Este fic es una adaptación del libro del mismo titulo, del autor Marc Levy, suya es la historia y muchos personajes, el resto pertenecen a Suzanne Collins, ¿mi aportación?, descargar la trama y hacer que los nuevos personajes encajen, ¿porque hacerlo fácil? si me puedo complicar, Peeta en el original es una chica y Katniss un chico, por lo que he modificado diálogos y texto para hacerlo cuadrar. Espero que os guste.
Segundo día (4) De victorias, lecturas y nuevos problemas
Heurt había salido de la sala del consejo entre los aplausos cautelosos de los directores, estaban sorprendidos si esa fuera la palabra, por las promesas que el vicepresidente acababa de hacer.
Les había expuesto con todo detalle sus visiones de expansión la reunión se había convertido en un discurso megalómano, una parodia de conferencia de prensa, en el ascensor de subida se sentía enla gloria, no eran tan difícil manejarlos ¿no? Estaba convencido de poder regir el grupo el solo si fuera preciso. Inconscientemente levantó el puño al cielo como señal de victoria.
La pelota de golf hizo que la bandera se tambalease y al fin ….. entró, Andric levantó el puño al cielo en señal de victoria y loco de contento.
Y Katniss ¿Qué hacía ante la felicidad de estos dos? – Katniss encantada, bajó el puño hacia el suelo en señal de victoria, el discurso del vicepresidente había dejado a los dirigentes de su imperio en un mar de desconcierto y confusión.
Ed la esperaba junto a la máquina de refrescos y al verla abrió los brazos.
—Una reunión fantástica, ¿verdad preciosa? Me he dado cuenta de que casi siempre estoy lejos de mis tropas y debo poner remedio. Tengo que pedirle un favor.
- Lo que quieras, eres el triunfador del día- dijo sonriéndole coqueta, ahora venía lo mejor.
Ed tenía una cita esa noche con el periodista que debía redactar un artículo sobre él enun diario local. Por una vez, sacrificaría sus deberes para con la prensa. Acababa de invitar a cenar al jefe de desarrollo, al responsable de marketing y a los cuatro directores de la red comercial. Debido a su pequeño altercado con Antonio, prefería no informarle de su iniciativa y dejarlo disfrutar de una auténtica noche de descanso que a todas luces necesitaba.
Si Katniss tenía la amabilidad de ocuparse de la entrevista por él, le haría un gran favor, y los elogios de una tercera persona siempre eran mas convincentes, resumiendo contaba con la eficiencia y encanto de su nueva consejera, la animó con una palmadita en el trasero, que de no ser por su misión le hubiera Katniss hubiera pagado con un puñetazo en toda regla, pero se contuvo, por el bien de la misión.
La mesa estaba reservada para las nueve de la noche en Simbad, una marisquería de Fisherman'sWharf: un marco con un toque de romanticismo, unos cangrejos deliciosos, una cuenta respetable... El artículo tendría que ser elocuente.
Después de haberse ocupado del traslado de Effie, Peeta volvió al hospital aún tenía cosas que hacer allí. Entró en el pabellón tres subiendo a la tercera planta.
El servicio de pediatría estaba, como de costumbre, atestado. En cuanto el pequeño Rory reconoció sus pasos al fondo del pasillo, todo su rostro se iluminó. Para él, los martes y los viernes eran días sin sombra de tristeza. Peeta le acarició una mejilla, se sentó en el borde de la cama, depositó un beso en su mano y sopló hacia él para enviárselo (era un gesto de complicidad entre ambos). Luego reanudó la lectura a partir de la página doblada. Nadie podía tocar el libro que Peet guardaba en el cajón de la mesilla de noche al final de todas sus visitas.
Rory lo vigilaba como si se tratara de un tesoro. Ni siquiera él se permitía leer una sola palabra en su ausencia. El chiquillo de cabeza calva conocía mejor que nadie el valor del instante mágico. Tan sólo Peeta, con esa dulce y grave voz podía contarle ese cuento. Nadie le quitaría ni un minuto de las historias fantásticas del conejo Teodoro. Sólo Peeta, con su entonación, hacía que cada línea fuera preciosa. De vez en cuando, se levantaba y recorría la habitación de un lado a otro; cada una de sus zancadas, que acompañaba con amplios movimientos de brazos y gestos de la cara, que provocaban la risa incontenible del niño. Durante una hora maravillosa, los personajes del cuento cobraban vida en esa habitación. Incluso cuando abría los ojos Rory, olvidaba las paredes, su miedo y el dolor.
Peeta cerró el libro, lo guardó en su sitio y miró a Rory, le vio con el entrecejo fruncido
—¿Te has puesto serio de golpe? – pregunto cariñosamente al niño
—No —contestó el niño.
—¿Hay algo en el cuento que no hayas entendido?
—Sí.
—¿Qué? — preguntó Peeta, tomándolo de la mano.
—¿Por qué me lo cuentas?
Peeta no encontró las palabras adecuadas para formular su respuesta y Rorysonrió.
—Yo lo sé —dijo.
—Pues entonces dímelo – respondió aliviado por la reacción del niño, no dejaba de sorprenderle por su inteligencia, y su dulzura, pese a todo.
El niño se sonrojó. —Porque me quieres —murmuró, pasando los dedos sobre la sábana de algodón.
Peeta se quedó parado, probablemente hasta se sonrojó, claro que le quería —Tienes razón, era justo ésa la palabra que buscaba —dijo en voz baja.
—¿Por qué los adultos no dicen siempre la verdad? – pregunto con inocencia.
—Porque a veces les da miedo, creo- intentó explicarse Peet
—Pero tú no eres como ellos, ¿a qué no?
—Digamos que lo intento, Rory.
- Cuando tengas tus propios hijos ya no me querrás tanto ni vendrás a verme.
Peeta le tomo la cara entre sus manos y le miró con toda la ternura que cabía en su gran corazón. – Nunca me oyes, nunca dejaré de quererte, y claro que te visitaré siempre – el niño recuperó la sonrisa.
- Tus hijos tendrán mucha suerte.
- Bueno, aun queda mucho para eso ¿no?- se rieron los dos, no podía explicar al niño su digamos….. condición. Los ángeles no tiene hijos, todos los niños como él lo son.
Peeta le levantó la barbilla al niño y lo besó en la frente. El se echó en sus brazos y le estrechó confuerza. Tras esta cariñosa despedida, Peeta se dirigió hacia la puerta, pero Rory le llamó.
—¿Voy a morirme?
Rory le miraba fijamente. Y Peeta estudió su mirada despacio.
- Tal vez.
—Si tú estás aquí, no, así que hasta el viernes —dijo el niño, cuanta confianza en esos ojos.
—Hasta el viernes —contestó Peeta, soplando para enviarle el beso depositado en la palma de su mano.
Tomó el camino de los muelles para ir a controlar el buen desarrollo de la descarga de unbarco. Se acercó a una pila de bastidores de carga; un detalle había atraído su atención. Se arrodilló para mirar el precinto sanitario que garantizaba el mantenimiento de la cadena de frío. El camión refrigerado que esperaba junto al buque no tardaría en llevar la mercancía en mal estado a los numerosos restaurantes de la ciudad. Y los servicios sanitarios sin contestar Tenía que encontrar una solución cuanto antes.
— Brutus, soy Peeta ¿dónde está?
El aparato crepitó.
—En la atalaya — dijo Brutus—, y hace un tiempo espléndido, por si tiene alguna duda al respecto.
—El Vasco de Gama está descargando, ¿puede reunirse conmigo enseguida?
—¿Hay algún problema?
—Preferiría hablar del asunto aquí —contestó antes de cortar la comunicación.
Esperó a Brutus al pie de la grúa que transportaba las cajas desde el barco hasta tierra firme. Éste llegó unos minutos después,
—Bien, ¿qué puedo hacer por usted, hoy? —preguntó Brutus con algo de sorna.
- De esa grúa cuelgan diez cajas de gambas incomestibles.
—¿Y?
—Los del servicio sanitario no están aquí, como puede ver, y no consigo localizarlos.
—Yo tengo dos perros y un hámster en casa, y aun así no soy veterinario. Vamos a ver, ¿qué sabe usted de crustáceos?
Peeta le mostró el indicador.
—¡Las gambas no tienen secretos para mí! Si no nos ocupamos de esto, no va a ser nada aconsejable ir esta noche a un restaurante...
—Sí, vale, pero ¿qué quiere que haga yo, aparte de comerme un bistec en casa?
—Ni para los niños comer mañana en el colegio...
No era una frase inocente. Brutus no soportaba que se le tocara un pelo a ningún niño; para él, los niños eran sagrados. Le miró unos instantes frotándose la barbilla.
—¡Está bien, de acuerdo! —dijo, apoderándose del emisor de Peeta.
Cambió la frecuencia para establecer contacto con el hombre que manejaba la grúa.
—¡Samy, colócate sobre el mar!
—¿Eres tú, Brutus? Voy cargado con trescientos kilos. ¿Puedes esperar?
—¡No!
La grúa giró poco a poco, arrastrando la carga en un lento balanceo, y se detuvo sobre el agua.
—¡Bien! —dijo Brutus—. Ahora voy a pasarte al oficial de seguridad, que acaba dedescubrir un gran defecto en tu estiba. Va a ordenarte que la sueltes de inmediato para que no corras ningún peligro, y tú la obedecerás a la misma velocidad porque su oficio es hacer este tipo de cosas.
Peeta cogió el aparato que Brutus le tendía sonriendo él vaciló y carraspeó antes de dar la orden (era una pequeña mentira, por el bien de todos ¿no?.) Se oyó un ruido seco y el gancho se abrió. La carga de crustáceos se hundió en las aguas del puerto. Brutus volvió a montar en el Fenwick. Al arrancar, "olvidó" que había puesto la marcha atrás y derribó las cajas que había en el suelo. Se detuvo a la altura de Peeta.
- Si esta noche los peces se ponen enfermos, es cosa suya, yo no quiero saber nada del asunto. ¡Y de los papeles del seguro tampoco!.
(n.A. ¿Quién iba a cenar cangrejos esta noche?- ¿a quien acaba de salvar Peeta de una gran indigestión?, porque morirse no se moriría pero el mal rato…..)
La tarde tocaba a su fin. Peeta cruzó la ciudad. Y paró en la pastelería con los dulces favoritos de Effie, compró los dulcesy aprovechó la ocasión para hacer algunas compras más.
Peeta llegó a casa una hora más tarde, cargado de bolsas y subió al primer piso. Empujó la puerta con un pie; casi sin ver que tenía delante y pasó a la barra de la cocina, para dejar las bolsas de papel marrón. Cuando levantó la cabeza Plutarch y Effie le miraban con gesto raro, pero sonrientes
—¿Puedo saber de qué os hace tanta gracia, vamos de que os reís? —preguntó Peeta.
—¡No nos reímos! — repuso Effie.
—Todavía no..., pero viendo vuestras caras, apuesto lo que sea a que no vais a tardar.
—¡Te han mandado flores! — susurró Plutarch con los labios apretados
Perdonad el retraso pero siempre que lelgan las vacaciones me despisto asi que para compensar subiré todo el dia segundo. besitos.
