Disclamier: Los personajes, pertenecen a la grandiosa Stephenie Meyer. Algunos son de mi autoría; estoy segura que los notarán. La historia, esa sí es completa y absolutamente mía. :)
En tarde de Julio.
Bella POV.
— Si lo ven desde mi punto de vista, si que no fue una estadía muy larga —casi reclamé, mientras empacábamos las pocas cosas que había traído conmigo.
— Sí, pero no me grites, Bella —susurró Vanessa.
— ¿Ves? Me entiendes perfectamente —atiné con sarcasmo.
Pobre Vanessa, la resaca la tendría agotada. Sin embargo, nadie le mandaba a quejarse de la corta que había sido la estancia en Manhattan Beach. Ella no era la que había estado deambulando por ahí anoche, porque ella tenía a alguien con quien entretenerse.
Yo lo hubiese podido tener, de alguna manera.
Si no hubiese casi huido a mitad del candente baile después de pensar que era suficiente.
Porque, si bien no era lo que se dice una chica virginal, tampoco era lo que se dice una urgida por el sexo.
O lo que sea.
Y sabía a dónde iba llegar aquel baile.
Anoche había llegado poco antes que Edward y el resto, y desde que nos despedimos, no lo había visto. Pues hoy por la mañana nadie estaba despierto cuando bajé a desayunar. Y había subido al dormitorio inmediatamente después de terminar.
No es que huyese de él.
Pero no quería tentar a la suerte, ni a mi cuerpo.
Era poco realmente cuando decías que Edward era sexy. O guapo. En realidad era poco teniendo en cuenta que levantaba suspiros con tan solo respirar. Y de eso me había dado cuenta ya, cuando fuimos al Mall o incluso en la palaya, en el partido de vóleibol. E incluso antes.
Estábamos empacando las cosas pues, era hora de regresar a casa.
La resaca de Vanessa hacía que a cada ruido fuera de un volumen mínimo, ella se exaltara o se quejara. Le comprendía, pues ya había pasado por aquello antes. Sin embargo, era un poco más pesado cuando el lugar estaba en constante movimiento con ruidos fuera y dentro de la casa.
Como Sam gritando que no olvidaran nada o Jared gritándole a Sam que se preocupara mejor por ayudar que por dar órdenes. Por los pasos de Emily en las escaleras y las múltiples cosas que se le habían roto a Bec.
— ¿Es que solo tú te embriagaste? —pregunté incrédula.
Mi cabeza había estado latiendo insistente cuando me desperté muy temprano por la mañana. Más con algo de comida, agua mineral y unas pastillas, se me había pasado el malestar.
— No, también Jacob y Paul —susurró sentándose en la cama.
Hice una mueca.
Pobres.
Bajé a la sala de estar, dejando a Vanessa descansar un poco después de recoger las cosas en nuestra habitación. Abajo, me encontré con un Jacob, al parecer, muy devastado.
Tenía una mano sobre sus ojos, cubriendo todo rastro de luz, supongo.
— ¿Han terminado ya? —pregunté en voz baja.
Él asintió sin hablar.
— ¿A qué hora nos iremos? —volví a preguntar. El gimió en modo de respuesta, quería que lo dejara en paz.
Fui a la cocina para encontrarme con Sam, quien guardaba en hieleras sodas y cervezas que habían sobrado.
— ¿A qué hora saldremos, Sam? —pregunté una vez más, tomando unas cuantas latas de cerveza y acomodándolas en la hielera.
— Supongo que al mediodía —respondió él sin prestarme mucha atención.
Miré el gran reloj en la pared.
Las once con veinte.
Aún teníamos tiempo.
— ¿Y los Cullen? —me atreví a indagar después de que no los escuché al cabo de unos minutos.
Pues por muy afectados que estuviesen, tendrían que ayudar a empacar ¿No?
— Sus padres les han llamado —dijo resuelto.
— ¿Ah sí? —pregunté extrañada, tratando de mostrar indiferencia.
— Sí, al parecer se verían con viejos amigos —dijo—. De los Cullen, claro… y se verían cerca de Lenox Hill, para comer —explicó.
Fruncí el ceño.
— ¿Cómo pretenden Esme y Carlisle que lleguen hasta Lenox Hill sin perderse? —pregunté entre preocupada y confundida.
— Les di mi GPS —anunció—, lo demás, va por su cuenta —él rió—. Serían de verdad muy estúpidos si se pierden, Bella.
Reí con él, acomodando el resto de las sodas.
— Aún así, se me hace extraño que sus padres les hablasen cuando sabían que estaban de vacaciones con sus amigos, o algo por el estilo —insistí.
— Pensé que te parecería más extraño que Emmett fuese también —rió.
Más yo no.
— Emmett es prácticamente un Cullen, ya. No dudes que Renee y Charlie estarán ahí también —dije sin dudar.
Él asintió en acuerdo conmigo.
— Según lo que me dijo Edward, los planes ya estaban desde antes que viniesen con nosotros —declaró.
— ¿Sí? Qué raro —arrugué la nariz—. Edward no me dijo nada —añadí, sin pensar. Él me miró suspicaz.
— ¿Debería de haberte dicho algo? —indagó.
Yo pronto me di cuenta de lo que había dado pie. Ahora me jodería de por vida.
— No, no… es solo que… —miré a Sam y él trataba de no reír como idiota. ¿Quién no? Ya me atribuía cosas que probablemente, nunca ocurrirían— Olvídalo, solo olvídalo.
Sam soltó una carcajada.
— Trataré.
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El camino de vuelta a Manhattan, fue muy aburrido y silencioso. Durante unos minutos después de salir de la casa en la playa, J y yo hablamos en susurros, más aún así, Vanessa y Jacob, que iban en el asiento trasero, se quejaban por su dolor de cabeza.
Trataba de no topar con piedras o baches para no aumentar su dolor. Así que me concentré de lleno en el camino y J se echó a dormir.
Al menos, yo tenía algo en qué entretenerme, pobre Jared.
Después de hora y media, llegamos a Manhattan, y posteriormente de dejar a los chicos en sus casas, por fin pude regresar a la mía.
Me sentía cansada de dar tantas vueltas en el auto, no estaba muy acostumbrada a manejar, realmente. Sin bajar el equipaje del maletero, ingresé a la casa.
Todo estaba demasiado... Silencioso. Supuse que aún estarían en aquella dichosa comida, fruncí el ceño. Ahora estaría sola otra vez. Suspiré y me decidí por dormir un buen rato y así, dejar pasar la tarde.
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Fruncí el ceño cuando giré en la cama aún algo sumida en la inconsciencia y me encontré con mi piel sudada y pegajosa. Había olvidado encender el aire acondicionado y el clima en New York era demasiado caluroso en esta época del año. Aún algo adormilada, tiré las sábanas de mi cama y quité las fundas de las almohadas. Me paré y me encaminé al baño, dispuesta a darme una buena ducha y despertarme por completo.
Después de estar casi media hora bajo la regadera, decidí salir y cambiarme. No sabía si quiera que hora era o si había dormido lo suficiente para hacer pasar el aburrido día. No sabía si era de madrugada o si tendría que volver a dormir para no sufrir un desorden al día siguiente.
Me puse un par de pantalones cortos, algo ceñidos y una blusa holgada color blanco. Calcé unas sandalias ligeras y tomé las cosas que había tirado de la cama para irlas a dejar al cuarto de lavado.
Salí de la habitación con las manos llenas, no sin antes tomar mi móvil.
Al bajar las escaleras, me di cuenta del ruido que provenía desde el comedor. Algunas risas y varias voces. Supuse que los Cullen habían llegado ya. Miré mi teléfono.
20:13. Joder.
Para ir al cuarto de lavado, tendría que pasar por el comedor... Así que preparé mi mejor sonrisa amable e ingresé a la habitación.
Callaron abruptamente.
— Buenas noches —dije al pasar por ahí. Noté que cenaban—, provecho.
— Gracias —respondió la mayoría.
— ¿Qué es eso? —preguntó Esme, haciendo que me detuviese.
— Oh... ¿Sábanas? —respondí más en modo de pregunta que de respuesta.
— ¿Y qué haces con esas sábanas? —esta vez fue Renée quien preguntó.
— ¿Las llevo al cuarto de lavado? —indagué.
— ¿Por q...?
— Están sucias —rematé antes de alejarme de ahí.
Las dejé en la canasta y salí del cuarto de lavado para dirigirme a la cocina.
Lo malo de la cocina, era que todo lo que se hacía ahí, quedaba a la vista del comedor.
— Pensamos que no estabas en casa —comentó Charlie.
Abrí la nevera, buscando que comer. Algo rápido, llenador y fácil de hacer.
— Fue un largo día, estaba durmiendo —respondí.
Saqué cosas para hacer unas quesadillas.
— Hemos traído comida, no es necesario que...
— Las quesadillas están bien —corté el monólogo de Renée.
No quería, realmente, ser grosera. Más no lo había sido a mi parecer. Era solo mi mal humor post despertar después de un poco reconfortante sueño.
No me interesé mucho en aquello.
— Solo trato de ser amable —rezongó.
Le miré, fulminante.
¿Era necesario hacer esto frente a todos? No lo creo.
— Gracias, entonces —continué.
Aceleré mis métodos de preparación y puse las quesadillas en un plato.
— Isabella... —comenzaba a decir Charlie.
Tomé mi plato y me largué de su vista.
— Con permiso.
Decidí subir al estudio para estar apartada de todos, pasé a mi habitación por las llaves de éste y reanudé mi camino.
Al llegar ahí, me dispuse a comer en paz.
Que patética, escondiéndose para comer en su propia casa. Digno de una portada. ¿Qué ocurría? Pero más importante: ¿Qué pretendían ellos? Simplemente no podía verlos de otra manera a la cual los veía ahora. Desconocidos, intrusos en mi hogar, pretensiosos. ¿Buscaban barrer su consciencia? ¿Limpiarla? ¿Mantenerla blanca? ¿Buscaban un perdón? No tenía por qué si quiera considerar perdonarlos. No era cuestión de orgullo o despecho, era lo que simplemente había. Lo que simplemente les correspondía.
No podían pretender que todo volviese a ser como antes. Y no tanto así... sólo no podían pretender tener una consciencia limpia cuando no tenían si quiera sentimientos hacía mi.
¿O sí? Reí mientras mordía la quesadilla.
El tan solo pensarlo me parecía gracioso.
¿O querrían probar algo? Reí una vez más.
No les daría ese gusto.
Sin ganas de hacer algo más, bajé a mi habitación con el plato de mi cena. No quería toparme con aquella gente. Así que hice una nota mental de bajar el traste mañana cuando bajase.
Me quedé dormida, pensando en cuanta lástima me daba el que Edward viniese en el paquete, junto con esas personas.
¿Y por qué pensaba en él?
No lo supe con exactitud.
.
Me sentí desorientada al despertar. Odiaba, odiaba despertar y sentirme cansada; como si no hubiese dormido horas y horas, más no poder volver a conciliar el sueño otra vez.
Hice mi rutina diaria.
Necesidades fisiológicas, necesidades para la higiene, una larga ducha y vestirme con ropa ligera.
Esta vez fueron unos otros pantalones cortos con una blusa azul marino de cuello tipo polo. Lo combiné con un cinturón y unas sandalias color marrón.
Tomé, mis llaves, el móvil y mi bolso. Y el plato.
Bajé las escaleras a prisa, había decidido pasar el día fuera de casa. Al entrar al comedor, me encontré solo con Emmett y los Cullen.
— Buenos días —saludé con educación, pasando de largo para dejar el plato en el lavabo.
— Buenos días —saludaron al unísono.
Me recargué en la barra.
— ¿Y Charlie y Renée? —pregunté.
— Salieron a Battery Park City —respondió Edward, mirándome con una sonrisa.
No pude evitar devolverle el gesto.
— Bonito lugar para pasar el día —señalé.
— Al parecer, no regresarán hasta tarde —anunció Edward una vez más.
Asentí.
Edward se levantó de la silla y dejó su plato en el lavabo.
— Al parecer, yo tampoco regresaré hasta tarde —dije, sin saber realmente porqué.
Él asintió en modo de respuesta y musitando un "con permiso" me dispuse a salir de la casa.
Sin embargo, al parecer los planes de una tarde solitaria se habían visto arruinados, pues antes de llegar a la puerta principal, la voz de Edward me detuvo. Le miré.
— ¿Sí? —pregunté con duda.
— Me preguntaba si querrías salir conmigo.
Por un segundo, mi mente quedó en blanco.
Edward POV.
Había tirado la bomba. Y no sabía de dónde había salido aquello, pues si bien no recordaba, aunque sabía y aceptaba que la castaña me gustaba, hoy, precisamente, no podría llevar a cabo mi plan de conquista.
Había planeado salir con Emmett y mis hermanas a Coney Island.
Rosalie me iba a matar.
Más, como siempre, no me importó mucho. Incluso, no me importó en absoluto.
— O... Si tienes planes con... Otras personas... —fruncí el ceño al pensarlo. Sin embargo al no recibir respuesta alguna, debía suponer que...
— ¡No! —Dijo con prisa—. Quiero decir, me agradaría salir contigo, claro —respondió finalmente, haciéndome sonreír.
— Genial, uh... Espera, iré por mi celular —anuncié, sintiéndome como un adolescente de dieciséis en vez de un hombre de veintitrés.
— Te esperaré afuera —dijo Bella, saliendo de la casa.
Me sentía nervioso, sentía como si en cualquier momento fuera a arruinar las cosas cuando ni siquiera algo había comenzado. Me sentía emocionado y a la vez extasiado con lo que se avecinaba.
Había dejado mi teléfono en el comedor, por lo que solo ingresé, lo tomé y me dispuse a salir, ignorando a todos.
— ¿A dónde vas? —preguntó Rosalie, dejando su plato en el mismo lugar en el que yo lo había dejado.
— Saldré con Bella —anuncié sin más.
Tampoco es como si tuviera que darle explicaciones.
Alice se hizo notar con un bufido.
— Edward, saldremos hoy a Coney Islad —recordó—. Será mejor que dejen su salida para después.
¿Cómo explicarle? Era mi hermana. Sin embargo, esta era la oportunidad con Bella Swan. Estaría muy idiota al dejarla pasar. Suspiré y la miré con disculpa.
— Podríamos salir otro día... —propuse.
El semblante de Alice se crispó.
— ¡No! Edward, has hecho planes ya con nosotras —esta vez, fue Rose quien habló.
Quería pensar, que me encontraba entre la espada y la pared, pero ciertamente, mi decisión estaba más que clara. Y por ello, me sentía un poco culpable.
— Rose... —debatí.
— No Edward...
Fruncí el ceño, probablemente, era egoísta. O lo que fuese. Más pensé, en alguna idea remota, que Bella estaría esperando más de lo necesario.
— Hablaremos luego ¿Bien? Lo siento, ¡Que se diviertan! —salí rápidamente del comedor, sintiéndome un fugitivo.
¿Qué demonios estaba haciendo? Me pregunté antes de visualizar el auto blanco de Bella. Sonreí como idiota.
Ah, sí... Eso estaba haciendo.
Subí al asiento del copiloto, algo incómodo dado que extrañaba manejar un auto.
— Siento la demora —me disculpé, mirando a la chica a mi lado. Bella puso en marcha el auto.
— No hay problema —jamás una chica se había visto tan sexy al conducir—. ¿Hubo algún problema con...?
— ¿Eh? No, no —mentí, no queriendo arruinar aquello. Bella enarcó una ceja—. Olvídalo.
— No lo haré —sentenció.
— Eh... —fruncí los labios— querían salir hoy a visitar Coney Island —no era toda la verdad, sin embargo, tampoco era mentira.
— Oh... —ella apretó el volante— no tenías porque...
— He sido yo quien ha hablado primero ¿Sabes? —dije, desinteresadamente.
Ella asintió de acuerdo.
No era secreto, que mis hermanas y Bella no se agradaban... Nada. Más quería confiar en que aquellos problemas quedarían entre ellas.
Mujeres.
Y que, nosotros seríamos un punto y aparte. Nosotros o lo que sea que fuésemos.
— Entonces, ¿A dónde iremos? —Preguntó con diversión—. Eres tu quien me ha invitado ¿recuerdas? —dijo.
Me vi en aprietos. Esa había sido mala idea, contando que, apenas sabía en dónde jodidos estaba. No conocía la ciudad ni las atracciones de ésta.
Buen momento para invitar a salir a la chica que te gusta, Edward Genio Cullen.
— Uh... No sé —acepté con algo de vergüenza—. Creo que no fue buena idea, después de todo.
Bella rió mirándome con algo de ternura, haciéndome sentir idiota.
— No me mires así —refunfuñé.
— Lo siento —rió burlona, apartando la mirada—. Es solo que, no pude evitarlo —se explicó entre disimuladas risas.
— Basta, Bella —me quejé, mirándola con, lo que supuse que era, amenaza.
Eso solo hizo que ella incrementara sus risas, haciéndome reír en el proceso.
Bella terminó aparcando el auto cerca de Central Park.
El lugar era enorme, y estaba seguro de que yo lo aprovecharía al máximo.
— ¿Que te pareció mi elección? —le pregunté a Bella al cabo de unos minutos.
— Muy trillada —respondió sonriente.
— Auch —fingí estar dolido. Aunque, viéndolo del punto de vista que era aquello o el Manhattan Mall; dado que era lo único que conocía de New York City, mi elección había sido buena—. Podrías ser más amable —le acusé.
Bella me miró, entrecerrando los ojos.
— Podría —acordó.
Caminamos unos minutos más, perdiéndonos entre los frondosos árboles que se regodeaban en el sol de verano.
— Cuéntame algo sobre ti —dije, no sabiendo muy bien, como comenzar.
— Dime lo que sepas de mi —devolvió con aquella respuesta, no tan usual.
Fruncí el ceño. No sabía mucho. No sabía casi nada.
— Uh… sería vergonzoso dado que te he pedido que salgamos y no sé si quiera tu edad —bromeé. Más lo que decía no tenía ni una pizca de mentira.
Ella rió.
— Yo tampoco se mucho —aceptó—. Solo que, te llamas Edward Cullen y que… eres inglés… —hizo una mueca extraña y me solté a reír. Esta situación era algo idiota, a decir verdad.
— Isabella "Bella" Swan, americana —enumeré los dos hechos que sabía de ella con certeza. Ella me miró burlona—. ¡Oh! Y que tienes tres tatuajes —recordé.
— Eso nos deja disparejos —meditó.
— Supongo que sí… dime algo sobre ti —volví a insistir.
Decidimos sentarnos cerca de The Pond. En pequeñísimo estanque del parque. Bella se recargo en un árbol y yo me puse frente a ella.
— Diecinueve, tengo diecinueve —soltó.
Me tomé un poco más de tiempo de lo normal en descubrir de lo que hablaba. ¡Oh!
— Veintitrés —respondí de vuelta.
— ¡Vaya! Estás viejo —Auch por segunda vez.
— ¡Claro que no! —debatí.
— ¡Claro que sí! —recató. Le miré mal.
— Bella —me quejé una vez más.
Ella rió echando su cabeza hacia atrás.
— Bien, bien —aceptó, poniendo dos manos frente a ella, en son de paz—. No estás tan viejo.
— Son solo cuatro años ¿sabes? Se llama experiencia —me mofé, divertido por la estúpida discusión que estábamos teniendo.
— No, no, no. La experiencia nada tiene que ver con la edad —contradijo.
— La mayoría de las veces, sí —expuse—. Y claramente ese es mi caso —sonreí socarronamente.
Ella bufó.
— No, no lo es.
— Si lo es.
— Bueno, ya —nos paró—. Te he dicho mi edad, dime algo sobre ti —empleó las mismas palabras, para la misma pregunta.
— Estudio medicina.
— ¿En serio? Vaya, saldrás aún más viejo de tu carrera —se burló una vez más.
No pude evitar reír una vez más, al darme cuenta de que ella encontraba cualquier pretexto para burlarse o ironizar sobre mí.
— ¿Qué estudias tu? —pregunté, no tomándome la molestia de responder a su burla con alguna otra.
— Estoy en la academia St. Meyer de Artes —recató. Me sonaba, más solo era porque Charlie y Carlisle habían hablado del colegio en el cual Bella estudiaba—. Mi fuerte es la música.
— ¿En serio? —pregunté asombrado. Aunque, ya lo sabía, desde un principio. Debí haberlo nombrado en la lista de "cosas que sé de Bella Swan"— No me puedo burlar de eso —acepté.
— Pues así es menos divertido —rió, yo también lo hice, negando con la cabeza—. ¿Tocas algún instrumento? —inquirió con curiosidad.
— No —respondí—. Esme trató de enseñarme a tocar el piano, pero fue un desastre —acepté.
— ¡Vaya!, es uno de mis instrumentos preferidos.
— ¿Sí? Quizás algún día puedas tú, enseñarme a tocarlo.
— Quizás —aceptó.
Seguimos conversando acerca de cada quién.
Supe que Jacob y el rubio de aquel día, Jasper, eran sus mejores amigos. Aunque no se llevasen bien entre sí. Honestamente nunca había creído aquello de "solo amigos", dado que la relación con mi ahora ex novia, comenzó así. Sin embargo, le creí y no discutí pues, no me correspondía hacer una escenita de celos. No éramos nada.
También me dijo que su lugar favorito en el mundo era su estudio, el cual se encontraba en el tercer piso. Me confesó que nadie más que sus amigos habían estado ahí.
Me confesó también, que mi acento inglés le gustaba y le parecía sexy.
Reí y ella adquirió un casi inexistente sonrojo. Le acusé de cliché, más le confesé también que, sus tatuajes me parecían sexys a mí.
En algún momento nos levantamos y reanudamos nuestra marcha por Central Park.
En algún momento le tomé la mano. Y en ningún momento, ella me alejó.
Me contó sobre sus viajes y experiencias. Yo le conté sobre las mías. Ella me dijo que su comida favorita, era la pasta. Yo le dije que la mía era la comida mexicana.
Me dijo que su color preferido era el azul cielo. Yo le dije que el mío era el azul rey. Reímos por las coincidencias.
Me dijo que su grupo favorito era The Strokes pero que también escuchaba mucho a The Doors y le fascinaban las letras de The Cure. Casi la beso en ese mismo instante. Le dije que mi grupo favorito era The Strokes, también; pero que casi nunca fui devoto de The Cure y su estilo.
Hablamos mucho. Y supe mucho de ella.
Sin embargo, jamás tocamos el tema de nuestras respectivas familias.
Y estuvo bien por mí, porque estuvo bien para ella.
Comimos helados y supe también, que su favorito era el de menta. Le dije que el mío, era el de galleta… y me acusó de ser infantil.
Cuando la noche cayó, nos acercamos a un puesto atestado de comida chatarra. Pedimos papas, hamburguesas y sodas.
Y nos sumimos unas horas más en la conversación.
A las nueve, estábamos de regreso a casa.
Bella apagó el motor del coche y sacó la llave del contacto.
— Fue una… linda tarde —declaró.
Mi mirada fue directa a ella y le sonreí complacido.
— Estoy totalmente de acuerdo —declaré.
Nos miramos por un buen rato y yo, solo quería besarla.
No sabía cómo se lo tomaría, no sabía se estaría bien. No sabía si estaba con alguien, más jamás lo mencionó.
Y parecía como si yo también le gustase.
El beso aquel día en Manhattan Beach, no contaba para nada. Por muy bueno que haya sido.
Mucho menos aquel que nos dimos "sin intención".
Inconscientemente, nos fuimos acercando. Podía sentir su aliento casi rozar mis labios, podía saborearla ya. Suspiré y no aguanté más.
Sí, no tenía mucha paciencia.
La besé y no me detuve cuando creí que era demasiado.
La besé con pasión, la besé con lujuria, la besé con cariño, la besé con ternura y con todas aquellas emociones que se arremolinaban en mí.
Ella, me correspondió de la misma manera.
Sentí que pasó sus brazos por mis hombros y enterró sus manos en mi cuero cabelludo.
Era el paraíso.
El placer que sus labios me otorgaban mezclado con el de sus manos dando pequeños tirones, era más de lo que esperaba en un primer beso.
Sus labios superaban mis expectativas.
Se movían casi con desesperación sobre los míos y yo, yo solo correspondía como se debía.
Pronto el aire nos faltó y la posición se hizo incómoda.
Sin hacer mucho esfuerzo, la tomé de su cintura y la acomodé en mi regazo. Ella al instante supo lo que quería hacer y coopero, de tal manera que quedó a horcajadas. Ambos en el asiento del copiloto.
Me miró con aquellos ojos que te hipnotizaban solo al mirarlos.
No resistí mucho más y la besé otra vez.
Esta vez, el beso se vio más demandado.
Más lujurioso, más pasional.
Sentí como comenzó a mover sus caderas sobre las mías y gemí.
Estoy perdido.
Bella acarició mi torso con ambas manos sin terminar el beso.
Acaricié sus costados, sus muslos y su espalda.
Era excitante por dónde lo vieses y cierta parte de mi anatomía, comenzó a estar de acuerdo en eso.
Bella movió sus caderas con más ímpetu.
Rompí el beso más no dejé su piel. Recorrí sus mejillas y su cuello. Me entretuve ahí un buen rato escuchando con éxtasis los jadeos de la chica encima de mí.
— Uh… ¿Ed… ward?
— ¿Sí? —respondí, aún demasiado ocupado en su cuello.
— Creo que… —jadeó y mordisqueé el lóbulo de su oreja— ¡Oh Dios! —Susurró— no pares de… no, no —reí ante las incoherencias que decía y me apoderé de sus labios otra vez.
Poco duró el placer de sus labios.
— Edward… —jadeó y se alejó— para.
— ¿Qué? —le miré casi incrédulo…
¿Acaso ella no quería…?
Ella rió, por lo que supuse que mi cara sería un poema.
— No me malinterpretes —añadió rápidamente, acercándose a mis labios y depositando un casto beso ahí. Su danza de caderas se había detenido.
— Lo siento, yo, no pensé solo…
Ella rió y le miré con la duda tatuada en el rostro.
— Es solo que… no es el lugar indicado —soltó todo de una sola vez. Rió ante lo que había dicho, con algo de vergüenza.
Reí de vuelta.
— Supongo que no…
— Supongo que será mejor salir de aquí…
Y supe que, esa noche no sería.
— Sí, creo que sí.
Necesitaba una ducha fría.
Y calmar mis emociones.
Las luces de la sala de estar estaban encendidas y sería algo traumático que llegase con cierto bulto entre las piernas.
— Creo que… entraré en unos minutos —balbuceé después de que bajamos del coche.
— ¿Por qué? —preguntó, haciéndome… sonrojar.
— Necesito unos minutos —respondí rápidamente.
Ella estaba a punto de hablar cuando su rostro pareció cambiar a ese semblante de entendimiento y se giró incómoda.
— Eh… sí, sí… entraré entonces.
— Claro —asentí.
Me miró y se acercó, de la nada tenía sus labios pegados a los míos.
Aquello nada ayudaría a mi actual situación.
La tomé de su cintura y la pegué a mí, olvidándome de mis hormonas, las cuales se suponía, debieron calmarse hace años.
Ella gimió y se apretó un poco más.
Cuando el aire nos faltó, nos separamos, jadeantes.
— Buenas noches, Edward.
— Buenas noches, Bella.
Y se alejó.
Aquel me parecía un dèjá vu, como aquella noche en Zero.
Sin embargo, esta vez sonreí como un maldito idiota.
¡Hola! Aquí yo otra vez con este nuevo capitulo. :)
Éste es un poco más corto que el resto, sí, pasa mi límite de "mínimo diez hojas", pero los pasados habían sido de veinte o más, así que, sentí que se quedó un poco pobre:(, btw: También cabe aclarar que, este cap es algo así como un capitulo de relleno-no relleno. Jajaja. En realidad no tiene mucho de lo que hablar más que el avance de Edward y Bella, sin embargo, éste da pie al siguiente capitulo.
¡Les prometo mucho drama para el próximo cap!
Así que, por favor: Tengan en cuenta que yo me apoyo en sus respuestas, en sus comentarios, favs, alerts. Agradezco a todos aquellos que se toman la molestia de dejar un comentario o agregar mi historia a sus favoritos y alertas. :D ¡Gracias de corazón!
Sé, que no es mucho, supongo. Más, es mi primer fic y toda respuesta y comentario, por muy escaso que sea, es bienvenido.
Así sea el primero, último o el fic que sea, todo es bienvenido.
¡Espero sus comentarios!:)
Y que tengan un bonito fin de semana, nos vemos el próximo. :D
Ivy. xo
