Capitulo diez: Desnudando.

"Estoy desnudando mi sinceridad, invadiendo la privacidad del corazón"

-Bella Pov-

Volvimos al consultorio. Edward había hablado sobre los niños en el camino. Al menos no se había apartado después de haberme contando lo de su padre.

-¿Puedes regalarme unos minutos? Sé que ya termino la consulta de hoy.

Edward asintió y me siguió. Ángela nos saludó cordial.

Espere a que tomara asiento y me puse frente a él.

-Hoy realmente no avanzamos mucho, pero quiero que sepas que de verdad quiero ayudarte. Estoy buscando la manera de hacerlo más sencillo. Edward si tú necesitas una amiga, yo puedo serlo. Si un día me necesitas más como una amiga, que como una psicóloga solo dímelo.

-Gracias. Lo estoy intentado Bella. Prometo decir lo que pueda para mejorar. He aprendido que eras una buena persona, no quiero arruinarlo.

Involuntariamente una sonrisa se me escapo.

-Tú también lo eres.

-Es todo por hoy. Espero disfrutaras.

-Claro que lo disfrute. Me gustan tus ideas. Adiós Bella.

-Adiós.

Edward salió del consultorio con una sonrisa. Podía sentirme satisfecha con mi trabajo hoy. Tome mi celular, lo había olvidado aquí en la mañana.

Tenía un mensaje de mi hermana.

Siento no haber llegado a casa. Estaba un poco indispuesta. Diego me ha ayudado. Llegare pronto, iré al cementerio.

¿Al cementerio? Mis sospechas eran ciertas. Algo había pasado para que Bree no llegara a dormir.

De acuerdo ¿Todo está bien? Sabes que puedes decirme.

Le envié la respuesta, aunque estaba casi segura que no me contaría. Tal vez podía preguntarle a Diego.

Dejo todo listo para mi próximo paciente.

-Bree Pov-

Después de hablar con mis padres, nos marchamos del cementerio. Ya había decidido no llorar más, ya era demasiado.

-¿Te llevo a tu casa?

-Por favor.

Me fui en silencio, mirando por la ventana. Los autos pasaban a su ritmo, las personas caminaban tranquilas, disfrutando el día y las aves volaban libres.

-¿Qué piensas?- pregunto Diego curioso.

-Me gustaría ser un pájaro. Volar a donde desee, ser libre.

-Eres libre...

-Supuestamente, pero a veces me siento atrapada.

El auto volvió a llenarse de silencio. Ya faltaba poco para llegar.

-¿Qué crees que necesitas?

Su pregunta me sorprendió. ¿Que necesitaba? ¿Me hacía falta algo?

-Ese es el problema, no lose.

Me dejo en casa y nos despedimos. Me hizo prometer que iría mañana al colegio.

Al entrar al departamento ya estaba mi hermana sentada mirando el televisor. Se percató de mi presencia y rápido volteo.

-Hola.

-Hola. ¿Cómo te fue? ¿Qué sucedió?

-Me fue bien. Nada realmente, solo me sentí un poco triste por Carlisle y quise ir a ver a nuestros padres- medio mentí.

De nada servía decirle la verdad a mi hermana. Nada ocurrió, aquí estaba viva.

-Carlisle va a estar bien. Dijo que fue detectado a tiempo. ¿Sabes que también cuentas conmigo? Diego es un excelente amigo.

-Si esto, también igual. Iré a mi habitación a darme un baño.

-De acuerdo, después puedes venir a ver una película- ofreció.

-Sí.

Entre a mi habitación y me saque la ropa rápidamente. Me sentía sudada. Al sacar mi celular note que estaba parpadeando. Un mensaje de Leo. ¿Cómo se atrevía? Aventé el celular y me metí a la ducha.

Deje que el agua relajara mis músculos, y me ayudara a sacar la tensión.

Mis pensamientos eran un desastre. Tenía tantos problemas en que pensar. Diego me había besado, y eso me tenía confundida. Leo me engaño. Carlisle. Y al final yo misma me metí en problemas.

Salí de la ducha y me recosté en mi cama. Necesitaba descansar.

Los días pasaron normales. Todo volvió a ser como antes, Diego mi mejor amigo que me hacia sonreír. Visitábamos a Carlisle y seguía ignorando los mensajes de Leo.

Después de todo no podía seguir en la ignorancia, pero por ahora todo parecía más sencillo.

-Bella Pov-

Los días pasaban rápidos. Mi hermana ya no había vuelto a desaparecer. Visitábamos a Carlisle y lo ayudábamos en sus consultas. Las cosas con Edward iban mejorando. Hablábamos de todo y nada a la vez. Estábamos conociendo, y eso me ponía nerviosa. Él me estaba agradando más de lo que debería.

No me había revelado nada realmente, solo sabía que odiaba a su padre y que algo había sucedido con su madre; que lo había afectado demasiado.

Alice estaba organizando una salida grupal. Quería que fuéramos a unas casas rodeadas de nieve. Estaba a más de dos horas de la ciudad, y en sus planes incluía invitar a Jasper y a Edward. Por lo que tenía entendido Edward nunca salía, pero mi loca amiga aseguraba que si yo iba el iría.

Estaba esperando a que llegara para su siguiente consulta. Ya no había problemas con el horario, llegaba puntual.

Como pensé, llego justo a la hora. Entro y me dedico una sonrisa, seguida de un saludo. Tomo su asiento habitual y espero a que hablara.

-Hola.

-Hola.

-¿Qué tal tu día?

-Estuvo bien, ya sabes trabajo, casa y dormir- dijo medio bromeando. Aunque sabía que era verdad, no hacia demasiado.

-¿Solo eso? Vamos deberías hacer más, salir y divertirte ¿Cuándo fue la última vez que saliste?

-Um no recuerdo bien, tal vez unos cinco años.

-¿Qué?- exclame sorprendida. Era más de lo que imaginaba.

-No es para tanto. No me ha pasado nada sin salir, al contrario.

-Claro señor antisocial. ¿Y con quien fue? ¿Quién fue la persona afortunada que pudo sacarte de tu cueva?

Edward se río de mi comentario. Maldita hermosa sonrisa.

-Cuando aún estaba en el colegio. Se llamaba Tanya o se llama, ya no sé nada de ella.

Eso llama mi atención por completo. Había mencionado a una mujer nueva. Tome la libreta.

Tuvo a una mujer en su vida cuando iba en el colegio. Tanya ¿Novia o solo amiga?

-Tanya eh ¿Puedo saber más de ella?

Edward me miro dudoso, pero luego suspiro vencido. Signo de rendición.

-Fue la única persona que considere amiga. Había entrado a la universidad, ya sabes vas creciendo y las personas empiezan a fijarse en otras cosas. Las mujeres comenzaron a hablarme y yo la verdad no les respondía mucho. Tanto que después solo prefirieron ignorarme. Al tiempo después se acercó Tanya, la note diferente. Ella tampoco hablaba con nadie, me dijo que sus amigas la hicieron a un lado, y de algún modo me sentía identificado con ella. Comenzamos a conocernos, parecía honesta. Así que por primera vez confié.

Edward se quedó en silencio de nuevo, con una expresión extraña. Mi propia respiración se escuchaba irregular ¿Qué me pasaba?

Confiaba en Tanya.

-Estaba bien continua- susurre.

-Comencé a contarle… Le dije sobre mis problemas. Las cosas que me atormentaban y lo que hacía para sentirme mejor. Me escucho y me brindo ayuda. Fue muy amable. Me sentía mejor diciéndole y trataba de dejar lo malo aun lado por ella. Todo parecía ir bien, hasta que un día se me insinuó. Me beso y la verdad después le respondí. Ella era buena conmigo ¿Por qué no darme la oportunidad? Aunque ella no quería un simple beso, quería tener relacionas y claro que la detuve. Yo aún no tenía sentimientos tan fuertes con ella como para llegar a tanto. No quería engañarla y la rechace. Dijo que me entendía y que se ganaría mi amor. Que estúpido fui.

Edward miraba hacia abajo. No quería verme a los ojos.

-Al poco tiempo la escuche hablando, con las que se suponían eran sus amigas que la apartaron. Recuerdo perfectamente sus palabras, dijo que no podía convencerme, que iba arrepentirme por rechazarla. Su voz era completamente distinta: "Ese maldito deprimido se atrevió a rechazarme ¿Pueden creerlo? Soy la única que le hace caso ¡Y me rechaza! Teniendo que escuchar sus problemas de mierda. Como si realmente me importara, que se corte las venas ya". Me dí cuenta que jamás le importe, que tenía razón y no debí confiar nunca en nadie, pero lo hice y lo estoy haciendo ¡Ya no sé qué mierda va a pasar! ¿Dime Bella? ¿Qué tú seas psicóloga cambia las cosas?

Estaba a punto de responder, pero él siguió hablando. Su expresión era de rabia, estaba hablando con dolor y enojo. Parecía otra persona.

-Después todos me conocieron como el corta venas, el deprimido, el suicida y un sinfín de apodos. Ella les dijo a todos que me hacía cortadas en los brazos. Se reían de mí, decían mis problemas en voz alta. Los que consideraba privados y dolorosos. No le importo y cuando la enfrente solo se rio de mí y me dijo que esto era la realidad. Que yo era un estúpido, deprimido que no merecía la lastima de nadie. Tenía razón. Fue mi culpa, si yo nunca hubiera confiado nada hubiera pasado. Eso solo me demostró que lo que yo pensaba era verdad. Vivo en esto mundo de mierda, donde todos se dejan llevar ¿Cómo saber quién es honesto? Mi madre, la mujer que consideraba mi ejemplo a seguir, también me demostró lo contrario, dejándose morir.

Sentía un nudo en mi garganta. ¿Cómo alguien le pudo hacer tanto daño? Maldita Tanya. No sabía quién era, pero esperaba que la vida le diera una lección.

Su madre se dejó morir ¿A qué se refiere?

Mi mano temblaba al escribir ¿También su madre? ¿Cómo el mundo podía estar tan podrido? Éramos tan ciegos para ver la realidad, para ver como cada persona acababa con otra. Nosotros éramos los destructores principales.

Volví mi vista a Edward, y él tenía varias lágrimas en su rostro. Él estaba sufriendo.

-No quiero hablar de mi madre- susurro.

Deje a un lado mi profesionalismo y me puse de pie. Fui y lo rodee en mis pequeños brazos.

-No importa. No hablas si no quieres.

Edward respondió mi abrazo y siguió llorando. Me dolía más que cualquier paciente. Su dolor me llenaba de sentimientos distintos. Yo quería hacerlo volver a creer, yo quería que el creyera en el amor. Nadie merecía tanto desprecio de las personas.

-Entiendo tu miedo, yo también lo tuviera, pero no pienses eso de mí. Te juro que soy honesta. Yo quiero estar junto a ti, y ayudarte a volver a creer en las personas honestas. Porque es verdad hay muchas personas horribles, que les gusta el dolor de los demás, pero tu hermano y muchos más buscan tu bien.

No sé qué me hizo actuar así. Ver que él me importaba demasiado, la desesperación o las ganas de ayudarlo, pero lo necesitaba. Me aleje un poco de él, para poder ver su cara y limpiar sus lágrimas. Sus ojos me miraban con miedo e inquietud.

-Ya sabes demasiado ¿No?

-Y quiero saberlo todo… Confía en mí. Sé que es casi un imposible para ti, pero te lo juro por mi vida. Jamás te engañaría.

Edward dejo descansar su cabeza contra la mía. Sentía su respiración irregular a centímetros de mí.

-Mi madre tenía leucemia- susurro con dolor.

Comprendí que si para mí era demasiado escuchar todo, para él era peor decirlo. Decirlo era como volver a vivirlo.

-Shh... después. Ahora solo abrázame.

-Gracias.

Lentamente moví mis brazos hacia los suyos. Él había mencionado otra cosa, que quería comprobar. El pareció notarlo y dejo que moviera sus brazos. Desvió de nuevo su mirada. Alce las mangas de su camisa. Todo tuvo sentido, el jamás usaba camisas cortas.

En sus brazos se encontraban varias marcas. Deje salir un grito de la sorpresa y de dolor. Rápido busque su mirada para pedirle perdón. No debía reaccionar así. Pero él no me miraba, tenía ahora una mueca dibujada pero no me miraba.

-Lo siento- susurre.

Unas se miraban más recientes que otras. Más de cinco en cada brazo. Acaricie lentamente una de las marcas, como si esto pudiera curarlo.

-No- dijo apartándome un poco.

-¿Qué sucede?

-No hagas eso. Son horribles, parezco un fenómeno con esas marcas.

-Claro que no, pero quiero ayudar. Si pudiera curarte lo haría. No lo hagas por favor- suplique.

-Es inevitable.

-Tienes que sacar tu dolor de otra manera. Si necesitas desquitarte con algo, aquí estoy yo.

-¿Qué? ¡No!- me dijo casi gritando -¿Cómo puedes decir eso? Nunca te haría daño. Seré muchas cosas pero jamás seré como mi padre…

-Lo siento, lo siento. Solo digo tonterías. Es que no lo entiendo, no quiero verte así. No sé qué estoy haciendo- dije conteniendo mis propias lágrimas.

-Te estoy afectando. Tal vez deberíamos dejar esto, no quería causarte esto.

-¡No! Voy a tratar de dejar de mezclar las cosas, pero no te vayas. Quédate, déjame ayudar.

-Eres tan dulce, que tengo miedo Bella.

-Los dulces no son venenosos, solo deliciosos. No hay razón para temer.

-Ese es el problema… Me gustan demasiado los dulces.

Las palabras se atoraron y no pude responder. Mi respiración se hizo agitada y lo mire sorprendida.

-Lo siento- dijo y se apartó, saliendo del consultorio. Mis piernas no funcionaron y no pude detenerlo. Y ahora estoy aquí, sentada en el suelo pensando en que te quiero.

Bueno regrese! Gracias por esperar, ya espero estar al corriente con los capítulos. Y cualquier cosa, duda, o sugerencia se acepta. Como he tardado en escribirla siento que perdí un poco el ritmo con la historia, espero no perder el significado de la historia. Gracias por leer (:

Facebook: Stephanie Fanny

Yisicullen25: Gracias que bueno que te gusto (:

Teky: Hola(: Si Bree tiene que aprender primero para poder darse cuenta de Diego, si ya en este capitulo Edward dice demasiado sobre sus miedos, espero te guste y gracias por esperar :D

Janalez: Hola! Te diré que mas o menos por ahí va pero no te arruinare la historia, mas adelante todo se resolverá (: