Para 30 vicios
Tabla: 30 Besos | Reto: #26 "Si pudieras ser mío/a"
Notas de autor: Sí, sigo viva. Y no, no andaba de parranda. Tampoco es que me pase todo el tiempo estudiando. Ni que fuera ñoña. Simplemente se atraviesan en mi camino series como Naruto, One Piece o Fairy Tail y mi mundo se pone de cabeza. Empieza la obsesión de ver capítulos inalcanzablemente todos los días hasta que los alcanzas y tienes que esperar una semana para ver el próximo. Eso ha sido mi vida en los últimos meses.
Pero ya estoy aquí. Con un fic lleno de telarañas, escondido en lo más oscuro de mi carpeta de cosas secretas. La verdad no recuerdo si lo empecé a escribir hace un año o dos (Todo lo anterior, lo escribí quizás hace tres años) XDDD ¿Cuánto tiempo me llevó actualizar este fic? Quizás dos años, decidí sacar todo lo del baúl y cumplir con la tabla, que acabo de retomar.
La canción que me inspiró para esto fue: juego de amor versión Moenia. Espero que les guste. Cualquier crítica, comentario o reclamo son bienvenidos.
Digimon no me pertenece.
Si pudieras ser mío
…
Si pudieras ser mía
Juego de amor
"Amarte así, solo y sin ti. Estando presos, lejos y aquí."
Dirigió sus ojos hasta donde estaba sentada su mejor amiga.
Mimi miraba aburrida las puntas de su cabello, mientras ella se resignaba. Ningún sermón iba a funcionar, nada de lo que podría decirle haría efecto, era inútil aconsejar y era una total pérdida de tiempo hablar con ella.
—¿Pero si vas a ir a la fiesta?
La castaña dejó de observar su cabello y volteó hasta Sora. —Pues sí —alzó los hombros como si fuera la cosa más obvia del mundo.
La pelirroja suspiró. —Últimamente no se sabe contigo —se sinceró —nos dices que si irás con nosotros y luego cancelas o simplemente no llegas.
Pasó su mano derecha por su pelo y sonrió con dulzura. —Eso es diferente. ¿Cómo voy a perderme la fiesta de cumpleaños de Tai? —intentó contagiar con su entusiasmo a Sora —es mi amigo y por nada del mundo me perdería la sorpresa que mi mejor amiga le planeó.
—Pero también es amigo de él.
La sonrisa en el rostro de Mimi se borró por unos segundos, pero luego apareció otra mucho más grande. —Eso ya no importa.
La pelirroja achicó los ojos, no muy convencida de lo que su amiga le contaba. —Durante estos meses por estarlo evitando a él, nos estás evitando a nosotros.
—Sí, ya lo sé —habló un poco arrepentida —pero ya no tiene caso alejarme de ustedes por él. Como sea, tenemos el mismo vínculo de amistad y ya no me importa verlo. Ya lo superé.
Seguía sonriendo para convencerla.
Sora se dedicó a analizarla por unos minutos, buscando nerviosismo o falsedad en la expresión de su rostro, pero no encontró ninguna señal de eso. Decidió creerle, a lo mejor este era el gran paso que estaban esperando.
Era evidente que no podía sacar al rubio de su círculo de amigos. Era, también, normal que luego de su ruptura, ella se alejara. Pero, ya había pasado tres meses de eso y la castaña brillaba por su ausencia en todas las reuniones. A nadie le gustaba ver al "grupo de los digielegidos dividido".
—¿Entonces ya no te importa Matt? —no sabía por qué, pero no le creía nada.
—Mejor dicho: ya no me molesta respirar el mismo aire que él. Ya no me irrita su presencia. Ya no lo odio. Bueno, ya no como antes —respiró orgullosa —venga Sora, ya puedo tolerar estar en el mismo lugar que él. Si antes lo hacía, ¿Ahora por qué no? Además, ya me cansé de perderme de la diversión por lo de nosotros. Es hora de mirar enfrente.
—Mimi, dime algo…
—¿Si? —¿Nunca intentaste hablar con Matt luego de que rompiste con él? ¿Nunca te pidió una explicación?
Mimi negó.
—No tiene por qué pedirme explicaciones. Él sabe lo que hizo —el entrecejo de su amiga se frunció —él debió darme explicaciones a mí y nunca las tuve. Y, ahora ya no las necesito.
—¿Superado? —arqueó una ceja mientras esperaba la respuesta de su amiga.
Por mucho tiempo había insistido en que hablara con Matt, que quizá todo era un malentendido y que no merecían terminar así. Sin embargo, la terca y obstinada castaña se negaba rotundamente a hablar con el rubio, argumentaba que ella no tenía nada de qué hablar con él, que lo suyo había terminado y que no había nada por aclarar, ni salvar ni nada.
Ella notó, en todo ese tiempo, como su amiga sufría las diversas etapas de la depresión. Le había dolido terminar con Matt y más cómo se habían dado las cosas. Por eso, a ella no se le hacía justo dejar todo en medio del enredo, pero si sus amigos no cedían, ella qué podía hacer. Pero, ahora parecía que su vieja amiga estaba por resurgir entre sus cenizas.
—Totalmente —culminó la castaña.
—Entonces no te importará lo que voy hacer —Mimi la miró con duda. La pelirroja se levantó del césped y sacudió su ropa —¡Matt! ¡Maaaaatt! —gritó haciendo señas para que el rubio la viera.
Mimi respiró hondo y lento. Sintiendo por unos segundos nervios. Luego, imitó el movimiento de su amiga y se levantó para recargarse en el árbol donde estaban sentadas. Así iba a estar a la altura de los dos, así no se iba a sentir menos y así iba a demostrar su determinación y fuerza. Aunque eso sí, no pudo evitar mandar una mirada asesina a Sora.
—¿Qué? —alzó los hombros haciéndose la inocente —¡Matt! —exclamó cuando el rubio estuvo cerca de ellas.
Sora quedaba de frente a él. Mimi seguía recargada en el árbol, había optado por una posición hostil, al cruzar sus brazos a la altura de estómago y ver hacia enfrente. Era oyente en esa conversación, donde claramente no tenía ganas de participar.
—Sí, Sora, ya te escucho claramente —no pudo evitar ver de reojo a la indiferente castaña que estaba ahí, a pocos pasos de él. Tenía bastante tiempo de no verla, no así de cerca.
—Perdón —ya sabía lo gruñón que podía ser el rubio, por lo que su comentario le causaba gracia —quiero invitarte a la fiesta de cumpleaños de Tai —habló sin dejar de verlo —es el sábado y es sorpresa.
Sonrió de medio lado —¿Dónde es?
—En mi casa. Ve antes de las ocho.
El rubio asintió conforme. Luego, volvió a observar a Mimi de reojo. La chica prestaba atención de mala gana, la conocía bastante bien como para saber cuándo disimulaba indignación y eso sin duda logró hacerlo sonreír en sus adentros. Rascó su nuca. —¿Puedo llevar acompañante?
Inconscientemente la pelirroja se volteó hasta su amiga y Matt hizo lo mismo. La castaña al sentir las dos miradas sobre ella se puso nerviosa. Titubeó un par de veces, sin saber qué decir.
—¿Lo dicen por mí? —río —¡Claro que no hay problema! ¡Lleva a tu novia! Que a mí no me importa.
—Nos vemos entonces —comenzó a caminar para alejarse de las chicas e ir a tomar sus clases —gracias Mimi.
—De nada —respondió casi con el mismo cinismo del rubio. Lo vio alejarse, y cuando estuvo segura de que no iba a ver y ni escuchar, dio media vuelta y pateó el árbol donde estaba recargada. —¡Maldición!
Pataleó todo lo que pudo, quería sacar la rabia acumulada. El muy ingrato, mujeriego, idiota iba ir con compañera a la fiesta de Tai. Él si se podía regocijar y pasarle por enfrente acompañado de sus miles de citas. ¿Y ella? ¡Ella, bien gracias! Ni perro que le orine el pantalón. Ahora tenía que buscar acompañante. Porque él no podía ganarle en eso.
—¿A dónde vas? —preguntó la pelirroja siguiendo a su amiga. Estaba impactada viendo el ataque de furia de la castaña y cuando menos lo esperó, Mimi caminó hecha una fiera.
—¡A buscar con quien ir a la maldita fiesta!
Kari y Tk eran los encargados de distraer a Tai durante el día de la fiesta, así el moreno no iba al departamento de Sora antes de lo previsto. Cuando eran ya casi las ocho de la noche, el gran grupo de amistades invitadas a la fiesta estaban reunidas, esperando con ansias al cumpleañero.
—Matt, ven. Pasa rápido —jaló al rubio hasta adentrarlo en el departamento —pudiste llegar más temprano —gruñó la pelirroja.
El aludido solo pasó de largo y tras de él iba una chica rubia, "la acompañante" rápidamente pensó y sin querer giró la vista hasta su castaña amiga. Mimi estaba cerca de la puerta de la cocina con el entrecejo fruncido, viendo de mala gana a Matt y a la rubia con la que había llegado.
Mimi, con todos los demonios que la invistieron en ese momento, se dedicó a comerse con la mirada a la estúpida chica que seguía a Matt. Era rubia de ojos verdes. Era más linda que ella, así lo consideró, y sin querer se entristeció un poco. Matt debía salir con alguien menos linda que ella, ¿Por qué rompía la regla? ¿Por qué salía con una sexy rubia de senos mucho más grandes que los de ella? Maldita sea.
—¡No, Taiyo! —exclamó al momento de salir de sus maldiciones. Ese mocoso seguía empeñado a tomar bebidas alcohólicas. ¡Maldita sea la hora en que se le ocurrió invitarlo a la fiesta!
—Pero Mimi —pataleó —solo un poquito ¿sí? Mi mamá no se va a dar cuenta.
—¡Qué no! —si ella lo dejaba beber un poco, sabía que la madre de ese niño la iba a matar. Le quitó el vaso donde había alcohol y lo bebió ella.
Mientras Matt se lo pasaba de lo lindo tomándose fotos con su sexy acompañante, ella andaba de niñera con el suyo. ¡Sí! Fue muy estúpida al dejarse cegar por el coraje e invitar a su tierno vecino de 16 años a una fiesta de universitarios. Ahora, le quedaba andar de niñera.
—¡Ya viene! —gritó Sora esperando que todos se escondan para apagar las luces y ahora sí, sorprender a su amado novio.
Uno, dos, tres…
—¡Sorpresa! —gritaron todos al encender las luces una vez que Tai estaba bajo el umbral de la puerta.
—¡Felicidades, amor! —la pelirroja era la que estaba en medio de todos, ella había reservado su escondite perfecto, para que una vez que su novio entrara y todos exclamaran sorpresa la viera a ella principalmente.
El castaño pasó sus ojos por todos lados. No se lo esperaba. Y la mejor imagen era la que tenía enfrente, sin duda. Sora corría para abrazarlo fuertemente, desearle lo mejor y preguntando si le había gustado la sorpresa.
—Claro que sí —susurró antes de unir sus labios a los de la pelirroja.
Y la gran fila de felicitaciones no se hizo esperar. Y claro, Tai era un hombre al que le gustaba sentirse querido y apapachado y con más razón cuando era su cumpleaños.
—Gracias —dijo —¿Cómo te llamas? —preguntó extrañado. La verdad es que ni sabía de dónde había salido.
—Jajaja. Disculpa —extendió su mano —Akako, mucho gusto —el moreno seguía viéndola con extrañeza. En su puta vida, jamás la había visto —vengo con Matt —soltó con una boba sonrisa mientras volteaba a ver al rubio, que estaba en su rincón bebiendo.
La chica alzó su mano y flexionó los dedos de arriba para abajo, para saludarlo. Matt ni siquiera había tenido la osadía de felicitarlo y la boba de su acompañante sí. Eso sin el apoyo del rubio.
Cuando la chica rubia se fue corriendo de lo más feliz hasta Matt, el moreno aprovechó para acercarse a su novia y preguntar de dónde demonios Matt se había sacado a esa mujer.
—No lo sé —contestó Sora —pero mírala.
Abrazó al moreno mientras observaban como el rubio era acosado con el flash de la cámara de la chica. Y sin consideración alguna empezaron a reír, eso era una de las cosas que Matt destetaba más. Era acosado como gran estrella de Hollywood, la rubia le tomaba fotos desde todos los ángulos, posando solo o con ella.
—Tai —la voz de Mimi los hizo girar y dejar de disfrutar el gran "martirio del rubio" —felicidades.
—¡Mimi! —exclamó contento el moreno mientras recibía, con más entusiasmo, un abrazo por parte de su amiga —¡Me alegra mucho que hayas venido!
Eso le dio un poco de pena a la castaña. ¿Tanto se había alejado de sus amigos por el estúpido del rubio que se la estaba pasando de lo mejor con aquella mujer? ¡Le hervía la sangre de verlo ahí tan feliz tomándose foto mientras ella era una niñera! Era lo peor, no valía la pena sentirse así por él.
Entre Alcohol, más y más invitados, más alcohol, soledad y viejos deseos, terminaron juntos de nuevo: escondidos en la habitación de Sora y besándome apasionadamente.
La fiesta transcurrió; bebió hasta perder la cuenta. Poca importancia le prestó a su rubia acompañante, quien francamente lo hartó y decidió escapar de ella. Él solo la invitó por una razón: molestar a Mimi, porque aunque estuvieran separados seguía extrañándola y desando que sea ella quien lo abrazara por el cuello.
Fue una mala idea, y ahora ¿Qué hacer cuando lo dos se toparon de casualidad en una habitación sola?
Nada. Solo ceder.
Bien dicho.
Ser la niñera en la fiesta sorpresa de uno de sus mejores amigos, es sin duda lo peor que se le ha ocurrido hasta el momento. Encima, que cuidó que el mocoso no bebiera —algo ilegal para su edad—, se la pasó vigilando, sintiendo celos y aumentando su coraje porque mientras ella la pasaba mal, el rubio —ese del que tanto se quiso vengar y ganar—, se la pasaba bien con la mujer de senos grandes.
Mala y tonta Mimi. Quien quiso descansar y entró a la recamara de Sora, sin siquiera saber con lo que se toparía...
—Si pudieras ser mío —susurró una alcoholizada Mimi en sus labios. Al ritmo que Matt llevaba sus manos a la cintura de la chica y la apegaba más a su cuerpo; ¿Quién es él para no cumplirle el deseo?
Raro. Pero cada capítulo tiene que tener un beso y como ya iban muchas palabras lo corté abruptamente. Tendrá continuación don't worry.
