Notoriedad
-Hojo, me voy a tomar mi descanso… Voy a la cafetería que está en el centro; necesito darme aires de otro lugar, me estoy cansando un poco de oler a pan todo el día. ¿Quieres que te traiga algo?-
Hojo se negó en silencio observando a Kagome quien se sacudía la harina de las manos liberando partículas blancas que siempre lograban filtrarse en las narinas de todo quien se encontrara cerca. Esperaba que su amiga no le ofreciera algo en su camino de regreso más bien esperaba que lo invitara a ir con ella. Kagome caminó hacia la salida de la cocina y de pronto como si hubiera escuchado algo se detuvo.
-Pero cómo puedo ser tan tonta, Hojo, ¿quieres…?-
-¡Sí!-
-Wow, haha, de saber que te emociona tanto traerme mi bolsa la olvidaré más seguido-
Avergonzado por su reacción prematura se acercó al estante donde se encontraba la bolsa de Kagome y se la entregó cabizbajo. Su amiga desapareció después de haberle dado las gracias.
Al salir de la panadería sintió un gran alivio. En ocasiones se sentía agobiada de pensar en tantas cosas y no podérselo decir a Hojo o a cualquier otra persona con la que convivía que necesitaba ir a un lugar donde de verdad se encontrara sola. Caminó hacia una de sus cafeterías favoritas que se encontraba en un lugar muy lejos de ahí. Era la hora pico; había demasiado tráfico, mucha gente cruzando las calles, y otras caminando sobre las banquetas con prisa. En ocasiones varias personas chocaban contra ella y desaparecían entre la multitud antes de que se pudiera reaccionar al respecto.
De pronto sintió un presentimiento y se detuvo en seco, provocando en las personas que caminaban cerca de ella varios reproches mientras se alejaban apresuradamente hablando en sus teléfonos celulares o acomodándose la ropa. Giró la vista en todas direcciones con cierta desesperación pero no encontraba lo que buscaba. Desde hacía ya varias calles sentía como si alguien la estuviera observando, incluso hasta siguiendo, pero entre tantos rostros y movimiento era imposible comprobar si aquello era cierto.
"Sera mejor que no me despegue de la multitud"
Por fin llegó a la cafetería que era bastante simple y modesta. No había detalles costosos, sólo unas mesas de madera falsa, sillas de metal y manteles de plástico. El lugar le traía recuerdos de cuando su padre aún vivía y siempre recurría a la poca memoria que tenía de él cuando se sentía atrapada. Se acercó al mostrador y pidió un café negro. Caminó hacía una de las mesas sosteniendo la taza entre sus manos, sintiendo el calor que se concentraba en ella cuando de pronto empezó a sentir cómo sus ojos se humedecían y picazón en la nariz. De pronto estornudó. La taza cayó rápidamente sobre el suelo quebrándose en pequeños pedazos y el café se desparramó por el piso blanco. Parte de los pantalones de Kagome se mojaron al instante con unas cuántas gotas. La reacción instantánea de la joven fue la de tomar una servilleta de una de las mesas cercanas y recoger los pedazos rotos.
-Salud- dijo una voz masculina.
Kagome subió la mirada y al ver de quién se trataba le volvieron las ansiedades que la hicieron aislarse por unas cuántas horas en primer lugar. Sonrió por cortesía pero no estaba feliz de verlo en lo más mínimo. Se trataba del mismo muchacho con orejas de perro al que estaba tratando de evitar a toda costa.
-Creo que hay que tener más cuidado, digo, si sientes que se van a salir tus entrañas por la nariz, lo más sabio es dejar la taza sobre la mesa y no provocar todo este desorden. Ahora apestas a café. Toma-
La joven tomó el pañuelo que el muchacho le extendía. Se levantó y comenzó a limpiar sus pantalones y su blusa. El dueño del restaurante, quien era el que atendía en la caja se acercó con una escoba y un trapeador y comenzó a limpiar.
-No te preocupes Kagome, en un segundo te repongo tu café, por favor siéntate- insistió el robusto hombre.
-De verdad señor Hu, de verdad lo siento mucho-
El simpático hombre le dio unos empujones para que dejara libre el área. Kagome se alejó sintiéndose apenada sosteniendo el pañuelo que ahora se encontraba húmedo y con manchas de café.
-Ah, señor Taisho, tome-
InuYasha recibió el pañuelo con algo de confusión. Sabía perfectamente de quién se trataba pero no recordaba haberle dicho su nombre.
-Disculpa pero no recuerdo cuándo fue que te dije mi nombre-
Kagome se sentó y a los pocos segundos InuYasha también lo hizo. La joven se sintió algo incómoda de que lo hiciera sin haber preguntado pero sería demasiado grosero pedirle que se fuera así que se resigno a sacarlo de la duda.
-Bueno, sí, no hemos sido presentados, como supongo usted acostumbra con cada persona que ve los espectaculares en la calle de la compañía Taisho. Disculpe si mi deducción lo confundió- contestó la joven sintiéndose un poco fastidiada.
-Claro, claro… Miroku… sí… uno de mis trabajadores insiste en que mi hermano y yo tengamos una imagen pública y se me olvida, no estoy acostumbrado. Por otro lado… yo sé quién eres y no me enteré por ver publicidad en la calle- contestó InuYasha con un tono especial en su voz.
Kagome tragó saliva. Sintió que su pulso se aceleró y que se le hacía un hueco en el estómago. Mientras eso pasaba el señor Hu servía el repuesto del café que Kagome había tirado y antes de que fuera puesta la taza sobre la mesa, la joven la tomó y bebió el café rápidamente. Casi al instante dejó caer sobre la mesa la taza, derramando un poco de café y comenzó a gritar. Todos en el restaurante miraban con atención, el señor Hu le echaba aire con una servilleta e InuYasha se levantó de su asiento para llevarle un vaso con agua fría. Se lo dio y la joven comenzó a tomar despacio.
-Wow- fue lo único que pudo decir InuYasha una vez que Kagome puso el vaso sobre la mesa.
-Disculpe señor Taisho… ¿de dónde dice usted que me conoce?- preguntó una vez que tuvo tiempo suficiente para armarse de valor, además de que, después de haberse quemado la garganta de esa manera, otra quemada más no sería raro que sucediera.
-¿Crees que soy tonto? ¿De dónde crees? De la panadería por supuesto-
De pronto Kagome sintió cómo su cuerpo se liberaba del estrés y comenzó a reír nerviosamente.
-Claro, claro- respondió.
-Fuiste a entregarnos un pedido a domicilio que por cierto también esperamos hoy. Conoceré a mucha gente pero siempre recuerdo una cara. Considerando tu reacción, supongo que tú sí lo olvidaste, psht. Claro, si tú nada más entregas, recibes el dinero y te vas-
Al escuchar el comentario, la joven se sintió ligeramente ofendida y se levantó de la mesa. InuYasha se dio cuenta y sin comprender también se puso de pie.
-¿A dónde vas?- preguntó confundido.
Kagome caminó sin darse la vuelta e InuYasha la alcanzó.
-Oye, no, espera. No sé qué dije pero supongo que lo siento. Regresa, te pagaré tu café-
La joven giró los ojos con hastío y regresó.
-Me termino esta taza y me voy- masculló.
InuYasha observaba a la joven con insistencia. Había notado el gran parecido que había entre ella y su exnovia pero podía encontrar que la naturaleza de ambas era distinta. Le cruzaban muchos pensamientos por su cabeza pero la idea de que la joven se fuera en ese momento no le agradaba
-¿Qué?- preguntó Kagome al percatarse de que estaba siendo observada.
-No, no, nada. Estaba pensando en las cosas que tengo que hacer hoy, es todo- contestó sintiéndose apenado. – ¿A veces no te preguntas por qué ciertos pensamientos no se pueden controlar?-
-Oiga mire no sé qué es lo que esté pensando pero su pregunta no se escuchó bien después de que llevaba varios segundos sin despegarme la vista- respondió Kagome con mirada sospechosa.
-AHH, no, no, no. No es nada relacionado con usted, ¿por qué pensaría yo esas cosas… con usted?- contestó InuYasha esta vez algo alterado.
-¿Va a querer que me quede hasta que me termine este café o si no me puedo levantar en este preciso momento y lo dejo solo?-
-No, no, perdón de nuevo. No me refiero a ese tipo de pensamientos (¿por qué le haría una pregunta así si ni siquiera la conozco?). Me refiero a recuerdos, ideas… de problemas más que nada-
Kagome lo miró a los ojos. Sabía perfectamente a lo que se refería el joven. Podía ver en los ambarinos ojos del hanyou algo de nostalgia y supo que esos recuerdos de los que él hablaba eran dolorosos. La joven asintió ligeramente dándole un pequeño sorbo a su café.
-Recientemente terminé con mi novia y no he podido reponerme del todo. Perdón, seguramente te preguntas por qué demonios te digo estas cosas. Supongo que de vez en cuando se necesita de un extraño que escuche-
-He estado en esa situación; ni me lo diga-
-¿Crees que, no sé…? Tsk, no ni siquiera tiene caso preguntarse algo así- De pronto InuYasha comenzó a inspeccionar sus bolsillos porque su celular comenzó a timbrar y revisó la pantalla. –Lo siento, me tengo que ir… mi nombre es InuYasha por cierto-
-Kagome- respondió la joven tomando la mano de InuYasha quien la había extendido como saludo.
-Gracias por escuchar aunque haya sido breve. Ten- se alejó después de colocar un billete sobre la mesa y desapareció entre la gente.
Tomó el billete y junto con él una tarjeta de presentación con información de contacto.
-Se ve buen muchacho- dijo el señor Hu quien apareció a su lado.
-¡¿Por qué siempre hace eso?!- exclamó Kagome con sobresalto.
-Perdón- respondió el señor Hu entre risas. –InuYasha es un cliente frecuente. Qué extraño que no se hubieran visto antes aquí-
-Sí, qué raro…- respondió la joven con sequedad. –Bueno señor Hu, debo regresar a trabajar. Aquí está el dinero que le dejó el señor Taisho por mi café-
-Oh, no, no, Kagome, si desde que eras una niña jamás te he cobrado y a ese muchacho tampoco. Creo que tendrás que ir a devolverle su dinero- sugirió con candidez.
-Nooo, no por favor, no se ponga con esos planes. No tengo cabeza para pensar en esas cosas, además, el señor Taisho es una persona muy ocupada por toda la riqueza de su familia y dudo mucho que se tome el tiempo de cosas así y de tener un noviazgo con una persona como yo- contestó mientras se ponía de pie y tomaba sus cosas.
-¿Entonces por qué viene a comer aquí? Créeme Kagome que si a ese hombre le importara todo lo de la cuestión de "estatus" no vendría a este lugar, pero está bien, no te molestaré. Aun así debes devolverle su dinero-
-Está bien… me resigno porque sé que no va a funcionar dejarte el dinero aquí para que tú se lo devuelvas y me darás un sermón sobre cómo debo de hacerlo yo porque me lo dio a mí, etcétera-
-Me alegra que me conozcas tan bien- dijo el señor Hu entre risas, dándole unas palmadas a la joven en el hombre.
Liberando un suspiro con resignación que luego se convirtió en una sonrisa, abrazó al señor Hu y salió de la cafetería. Una vez en la calle comenzó a sentir angustia por el encuentro sorpresa que tuvo con InuYasha.
"Si antes apenas y me notaba, ahora con más razón… Va a ser muy complicado esconderme de él en el burlesque… Tal vez tenga que cambiar mi turno y tenga que renunciar a la panadería… Tal vez tenga que hacer el doble turno en el Cirque… Ay no…"
Los pensamientos de la joven se vieron interrumpidos al ver a un hombre al otro lado de la calle que la estaba observando. Se detuvo y lo miró de reojo. El hombre no se movía. Podía ver la larga silueta de pie, atenta a sus movimientos. No quería voltear del todo pero podía ver el cabello y las ropas oscuras de la persona. A los pocos segundos la figura comenzó a avanzar, dejando a Kagome con una sensación de paranoia y preocupación durante el camino de regreso.
