Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SaveCreative, absténganse de plagios.


Summary: -¿Qué quieres, Cullen? -Saber -contestó como si fuese obvio. -¿Saber qué? -le seguí el juego al final. -Cómo es que Nerdbella Swan tiene tanto genio y no lo había presenciado hasta ahora. /Porque si algo no era Bella Swan, era ser una niña buena./ AU TH


Capítulo 9.

-Linkin Park. Numb-

oOo

Sentía como alguien se revolvía a mi lado. Pero por otra parte estaba en lo que parecía ser un campo de béisbol, sentada en el banquillo mientras veía a enromes osos morados con tutús jugar lo que parecía ser un partido de rugby. Bien, nada de aquello tenía sentido, así que probablemente estuviese soñando.

Con un suspiro, abrí los ojos, volviendo a la realidad de golpe. Y de lo primero que fui consciente fue de que Cullen me había cogido durante la noche de la cintura con su brazo y me tenía amarrada a él. No le veía, pues tenía la espalda pegada a su pecho, pero le olí. Era una mezcla de olor a mar, lilas y miel. Nunca antes me había parado a pensarlo, pero olía... bien. ¿A qué oleré yo para él? ¡No me importa! Demonios, iba a tener que amordazar a mi voz interior.

Después de tranquilizarme e intentar, sin éxito, librarme de su abrazo estrangulador, me fijé en dónde estábamos. Tumbados en la arena, medio desnudos y sólo con una manta por encima. Los sucesos de la tarde anterior volvieron a mí, y comprendí rápidamente que teníamos que salir cagando leches de allí. Porque no sería la primera vez que me arrestaban por exhibición pública. Caca de vaca.

-¡Cullen! -chillé, golpeándole en el brazo. Él se sobresaltó y se separó de mí como si electrocutase. Cuando quise darme cuenta estaba de pie, en calzoncillos y con su teclado a modo de arma, mirando hacia todos lados con la marca de la mochila en la mejilla.

Estallé en carcajadas, no pude evitarlo.

-¿Qué ocurre? -preguntó, alterado. Yo me reí con más fuerza y comencé a rodar por la arena. Edward se tranquilizó lo suficiente como para comprender que había sobre reaccionado y que se había dejado en ridículo. Al volver a mirarle, tenía las mejillas coloradas.

-¡Vuelve a hacerlo! -grité, levantándome del suelo mientras intentaba, sin éxito, sacudir la arena que tenía pegada a mi cuerpo.

-Vete a la mierda, Swan.

-Huhú, parece que nos hemos levantado de mal humor, ¿no, señor Cullen? -me burlé, sacudiendo la manta y guardándola en la mochila.

Edward se puso la camiseta de forma brusca y se volvió hacia mí con el ceño fruncido.

-No tiene gracia -gruñó, cogiendo sus cosas de golpe y alejándose a grandes zancadas. Yo me quedé paralizada en el sitio, con mis pantalones en la mano y arena dentro de las bragas.

¡Reacciona, Bella!, me abofeteé mentalmente para salir de mi aturdimiento y agarré mi mochila e instrumento, sin llegar a ponerme los pantalones.

-¡Cullen, espera! -chillé, corriendo detrás de él. Sep, debía de estar dando un espectáculo la mar de lamentable. Casi podía escuchar como las gaviotas se reían de mí.

Edward se giró al oírme con cara de mala leche y no dudé ni un segundo en ayudar a quitársela. ¡Cincuenta puntos!, sonreí interiormente cuando mi mochila se estampó en su preciado rostro.

-¿Pero qu-? -exclamó, furioso. Duh, había despertado a la bestia-. ¡Estás mal de la cabeza, Swan!

-Ajá, lo dice el tío en calzoncillos y absoluta bipolaridad que se despertó con el pie izquierdo -repliqué mordazmente, llegando a su lado y arrancándole mi mochila de la mano-. Para tu información, si te picó algo sería una medusa, yo no te hecho nada.

Edward se quedó mirándome durante largo rato, sin decir nada. Sus ojos, oscuros debido a la ira que sentía, fueron calmándose hasta que pasaron a estar llenos de culpabilidad. Agachó la cabeza y se revolvió el pelo aún más de lo que ya lo tenía. Vi como suspiraba y, finalmente, volvió a girarse hacia mí con arrepentimiento.

Alcé una mano cuando abrió la boca.

-No pasa nada -dije, dedicándole una sonrisa-. Yo he despertado de peor humor algunas veces.

-He tenido un mal sueño -explicó, rascándose la barbilla, dónde podía intuirse como la barba comenzaba a crecer-, supongo que me afectó más de lo que pensaba.

Rodé los ojos, pero guardé los comentarios mordaces y me mordí la punta de la lengua, no queriendo volver a enfadarle. En vez de eso, sonreí de nuevo y propuse ir a las duchas de la playa para poder refrescarnos y, como no, dejar de parecer croquetas de arena. Volví a sacar la manta para que, mientras uno se duchaba, el otro la sostuviese en alto y así no le daríamos más razones a la policía para que acudiese rápido y nos detuviese. Sep, Cullen miraba a otro lado viéndose incómodo, y no necesitaba de un espejo para saber que cuando me tocó a mí sostener la improvisada cortina mis mejillas parecían farolillos de Navidad.

Después de volver a ser personas decidimos obedecer a nuestros estómagos. Resistí el impulso de pegar la oreja a la barriga de Cullen y comprobar si gruñía tanto como él. No era precisamente el rey de la fiesta esta mañana. Por lo tanto, decidí equilibrar la balanza y ser la que no contestase con sarcasmo y pusiese de los nervios al otro. Pero solo por hoy. Aunque costase. Oh Campanilla mía, ¿en qué me he convertido? Si Rose me viese soportando las contestaciones de Cullen sin hacer nada, nos hubiese pegado a los dos por partida doble.

Pensar en mi amiga me recordó que tenía que encontrar un Cyber cuanto antes. Echaba de menos hablar con ella por correo, y sabía que iba a tener veinte e-mails preguntándome que qué tal con Edward y si había mojado ya las bragas. ¿Lo había hecho? Aunque así fuese, la respuesta iba a ser la misma: no. Porque no lo había hecho, ¿o sí? ¿Contaba haber pensado que estaba caliente en calzoncillos? Sí que cuenta. Bien, al ser la única que escuchaba a mi voz interior ella no podría delatarme. Y contar una mentirijilla de nada no hacía daño a nadie.

-¡Swan! -me espetó Cullen, agarrándome del brazo y tirando de mí con fuerza. Huh, había estado tan concentrada en mis pensamientos sobre Rose y calzoncillos que no me había dado cuenta de que el semáforo estaba verde y podíamos cruzar.

Edward parecía a punto de morderme. Literalmente.

-Estaba distraída -me excusé cuando llegamos a la otra acera. Él me soltó y se giró bruscamente, sin hacerme caso. Respira, Bella, no hay ninguna barra de metal cerca, tendrás que esperar.

Bufé. Cullen se estaba comportando como un cerdo, y mi paciencia tenía un limite. Por como de repente mi voz interior se había vuelto en contra de él, supuse que estaba a punto de rebasarlo. Aunque, pensándolo mejor, sería que mi voz interior estaba en contra de todos. Incluso en contra mía.

Caminé a unos cinco pasos detrás de él, farfullando lo suficientemente alto para que escuchase. Pero, o no me hacía caso, o le importaba bien poco que mi vocabulario no fuese el de una señorita en estos momentos, contando el hecho de que me dirigía a él, y sólo a él. Entonces un olor me detuvo de golpe, distrayéndome de seguir maldiciéndole por lo bajo. Olisqueé el aire y la boca se me hizo agua.

-¡Cullen! -chillé, repentinamente alegre. Corrí dando saltitos hacia el escaparate de dónde salía tan magnífico olor: una pastelería. Los bollos de chocolate tenían mucha mejor pinta que el de la estación de autobús. Distinguí un gofre en medio de tanta bollería, y juraría que escuché la canción de 'Aleluya' sonar en mi cabeza.

Hacía miles que no comía un gofre. Quería un gofre. Mierda, moría por un maldito gofre.

-Estás ensuciando el cristal con tu baba.

Lancé mi codo hacia atrás sin dignarme a responderle. Cullen retrocedió entre gruñidos. Parecía, sin duda, un perro rabioso.

-Por favor, dime que tú no babearías por un gofre así -señalé, apretando mi cara contra el cristal. Desde detrás del mostrador la dependienta me miró con mala cara-. Imagínatelo con Nutella.

Llevé mi mano a la comisura de mis labios, porque ahora sí que podría salivar con la imagen que me vino a la mente. Mi estómago, como reafirmándose, rugió. Era hora de gastar unos cuantos dólares en el desayuno de los dioses. Un puñetero gofre.

-Nunca los probé -contestó Cullen, encogiéndose de hombros.

-Espera... ¿qué? -exclamé, esta vez sí girándome hacia él. Me miró alzando una ceja.

-Que nunca he comido un gofre -repitió lentamente. Pasé por alto el que me hablase como retrasada. ¡Nunca. Había. Comido. Un. Puñetero. Y. Delicioso. Gofre!

-Pues deléitate, Cullen, y prueba por primera vez el desayuno de los campeones.

.

.

.

-¡Joder!

-¡Si te estuvieras quieto podría limpiarte!

-¡Esto mancha, joder!

-¡Es un puto gofre con Nutella, Cullen! ¿Qué esperabas?

Resoplé y limpié con más fuerza sus manos llenas de chocolate. El señor nunca-he-probado-un-gofre no había dejado de quejarse desde que despertamos. Y yo estaba a punto de romper mi juramento y dejarle tirado en una cuneta. Preferiblemente en trocitos, para que tardaran más en encontrarle.

-¿Te gusta? -pregunté, apartando la servilleta y volviendo a coger mi gofre. Le pegué un buen mordisco y la Nutella se escurrió por la comisura de mis labios. Saqué la lengua y lamí el resto.

Escuché un gruñido a mi derecha y me giré. Allí sentado, Cullen me miraba con ojos oscuros. Pero nada más hacer contacto visual, bajó la vista y mordió su comida.

-¿Estás bien? -pregunté, después de tragar. Más que un gruñido, habría jurado que había gemido como si algo le doliera.

-Perfectamente.

Me encogí de hombros y lo dejé pasar. Estaba demasiado entretenida desayunando mi dulce gofre como para preocuparme de los desvaríos de Cullen.

-Y sí, me gusta.

Escondí mi sonrisa de suficiencia dando otro mordisco. Por supuesto le gustaba, si a mi me gustaba a él también tenía que gustarle. Porque empezaba a tener una buena colección de maneras de dejarle noqueado, herido o muy probablemente en estado de shock. Seh, debía de hacer una lista.

Suspiré cuando se terminó y limpié mi boca. Ahora que teníamos los estómagos llenos tenía un lugar en mi mente al que quería ir sí o sí.

-¿Terminaste? -pregunté, girándome hacia Cullen. Una sonrisa apareció en mi rostro sin poder evitarlo cuando vi como me miraba pidiendo auxilio. La Nutella cubría tres cuartas partes de su cara y cada vez que intentaba limpiarse con la servilleta lo extendía más-. Déjame -pedí.

Comencé a limpiarle con suavidad.

-Gracias -susurró, con la vista clavada en mi rostro. Podía sentir como observaba cada mínimo detalle de él. Tarde, me di cuenta de que esa era la primera palabra agradable que decía en toda la mañana.

-No hay de qué.

Y cuando iba a separarme, Cullen se inclinó y me dio un ligero beso en la mejilla.

.

.

.

Miré hacia arriba, intentando alcanzar con la vista la punta de la Aguja Espacial. El Sol me cegó y alcé la mano para taparlo. Aún así, lo único que logré ver fue puntos de colores bailando sobre mis ojos.

-Genial -farfullé. Me quedaría ciega.

-Vamos, Swan, creía que te encantaba la Aguja Espacial -replicó Cullen a mi espalda. Después de comer los gofres sufrió un caso grave de bipolaridad, porque de repente se encontraba de muy buen humor. Incluso se ofreció a llevarme la mochila.

Así que ya podía volver a ser yo la que estuviese de mal humor.

-No es eso -gruñí, dirigiéndome hacia la taquilla con grandes zancadas. Pero no le dejé atrás, era ridículamente fácil la manera en la que Edward podía seguirme el ritmo. Estúpido. Ahh, como extrañaba volver a pensar así.

Compré mi billete y esperé por Cullen. Nos unimos a la larga cola que había en la entrada, pero por suerte se movía rápido. Mi estómago comenzaba a apretarse con antelación y mordía mi labio inferior como si fuese chicle; una manía que tenía desde pequeña y que Renée odiaba. Limpié las palmas de mis manos en el pantalón. Sudaban.

-¿Estás bien? -me preguntó en la oreja. Su cercanía invadía mi espacio personal, pero estaba demasiado nerviosa como para que me importarse. Negué con la cabeza y seguí mascando mi labio.

-Impaciente -respondí con un susurro. La mano de Cullen se posó en mi baja espalda cuando llegamos a la entrada, y realmente lo agradecí. Mis piernas temblaban.

El viaje en ascensor fue rápido y a la vez eterno. Pero fui recompensada con la mejor vista del mundo.

-Vaya... -murmuré asombrada, acercándome a la ventana-. Es precioso.

-Totalmente de acuerdo.

Y nos quedamos allí, observando Seattle bajo nuestros pies.

.

.

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Me giré bruscamente y golpeé a Cullen con la guitarra, logrando mi objetivo. Pero él seguía riéndose, y mis mejillas se estaban calentando cada vez más, producto de la vergüenza y la ira. Maldita sea, aquello únicamente podía haberme pasado a mí.

-Sigo sin entender como puedes tropezar con el aire, Swan -se burló Cullen, y estalló de nuevo en carcajadas. Inflé las mejillas y seguí caminando sin importarme a dónde ni si Edward me seguía o no.

Volví a sonrojarme cuando recordé como, arriba en la Aguja Espacial corrí de un lado a otro, y como en una de mis carreras tropecé con mis pies y me caí sin llegar a poner las manos delante. Lo peor no fue el dolor de mi nariz, sino la risa de Cullen y las otras personas que vieron mi tropiezo. Y ninguno se dignó a ayudarme a levantar.

-¡Vamos! -gritó a mi espalda-. No te puedes enfadar.

-¡Claro que me puedo enfadar! -chillé, girándome y observando como su rostro ocultaba una sonrisa divertida e intentaba poner cara seria, sin lograrlo-. ¡Eres un maldito estúpido, un egocéntrico, un...! -me quedé sin más apelativos porque Cullen rodó los ojos y pasó por mi lado, chocando los hombros.

Me quedé ahí, quieta y asombrada viendo como se alejaba. ¿Pero qué dem-...?

-¡No me des la espalda, Cullen! -grité, corriendo detrás de él.

-Oh, lo siento, mi enorme ego no me dejaba escucharte -se mofó cuando llegué a su lado. Aquello rebasó mi límite. Llevaba todo el día aguantando sus quejas, sus malos modos y mal humor, ¿y ahora se burlaba de mi?

Solté una exclamación ahogada y me puse delante de él, impidiéndole continuar. Comencé a golpearle en el pecho y apunté a su barriga. Con el puño cerrado, estaba a punto de dejarle sin aire cuando me agarró por las muñecas. Con fuerza.

-Basta -siseó. Alcé la vista para encontrarme con su hermoso rostro lleno de rabia y los ojos oscuros. ¿Hermoso rostro? Yo no había dicho eso.

-Basta tú -siseé de vuelta. Lentamente, abrí mis puños, ya que no me había dado cuenta de que seguían apretados con furia-. Basta -susurré, mirándole fijamente. Contuve las estúpidas lágrimas de rabia que pugnaban por salir de mis ojos.

Nos quedamos en silencio, totalmente quietos y absortos el uno en el otro. Edward parecía no querer soltar mis muñecas, y yo me encontraba completamente a su merced.

Con un suspiro, Cullen apartó la mirada y me dejó ir. Bajé los brazos y resistí el impulso de acariciar mis pulsos, como cuando le quitan las esposas a los malos de las películas.

-Lo siento -se disculpó, pasando una mano por su pelo revuelto-. Yo... -miró hacia otro lado, como buscando qué palabras decir. Finalmente decidió que era mejor no decir nada, y calló.

Me encogí de hombros, restándole importancia. En realidad, no tenía fuerza para hablar; si lo hacía, probablemente mi voz saliese rota. No quería que él me escuchase así. Por lo que comencé a caminar con Cullen a mi lado en el más completo silencio. Un silencio que, poco a poco, se volvía cómodo. Odié esa sensación.

-¿Te apetece tomar algo? -preguntó Edward de repente. Seguí el curso de su mirada y vi un pequeño local en la esquina con un letrero: 'Eclipse'.

Quería decirle que yo no podía permitirme el lujo de ir a tomar algo, que no tenía todo el dinero del mundo como él y que debía ser ahorradora durante todo el viaje. Quería decirle muchas cosas, pero lo único que salió de mis labios fue un 'Vale'. Rendida y traicionada por mi propio subconsciente, seguí a Cullen.

El bar era pequeño, pero estaba muy bien decorado y parecía tener un aire agradable. En la puerta había varios carteles pegados, y me fijé en que allí tenían un pequeño escenario dónde la gente podía cantar las canciones que quisiese. Desde dentro se podía oír la voz de una mujer cantando 'Just the way you are' de Bruno Mars. Otro cartel llamó mi atención: La autora del Best-seller 'Sombras en la Noche' dará una firma de libros en la Fnac el día 26 de Agosto. Ahogué un gritito de emoción. Tenía que volver como fuera y conseguir una firma. ¡Arya Sennel era una de mis autoras preferidas!

Cullen abrió la puerta y nos llegó el olor a patatas fritas, mezclado con alcohol y esencias florares. Era una combinación extraña, pero agradable, equilibrándose mutuamente. No había mucha gente, y dos camareras iban y venían desde la barra a las mesas. Agarré con fuerza el asa de mi mochila y me dirigí hacia una esquina, dónde pegado a la pared había un sillón circular rodeando una mesa que se encontraba en el medio. Dejé mis cosas a un lado y me senté. Cullen no dudó ni un segundo en seguirme.

-¿Qué puedo ofrecerles? -preguntó la camarera, apareciendo de la nada. Tuve la sensación, por como habló, que esa frase iba con segundas, lo cual confirmé segundos después al ver que no se dirigía a mí sino a Edward.

La camarera era rubia de bote, y enrollaba su dedo en el pelo. Sólo le faltaba mascar chicle y parecería sacada de una película barata de la tele. Rodé los ojos y evité bufar. Patético.

-Una coca-cola, gracias -dijo Cullen, recostándose contra el sillón y alejando la vista hacia el escenario. La camarera pareció desilusionada ante la falta de atención.

-Otra, por favor -añadí antes de que se fuese sin haber tomado mi pedido. Luego, cuando comprobé que lo anotaba todo en la libreta, me giré y la ignoré-. ¿No quieres cantar? -pregunté, señalando con la cabeza el escenario.

Inconscientemente me fui relajando y terminé sentada justo al lado de Cullen, recostada contra el mullido sillón y debajo de su brazo que había colocado estratégicamente en el respaldo. Desde la posición en la que me encontraba podía admirar su perfil, aquel perfil de Dios Adonis que volvía locas a las chicas de Forks. A las chicas, en general; incluso a mí. Recordé nuestro primer encuentro, y como su belleza me había distraído. Ahora, después de haber pasado varios días a su lado, me era más fácil alejar esos pensamientos de mi cabeza. Pero, para mi desgracia, sólo porque la ocupaban otros. Otros pensamientos sobre cómo era un dolor en el culo, cómo de dulce y tierno podía llegar a ser, cómo el sol iluminaba su cabello, su mirada de niño perdido, sus ojos arrepentidos, la forma en la que sonreía cuando estaba alegre, cuando me miraba con complicidad o picardía, cuán amable era, terco, patán, divertido, bipolar... Otros pensamientos que no estaba dispuesta a tener. Porque él era Edward Cullen. Y a mí no podía gustarme estar con Edward Cullen, porque yo odiaba a Edward Cullen. ¿Por qué mierda ya no sentía que a mi lado estaba ese Edward Cullen, sino otra persona? Otro Cullen, un Cullen mucho más complicado pero con sentimientos malos y buenos dentro de él.

Él giró su rostro hacia mí. Por unos segundos había olvidado la pregunta que le había hecho. Y tampoco me había dado cuenta de qué tan cerca estábamos.

-No me apetece -susurró por encima de la música. Sus ojos verdes parecían brillar con la tenue luz del bar, examinando cada centímetro de mi rostro con atención. Yo me encontraba perdida en su mirada, sin percatarme de que la camarera había dejado las bebidas o de que la chica había terminado en el escenario y la había substituido un chico. Demasiado perdida para recordar cómo debía de comportarme o qué debía de hacer.

Descansé la cabeza en su brazo y cerré los ojos, relajando los músculos. Aunque había dormido bien esta noche, no había sentido antes todo el cansancio acumulado que tenía ni la tensión de mi espalda. Poco a poco me fui acomodando, hasta casi tener la cara enterrada en el cuello de Cullen. En vez de apartarme, sentí como se movía para adaptarse a mí. Dejó caer el brazo del respaldo a mis hombros y con la mano libre cogió su vaso y dio un sorbo. Tenía la piel del cuello caliente cuando pegué la nariz y aspiré su aroma a lilas y miel, o cuando tragó y la nuez se movió de arriba a abajo.

Estaba quedándome dormida, lo sabía. Pero estaba jodidamente cómoda.

-Swan -me llamó Cullen, espabilándome. Comencé a apartarme de él cuando la mano que descansaba en mi hombro me apretó como en un auto reflejo para que no me alejase. Así que moví la cabeza para tener un ángulo en el cual poder mirarle a los ojos. Él tenía la vista fija en el escenario, pero supe que su mente estaba lejos de aquí.

-Dime -murmuré. Quería inclinarme y alcanzar mi bebida para poder mojar los labios y quitar el sabor a cartón de mi boca, pero al mismo tiempo no quería cambiar de posición.

-¿Qué vas a hacer con tu vida? -de todas las preguntas, esa era la que menos esperaba recibir en este momento. Fruncí el ceño, preguntándome por qué Cullen me hablaba de eso. Él giró la cabeza, volviendo a la realidad para mirarme.

-Sinceramente, no lo sé -respondí-. No me he parado a pensar en lo que quiero hacer, ni de qué voy a vivir o dónde.

-¿Cómo no puedes haberlo pensado? -inquirió Edward, casi con desesperación-. ¿Cómo consigues parecer tan despreocupada cuando quizá termines en la calle porque no quieres trabajar en nada? ¿Cómo puedes saber siquiera lo que te gusta o no? Y si no quieres ser médico, porque odias la profesión, ¿ por qué tendrías que estudiarla entonces? ¿Por qué simplemente no puedes aceptar que no...? -interrumpió su discurso de golpe y hundió la cabeza en mi pelo.

Cogí aire, intentando procesar lo que había ocurrido hacía unos instantes. En una parte de su monólogo, Cullen dejó de preguntarme para preguntarse a sí mismo. No hablaba de mí, sino de él. Y supuse que de su padre, el doctor Carlisle Cullen. Comenzaba a formárseme una imagen no muy buena del serio doctor.

Levanté una mano y acaricié su pelo por primera vez. Pasé los dedos por entre sus hebras color bronce, disfrutando de su suave tacto. Sentí unas gotas de agua caer en mi nuca, y mi estómago se retorció ante la idea de que Edward estuviese llorando entre mis brazos.

-Shh, tranquilo -susurré, sin parar de acariciarle. Él se apretó contra mí y se negó a salir de entre mi pelo-. ¿Quieres contarme? -pregunté con cautela. Una parte de mí me gritaba que era mejor no meterme en sus asuntos, al igual que yo no quería que el supiese nada de mí. Yo no confiaba en él, la idea de este viaje no era involucrarme con Cullen. Pero otra parte, la que en este momento estaba gritando y amordazando a la primera, me decía que cuidase de él, que le consolase. Y extrañamente, esa era la parte a la que más quería hacer caso.

-Tuve un mal sueño -comenzó Edward, su voz ahogada entre mi cabello-. En él salía mi padre, como siempre diciéndome que tenía que estudiar medicina, que no lograría ser nada sino fuese ser médico... -paró para coger aire y yo le acaricié la nuca, tironeando un poco con su pelo para que continuase-. Me recriminaba el haberme ido de casa. Mi padre siempre nos ha insistido a mis hermanos y a mí para que escogiésemos una carrera y nos dedicásemos por entero a ella. Pero yo no quiero ser médico como él, tampoco quiero pasarme todo el verano acompañándole a sus estúpidas reuniones de sociedad. Quiero vivir mi propia vida -aclaró con voz rota-. Solamente quiero poder hacer cualquier cosa sin necesidad de preguntarle a él primero, sin que me controle.

Mi mano bajo de su pelo a su hombro, dónde comencé a trazar pequeños círculos. Las lágrimas se habían agolpado en mis ojos al escuchar a Edward hablar de esa manera tan... rota. Debía de admirar y querer mucho a su padre para que le afectase de esa manera. Supuse que él quería su aprobación, que le apoyase en la carrera que hiciese, que no le dijese qué debía hacer o qué no. Edward quería que su padre le comprendiese, pero Carlisle Cullen no quería comprender, quería que su hijo fuese tal y como lo soñó. Perfecto.

Pero si algo sabía con seguridad era que nadie es perfecto. Renée soñaba con una niña para ponerle vestidos e ir a juego. Pero Charlie me enseñó a los cinco años la comodidad de unos buenos vaqueros y a eructar como un hombre. Yo no era la dulce y linda niña que mi madre había soñado tener. Tampoco había sido una buena hija hace dos años, pero Renée, aparte de la vez en la que me obligó a ir a vivir con Charlie, nunca me había reprochado nada. Nunca me reprochó que me peinase y vistiese distinto a como ella quería. Nunca me presionó a escoger una carrera o a ir a la Universidad. Nunca me dijo qué amigos debía tener o si podía comprar aquello o esto. Renée no me educó mediante castigos o cachetes, ella me educó cómo sólo ella podía educar: dejando que encontrase por mí misma mi sitio en el mundo. Al igual que mi dulce y atolondrada madre, aprendí a valerme por mí misma, a disfrutar de cada día, a que no debía tocar la cocina cuando estaba caliente o que andar en bicicleta no era mi fuerte.

Por eso odié con cada célula de mi cuerpo a Carlisle Cullen.

Edward parecía haberse calmado un poco bajo mi toque. Había salido de entre mi cabello y ahora apoyaba su mentón en el tope de mi cabeza, mientras jugaba con un mechón de mi cabello. Yo seguí haciendo círculos en su hombro inconscientemente. Cuando suspiró, su aliento se mezcló entre mi pelo y lo revolvió.

-Cuando hablamos en aquel aula de música y me dijiste que tus padres te dejaban ir de mochilera por el país no me lo podía creer -susurró-. Fue como una señal, en dónde me decía que era hora de escapar de su control y poder hacer lo que quisiese. Pero ahora... ¿qué será de mí? -preguntó con un murmullo de voz.

No tenía la respuesta para eso. Ni siquiera sabía lo que nos depararía el mañana, no podía asegurarle que todo iba a salir bien. Así que me limité a alzar la mano de su hombro otra vez a su nuca, jugando con los pequeños mechones que miraban cada uno en una dirección.

-Se siente bien -ronroneó él con un suspiro. Luego, su voz pasó a ser más profunda e íntima-. Gracias por todo, Bella.

-De nada, Edward -inconscientemente pronuncié su nombre en voz alta y un escalofrío me recorrió entera. Su nombre en mis labios sonó de una manera muy distinta a como era en mi cabeza.

Intuí la sonrisa en su voz.

-Sigue sorprendiéndome tu forma de ser, tan distinta a todo lo que conozco.

-Esa soy yo -apunté con ironía, provocando que nos riésemos los dos por lo bajo.

-Ni siquiera puedo entender el que no tengas planes de futuro. Eso es tan...

-¿Arriesgado?

-Exacto -asintió ligeramente con la cabeza.

-Bueno, se me da bien improvisar. Mis planes apestan, el último que tuve fue ir de mochilera por el país y ahora tengo a un niño rico y mimado pisándome el culo allá a dónde vaya -bromeé, sintiéndome mejor al conseguir que se riese. Aunque no pudiese consolarle, si que podía animarle y eso ya era algo.

-Touché.

Mis ojos vagaron por el local. Por suerte había escogido una esquina poco iluminada y nadie nos miraba, salvo la camarera para lanzarme miradas asesinas pero la ignoré con facilidad. Todos estaban absortos en el chico que cantaba en el escenario de una manera horrible, debía apuntar. Desafinaba en los tonos altos y no lograba encontrar el sentimiento de la canción.

La idea llegó a mi mente como un relámpago. Me separé de Cullen de un salto, desestabilizándole momentáneamente.

-Sé de algo que te animará -confesé con una sonrisa. Oh sep Bella, eres un genio.

-Estaba bien antes -se quejó él, frunciendo el ceño y mirándome con cara de perrito abandonado. Rodé los ojos y le cogí de la mano, tirando de él hasta que logré ponerle de pie y rápidamente nos dirigí hacia el hombre en el control de manos-. Oh no -se negó Cullen cuando adivinó lo que planeaba-. Te dije que no me apetece, Swan.

Me giré de golpe y le miré con 'la mirada'.

-Siempre te tiene que apetecer cantar. Estés triste, enfadado o alegre. Siempre. -amenacé. Edward asintió a regañadientes, sin ánimos de discutir conmigo-. Anda, sube al escenario.

Me acerqué al hombre del control mientras Edward subía las escaleras. Supe que se había puesta bajo el foco cuando los cuchicheos de las mujeres empezaron y una gritó '¡Guapo!' desde el fondo de la sala.

-Hola, quería una canción especial para que la cantase mi amigo -señalé a Cullen que se encontraba mirando nervioso a las personas sentadas delante de él, sonriendo y rascándose la nuca.

El hombre a mi derecha sonrió. Era alto, de piel morena y cabello y ojos oscuros. No parecía ser mucho más mayor que yo. Asintió con la cabeza y le dije la canción que quería. Sabía que Cullen la reconocería al instante, pues la había visto en su lista de favoritos del iPod. Volví a mi asiento, desde donde tenía una vista perfecta del escenario. Edward me buscó con la mirada y pareció relajarse cuando alcé los pulgares en señal de apoyo.

Las notas de 'Numb' llenaron el aire. Y cuando Cullen comenzó a cantar me pregunté cómo era que su padre no podía ver el enorme talento que tenía su hijo.

I'm tired of being what you want me to be

Feeling so faithless, lost under the surface

Don't know what you're expecting of me

Put under the pressure of walking in your shoes

Era la canción perfecta, y podía ver cómo, poco a poco, Edward iba descargando toda su rabia cantando la letra con el corazón en la mano. Dejó los nervios a un lado y cerró los ojos, concentrándose. Imaginándose que su padre era el que estaba delante.

(Caught in the undertow, just caught in the undertow)

Every step that I take is another mistake to you

(Caught in the undertow, just caught in the undertow)

Retuve la respiración, esperando el estribillo. Y, bajo mi aliento, canté con él.

I've become so numb, I can't feel you there

Become so tired, so much more aware

I'm becoming this, all I want to do

Is be more like me and be less like you

-¿Es tu novio? -una voz me sobresaltó a mi derecha y llevé una mano a mi corazón de forma inmediata. Santa mierda, pensé. La mujer rió a mi lado, así que supuse que aquel comentario había salido también de mis labios.

Can't you see that you're smothering me,

Holding too tightly, afraid to lose control?

-No -respondí. La mujer tenía el pelo largo y negro azabache. Sus ojos estaban enmarcados por espesas pestañas y era tan morena como el chico de la mesa de mandos.

'Cause everything that you thought I would be

Has fallen apart right in front of you.

-Perdón, os vi abrazados antes y me imaginé que así era -se excusó rápidamente. Yo me sonrojé, al parecer no habíamos pasado tan desapercibidos como pensé en un principio.

(Caught in the undertow, just caught in the undertow)

Every step that I take is another mistake to you.

(Caught in the undertow, just caught in the undertow)

And every second I waste is more than I can take.

-¿Es tu amigo, entonces? -preguntó, a lo que asentí-. Él es tremendamente bueno -añadió con reverencia. Fue ahí cuando me imaginé que estaba interesada en Cullen y por eso preguntaba. Pero por alguna extraña razón aquella mujer no tenía aspecto de acosadora obsesa. Y cuando me fijé en el anillo de su mano izquierda, comprendí que era otro sentimiento el que la movía a preguntar por Edward.

I've become so numb, I can't feel you there,

Become so tired, so much more aware

I'm becoming this, all I want to do

Is be more like me and be less like you.

Desvié la mirada hacia el escenario, para observar como llegaba al apogeo de la canción.

And I know

I may end up failing too.

But I know

You were just like me with someone disappointed in you.

-¿Crees que estaría interesado en tocar aquí una vez a la semana de forma fija? -preguntó la mujer, yendo por fin a la cuestión principal. Negué con la cabeza.

-No nos vamos a quedar mucho tiempo -señalé nuestras pertenencias que descansaban a un lado del sillón.

-Oh -sus ojos se abrieron y, cuando volvió a girarse hacia mí, vi un brillo distinto en sus ojos-. ¿Os vais hoy?

-No, pensábamos quedarnos un día más -aclaré. Por alguna extraña razón, aquella mujer me daba la confianza necesaria como para contarle mis planes.

I've become so numb, I can't feel you there.

(I'm tired of being what you want me to be)

I've become so numb, I can't feel you there.

(I'm tired of being what you want me to be)

La canción terminó, y no dudé en levantarme y aplaudir, igual que las otras personas del establecimiento. Mayoritariamente chicas. Ignoré ese pequeño dato y chillé feliz cuando él se veía completamente liberado. Sus ojos resplandecían y una brillante sonrisa adornaba su rostro, como si hubiese alejado todos sus demonios. Aunque sólo fuese por un día.

Corrió hacia mí y ni siquiera tuve tiempo de reaccionar cuando me cogió por la cintura y me levantó en el aire, abrazándome con fuerza. Su inesperada y repentina cercanía me abrumó, pero cuando quise devolverle el abrazo ya estaba de nuevo en el suelo.

-Gracias, de nuevo -sonrió.

-De nada, de nuevo -me reí, restándole importancia con una mano. Realmente prefería que estuviese feliz para poder burlarme de él a que estuviese de mal humor y tuviese que ser yo la que aguantase sus salidas. Quid pro quo*.

-Tienes una voz magnífica -nos interrumpió la mujer a la que había olvidado completamente. Edward se sonrojó y musitó otro 'Gracias' de forma apenas audible. Esto era nuevo, ¿Edward Cullen avergonzado? Tenía que hacerme con una maldita cámara para inmortalizar este momento-. Tu amiga me ha dicho que os vais mañana de la ciudad. Es una pena, porque pensaba ofrecerte un trabajo fijo en mi establecimiento.

-¿Eres la dueña? -exclamé al mismo tiempo que Cullen decía: ¿Trabajo fijo?

Ella se rió y nos sonrió divertida.

-Mi nombre es Emily y sí, soy la dueña. Y de verdad creo que tienes un talento asombroso, atraerías a mucha clientela a mi bar -dijo con voz soñadora. Cullen volvió a sonrojarse y yo a maldecir por una cámara-. ¿Tenéis dónde quedaros esta noche? -preguntó con preocupación, mirando de forma crítica nuestras mochilas llenas de arena.

-En realidad, no -admití, retorciendo las manos en mi espalda. Emily me recordaba a mi abuelo Thomas, siempre preocupado por todos aunque no les conociese de nada. Quizá por eso me inspiraba tanta confianza.

Me miró espantada, como si dormir al aire libre fuese pecado, o algo así.

-Tengo una habitación libre en el piso de arriba, que es dónde vivo con mi prometido. Podéis quedaros, si queréis -ofreció. La idea de dormir esta noche en una cama era tentadora, pero aunque yo tenía mis reservas, Cullen no dudó ni un instante.

-Estaríamos muy agradecidos, Emily -aceptó con la voz cargada de tal sinceridad que no me costó imaginar que Emily se hubiese derretido solo de escucharle.

Y a pesar de mis múltiples quejas sobre pagar el alojamiento, ella se negó. Nos invitó a la comida, nos presentó a su prometido, Sam Uley, que, curiosamente, era el hombre de la mesa de mandos. Pronto descubrí que eran una pareja tan encantadora como feliz.

Y supe sin lugar a dudas que si volvía a Seattle algún día, aquí podría encontrar a dos amigos a los cuales visitar.

.

.

.

Habíamos dejado nuestras mochilas e instrumentos en la habitación de invitados de Emily, pero como aún era temprano decidimos salir a dar un paseo. Adoraba Seattle, sobre todo en esta época del año en la que no llovía y me recordaba tanto a mi querido Phoenix.

Caminando habíamos llegado a una pequeña cancha de baloncesto, dónde unos chicos jugaban con la pelota. A Cullen se le iluminó el rostro y rápidamente pidió unirse al grupo. Yo quedé descartada; era un peligro con un balón en las manos. Así que me limité a observar cómo jugaban, animando desde el banquillo. Me reí cuando golpearon a Edward en la nuca, después de comprobar que no había sufrido ningún daño pues se había girado blasfemando sobre la madre naturaleza. Puede que al final aquellos chicos llegasen a mi misma conclusión: que Cullen sufría de grave bipolaridad. Pero, en conjunto, fue una gran tarde.

Ahora nos encontrábamos en el banco de un parque que había cerca de 'Eclipse', comiendo comida tailandesa antes de irnos a dormir. Era de noche, y varias farolas iluminaban el lugar. Cullen, caballerosamente, me tendió su chaqueta cuando vio que comenzaba a temblar. Así que su olor se había metido hasta en mi cabeza, mientras que él aguantaba estoicamente el frío. Su argumento era que él había vivido toda su vida en Forks, no como yo, una chica de Phoenix, y que el frío no le afectaba tanto como a mí. Su gesto era lindo, de cualquier manera.

-... Y entonces plaqué a Newton. Creo que fue el día más feliz de mi vida -bromeó Edward, contándome cómo se había vengado en un partido de fútbol el que Mike Newton saliese con su hermana pequeña. Me reí, ya que yo también había soñado varias veces con hacerle lo mismo. Estúpido Mike.

-En serio, te mereces una medalla por eso -sacudí la cabeza con una sonrisa. Cullen soltó una carcajada que resonó en todo el parque.

-¿Y tú qué? ¿Alguna vez golpeaste a alguien que no fuera yo? -preguntó con diversión. Alcé la mirada. Estábamos uno enfrente del otro, con la comida entre los dos.

-Por supuesto -resoplé con sorna-. ¿Acaso te creías especial?

-Auch, eso dolió.

Me reí al ver su cara de fingido dolor mientras ponía una mano sobre su corazón. Rodé los ojos y mordí otro tozo de comida tailandesa. No era que me apasionase, pero estaba rica.

-¿Y cómo es que eres tan agresiva, Swan? -inquirió él, imitándome y mordiendo de su comida.

-No lo sé -me encogí de hombros-. Probablemente me viene de mi padre. Él me enseñó desde pequeña a defenderme, supongo que de previsión por si algún chico me molestaba de mayor pegarle dónde más le duele.

Sonreí ante la mueca de horror de Edward y estallé en carcajadas cuando él masculló algo sobre: Sálvese quien pueda.

-Tu padre debe de ser un hombre verdaderamente interesante -opinó Cullen, bajando la vista y revolviendo su comida sin llegar a tocarla. Supe que había vuelto a pensar en lo de esta tarde, por lo que intenté animarle.

-Hey, tener un padre policía tampoco es tan genial -repliqué, rodando los ojos-. Él me encarceló durante una noche en mi primer día en Forks -solté, de repente dándome cuenta de que había dicho de más. Había admitido haber estado en la cárcel, y no sólo eso, había contado información personal sobre eso. Y me había prometido que no comentaría eso con Cullen.

Pero se sentía correcto. Alcé la vista de mi plato para ver como me miraba profundamente, observando mis emociones en mi rostro. En sus ojos no vi nada más que curiosidad; él no me juzgaba. Una cálida sensación se instaló en mi pecho. Quizá debería de contarle todo... ¡No! Recuerda tu promesa. Las personas salían huyendo de alguien como yo.

¿Saldría Cullen corriendo despavorido y gritando incoherencias?

-No me extraña nada -contestó él con picardía, pinchándome la barriga con el dedo y largándose a reir-. Siempre supe que eras una delincuente, Swan.

Bufé mientras pinchaba la comida con el tenedor más fuerte. Pero no pude evitar que una sonrisa se instalase en mi rostro.

-Jódete, Cullen.

Él sólo se rió.

.

.


*Quid pro quo: Del latín, 'algo por algo' o 'algo a cambio de algo'.


¡Hola, holita! Aqui el cap 9, cargado de muuuucha miel (es muy pasteloso) Pero espero que os guste. Edward se apoya cada vez más en Bella, mientras que ella poco a poco irá rompiendo su coraza y confiando en él. Taaaan lindos ;)

Bienvenido/as a todo/as. Gracias por las alertas y favoritos, que son siempre una buena motivación para mí. Y los reviews, también ;) jajaja ¡Casi 100 reviews! Nunca creí llegar a ver eso en una de mis historias :3 Así que muchas gracias, en serio.

Sely95: Gracias por tu reviews, me emocionó muchisimo :) Eso intento (describir bien a Bella) aunque a veces me resulte un poco difícil, porque es una chica complicada. Y la canción, la escuché y me encantó! Pronto la verás en la historia como parte de la BSO. Y la letra le viene que ni pintado ;) ¡Gracias!

Y bueno, este cap va para las lectoras que llevan con Bella 'Imparable' Swan desde el primer capítulo. ¡Gracias por seguir siempre aquí! :)

Besos, y hasta el próximo cap.

JC.