A fuerza
Una colmena de abejas furiosas se volvían las voces en mis sueños. El pasar de los días me adecuaba a la rutina pero no quitaba el miedo. Las noches se me volvían más largas que los días. Despertaba exasperada, aun intentando quitarme la sensación de terror.
El pecho galopante, el corazón latiendo con violencia. Algunas noches despertaba a fuerza de gritos que salían de mi propia garganta, despertando con brutalidad a la castaña a mi lado.
En un principio Shizuru me pedía que le contara mis sueños, que me ayudaría, pero ante mi silencio. Algunos días negaba sus brazos, la estúpida idea de que pudiera traspasar mis temores a ella me reinaba. Entonces ella tomaba mi mano entre la suya y la acariciaba. Dejaba que me calmara, entonces volvía a ofrecerme su ayuda.
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Aquella mañana Natsuki despertó envuelto en un estado febril. Causa de su mente que divagaba en un estado de vehemencia. Los hechos pasados le torturaban la conciencia. Martilizaban sus sueños. La fantasía, los recuerdos, y la realidad se entremezclaban dentro de su cabeza. La línea del mundo real y el creado por su cabeza, se encontraba difusa. De noche gritaba el nombre de su madre en gemidos desesperados, mientras se aferraba con frenesís de la sabana. Les estrujaba entre sus manos.
Atinaba a despertarse envuelta en sudor de las pesadillas. Sus ojos encontraban refugio de una mirada cargada de dulzura. Aun su cuerpo que sentía sucio, impuro, recibía el trato del dulce tacto de manos dóciles. Encontraba refugio para refugiar su atormentada cabeza sobre un hombro ofrecido con gentileza.
Natsuki había comprendido a la vera del camino que aquel viaje a recuperarse venia cargado de angustia, pero solo asumirlo no le volvía más amena la tarea. Luchaba con violencia con las torturas que sentía. Aunque aquel cuerpo que le ofrecía abrigo, no dejaba de ser extraño. Algunas veces rechazaba por instinto aquel amparo. Alejándose en un acto inconsciente.
La castaña no le reclamaba, sino le disculpaba. Los rubís cargados de cariño, amor, dolor, perdón. La menor, sentía aquello ilegitimo se convertía en un trato ilegitimo. Le portaban todo pero ella no contaba con los medios para devolver todo lo ofrecido. Aquel tormento también pasaba por su mente.
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Natsuki paulatinamente recuperaba sus costumbres. Encontraba en la compañía de Shizuru, descansó. Le resultaba difícil explicar con claridad porque aquellos brazos le daban paz. Aquellos ojos, le inspiraban calma.
La fiebre le había consumido en un letargo durante horas. Despertó con la frente húmeda y la mente aturdida. Sentía un cansancio extremo, similar a haber trabajo arduo demasiad tiempo. Se libró del agarra de Shizuru con cuidado, intentando no despertarle. Aquella parecía ser una madrugada de desvelo.
Apoyo su cabeza en el respaldo de la cama. La luz de la luna entraba tímida por la ventana ahuyentando un poco las penumbras. Miro a su acompañante, quien parecía relucir con aquel baño lunar. Las facciones relajadas, la respiración tranquila, aquello le inspiraba dulzura.
Natsuki le observo durante minutos. La idea de portarse como una acosadora le surgió, pero la rechazo. Dentro de todo, aquella mujer, iba a ser su esposa. Dentro de una extraña vida paralela a la que estaba viviendo en esos días.
Pensó en todo lo sucedido. Imágenes confusas del sueño se mezclaban en su cabeza. "La vida se volvía difícil sin identidad" se repitió. Dejo su mirada perdida en el punto oscuro de algún extremo de la pared opuesta. Suspiro.
¿Durante cuánto tiempo aquella seria su vida? ¿Aquella pausa se volvería eterna? La mirada volvió a la castaña. Entendía cuanto sufría, aunque no lograba dimensionar lo complicado que debía ser estar en sus zapatos. Aquella mujer se tornaba cada día con más fuerza un refugio para Natsuki. Las atenciones, las comidas, las salidas, los momentos, cada cuidado, cada caricia, cada atención no pasaban desapercibidas a sus ojos. Asignándole una cuota de angustia incluida, al no sentirse capaz de corresponder a ello.
Shizuru no se volvía indifente a sus ojos, cualquier persona apreciaría su belleza, tanto física como interior. No encontraba en ella un alma infame sino noble, dulce, dócil. Natsuki suspiro, dentro de él se autorecriminaba por no recordarle. Por no ser capaz de ser aquella persona de la cual se enamoró.
Dócil, quiso entregar algo de cariño a aquella mujer. Delicada se acercó a su cuerpo, viendo su perfil de cerca. Extendió el cuello, dejo sus labios en contacto con la piel de la mejilla. Un acto devoto, rebosante de agradecimiento y disculpa. Suspiro mientras un recuerdo le asaltaba la mente.
Ella misma besando aquella mejilla, aunque sus ojos se encontraban lluviosos. No sollozaba, sino se mantenía en silencio. En aquella oscuridad que parecía absorberle. "¿Porque no me amas?" dijo apenas perceptible. Abrazo sus rodillas. Dejando que algunos sollozos pequeños cubrieran la habitación. La castaña seguía dormida a su lado. "Te doy todo Shizuru, cada parte de mi" decía. El llanto se mantenía allí, interrumpido por aquellos gimoteos más reprimidos que sueltos. "Tal vez no eres tú el problema, sino yo (sollozo). ¿No soy suficiente para ti?" el cuerpo helado producto del frio. "No puedo obligar a amarte" dijo resulta. "Ni a cambiar"
"Solo puedo darte todo lo que tengo, y esperar que seas capaz de amarme (sollozo) tal vez algún día lo hagas. O tal vez, ese día no suceda, y te enamores de alguien más" La sola idea le asustaba pero aquello era una realidad "Si amas a alguien más te dejare ir, y si me entregare en todo mientras tu estés aquí" afirmo.
"Pero como duele que no me ames (gimió)" aquello le partía el alma en dos.
Pego un salto en la cama. Aquel era el primer recuerdo que tenía con respecto a Shizuru. Sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal.
-¿Natsuki?- dijo Shizuru quien había sido despertada a causa del salto. Buscaba entre las penumbras a la joven. Encendió la luz, encontrando el rostro de Natsuki asustado, sus ojos verdes se abrían de una manera extravagante.
-Natsuki cariño ¿tuviste una pesadilla?- pregunto incorporándose en la cama. Se acercó a tomar a Natsuki en un abrazo pero esta retrocedió. Natsuki tenía miedo, su recuerdo había sido muy real, encontraba desconocida a la mujer que le ofrecía un abrazo. Natsuki no entendía en que momento comenzó a llorar producto de la emoción. Dentro de él una confusión de sentimientos se llevaba a cabo.
Shizuru le observaba entre asustada y confundida, aun no se encontraba despierta del todo.
-Ven Natsuki, ven a mis brazos no te hare daño- dijo intentando que reaccionara. Natsuki lento acepto el ofrecimiento. Shizuru abrazo su espalda, acariciando con su mano aquel cuerpo que temblaba. Le dirigió a su pecho, donde su corazón tranquilo se volvía música al oído de Natsuki. El cuerpo de Shizuru desprendía un aroma a rosas y miel, que provocaba suspiros a la menor. Aun el calor del cuerpo de la castaña le provocaba acercarse aún más. Los brazos del menor pasaron a rodear desde el vientre a la espalda de Shizuru. "El cuerpo tiene memoria" pensó Natsuki.
Los labios de Fujino, dejaban delicados besos en la mejilla y frente de Natsuki. Shizuru condujo a Natsuki a acostarse. Le abrigo con la ropa de cama. Le envolvió en sus brazos nuevamente, dejando besos y caricias en todo el rostro de Natsuki aun después que esta se durmiera. Antes de entregarse a un sueño tranquilo Natsuki recordó la última parte del recuerdo.
Natsuki cansada del llanto se comenzó a acostar. Dentro de élla se había extendido un vacío doloroso. Se sintió presa de pánico. Se acercó con cautela al cuerpo de Shizuru. Dicha castaña sintió aquellos pies helados y desde los brazos de Morfeo les abrigo con sus piernas. Los brazos de Natsuki se cernían sobre la cadera de la castaña, Shizuru también los cubrió. Apretó las manos de Natsuki, depositando un beso. Natsuki mantenía la cara sobre la almohada intentando callar su respiración y calmar el llanto para no despertar a su amada. Shizuru se giró abrazando a Natsuki. La mano de Shizuru acaricio el cabello de Natsuki hasta que se durmió. Shizuru seguía en el mundo de los sueños, pero su mente sabía que a quien pertenecía aquel cuerpo. El cuerpo de Natsuki se contrajo en un suspiro. Los brazos de Shizuru se ciñeron delicados sobre su cuerpo. "Natsuki" suspiro Shizuru entre sueños.
Aquella noche durmieron. El cuerpo y corazón de Natsuki reconocían a Shizuru. A su vez Shizuru reconocía a Natsuki. La piel no olvidaba a quien amaba. Aun menos el corazón.
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Pov Natsuki
"El cerebro funciona a suerte de mecanismos que no logramos captar con plenitud".
Comencé una nueva etapa de mi vida, dando la largada con el tiempo en contra. Sentía el pecho cargado de una nostalgia que me embargaba a momentos. Pero ciertamente la bruma de confusión que me había acechado durante tanto tiempo se difuminaba a medida que avanzaba. Shizuru, se tornó un papel clave de mi vida. Casi salvando distancias, se volvía la pata faltante de mi mesa. Las otras tres, las iba encontrando en el proceso: mi yo, mi identidad y mi cerebro.
Retorne a la práctica de la lectura, y me entregue de lleno al libro antes olvidado. Me senté con el señor Green una mañana luego que Shizuru marchara a su trabajo. Inicié leyendo más para matar el tiempo. Pero las palabras cobraban vida desde el murmullo de mis labios. Ya no se trataba del todo en fantasía, se trataba de todo y nada. Se trataba aunque algo loco, también de mí. Y aquello me encanto.
La inacción y la ceguera que me habían atormentado se extinguieron al pasar los días. Me descubrí en un mundo menos negro. Como si el Crono salpicara pintura blanca a su paso, dándome un día más claro que el anterior.
Hubo momentos donde me sentía caer. Que sentía embriagarme de pesimismo, pero solo pensaba en el abismo. Me colocaba delante de el metafóricamente. Y replanteaba todo una vez más.
Flashback
Me encontraba a solo un paso en torno al abismo. Cerré los ojos con fuerzas tomando la decisión más valiente de mi vida: vivir. A pesar de las tragedias, del dolor que me consumía, de la ausencia y las cicatrices que otros. Decidí apostarle a mis sueños y no permitir que nadie más volviera a decidir por mí misma.
