Disclaimer: Todos los personajes son de S.M, solo la trama es mía (:

Capítulo 10: Leah.

Bella's Pov.

-Estoy preparada. – Le dije decidida.

-¿Preparada? ¿Para qué? – Se separó de mí y vi que estaba sonrojado.

-No es eso que crees, Edward. – Reí y suspiró.

-¿Entonces? Has hecho que piense otra cosa. – Rió.

-Sobre mi pasado, estoy lista para contártelo.

-¿En serio? – Preguntó. – Digo… Solo dímelo si verdaderamente estás preparada. – Ofreció mientras que me cogía de mis manos.

-Edward. – Rodé los ojos. – Igual que yo he esperado para saber más de ti, creo que es justo que tú sepas algo más de mí, aparte de lo superficial. – Le sonreí.

-Aprecio tu ¿comprensión? – Sonrió y posó sus labios con los míos, los cuales separó por una causa que no logré identificar. – Er, ahí está tu padre y tiene cara de pocas pulgas. – Me comentó tragando en seco.

-No pasa nada. Seguro que algo no ha pasado como planeaba. – Le di un corto beso en los labios y lo arrastré hacia donde estaba el coche de mi padre aparcado. – Hola, papá. – Saludé alegre.

-Hola, Señor Swan. – Saludó Edward demasiado… formal.

-Hola, chicos. – Apaciguó su cara y bajó del coche. – Te he dicho miles de veces que me llames Charlie, Edward. – Le reprendió bromeando.

-Está bien, Charlie.

-¿A qué se debe tu mal humor, papá? – Pregunté al ver que iba hacia el interior de la casa seguidos por nosotros dos.

-Sue. No tengo ni idea de cómo pedirle… ejem… esto es mejor que lo hablemos en una cena, Bella. Puedes quedarte, Edward. – Le ofreció mi padre.

-Oh, no creo que sea apropiado. – Dijo.

-Claro que sí es apropiado. Bella seguramente necesitará tu apoyo. – Dijo sonriendo amablemente.

-Está bien. Solo permitidme que vaya a mi casa a ducharme y a cambiarme de ropa, ¿sí? – Nos dijo.

-Claro, Edward. – Respondimos mi pase y yo a la vez. Él sonrió y mi padre, comprendiendo que necesitábamos nuestro espacio privado, se fue hacia el salón, dejándonos a Edward y a mí en la entrada de la casa.

-¿Crees que es algo malo? – Me preguntó Edward.

-No, no creo. Seguramente sea alguna tontería. – Le quité importancia. – Ahora, tengo que hacer muchas cosas. – Suspiré. – Después te veo.

-Por supuesto que me verás. Hasta en la sopa voy a estar. – Me atrajo hacia él y estampó de nuevo sus labios contra los míos en un dulce y apasionado beso. – Hasta luego, Bella.

-Chau. – Me despedí y me metí en el interior de mi casa. - ¿Papá? – Le llamé.

-¿Sí, cariño? – Me respondió.

-¿Qué tengo que hacer de cenar? ¿Cuánta comida? ¿Quiénes van a venir? – Pregunté en menos de cinco segundos.

-Haz lo que te apetezcas. Pues como para unas… - Empezó a murmurar para sí, contando con los dedos. - …para seis. – Me contestó al fin.

-Está bien. Voy a hacer mis ejercicios de Lengua. – Dije mientras subía a mi habitación.

Después de toda la tarde haciendo deberes y ejercicios pendientes, bajé a hacer la cocina. Antes, Charlie había subido a mi habitación y me había pedido por favor que hiciese la famosa lasaña Swan. ¡Cómo si esa lasaña fuera una novedad! Seguramente todo el pueblo la había probado y yo ni enterada. Pero bueno, es la cena de mi padre, él decide. Dejé haciéndola y subí al cuarto de baño y darme una relajante ducha. Después de estar ahí, tranquilamente, salí y me empecé a vestir con instrucciones que me había dado Alice. Sí, me había llamado (-.-). Me había dejado un vestido vaquero, que llegaba un poco por encima de las rodillas. Era un simple vestido vaquero, con botones en la parte delantera y de manga corta, con un cinturón en la cadera blanco no muy grueso. El pelo, me había dicho que lo dejase normal, como siempre. Y para mi gozo, me había dejado unos tacones marrones, muy altos. ¿Qué como dejó esto? Fácil. Obligó a Edward traer todo esto antes de poder ducharse y vestirse. Endemoniada Duende de las compras. Me había puesto un poco de sombra de ojos y un poco de brillo en los labios. Cuando estuve lista, bajé abajo para ver cómo iba la lasaña. Solamente pude apagar el horno, cuando tocaron a la puerta. Fui yo, ya que se veía claramente que mi padre no estaba por la labor de levantarse e ir a abrir la puerta. Claro que no.

-Buenas noches, Sue. – Saludé cuando abrí la puerta.

No, no, no puede ser verdad. ¡NO! ¿¡Por qué a mí, por qué!

¿Por qué tenía que venir Leah?

-Cuánto tiempo, Leah. – Le dije con una sonrisa falsa. - ¡Seth! ¡Qué alegría verte! – Le saludé mientras que avanzaba para abrazarlo.

Leah puso una mueca despectiva y se fue hacia el interior de la casa con aires de superioridad con su ultra pelo negro con una mega capa extra de grasa.

-Qué bien que te veo, Bella. – Me saludó Seth.

-Lo mismo digo. Pero no te quedes aquí, entra. – Le dije cuando vi que solo nos habíamos quedado en la calle nosotros dos.

-Claro, claro. – Me dijo.

Entramos a la casa y nos dirigimos a la sala dónde ya estaban todos acoplados. Guay, siempre tiene que ser la bonita de cara la que me quite mi asiento. ¡Genial!

¿Os habéis dado cuenta de cuánto odio a Leah?

¡No! ¡Para nada, Bella! Me respondió mi conciencia querida con sarcasmo.

Pues si no ha quedado claro, lo vuelvo a decir: ¡ODIO A LEAH!

Dejando esto a un lado, dejé que Seth se sentara en un sitio del sofá con mi padre y con Sue en el sofá de tres sitios mientras que Leah estaba en mi sillón de una plaza regalo de mi padre por navidad. Pero bueno, todo hay que dejarlo pasar, ¿no?

Me quedé de pie, mientras que todos charlaban.

-¿Y esta cena? – Preguntó con su tono irritante Leah.

-¿Todavía no te ha quedado claro? – Le respondió Seth con otra pregunta.

-Claro que no. – Dijo manoseándose su sedoso cabello.

En ese momento, se creó un silencio incómodo en la sala, y solo se escuchaba… nada. Estuvimos un tiempo así, hasta que mi querida amiga Leah me preguntó algo.

-¿Y tú no tenías a un novio, algo así como Playboy?

¡Oh, por Dios! Juro en este momento que si no fuera por Seth, me estaba abalanzando sobre ella.

¿Cómo podía decir que era un Playboy sin ni siquiera le había visto? Oh, %$%$· asquerosa. No me vuelvas a dirigir la palabra.

Sí, me digo a mí misma lo que le quisiera decir a ella. Pero como soy una cobarde, pues me lo trago para mí.

-Bien, Leah. – Me tranquilicé. – Primero, no es un Playboy. Así que no sé de donde mierda…

-Bella. – Me reprendió Charlie.

-Lo siento. – Le dije y volví con lo mío. – No sé de donde te lo has sacado. Porque que yo sepa yo soy su primera novia. No sé, verdaderamente es que no lo comprendo. ¿Quién te lo ha dicho?

-Tengo mis contactos. – Me dijo mientras que se miraba sus feas uñas amarillas.

-Uy, sí, ¿Cómo Tanya Denali o Lauren Mallory? – Le pregunté. – De esas dos no te puedes creer ni la hora. – Le dije mientras miraba el reloj.

Edward, vamos. ¿A qué hora piensas llegar? Leah iba a hablar, pero en ese momento, tocaron al timbre. ¡Gracias a Dios!

-Mira, hablando del Rey de Roma. – Le sonreí.

-Já. – Se apartó el pelo de la cara con su mano. – Veamos qué gusto tienes, Bella. – Me dijo.

-Es un chico muy simpático, aparte de que es muy guapo. Yo lo conozco, lo he visto varias veces por aquí. – Me apoyó Sue. ¡Punto para Bella!

Me levanté – no sin antes darle una sonrisa a Sue – y fui hacia la puerta. La abrí y me encontré con mi novio.

-Buenas noches. – Saludó educadamente, mientras que me acercaba y me besaba con amor.

-Hola. – Le dije riendo. – Menos mal que has llegado. Se estaba formando un silencio incómodo ahí dentro. – Suspiré.

-¿Cuál es el problema? – Me preguntó mientras que se quitaba su abrigo y me dejó ver ese cuerpo bien formado. Llevaba una camisa blanca, con pequeñas líneas marrones, las cuales hacían cuadraditos pequeños. Llevaba unos pantalones vaqueros, como si estuvieran rotos y su pelo igual de rebelde que siempre. No pude volver a besarlo de nuevo.

-El problema tiene nombre y apellido: Leah Clearwater. – Le contesté a su pregunta cuando me separé.

-Bien, veamos quién es Leah. – Me susurró. Le cogí de la mano y fui hasta el salón. – Buenas noches. – Saludó cuando llegó.

-Buenas noches, Edward. – Saludaron Sue y Charlie educadamente. Me giré hacia Leah, y vi que se había quedado boquiabierta y tuve que reprimir las carcajadas que luchaban por salir.

-Encantado, soy Seth Clearwater. – Seth se levantó y se dirigió hacia Edward y estrecharon sus manos con una sonrisa alegre.

-Un gusto, Seth. – Le respondió. Seth parecía que quería entablar una conversación con Edward, pero como su hermana siempre la tiene que cagar, le empujó y se plantó frente a Edward y lo miró de arriba abajo.

-Yo soy Leah Clearwater. Un gusto y blah, blah, blah. Si Isabella no te da lo que quieres, pregúntale donde puedes encontrarme. – Le guiñó un ojo y Edward abrió bastante los ojos.

-Eh, claro. – Dijo sarcástico mientras que se posicionaba tras de mí y colocaba sus manos en mi cintura.

Estuvimos un tiempo hablando, hasta que Seth dijo que tenía ganas de cenar.

-Pues vayamos a comer. – Dijo mi padre.

Se levantaron todos de sus sitios y fuimos a la cocina. Saqué la lasaña, la cual seguía estando caliente por el calor que desprendía el horno, y la serví en porciones iguales en los platos. Me senté junto a Edward, que a su vez estaba sentado al lado de Seth. Leah, menos mal, estaba al otro lado de Seth mientras que en su otro lado estaba su madre y en el otro mi padre. Por lo que yo estaba entre Edward y mi padre. La cena pasó rápidamente entre charlas triviales e incomodidades. ¿Y esto? Sigue teniendo nombre y apellido: Leah Clearwater. La muy… ejem… no le quitaba la vista de encima a mí novio, cosa que le incomodaba como ninguna otra cosa. Lo miraba con deseo, cosa que le repugnaba y a mí me daba… bueno, no me daba nada, porque sinceramente pensaba que era patética y sin personalidad, pero bueno, en la vida hay personas de todo tipo, ¿no? Pues Leah es una de esa gente sin personalidad que para que la acepten como amigas cambia totalmente de personalidad e incluso de vestimentas. Bueno, ya me entendéis. Después de ese desagradable momento, es decir, la cena, pasamos de nuevo al salón. Sue y mi padre se sentaron en el sofá de tres plazas con Seth mientras que Leah se sentaba en el poyete de éste y yo me sentaba en el regazo de Edward, el cual se había sentado en el mí sillón.

-Entonces, ¿Esta cena qué fin tiene? – Pregunté yo.

-Bien, allá voy. – Charlie suspiró y se levantó lentamente. – Sue, sé que llevamos poco tiempo como pareja, pero nos conocemos de toda la vida. Creo que no voy a encontrar a otra mejor para tenerte a ti, como mi acompañante para lo que me queda de vida. Sabes que esto de los discursos se me da bastante mal y sé que esto no es lo que tenía planeado ni que es lo más romántico que hayas visto en tu vida. – Vi que Sue estaba llorando cuando mi padre hincó una rodilla en el suelo y sacaba una pequeña cajita de terciopelo. – Sue, ¿Aceptarías el honor de ser mi esposa? – Vale, esto sí que no me lo esperaba. Abrió la caja antes dicha. La cual mostró un bonito anillo de compromiso.

-Sí, ¡Sí! ¡Claro que sí, Charlie! – Gritó Sue emocionada mientras que se tiraba a los brazos de mi padre.

Mi padre sacó el anillo de la caja y se puso a Sue en el correspondiente dedo. Seth se levantó y los abrazó. Leah estaba estupefacta. Y ahí fue cuando la verdad me golpeó en la cara. Si mi padre se casa con Sue, lo cual quiere decir que Seth y… Leah se vendrían a vivir aquí, en mi hábitat. La tendría que soportar durante las 24h del día durante los próximos 365 días que tiene un año. Y mi padre no se toma a la ligera el matrimonio, por lo que eso quiere decir… ¡Arg! ¡Qué asco! Tendría que vivir con ella hasta que yo me mudara y eso en mi mente no estaba planeado… todavía. No, no puede ser. Ella es odiosa y hace que saque lo peor de mí. Y encima, para el colmo de los colmos, intentará separarnos a Edward y a mí. Mi vida se vuelve un asco y todo por una simple persona que no veo desde hace años y hoy viene a mí casa con la prometida de mi padre. ¡Genial! Mi suerte es divina, maravillosa y todo lo que queráis por tener a Edward, pero tener a Leah como hermanastra, es lo peor que te puedes echar en cara. Leah, con lo envidiosa que es, seguramente me haría la vida imposible porque yo tengo un novio y todas las tonterías que existan y ella no lo tiene. Genial, fantástico, maravilloso. No, me niego.

Vi que Edward felicitaba a los nuevos prometidos. Yo me levanté, ante las miradas que esperaban expectantes mi reacción.

-Felicidades. – Les sonreí falsamente y me dirigí a mi cuarto, caminando con pasos rígidos y cuando llegué a mi cuarto, cerré la puerta furiosamente.

Me eché sobre mi cama y lágrimas de impotencia empezaron a caer por mis mejillas. Lloraba de la impotencia que tenía hacia Leah. La cual era la causante de mis lágrimas. ¿Por qué Sue tuvo que tener a los dos en vez de solamente a Seth? ¡Arg! Es que no la soporto y conociéndola como la conozco, sé que me va a hacer la vida imposible.

Escuché como la puerta de mi cuarto se abría, pero no le presté atención, solo apreté fuertemente el león de peluche con ojos saltones que un día me regaló Emmett porque decía que Edward era igualito a él. Yo solamente rodé los ojos. Los pasos se aproximaron a donde yo estaba y noté como el colchón se hundía por el peso de esa persona. Me apartó el pelo de la cara y me habló.

-Bella. – Me llamó la dulce voz de Edward. - ¿Por qué lloras? No me gusta verte llorar, y lo sabes perfectamente. – Me reprendió dulcemente. Levanté mis codos y vi esos ojos esmeraldas que tanto amaba. Me abrió los brazos y yo, sin quererlo y sin querer remediarlo, me refugié en sus brazos, olvidándome de todos los pensamientos. Estuvimos un rato así, hasta que logré calmarme. – Y ahora, ¿Me puedes explicar por qué llorabas? – Me pidió tiernamente.

-Leah. – Logré decir.

-¿Leah? – Repitió frunciendo el ceño.

-Sí, no es que no quiera que se case mi padre, es más, fui yo quien le dio la idea de que rehiciera su vida. Es que sabiendo que como es Leah no me va a dejar en paz, dándome por… eso y haciéndome la vida imposible. Y seguro, que va a intentar separarnos y y-yo no qui-quiero eso. – Le dije mientras que le veía fijamente.

-Bella. Eso no va a pasar, simplemente porque yo no quiero y tú tampoco quieres. Es fácil y simple. Tú no quieres, yo no quiero. Fácil ecuación. Hasta yo sé resolverla. – Reímos. – Y ahora, complace a tu novio con un buen beso para que le quede claro que esto ha sido una fase del pasado. – Me pidió.

-Eso sí que te lo puedo dar. – Le sonreí y pasé mis brazos por su cuello y a continuación, pegué mis labios contra los suyos, que esperaban impacientes los míos.

-.-

Después del ataque que tuve anoche, y que Edward me consolara – no en ese sentido (¬¬') – bajé y pedí disculpas por mi 'huida' Me dijeron que no pasaba nada y que los entendía. Ahora estaba en la última clase del día. Les había contado la noticia a los chicos, cosa que les alegró. A Alice y a Rose les alegró, puesto que Sue me había dicho que le dijeran a las dos que se encargaran de la boda. Respecto a la enfermedad de Rose, era un resfriado mezclado con los síntomas premenstruales, ya que a ella éstos síntomas le causan vómitos. Menos mal que no era nada grave. La clase pasó rápidamente y me fui directa al Volvo de Edward, donde milagrosamente ya me estaba esperando con Alice y Jasper.

-Hola. – Saludé.

-¡Bella, mejor amiga! – No, por favor. – Sue me acaba de llamar y me ha dicho que quiere empezar cuanto antes con la boda. Así que ahora vamos a tu casa. Y por supuesto que Jasper, Emmett y Edward también van. Así que no te preocupes que vas a estar en buena compañía. – Me guiñó un ojo. Yo me sonrojé.

-¿Nos vamos? – Preguntaron Emmett y Rose. Todos asentimos y quedamos en vernos en mi casa.

-¿Edward? – Le llamé.

-¿Sí? – Me respondió mientras me miraba por unos segundos antes de posar su mirada de nuevo en la carretera.

-¿Qué le hiciste a Emmett? – Le pregunté divertida por las palabras de Emmett.

'Por cierto, Eddie, te la has ganado con la bromita de esta mañana.'

-A saber tú qué le hiciste. – Reí de nuevo.

-Bueno, ¿Te acuerdas que subí a su habitación? – Yo asentí. – Pues lo bajé para abajo, antes de que Alice y tú bajarais. Mi madre ya estaba en la cocina, por lo que yo la ayudé y Emmett se quedó sentado, mirando a las musarañas ya que yo le había prohibido que se moviera de ahí si no quería pagarlo. En fin, estas son mis palabras textuales: Mamá, ¿sabes que Emmett le ha puesto diecisiete veces los cuernos con diecisiete mujeres distintas?' – Me reí. – Mi madre se quedó tan… tan… impresionada que mandó a Emmett a llamar a Rose y decirle la verdad. Rose se puso histérica perdida, pero me puse yo y le aclaré que todo había sido una venganza por haberte silbado y bueno, se arreglaron y en fin. – Suspiró mientras que yo reía.

-¿Y Esme no te dijo nada? – Le pregunté.

-No, mi madre es muy del Siglo XXI y me comprendió. – Ahora rió él. Para ese tiempo, ya habíamos llegado a mi casa y allí no había rastro de los chicos.

-¿Y esta gente? – Pregunté mirando por la luna delantera del Volvo.

-Alice me acaba de mandar un mensaje diciendo que Sue ha cambiado de idea y que prefiere hablarlo en un centro comercial. – Rodamos los ojos. – La que les espera a los tres. – Rió.

-Sí, vayamos dentro. Tengo hambre. – Le dije.

Después de comer, nos sentamos en el salón, solos. Yo me recosté en su hombro, mientras que él pasaba su brazo por mi cintura.

-¿Quieres que te lo cuente? – Le susurré.

-Solamente si tú quieres. – Me respondió tiernamente mientras que me daba un beso en mi coronilla. Tomé aire y comencé.

-Como sabes, mi infancia fue dura porque mis padres estaban casados y no vivían juntos. Fue duro vivir sin una figura paterna. – Suspiré. – De todas formas, yo seguía viendo a Charlie. Cuando entré en el colegio todo bien, todo muy bonito. – Reí amargamente. – Todo fue lo contrario con la secundaria. Era la chica tonta, la que era el blanco de bromas. Eso fue más adelante. Antes hay otra cosa. Cuando llegué, se acercaron a mí tres chicas que no se veían buenas personas. Nos hicimos inseparables… o eso creía yo. Llegó un punto en el que quedábamos y yo me plantaba en el lugar que habíamos dicho y esperaba horas y horas a que llegaran y nunca llegaban. Al día siguiente me venían con escusas malas y como la tonta que soy, las perdonaba y me volvían a clavar la pulla por la espalda. Una chica que verdaderamente estuvo a mi lado, me contó que se reían de mí y como eran las populares, todas las tonterías que habían dicho de mí, todo el instituto se reían de mí. Puede parecer que es una tontería, pero que tú vayas andando por el pasillo y que se escuchen murmullos molestos… bueno, tú más que nadie lo sabes. – Esbocé una sonrisa triste. – Para colmo, me eché a un gilipollas de novio y la cagué. Porque simplemente la cagué como nadie. Solo quería lo que quería, como todos. Menos tú. – Añadí al ver que iba a protestar. – Este… esta persona me convenció para que saliese con él. Y al final, salí. Después de un tiempo, el cual seguían riéndose de mí, y mi novio me 'protegía', fuimos a un centro comercial. Total, hicimos lo típico que tú yo hacemos cuando salimos al Centro comercial con Alice, pero me llevó a un callejón sin salida y él intentó… intentó a-abusar de mí. – Lágrimas caían por mis mejillas y Edward se puso rígido. – Gracias a Dios, Phil, en novio de mi madre estaba por allí y me salvó. Llamó a la policía a mi supuesto novio lo arrestaron. Con Phil, bueno, es otro tema también delicado. Cuando mi madre no lo veía, intentaba coquetear conmigo y esas cosas. – Me estremecí. – Pues entonces, después de muchas terapias de Psicólogos por mis traumas, decidí dejarlo todo atrás y mudarme con mi padre. Al principio, con Alice quería ser arisca, porque creía que era una de las tantas falsas amistades que tuve. Pero después me di cuenta de que ella no era así. Ninguno de vosotros erais así. En fin, creo que este cambio me hizo muy bien. Si no, ahora, no tendría ni a Alice, ni a Rose, ni a Emmett ni a Jasper. Y no te tendría a ti. ¿Qué te parece mi patético pasado? – Pregunté mientras me quitaba las lágrimas.

-¿Tu ex te hizo algo? – Preguntó hecho una furia.

-No, ya te he dicho que Phil me salvó. – Le contesté y él suspiró.

-Y yo creía que mi pasado era malo. – Suspiró. – La verdad, Bella, si yo fuera crecido junto a ti, nada de eso hubiese pasado.

-Ya, pero mi madre suele decir: Todo pasa por algo. – Él suspiró y me besó, dándome todo su apoyo. Y así pasamos la tarde, hasta que llegó Sue con Alice para llevarse a Edward.


Hola! :)

Bueno, solo deciros que no sé cuando voy a poder actualizar cualquiera de mis fic. ¿Por qué? El instituto. Este fin de semana = 0 vida social. Así que xD Tengo que hacer muchas tareas y estudiar para próximos exámenes u_u Además, mañana me voy a un restaurante chino con Chika-midori

Graciias por todos los reviewws! :D Enn serio(L)

Bueno, ¿Qué os ha parecido? Espero que no os haya decepcionado el final de Bella, pero esto no es lo que yo tenía planteado. No así. Pero es que he encontrado una canción y pues me he metido en un estado total de depresión u_u espero que esto se pase rápido T_T

Avisaros de una cosa: ¡No sé si tendréis noticias de mí en Halloween! Pero por si acaso, ¡Feliz Halloween! ^^

Robert Ashley Cullen Swan (:

Todo es oscuro desde que me dejaste..