Capítulo 10: El concilio secreto.
Mientras merendaban en la cocina con un rico café con leche y lembas, él no dejaba de mirarla con ternura y ella continuaba preguntándose cuál sería la razón, el por qué le estaba sucediendo todo esto que era como vivir en una realidad mitad sueño, mitad pesadilla; una realidad en la que su vida parecía estar totalmente patas para arriba.
-¿Te encuentras bien?-, preguntó Leo.
-Si, ¿por?-.
-Nada en particular, no te asustes, pero me da la impresión de que estás aquí y que al mismo tiempo tu mente viaja por otro lugar-.
-Puede ser, disculpame, es que tengo tantas cosas por las que correr y que me preocupan últimamente que a veces mi mente se escapa quién sabe por dónde-.
-Si, suele pasar, perdona mi indiscreción-.
-Está bien, imagino no debe ser muy divertido estar conversando con alguien que de repente parece no estar prestándote atención-.
En ese instante alguien entró a la cocina y les interrumpió la charla.
-Disculpen la interrupción pero..., Leg...-, dijo quien decía llamarse Peregrino.
Por un momento Leo perdió el color de su rostro, quedó tan blanco como una hoja de papel mirando fijamente a los ojos de Peregrino, quien súbitamente reaccionó como si nada hubiera pasado y prosiguió con lo que venía a decir.
-Leo, como iba a decirte, quería avisarte que la reunión debe ser esta misma noche, no tengo mucho tiempo para explicarte el porqué de la prisa pero es indispensable que todos nos encontremos hoy en mi habitación a las 19 horas, por supuesto si a usted no le molesta-, dijo finalmente dirigiendo su pregunta a Abi.
-Para nada, mientras no comentan ningún crimen, ni hagan alguna locura, pueden hacer lo que les plazca-.
-Gracias entonces-, dijo Peregrino y se retiró dejándolos para que finalizaran de merendar.
Cuando Peregrino se retiró Abi quedó con una gran duda en su mente, de qué se trataría esa reunión y por qué casi se equivocó en el nombre de Leo al ir a hablarle. Mentalmente se repetía que no tenía que inmiscuirse en asuntos que no le concernían y que debía dejar de divagar buscando razones cuando a cualquiera puede pasarle que se equivoque en una palabra o nombre; pese a eso algo la inquietaba, era como tener la sensación que algo estaba sucediendo, algo que por alguna razón tal vez la incluía en los acontecimientos y que por algún motivo se mantenía en secreto.
-Ahora no puedes negarme que algo te sucede-, dijo Leo.
-Si, no voy a negarlo, mi cabeza está tratando de pensar y no pensar en algunas cosas al mismo tiempo-.
-No entiendo, ¿a qué te refieres?-.
-A nada en especial, es que últimamente me están sucediendo muchas cosas extrañas y mi mente es traicionera y te hace pensar aunque no quieras, es más ya hasta me está dando una fuerte migraña-.
Abi se levantó, tomo las tazas para ponerlas en la pileta para lavar la vajilla y se desvaneció completamente dejándolas caer para que se rompieran en miles de pedazos; él rápidamente la sujetó para que no se golpeara y trató de hacerla reaccionar. Su corazón latía cada vez más fuerte sintiendo una mezcla de angustia y ansiedad por verla así y no saber qué le estaba sucediendo, la tenía tan cerca, en sus brazos, como hace tanto tiempo atrás que no pudo evitar la tentación de besar sus labios.
Sus labios, entonces, acariciaron suave y tiernamente los suyos y ella en ese instante parecío recobrar el conocimiento, susurró solo unas palabras y se desmayó nuevamente.
-Gracias por estar siempre a mi lado Legolas-, susurró tan bajo que él solamente pudo oírla, pues los elfos tienen un oído muy fino y escuchan cosas que otros no pueden percibir.
Sus oídos no podían creer lo que acababan de escuchar, pero como podía ser si ella no podía recordar nada, qué estaba sucediendo. Sin poder hacer otra cosa se quedó a su lado esperando que alguien respondiera a su llamado de auxilio.
-Nada tienes que agradecer, sabes que siempre estaré a tu lado amor mío-, susurró él a sus oídos justo cuando entraban Cleo y Tasha.
-Pero... ¿que sucedió?-, preguntaron ambas.
-No lo sé, estábamos conversando y de pronto se desvaneció, traté de hacerla reaccionar pero no pude, creo que lo mejor sería llevarla a su cuarto para recostarla-.
-Si, totalmente de acuerdo, acompáñame-, dijo Cleo.
Él la alzó en sus brazos y ella, apenas recobrando un poco el conocimiento, lo miró tiernamente y lo abrazó fuerte mientras la llevaban a su cuarto. Tasha, que iba tras ellos, se quedó atónita por lo que sus ojos veían, pero ¿podría ser posible, se preguntó; y los cuatro entraron a la habitación en ese momento.
La recostó en su cama y se quedó viéndola como si tuviera temor de perderla de nuevo, Cleo se le acercó para ver si ya estaba mejor y Tasha seguía observando cada movimiento que se hacía en la habitación cuidando hasta el último detalle. Abi empezó a recobrar el conocimiento y se sentó en la cama.
-¿Te sientes bien?-, preguntó Cleo.
-Creo que sí, tengo una fuerte migraña y aún estoy algo mareada, pero supongo estoy o estaré bien. ¿Qué me sucedió, no recuerdo nada-.
-No lo sé, escuché a Leo pidiendo ayuda y cuando llegamos con Tasha a la cocina estabas desmayada y él te estaba auxiliando-.
-¿Leo?-.
-Si, ¿no recuerdas, habíamos terminado de tomar un café y de pronto de desplomaste frente a mi como si nada-, dijo él desde la puerta de la habitación.
-Lo último que recuerdo es estar contigo ayudándome con las plantas del jardín-.
-Quizá lo mejor sea que descanses un rato, espero sepan disculparme pero tengo cosas que hacer así que las dejo. Ojalá estés bien-, y se retiró luego de decir esto.
-Nosotras también nos vamos, tienes que descansar, seguro lo que te pasó es por andar corriendo de aquí para allá haciendo miles de cosas sin descansar-, dijo Cleo.
-Pienso igual-, asintió Tasha.
-Está bien, les daré el gusto para que todos nos quedemos tranquilos-.
Cuando se retiraban de la habitación Nano se acercó a Tasha y le entregó un sobre que estaba lacrado y a su nombre, y como era de esperarse sin remitente.
-Quién te dejó esto Nano-, preguntó ella.
-No lo sé, lo dejaron en el buzón, es raro y por eso te lo traje de inmediato-.
-Está bien, gracias. Me iré a mi habitación ahora, por favor cualquier cosa que suceda con Abi o que precisen me avisan-.
-De acuerdo-, dijeron Cleo y Nano.
Ya en su habitación, rompió el lacre, abrió el sobre y sacó la nota que venía dentro:
"Estimada Señora:
Tal vez no comprenda del todo el por qué de esta nota pero se debe a la necesidad que tenemos de hablar con usted de algunos asuntos que nos conciernen y que no deben esperar ni un momento más para ser resueltos o sería demasiado tarde.
Cómo para que comprenda el porqué de nuestra urgencia y el motivo por el cual la estamos convocando empezaremos por decirle que sabemos quien es su nieta del corazón, y cuando digo sabemos, usted sabe bien a que nos referimos. Tanto usted como nosotros sabemos que la verdadera esencia de Abi no es de la raza de los hombres, y sabe bien quién es el ser oscuro que vino a la posada los otros días y la turbó tanto con su presencia; sabe que este ser maligno está tras ella y que cuando no le queden dudas de quien es, no se detendrá hasta borrarla de la faz de este mundo.
Por este motivo, entre tantos otros, es que amablemente le solicitamos se una a nuestro concilio secreto, que se realizará a las 19 horas en mi habitación.
Atentamente, el Peregrino".
Luego de leer la nota, Tasha estaba más blanca que la nieve, un frío recorrió sus venas, y en lo más hondo de su corazón sabía que no podía negarse a ir. Tal vez, ya era del momento de que finalmente la verdad saliera a la luz, ya no tenía sentido seguir ocultándole a Abi quién era y la importancia que su existencia tenía para el mundo.
A la hora señalada Tasha se dirigió a la habitación de Peregrino, al llegar a la habitación golpeó tímidamente la puerta y Leo le abrió.
-Bienvenida Señora, pase por favor, la estábamos esperando-, dijo Peregrino.
-Gracias por la bienvenida, pero creo que lo mejor será que vayamos directamente al asunto que nos ha reunido hoy aquí, no quiero parecer grosera pero si la urgencia es tal lo mejor será no perder ni un segundo-.
-Me parece bien, como verá no estoy solo pues me acompañan dos interesados más en todo este asunto. En primer lugar voy a presentarme y a presentarlos correctamente, mi verdadero nombre es Gandalf, pero imagino usted ya lo suponía, Peregrino, en realidad Peregrino Gris era uno de los nombres con los que se me conocía por aquel entonces, y los caballeros aquí presentes no son otros que el Señor de los elfos de Rivendel por aquel entonces, Elrond, y...-, Tasha lo interrumpió.
-Y Legolas, Señor elfo de Ithilien y príncipe del Bosque Negro, supongo-.
-Así es mi Señora-, dijo entonces Gandalf.
-Entiendo entonces que no hará falta que le digamos quién es en realidad Abi-, dijo Elrond muy seriamente.
-Si se refiere a sí conozco la naturaleza de su esencia, pues debo decirle que sé que es élfica, que sé que el hombre que estuvo aquí los otros días no es otro que el siniestro Saruman y que está tras sus poderes-.
-Como verá entonces, todos intentamos protegerla y proteger al mundo, de otra manera sería imposible que estuviéramos aquí, usted sabrá que una vez que se regresa a las Tierras Imperecederas es prácticamente imposible volver, a menos que se trate de un caso de fuerza mayor como este. De hecho, ya hace mucho tiempo que la dimensión en la que viven los elfos ya no se encuentra unida a la de los hombres sino que transcurren de manera paralela, si se nos permitió estar acá es porque es de vida o muerte-, dijo Gandalf.
-Imagino por lo que me dice que entonces todo este asunto es muchísimo más grave de lo que me suponía-, dijo la hechicera.
-Lo es, cuando a Saruman no le queden dudas de quien es ella tratará de matarla para quedarse con sus poderes y destruir con ellos este mundo de la manera que no pudo antaño, para evitar esto es importante que ella sepa a qué y a quién se enfrenta y creo que por alguna razón no lo sabe o no lo recuerda-, dijo Gandalf.
-Así es, ella perdió todos sus recuerdos de su vida como elfa, no tuvimos alternativa, mire cuando la recogimos con Chela, su abuela aquí, ella vagaba por este mundo con la mente como extraviada, no hablaba y parecía como ida, la cuidamos, le dimos casa y comida y de a poco empezó a mejorar, ella se había escapado muchos años atrás de las garras de este vil mago que trató de convertirla en un ser oscuro, pero no logró doblegar su voluntad y ella, no sé como, logro escapar y ocultarse de su mirada durante mucho tiempo. Nosotras la reconocimos por su aspecto, nos parecía increíble pues imaginamos que su existencia era solo producto de la imaginación de los escritores de novelas y cuentos de fantasía, pero ahí estaba frente a nuestros ojos, sola y desvalida, y entonces tratamos de ayudarla.
Al poco tiempo de estar con nosotras empezó a hablar, salió de ese ostracismo en el que se encontraba y comenzamos a advertir los grandes poderes que ella tenía. Tiempo después nos enteramos de que él la estaba buscando por cielo y tierra y no pasaría mucho tiempo más hasta que la descubriera, nosotras, aún uniendo nuestras fuerzas no lograríamos protegerla de su maldad y ella aún no estaba preparada para hacerle frente. Entonces, a Chela se le ocurrió hacer algo que en su momento nos pareció la única opción y preparamos el hechizo.-
-¡Hechizo!-, exclamaron Gandalf, Elrond y Legolas.
-Si, se trata de un hechizo que permite que uno vuelva a nacer sin perder la esencia de quien es, es como reencarnar pero sin morir, sólo que en el proceso los recuerdos se borran y sólo pueden ser recuperados con el correr de los años de manera natural o con otro hechizo que los ayuda a volver. Cómo a la hija de Chela le costaba quedar embarazada se nos ocurrió hacer ese hechizo de manera tal que se convirtiera en su hija, de esa manera nos sería fácil ocultarla, él no estaba buscando una bebé, y menos que fuera hija de hombres y a la vez estaríamos dándole ese bebé que su hija tanto esperaba sentir en su vientre.
Al hacer el hechizo, tanto la esencia de ella, es decir de su raza y los poderes con los que ella contaba permanecerían intactos, solo sus recuerdos se irían para volver en caso necesario. Para que tuviera un nombre parecido le sugerimos a la hija de Chela que le pusiera a la niña Abigail, cuyo diminutivo es Abi, parecido a Anië-.
-Comprendo-, dijo Gandalf.
-Yo quiero agradecerle por cuidar de ella todos estos años, sabe ella es mi hija del corazón-, dijo Elrond dejando entrever la pena que sentía en su interior.
-Lo sabía, durante el tiempo que ella vivió entre nosotros como elfa, siempre nos hablaba del amor con el que su padrino la cuidaba. También hablaba con mucha tristeza de tí-, dijo dirigiendo su mirada hacia Legolas, que se quedó viéndola con la mirada más triste que nunca.
-Ni imagina usted la felicidad que sentí al saber que estaba bien, qué estaba con vida-.
-Si imagino, lo veo en tus ojos, se ve en ellos cuánto la amas-.
-Más que a mi vida-.
-Y bien, ¿cuáles son los pasos a seguir ahora, preguntó Tasha.
-Tiene que recordar por más duro que pueda resultarle, Saruman ya está tras su pista y por esa razón es que se presentó aquí los otros días, no tenemos tiempo que perder-, dijo Elrond enfáticamente.
-De acuerdo, pero habrá que buscar la manera menos conflictiva para ella, no quiero que salga lastimada de todo esto, comprenderán no es fácil darse cuenta que de un día para otro no eres quien creías y lo que es peor, que ya te armaste una vida en base a eso. ¿Cómo se une todo si cada vida está armada en su mundo y estos van por caminos diferentes?-.
-Habrá que recurrir a tu hechizo, ese que mencionaste sirve para recobrar los recuerdos, no hay tiempo para que recuerde por si sola-, dijo Gandalf.
-Aún así, hay recuerdos que ya los tiene, que la confunden pues piensa que son cosas que no erróneamente cree son de una vida pasada, pero que la turban, digamos que habría que darle un empujón-, dijo la hechichera.
-Está bien, piensa que se puede hacer y me avisas, esta reunión no puede prolongarse más o comenzarán a sospechar y por el momento mejor no levantar sospechas en nadie-, dijo el mago.
-Así se hará entonces-, dijo Tasha saliendo de la habitación una vez concluido el concilio secreto.
