás aquí.

Ambas se saludaron con un beso en la mejilla mientras los acompañantes mantenían cierta distancia.

―Que gusto encontrarte aquí.

―Lo mismo digo ―sonrió, apretando los dientes―. ¿Y qué hacen? ¿Qué han hecho?

Tamaki tomo el brazo de Kiba en forma de dominio. Levantó su mano y mostró un anillo en su dedo.

―Nos casamos.

―Me alegro por ustedes.

―Sí que cambiaste, Hinata. Pero no te preocupes, unos kilitos los sube cualquiera.

Hinata apretó las manos, sin mostrar el desagrado que provocó el comentario.

―¿Tú qué has hecho, Hina? ―preguntó Kiba.

―Sí. .Ta. Cuéntanos. ¿Te confieso algo? Pensé que en estos momentos serías madre soltera o algo así. Como siempre andabas embriagándote con tus amigas, pensé que seguirías en lo mismo. No te imagino casada, la verdad, porque… se trata de ti.

Hinata apretó los ojos y los labios, ladeó un poco la cabeza. Estaba furiosa. Y sabía que Tamaki estaba siendo malintencionada porque conocía la historia, de cuando Kiba y ella eran mejores amigos.

―Pues, déjame informarte, amiga, que si estoy casada ―Mostró el anillo falso que Kushina le había dado―. Y mi esposo es él. Les presento a Naruto Namikaze.

Naruto la miró confuso por un momento, porque él pensaba que estaba en desacuerdo con esa idea. Pero decidió seguir.

―Mucho gusto ―sonrió y extendió la mano.

Kiba correspondió.

―Creo que he escuchado ese nombre.

Hinata se colgó de su brazo.

―Claro. En revistas o en la televisión. Es el Presidente y uno de los accionistas mayoritarios de la Casa Productora Namikaze.

La mirada retadora de Hinata se posó en Tamaki, quien mostraba abiertamente enfado.

Hinata estaba consciente de que era malo engreírse, pero no le importó esta vez.

―Bueno, entonces los dejamos. Ojalá podamos quedar para celebrar nuestros exitosos matrimonios ―dijo de mala gana―. Vámonos, Kiba.

―Adiós, Hina ―se despidió dándole un rápido beso en la mejilla.

Tamaki lo jaló del brazo, se lo llevó casi arrastrando. Después de eso, Hinata esperaba el interrogatorio de Naruto. Y para su mala suerte, lucía molesto.

―¿Qué fue eso?

―Es una chica que estudiaba conmigo, quiso humillarme y por eso dije.

―Eso no ―interrumpió― ¿Por qué ese tipo te dio un beso?

Hinata rió divertida.

―¿Estás celoso?

―Y qué si lo estoy.

―Era mi mejor amigo. Siempre me ha visto como su hermanita, así que no te pongas celoso, no te seré infiel, esposo.

―Bien. Te creo, amor.

Ambos rieron, sonrojados, y siguieron caminando.

{…}

Después de unos minutos llegaron a la mesa reservada donde la famosa empresaria los esperaba. Tsunade Senju no era la mujer imponente y atemorizante que imaginaron, al contrario, parecía una mujer amable y relajada.

Se presentaron y durante un largo tiempo estuvieron hablando sobre los proyectos y producciones exitosas que ha logrado la empresa. Pero, aun siendo el principal tema a tratar, a Tsunade parecía no importarle.

―Ya dejen eso. Mejor háblenme de ustedes, de su matrimonio.

Naruto y Hinata se miraron extrañados, sujetando los papeles.

Tsunade apoyó su barbilla en sus manos.

―Me encantan los matrimonios jóvenes y llenos de amor, como el de ustedes. Se nota cuando miran que están hechos el uno para el otro. Vamos, cuéntenme.

―¿Qué desea saber?

―Quiero sabes que es lo que aman de cada uno. Comienza, Hinata.

―¿Eh?

―Sí, Hinata. ¿Por qué te enamoraste de mí? ―preguntó Naruto con un poco de diversión.

Hinata tragó saliva.

―P-Pues… mm~ Me gusta que a pesar de los accidentes no me has demandado.

Los dos rieron.

Hinata continuó.

―También me gusta que, siempre miras la vida de manera positiva, que, siento que tengo mucho que aprender de ti y tienes tanto por enseñarme.

Tsunade estaba atenta a lo que decía, al igual que Naruto. Y de la nada, las palabras de Hinata florecieron dejándose llevar.

―Creo que me gusta extrañarte. Cuando no estas molestándome es como si me hiciera falta algo. Me gusta estar atenta a mi teléfono esperando que llames o mandes mensajes, así sea para decirle alguna tontería innecesaria. Me gusta que, me hagas dudar sobre si estoy haciendo bien confiando en alguien más, en si vale la pena intentar algo más allá.

―¿Todo es verdad, Hinata? ―preguntó Naruto, con los ojos temblorosos y abiertos completamente.

Hinata sonrió ligeramente y asintió con la cabeza.

―A mí también me gustas. Me gusta que a veces compartimos los mismos pensamientos, la misma forma de hablar e incluso la misma sonrisa. Me gusta mucho cuando te sonrojas y tratas de disimular para que no me dé cuenta. Pero sobre todo, me gusta escucharte y hacerte feliz el tiempo que estoy contigo.

De nuevo la típica sonrisa de Naruto y el rubor de Hinata aparecieron. En el fondo, cada uno, deseaba que no estuviesen actuando, deseando que todo fuera real.

―Y lo que más me gusta a mí son las muestras de amor.

Tsunade estaba maravillada. Ellos se dejaron de ver, regresando a la realidad.

―¿Podrían darse un beso? Eso me encantaría.

Aunque sabían que era por la empresa, ambos lo querían.

Naruto la observó a los ojos pidiendo permiso con la mirada. Y con la misma expresión de él, Hinata asintió una vez.

Se acercaron lentamente. Naruto la tomó de la nuca para ayudarla, hasta que sintieron el roce de sus labios.

Entonces, ella se dio cuenta.

Mi pecho dolía, mis piernas temblaban, algo dentro de mí pedía más. Nuestras bocas se movían lento y con calma. Me sujetó de la cintura atrayéndome hacia él, hasta quedar casi encima. Cerré los ojos y me dejé llevar, porque había deseado tanto esto.

El falso beso se convirtió en uno real, pasional y tierno.

Fue en ese momento cuando lo supe. Mi primer amor había sido asesinado, por la buena, en manos de este hombre que tenía adherido a mí