Disclaimer: Los personajes que aparecen en la historia no me pertenecen.
Sin embargo, la historia es completamente mía. No permito que se publique en cualquier otro lado.
Fanfic dedicado a Patricia Gracia: mi mejor apoyo para el SasoSaku
y a la página Sasosaku Love por permitirme promocionar el fanfic.
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10
Esperanza
Sasuke estiró los brazos sobre su cabeza. No podía planteárselo siquiera, no debía estar haciéndolo. Sin embargo, ahí estaba, recostado en su cama mirando el techo mientras pensaba en la propuesta del sujeto que lo había visitado varios días atrás. Se suponía que debió haberlo olvidado, que debió continuar entrenando arduamente; pero desde aquél día, se había distraído demasiado, ocasionando que disminuyera con notabilidad el nivel que había adquirido. Kakashi lo había mandado a descansar esa tarde pues todos, incluso Akamaru, quien ya había comenzado su propio entrenamiento, estaban agotados y su ritmo carecía de agilidad.
Por consiguiente, la mayoría de los habitantes se encontraban en sus recámaras, contando los días que faltaban para regresar a la estación. A muchos les sorprendía el hecho de que ya hubieran pasado veinte días desde la última vez que habían visto a Sakura. Sólo rezaban porque siguiera con vida y no estuviera sufriendo tanto.
Sasuke dejó escapar una maldición tras recordar cómo le había fallado a Sakura, cómo no la había protegido y cómo no podía tener más fuerza para rescatarla. Giró la cabeza para encontrarse con la fotografía del equipo siete que se habían tomado a los doce años; Sakura había insistido durante varios meses en renovar aquel cuadro, pero ninguno había querido. Ahora entendía sus motivos: Sakura necesitaba saber que seguían siendo los mismos a pesar del tiempo transcurrido.
— Te salvaremos, Sakura. — prometió Sasuke apretando la colcha de la cama. — Esta vez, Naruto y yo te salvaremos.
— ¡Sasuke! — gritó Naruto desde otra de las habitaciones del equipo siete. — ¡Tienes que ver esto!
El aludido, con aburrimiento, se levantó de la cama para dirigirse al lugar donde provenía la voz de Naruto. Alzó una ceja al percatarse de que nuevamente se había metido a la habitación de Sakura. Ese idiota aprovechaba que ella no estaba ahí para aporrearlo por inmiscuirse en su privacidad. Ya lo quería ver haciendo lo mismo frente a Sakura; seguramente no viviría ni siquiera para disculparse.
No pudo reprimir una pequeña sonrisa. En ocasiones, era bueno tener a un idiota como Naruto a su lado. Las cosas solían ser más divertidas con sus estupideces.
— ¿Qué haces, dobe? — preguntó desde la puerta, tras ver a Naruto encaramado en la cama con Ino a su lado, mirando una libreta rosa con un candado en el centro. — ¿El diario de Sakura?
— Sí, lo encontramos debajo de su colchón, dattebayo. — contestó Naruto arrebatándole el diario a Ino para intentar abrir el candado con un pasador.
— ¡Oye! ¡¿Qué te pasa?! — le espetó Ino tratando de recuperar la libreta. — ¡Tú no sabes nada acerca de las mujeres, ¿por qué crees que puedes abrir eso?!
— Porque sé de candados. — replicó Naruto alzando el cuaderno sobre sus ojos para visualizar mejor el orificio de la herradura. — ¡Lo tengo, 'ttebayo! — gritó antes de que se escuchara un ligero clic. El candado se abrió.
Sasuke lo miró un tanto asombrado. No sabía que Naruto poseyera esa cualidad tan extraña; podría servir en múltiples misiones, podría hacer maravillas como…
— Una vez me dio hambre a media noche y tuve que abrir yo mismo el Ichiraku ramen. — explicó Naruto con su usual sonrisa de triunfo.
Tanto Ino como Sasuke resoplaron, decepcionados. Ahora veían la razón de Naruto para aprender a abrir cualquier candado. De cualquier manera, podría ser útil.
— ¡Dámelo, idiota! — exclamó Ino quitándole el diario. — Déjame ver si encuentro algo.
— Lo que no me explico es por qué quieren leer su diario. Seguramente no tiene nada más que tonterías acerca de nosotros. — dijo Sasuke aún en la puerta.
— Si nuestra teoría es que Sakura ya conocía a Sasori, entonces podría haber escrito de él. De ser eso, es posible que nos dé una pista acerca de dónde puede estar. — contestó Ino hojeando el inmenso volumen rosa.
Ante ese argumento, Sasuke por fin se atrevió a entrar. Si descubrían el paradero de Sasori, en ese instante saltaría del tren para buscarla y salvarla. Arrastraría al imbécil de Naruto para que abriera la puerta del escondite y le ayudara con Sasori. Sasuke no era tan idiota como para enfrentársele solo.
Ino leyó un par de líneas por cada fecha marcada en el diario, esmerándose por que Naruto no leyera algo que pudiera comprometer a Sakura a algo vergonzoso. Ino notó, algo extrañada, que Sakura había dejado varios días en blanco a partir de la última vez que tocaron la estación – antes de su intento de revolución, claro está – lo que podría significar que o Sakura no sabía cómo organizar sus ideas o no deseaba exponerlas. Cualquiera de esas razones sólo agravaría el asunto.
— ¿Qué ocurre? — preguntó Sasuke al ver su entrecejo fruncido. — ¿Hay algo?
— No, no encuentro nada. En realidad, no hay mucho de nada. — admitió Ino pasando las hojas con cierta rapidez. — Ni siquiera habla del equipo siete, sino de un veneno que encontró el día que conoció a Sasori… Un momento, aquí hay algo — dijo antes de abrir mucho los ojos ante la sorpresa. — pero no parece ser lo que estamos buscando. — sonrió. — Con esa descripción, yo también quiero conocer a ese tal Sasori.
— ¡¿Qué escribió, dattebayo?! — preguntó Naruto arrebatándole nuevamente la libreta. — ¡Pero ¿qué demonios?! ¡Soñó con él!
— ¿Con Sasori? — espetó Sasuke tomando el diario para leer con exactitud lo que Sakura había escrito.
Lo más patético que les faltaba en ese momento era que Sakura tuviera algún tipo de relación con Sasori.
»Estoy algo confundida. ¿Qué debe significar el soñar con un sujeto al que tal vez debería temer? Aunque les mentí a mis amigos, hay algo que no puedo dejar de lado: él es bastante atractivo. No es como Sasuke-kun, pero tiene un atractivo que también repele. Sé que tiene el cabello rojo, aunque no lo pude ver así, y también no es muy alto, aunque ese detalle sólo lo hace ver más indefenso. Y sus ojos son… ¿cómo los soñé? ¿Tristes? ¿Enojados? ¿Indiferentes? Él tiene unos ojos bastante enigmáticos. Tal vez ahí esconde la verdadera respuesta de la pregunta que le hice.
»A decir verdad, no me importa mucho lo guapo que sea… es su mirada lo que me incomoda y lo que me alienta al mismo tiempo. Él es libre, está fuera de esta dictadura y sin embargo no es feliz. ¿Qué será de Konoha, entonces? ¿Encontraremos la felicidad o seremos tan desgraciados como él?
»Naruto se ve tan feliz con la idea de la libertad, que me confunde. Tal vez si Sasori pudiera conocer otro camino que no fuera la soledad, sería más optimista. Tal vez sí hay otra salida, tal vez no sea obligatorio sufrir por conseguir libertad. No obstante, me preguntó hoy y todos los días si Sasori podrá encontrar un antídoto para la infelicidad. En base al estudio que hice de su veneno, me percaté de sus conocimientos médicos; de manera que también me di cuenta de que puede realizar un antídoto para ese veneno. ¿Qué tanto su vida es un veneno para sí mismo? ¿Qué tanto lo será para nosotros una vez consigamos la revolución?
»Siendo honesta, sólo quiero pensar que hasta Sasori puede encontrar esperanza en algún lado.
Sasuke arrugó el entrecejo y arrojó el diario a la cama. Sakura no le temía a Sasori, no había mencionado nada acerca de sus crímenes o de sus faltas, sólo había hablado de su mirada y esa "respuesta" que nunca le dio. Repentinamente, se preguntó si acaso Sasori era en verdad lo que siempre habían creído. Tenía que serlo, las apuestas eran mil contra uno; Sasori debía ser aliado de Akatsuki, debía ser un asesino a sangre fría y debía mantener a Sakura contra su voluntad. Por eso estaba entrenando, por eso estaba considerando aceptar la propuesta del sujeto que lo había visitado días atrás.
No podía simplemente tener sed de poder, de venganza. No podía ser así. Sasuke se aferraba a la idea de que lo que hacía, lo hacía por Sakura, por su amiga. Incluso, quiso obligarse a sentir algún tipo de celos para excusar su deseo de fuerza. Empero, llegaría un momento en el que no podría engañarse. Después de todo, el recuerdo de su familia pesaba mucho más que el de Sakura. Ni siquiera él sabía a ciencia cierta lo que haría por su venganza.
— ¿Están pensando lo mismo que yo? — preguntó Ino tímidamente. — Que Sasori tal vez no sea…
— No hay motivo para pensarlo. — interrumpió Sasuke. — Si Sakura tenía un veneno de Sasori, eso sólo quiere decir que él intentó envenenarla, lo que lo convierte en un intento de asesinato. El hecho de que Sakura quiera encontrarle un arreglo a su desgracia, no significa que no sea un criminal.
— Sasuke-kun… — murmuró Ino asombrada. Nunca lo había visto así: mantenía los puños apretados y la mirada clavada en la nada, con las cejas tan juntas que casi podían rozarse. Sabía que no estaba celoso, pero algo le molestaba; quizá el tiempo perdido.
— En eso tienes razón, teme, pero si a Sakura-chan no le da miedo lo que él pueda hacer, debe haber un motivo. — alegó Naruto, aunque por dentro, tampoco le parecía muy factible que Sakura hubiera huido sólo por su deseo por ayudar a un desertor que ni siquiera era de su aldea.
— Sí, Naruto, pero tampoco es como si Sakura se hubiera dado el tiempo para conocerlo. — replicó Ino. — Ella no es nada tonta como para liarse con cualquier chico guapo que se le pase por enfrente. Me parece que, en ese aspecto, Sasuke-kun tiene razón. Si Sasori ya intentó matarla una vez, lo hará más veces. Y estando a su merced, me parece que es más peligroso para ella.
— ¿Acaso ustedes dudan de la percepción de Sakura-chan, 'ttebayo? — preguntó Naruto poniéndose de pie. — ¡Ella confía en él! Si está tratando de ayudarlo en estos momentos, entonces no veo problema alguno con que…
— Hay personas que simplemente no desean ser ayudados, Naruto. — espetó Sasuke con un brillo anormal en sus ojos. Por un instante, debido a la luz del atardecer, sus ojos negros reflejaron un atisbo carmesí. — Sin importar cuánto desee otra persona tenderles una mano, éstas no lo aceptarán. Deshazte de ese maldito ideal, Naruto. Sasori no es buena persona y no lo será. — sentenció antes de dar media vuelta y salir de la recámara dando un portazo tras de sí.
Ino se mordió el labio. Tampoco creía que las palabras de Sasuke fueran una máxima que debía cumplirse, pero sí estaba de acuerdo en la peligrosidad de Sasori, por lo que le preocupaba el bienestar de Sakura. Empero, también comprendía el argumento de Naruto. Sakura no solía fallar con sus instintos y si ella no le temía a Sasori, debía ser porque tal vez sí existiera esa posibilidad de que él tuviera salvación.
En efecto, no estaban tan lejos de la verdad.
Sasori abrió la puerta verde sin dejar de recriminarse por lo absurdo que era perder el tiempo dedicándole sus pensamientos a una chica como Sakura. No obstante, no pudo ahondar más en eso porque frente a su nariz, casi rozándola, se encontraban los glúteos de Sakura bien enmarcados en las mallas negras que la falda rosa solía ocultar.
Un involuntario sonrojo acudió a las mejillas de Sasori mientras giraba el rostro y apretaba los dientes con rabia. Estúpida mocosa que no podía dejarlo libre un solo minuto; como si su vida bastara en molestarlo.
— ¿Qué demonios estás haciendo? — preguntó entre dientes, sin atreverse a mirarla.
Sakura se alzó de puntas una vez más antes de responder.
— Hay un cordón aquí arriba y trato de alcanzarlo, sólo que está muy… lejos. — dijo dando un pequeño salto frente al rostro de Sasori para intentar alcanzar la bolita de madera. — Pero no consigo tomarlo.
— De acuerdo, ¿tenías que hacerlo de esta manera? — cuestionó alzando la mirada hasta la cabellera de Sakura. Apenas podía ver el brazo derecho de la chica estirándose para coger un cordón grueso.
— No sé si lo hayas notado, Sasori, pero no soy tan alta como para no utilizar un taburete. — replicó Sakura girando el rostro para mirarlo. Él encarnó una ceja, por fin fijando sus ojos en los de ella.
— No me refería a eso, pequeña niña ingenua, sino a tu atuendo. ¿Acaso no podrías ponerte tu estúpida falda antes de hacer semejante espectáculo frente a la puerta? — espetó alzando la voz.
Sakura lo miró repentinamente avergonzada antes de bajar la mirada hasta sus piernas. Farfulló una maldición antes de saltar al suelo y correr con las mejillas rojas al baño de Sasori. Chiyo la miró con resignación. Ya sabía que algo así ocurriría, esos dos sólo pasaban su tiempo haciéndose la vida imposible.
Sin embargo, cuando volteó a ver a Sasori, notó que éste miraba a Sakura con una delgada, pero sínica, sonrisa en los labios. Chiyo sabía que Sasori no era ningún pervertido o que no mantenía interés alguno en la sexualidad, mas comenzaba a dudar que la indiferencia representativa hacia Sakura fuera real.
— ¿Trajiste lo que te pidió? — cuestionó Chiyo, interrumpiendo sus cavilaciones.
Sasori mostró nuevamente su expresión indiferente y dejó caer en el suelo las bolsas repletas de ingredientes. Sin decirle nada a su abuela, se subió en el taburete que Sakura había movido y estiró el brazo izquierdo para tomar la pequeña pelota de madera. Era cierto que no superaba a Sakura por más de tres centímetros, pero a diferencia de ella, él sí que pudo tomar la esfera para jalarla.
De inmediato, una compuerta se abrió y por ella descendió una escalera de cuerda hasta casi rozar el suelo. Por medio del cuadrado que daba la entrada al ático, Sasori escrutó la oscuridad en él. No podría ver nada si no llevaba una lámpara consigo, a menos que hubiera un interruptor dentro, cosa que dudaba.
No obstante, su curiosidad pudo más que su razón. En el preciso instante en el que Sakura salía de su recámara, con la falda aún húmeda en su cintura, Sasori colocó un pie en la escalera de cuerda.
— ¡Espérame! — le gritó Sakura corriendo hacia él.
Sasori, evidentemente, la ignoró. Por primera vez en mucho tiempo, por fin había encontrado algo más interesante para ocupar su mente. Algo que no fuera Sakura, por supuesto.
— ¡Hey! — exclamó Chiyo incorporándose. — Yo también quiero ir.
— No te muevas de ahí. — ordenó Sasori con sequedad mientras subía las escaleras.
— Es arriesgado para usted, Chiyo-bāsama. — agregó Sakura con una sonrisa de disculpa al pasar a su lado. — No se preocupe, no creo que haya algo más que basura y antigüedades.
Un minuto después, Sasori estrechó los ojos para enfocar mejor su vista. Una pequeña ventana al fondo de la habitación era lo que iluminaba el ático. Por fortuna, no estaba tan oscuro como lo había creído y al ser sólo las cuatro de la tarde, el sol estaba en todo su resplandor.
Subió por completo al ático y dejó que su mirada se posara en todos los rincones, absorbiendo lo poco que podían apreciar pues la curiosidad no se saciaba con nada. A su izquierda se apilaba más madera de la que podría creer; aunque parecía vieja, le serviría para seguir trabajando en sus marionetas. A su derecha había un par de muebles pequeños cubiertos por sábanas viejas y ennegrecidas por el polvo.
Avanzó unos pasos más para evitar que Sakura chocara contra su espalda una vez llegara. Le importaba poco que lo siguiera, tampoco había esperado que ella se quedara en el piso de abajo resignada a no subir hasta que el "pervertido" bajara. Al igual que él, su curiosidad era mayor que cualquier otro impedimento.
Frente a él, acomodado de una manera algo extraña, estaba un sofá largo y de color azul marino. No parecía muy usado ni muy viejo, pero tenía un corte profundo en uno de sus respaldos. Alrededor del corte, se vislumbraba una enorme mancha color carmesí. No hacía falta tener una basta imaginación para descubrir qué era eso.
— Sangre. — murmuró Sakura siguiendo su mirada. — ¡Qué terrible!
— No me digas que es la primera vez que ves sangre. Eres médico, ¿no es así? — dijo Sasori acercándose al sillón. — Esto debe ser normal para ti. — continuó mientras rozaba la textura de la tela con la yema de los dedos.
— No es muy normal, pero tampoco es la primera vez que veo esto. — contestó ella. — Lo que pasa es que la casa está diseñada para una pequeña familia y me aterra imaginar a quién pertenecía esa sangre.
— Un niño o un adulto, ¿cuál es la diferencia? Ambos están capacitados para sentir dolor y para perder la esperanza en el mundo. — respondió arrugando el entrecejo.
— Así como también es normal que tanto uno como otro tenga deseos, anhelos, fe. — respondió Sakura caminando hacia la ventana con una mirada melancólica. — Hay personas que prefieren mirar hacia el futuro con la esperanza de que conseguirán lo que siempre añoraron. Es preferible mantener tu vida atada a un deseo que a la nada.
— ¿De qué sirve esperar algo que sabes que nunca llegará? — cuestionó Sasori alzando la mirada hacia ella. — Si ya lo esperaste por mucho tiempo y no has tenido señas de obtenerlo, ¿por qué habría de llegar después?
— No lo sé. Simplemente, es agradable creer que eso ocurrirá.
Sasori frunció el entrecejo. Esa respuesta no le daba nada, no le daba congruencia a lo que esperaba escuchar. Sakura tenía un alma indomable, eso lo sabía, pero un alma indomable que no tiene razones es igual de patética a un alma voluble. A decir verdad, esperaba más de ella.
Sin pensarlo siquiera, soltó una sarta de palabras de las que se arrepintió apenas terminó de decirlas.
— Cuando era niño, esperé durante varios años la llegada de mis padres. Antes de dormir, miraba por la ventana y rogaba porque al día siguiente se pararan frente a mi puerta y me dijeran que su misión había terminado y que no volverían a dejarme solo. Mi abuela me decía con frecuencia que pronto regresaría, que tuviera paciencia.
Hizo una pausa sin desearlo. Pensaba en aquellos días que le parecían interminables, aquéllos en los que ya sospechaba lo que en verdad había ocurrido pero, como Sakura, había preferido confiar en que podría suceder lo que tanto había esperado.
— Por supuesto, ese día jamás llegó. Chiyo trató de ocultarlo creyendo que yo era un chico estúpido. Mi vida era esperar a mis padres… y eso sólo me trajo dolor. — dijo apretándose el pecho y con la mirada clavada en la ventana.
Sabía que Sakura lo miraba y sabía que no había lástima en sus ojos. Ya la conocía demasiado como para esperar una mirada interesada en lugar de una de compasión. Sakura tenía un extraño poder de empatía que a veces enfermaba a Sasori. Sentía que sus ojos verdes podían profundizar en él y eso le incomodaba. Empero, no podía detenerse a pesar de saber que sólo le estaba dando armas para descifrarlo.
— A-aún lo siento. — admitió con hilo de voz. — Es como una espada que me atraviesa desde atrás y se clava en-en mi garganta, en mis pulmones; a veces me impide respirar.
— ¿Por-por qué me cuentas esto? — interrumpió Sakura justo a tiempo. No quería que después, Sasori se arrepintiera por decirle aquello. Entendía que lo que le estaba confesando era algo muy personal y que, seguramente, ni Chiyo sabía.
— No lo sé. — dijo Sasori alzándose de hombros. — Tal vez porque me desespera tu insistencia por esperar algo que no llegará. Tú no volverás a Konoha, no importa cuánto lo desees, así como yo no veré de nuevo a mis padres. No lo digo porque Konoha deje de buscarte, sino porque ya no perteneces ahí.
— Sasori, yo… — comenzó Sakura al mismo tiempo en que pensaba la mejor manera de explicarse. — Comprendo que no es cualquier cosa regresar a Konoha, que no podré ingresar por la ventana y disculparme por mi ausencia. Después de todo, tienes razón: les fallé a todos, Sasuke-kun debe odiarme. Sin embargo, no puedo evitarlo: desde muy pequeña, lo único que me ata a este mundo es su presencia, es sentir a la Hoja cerca de mí. — suspiró. — No sé qué duela más, esperar por mucho tiempo o vivir sin esperar.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— Bueno — sonrió con melancolía sin dejar de mirarlo. — Quizá no importe el tiempo que esperes, sino lo que estás esperando.
Sasori retrocedió un paso al sentir sobre su columna un estremecimiento. Debía dejar de tomarle tanta importancia a lo que Sakura decía. Ella sólo era ilusa, no era nada, no sabía lo que él ni conocía lo que él. Apostaba que su conocimiento por el arte era tan basto como el de cualquier infante de cuatro años. Ella no era especial, no era nada… y, sin embargo, era la única cuyas palabras lo descontrolaban.
Lo que uno está esperando… ése era un concepto muy bello, sí, pero para Sasori eso ya no significaba nada. Lo que hacía y movía su vida era el simple deseo de crear marionetas, de experimentar con ellas y entrenarlas. No esperaba nada más. Se apoyaba en la venganza para mantener ocupada su mente, mas a decir verdad, ya no había tenido tiempo de pensar en Kakashi Hatake desde que Sakura Haruno había llegado a su vida.
Sakura, por otro lado, se acercó a él. Su mirada había cambiado; ya no tenía ese matiz terriblemente depresivo o esa marcada indiferencia con la que lo conoció. Había algo más en él, pero no alcanzaba a descubrir qué era. No obstante, sus movimientos corporales mostraban a un chico con miedo, asustado. Incluso los dedos de sus manos temblaban ligeramente.
Ella arrugó el entrecejo. No le gustaba que él temiera, no le gustaba que él sufriera. Por alguna extraña razón, quería evitar que volviera a sufrir, quería entregarle su felicidad sin importarle que se quedara vacía. Quería… quería tantas cosas para él y no sabía cómo entregárselas.
Estiró la mano hasta rozar la de él, aunque Sasori se alejó de inmediato de su contacto, como si fuera alérgico a ello. La miró con la respiración entrecortada; no quería que se acercara más, no quería permitirlo, pero algo de él lo llamaba a hacerlo.
— Yo-yo… — dijo Sakura tartamudeando. — Lo-lo siento mucho, Sasori. — se disculpó agachando la mirada. Los ojos cafés de Sasori se iluminaron a causa de la sorpresa; no era culpa de ella lo que él estaba sintiendo, no tenía por qué disculparse. — No quise ofenderte o herirte. Yo sólo quiero que-que seas feliz. — farfulló con un ligero rubor en las mejillas.
— ¿Qué? ¿Y por qué quieres eso? — preguntó Sasori sin comprenderlo. Esa chica no hacía más que molestarlo; era imposible que ella quisiera aquello, que se interesara en él. Ella no lo conocía, ella no tenía por qué meterse en sus asuntos y desear algo que, claramente, era impensable.
— ¡Porque lo mereces! — exclamó ella después de meditarlo unos segundos. La expresión de Sasori no cambió. Sakura, avergonzada, le dio la espalda para evitar que él viera el sonrojo en sus mejillas que era más evidente a cada segundo. — Sé que has cometido errores y que no eres perfecto, pero sólo… la vida no es fácil para nadie. Mas tú ya has sufrido demasiado como para seguir tolerando una carga que ya no te pertenece. En Konoha procuramos que todos sean felices o tan siquiera cuidamos que la depresión sea temporal y no puedo evitar pensar en ti cuando recuerdo lo triste que me sentí desde que… dejé de ver a mis padres.
»Tu mirada es distinta a la de Naruto o Sasuke-kun, aun cuando ambos perdieron a sus padres. La de Naruto se cargó de deseo y la de Sasuke-kun de venganza y la tuya es dolosa. — dijo con la voz algo rota. — No me gusta esa mirada, no en ti. No puedo decir por qué, pero quiero-quiero que cambie esa mirada. Tú mereces una mirada distinta, Sasori. — concluyó girando el rostro unos grados para mirarlo.
Él no había desviado la vista de ella en ningún momento. Sakura hacía todo eso por simple empatía, por sólo su mirada. Durante unos segundos, Sasori estuvo tentado a preguntarle qué le había ocurrido a sus padres, pero alejó ese deseo de sí. Se había prometido mantenerse alejado de ella, así que debía atenerse a esa promesa. No obstante, sus piernas desobedecieron y lo obligaron a caminar hacia la madera apilada.
Tomó una de las varillas y se dirigió a la escalera. Sakura lo observó con una ceja encarnada.
— ¿Qué haces? — preguntó.
— Necesitaré esto para hacer tu recámara. No preguntes, fue idea de Chiyo. — contestó Sasori casi con hastío.
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¡Hola!:
¿Muy temprano? Neh, para mí está bien la hora. Por supuesto, publico el capítulo a esta hora porque en la tarde voy a salir y no regreso hasta las diez, más o menos.
Como sea, el capítulo es muy tierno, a mi parecer. Sakura confía en Sasori y ya se vio que desde siempre ha sido así. Problemón en el que el equipo siete se metió al descubrir el diario, ¿no? Ino es la más neutral, pero... bueno, uno de ellos tiene razón.
Ahora, toda la escena del ático me fascina. En realidad, la escribí mientras charlaba con alguien acerca de cosas bastante raras. Supongo que también me inspiré en eso. Como sea, fue lindo que Sasori se abriera ante Sakura y que ella le respondiese igual. No se pueden quejar, eso fue algo SasoSaku.
Les mando un fuerte abrazo y nos leemos la siguiente semana.
Andreea Maca.
