LA VIDA QUE QUIERO

CAPÍTULO X

Advertencia: El siguiente capítulo contiene escenas, muy, muy, muy candentes. (No apropiadas para menores) Ay cielos… creo que esto es lo mas porno que he escrito hasta ahora, así es que más les vale que les guste y si es así, me lo demuestren con muchos reviews, jejejeje. Gracias por seguir esta historia.

Varios días después, ni Candy, ni Michelle, recibieron la visita de un hombre en común. Es como si de repente la tierra se hubiera tragado a Anthony.

Pero no. El chico estaba realmente enfadado consigo mismo.

El día que buscó a Candy, de verdad tenía la "ilusión" de que ella aceptara darle una nueva oportunidad.

¿Por qué entonces no había dejado aún a Michelle?

Simple. Si Candy lo rechazaba entonces no tendría necesidad de lastimar a Michelle. En cambio, si Candy aceptaba darle esa oportunidad, entonces no le hubiese importado en lo más mínimo dejar a la jovencita.

Pero las cosas no le salieron como esperaba. Estaba realmente enfadado por haber hecho las cosas tan mal. Peor aún, a sabiendas de que Candy ya tenía un novio.

Y no cualquier novio. Anthony y Terry se conocieron desde el "Kínder Garden". Posteriormente, ambos siguieron rumbos distintos y no volvieron a verse jamás, sino hasta pasados más de 10 años, pero no se consideraban amigos, en lo absoluto.

Posteriormente, el tener una relación con la hermana del joven, provocó que se reencontraran y entonces llevaran una amistad más o menos cordial.

Por esa razón, Anthony sabía que Terry es una persona de temperamento muy fuerte, muy territorial, apasionado, celoso, orgulloso y siempre muy firme en sus convicciones.

Aunque aún no estaba dispuesto a quitar el dedo del renglón…

El fin de semana, ya el último de actividades escolares, Candy le llamó a su mamá. Le hizo saber que dentro de una semana estaría en Houston visitándola a ella y a su hermano. La señora se alegró mucho, y le dijo que se moría por verla, pues le tenía excelentes noticias, aunque no se las dijo por teléfono, pero Candy se imaginó que algo tendría que ver con su salud.

Y ahora sí, al fin, llegó el momento tan esperado y ansiado por todos los jóvenes universitarios. Las vacaciones.

El punto de reunión fue a las afueras del campus universitario. Alquilaron un autobús para quien prefiriera viajar en él, pero los jóvenes que contaban con automóvil propio en su mayoría prefirieron viajar así, en sus autos.

Las playas que visitarían serían las de Florida, así es que el camino era bastante largo, de aproximadamente unas 20 horas.

Candy por supuesto, viajó con su novio. Annie viajó en el auto de Archie y los demás se fueron distribuyendo también.

Parecía que Terry no conocía el agotamiento. O tal vez estaba tan acostumbrado a manejar. La verdad es que era una actividad que le agradaba mucho, y más aún hacerlo por carretera y no en el tedioso tráfico de la ciudad.

Hicieron una que otra parada en algún restaurant, pero no permanecían mucho tiempo en esos lugares puesto que querían aprovechar todo el tiempo posible en las paradisiacas playas, disfrutando del calor, la playa y la compañía.

Al fin llegaron. Arribaron a un hotel campestre muy bello. Era un hotel sencillo y barato, pero muy acogedor. Aún todos eran estudiantes, así es que economizaron lo más posible para dedicar los fondos de sus ahorros en otras cosas.

Todos se distribuyeron entre varias habitaciones, quedando unas cuatro o cinco personas en cada una. Por supuesto, hombres con hombres y mujeres con mujeres, sin embargo, son universitarios, así es que les valió un cacahuate las reglas y se revolvían en las noches para hacer fiestas o reuniones en las que reinaban el alcohol y el tabaco.

En una habitación, se distribuyeron Candy, Annie, Luisa y Linsday. Las otras dos chicas se llevaban muy bien con Candy y Annie, pero tampoco podía decirse que eran inseparables. Así es que en parejitas iban y venían.

Por otro lado, en la otra habitación se encontraban Terry, Archie, Charlie, un hermano de éste y Neal.

Neal ya había hecho las paces con Terry, y aunque no podría decirse que se hablaban bien, por lo menos ya no se odiaban.

Desempacaron sus pertenencias, posteriormente se vistieron acorde al clima y salieron a la playa, a disfrutar del sol.

Las chicas eran las más entusiasmadas, todas ataviadas en coloridos bikinis se dirigieron a la playa a jugar un amistoso partido de voleibol.

Los caballeros las observaban divertidísimos. Ellos estaban sentados disfrutando de varias bebidas refrescantes a la sombra de una palapa.

Pero minutos después, llegó Terry a hacerles compañía. Buscaba a su chica con la mirada, pues desde que llegaron al hotel se separaron y no se habían visto en más de seis horas.

Claro, para una pareja de recién enamorados cada minuto cuenta como un día entero… entonces es comprensible que estuvieran ansiosos por verse.

Al fin la ubicó. Candy estaba jugando con todas las chicas en la playa. Portaba un bikini de dos piezas, casi, casi diminuto y por consiguiente, Terry casi se desmaya.

Es bien sabido que ya había visto unas fotografías de ella modelando lencería. Si la mirada desgastara, esas fotografías ya no existirían, y tampoco es un secreto que siguiendo los impulsos naturales latentes al observarla así, se regalara a sí mismo un poco de placer en la privacidad de su alcoba.

Pero verla en vivo y a todo color definitivamente es algo muy distinto. Y no era para menos. La parte superior del bikini se ajustaba perfectamente a sus senos, dejando sensualmente descubierta una generosa parte de ellos.

Por otro lado se dejaba ver su esculpida y esbelta figura, pero con una curva generosa en la parte de sus caderas y unos glúteos tan firmes y bien desarrollados que se moría por tocar.

Fue entonces que sigilosamente fue a su encuentro. Y entonces ella volteó y lo vio. Casi recibe un pelotazo en la cabeza debido a que se quedo paralizada, claro está, observando a Terry.

Vestía únicamente con una bermuda azul que le llegaba un poco arriba de las rodillas. El color de su piel es perfecto. Aunque es un chico delgado, su pecho se ve tan varonil y fuerte, al igual que sus brazos. Ella ya conocía la firmeza de esos brazos un tanto velludos, pero jamás había visto sus piernas, tan fuertes, atléticas, y también velludas como los brazos. Observando más arriba, notó unas pequeñas marcas en su abdomen, si, marcas de ejercicio, y un poquito más arriba su firme pecho. Entonces recordó aquél día en que sus manos se escabulleron debajo de su camisa para acariciar esa parte de su cuerpo, tan firme y tan suave a la vez, pues allí no tenía ni un solo vello. Y más arriba, observó su cabello suelto, cayéndole a los hombros, además lo tenía húmedo. No quiso observar lo que había en medio de esa escultura de hombre debido a que no estaba segura si controlaría sus impulsos naturales.

Se olvidó completamente del partido de voleibol que jugaba con sus amigas para ir al encuentro con su novio.

Lo abrazó del cuello y lo besó tímidamente a los labios, mientras que él la tocaba delicadamente de la cintura.

-Hola, guapo – se atrevió a decirle ella

-Hola, hermosa – le dedicó una enorme sonrisa – de verdad te ves bellísima – la tomó de las manos y la separó un poco para observarla bien. Entonces ella se sonrojó de pies a cabeza.

-Terry – decía entre risas - ¡Ya!

-¿Ya qué?

-Ya no me veas – le dijo tímidamente

-Tú tienes la culpa por estar tan bella – la abrazó y la dirigió a otro lugar donde pudieron estar más cómodos y solos.

Todo el día transcurrió sin gran novedad. Todos se divirtieron en la playa jugando, retando a las olas, de vez en vez escapándose para beber una refrescante cerveza y posteriormente, se dirigieron al hotel para vestirse. Esa noche un grupito planeaba irse de reventón, mientras que otros ese reventón lo harían en alguna de las habitaciones.

Ni Terry ni Candy se enteraron de los planes de los demás puesto que se la pasaron toda la tarde recorriendo la playa de extremo a extremo, caminando tomados de la mano, de vez en vez abrazándose, besándose o recogiendo unas cuantas conchas para su colección, mientras reían, bromeaban o simplemente dejaban pasar el tiempo con profundos besos y abrazos.

Cayó la noche. Los demás jóvenes se alistaban para llevar a cabo sus planes.

Pero Terry y Candy decidieron permanecer en la playa, aunque fuese de noche. Ubicaron un bello y privado lugar, casi a un extremo de la playa, en donde se veían del lado derecho unas rocas gigantes en las cuales las olas del mar se rompían majestuosamente para regresar a buscar su camino en el océano.

Entonces, se sentaron allí, en la arena, uno al lado del otro. Terry pasó su brazo sobre los hombros de Candy para abrazarla y entonces ella se acurrucó en su pecho.

-Me alegra haber venido – dijo al fin Candy, después de unos diez minutos en que estuvieron en silencio total

-A mí también me alegra – le respondió él – gracias por venir, hermosa. Me has hecho muy feliz.

-Y tú a mi – se acercó más a su rostro para darle un beso – eres increíble.

Se abrazaron nuevamente y siguieron observando la hermosa luna llena que se reflejaba brillantemente sobre el océano, cortándose divinamente en el horizonte y tan brillante que deslumbraba.

Entonces, sin pensarlo más, Terry abrazó más fuertemente a Candy y la movió un poco de lugar, a manera de que ella quedara sentada sobre sus piernas, de lado.

Se miraban amorosamente a los ojos. Terry acariciaba con infinita ternura el rostro de Candy al mismo tiempo que acomodaba detrás de sus orejas algunos rizos caprichosos que se colaban por sus mejillas y le impedían besarlas.

Entonces ella, comenzó a hacer lo mismo con su novio. Acariciaba su cabello, acomodándolo, palpándolo y deleitándose en la abundancia de ese cabello castaño que la volvía tan loca.

-Te quiero – susurró Candy, muy cerca de los labios de su príncipe

Entonces él, con impresionantes ansias se apoderó de la boca de ella. Con su mano derecha tocaba el mentón de Candy mientras que con el otro brazo la abrazaba firmemente de la cintura, sintiendo la suavidad de su piel.

Ella por su parte, lo abrazaba por el cuello, deleitándose con el sabor de sus labios, con la magistral danza de sus lenguas y sus caricias.

Sus labios se separaron con el único propósito de seguir su camino por el cuello. Entre más besos, los abrazos se hacían más fuertes, y las caricias subían de intensidad.

Entonces Candy, sin pena alguna, posó sus manos sobre el pecho de Terry, palpándolo a cada centímetro, saboreando su cuello y muriéndose al mismo tiempo porque sus labios probaran también la piel de ese masculino pecho.

Y no tardó mucho en darse el gusto. Se agachó levemente y comenzó a torturar a Terry con húmedas caricias primeramente en sus hombros.

Posteriormente descendió un poco más hasta alcanzar con la boca sus pezones, en donde se dio el tremendo gusto de mordisquear y saborear a su antojo.

Entonces Terry sin poder contenerse más, la tomó del rostro, haciéndola levantarse, pero aún seguía sentada, y entonces la besó con desenfrenada pasión al mismo tiempo que escabullía sus traviesas manos debajo de su sostén.

La reacción de Candy fue imprevisible. Jadeaba sutilmente al mismo tiempo que devoraba a su novio con la boca y se aferraba a su cabello.

Tales caricias duraron un par de minutos. Los masajes en sus senos casi le hacían perder la cordura. Él se deleitaba masajeando y pellizcando con delicadeza. Sobre sus labios él también jadeaba, de emoción, de placer. Ambos estaban satisfechos por el momento, pero ella sentía que necesitaba más.

Con una de sus pequeñas manos tomó la de Terry. La acomodó delicadamente sobre la tela de su bikini que cubría la entrepierna.

-Tócame – susurró – necesito que me toques… te necesito, Terry – decía entre cortadamente

-Y yo te deseo – dijo él, enronquecidamente

Y entonces, no necesitó más permisos. Hizo a un lado la estorbosa tela y palpó con sus dedos esa zona erógena que tanto ha anhelado entre sueños.

Se sentía mucho mejor de lo que se pudo imaginar. Se moría por observar, pero la oscuridad de la noche lo impedía, así es que se limitó a tocar.

Con habilidosos movimientos de los dedos fue separando delicadamente cada uno de sus pliegues, que para este entonces ya se encontraban húmedos, listos para él. Masajeó con suavidad pero a la vez con firmeza ese botón erótico capaz de controlar el exuberante deseo de una mujer.

Todo esto, sin despegar en ningún momento sus labios, regalándose besos tan intensos como las caricias mismas.

Ella movía sus caderas hacia adelante. Deseaba tanto sentirlo adentro. Aunque fuesen sus dedos, necesitaba sentirlos, pero Terry seguía dando las mismas caricias, sin introducir aún nada.

Entonces ella, con el propósito de intensificar más el momento, bajó una de sus manos a la entrepierna de él. No se sorprendió de notar que su miembro estaba tan rígido y ansioso, pues Terry no disimulaba su placer, ni en sus besos, ni en sus caricias.

Entonces, después de un buen momento de disfrutar únicamente caricias externas, ella se atrevió a ir más allá. Con su misma mano, empujó la de Terry, sorprendiéndolo gratamente.

-Tócame más – pidió – anda… más

Terry no necesitó más autorización para llevar a cabo lo que tanto deseaba. Se introdujo, lentamente, primero un dedo, sintiendo su humedad mezclada con su calor. Sintió tan rico ese primer contacto, que no pudo evitar gemir a la par con ella. Se imaginaba introduciendo otra parte de su cuerpo allí, y se volvió loco.

Entonces introdujo otro dedo, y luego otro, haciendo movimientos firmes, rápidos y candentes.

Ella no trataba de evitar quejarse, pero de satisfacción. Con sus manos también lo tocaba a él. Aún sobre la tela de la única prenda que portaba Terry, pero aún así se sentía maravilloso.

También ella se imaginaba ya haciendo el amor con él. Pero por ahora se concentró en las recientes caricias, en la gran habilidad de su novio para tocarla y hacerle alcanzar el cielo con tan solo usar sus manos.

Y el clímax llegó. Ella alcanzó el máximo placer con tan solo esas caricias. Lanzó un suave e intenso jadeo al mismo tiempo que se abrazaba más de él.

Terry la apretó más, con sus enormes brazos tan masculinos la rodeaba toda, al mismo tiempo que le regalaba más besos.

Ninguno de los dos ha experimentado aún hacer el amor bajo la luz de la luna. Y una idea traviesa cruzó por la mente de la pareja. Volvieron a besarse a los labios nuevamente, y una vez que Candy intentó recostar a su novio sobre la arena, él la interrumpió.

-Creo que viene alguien – dijo con sus labios pegados a los de ella

-Mmmm – exclamó en forma de queja, pero igual, siguió abrazándose a él.

Quien llegaba era Charlie.

-¡Hola! ¿Cómo están? – se sentó junto a ellos, pero a una distancia como de medio metro

-Estábamos bien hasta que llegaste tú – dijo Terry

-Entonces ya me voy

-¡Era broma! ¿Qué sucede? ¿A qué vienes?

-Pues venía a preguntarles si ustedes nos acompañan a la reunión. Nosotros la haremos en nuestra habitación, pero los demás se irán a una disco.

-No lo creo – respondió Terry – estoy algo cansado del viaje

-No se te olvide que yo también manejé todo el camino, y no me estoy quejando

-Sí, pero…

-Yo tampoco podré, Charlie – habló Candy – más bien, al igual que Terry, preferiría descansar. Estoy segura que Annie y las demás chicas tampoco están de ánimo para una fiesta.

-Cómo deseen – se levantó – luego no digan que no los invité - dijo bromeando

-Nos vemos mañana, Charlie

-Adiós – se despidió con un movimiento del brazo

-¿Nos vamos? – preguntó Terry a su novia

-Sí

Entonces se levantaron, se tomaron de la mano y se dirigieron al hotel.

Llegaban a la recepción y se sorprendieron de no ver a ninguno de sus conocidos allí. Pensaron que tal vez ya andaban de parranda.

Subieron las escaleras. Candy tenía su habitación en la segunda planta y Terry en la tercera.

Una vez llegando a la segunda planta, Terry despidió con un beso a su novia.

-Nos vemos mañana, hermosa

-¿Ya… nos despedimos? – preguntó Candy

-Pues, ambos estamos cansados

-Ah, sí, cansados…

-¿Qué sucede?

-Nada – lo abrazó – te extrañaré

-¡Pero si no me voy al fin del mundo! Te veré mañana por la mañana

-Sí, pero… es que… bueno, nada ¡Adiós!

-¿Qué sucede, hermosa?

-Nada, es que…

-¿Es que…?

-¡Ah! ¡Olvídalo!

-No – la abrazó aún más, observándola muy divertido - ¿Qué quieres?

-¿Qué que quiero? ¿Por qué lo preguntas?

-Sé que quieres algo – la miró algo seductor – acompáñame – la tomó de la mano y se dirigieron nuevamente a la recepción – espérame aquí – le dijo una vez dejándola sentada en un confortable sofá.

Se dirigió nuevamente a ella, regalándole una arrebatadora sonrisa al mismo tiempo que tomaba su mano para que se levantara.

Ella accedió gustosa y entonces se dirigieron hasta el último piso del hotel. Caminaron por dos pasillos distintos hasta llegar a una habitación en particular.

Terry abrió la puerta y ambos se adentraron. La habitación era una de las más confortables. En medio se hallaba una cama matrimonial y los muebles alrededor eran de unas tonalidades en café con blanco haciendo lucir el ambiente muy cómodo.

Pero realmente el aspecto de la habitación era lo menos importante en el momento en que ambos jóvenes cerraron la puerta tras de sí, pues los dos se fundieron en un abrazo seguido de un apasionante beso y exigentes caricias.

Con impresionante rapidez Terry dirigió a su novia hacia la cama, sin desprenderse ni un momento de su beso.

Quedó recostado encima de ella. Candy hundía sus dedos en la cabellera de Terry mientras que él disfrutaba de tocar toda la suave piel de ella, recorriéndola desde los brazos, pasando por sus senos, abdomen, muslos… sus caricias cada vez se tornaban más exigentes y sus respiraciones eran más agitadas.

Ambos estaban inquietos, muy juntos, disfrutándose mutuamente. De pronto, Terry desanudó la parte superior del traje de baño de su novia.

Con gran habilidad quitó ese estorbo de su camino. Recargó todo su peso sobre sus brazos para quedar a una altura prudente y observar a su musa.

La vista que obtuvo fue suficiente para despertar exigentemente todos sus sentidos. Tantas noches en sueños la imaginó así, desnuda, frente él, sonriéndole y a punto de hacerla suya…

Y estaba el momento tan cerca, que casi creyó que era una alucinación. Despertó de su ensoñación cuando Candy lo atrajo hacia ella para besarlo nuevamente.

Entonces, sintió casi desfallecerse. Sentir sus cálidos senos sobre la piel desnuda de su pecho fue la sensación más estremecedora… pero deseaba más, no se conformaba con ello.

Sus labios abandonaron los de Candy para recorrer un camino de besos por su cuello, bajando por sus hombros… pero no tardándose demasiado en probar ese exquisito lugar femenino que lo esperaba con ansias. Sus dos montes lo esperaban a él, a sus labios… deseaban ser acariciados con su lengua.

Humedeció todo a su alrededor, lentamente… sin prisa, con exquisita delicadeza, como un verdadero caballero debe de complacer a su mujer, sin excentricidades, pero sí con mucho romanticismo.

Y luego, pasó a saborear el exquisito néctar de sus dos botones que lo esperaban ansiosos. Al sentir el calor mezclado con la humedad de la boca de Terry en esa parte de su cuerpo, Candy sintió elevarse al cielo.

Arqueaba su espalda con el anhelo de que Terry no la privara de esas caricias, de esos suaves mordiscos que se sentían mejor que la gloria misma.

Terry al escucharla jadear, se llenó de alegría y gozo, por lo que comenzó a descender esas caricias. Bajó por todo su abdomen, pasando por el pubis y mordisqueando deliciosamente un poco más abajo aún con la tela de esa prenda encima.

-Hazme tuya – escuchó de repente… casi en un susurro - ¡Oh cielos! ¡Hazme tuya! – suplicaba

Pero Terry no accedería a esa orden así como así. Sabía que debía llenar a su novia de grandes placeres antes de consumar su amor.

Con sus dientes deslizó el bikini, hacia abajo, dejando al mismo tiempo un reguero de húmedos, cálidos y deliciosos besos en sus muslos, rodillas y pantorrillas, hasta que finalmente la despojó de esa prenda que en estos momentos la veía tan horrible y estorbosa.

Y ahora sí, uno de sus mayores sueños se cumplió, verla total y completamente desnuda, esperándolo a él… rogando por él, y suplicando que la hiciera su mujer.

Sintió agradables escalofríos por todo su cuerpo cuando ella atrajo su cuerpo con sus piernas, y acomodándolo en medio de ellas con tan solo ese movimiento.

Deseó con todas sus fuerzas permanecer allí, pero no se lo perdonaría después. Se levanto rápidamente, mientras que con impresionante agilidad él se despojó de la bermuda que tenía puesta.

Candy observaba, divertida, ansiosa y excitada. Y es que debajo de esa prenda no había más nada. Se pasó la lengua por sus labios humedeciéndolos e imaginándose poseyendo esa parte del cuerpo de su novio… no le quitaba los ojos de encima, y no podía culparse. Era sencillamente perfecto, grande, grueso y perfecto… no había mejor descripción.

Su pecho se agitaba al compás de su respiración, pero su mirada seguía clavada en la entrepierna de Terry.

-¿Te agrada lo que ves? – preguntó él, con el tono de voz más seductor que ella jamás le había escuchado

Entonces, ella subió la mirada, para verlo directamente a los ojos.

-¡Me encanta! – se levantó rápidamente para abrazarlo y adueñarse nuevamente de sus labios

Entonces Terry aprovechó ese movimiento para elevarla, con la sola fuerza de sus brazos, mientras ella se acomodaba con facilidad rodeando sus caderas de él con ambas piernas.

Y con esos enormes brazos, esos brazos tan varoniles, la sostenía sin dificultad al mismo tiempo que acariciaba su espalda.

-Hazme tuya – volvió a susurrarle, pero ahora muy cerca del oído - ¡Oh Terry! ¡Hazlo!

De inmediato la volvió a recostar en la cama. Se echó encima de ella nuevamente. Candy empujaba su cadera hacia el cuerpo de él, incitándolo a que ya la hiciese su mujer, pero Terry deseaba hacerla esperar más, torturándola con cada segundo que pasaba sin penetrarla aún.

Ella enloquecía más. Lo abrazaba con más fervor, con desesperación, con fuertes ansias.

-¡Hazlo ya! ¡Terry, hazlo ya! – suplicaba

-¿Eso quieres eh?

-¡Sí!

-Será a mi manera – dijo él, levantándose y moviéndola con gran facilidad.

La levantó y la acomodó de espaldas a él, hincada, sosteniéndose ella de la cabecera de la cama con sus manos.

Terry atrás de ella, con la total libertad de tocar su cuerpo a su antojo. Comenzó con intensos besos sobre sus blancos hombros, haciéndola estremecer… mientras las manos de él estaban ocupadas tocando sus glúteos, para posteriormente encontrar el camino al paraíso.

Su miembro no tardó en hallar ese camino. Con delicadeza y lentitud, lo introdujo en el cuerpo de ella, y entonces gritaron… Terry la abrazó más para quedar más unido a ella y con todas sus fuerzas de hombre él comenzó el vaivén del amor.

En cada embestida, era una nueva sensación, un exquisito placer y un nuevo gemido, por parte de ambos.

Al mismo tiempo, Terry llevaba sus manos hacia los senos de ella, mientras con su boca recorría aún su cuello y hombros, y todo ello sin parar de mover sus caderas.

Minutos después, Candy empujó su cuerpo hacia atrás de manera que su cuerpo quedó totalmente tendido en el colchón. Por su puesto, el cuerpo de Terry la siguió, sin salirse de ella, y sin parar de moverse.

Ahora, ella pensaba que sus gritos ensordecerían a todo huésped en el hotel por lo que hundió el rostro en la almohada, con sus uñas rasgaba las sábanas y cuando al fin alcanzó el mayor placer, la mayor felicidad y el total éxtasis, mordió la almohada, gritó ahogadamente y su cuerpo temblaba. Pero Terry aún no había acabado.

Se salió un momento de ella. Se levanto y entonces la movió para que quedara recostada viendo hacia él.

Parecía que moviera una muñeca de trapo. Las fuerzas de ella estaban desvanecidas, su cuerpo estaba suave y relajado, pero aún así él decidió penetrarla nuevamente. Con sus movimientos rápidos la hizo gritar de nuevo.

Entonces los músculos íntimos de ella se tensaron, para dar paso en Terry una gran sensación de delirio. Se sentía cada vez más y más apretado, pero aún así él no dejaba de moverse, de danzar con su mujer al ritmo que ambos seguían placenteramente.

La culminación llegó al fin. Terry enterró su rostro en el cuello de Candy para dar paso a un suave jadeo, claro indicio de que terminó satisfecho.

Intentó levantarse, pero ella se lo impidió. Él volvió a intentarlo.

-No – exclamó ella – quédate así, por favor

-No deseo lastimarte… soy muy pesado

-No me lastimas

-Pero…

-Por favor… quiero dormir así, contigo dentro de mí… ya hemos dormido juntos abrazados, pero ahora quiero dormir así, con mi cuerpo abrazando al tuyo…

Se miraron amorosamente a los ojos. Terry tomó la iniciativa de besar nuevamente los labios de Candy, pero este era un beso distinto. Era un beso en el que se entregaban más sentimientos, en el que se culminaba una etapa de juvenil enamoramiento para dar paso a lo que es el verdadero amor.

Al abandonar sus labios, Terry besó sus mejillas y después sus párpados. Nuevamente juntó sus labios a los de ella.

-Te amo – dijo él, por primera vez – te amo… te amo, Candy – dijo aún con sus labios rosando los de ella

Candy lo miró con dulzura. Y entonces no pudo evitar arrojar unas inquietas lágrimas.

-Yo también te amo

-¿Y por qué lloras? – preguntó él

-Porque… porque soy una cursi – se limpió las lágrimas – lloro de felicidad porque soy muy cursi – se abrazó nuevamente a él – porque me hace tan feliz estar a tu lado…

-Y a mí me hace feliz amarte – le dijo regalándole una sonrisa, y posteriormente otro beso.

Y así permanecieron. Sintiendo el agradable calor emanando de sus cuerpos, él aún dentro de ella, esperando que la llama de la pasión volviera a encenderse para nuevamente gozar juntos de la mayor satisfacción que nos ofrece esta vida. Hacer el amor, realmente el amor, con mucho amor…

Continuará…

¡Espero haya valido la pena la tardanza! Jijiji nos leemos en el siguiente, muchas, pero muchísimas gracias a todas.