Capítulo 9

Reconociendo el terreno


Era una mañana hermosa, el sol había salido desde hace unas cuantas horas y las tres hermosas princesas se encontraban en el jardín desayunando plácidamente bajo la sombra de los arboles junto al bello estanque que construyeron solo para ellas. La plática había sido casual: que hombres les habían gustado y cuáles eran los "mejorcitos" para un posible matrimonio "feliz".

-¿Creen que el Conde Kotobuki sea una opción?- dijo Miyuki metiéndose un bocado enorme de carne a la boca.

-Es muy guapo, pero según escuché sus finanzas no andan muy bien que digamos. Dicen que es un apostador –Yuki le dio un sorbo a su té. Mayu sólo suspiró picando un poco de verduras hervidas con el tenedor.

-Cierto ¿entonces qué me dicen de…? Oooh miren quienes llegan- Miyuki se acomodó el vestido en la parte de los pechos al ver que sus nuevas guardias se acercaban a ellas. Las tres soldados elite vestían un uniforme diferente al de los demás guardias del castillo: una armadura ligera en un color rojo quemado, como el color de la sangre seca.

-Buenos días princesas –las tres guardias hicieron una pequeña reverencia, coordinadas y al unísono. Yuki soltó una carcajada.

-¡Ay, por favor! No sean tan formales… siéntense a desayunar con nosotras –les sonrió amablemente.

-¡Sí, siéntense!-Miyuki le siguió el juego.

-Nos encantar… ¡auch!- dijo Sae tallándose las costillas después de recibir un codazo por parte de la más corta de estatura.

-Sería un placer princesas, pero temo que está fuera de nuestras labores.- se disculpó Sayanee.

-No seas una pesada, además somos sus dueñas, deben hacer todo lo que digamos- la princesa Miyuki se levantó para colgarse del brazo de su guardia personal. Sayanee retrocedió unos pasos intentando zafarse cortésmente.

Mayu seguía jugando con su comida mientras escuchaba discutir a su hermana con la guardia nueva. Sae se había sentado y había robado un pan del plato de la princesa Yuki, quien sonreía sorprendida ante el descaro de la joven.

-¿Sabía que las verduras son para comer?- Jurina se colocó detrás de Mayu dándole la espalda y colocándose en posición de descanso con las piernas entreabiertas y los brazos cruzados por la espalda.

-Estoy satisfecha –la princesita se levantó de su silla, le lanzó unas miradas asesinas a sus hermanas y caminó rápidamente hacia el castillo, seguida por Jurina.

El sonido de las pisadas apresuradas resonaba por los pasillos… vuelta a la izquierda, luego a la derecha, a la izquierda nuevamente. Pasaron unos minutos antes de que Mayu se girara y se detuviera bruscamente haciendo que la joven que venía siguiéndola tardara en frenar y chocara levemente con ella.

-Una disculp…

-¡IDIOTA! –Le dio unos golpecitos en el pecho, la miró directamente con el ceño fruncido- …odio las verduras… –dicho eso se giró nuevamente y siguió caminando apresuradamente dejando a la joven con un signo de interrogación gigante en la cara. Jurina no pudo evitar sonreír y comenzar a seguirla nuevamente.

Mientras tanto...

-¡Sa…quiero decir…Miyasawa san!- Sayanee reprendía a su compañera quien la miraba con un pan en la boca y ojos de cachorro. –Nos van a despedir y es el primer día…

-No se preocupen, nuestras guardias deben estar bien alimentadas y que mejor que comer lo que nosotras comemos –la princesa Miyuki seguía aferrada al brazo de la joven quien solamente se dedicó a mirar furtivamente a la chica alta.

-¡Bien! Eres una aburrida Saya…quiero decir…Yamamoto san…-dijo Sae burlándose y levantándose de la mesa haciendo una pequeña reverencia –una disculpa Milady, ya desayunamos… estaremos aquí para lo que se les ofrezca.

-Con su permiso –Sayanee se liberó del agarre de su protegida sonriéndole amablemente antes de caminar junto con Sae unos metros alejadas de ellas.

Esperaron a que se alejaran; Miyuki se sentó en las piernas de su melliza para hablarle por lo bajo.

-Parece que se llevan muy bien, será fácil echarlas al mismo tiempo…

-Parece que son unas buenas chicas, no seas tan mala…después de todo creo que será mas cómodo estar rodeada de mujeres que de hombres ¿no crees?- dijo la mayor viendo a las chicas nuevas quienes parecían estar discutiendo algo bajo la sombra de un árbol. Apartó la mirada cuando su escolta la volteó a ver sonriéndole y saludándola con la mano.

-¿He? Mufufufufu… ¿Acaso veo rubor en las mejillas de Yuki? –la melliza con dientitos sobresalientes se burló picándole los pómulos.

-Estás loca Miyuki… -Suspiró y abrazó fuertemente a su melliza.

-¡Entiendo, entiendo…! ¡El legendario abrazo de boa constrictor de Yuki no por favor! ¡No vi nada!

-Así está mejor… -Yuki soltó a su hermana riendo y acomodándose un mechón de su cabello mientras miraba de reojo a las jóvenes que llamaban su atención.

"Discusión Sayaka-Sae"

Mientras caminaban alejándose de las princesas…

-Por favor Sae, compórtate… nos costó mucho trabajo llegar aquí como para echarlo a perder por una tontería…imaginé esto de Jurina pero no de ti, bueno, si lo imaginé pero honestamente creí que sería Jurina la que comenzaría ¡no tú! –la pequeña parecía muy nerviosa.

-Tranquila Sayanee, era para romper la tensión…

-Tensión es lo que siento ahora en los hombros…-suspiró- tengo hasta dolor de cabeza, me tocó una princesa muy ruidosa –se talló las sienes con las yemas de los dedos.

-No andes de quejumbrosa, Miyuki sama es muy linda y cariñosa… te envidio, mira que agarrarte de esa manera… hacen linda pareja.-se rió burlonamente.

-Idiota… no venimos a buscar novia y no le hables de "tú" a las princesas, muy aparte de eso ella no es mi tipo –seguía tallándose las sienes, abrió los ojos de par en par-¡Espera, no quise decir eso! No es que me gusten las chicas o algo…

-Pfff… no seas tonta, todas supimos lo que pasó entre Yokoyama san y tú…-se pararon bajo la sombra de un árbol.

-¡N…no pasó nada!- Sayanee le dio un golpe en el brazo a la risueña.-Como dije antes, no estamos aquí para buscar novia, venimos aquí a llevarnos a…

-Shhhh…llamas mucho la atención Yamamoto baka, nos están viendo… -dijo Sae hablando mímicamente saludando a una de las princesas que parecía querer escuchar la conversación a lo lejos.

-¿He? Oh… se supone que yo soy la que tiene que estar al pendiente de todo lo que pasa a nuestro alrededor… debe ser por ese zumbido que tengo en el oído a causa de la voz chillona de Watanabe sama…

-Pesada… todo saldrá bien, después de todo somos lo mejor de lo mejor… estúpido Rey Watanabe no sabe lo que acaba de meter a su hogar…-Sae sonrió colocando los brazos en la cabeza.

-Calla, ahora tú eres la que está hablando de más… ¿A dónde fue Jurina?

-Perseguía a la joya de hielo… ella será un problema…

-No creo, hemos sido entrenadas para todo…nada debe salir mal.


-Por los Dioses… -suspiró Jurina mientras se pegaba a la pared cruzando los brazos. Estaba afuera de la habitación de la princesa de hielo quien había entrado y cerrado la puerta con llave.

Dentro, Mayu se acostó en la cama abrazando una almohada hundiendo la cara en ella… "Es real, cuando chocó conmigo pude sentir su calor… es real…" se levantó y corrió al espejo para polvearse la nariz, se detuvo un momento a observar la cajita musical que se encontraba a un lado del maquillaje… "Hora de la venganza" sonrió acomodándose el cabello y se paró frente a la puerta cerrando los ojos "No dudes, te ignoró completamente…no te recuerda o se está haciendo la tonta. Tienes que averiguar cuáles son los motivos por los cuales se volvió soldado… su actitud fue rara, parecía odiar a tu Padre cuando la viste la última vez… entonces, ¿Qué hace trabajando para él? algo está mal… tienes que andar con cuidado" abrió los ojos lentamente y la puerta de golpe.

-Voy a salir…-dijo la joven princesa mientras caminaba rápidamente. Jurina suspiró girando los ojos y caminó detrás de ella.

No se dirigieron la palabra hasta que llegaron a la entrada principal donde el mozo de la puerta fue a buscar el carruaje Real.

-¿Me podría decir a donde vamos?-dijo Jurina aclarándose un poco la garganta.

-… a un lugar…-cruzó los brazos. La chica alta resopló.

-¿A qué lugar nos dirigimos específicamente?-rehízo la pregunta agachándose un poco para verla a los ojos.

La joven princesa miro a otro lado para esquivar la mirada de la otra.

-Limítate a seguirme sin hacer preguntas…

-Entendido.

Un pequeño silencio se apoderó del ambiente, hasta que se escuchó el galopar de los caballos halando el carruaje.


-¿Morí y estoy en el cielo? –dijo Sae tallándose los ojos.

-Estás viva… -Sayanee pestañeó para intentar mantener la calma.

-¿Entonces por qué veo ángeles?-las dos chicas miraban a las gemelas salir de su cuarto con un unos vestidos muy ligeros.

-¡¿qué hacen ahí paradas?! ¡Vamos! - gritó Miyuki. La más alta de las mellizas hacía la cabeza de lado, algo infantil pero sexy al mismo tiempo.

-¿A dónde vamos?- preguntó Sae acercándose rápidamente jalando a su compañera de guardia.

-¡Hoy es el día en que nos entregarán nuestros vestidos nuevos!- la joven de sonrisa encantadora se pegó al brazo de su guardia, misma que puso una "poker face" al sentir el agarre.

-Los hemos estado esperando desde hace semanas, estamos muy emocionadas como pueden ver.- Yuki se acomodó un mechón de su cabello mientras miraba de reojo a la chica alta, había algo que le llamaba mucho la atención. Todos los guardias anteriores habían sido simplones y serios, incluso groseros…hasta que Miyuki los seducía, entonces se volvían peor: insistentes y lascivos. Pero había algo en esa chica que le despertaba confianza, quizá era su actitud fresca y despreocupada. Sin duda era una chica muy interesante.

-Entonces no hay que hacerlas esperar más... vamos por esos vestidos lindos para las niñas lindas…-Sae le dedicó un guiño mientras apuntaba hacia el pasillo. Yuki se sonrojó levemente pero antes que alguien pudiera darse cuenta, tomó a Miyuki del brazo y la arrastró con ella.

-¡Las esperamos en la entrada, lentas!-gritó Yuki mientras su hermana se quejaba dándole palmaditas a la mano que le enterraba las uñas.


Dentro de una habitación llena de papeles y mapas, Tanaka Koichiro, mejor conocido como "el hombre verruga", iba de un lado a otro fumando su pipa.

-Su Majestad…las cosas se están saliendo de control…- el hombre parecía no haber dormido en días.- la zona Norte está muy agitada…

-Tanaka san, la zona Norte SIEMPRE ha estado agitada… no veo cual es el problema.-dijo el Rey Watanabe sin darle importancia mientras escribía.

-Pero Majestad, esta vez es diferente. Esas malditas aldeas mineras están movilizándose, al parecer tenemos a desertores del ejército. Nos llegaron informes de que una mina ha sido cerrada… algo no está nada bien señor…

-¡Pues ponte a trabajar! –alzó la voz sin dejar lo que estaba haciendo.

-¿Me da permiso para tomar medidas? –Se frotó las manos- esas malditas basuras pagarán caro su osadía.

-Haz lo que quieras… siempre y cuando hagas las cosas limpiamente. –se frotó las sienes. Estaba casi seguro que aquel hombre estaba exagerando como siempre, pero por alguna razón desconocida, invariablemente lograba tener el control de todo. Así que si podía librarlo de situaciones desgastantes, entonces dejaba que hiciera lo que quisiera.

-Gracias su Majestad, estará muy satisfecho con mi trabajo, no se arrepentirá…-salía haciendo una ola de reverencias.

"Después de acabar con ese problemita, estoy seguro que me nombrará Conde o algo… quizá me de la mano de alguna de sus hijas…digo, no hay hombre más fiel en este reino. ¿A cuál debería elegir…? Lo pensaré en el camino…" se frotó las manos y caminó lentamente hacia su "oficina".


Jurina se talló los ojos y bostezó al mismo tiempo. Iba sentada junto al chofer del carruaje mientras que una muy molesta princesa hacía corajes dentro de la caja trasera.

"Esa idiota, se supone que deberíamos estar charlando… pero no…"

-"Tengo que ir afuera para vigilar todo lo que pase"-imitó la voz de Jurina y resopló mirando por la ventana.

-¿Habló usted?-Jurina se asomó por la ventana causando que la princesa se hiciera para atrás soltando un gritito. La joven que se asomaba se comenzó a reír, causando un sonrojo y la furia de la joven.

-D…dile al chofer que cambiamos de ruta… quiero ir al lago.-se amoldó en su asiento acomodando su cabello. La joven en la ventana asintió y desapareció de su vista, inmediatamente se escuchó la instrucción del chofer para que los caballos giraran.

"Hay algo raro en ella… hay algo que llama la atención… hay algo en su sonrisa… su sonrisa. Había olvidado lo linda que era su sonrisa." La princesa se sacudió los pensamientos y se aferró a la idea de su venganza.

Después de una media hora llegaron al lago. El chofer tuvo que despertar a Jurina quien se había quedado dormida a medio camino.

-¿Quiere qué la espere o regreso en la tarde como siempre? –dijo el viejo chofer mientras ayudaba a la princesa a bajarse del carruaje.

-En la tarde como siempre Shiro san…gracias.- le sonrió amablemente al venerable que había estado en la familia por años, era casi como su abuelo.

-¡WOW! –Jurina bajó de un salto fascinada con la vista de aquel hermoso lugar. Mayu giró los ojos ante los malos modales de la joven a su lado.

-El lago Watanabe es un tesoro…-sonrió el anciano bajando una bolsa y entregándosela a Jurina, era muy pesada. El hombre cerró la puerta y se intentó subir a la parte frontal, al hacer fuerza el anciano se tiró un "gas". Las dos jóvenes se quedaron calladas observando como aquel hombre terminaba de subirse y posteriormente retirarse con el carruaje. Jurina soltó la carcajada.

-¡Oye, no te rías!

-¡Se pedorreó! ¡Es gracioso!

-Ya está grande, no puede controlar ese tipo de cosas…-la princesa la miró reprochándole pero se veía como intentaba no contagiarse con la risa de la idiota que tenía enfrente.

Ambas comenzaron a reírse contagiándose mutuamente.

-S…suficiente, trae esas cosas por aquí…-la princesa respiró profundamente calmándose y caminando hacia la orilla.

-¿Aquí está bien?- Jurina dejó caer la bolsa sin cuidado alguno. La joven princesa le dedicó una mirada asesina, pero la otra joven ni se inmutó.

-Acomoda las cosas…

-Disculpe, pero soy "guardaespaldas" no "sirvienta"- dicho eso caminó mas a la orilla estirándose.

-óyeme pedazo de escoria- la voz de Mayu había cambiado completamente, lo que hizo que Jurina volteara a verla con los ojos abiertos.- Aquí la que manda soy yo… si quieres conservar tu trabajo será mejor que hagas lo que yo ordene. Con sólo chasquear mis dedos puedo hacer que te encierren por grosera e irrespetuosa, así que mueve el maldito trasero y acomoda mis cosas.

Jurina chasqueó la lengua y caminó lentamente haciendo lo que la joven ordenó.

-Algo más… sólo hablarás en mi presencia cuando yo te lo ordene, debes hacer todo lo que digo sin dudar. Si digo que saltes al lago, lo harás. ¿Entendido?

-Si su Majestad.- el semblante de la joven parecía bastante irritado.

-Salta al lago.

-¿He?

-Dije, salta al lago.

Jurina miró furiosa a la joven princesa, tomó aire profundamente y se levantó, en el camino desató su cinturón donde tenía su espada. Mayu sonreía al ver como la chica se sumergía poco a poco.

-Ahora nada hasta llegar al medio.

-Sí, su Majestad…-la joven giró los ojos y nadó ágilmente hacia su destino. Mientras tanto, la joven princesa se dispuso a acomodar sus cosas. Tendió una manta y vació las cosas de aquella pesada mochila, comenzó a armar las piezas metálicas.


Mientras tanto, en la casa de modas mas exclusiva del reino…un murmullo se desataba entre las clientas.

-¡Yuki chan! ¡Miyuki chan! –una mujer muy elegante y guapa salió de su oficina al escuchar los murmullos.

-¡Atsuko sama!-las jóvenes la abrazaron emocionadas.

-¡¿Qué es todo este escándalo?! –Una mujer de corta estatura salió desde detrás de una montaña de telas finas, tenía una cinta métrica alrededor del cuello y lápices atorados en su cabello, tenía una aguja grande en la boca. –HAY GENTE QUE QUIERE TRABAJAR…

-Lo sentimos mucho Takahashi sama, es que al parecer nuestros nuevos guardias son demasiado irresistibles y alteran a las clientas.-dijo Yuki señalando a las dos Ikemens a las afueras del establecimiento. Las clientas se habían pegado a los cristales.

-Pero si son… mujeres… ¡oh vaya! Así que el viejo no estaba jugando –Atsuko se rió burlonamente mientras que la pequeña sastre se paraba de puntitas para intentar observar algo.

-Son nuestras guardias kakkoii, tenemos que estar a la vanguardia…-sonrió Miyuki.

-Boberas, regreso al trabajo…-dijo la mujer bajita, pero fue detenida por el cuello gracias a el abrazo de Atsuko.

-Espera, primero tienes que mostrarle sus vestidos nuevos a nuestras mejores clientas…-la mujer le sonrió y la pequeñita asintió tímidamente para ir a buscar las nuevas adquisiciones.

-Las cosas siguen igual por aquí…-Yuki sonrió acariciando una tela.

-Claro que no, gracias a ustedes ahora tenemos mas trabajo. Por eso quisiera que me visitaran mas seguido y no sólo cuando quieran algo…-Atsuko hizo un puchero.

-Antes no podíamos porque no teníamos guardias, pero creo que ahora no habrá problema para venir un poco mas a menudo ¿No crees Miyuki?

La joven de orejitas grandes torció los labios y miró a las jóvenes afuera, sabía lo que su hermana quería decirle sin hacerlo directamente. Sabía que a Yuki le habían caído bien las chicas y aunque se sentía perseguida, debía admitir que esas dos eran una agradable compañía.

-Sí, creo que podremos venir más seguido…

-¡Tenemos que celebrarlo!

Las tres chicas se rieron en complicidad.

-¿Crees que tarden mucho?-Sayanee se apoyó en el carruaje.

-Son mujeres, obviamente se van a tardar siglos.- dijo Sae saludando a las mujeres curiosas que se asomaban por los cristales.

-Nos dejaron en el sol…

-Oh… no me había dado cuenta… ¿Será que podamos entrar?

-No quiero entrar, ese es el problema…-se talló las sienes.- demasiado ruidosas…

-Amargada…

-Idiota…

-Pesada…

-Imbécil…

-Gruñona…

- Infantil…

-Amargad…COÑO…

-Perdiste, harás la cena una semana.-se rió Sayanee mientras la otra rogaba por una segunda oportunidad.