BAILANDO BAJO LAS ESTRELLAS

(To Dance Beneath the Diamond Sky)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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10.- Preludio a un beso

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Heero la miró por largo rato después de su declaración. Sus ojos estaban húmedos con lágrimas contenidas; su lleno y rosado labio inferior temblaba levemente. De repente se le ocurrió que extrañaba a la verdadera Relena. La risa que le brindaba a Duo, el saludable color en sus mejillas cuando habían ido a bailar swing, la suave entonación del acento europeo que había hecho eco en su voz por el teléfono. La chica en frente de él estaba muy triste… algo tenía que hacerse para regresar a la Relena de la que rápidamente estaba enamorándose.

Alcanzó y tocó su mentón para estabilizarlo. "Realmente crees que no eres lo buena suficiente para interpretar a Odette."

"Sí." Pero con el peso de su mirada azul Prusia clavándose en la suya, la afirmación fue menos que convincente.

"Por qué piensas eso?"

La lengua de Relena salió para humedecer sus labios. Heero parpadeó, momentáneamente paralizado por la vista. "Bueno…" comenzó ella. "Me has visto en clase. Tropiezo… tambaleo… Nunca logro suficiente altura en mis saltos… mi presentación es inconsistente." Sus ojos se bajaron. "Sabes… que no puedo hacerlo, Heero."

"Sé que piensas que no puedes," la corrigió. "Pero no creo haberte visto bailar de verdad. Te he visto ponerte nerviosa y cometer errores." Heero dejó caer sus dedos de su mentón. "Me gustaría verte bailar a Odette… bailarla realmente. Conmigo. Qué dices?"

Ella miró sus ojos, pero no vio burla o condescendencia en sus profundidades. Todo lo que vio fue honestidad con una pizca de desafío. Ojos en los que podía confiar. La mirada de Relena se desvió. También eran ojos que habían visto a Dorothy Catalonia en una playa…

"Está bien," dijo Relena finalmente. "Bailaré a Odette." Tragó. "Pero no por ti. Por mi."

Heero asintió. "Así es como siempre debe ser."

Relena se alejó de él. "Después de todo, eres quien tiene algo que perder. Todos ya esperan que luzca ridícula en el escenario." Ella pausó para contener sus próximas palabras, pero igual salieron de su boca. "Esta es tu última oportunidad para presionar por alguien más. Estoy segura de que Dorothy sería una buena princesa cisne."

Heero frunció. "Por qué Dorothy?"

"No lo sé…" Distraídamente presionó la satinada punta de su zapatilla en el piso. "Sólo tuve la impresión de que ustedes dos tuvieron… um… una historia."

Él no dijo nada por un momento. "Eso no tiene ninguna relación con su habilidad para bailar."

El corazón de Relena golpeó en su pecho. Este debió haber sido su momento de clarificación, cuando desmintiera las palabras de Dorothy y declarara su inocencia. Su humor tomó otro giro. Entonces… la otra chica no había estado mintiendo. "Supongo que no."

Justo entonces, la puerta de su estudio se abrió y Treize sacó su cabeza, buscando. Cuando ubicó a sus dos bailarines principales, frunció. "Sr. Yuy… Srta. Darlian," llamó él. "Tómense su tiempo. En verdad… cuarenta personas no esperan por ustedes."

Heero indicó para que Relena caminara adelante. Lo hizo con su espalda recta, su mentón nivelado, presentando una imagen de calmada determinación. Por dentro, era una ruina.

Su postura perfecta engañó a todos menos a Heero. Mientras Heero y Lucrezia comenzaban el tedioso proceso de enseñarle a Relena todo lo que le había tomado a Hilde aprender en un mes, la observaba con cuidado. Su historia con Dorothy… qué había sacado eso? Si podías llamar una historia a unos cuantos besos ebrios después de una pelea con su padre en su casa en The Hamptons. No le había tomado mucho desembriaguiarse lo suficiente para detener las cosas; la mano de Dorothy en su muslo había sido como una ducha fría y una docena de tazas de café. Realmente no habían hablado desde entonces.

Al menos, mutuamente. Cuando captó la desconfianza en los ojos de Relena y la tensión en su delgado cuerpo al elevarla, Heero tuvo que preguntarse cuánto había estado hablando Dorothy con todos los demás.

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"Duo?"

Él levantó su cabeza de su durmiente posición en el brazo de Hilde y parpadeó adormecido ante la mujer de pie al otro lado de la cama. "Sra. Schbeiker?"

Katja frotó su antebrazo y tiró de la manga de su uniforme. "Cómo está?" preguntó nerviosa.

"Está… um…" Duo alcanzó el rostro de su novia durmiente. Cómo podría decirle a la mujer que su hija estaba pendiendo al borde de la depresión. "Aún se está ajustando a las noticias."

"Oh, mi bebé…" Katja se sentó al borde de la cama y acarició la mejilla de Hilde. "Mi pobre bebé."

"En verdad hoy la necesitó," continuó Duo, con más reprimenda en su voz de la que probablemente debió haber mostrado.

La madre de Hilde miró su manchado vestido rosa. "Habría estado aquí todo el tiempo si pudiera. Pero al menos… te tuvo a ti." Tomó la mano de su hija. "Es muy afortunada en ese aspecto."

Duo frunció. "Todos dicen eso. Pero no soy un caballero en un caballo blanco, sabe. Hilde va a estar bien y va a estar bien porque realmente es fuerte. No porque me tenga para apoyarse."

Katja dejó al chico sacar de su pecho todo lo que pensaba antes de asentir. "Por supuesto." Miró el reloj en la pared. "Ve a casa, Duo. Estoy segura que tus padres te extrañan. Puedo quedarme con ella por el resto de la noche."

Él titubeó. Era la primera vez que veía a la madre de Hilde actuar como una madre de verdad. "Van a darle de alta en la mañana…"

"Creo que puedo llevarla a casa."

"Pero, estará en muletas y con analgésicos y…"

"Duo." La voz de la mujer era firme. "Necesito hacer esto por Hilde. Tú ya has hecho más que suficiente."

Duo miró sus zapatos. "En realidad no. Pero está bien." Se levantó y besó la frente de Hilde. "Dígale que iré a verla mañana después de la clase de ballet. Espere, no… no mencione la clase de ballet. Sólo dígale que estaré ahí después de… um… que me corte el cabello. No… después de…"

"Lo entiendo," sonrió Katja. "Adiós, Duo."

Se dirigió hacia la puerta y se giró para ver a Katja acomodando su cuerpo en la cama junto al de Hilde. Metió su brazo bajo el cuerpo de su hija y descansó su mentón en sus oscuros rizos. Duo sonrió y dejó la pequeña habitación de hospital.

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Relena debatió en llamar a Quatre esa noche y desahogar cada pena con su viejo amigo, pero de alguna forma, no pudo permitirse marcar el número internacional. En vez, se sentó en su escritorio, sacó el papel para escribir que su madre le había insistido que tuviera, aunque todo el mundo recurriera a la velocidad del email, y comenzó a escribirle una carta. Le tomó mucho tiempo; su francés era mejor cuando hablaba que cuando escribía.

"'No entiendo por qué fui seleccionada'," le escribió en su adornada caligrafía. "'Algunas veces creo que sería mejor para todos si rechazo el papel. Pero supongo que ahora es muy tarde para eso. Soy Odette. Y Hilde, la pobre Hilde quien debía tener el papel y es tan infeliz… siento que la he traicionado de cierta forma. Lo hice, Quatre?'" Relena bajó su pluma por un momento antes de firmar su nombre con un ademán.

Como una idea tardía, tomó de nuevo la pluma y añadió una post nota. "Te extraño tanto. Eres el único hombre en mi vida que no me confunde. Llámame cuando recibas esta carta. O mejor aún, vuela para verme… pero no el fin de semana del taller. Confía en mi… tendrás mejores cosas que hacer."

Dobló la carta, la guardó en su sobre que portaba la dirección del chateau del padre de Quatre en las afueras de París y la hizo a un lado para enviarla en la mañana. Después de un rápido viaje a su baño privado para lavar su cara y cepillar sus dientes, Relena regresó a su cama y se sentó para programar su alarma para las 6 AM.

El golpe en la ventana de su habitación casi le da un infarto. Soltó las sábanas en su mano y se giró para encarar las cortinas de encaje. Afuera había una ensombrecida figura; por primera vez, maldijo la escalera de incendios. No había una forma más práctica para salir del edificio en caso de emergencia, en vez de una que la dejaba expuesta a los depredadores de la ciudad?

"Quién está ahí?" llamó Relena, incapaz de esconder el titubeo de temor en su voz.

La respuesta fue amortiguada por el vidrio y el encaje. "No tengas miedo, Relena. Soy yo." Hubo una pausa. "Heero."

Su corazón se desplomó otra pulgada, pero esta vez, no fue de pavor. "Heero?" Se acercó a la ventana con mucha cautela e hizo a un lado las cortinas. Heero, sin duda, era la persona acurrucada en la plataforma de hierro. Abrió las ventanas, obligándolo a retroceder. "Qué demonios estás haciendo aquí?"

Ella nunca antes había maldecido en su presencia. Heero parpadeó. "Um… quería verte."

Las simples palabras lograron detener su corazón por un momento. "Tú… querías verme? A esta hora de la noche?" Relena tragó. "Pudiste haber llamado…"

"Pude." Heero miró el cielo nocturno. "No hay más luna llena, pero aún es bonita. No quieres verla?"

Ella suspiró, una mezcla de exasperación y anhelo. "No podría verla desde la ventana?"

Él sacudió su cabeza y extendió su mano. "Vamos."

"Estoy en pijama…" Relena tiró de la tira de su top.

"Te daré un minuto para vestirte."

Ella depositó sus manos en sus caderas. "Qué te pasa?"

Heero miró el piso de hierro de la escalera de incendios. "Hoy en clase… te veías tan… perdida. Sé lo que es estar perdido."

"Sí?" Su voz fue un susurro.

Él asintió y levantó su mirada hacia ella. "Entonces, saldrás? Al parque?"

Relena titubeó otro momento antes de ceder finalmente. "Espera." Ella lo dejó en la ventana y desapareció en su vestidor, emergiendo un momento después vestida en jeans, un suéter azul marino y tenis. Después de tomar sus llaves, salió por la ventana y se unió a Heero en la escalera de incendios. "No puedo creer que esté haciendo esto," le dijo en voz alta. Lo que no le expresó fue la vaga sensación de excitación que había surgido de repente. Escabullirse a Central Park con hermoso chico en medio de la noche…

La emoción amenazaba con bloquear todo su sentido común. Relena tuvo se ceñirse a lo que sabía sobre Heero. A lo que había sabido sobre él ese mismo día.

Heero de nuevo le ofreció su mano y la ayudó a bajar los quince vuelos de escaleras. Recibieron más de una extraña mirada de las personas en el edificio cuyas ventanas estaban abiertas; Relena rezó por que ninguno de ellos la reconociera y llamara a su hermano.

Cuando alcanzaron la calle, un los taxi estaba esperando; estaba destinado para Central Park. En el taxi, Relena tuvo una idea. "Heero… um… cómo supiste cuál ventana era la mía?"

"Proceso de eliminación," respondió él. "Supe tu edificio y piso del directorio estudiantil. Aposté a que sería la ventana con cortinas de encaje."

Ella tuvo que sonreír. "Podría haber sido la ventana de mi hermano. Es un bailarín de ballet. O lo fue."

"No veo a Milliardo con encaje." Heero se encogió. "Hice la suposición correcta, no?"

"Sí, la hiciste."

Guardaron silencio el resto del camino al parque. Heero le pagó al conductor y el taxi aceleró en la noche. Relena miraba la impenetrable pared verde de Central Park con una cantidad justa de aprehensión. "Esto es seguro?" le preguntó.

"Tan seguro como todo en la ciudad." Heero alcanzó por su mano y se sorprendió un poco cuando no la tomó automáticamente. "Quiero mostrarte mi lugar favorito."

Relena lo siguió de cerca mientras la conducía por un pequeño sendero hacia el centro del parque. Después de unos minutos de silencio, Heero aclaró su garganta. "Confías en mi?"

Ella parpadeó. "Por qué? Qué vas a hacer?"

"Nada," respondió. "Quise decir, en general. Confías en mi?"

"Yo…" Relena pateó una piedra con la punta de su zapato. "No te conozco muy bien…"

"Entonces, no confías en mi." Su voz estaba más que un poco decepcionada.

"No eres tú," enfatizó ella. "Nunca he sido muy buena en clases de pas de deux. Especialmente desde…" Su boca se cerró abruptamente. "Intentaré hacerlo mejor… con las elevaciones y esas cosas."

Heero frunció. "Qué ibas a decir antes de detenerte?"

Relena sacudió su cabeza, su oscura y rubia cola de caballo azotaron sus mejillas mientras cambiaba de tema rápidamente. "Y, dónde es este lugar favorito?"

"Justo adelante." Él dejó el tema; evidentemente no deseaba hablar de eso. "Creo que los chicos van a estar ahí esta noche."

"Los chicos?"

Heero la miró. "Ya lo verás."

Salieron del bosque y acortaron caminos hacia un espacio abierto que rodeaba una fuente de piedra hermosamente tallada y fueron recibidos por las cautivadoras notas de un saxofón. Al otro lado, estaba instalado un cuarteto, tocándole a los paseadores nocturnos y caminantes.

"Los chicos," le informó Heero. "Ed, Bill, Samson y Dewey. Están aquí casi todas las noches. Los descubrí cuando tenía trece años."

"Qué estabas haciendo en el parque a esta hora de la noche cuando tenías trece años?" preguntó ella, un destello en sus ojos azules.

Heero aclaró su garganta. "Yo sólo… tuve que salir de la casa una noche." De nuevo alcanzó por su mano. "Te presentaré cuando terminen su…" Se desvaneció cuando, otra vez, se rehusó a tomar su mano. "Relena… he hecho algo malo?" La mano que le había ofrecido alcanzó para rascar la parte trasera de su cabeza. "No soy muy bueno en este tipo de cosas, lo sé. Pero no pensé que estuviera asustándote. Te estoy asustando?"

Relena miró al cielo; la tenue luna los miraba. "No estoy segura por qué… por qué *me* pediste venir aquí…" Tomó un respiro. "… cuando Dorothy Catalonia es tan… complaciente."

"Tuve la sensación de que ella tenía algo que ver en esto." Heero suspiró y miró más allá de la fuente donde su cuarteto estaba comenzando a tocar "Please Love Me" de los B.B King. "No estoy seguro de lo que te dijo, pero lo que fuera…"

"No tienes que explicarte conmigo, Heero," lo interrumpió. "Tu historia sexual no es enteramente *mi* asunto."

Heero suspiró. "No tuve sexo con Dorothy."

Alivio la bañó ante la simple declaración. "De verdad?" dijo finalmente. "Pero ella me dijo…"

"Ella te dijo lo que probablemente le dijo a todos." Apretó sus dientes. "No puedo decidir si es mejor que me piensen gay o de tener sexo con esa…" Después de una pausa, continuó. "Fueron unos momentos de mal juicio por demasiado alcohol. Eso es todo."

"Oh." Relena mordió su labio. "Siento haberle creído, Heero."

Él levantó su hombro, despidiendo el incidente. Un momento pasó. La noche a su alrededor era fría; una dulce brisa llevó las gentiles notas de la banda hacia ellos. Relena cerró sus ojos y respiró profundamente. La primavera estaba sobre ellos y el parque olía a flores frescas y tierra limpia.

Heero la observó disfrutar el momento. Sus oscuras y espesas pestañas descansaban contra sus tersas mejillas; sus labios se separaron levemente, húmedos y rosados. Él tragó. Era muy encantadora para ser real. Tuvo el repentino temor de que si se pellizcaba, despertaría en su cama con su padre golpeando la puerta, llamándolo un…

Relena alcanzó por su mano, entrelazando sus dedos con los suyos y desconocidamente alejó sus demonios por el momento. Habló antes de pensar, un hábito que había formado en las semanas que la había conocido. "Bailas conmigo?"

"Sí," respondió ella suavemente.

Él la acercó a la banda y recibió sonrisas y aprobadores guiños de los cuatro hombres. Esperando que la oscuridad escondiera sus sonrojadas mejillas, Heero puso su mano alrededor de la pequeña cintura de Relena. Como en el club de swing, ella colocó su propia mano en su musculoso hombro. Sus manos libres permanecieron juntas mientras comenzaban a bailar.

Se movían perfectamente con el otro y con la música. Relena se entregó a la magia de sus alrededores; no hubo incómodos tropiezos o pasos perdidos. Ella y Heero bailaban como uno y era tan perfecto que las otras parejas haciendo lo mismo se detuvieron para observar. Tomando la iniciativa, Relena descansó su mejilla en su clavícula.

Heero inhaló el aroma de rosas de su cabello; las delicadas y fragantes flores le quedaban. Su mano subió para presionarla contra su baja espalda, acercándola más a su cuerpo. En ese momento tuvo la dominante urgencia de sentir esos rosados labios contra los suyos. Para hacerlo, se separó levemente y movió su brazo rodeándola para levantar su mentón.

Ella lo encontró con una ensoñadora sonrisa. Cuando cerró sus ojos y bajó sus labios hacia los suyos, su único titubeo fue interno. Relena respondió a su beso con igual pasión, ignorando el grito de su cerebro de ir despacio. No dejaría que Jean-Paul arruinara su primer beso real con el recuerdo de los suyos forzados. Los labios de Heero eran gentiles y aunque ansiosos, no eran demandantes.

El beso no terminó hasta que las notas finales de la canción se desvanecieron en la brisa. Heero se separó, completamente intoxicado por el sabor de sus labios y más contento de lo que podía recordar haber estado.

Relena abrió sus ojos. "Heero," susurró. "No me siento perdida más."

Él sonrió. "Ni yo."

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Continuará…