Un Recuerdo de Pesadilla.

El viejo Kreacher estaba limpiando la mesa del comedor cuando unas fuertes carcajadas lo hicieron pegar un brinco y derramar el "Quitamanchas Mágico Multiusos de la Señora Skower" por todo el piso.

—Mocosos malcriados… Algún día les darán una lección y será Kreacher el que reirá a carcajadas… Kreacher se reirá cuando el primogénito escandaloso sea castigado… Si, Kreacher solo espera ese momento…

— ¡Kreacher! ¿Podrías venir a servirnos más empanadas de cornualles? —gritó James desde la cocina.

— ¡Por supuesto, amo! —exclamó el elfo y, soltando un gruñido, salió del comedor.

Aquel domingo, la casa de los Potter estaba atiborrada de gente.

James, Louis, Lorcan y Lysander estaban en la mesa de la cocina jugando una partida de cartas muggle, bebiendo cerveza de mantequilla y consumiendo todos los alimentos que estaban guardados en la alacena; Lily había invitado a su amiga Cécille Lewis a dormir en el Valle de Godric (al día siguiente partirían a Hogwarts) y ambas conversaban animadamente en la sala de estar; Harry y Ginny estaban en su habitación, alistando las cosas que necesitaban para una junta de último momento en el Ministerio de Magia; Albus estaba en el tranquilo jardín trasero, apartado del bullicio, sentado bajo la sombra de un árbol… Con Lizza McAbee a un lado.

—No tenía idea de que hoy habría tanta gente aquí, lo siento —se disculpó él. Lizza le tomó la mano y se encogió de hombros.

—No me molesta. Los amigos de James parecen divertidos, pero… ¿De verdad te tragaste un bundimun a los seis años para que te dejaran jugar quidditch con ellos?

—Oh, no debes hacerles caso —dijo Albus, tratando de idear un castigo lo suficientemente doloroso para los cuatro muchachos que estaban riéndose en la cocina—. Son idiotas.

Lizza soltó una risita y luego suspiro.

—De todos modos, prefiero que nos quedemos aquí, en tu casa. Al menos mientras las cosas se calman un poco…

Albus rodó los ojos. Aunque traba de disimularlo, Lizza se mostraba bastante sobreprotectora con él desde que le había contado con detalle lo que sucedió en su examen de sigilo y rastreo.

—Es poco probable que Lodge y el otro sujeto ataquen de nuevo, ya te lo dije. Además, papá tiene a varios aurores siguiéndome los pasos.

—También los tenía cuando te atacaron aquel día, ¿no? Podrías facilitarles un poco el trabajo quedándote en tu casa, para empezar —dijo Lizza con severidad. Albus volvió a rodar los ojos y ella cambio rápidamente de tema para no discutir—. ¿Te das cuenta de que hace un año estábamos preparándonos para asistir a nuestro último curso en Hogwarts?

—Si —dijo Albus torciendo una sonrisa. Le encantaba la facilidad que ella tenía para distraerlo—. Es extraño no volver, ¿verdad?

—Sí, lo es. Pero, creo que lo estamos llevando bastante bien… Por ejemplo, ¿te imaginaste que en solo un año te convertirías en un guapo e inteligente estudiante de auror?

Albus soltó una carcajada.

—La verdad sí. Es lo que siempre soñé. ¿Y tú?

—No. Es decir, claro que soñaba con trabajar en el ministerio y todo eso, pero nunca creí lograrlo —Lizza torció una sonrisa—. Hace un año yo era solo una muchachita poco brillante de Hufflepuff que no tenía ninguna oportunidad con el codiciado Albus Potter.

—Oh, no digas eso.

—Es la verdad. Todos te querían.

—Solo por ser un Potter —soltó Albus amargamente.

Lizza torció la boca y lo miró a los ojos. Albus creyó que iba a disculparse, como siempre lo hacía cuando hablaba de más, pero en vez de eso, se acercó a él.

—Eso no es cierto —murmuró cuando estuvo a solo unos centímetros de su boca—. Si tan solo supieras lo mucho que vales…

Albus iba a replicar, pero entonces Lizza lo besó con tanta intensidad que por un momento el mundo quedó reducido a ellos dos nada más. Lo único que le preocupaba era ella, su boca, sus suspiros, sus mejillas estremeciéndose ante el contacto de sus manos…

Y justo cuando creía que aquel momento era perfecto, Albus vio de reojo una fina línea atravesando su mano derecha.

— ¿Sucede algo? —preguntó Lizza cuando el muchacho se apartó bruscamente de su lado.

—Nada —dijo él intentando borrar de su mente cualquier pensamiento relacionado con esa cicatriz.

—Estás preocupado —entrecerró los ojos y luego le estrechó la mano—. No te angusties por Benjamin Lodge. Mientras te quedes en casa no podrá hacerte nada. Y estoy segura que Rose y Scorpius también están a salvo…

—Lo sé —dijo Albus desviando la vista.

Seguramente Lizza notó que el muchacho le ocultaba algo, pero por alguna razón no insistió en que se lo contara. Sonrió con tranquilidad y luego le besó la mejilla.

— ¿Quieres ir a robarle a James empanadas de cornualles?

Albus sonrió y asintió, maravillándose una vez más de sus habilidades de distracción.

En la cocina encontraron a Harry y a Ginny hablando con los demás sobre las normas que debían seguir mientras estuvieran solos en casa. Albus miró a su padre y éste le sonrió, sin embargo, había algo extraño en su mirada… Parecía inquieto, casi nervioso.

—… y si llegó a encontrar alguna botella de whisky de fuego vacía cuando regrese… —decía Ginny.

— ¿Enserio guardas whisky de fuego aquí, tía? —preguntó Louis con los ojos brillantes.

—Solo está jugando —dijo James mirando a su madre con precaución—. Nosotros seríamos incapaces de hacer algo así. No habrá ningún problema, lo juro.

—Dijo exactamente lo mismo antes de inundar el garaje del abuelo —comentó Lily desdeñosamente—. Yo no confiaría en ellos, mamá.

— ¡Cierra la boca, enana! —gruñó Lorcan.

—Sí, ¿qué no te enseñaron a respetar a tus mayores? —dijo Lysander torciendo una sonrisa curiosa, como si estuviese disfrutando de un chiste propio.

— ¿Y a ti no te enseñaron a abrir la boca sin decir estupideces?

— ¡Bueno, ya basta! —exclamó Ginny rodando los ojos—. ¿Es que siempre tienen que estarse peleando?

— ¡Oh, casi lo olvido! —dijo Lily pegándose en la frente—. Cécille olvidó algunas cosas en su casa y tenemos que ir por ellas, ¿verdad?

Dirigió la vista hacia el otro extremo de la cocina, donde había una muchacha de cabello castaño, ojos pequeños y nariz puntiaguda que hasta el momento había permanecido callada. Estaba tan apartada de los demás que a Albus le parecía que incluso trataba de ocultarse detrás del refrigerador.

—Si —dijo en voz baja y rápidamente agachó la cabeza.

En ese momento, las pequeñas llamas que brotaban de la chimenea se tornaron verdes y se engrandecieron. Rose Weasley salió despedida hacia la sala de estar y luego asomó la cabeza por la puerta de la cocina.

—Hola —dijo. Albus procuró mirar hacia otro lado—. Lamento interrumpir…

—No, no, no —dijo Ginny sonriéndole a su sobrina—. Me alegra que hayas llegado, así alguien podrá mantener el orden mientras no estamos.

— ¿Y tus padres, Rosie? —preguntó Harry.

—Salieron. Mamá dijo algo sobre una emergencia en el ministerio…

—Ya están ahí, entonces. No te preocupes —dijo Ginny mirando a su esposo con seriedad. Suspiró y arqueó las cejas—. James, estás a cargo. Por favor no hagas que me arrepienta de esa decisión. Pueden pedir algo para cenar, ¿está bien? Traten bien a Kreacher y no quiero que hagan demasiado escándalo, los muggles que viven enfrente nos odian desde la vez que rompieron su ventana con una bludger.

Ambos adultos se despidieron de todos los demás y caminaron juntos hasta la chimenea. Antes de que el fuego esmeralda los envolviera, Albus alcanzó a ver que su padre lo miraba de reojo, preocupado.

— ¡Que comience la fiesta, entonces! —exclamó Lorcan alzando los brazos—. Podemos enviarles una lechuza a las hermanas que encontramos en La Bruja Jorobada aquella noche…

—No vas a meter a chicas vulgares en mi casa —le advirtió Lily cruzándose de brazos.

— ¿Quién te dijo que eran vulgares? —preguntó Louis sacudiéndose el cabello rubio—. La verdad, eran bastante guapas. La que estaba contigo, Lysander… ¿Taylor? Tenía unas piernas preciosas…

—Ella no estaba conmigo —dijo Lysander rápidamente. Por alguna razón se encogió en su asiento y agachó la cabeza.

— ¡A mí no me interesa la clase de piernas que tenía esa…!

—No meterán a nadie aquí, Lily —la tranquilizó Albus—. James se arriesgaría a que su querida Alice se enfadara con él.

Su hermano mayor masculló algo que sonó como a "idiota", mientras todos los demás estallaban en carcajadas. Lorcan le dio un trago a su cerveza de mantequilla y sonrió de lado.

—Entonces, me veo obligado a trabajar con lo que hay aquí —miró a su alrededor y torció una sonrisa—. ¿Tú te llamas Cécille, cierto? ¿Cómo estás?

La amiga de Lily se sonrojó tanto que su piel adquirió un color parecido al del cabello de Rose.

—Pierdes tu tiempo, Lorcan —dijo Lily caminando hasta donde estaba Cécille—. Ella solo tiene ojos para Hugo.

— ¡Oh, Lily, por favor! —exclamó angustiada.

—No te preocupes, nadie dirá nada y Rose no es celosa —dijo Lily encogiéndose de hombros—. ¡Anda, vamos! Debemos recoger las cosas que olvidaste en tu casa antes de que se haga más tarde.

—Sí, claro —masculló James arqueando las cejas.

Lily se detuvo al margen de la puerta y puso los brazos en jarras, mientras su amiga desviaba la vista, nerviosa.

—Cécille, ¿podrías por favor decirle a mi hermano que es verdad que he estado visitando tu casa durante todo el verano? Así tal vez dejé de hacer comentarios estúpidos.

—Sí, bueno… Es cierto —balbuceó la muchacha—. Lily ha ido a visitarme varias veces…

— ¿Ya oíste? Así que deja de insinuar cosas sobre mí, ¿de acuerdo? Me tienes bastante harta, James

Tiró del brazo de su amiga hasta sacarla de la cocina y un segundo después, ambas fueron devoradas por las llamas de la chimenea. James lanzó una mirada recelosa hacia el punto por donde Lily había desaparecido y luego, después de un largo suspiro, se sumió de nuevo en el juego de cartas muggle con sus amigos. Albus estaba a punto de salir nuevamente al jardín junto con Lizza cuando Rose se plantó frente a ellos, bloqueándoles el paso.

— ¿Podemos hablar?

—Tal vez después —dijo Albus sin mirarla a la cara—. Lizza y yo pensábamos ir al Callejón Diagon a comprar unas cosas.

—No es verdad —replicó Lizza torciendo una sonrisa—. Puedes hablar con Rose, no te preocupes. Yo me quedaré aquí a ver quién gana la partida de cartas y a comer más empanadas. Están realmente deliciosas, ¿no crees?

Albus la miró con fastidio y sin decir nada más caminó hacia las escaleras. Escuchó que Rose iba detrás de él mientras subían y al abrir la puerta de su habitación, pudo notar una ligera mueca de enfado en el rostro de su prima.

— ¿Puedes decirme por qué demonios estás evitándome? —preguntó ella cuando Albus hubo cerrado la puerta.

—No sé de qué estás hablando.

— ¡Te he enviado como doscientas lechuzas y no me respondes!

—Vives al otro lado de la calle, ¿no? Si tanto te urgía hablar conmigo pudiste simplemente venir. No te estoy evitando, Rose —dijo Albus dejándose caer en la cama.

—Bien —la muchacha soltó un resoplido, cómo intentando calmarse—. Entonces hablemos sobre el Aurea Pergamena.

— ¿Sabes qué? Pensándolo bien, si estoy evitándote…

— ¡Albus! ¿Por qué no puedes simplemente aceptar el hecho de que…?

—No quiero hablar de eso, ¿está bien? —dijo Albus poniendo los ojos en blanco—. Es una completa estupidez, así que deja de mencionarlo.

Rose cruzó los brazos y bufó, mordiéndose la lengua para no decir lo que realmente estaba pensando. Luego de unos segundos de silencio, no pudo contenerse más y masculló:

—Malfoy también piensa que tú tocaste la daga.

Albus abrió la boca y alzó las cejas… ¿Scorpius y Rose realmente habían estado hablando sobre todo ese asunto a sus espaldas? ¿Desde cuándo se dirigían la palabra si él no estaba presente? Se levantó de la cama, completamente indignado.

—Escucha —pidió Rose—. Nos has contado que frecuentemente sueñas con ese día, ¿no? Además, recuerdas todo a la perfección. Malfoy y yo pensamos que tienes una especie de conexión con lo que pasó….

—No me interesan las teorías que tienen tú y tu nuevo mejor amigo —dijo Albus amargamente—. Y la verdad es que me extraña que precisamente tú te dejes influenciar por una leyenda. ¿Desde cuándo confías en hechos que no son verídicos y cien por ciento confiables?

—No es una leyenda, lo leí en uno de los pergaminos de la biblioteca de Alejandría —repuso Rose volviendo a bufar. Como Albus no le hizo caso, cambió el tono de su voz y se acercó un poco—. Sé que es difícil de creer, pero… Bueno, recuerdas bastante bien aquella noche en el Bosque Prohibido, ¿no? Nos contaste a mí y a Malfoy tus sospechas sobre Benjamin Lodge, tenías menos pruebas que yo ahora y aun así, acepté acompañarte.

—Nadie te pidió que…

—Lo sé —dijo Rose intentando mantener la calma—. Pero, confié en ti. Siempre lo hecho. Ahora te pido que tú hagas lo mismo.

Albus se pasó una mano por el cabello, frustrado. Había intentado inútilmente no darle importancia a aquel asunto y convencerse a sí mismo de que la historia de Merlín y su libro de hechizos eran solo cuentos… Sin embargo, aún estaba el hecho de que Benjamin Lodge y su acompañante misterioso estaban buscándolo solamente a él, ¿sería para vengarse? De ser así, también habrían ido por Rose y Scorpius, ¿no? ¿O sería por algo más? Tal vez ellos querían matarlo porque realmente había tocado la daga, porque únicamente él podía controlar los poderes de Merlín…

—Solo te pido una cosa: Habla con tu padre, Al —dijo Rose tomándolo por sorpresa.

— ¿Eh?

— ¡Sí! ¡Dile al tío Harry todo lo que yo te conté! Así, no importa si es mentira o no, él lo sabrá —Rose soltó un suspiro—. Solo hazlo para que yo me quede más tranquila, ¿de acuerdo?

Albus asintió. Rose abrió la puerta y sonrió.

—Ahora bajemos. No querrás dejar a Lizza sola mucho tiempo con James, Louis y los gemelos, ¿verdad?


Lord Voldemort.

Albus cayó de rodillas en el suelo del Bosque Prohibido.

A su alrededor había mucha gente, todos vestidos con túnicas negras. Hagrid estaba cautivo, atado al tronco de un árbol y una enorme serpiente flotaba dentro de una especie de jaula, justo detrás de un hombre…

Albus lo reconoció al instante. Tenía la piel blanca, los ojos rojos y las manos excesivamente delgadas. Un repentino escalofrío le recorrió todo el cuerpo; sentía mucho miedo, pero a la vez estaba admirado por las miradas de temor y respeto que todos le dirigían.

Entonces, Harry Potter (mucho más joven a cómo Albus lo conocía) apareció en el bosque y se acercó a Voldemort con tranquilidad. Un rayo de luz verde iluminó todo el lugar y un segundo después, Albus se aterró al ver cómo su padre caía al suelo… Muerto.

Gritó, pero nadie lo escuchó. Entonces alguien soltó una risa macabra y Albus se dio cuenta de que no era Voldemort el que había asesinado a su padre… Era el hombre del medallón que acompañaba a Benjamin Lodge. Aquel desconocido aún tenía puesto el manto negro que cubría su rostro y en sus manos sostenía la daga dorada…

Despertó sobresaltado.

Joey chilló dentro de su jaula, agitando sus enormes alas y Albus dio un brinco, aun recostado en su cama. Las manos le temblaban y la cabeza le daba vueltas.

—No pasa nada, Joey —dijo, intentando tranquilizarse a sí mismo—. Fue solo una pesadilla.

Se levantó de la cama, decidido a alejar de su mente aquellas horribles imágenes… Su padre no estaba muerto, estaba bien. ¿Cómo era posible que ese recuerdo siguiera provocándole tanto temor?

Había visto por primera vez el rostro de Lord Voldemort a los once años, en las primeras vacaciones invernales de Hogwarts, cuando había entrado al despacho de su padre sin permiso y sacado el pensadero que guardaba en aquel mueble prohibido. Claro que Harry lo había sacado del recuerdo en cuanto se percató de lo que estaba sucediendo, pero aun así Albus ya había presenciado su muerte… Fue la primera y única vez en la que padre e hijo habían discutido realmente. Lo recordaba bien.

Sin embargo, la otra parte del sueño (esa donde aparecía el hombre del medallón y la daga) no tenía nada que ver con el pensadero... Todo era culpa de Rose por meterle esas historias en la cabeza.

Como alguna vez había escuchado a la abuela Molly decir que un vaso de leche tibia ayudaba a conciliar el sueño, Albus se calzó las sandalias y bajó a la cocina.

Las manos dejaron de temblarle solo después de tomar el tercer vaso de leche. Un poco más tranquilo, tomó una galleta del frasco que su madre solía dejar sobre la mesita de centro y se dirigió a su habitación nuevamente. Sin embargo, cuando estaba a punto de subir las escaleras, se detuvo.

La puerta del despacho de su padre estaba entreabierta y por ella, Albus podía escuchar una voz masculina que le resultaba familiar de algún lado.

—… tal vez no estén buscando a alguien con mi perfil, ¿por qué estás tan seguro de qué podré entrar?

—Tarde o temprano te buscaran, lo sé —dijo Harry Potter con tono autoritario. Albus se acercó un poco—. Y cuando eso pase, debes cumplir con el trato que acordamos. Las cosas cada vez están peor y…

— ¿Aun no confías en mí, Potter? —dijo el otro hombre, cómo burlándose—. Sabes que lo haré mientras tú mantengas tu promesa…

—Eso hago.

—Bien. Entonces, supongo que si no tienes nada más que decir, puedo irme a descansar.

Se escuchó el ruido que hacían las llamas de la chimenea al apagarse y Albus comprendió que su padre había estado hablando con ese hombre por la red flú. Apenas iba a subir nuevamente las escaleras cuando Harry salió de su despacho, casi chocando contra él.

— ¡Albus! —exclamó sorprendido—. ¿Qué estas…?

—Yo… hum… No podía dormir —balbuceó Albus, pensando que la frase "tuve una pesadilla" sonaba demasiado infantil. Miró el reloj que estaba en la sala de estar y arqueó las cejas—. ¿Acabas de llegar?

—Sí, la junta en el ministerio se extendió más de lo planeado —respondió Harry rápidamente—. ¿Cómo estuvieron las cosas por aquí?

—Bastante tranquilas, en realidad. Lysander tuvo que ir a su trabajo un rato, así que el escuadrón de James quedó incompleto. Lily y su amiga también salieron, fueron por las cosas que olvidaron y en cuanto volvieron se encerraron en su habitación. Lorcan se quedó dormido antes de que dieran las once…

— ¿Y Lizza?

—Se fue con Rose cómo a las ocho—dijo Albus desviando la vista.

—Parece que todo va bien entre ustedes —comentó Harry esbozando una sonrisa.

—Sí, bueno… Me agrada bastante —confesó Albus y como estaba sintiendo enrojecer sus mejillas, cambió de tema—. ¿Por qué tardó tanto la junta?

Harry lo miró por unos instantes y luego suspiro, cómo resignado.

—Supongo que El Profeta no tarda en publicarlo, así que… —se quitó las gafas y se frotó los ojos, cansado—. Se ha establecido nuevamente la Comisión de Registro de Hijos de Muggles. Miranda Savage, la mujer que trabaja para tu tía Hermione en el ministerio, consiguió que los miembros del Wizengamot aprobaran la propuesta.

— ¿Qué? Eso no es…

—Ya está hecho —afirmó Harry—. No solo los hijos de muggles deben responder a la propuesta, sino cualquiera que tenga algún familiar no mágico en su árbol genealógico.

— ¿Quiere decir que nosotros también…?

—Oh, no te preocupes —dijo Harry apresuradamente, arrepentido por la inquietud que había provocado en su hijo—. Aun no se conoce nada sobre el procedimiento y se supone que el único propósito es conocer el porcentaje de población con sangre muggle…

—Pero tú no lo crees así, ¿verdad? —preguntó Albus perspicazmente.

Harry se mordió el labio y desvió la vista. Tenía el mismo gesto nervioso que Albus le había visto en la mañana. Volvió a acomodarse las gafas y luego intentó esbozar una sonrisa tranquila.

—No importa, Al. Tú no tienes por qué preocuparte.

Lejos de tranquilizarse, Albus experimentó una ligera punzada de irritación al oír aquellas palabras… ¿"No tenía por qué preocuparse"? ¿Por qué su padre insistía en alejarlo de los conflictos que le incumbían a todo el mundo mágico? ¿Por qué esa necesidad de excluirlo, de hacerlo menos?

— ¿Hay algo más, Al? —preguntó Harry mirándolo con atención.

—Ahora que lo mencionas… —Albus alejó aquellos molestos pensamientos de su mente y suspiró—. Quería hablar contigo sobre algo… Bueno, no sé si sea importante o no…

Harry guardó silencio, invitándolo a seguir hablando. Albus volvió a suspirar mientras se sentaba en las escaleras.

—Prometiste que me contarías todo lo que averiguaras sobre el caso de Benjamin Lodge, ¿verdad? —Harry asintió, endureciendo el gesto—. Entonces, creo que es justo que yo haga lo mismo. Verás, Rose me contó algo que descubrió mientras estaba en la biblioteca de Alejandría: la historia de Merlín y su… Bueno, su libro de hechizos. Según ella, Merlín tenía varios conjuros de su propia invención ahí, pero cómo sabía que Vivian iba a traicionarlo, decidió ocultar las partes de aquel libro por todo el mundo y además, guardar sus poderes en él…

— ¿Dices que Merlín escondió sus poderes en un libro? —preguntó Harry arqueando las cejas.

Albus suspiró. Aquello se escuchaba aún más estúpido cuando lo decía en voz alta.

—Eso fue lo que Rose dijo —se justificó—. Y también mencionó algo sobre un objeto que permitía controlarlo. Solo la persona que tocara ese objeto después de la muerte de su anterior propietario, podía utilizar el libro de Merlín. Según Rose, aquel método era muy habitual en los magos de esa época…

—Lo sé —dijo Harry y sus ojos se ensombrecieron ante un recuerdo que Albus desconocía—. Pero, no entiendo que tiene que ver todo esto con Benjamin Lodge.

—Rose piensa que el objeto que creó Merlín para controlar su libro de hechizos es la daga que Lodge se robó de Hogwarts hace seis años.

Harry pareció sorprenderse. Se sentó al lado de Albus y frunció el ceño.

— ¿Y Rose piensa que ahora Lodge es el único que puede controlar ese libro?

—En realidad, ella cree que soy yo —explicó Albus alzando la palma de su mano derecha. Harry abrió los ojos como platos—. ¡Es una estupidez! Pero, ella piensa que esta cicatriz me la hice al tocar la daga y asegura que esa noche Lodge pronunció un hechizo que decía algo sobre Merlín y sus poderes…

Harry se quedó callado, aun con el ceño fruncido. Finalmente, luego de unos segundos de silencio que a Albus se le hicieron eternos, preguntó:

— ¿Tú crees que sea cierto?

—Bueno, no lo sé —confesó Albus encogiéndose de hombros—. Hum… Parece una historia bastante estúpida, si me lo preguntas. Y aunque fuera verdad, ni siquiera estoy seguro de haber tocado la daga aquella noche… Sin embargo, no creo que Lodge y su compañero busquen vengarse únicamente.

—No podemos saber las verdaderas intenciones de Lodge, es cierto —admitió Harry mientras le robaba a Albus un trozo de galleta—. Pero, tampoco confió demasiado en la historia que te contó Rose. Hay muchos cabos sueltos…

—Solo quería que estuvieras enterado, es todo —dijo Albus sintiéndose de pronto más tranquilo y somnoliento—. Además, aunque la historia fuera cierta, ellos no pueden hacer nada, ¿verdad? La daga está a salvo en el ministerio.

—Así es —dijo Harry agachando la mirada—. Aun así buscaré más información, ¿de acuerdo? Gracias por contármelo, Al. Ahora, creo que es mejor que te vayas a dormir. Si tu madre se da cuenta de que aun estás despierto…

—Hasta mañana, papá —dijo Albus esbozando una sonrisa antes de levantarse y subir las escaleras.


El Ministerio de Magia tuvo otra emergencia a la mañana siguiente, así que Harry y Ginny despertaron a sus hijos y a sus demás huéspedes muy temprano. Lily y su amiga Cécille tenían que estar en el andé las once en punto, y al ver que sus padres iban a estar demasiado ocupados, Albus se ofreció a acompañarlas a Kings Cross.

—No tienes por qué molestarte, cielo —le decía Ginny mientras se calzaba los zapatos apresuradamente, sentada en la sala de estar—. James puede llevarlas.

—Sí, seguramente al entrenador del Puddlemere United no le importara que James llegue tarde otra vez —dijo Albus rodando los ojos, consciente de que su madre intentaba evitar que se expusiera a algún peligro—. No hay problema, de verdad. La profesora Carter está enferma, así que no tendremos la primera clase.

—No lo sé, Al…

— ¡Venga, mamá! ¡Estaremos en Kings Cross! —exclamó Albus, un poco harto del instinto sobreprotector que todos parecían tener hacia él—. Habrá cientos de magos y si quieres, puedo decirle a Scorpius que me acompañe.

Finalmente, Ginny Potter aceptó la idea y después de desayunar, todos partieron a sus respectivas ocupaciones mientras Albus ayudaba a Lily y a Cécille a empacar las últimas cosas en sus baúles.

Scorpius llegó al pueblo a las diez treinta (Albus le había avisado por red flú) y apenas entró en la casa, se dejó caer en el sofá con pesadez.

— ¡Eres mi salvador! Estaba buscando un pretexto para salir de mi casa más temprano y fuiste la excusa perfecta —Scorpius sonrió de lado—. ¿Te había dicho ya que eres el mejor de los amigos?

— ¿Por qué querías salir de tu casa más temprano? —preguntó Albus confundido, olvidándose por un momento de qué estaba muy molesto con él por hablarse con Rose a sus espaldas.

—Porque no me gusta estar en la "prestigiosa mansión Malfoy" más tiempo del necesario —dijo Scorpius despreocupadamente—. Además, mis padres estaban discutiendo y sinceramente, eso me fastidia bastante.

— ¿Discutiendo?

—Si —Scorpius miró hacia ambos lados, para revisar si estaban solos—. ¿No te había dicho que últimamente mi padre está comportándose algo extraño? Casi no lo he visto por la casa, Al. Creo que anda metido en algo…

— ¡Scorpius Hyperion Malfoy! ¿Cómo te atreves a pararte en esta casa sin saludarme antes? —exclamó Lily fingiéndose indignada mientras bajaba las escaleras seguida de Cécille.

— ¡Oh, mil disculpas, Lily! —dijo el muchacho torciendo una sonrisa. Se levantó del sofá y cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, le besó la mano—. ¿Puedo compensártelo de alguna manera?

—Bueno, puedes cargar mi baúl —dijo Lily soltando una ligera carcajada. Scorpius también se rio.

—Está bien. Lo haré si eso consigue impresionarte, preciosa.

—Cuidado, Malfoy —le advirtió Albus arqueando las cejas—. Si sigues jugando así con ella, todos los hombres de mi familia terminaran golpeándote en lugares que, créeme, no quieres que te golpeen.

Todos se rieron, incluso Cécille (que cómo de costumbre se encontraba en un rincón, apartada de los demás) y luego los cuatro salieron de la casa y se desaparecieron para llegar a la estación de Kings Cross.

Albus sintió un poco de nostalgia cuando atravesaron el muro que había entre los andenes 9 y 10. Se sentía extraño al estar ahí, consciente de que nunca más volvería a tomar clases en Hogwarts. De pronto se acordó de lo que le había dicho Lizza el día anterior, sobre cómo había cambiado su vida durante todo ese tiempo.

Suspiró.

Había hablado con ella esa misma mañana para avisarle que debía acompañar a Lily a la estación y que no podría verla hasta en la tarde. Tal vez se estaba volviendo algo paranoico, pero la había notado algo rara. Quizás, pensó Albus, estaba un poco molesta porque él no le había contado aun la razón de su preocupación…

— ¿Me estas escuchando? —le preguntó Lily, chasqueando los dedos para llamar su atención.

—Por supuesto —dijo Albus sacudiendo la cabeza—. ¿Dónde está Scorpius?

— ¡De verdad te tienen hechizado, Al! —Lily rodó los ojos—. Está ayudándole a Cécille a subir los baúles. Te estaba diciendo que los aurores que papá manda para cuidarte, no son muy discretos, después de todo.

Señaló a un par de hombres corpulentos que intentaban, con poco éxito, mezclarse entre la multitud de niños que se amontonaban para subir al tren. Albus se dio cuenta de que no le quitaban el ojo de encima.

—Es un fastidio.

—Bueno, cuando atrapen a Lodge podrás volver a pasearte libremente sin que esos tipos estén mirando cómo te besuqueas con Lizza —dijo Lily sonriendo.

—Cierra la boca —gruñó Albus—. Al menos yo no me escondo para besuquearme con alguien.

— ¡Oh, no! ¿Tú también vas a empezar con eso? No dejes que el idiota de James te meta ideas en la cabeza, Al.

—Sabes que yo no me molestaría si de verdad sales con alguien, ¿verdad?

— ¡Oh, por favor! Cuando estaba con Alan Wood todo el mundo enloqueció y James lo tiró de la escoba en un partido de quidditch…

—James es idiota —dijo Albus sonriendo ante el recuerdo. La verdad es que él también lo habría hecho si hubiera tenido la oportunidad, pero su hermano mayor se le había adelantado—. Yo creo que puedes salir con quien tú quieras, Lily.

— ¿Y si quién yo quiero fuera alguien cercano a nosotros? ¿Aun así pensarías eso? —preguntó ella mordiéndose el labio.

—No me importaría que… ¡Espera! ¿No es Scorpius, verdad?

— ¡Por supuesto que no! —exclamó Lily soltando una carcajada. Alzó las cejas y torció una sonrisa maliciosa—. Yo sé que Scorpius terminará siendo parte de la familia tarde o temprano, pero no será por mí.

Albus la miró confundido. Iba a preguntarle por qué decía aquello cuando se percató de que los dos aurores que intentaban vigilarlo sin ser descubiertos, no estaban por ningún lado.

— ¿Dónde…?

Pero entonces, un tremendo estallido ahogó sus palabras y Albus salió despedido a varios metros de distancia. Cayó de bruces contra el suelo y sacó su varita rápidamente, pero el espeso humo negro que se expandía a su alrededor lo cegaba por completo.

—Suelta eso, Potter.

Reconoció esa voz, aunque solo la había escuchado una vez en toda su vida. Le lanzó un hechizo al acompañante de Lodge, pero supo que no había acertado cuando lo escuchó reírse a carcajadas, exactamente igual a cómo lo había hecho en su sueño…

—Por favor, Potter. Estamos perdiendo el tiempo.

— ¡Sal de ahí entonces! —bramó Albus intentando mantener la compostura y no demostrar lo atemorizado que se sentía.

El hombre obedeció. Salió de la nada, vestido con el manto negro que cubría su rostro y con el medallón que Albus recordaba colgándole del cuello.

—Me alegra volver a verte, muchacho —dijo esbozando una sonrisa.

Entonces, aparecieron otras personas en medio del humo. Se formaron a su alrededor, igual que fantasmas en medio de la noche y todos estaban apuntándole con sus varitas… Todos, excepto Benjamin Lodge que se encontraba sujetando fuertemente a Lily, presionando contra su cuello una daga…

La misma daga dorada que, Albus creía, estaba a salvo en el ministerio de magia.


¡Hola! Lo sé, no tengo perdón de nadie, pero este capítulo de verdad me costó trabajo. Las buenas noticias son que espero que en las vacaciones ya pueda escribir más seguido. En capítulos anteriores mencioné que Albus había sacado el pensadero de su padre una vez, pues aquí esta lo que vio. Esto en realidad es un oneshot que escribí hace tiempo titulado "pesadilla", habla sobre cómo Albus entró al despacho y bueno, lo que describo en este capítulo.

Gracias una vez más a todos los que dejaron review en el capítulo anterior... y a los que no dejaron y si lo leyeron, un rayo les caerá encima... ¡Plis, reviews! Ayudan a la salud mental del escritor :D

Hablando de reviews, ignoren uno que es... si, mío... Lo que sucedió es que estaba platicando con una amiga y nos surgió la duda de si nos llegaban reviews aunque los mandáramos nosotras y yo dije que no y pues... Si, apareció.

En fin, ¡Reviews plis!