Hola a todas. Estoy muy contenta que les haya gustado el capítulo y muy agradecida por sus comentarios. Me han motivado mucho. Como ven me estoy ordenando un poco y por eso pude traer otro capítulo semanal. Espero seguir con el ritmo.
9. ME PERTENECES
Un manto gris se desplegaba por toda la ciudad dejando caer copiosamente una fina llovizna, acompañada por un intenso frío que calaba los huesos de los más incautos. El día mostraba con gran claridad las emociones de algunos de sus habitantes. La mañana se presentó con más rapidez de la esperada, para quienes anhelaban un poco más de tiempo para asimilar los malos ratos y buscar un haz de luz hacia la esperanza.
-¿Dónde está mi hermana? – fue la potente voz de Kippei cuando Momo abrió la puerta, tras oír los estrepitosos azotes que este sujeto vestido de monje había propiciado.
-Pasa – haciendo un gesto nada amigable al hermano de Ann y solo moviéndose lo justo para permitir su acceso.
Momoshiro sabía que esto pasaría de un momento a otro, pero nunca imaginó que a primera hora de la mañana siguiente al incendio. Le hizo señas para que esperara en alguna parte de aquel notable desorden. Solo quedaba un mínimo espacio en un sofá color café chocolate, lo demás era una cubierta de ropa y revistas de diversa índole.
Poco le importó ver la mirada de desdén que le obsequió Tachibana. El departamento habría lucido impecable si hubiese adivinado que tendría a Ann hospedada en el.
A los pocos minutos Momo apareció tras la única puerta que separaba la sala del dormitorio y sintió gran deleite de saber que Kippei no podía ignorar los hechos. Que su querida hermana pequeña había pasado la noche junto a él. A pesar de la mirada asesina que le lanzó, Momo no dio pie atrás y lo enfrentó con rostro impasible.
Ese sujeto tendría que acostumbrarse a la idea de que su hermana ya no era una niña. Y tendría que aceptar que él no tenía la menor intención de permitir que Ann se alejara de su lado. Si tenía que encadenarla a su cama para impedir que se fuera lo haría. Aunque sabía que la más dura de convencer sería Ann, quien ya le había confirmado que empezaría hoy mismo a buscar otro lugar donde vivir. "Sobre su cadáver que se iba"
-¡Hermano! – exclamó Ann desde la puerta con evidente somnolencia - ¿Qué haces acá?
Kippei, que aún permanecía rígido en la entrada, la observaba sin disimular lo que le parecía su presencia en aquel departamento. Apretó la mandíbula para no proferir una diatriba que la haría enfurecer y se acercó a ella. Tratando de relajar sus facciones.
-Tengo que enterarme por otros que mi hermana a sufrido un accidente – la acusó con dolor fraternal.
-Lo… siento. Pensaba llamarte esta mañana – su tono era sincero, la noche había sido demasiado intensa y cargada de emociones fuertes. Su único interés fue refugiarse como una débil criatura en los brazos de Momo.
-Deberías haberte ido a casa.
-No empieces – lo detuvo con firmeza – todo sucedió muy de prisa y era tarde cuando Momo me presto ayuda. Además, este lugar estaba más cerca.
-No me vengas con eso. Solo tenías que llamar y yo habría venido por ti – frunciendo el ceño, la tomó de los hombros – Me tenías preocupado. Cuando Kamio me contó lo sucedido no sabes como me sentí.
-¿Kamio? Cómo supo él…
-Solo pasaba por allí después de las compras matutinas – era una patética excusa, sabiendo que ese chico tomaba a posta ese camino solo para tener una oportunidad de verla.
-Ya… - prefirió cambiar de tema, seguro luego le tocaría calmar los celos de Momo – Que bueno que hayas venido, quiero hablar contigo de algo.
-Está bien. Toma tus cosas y vamos a casa – ordenó con una terca tonada. Si Ann podía ser tozuda, Kippei llevaba más años siéndolo.
-Ann se queda – interrumpió Momo, haciendo caso omiso de la mirada siniestra de Kippei.
-Ella…
-Ni se les ocurra ponerse a pelear ahora – alzó su voz sobre ellos y para dar más énfasis se plantó entre sus campos de visión – Kippei, no me voy a ir a ningún lado, al menos, por ahora.
-Ann – dijeron ambos. Momo por que deseaba que aceptara su propuesta de vivir juntos y Kippei por que no soportaba dejarla con ese tipo.
-Quiero hablar contigo de algo importante – tomó el brazo de su hermano y lo llevó hasta el sillón – Por favor.
Kippei accedió a los ruegos de su hermana. Al tiempo que ésta le mandaba una mirada explícita a Momo por el exceso de desorden. En un segundo, el aludido corrió a desocupar un poco y llevarse lo que no debería estar allí.
-¿De qué trata?
-Es sobre Sakuno – fue su respuesta un tanto tensa – y de lo que sucedió ayer.
-Hablas del incendio – afirmó su hermano.
-Sí. Creo que no fue un simple accidente.
-¿Tienes pruebas? – ante la negativa de ella, agregó – Has vuelto a tener sueños premonitorios.
-No. Pero cuando supe que todo fue producto de mis velas, estuve segura que era un atentado.
-Entiendo. Considerando las circunstancias de esa chica, esto es algo que podía suceder – dijo con tono adusto – Puede que no sea lo único que pase y lo sabes.
-Sí. Por eso estoy preocupada – se aferró a una mano de su hermano – tengo que ayudarla.
-Todavía no encuentras a su alma gemela y ese es el problema. Mientras más tiempo transcurra más peligro correrá esa chica. El tiempo está en su contra y este incendio seguro que le afecta negativamente a su alma. Puede incluso que esté al borde de convertirse en Shizumu.
-¡No! – pronunció con tono angustiado – es muy pronto. Tú mismo me dijiste que podía tardarse meses para eso.
-Puede ser. Pero este tipo de golpe a sus sentidos es una manera rápida y fácil de atacarla. Considera que esto no es la única forma para debilitar sus barreras, sin darte cuenta pueden estar menoscabando áreas no visibles. Te lo advertí al principio, por eso el collar siempre debe estar junto a ella.
-Lo sé. Pero que podemos hacer ahora. Por más que lo intentamos Sakuno parece no reaccionar a nadie, pienso que alguien está bloqueando las señales de su alma… no sé que esperar – al decir aquello recibió una taza humeante de café, de parte de Momo que permanecía en silencio.
-Esa es una alta probabilidad. De ser así no es mucho lo que puedes hacer – bebió un sorbo de café, antes de comentar con tono preocupante – El que su alma este sitiada puede ser alarmante. Debes saber que al no tener señales claras, Ryuzaki puede enamorarse de cualquiera y sin distinguir a la real.
-Pero no sería bueno eso. Aunque ella no encuentre a su alma gemela, puede ser feliz aceptando otro camino.
-Imposible. A caso olvidas que ella no llegó aquí por vías normales – haciéndola recordar que Sakuno no pertenecía a esta época.
-¿A qué te refieres con vías normales? – cuestionó Momo que se daba cuenta que algo importante no le habían contado.
Kippei lo miró con indiferencia y paso de su curiosidad. Pero Ann se apiadó de él al verlo tan inquieto. Y de alguna forma sintió la necesidad de confiar plenamente en Momo, sabiendo que hasta el día de hoy, jamás se había burlado de sus asuntos poco convencionales.
-Verás… – en pocos minutos le comunicó a Momo la llegada de Sakuno al Tokio del siglo XXI, sin excluir ningún detalle y la obvia reticencia de Ryoma para creer aquello. Volver a repasar la historia le permitió recordar los puntos importantes y la preocupación que su hermano profesaba.
-Ufff… ya me parecía que algo no encajaba – logró decir luego de sorber un gran trago de café – Pero Ryoma jamás creería algo como eso.
-¡¿Me crees?! – expresó sorprendida al notar en esos ojos violetas la realidad innegable de que confiaba hasta ese punto en ella.
Momoshiro le sonrió con seguridad y su hermano bufó irritado. Kippei también distinguió esa mirada de confianza, lo cual solo indicaba una cosa. Su hermana se aferraría aún más a ese molesto sujeto.
-Gracias – sus ojos grisáceos lo miraron con adoración y Momo se olvido de cualquier problema.
-Volvamos al punto – enfatizó Kippei ante esa escena.
-Claro – dijo Ann al parpadea y recuperar el control - ¿Qué querías decir con lo de antes?
-Que para esa chica no hay segunda opción – retomó – Según los escritos, este tipo de ritual tiene un alto costo para quien lo práctica.
-¿Cuál sería ese costo? – cuestionó Momo absorto ante los hechos tan fantasiosos.
-Tu misma me lo dijiste – señaló a su hermana – si ella no encuentra a su alma gemela, perderá su capacidad para amar.
-Pero si se enamora de alguien diferente – habló Momo.
-No servirá de nada –contestó Ann con tono depresivo – por que el alma de Sakuno fue absolutamente despierta y no aceptará a nadie más que a su idóneo.
-No entiendo. Si ella se enamora, entonces su alma no podía solo aceptarlo.
-Que idiota eres – interfirió Kippei – Si un alma que ha despertado no logra conectarse con su otra mitad, lo más probable es que caiga en desdicha y se transforme en Shizumu. Lo que implica caer en un letargo indefinido hasta que cualquier cosa la empuje a Saigo. En palabras sencillas, un alma que se convierte en Saigo vagará eternamente en el mar de la amargura y oscuridad; y el individuo portador perderá su capacidad para amar.
-Mmm… pero si ahora que todavía es normal, no podría enamorarse de otro. Si es así ella podría ser feliz ¿No creen?
-Aquella situación solo retardaría el proceso un poco – adujo Tachibana mayor – Pero el problema no es ese, sino las consecuencias de dicha relación.
-Y eso sería – incentivó un Momo curioso.
-Que ella no podría soportar un rechazo o rompimiento si está enamorada – Ann se paró de su sitio y caminó vacilante – Cualquier golpe emocional que Sakuno reciba, le afectará mil veces más que aun alma normal. Imagínate caminar desnudo en plena nevazón.
-¡Ya veo! Si que la tiene difícil esa chica.
-A propósito – advirtió Kippe - ¿Dónde está ella?
-Con Ryoma. Por el momento no debemos preocuparnos, allí no corre peligro – al ver la mirada cómplice de ambos, dijo - ¿Qué sucede?
-Pienso que has cometido un grave error. Hasta donde yo sé, Echizen no tiene que hacer mucho esfuerzo para que las mujeres se enamoren de él – expresó al tiempo que estiraba las piernas – Y dejarlos solo bajo el mismo techo es dar libertar para mucho.
Ann dudo un instante al oír aquel argumento. Para luego con seguridad comentar frente a ellos, que se consideraban tan expertos.
-No hay de que preocuparse. Hablaré con Sakuno para que este atenta a no caer y ya hablé con Ryoma para que no se acerque a ella.
-No puedo creer que seas tan ingenua, hermana – objetó - ¿Crees que podrás detener los instintos de Echizen con esas infantiles palabras?
-Ryoma no siente ningún interés por Sakuno – musitó con poco convencimiento – ella no es su tipo.
-Y eso que importa. Ryuzaki es una mujer bella y accesible. Dudo mucho que Echizen pase por alto el hecho de tenerla a su alcance. Además, eso de que no tiene interés alguno, por favor, Ann. Yo mismo vi la forma en como la miraba para año nuevo. ¿Lo niegas?
-Ryoma no haría algo malo con Sakuno. Ella es muy inocente y él lo sabe. Estoy segura que se abstendrá. ¿Cierto Momo?
-Tu hermano tiene razón – expresó con un mohín – ningún hombre dejaría pasar una oportunidad como esa, por muy caballeroso o tonto que sea. Si la chica es bella y más encima bajo su techo, es una clara invitación a seducirla. Y siendo ella la inocencia personificada, el reto y el premio son aún mayores.
-Tú también – rezongó Ann.
-Es que yo también me he dado cuenta de la actitud de Ryoma hacia ella. Y ahora que nadie será testigo, él se sentirá con mayor libertar para actuar. Lo siento, pero si estuviera en su lugar haría lo mismo.
Ann derrotada dejó caer sus hombros. Lo que habían dicho ambos era cierto y aunque para ella no fuera tan real, tenía que aceptar que los hombres ven y piensan las cosas de manera muy opuesta a las mujeres. El problema es que ella también sabía que entre esos dos algo pasaba, y secretamente, esperaba que ambos estuvieran hechos el uno para el otro. Solo era un vago instinto que así fuera… pero si no… ojalá sus sueños regresaran.
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La noche había sido un completo martirio para Ryoma. Tener al objeto de su deseo cruzando esa única puerta le había provocado el mayor insomnio de su vida. Una vez Ann lo dejó solo con esas amenazas rondando su cabeza, se había dejado caer frustrado en un sofá frente al delicioso bulto. Se sentía como a un niño al que le regalan un nuevo juguete y después le prohíben ocuparlo.
Lo más seguro era que durante el incendio había aspirado demasiado humo y el monóxido carbónico estaba aturdiendo sus neuronas, por eso se había dejado embaucar por las palabras de Ann, no existía otra explicación para haber aceptado ser torturado por propia voluntad. El dilema sería hasta cuando soportaría aquello.
Ni desechando ni considerando mucho lo que Ann le había dicho. Ryoma no tenía la menor intención de seducir a Sakuno en su propia casa, eso era demasiado peligroso. Hasta el día de hoy, nunca había permitido que ninguna mujer traspasara ese umbral e invadiera su tranquila privacidad. Ni siquiera permitía que supieran donde vivía, así que este asunto era todo un suceso.
Su gran disyuntiva sería lidiar con una fémina dentro de su casa. Que para empeorar las cosas, esa chica con ojos de rubíes, tenía la facultad absoluta para ponerlo de rodillas pidiendo atención. Para Ryoma dicha situación lo ponía de un humor de perros. Cómo era posible ser hechizado de esa manera por una simple mujer. Reconocía su completa debilidad cuando se trataba de ella, pero no sabía qué hacer para no dejarse dirigir.
-Traidor – murmuró entre dientes, al ver asomar la cola de Karupin entre el cobertor de Sakuno.
No podía culpar a su gato, ya que él se moría por cambiar de lugar. Aspiró profundo con la ilusa esperanza de sentir el aroma a flores que destilaba Sakuno. Sin sentirlo realmente en su nariz, fantaseó con embriagarse con esos adictivos perfumes femeninos. Al volver a observarla, un repentino golpe de deseo atravesó su cuerpo y se puso rígido. Casi escuchaba aquella bestia primitiva que le decía poséela. Es tuya.
Reprimiendo una sarta de imprecaciones, se paró de un salto para ir a encerrarse a su cueva oscura y calmar las ansias de engullirse a su presa. Comenzaba a sentirse como un verdadero pervertido, que sueña incansablemente con saborear a mujeres vulnerables. Los genes de su padre eran más fuertes de lo que imaginaba, si no se iba con cuidado terminaría cometiendo una barbaridad.
Antes de dormir, se había dado un baño con el agua más fría que pudo obtener. Mentalizándose con todo su autocontrol para borrar de su cabeza cualquier imagen pervertida que tuviera que ver con Ryuzaki. Mejor con cualquier mujer sobre la faz de la tierra, ya lo había intentado antes y por mucho que esbozaba el cuerpo de una preciosidad diferente, irremediablemente su mente terminaba el bosquejo con la inocente de Ryuzaki.
Todavía sintiendo el cuerpo entumecido por el hielo del agua, se apresuró a meterse en la cama y obligarse a dormir. Solo fueron necesarios unos cuantos segundos para que no solo su mente, sino también, todo su cuerpo reclamaran por el hambre que sentía al no tener alimento. Blasfemó con cuanta palabrota se sabía, para luego enterrar su frustrada cabeza en la almohada.
Solo consiguió dormir escasas horas y no profundamente. Ya que sus ansias por tener a Ryuzaki entre sus brazos acaparó todos sus sueños. El deseo intenso que afloraba con solo pensar en ella lo turbaba sobre manera. Fue por eso que tomó una inmutable decisión. La ignoraría el tiempo que fuese necesario, mientras ella estuviese viviendo bajo su techo se negaría a aceptar su presencia, si era forzoso fingiría que no existía.
¿Qué tan complicado podría ser eso? Si de todos modos siempre ignoraba a la mitad de sus conocidos. Incluyendo a su familia.
Y lo mejor era dejar las reglas claras de un principio. Sopesando sus opciones optó por darse un baño igual de frío que la noche anterior. Luego iría a enfrentar a esa poderosa ninfa y le cantaría las normas de convivencia. Le dejaría en claro que no tenía que fraternizar con él y que de ser posible hiciera cuenta que no estaba allí. Que no se metiera en su vida ni él se metería en la suya.
Ryoma sonrió con arrogancia ante la astucia de su idea. Si le demostraba a esa chica que su persona no le interesaba y que en cierto grado le desagradaba. Entonces, seguro se enfadaría y haría lo requerido para marcharse cuanto antes. Aquella posibilidad le hizo sentir un inesperado vacío en su pecho, pero rápidamente lo suprimió. Desde ya sé negaría a cualquier sentimiento extraño.
No se podía permitir mantener una relación con una mujer bajo esas circunstancias. Era demasiado comprometedor y cercano teniéndola en su casa. Estaba decidido a conservar las distancias y confiado que triunfaría en esta tarea. Claro que Ryoma no había tomado en cuenta que decirlo no implica éxito.
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Unas insistentes cosquillas en su mejilla la despertaron del sueño inquieto en el que se encontraba. Al abrir sus ojos comprobó la causa de esa molestia personificada en un gato Himalaya, que la observaba con curiosidad al tiempo que emitía un sonoro ronroneo. Parpadeó para despejar las neblinas del sueño y focalizarse en la realidad.
¿Dónde estaba? Fue su primer pensamiento, al notar el color frío de las paredes. Ese gato que maulló cuando la vio despierta, le hizo conjeturar en el lugar… No, eso era absurdo. Por qué estaría en el departamento de… él. Sin moverse ni un milímetro giró su rostro desconcertado y con velocidad las imágenes entraron en su cabeza.
Se sentó de golpe y Karupin maulló disgustado, para luego abandonarla. Miró a cada lado y la verdad se hacía innegable. Sillones de cuero azul marino, enmarcaban el espacio donde había dormido. Cortinas como plata oscura cubrían la luz. Y aquella puerta, casi frente a ella, le hizo dar un brinco a su corazón expectante. Sabía que al otro lado estaba el cuarto de Ryoma… Y él, estaría allí.
Antes de comenzar a divagar, el día anterior hizo presencia en su mente. El incendio. Aquel siniestro se repetía incansable en su cabeza, volvía a sentir la culpa cerniéndose sobre ella. El dolor punzante que golpeaba su frágil armadura. Y Sakuno tuvo la sensación que un manto gris cubría a su persona. Aplacando con sutileza su optimismo de vida.
Estoy sola, ya nadie parece oírme… dónde te has ido…
Para que no me escuches. Quién te alejó de mi lado.
¿Volverás a mí?… Sin duda mis caminos no se conectan con lo tuyos.
Me quedaré sola en esta gradual oscuridad.
Aquellos lamentosos pensamientos vagaban inconexos por su atormentada cabeza. Sakuno no sabía si era ella quien lo decía o solo eran frases alguna vez aprendidas. Como si en algún momento hubiese leído una novela y ahora estuviese rememorando esos pasajes, que de cierta forma encajaban con su actual estado de ánimo. Ya que su corazón parecía llorar.
De repente la puerta se abrió. Todos sus sentidos se pusieron en guardia al ver esa figura masculina cruzar el umbral. Sus miradas chocaron, igual que dos chispas eléctricas, un mero segundo, porque Ryoma al reaccionar corto la conexión y se fue a la cocina. Sakuno tuvo la extraña sensación de que algo sucedía en él, pero no alcanzó a cavilar las respuestas.
Al percatarse que aún permanecía acostada, la vergüenza bañó su rostro de piel nívea. Con rapidez admirable se levantó y arreglo esa área lo mejor que pudo. Era imperioso sentirse segura para poder enfrentar y comprender su estadía allí. Era difícil mantener la calma cuando percibía en cada movimiento la mirada inquisitiva de Ryoma sobre ella. Por algún minuto se imaginó ser la presa de un animal salvaje y eso le causó… temor, debería ser lo lógico, pero más que eso fue… expectación.
-¿D-dónde… puedo guardar… esto? – se atrevió a pronuncia para romper el hielo.
Ryoma que se había servido un café matutino, le hizo una señal con el dedo apuntando a una puerta angosta cerca del cuarto. Sakuno tomó el futón e intentó idear alguna estrategia de conversación. Necesitaba saber ciertas cosas y sobre todo comprender que hacía durmiendo ahí. A pesar de sus nervios palpitando por todo su cuerpo, se inspiró coraje para comportase como una mujer segura.
Sakuno se aproximó a la cocina y Ryoma le alcanzó una taza con café, de manera inconsciente y natural, hecho que hizo sentirse a Sakuno más cómoda y serena. Aunque el sabor amargo de ese oscuro brebaje no le agradara, aceptó. Dejando que el silencio siguiera su reinado, sorbió un pequeño trago de café y no pudo evitar arrugar la frente en descontento por el contenido.
Dejó la taza sobre el mesón metalizado que separada la cocina de la sala y alzó sus bellos ojos para enfrentarse a su servidor. Al unirse a esa mirada ámbar, una rara emoción nació desde lo más recóndito de su ser. Hace a penas unos cuantos minutos, percibía la oscuridad del pesimismo cernirla con amenazadora potencia. Pero al conectarse otra vez con esos ojos, una brisa fresca arremetió con violencia para derribar aquel inquietante ataque.
Era verosímil creer que la sola presencia de Ryoma, pudiera traer una calma tan efectiva a sus peligrosos demonios. Como si él manejara las llaves para encerrar los miedos más profundos de su persona. Podría ser él… reprimió aquel pensamiento tan cargado de fantasía y carente de argumento. Al instante de permitir esa posibilidad, algo dentro de ella se cerraba con fuerza.
Pero nada pudo evitar que sintiera una dicha tan inmensa, al tomar conciencia de que Ryoma podía facilitarle el camino a la tranquilidad. Fue tal su sorpresa ante ese poder, que alzó sus luminosos ojos y le regaló una cegadora sonrisa, como si estuviese agradeciéndole algo más que un simple brebaje. El impacto para Ryoma fue tan inesperado como letal para sus sentidos. Su corazón de un pálpito se le atragantó en la garganta y a punto estuvo de ahogarse con el café.
¿En qué maldito momento, había pensado que ignorarla sería pan comido? Ni siquiera había tenido la menor posibilidad de defenderse ante una sutil sonrisa. El ataque de esa ninfa le dejó claro que sobrevivir sin querer devorársela, sería tan fácil como respirar bajo el agua.
-¿Estás bien? – su tono cálido y ansioso por socorrerlo, no ayudaban en nada a sus planes de evadirla.
-Sí – objetó dando un paso atrás al verla acercarse tanto – me quemé.
Sakuno miró de un lado a otro y cogió un vaso para llenarlo de agua fría. Sin darse cuenta actuaba con una diligencia desconocida y la torpeza que siempre mostraba, parecía no tener intenciones de avergonzarla.
-Bebe un poco – ordenó inmutable.
Ryoma lo habría rechazado, pero pensó que era mejor fingir que se había quemado para no tener que dar explicaciones - ¿Explicaciones? Algo no estaba funcionando bien en su cerebro para pensar así –. A pesar de esa burla a sí mismo, prefirió calmar el calor que crecía dentro y bebió toda el agua de un solo trago.
-¿Ya estás bien? – su voz suave de sirena lo turbaba con violencia, pero consiguió asentir – Me alegro.
Nuevamente, el silencio se prolongó entre ellos. Era notorio que ninguno de los dos lograba generar un ambiente cómodo. Sakuno para serenar su ansiedad intentó beber el café y pensar una estrategia sencilla. Observó su alrededor buscando algo que la ayudara. Por otra parte, Ryoma no movía un solo músculo por temor a cometer un error y para empeorar su situación, se encontraba encerrado en la cocina con la única salida disponible a través de Ryuzaki. No podía arriesgarse a percibir su esencia femenina más cerca todavía.
-¡Eh!... ¿Dónde… está Ann? – dejando en claro que no recordaba casi nada de la noche anterior.
-Se fue donde Momoshiro – la respuesta más larga que había dado desde que la conoció.
-¡Ah! – expresó para dar vuelta al mesón divisor y sentarse frente a Ryoma, que no tuvo de otra que quedarse al ver su intención de continuar la charla - Y… eso es muy lejos.
-Como unas 6 cuadras – señalando por la ventana en dirección sur.
-¡Oh! – emitió un gritito que alertó a Ryoma – son más de las once de la mañana. Tengo que avisar a la señora Akagi, debe estar esperándome.
Salto de su silla y comenzó a caminar sin rumbo de un lado a para otro con nerviosismo. Paraba, observaba y volvía sobre sus pasos. Hasta que giró de improviso hacia Ryoma, mirándolo con ojos suplicantes, logró que éste se tensara y comentó.
-No tengo teléfono – Ryoma respiró hondo y apuntó a su cuarto.
-Allá hay uno, úsalo – su tono no dejaba ver la tensión que lo dominaba.
-Gracias – saliendo rauda hacia el cuarto. Sin darse cuenta que su sola presencia parecía enloquecer Ryoma.
Tenerla revoloteando por su casa iba a ser un duro trabajo. Ni siquiera podía imaginar como haría para ignorarla si cada parte de su cuerpo parecía reaccionar a ella. El magnetismo que afloraba desde lo más profundo de él, le impedía fingir que no existía. Una necesidad indescifrable corría por sus venas, siendo consciente que la única saciedad posible era unirse con esa chica.
Aunque prefirió no imaginar el tipo de enlace que su conciencia le exigía, es más se abstendría a creer que solo era algo meramente físico.
Sakuno volvió a la sala con un semblante, al parecer, más sereno.
Ryoma que no se perdía ninguno de sus movimientos advirtió al instante que estaba nerviosa y que fugazmente alzaba la mirada hacia él, para luego apartarla confusa. Era evidente que algo deseaba y no estaba seguro de querer averiguarlo.
-¿Qué quieres? – farfulló ante su propia debilidad de saber que necesitaba.
-¡Ah! – dijo con un brinco y sonrojándose, para desgracia de Ryoma – Es que… yo… lo que sucede… estoy impregnada a humo y me gustaría… si pudiera ocupar… el baño – fue casi un murmullo que terminó diciendo con la cabeza inclinada.
-Hay toallas en el baño – su voz sonaba tosca, al verse incapaz de controlar las vívidas imágenes de esa chica bajo un cálido chorro de agua, completamente desnuda.
-G-gracias – su sonrojo era notable y se dirigió al cuarto – otra cosa.
-¿Qué? – gruñó, al tiempo que cambiaba inquieto el peso de un pie a otro.
-N-no tengo… ropa limpia – Ryoma apretó las manos con fuerza, esa chica estaba jugando con fuego. ¿Es qué no se daba cuenta?
-Saca algo del closet – fue todo lo que pueda decir antes de abrir la puerta de calle, se detuvo y anunció – iré a comprar comida – y desapareció.
No podía quedarse a oír como el agua corría, ya que se sentía incapacitado para bloquear esas escenas en su cabeza. Eso lo mataría lentamente, sin misericordia alguna.
Sakuno parpadeó perpleja por ese extraño comportamiento y luego lo atribuyó a que podría sentirse molesto por tener que aceptarla allí. Lo que era cierto, aunque no por las razones que ella pudiera imaginar. Pero, Sakuno, prefirió no caer en la angustia y hacer algo para que su hospedaje ahí no fuera un estorbo.
Ya que por mucho que no quisiera incomodar, no existía otro lugar posible donde irse inmediatamente. Suspiró muy profundo para darse energías y valor. Repasó cada recoveco del departamento e ideó una manera de compensar su estadía. Cocinar estaba descartado, a menos que deseara causar un desastre. Por otro lado, había algo que si podía, dedicarse a la limpieza y por lo visto ese lugar necesitaba una ayuda, no era un chiquero… pero se distinguía la soltería masculina. Aseado, aunque no reluciente.
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Cuando Ryoma regresó casi unas dos horas después, con la esperanza de tener bajo control sus instintos masculinos más primitivos, y cargando varias bolsas llenas de cosas comestibles. El extraño silencio que gobernaba su hogar lo inquieto. Dejó las compras sobre el mesón de la cocina e investigo su alrededor. El olor a limpio era impresionante, si hasta percibía una suave fragancia a limón y flores.
Sí, definitivamente, había una mujer viviendo en ese lugar. Y hablando de eso ¿Dónde estaba?
El departamento no tenía muchas opciones y si no estaba a la vista, lo otra única posibilidad era… su cuarto. Por instinto retrocedió como si le hubiesen pedido entrar en una cueva volcánica a minutos de hacer erupción. Oyó un insistente maullido tras la puerta, más unos rasguños desesperados por salir que captaron su atención.
Obviando sus aprensiones recientes, se acercó de manera automática para abrir la puerta y unos segundos después divisó a Karupin, que al verlo saltó a sus brazos de forma inquieta. El tranquilo animal ahora estaba tenso y erizado por algo que lo había asustado. Ryoma entró para verificar que sucedía, pero su cuarto estaba inmaculado y… vacío. No había indicios de lo que pudiera haber perturbado a su gato. Lo dejó pasar, seguro el verse encerrado lo había molestado.
Solo que la siguiente reacción de Karupin lo contradijo. Le enterró las filosas garras para liberarse, el leve dolor le hizo dejar caer a su gato y lo miró ceñudo por el ataque. El animal se estiro para dejar salir un maullido más potente y dar vueltas entre las piernas de Ryoma. En otro momento, habría pensado que su mascota deseaba algunos mimos, pero algo dentro de él le decía que no.
Sus instintos se alertaron y se fijó en la puerta del cuarto de baño. Entreabierta se dejaba asomar un leve vapor… Se estremeció… Dudó... Luego miró a Karupin y como si éste le hubiese entendido la pregunta… maulló, para después entrar en el baño cubierto de un denso vaho. Más claro no podría ser. Ryoma se apresuró a entrar sabiendo que un suceso no muy bueno había ocurrido.
Y era evidente que no se había equivocado. Sakuno yacía desfallecida a un costado de la puerta, envuelta en una sola toalla que cubría a penas sus suaves curvas. Ryoma suprimió cualquier pensamiento impropio para la ocasión y se apresuró a llegar hasta ella. Era una emergencia, no una fantasía erótica masculina. Aunque por precaución tomo otra gruesa toalla y la tapó.
-¡Ryuzaki! – golpeteó con suavidad las húmedas mejillas de la chica, sin hallar respuesta.
Soltando una blasfemia por su mala suerte. Respiró no tan profundo por miedo a embriagarse de ese perfume de mujer. Entonces, la cargó en sus fuertes brazos y la llevó al cuarto, para sin dificultad depositarla en su cama. Distinguiendo la humedad del baño, con movimientos rápidos la metió bajo la colcha y le arrebató la toalla. Lo hizo de tal forma que sus ojos gatunos no pudieran grabar muy bien aquel apetitoso cuerpo.
La cubrió hasta los hombros y se quedó mirándola embelesado por la belleza marfileña. Los cabellos castaños se desparramaban sobre la mullida almohada. Tenía que huir de ella, o terminaría postrado a sus pies pidiendo su atención. Cuando se dio cuenta que sus rodillas tocaban el suelo, se supo perdido. ¿Quiénes eres, para tener ese poder?
Karupin saltó en la cama, para colocarse al lado de Sakuno, era todo un guardián que velaba por la bella doncella.
-¿Hasta tú has caído en su embrujo? – Y el gato maulló.
Ryoma se sintió debilitado al darse cuenta que no tenía fuerzas suficientes para escarpar del hechizo, mucho menos en esos instantes. Aunque hubiese querido dejarla sola, su cuerpo y sus ojos se negaban a abandonarla. Su mano izquierda por voluntad propia alejó uno de esos mechones castaños, para despejar la imagen de ninfa durmiendo a los pies de un bosque.
Llevó aquel mechón hacia la parte de atrás de la pequeña oreja de Sakuno, permitiendo a sus dedos rozar la delicada piel hasta el final del cuello femenino. Sentir el pulso regular y la calidez que desprendía, lo turbó. Caricias tan simples e inocentes parecían despertar en él un fuego mayor a los roces experimentados. Estuvo a punto de perderse en aquellas excitantes sensaciones, cuando una fina cadena despertó su interés.
Recordaba haber visto aquel colgante la primera vez que la vio. Una delicada cadena de plata que transportaba una triangular piedra roja. La curiosidad fue más fuerte que su sentido común. Por alguna razón inescrutable para su mente, fue girando con suavidad la largura del metal, así atrajo poco a poco la singular piedra hasta el alcance de su mano.
La gema carmín fue atrapada entre sus dedos. Una corriente eléctrica tan potente como si hubiera recibido un rayo en plena tormenta, le atravesó cada célula de su cuerpo. Fue a penas un parpadeo, pero la parálisis fue total.
Eres tú, sabía que te encontraría… estabas tan cerca.
¿Sabes quien soy?... ¿Aún no me reconoces?…
"Tú me llamabas… ¿Qué quieres de mí?"
Tú me perteneces, por que yo te pertenezco a ti.
Te quiero a ti.
Ryoma se paró de golpe, cuando sus músculos entumecidos recuperaron fuerza. Un frío recorrió sus venas antes de recobrar el control de sí. Desconcertado miró primero a Ryuzaki, que seguía sin sentido, nada en ella podía asegurar que hubiese sentido el impacto. Volteó a ver a Karupin, que movió una de sus orejas al igual que un radar y siguió durmiendo. Ryoma tuvo que respirar pausadamente para alcanzar un poco de aire que despejara su cabeza.
Estático en su cuarto, giró en sí mismo buscando señales de lo que acababa de sentir. Todo estaba exactamente igual que hace unos instantes, nada era diferente ni siquiera el aire que respiraba. Otra vez había tenido una de esas extrañas alucinaciones, solo que ahora no creía que fuera tan irreal. Lo sentía en una emoción que chocaba contra su interior, rogando por ser liberada.
Tú también lo has escuchado, ¿Cierto? Una extraña voz que invadió su conciencia. Ryoma exilió aquellas sensaciones hacia una de sus mazmorras mentales, no estaba del todo convencido que lo acontecido haya tenido efecto.
-R-ryoma-kun – un leve murmullo que lo alerto.
Observó a Ryuzaki que continuaba dormida, pero movía sus labios emitiendo sonidos ininteligibles. Ryoma sonrió satisfecho y al instante se imprecó por aquella tonta reacción.
Los párpados le pesaban más de lo normal. Sentía que su cuerpo no respondía a sus órdenes y no lograba recordar que había sucedido. Era extraño, por que percibía los fuertes latidos de su corazón… ¿Por qué me siento tan emocionada?... Luego su pulso que parecía recién estar relajándose.
Se obligó a para abrir sus ojos, Sakuno pudo distinguir que estaba acostada y una persona yacía frente a ella. Focalizando a esa difusa imagen, se conectó con una seria mirada ámbar. Impulsivamente, sonrió y antes de ser consciente de lo que debía decir, sus labios se movieron por voluntad propia.
-R-ryoma-kun – la dulzura en su tono la hizo sonrojarse y a Ryoma casi lo derriba – P-perdón… E-echizen-san.
-Ryoma está bien – eso también salió mucho antes que pudiera analizarlo, pero ya estaba dicho - ¿Cómo te sientes?
-¿Por qué? – frunció la frente e intentó sentarse.
-¡No! – se apresuró a decirle, si se enderezaba de forma tan descuidada, las sábanas se desplazarían hacia un punto que le harían tambalear su autocontrol.
Sakuno se detuvo insegura. Desvió la vista apenada, creyendo que había cometido alguna tontería. Entonces, su cuerpo reaccionó al contacto de la suave colcha y una de sus manos investigó la causa. Las mejillas hirvieron de vergüenza de un sopetón.
-¿P-por… por… qué…? – cómo entrelazar las palabras con tal magnitud de bochorno.
-Te… desmayaste en el baño – contestó desviando un poco la vista de su rostro, era una escena demasiado apetecible como para permanecer impávido.
-¿D-desma…yada?... Claro – asintió al recordar que el calor de la ducha le hizo sentirse aturdida, y luego la fatiga atacó inmisericorde – L-lo… siento.
-Descansa – ordenó con voz autoritaria. Antes de salir, la miró por última vez y luego desapareció hacia la sala.
Sakuno quedó inmóvil por unos minutos, perdida en la imagen masculina que ya no se veía. Una duda se incrustó en su mente al ver la rara situación. Cuando se enfocó en esos ojos ámbares un brillo distinto distinguió en él. Fue solo una fracción de segundo en que creyó que algo se le escapaba, un suceso desconocido había tenido efecto mientras ella dormía y no alcanzaba a figurarse de que trataba.
Fuese lo que fuese, una intuición que latía dentro de ella, le aseguraba que había sido un hecho mágico. Las emociones que todavía se albergan en su ser se lo confirmaban. Sakuno notaba como sentimientos de felicidad y plenitud corrían libres por su cuerpo. El único problema era no conocer a que se debía, ya que preguntarle directamente a Ryoma estaba descartado.
-R-ryoma-kun – se atrevió a pronunciar en un suave murmullo, aun sin persona presentes no pudo evitar sonrojarse ante lo cercano que sonaba eso.
Recordar que Ryoma le había pedido que lo llamara por su nombre, un regocijo inmenso hizo saltar otra vez a su corazón. Se acomodó entre la colcha y dejó escapar un suspiro. Se sentía muy emocionada, pero la duda volvía a ella.
Qué podría ocurrir si se enamoraba de Ryoma, sería tal vez correspondida.
Y qué sucedería con su alma gemela. Llegaría a sentir similares sentimientos al reconocerla.
Quizás… dejarse llevar por lo que estaba sintiendo por Ryoma, no fuese el mejor camino a tomar. Aunque comenzaba a temer que esa precaución venía con harto retraso, porque ya se sentía atraída poderosamente a él.
Él te pertenece… por qué no te das cuenta…
Escúchame… es él a quien hemos estado buscando.
¡Maldita sea!… por qué no puedes percibirlo.
Si tú no reaccionas… por favor, has un esfuerzo… escúchame.
¿Quién te impide saber de mi existencia?
Si tú no me oyes… entonces… él no podrá escucharme.
Y la soledad que siento, comienza a consumir mis fuerzas…
-¡Bastardos incompetentes! – fue el grito que reverberó por todo el cuarto, de un lugar secreto en las montañas – ¡Púdranse todas las malditas almas en el infierno!
Fue el único sonido que logró oírse en metros a la redonda, ni el más osado de los súbditos se atrevió a calmar la ira de Zero. Cada uno de ellos fue consciente del instante exacto en que la "tonta alma" había reconocido a su gemela. Todos sus diligentes planes parecían ir derrumbándose a cada día, por más esmero que colocaban en impedir ese encuentro. Algo más fuerte o astuto que ellos se encargaba de echar por tierra sus esfuerzos.
-Pongan atención – retumbó en el cuarto – acabamos de perder una importante batalla, pero nuestros planes todavía pueden realizarse.
-Y cómo sería eso – sea aventuró a decir Dai Ichi.
-Siempre tan incompetentes – bufó Zero – Dai Ni, explícales la situación.
-El que la tonta alma haya reconocido a su gemela, solo es un pequeño problema. Mientras sus respectivos dueños no reacciones a las peticiones de sus respectivas almas, todavía podemos hacer algo.
-Pero – dijo Dai Ichi – creí que ahora que se encontraron ya no habría manera.
-Cállate y escucha – contestó Zero con violencia.
-Para nuestra fortuna, la tonta alma no puede comunicarse aún con su dueña y eso nos da más tiempo. Lo mismo pasa con la otra alma, recién ha podido saber quien lo llama, pero no ha sido despierta todavía y por tanto no puede acceder tan rápido a los dichos de ella.
-Fue una suerte que la dueña de la tonta alma estuviera inconsciente, debido a eso no logró una conexión inmediata con su alma. Tenemos que seguir reforzando el hechizo restrictivo sobre la dueña y así tendremos una oportunidad – hubo agregado Zero.
-No se preocupe, Zero-sama – agregó una voz desde la oscuridad – nosotros nos encargaremos que el hechizo restrictivo no vuelva a fallar.
-Eso espero. Vayan todos a trabajar y hagan lo posible por que esos dos no puedan reaccionar a las voces de sus almas. Sobre todo ataquen a la tonta alma.
-Síiii – fue la unanimidad en el cuarto oscuro.
Mientras Sakuno no logré escuchar a su propia alma,
ésta no podrá decirle que Ryoma es el dueño de su alma gemela.
Por otro lado, si Ryoma continúa esforzándose por evitar esos fuertes sentimientos,
no ayudará a que su propia alma despierte.
¿Podrán llegar a reconocerse?
Continuará...
Listo, el alma de Sakuno ya sabe que Ryoma tiene a su gemela, pero que podrá hacer si su dueña no la escucha.
Una chica me pregunto (sorry no recuerdo su nombre ahora) por que Sakuno había llegado desnuda la primera vez. Nunca aclaré aquello, pero según mis pensamiento el ritual era muy complicado y solo podía transportar a un alma, que inevitablemente esta unida a un humano, pero nada de una época a otra podía cruzar el portal. La única excepción fue el colgante que le dio su abuela y ya lo había usado la sacerdotisa.
Nos vemos, cuídense
