Hola... Heme aquí otra vez!!! Cómo han estado? Pasaron un buen fin de semana? Espero que si. Yo a ful con la facultad, y las lecturas y todo... Pero no me he olvidado de ustedes...

Esta es una adaptación, el nombre de la novela es UN DISFRAZ PARA UNA DAMAde Josephine Lys. Así que sin dar más vueltas y detalles de mi vida aquí les dejo el capítulo 7 .

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Capítulo 7

La cena había transcurrido sin pena ni gloria entre un soporífero discurso de la señora Fairbank sobre las cualidades de su hijo Eric y la falsa modestia de este ante los halagos de su madre.

Shaoran se había mordido más de una vez la lengua para no decir lo que pensaba realmente de ese malcriado. Generalmente no prestaba atención a esas tonterías, pero esa noche había sido diferente. A lo largo de los años había adquirido el don de mantenerse impasible ante todo aquello que no consideraba importante, deslizándose entre la sociedad con una naturalidad pasmosa. La indiferencia ante sus juegos era bien conocida entre sus colegas y conocidos, lo que le valía las críticas de unos y los halagos de otros. A él realmente le daba igual. Sin embargo, esa noche el hijo de la señora Fairbank le había parecido más insoportable que nunca. Un vividor engreído que disfrutaba ridiculizando a otros. Había que admitir que era hábil para hacerlo, ya que nunca traspasaba el límite de lo correcto.

Después de que se hubieran ido los Fairbank, todos se habían retirado a dormir, menos él, que se sentía algo inquieto. La copa de coñac que tenía entre las manos no lo había calmado lo suficiente como para retirarse a descansar. Decidió subir a ver a su hermano, que sin duda se sentiría más inquieto que él. Apenas habían hablado desde la noche anterior. Esa misma mañana le había hecho una corta visita para informarle de la llegada de la institutriz. Sus ojos llenos de interrogantes se prepararon para obtener respuestas, pero él lo dejó con las ganas al decirle que en ese momento no tenía tiempo para sus habladurías, el rugido que escuchó desde fuera de la habitación había dejado claro que a Eriol no le había hecho gracia el comentario.

—Buenas noches —le dijo mientras entraba a la habitación.

—Conque ahora sí tienes tiempo, ¿eh?, pues resulta que estoy cansado y deseo dormir.

—No te hagas el ofendido. Sé que estás aburrido y deseando verme para que te cuente qué tal va todo.

—A veces te odio, ¿sabes?

—Sí —le dijo Shaoran con una sonrisa que dejaba ver sus perfectos dientes blancos.

—Bueno, pues cuenta.

Shaoran se quedó callado con una picara mirada que dejaba claro que se estaba divirtiendo.

—Te lo pasas bien haciéndome sufrir, ¿verdad? ¿Vas a hacer que te suplique?

—Bueno, pensándolo bien...

Eriol le pegó un manotazo en el brazo izquierdo que hizo soltar un aullido a Shaoran.

—Eso te pasa por ser un imbécil.

Shaoran soltó una carcajada. Su hermano se estaba recuperando a pasos agigantados y no había nada que lo hiciera sentirse tan bien como eso.

—Y ahora en serio, cuéntame qué tal va todo. Estas mujeres me tienen incomunicado. Dicen que tengo que estar tranquilo para que mi recuperación sea satisfactoria. Y yo digo que una cosa es estar tranquilo y otra estar muerto.

—Sí, en eso te doy la razón. Y no te digo más, ahora que han encontrado a otra aliada. Estamos rodeados de mujeres mandonas y sabelotodo.

—Te encuentro algo alterado. Eso es algo refrescante.

—No te aproveches, que sabes que no puedo darte tu merecido estando convaleciente.

—Algo bueno tendría que tener estar aquí tirado.

—¿Qué es eso de una aliada?

—La institutriz. No sé cómo lo ha hecho, pero en un día se ha metido en el bolsillo a todas las mujeres de esta casa. Tendrías que conocerla. Es una pesadilla de mujer.

—No sé por qué, pero está empezando a gustarme a mí también.

Shaoran lo miró con cara de pocos amigos.

—¿Y los niños?

—Hoy apenas los he visto, pero Tomoyo me ha dicho que Sakura ha pasado la tarde con ellos, y que yo sepa no han salido gritando.

—Bueno, eso es un avance. Umm, ¿Sakura?

—La señorita Greyson.

—¿La llamamos Sakura? —le preguntó Eriol irónicamente.

—Si la vieras, ni siquiera preguntarías eso.

—¿Por qué? ¿Es fea?

—Es una institutriz, arrogante y sabionda.

—Sí, imagino que debe ser todo un personaje para sacarte de tus casillas en tan solo unas horas. Esa mujer goza de toda mi admiración.

—Déjalo. Y tú, ¿cómo estás?

—Esto va demasiado lento hermano, pero no puedo quejarme.

—Bueno, es hora de que me vaya y te deje descansar.

—De eso nada. Saca la baraja y dame un poco de ese coñac que hay en la biblioteca, que este hermano va a darte un buen escarmiento.

—De acuerdo, pero después no me lloriquees cuando te deje limpio.

—Eso te va a costar caro.

—¿Ah, sí? ¿Como cuánto?

—Como la preciosa yegua que desde esta tarde está en las caballerizas.

—¿Qué yegua?

—Aquella que tanto deseabas, pero que Martin Henderson se rehusaba a vender.

—¿Cómo lo has conseguido?

—Le di preferencia en la compra de esos terrenos de los que quiero desprenderme.

—¿Pero por qué?

—Porque vi tu expresión cuando viste a ese caballo.

Shaoran se quedó mudo.

—No pongas esa cara. Simplemente no sabía qué regalarte por tu cumpleaños.

—Mi cumpleaños es dentro de cinco meses.

—Bueno, qué más da.

—Eriol...

—¿Es que tu hermano no puede regalarte algo sin que tengamos que hacer un análisis del tema?

Shaoran sonrió abiertamente.

—Gracias.

—No creo que digas lo mismo cuando acabe contigo esta noche —le dijo Eriol restándole importancia al asunto.

—De acuerdo, cuatro ojos, baraja.

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Habían trascurrido varios días desde su llegada a Cravencross, y por primera vez podía permitirse pensar que estaba a salvo. Había hecho todo lo posible para no dejar ninguna pista que pudiera llevar a los hombres de su padre hasta ella, pero nunca se podía estar totalmente segura de no haber cometido algún error. Se sentía contenta de estar allí, a pesar de que al principio pensó que era la mayor estupidez de su vida. Salvo el conde de Ashford, a quien a veces le hubiese gustado arrancarle la piel a tiras, los demás la habían aceptado como a una más, y era una sensación reconfortante cuando se estaba a una gran distancia del hogar y de las personas a las que quería y añoraba.

Los niños habían comenzado las clases y la sorprendían a cada momento. Eran inteligentes e imaginativos, y mostraban una energía desbordante.

Esa tarde habían decidido ir al lago. Desde la casa, podían verse sus cristalinas aguas, así que Amaya no puso ninguna objeción. Convencieron a Tomoyo para que los acompañara. Al principio se mostró algo reticente, pero cuando Rika se aferró a sus piernas suplicándole que los acompañara, no tuvo más remedio que acceder. Lo que no sabía era que ellos le habían dicho a la pequeña que hiciera exactamente eso. Era un truco que no fallaba. Era por su bien, porque desde que ella llegó, siempre la había visto ocupada sin tiempo alguno ni siquiera para pasear, y Sakura estaba dispuesta a arreglarlo, aunque fuera utilizando una artimaña.

—¿Echamos una carrera hasta el lago? —preguntó Sakura animada.

Tomoyo la miró con cara espantada, como si le hubiese propuesto ir desnuda al baile de la reina.

—¿Correr?

—Sí, eso que se hace poniendo un pie delante del otro con velocidad.

—Qué graciosa...

—Eso sería genial —dijo Yukito con una sonrisa en los labios.

—¿Para qué vamos a echar una carrera? —preguntó Shiori.

—En primer lugar, porque es sano hacer algo de ejercicio; en segundo lugar, porque es divertido y, por último y no menos importante, porque sería la oportunidad perfecta para darle su merecido a cierto caballerete.

Un destello pícaro asomó a los ojos de Shiori. Eso de bajarle los humos a su hermano, que pensaba que las mujeres no podían vanarle en nada, parecía haberle gustado.

—Está bien.

—Pero yo no puedo correr tan deprisa como vosotros... —dijo la pequeña Rika entre pucheros.

Sakura tornó a la niña entre sus brazos mientras le daba un sonoro beso en la mejilla.

—No te preocupes, preciosa, tú irás conmigo a caballito. ¿Estáis preparados?

—¡Sí! —dijeron todos a la vez.

—De acuerdo. Una, dos y... ¡tres!

No acabó de decir la última palabra cuando salió corriendo y sacó al menos tres cuerpos de ventaja a los demás.

Sakura pensó que la pequeña la estrangularía. Se agarraba firmemente a su cuello, pero al oír sus carcajadas le fue imposible detenerse. La primera en llegar fue Shiori, que no ocultaba su alegría. Después Tomoyo y Sakura con Rika a sus espaldas. Tomoyo era todo un espectáculo. Se había recogido el vestido con las manos para así poder correr sin que la ropa le estorbara, dejando al descubierto sus blanquísimas enaguas. El pelo desordenado le caía en cascada por la espalda y daba la sensación de haber pasado por medio de una ventisca. Estaba muerta de risa, encogiéndose como una colegiala para poder amortiguar las carcajadas. El último en llegar fue Yukito, lleno de barro y escupiendo hojas secas. Sin lugar a dudas, la hilaridad de Tomoyo se debía a que había visto caer a su sobrino sin ninguna elegancia encima de un gran barrizal.

—¿Te estás riendo de mí, tía?

—No cariño, qué va —le contestó Tomoyo mientras se apretaba las costillas ante un nuevo ataque de risa.

—¡No tiene gracia! Y además no es justo. Me he caído en mitad de la carrera y usted, señorita Greyson, ha hecho trampas.

—Yo siento que no estuvieras preparado —le dijo, también incapaz de aguantar la risa que le producía el aspecto del niño.

—Buff..., mujeres —contestó Yukito mientras se alejaba hacia la orilla para quitarse parte de la suciedad.

Sus hermanas fueron con el sin dejar de bromear a su costa. Yukito se hacía el ofendido, pero Sakura había visto asomar una sonrisa de sus labios cuando vio a sus hermanas y a su tía reír.

Mientras, Tomoyo y ella intentaban recomponer en algo su atuendo, ya que parecían cualquier cosa menos dos damas.

—Hay que ver las ideas que se te ocurren, Sakura.

—Sí, mi tía siempre me decía que no sabía cómo podía meterme en tantos líos.

Tomoyo la miró fijamente como si quisiera descifrar algún acertijo.

—La verdad es que no das ese aspecto.

—¿Cuál? ¿El de una institutriz loca de atar?

—No, el de una mujer imaginativa y poco convencional.

—Lo que yo te he dicho.

Tomoyo sonrió abiertamente.

—¿Sabes? Tienes un don. A mí me convenciste a los dos minutos de verme y, créeme, eso es un milagro. No sé cómo lo haces, pero creas una sensación de seguridad y confianza difícil de ignorar.

Sakura se sintió como una impostora. No es que no fuera sincera en su trato con ellos, sino que no era la persona que fingía ser. Los estaba engañando, y en ese momento deseó con toda su alma no tener que seguir haciéndolo.

—La risa se echaba de menos en esta casa. Es maravilloso volver a verlos sonreír —le dijo Tomoyo mirando a sus sobrinos.

—¿Cómo está el Marqués?

—Eriol está mejor, aunque es un testarudo. A tía Amaya y a mí nos toca vigilarlo constantemente. Si por él fuera, estaría en pie haciéndose cargo de todo. Menos mal que está Shaoran con nosotros.

—Tengo ganas de conocerlo. ¿Se parece al conde de Ashford?

Tomoyo soltó una risa ante esa idea.

—No, son muy diferentes. Eriol es un hombre transparente mientras que Shaoran es una caja de sorpresas.

—¿Es una cebolla?

—¿Qué dices, Sakura?

—Que si es como una cebolla. Le quitas una capa y te encuentras con otra, y otra, y otra...

—Dios mío, si se entera de que lo has comparado con una cebolla no me gustaría estar en tu lugar.

—Pues es una de las mejores comparaciones que se me han ocurrido al pensar en él.

—¿No te agrada, verdad?

—No es eso, es que tiene la virtud de hacerme perder la paciencia.

—Pues posiblemente seas la única mujer en el mundo que piensa eso. Todas las mujeres lo adoran.

—No sé por qué, pero eso no me extraña.

—Parece que es un hombre duro y no voy a engañarte, lo es, pero tiene un gran corazón. Hay poca gente que llega a conocerlo de verdad porque suele levantar una coraza a su alrededor; sin embargo, cuando lo sorprendes con la guardia baja, por ejemplo cuando está con sus sobrinos o cuando mira a su hermano con cariño y admiración, entonces te das cuenta de que hay mucho más de lo que ves. En cuanto se enteró de que Eriol estaba enfermo, dejó todo y vino hasta aquí sin perder tiempo. Tenías que haberlo visto, estaba totalmente destrozado, sin embargo, tenía ánimos para cada uno de nosotros. Sí pasaba todo el día y toda la noche junto a su cama hasta que el médico nos dijo que lo peor había pasado. Fue la primera vez que se permitió salir de la habitación. Mucha gente pensó que no se llevaban bien por que Shaoran estuvo muchos años fuera y porque eran solo hermanos por parte de padre, pero la verdad es que han estado siempre muy unidos.

Sakura intuía que Tomoyo tenía razón. Eso no lo exculpaba ante sus ojos, porque seguía pensando que era un presuntuoso, arrogante sabelotodo, pero con mucho más para descubrir de lo que ella hubiese deseado. Había visto ternura en sus ojos al mirar a los niños y cariño al tratar a Tomoyo y Amaya. Lo sabía esconder muy bien, pero para alguien acostumbrado a disfrazarse continuamente, no era difícil reconocer otro disfraz.

—No sabía que su padre hubiese tenido dos esposas.

—Todo el mundo las conocía y las admiraba. Eran dos damas hermosas y únicas. La madre de Eriol era Amanda Wellington. Ameaya dice que era una mujer serena y elegante. Se casó muy joven con el Marqués. La madre de Shaoran era Ieran de Clare, única hija del conde de Ashford. —Tomoyo dio un suspiro antes de continuar—. Lo más maravilloso es que ambos matrimonios fueron por amor.

—¿Cómo fallecieron?

—Amanda dando a luz e Ieran de unas fiebres. Fue un duro golpe para ambos, porque Ieran los había criado a los dos. Cuando ocurrió, Eriol tenía 15 años.

—Entonces Shaoran era solo un niño.

—Sí. Por eso cuando Eriol se puso enfermo...

—Sí, me imagino.

Sakura podía hacerse una idea del miedo que debió sentir Shaoran, la posibilidad de perder a su hermano de la misma manera que a su madre. Postrado en una cama consumido por la fiebre.

—¿Estoy mejor?

Yukito sacó a ambas de sus pensamientos mientras se frotaba el mentón con la manga de su camisa.

—Cariño, no tienes arreglo —le dijo Tomoyo conteniendo la sonrisa.

—Yukito, no corras que quiero ver cómo te chorrea el barro de las orejas —gritaba Rika mientras intentaba tomarse de la mano su hermano.

—Pequeña granuja —le dijo Yukito levantándola en brazos.

El cielo empezó a oscurecerse con nubarrones que ocultaban la luz del sol. En menos de un minuto, estaban marchando camino a Cravencross.

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Qué tal? A que nuestra Sakura es una loquilla? Hacía falta un poco de humor en esa casa... Y más Shiori... Y estos hermanos? Son geniales!!... Bueno, espero lo disfruten!! Nos leemos en el sgte capítulo...