Nada me pertenece, pero eso ya lo saben.

Hay un cambio en el rating, de T a M.

10.- Solos

Edward POV

El viaje fue tranquilo. Era una suerte que no fuéramos humanos. Bella había viajado en el asiento trasero, junto con las niñas. Las había alimentado tres veces, con cuatro cambios de pañal. Les había sacado los gases todas las veces, y solo Callie había regurgitado un poco la segunda vez. Ninguna había llorado y pareció que lo llevamos bastante bien. Tomé la carretera que se desviaba de Banff rumbo a Lake Louise. Había tormenta y el paisaje estaba lleno de nieve. Había suficiente luz, y yo decidí conducir un poco más lento de lo que debería, o más bien a lo que estaba acostumbrado, para evitar riesgos, y que las niñas no se marearan o algo por el estilo. Durmieron la mayor parte del camino, y los pequeños lapsos en que estaban despiertas y reactivas estuvieron en brazos de mi esposa. Podía escuchar los pequeños ruiditos que hacían al sentir las caricias de su madre, y en sus mentes veía el rostro borroso de la primera mujer a la que amé, haciéndoles cariñitos y hablándoles suavemente. Pude escuchar que les tarareaba Claro de luna para arrullarlas. Katie parecía ser más tranquila, lo que de hecho me preocupaba un poco, teniendo en cuenta que los bebés más tranquilos son los más activos de mayores. Pero bueno, lidiaríamos con ello cuando fuera necesario. Por ahora, ellas eran una pequeña masa que comía, hacía ruiditos y defecaba cada par de horas. Carlisle nos había dado suficiente del complejo de vitaminas para al menos un par de años, de acuerdo a su edad y todo.

Cuando llegamos a la casa, detuve el auto, primero frente a la reja de seguridad del cercado que rodeaba el terreno, y luego frente al portón del garaje, que luego abrí con la llave magnética que le correspondía y que nos habían dejado en el buzón de correo. La lámina de hierro se levantó y enrolló en lo alto de la habitación. Cuando ésta se cerró detrás de nosotros, sentí de inmediato el aumento de la temperatura. Bajé a velocidad normal del asiento y abrí la puerta de mi esposa, quien pasó hábilmente por encima de la sillita de Callie para saltar a mis brazos. Cuando estuvo en ellos, la levanté con un movimiento rápido y la cargué al estilo nupcial a través de la puerta que conectaba la cochera con la casa. Abrí la puerta con mi mano, y entré a la sala. Bueno, no directamente. Había un corto pasillo de un metro y medio que descendía hacia la casa para evitar que el frío llegara tan profundo adentro. Una vez superado el tramo, nos hallamos ante una espaciosa zona con tres sillones enormes con vista a una pantalla plana gigante, debajo de la cual había una gran chimenea que podía encenderse con un interruptor a su lado. Tenía malla de protección, y el depósito de leña estaba al lado derecho de la misma, a un par de metros de la pared. Había un equipo de sonido consistente en pequeñas pero potentes bocinas que rodeaban a los sillones. Tenía una gran mesa ratona en el centro, con bancos que podían sacarse y que ampliaban la sala. Había camino hacia ambos lados. A la derecha, se encontraba la cocina, después de un comedor que fácilmente recibía a veinte personas. Enorme, equipada para el mejor de los chefs, con una mesa en el centro y una barra con taburetes. La alacena era móvil, y podía voltearse para dar paso a un mini bar, surtido con lo mejor. Estando en la cocina, uno podía caminar a la derecha hacia una terraza dentro de la casa, con grandes vistas al lago Louise, al bosque y, a lo lejos, se veían las luces de la ciudad. Junto a ella, había un medio baño, más cercano al comedor.

Hacia la izquierda, había una imponente escalera flotante con barandales de cristal, casi invisibles, que conducían al segundo piso, y en el descanso, había un gran espacio que era visible desde la sala y la cocina, que pronto sería la sala de juegos, hermosamente decorada por un gran árbol que había estado en el terreno desde antes y que habían respetado. Sólo se veía el tronco, pero tenía nieve y era como un jardín dentro de la casa, que de alguna manera respetaba el espacio de la casa. Allí, había cuatro puertas más. Una daba al estudio que usaríamos Bella y yo, acogedor, en colores oscuros con luces amarillas, pero de perfecta iluminación, decorada y enorme pero útil. En otra, había una habitación de invitados, en la tercera, un baño completo con ducha y jacuzzi también, aunque más pequeño que los del piso de arriba. La última era la más pequeña, y estaba pegada a la sala, aunque de alguna manera esta oculta por la pared de la chimenea. Esa tenía una escalera tradicional que daba al sótano, un lugar enorme del tamaño de la casa entera, que contenía el cuarto de lavado, totalmente acondicionado. Había una bodega, un refugio para tormentas, un bodegón con todo lo necesario para la cocina, aislado del resto y protegido. Había un espacio vacío que podía utilizarse por si teníamos perros, ya que era cómodo y tenía una pequeña salida al exterior, pero sin perder el calor.

Eso fue todo lo que vimos en la primera impresión. De inmediato, volvimos al auto a por las niñas. No las habíamos dejado más de dos segundos, pero eso había bastado para que despertaran. Las sacamos de las sillitas. La cochera tenía ganchos para colgar bicicletas para esa clase de cosas, y tenía acceso a un cobertizo que guardaba una cantidad impresionante de artículos para el jardín, teniendo en cuenta que estaba nevado la mayor parte del año. Además de otras herramientas, y cosas por el estilo.

Alzamos a las bebés y las acunamos contra nuestro cuerpo, antes de tomar las pañaleras y entrar. Necesitábamos recostarlas en algún lugar seguro antes de desempacar el resto de las cosas de la camioneta. La casa estaba amueblada en su mayoría, y sólo tendríamos que instalar las cosas de bebé. Fue por eso que decidimos subir a las niñas a la cama del cuarto principal para luego acomodar el resto de las cosas. En realidad, sólo era el mediodía, por lo que las íbamos a acomodar para que durmieran un rato mientras hacíamos todo, y cuando estuviera listo, les daríamos un baño y comenzaríamos a sentirnos como en casa.

Bueno, pues manos a la obra. En el silencio cómodo y lleno de diálogo que compartíamos nosotros dos, acostamos a las niñas en la recámara principal. En el segundo piso, las habitaciones estaban dispuestas de una manera muy curiosa. La escalera llegaba justo al centro, desde donde el pasillo conducía al resto de la casa. En un lado, se encontraba una gran biblioteca que ya contenía un número interesantemente grande de libros, varios sillones dispuestos para lectura, y dos mesas clásicas de las bibliotecas públicas, por si las niñas querían hacer sus deberes arriba. Además, por ahí era por donde pasaba el gran árbol, lo cual le daba un aire bastante relajante. Justo frente a la puerta estaba la escalera deslizante que daba paso al ático, un enorme recinto, vacío al parecer, que esperaba para ser llenado por todas las cosas que dejaran de ser útiles, o que no lo fueran hasta en un futuro.

La habitación principal estaba justo en medio, enorme, con un sofá y la cama queen size justo en el centro. Tenía dosel, había un tocador, y dos pequeñas cómodas a los lados de la cama de postes, y había una puerta que daba a un clóset, un poco más normal que los de Alice. No era tan grande, pero tenía espacio para un espejo de cuerpo completo justo en medio, con la ropa de ambos a los lados y bancos para que nos apoyáramos al vestirnos, así como cestos para la ropa sucia. Era una diferencia agradable a tener que desechar la ropa en cuanto la usábamos. Ya había prendas en las perchas, pero no muchas. Serían suficientes para nosotros, antes de que fuéramos a comprar más. Del otro lado de la habitación había un baño incluso más grande que el del piso de abajo, tenía un retrete, dos lavamanos y una ducha, separados de una bañera gigante. Bueno, podría con eso. La decoración era en colores café, en realidad la de toda la casa, pero era realmente moderno y, ya sabes, muy elegante, pero a la vez campestre. Era perfecto para nosotros. Había tres habitaciones enormes más, dos de ellas conectadas por un baño, que serían las de las niñas. Por supuesto, primero dormirían juntas en una habitación, la más cercana a nosotros, pero luego, cuando fueran mayores y quisieran privacidad, tendrían su propio espacio, con clóset incluido y todo, y compartirían el gigante baño. Servía para nosotros, en especial ahora que la habitación de en medio estaba semi - vacía y tenía una decoración mucho más suave que la del resto de la casa. Más allá de la última habitación, se encontraba un armario gigante que guardaba la ropa de cama y el resto de artículos blancos. En realidad, la casa me encantaba. Nos encantaba.

Pusimos a las niñas en la cama gigante, rodeadas de almohadas, y a salvo, y bajamos corriendo por todas las cosas de la camioneta. Subimos todo, sin ver si iba o no en la habitación, para poder vigilarlas constantemente. No tardamos mucho, y en el coche sólo dejamos las sillitas y los pequeños espejos que nos habían instalado en la concesionaria.

Armamos las cunas en un tiempo récord, una al lado de la otra, pero separadas por un metro y medio, con los cambiadores del otro lado de la habitación justo enfrente de ambas. Llenamos las dos cómodas que había en extremos de la habitación con sus pequeñas prendas, y almacenamos las cajas de pañales de su etapa en el pequeño mueble que hacía juego con los cambiadores, el resto fue al ático. Bella había conseguido pequeñas mariposas y estrellitas que pegó en las paredes del cuarto. Los moisés fueron instalados en el piso de abajo, en la sala, para cuando tuviéramos que ponerlas allí. Había también una cesta de mimbre diseñada para poner a las niñas allí por la noche para que se sintieran protegidas durante los primeros meses, y estuvieran cerca en caso de que tuviéramos que hacer algo extra. Las pañaleras terminaron también en nuestra habitación, ya que las íbamos a estar moviendo todo el tiempo. Las cajas con las cangureras terminaron en el ático también, esperando a que ellas fueran lo suficientemente mayores. En nuestra bañera, dejamos la pequeña bañera que había pertenecido a Renesmée y ahora era para las niñas, junto con dos bases que permitían poner a las niñas sentadas cómodamente en el agua mientras las bañábamos, cosa que probaríamos en un par de horas. El esterilizador estaba en la cocina, junto al horno de microondas, y el gran repertorio de mamilas y demás cosas que implicaban comida estaban en los anaqueles, junto con los tarros de fórmula y los goteros con los compuestos que Carlisle nos había dado. Los baberos estaban en el piso de arriba, y en el ático estaban también las periqueras y demás cosas que usarían hasta más grandes. Había tetinas por todos lados, y chupones. Pusimos la cubeta con juguetes sobre una de las cómodas, justo junto a una cesta de mimbre también que contenía agua de mar, talco, crema, cotonetes, perillas de succión para quitarles los moquitos, así como succionadores manuales. Había gasas y un par de cosas de primeros auxilios. Y muchos pañales, muchísimos. Había un tambo auto-sellable en el cual colocaríamos los pañales y demás restos sucios. Había toallitas húmedas y pañuelos de algodón que usaríamos para sacarles los gases y limpiar sus boquitas. Hacía lociones para recién nacidos, pero no las usaríamos. Olerían a leche de todas maneras. El jabón y el shampoo fueron a parar al baño. Y eso parecía ser todo.

Las niñas tenían los ojos bien abiertos cuando fuimos a por ellas. Con una sonrisa, las tomamos y las desnudamos con suavidad mientras llenábamos parcialmente la bañera con agua tibia para que a ellas no les molestara. Supe que se sorprendieron al sentir nuestras manos frías, pero el agua las entibió con rapidez y ellas lo dejaron pasar. Las envolvimos en sus pequeñas toallas, evitando que hubiera al menos una parte de ellas al aire. Estaban calientitas, y cuando Bella pasó frente a mí llevando a Callie, pude ver que sus ojos estaban abiertos y parecía que intentaba beber el agua que escurría de su rostro. Uh oh. Alguien tenía hambre. Y posiblemente Katie estaba igual. Las vestimos en la cama con rapidez y precisión, y cuando estuvieron vestidas por completo, las llevamos al piso de abajo, donde preparamos los biberones y las alimentamos, sentados en los sillones con el televisor a un volumen inaudible para los humanos. Se durmieron pronto, probablemente cansadas por el viaje y el constante movimiento. Esta vez, nos mantuvimos cargándolas.

- ¿Cómo haremos para ir a cazar? – me preguntó mi esposa, mientras admiraba a las niñas. Aún faltaban unos diez días antes de que tuviéramos que hacerlo, pero entendía la inquietud.

- Supongo que podemos ir por turnos, o llevarnos un monitor y hacerlo rápido, en la cercanía y mientras duermen. Hay animales dentro del terreno, sólo tendremos que sacar los cadáveres, o enterrarlos o algo. Bueno, hasta dentro de unos años, cuando salgan a caminar. No será bonito que encuentren cadáveres en el camino. – Ella asintió mientras miraba con adoración al bebé en su pecho. Esto de ser padres nos quedaba. Era tan sencillo, tan natural…

- Suena bien para mí. Ahora, aún hay asuntos que resolver. ¿Qué vamos a hacer con nuestras vidas? ¿Vamos a fingir sólo para las niñas o vamos a vivir como humanos? No sé si quiero dejar a las niñas tan pronto con una niñera… Además, los padres toman baja por paternidad, ¿cierto? Cuando las niñas puedan estar solas con alguien más, podremos empezar a darnos a conocer en el pueblo. Había pensado que tú podrías trabajar en el hospital local, y yo podría ir a la universidad a medio tiempo, cuando las niñas sean mayores. ¿Qué opinas? – yo la miré con asombro, a lo que ella sólo me preguntó: - ¿Qué? ¿No te gusta la idea?

Negué de inmediato.

- No es eso. Es exacto lo que estaba pensando. A veces me pregunto si tú eres quien puede leer mi mente – le sonreí, mirándola a los ojos e intentando que sintiera todo el amor que me embargaba en este momento. Ella sonrió de vuelta y me lanzó un beso. Luego, arrugó la nariz.

- Ugh. Creo que necesitamos cambiar pañales – sonreí con comprensión y me levanté, justo a tiempo para ayudarla a levantarse. Subimos a paso humano hasta la habitación de las niñas, donde estrenamos el cambiador, desvistiéndolas con lentitud, y les cambiamos los pañales. Ésta era la única parte que no me gustaba, pero bueno. Una vez dentro del tambo, el olor no se percibía.

Decidimos acostarlas en el pequeño cesto de mimbre, donde de inmediato se abrazaron, como si estuvieran acostumbradas a estar juntas desde siempre. Se veían tan lindas juntas que de hecho parecían gemelas reales. Bueno, pues por nosotros estaba perfecto, porque ellas crecerían siéndolo. Las colocamos a uno de los costados de la cama, aunque ellas no podían vernos desde donde estaban. Me senté, admirándolas y mi Bella se colocó a mi lado.

- No creí que aceptar la transición de nuestra hija fuera tan fácil. Creí que nos costaría, que quizás las desconoceríamos un poco, pero se siente tan… natural. Lo mismo con Katie. Sentía que no iba a poder mirarla sin recordar a Renée, pero ahora la miro y sólo veo a mi hija. Y no sé si eso me hace peor o mejor persona, es decir, era mi madre, y ahora nos hemos alejado de todo, y está perfecto para mí, pero siento que estoy pasando a traer a quien no lo merece y tengo… tenía miedo de que no se sintiera como lo correcto, pero lo que hemos hecho hasta ahora fue tan fácil que parece que nacimos para esto, que esto es lo que siempre debió ser. – La rodeé con mis brazos.

- Es que quizás lo hicimos. Quizás se siente tan bien porque éste era nuestro destino, y se siente bien. Y dentro de veinte años, cuando las niñas puedan actuar por su cuenta, todo será más claro. Por ahora, sólo puedo asegurarte que te amo, que nuestras hijas te aman y que lo haremos bien. Te amo, Isabella Masen. Y todo lo que hemos pasado, todos los problemas, de seguro nos estaban preparando para una vida de cuidar a nuestras hijas. Y estoy bien con ello. Y es porque te amo. En cualquier otra situación, jamás hubiera funcionado, pero si estamos tú y yo en ello, podremos con lo que sea. Te amo – me acerqué y besé sus labios, primero lento, y luego apasionado.

La tomé de la cintura y suave pero firmemente la apoyé contra el colchón sin separar nuestros labios. Mi lengua se encontró con la suya y acaricié el interior de su boca mientras ella acariciaba desde mis hombros hasta mi trasero, al cual le dio un suave apretón que me hizo acariciarla por debajo de la ropa. Me quitó la camisa, y yo a ella en un movimiento rápido. Nuestros pantalones tuvieron el mismo futuro, al igual que nuestra ropa interior. Y antes de que lo pensara, estaba entrando en ella. Cuando ella gimió en mi boca, la callé con un beso y una risita.

- Somos padres. Shh. No las despiertes – ella rio quedo contra mí. Entré en ella con rapidez, y apagué su nuevo gemido con mis labios. Pronto estuve embistiendo contra ella con rapidez, silencioso pero, oh sí, tan intenso. Nuestro ritmo aumentó y pude ver que sus ojos rodaban dentro de sus párpados. Soltó aire en el espacio entre nosotros y yo la besé de nuevo mientras una de mis manos iba hacia nuestra unión. Apagué su grito antes de que comenzara e incrementé el ritmo incluso un poco más…

Jacob POV

Esperé ansioso el amanecer, mirando la playa desde la gran roca desde la cual mi ahora mejor amiga había intentado suicidarse en el pasado. Tenía que admitir que, aunque me siguiera molestando el vampiro, me alegraba que hubiera regresado. Él había sido un factor importante en que Nessie existiera, y no tenía argumento alguno en contra de eso.

Como fuera, yo estaba esperando el alba para ir a casa, tomar una ducha e ir a ver a mi novia. Sí, bueno, aún no era oficial, pero ella y yo habíamos llegado a segunda base, y sí, sabía que no era para nada bien visto teniendo en cuenta que ella tenía el cuerpo de una niña de trece años, y aunque ella ya era toda una mujer, sus padres no nos lo permitirían ni de cerca. Ni la manada, pero a ellos no les importaba porque, al final, yo tenía siempre la última palabra.

Más tarde que temprano, las primeras luces comenzaron a apreciarse, y yo salí corriendo hacia casa de Billy. Últimamente no había pasado mucho tiempo ahí, y la verdad no me importaba mucho. Como fuera.

Cuando llegué a casa de los Cullen, noté algo extraño. Aún con la poca luz que había después del amanecer en un día más bien lluvioso, había algo raro con la casa. Una vez que estuve más cerca, noté que una estructura de metal, la misma que habían puesto cuando Bella estaba embarazada, cubría todas las superficies de la casa. Estaba hecha una fortaleza impenetrable. Era extraño. Quizás los vampiros italianos raros esos habían vuelto. Lo sabría en unos segundos.

Toqué a la puerta y esperé a que abrieran. Con una velocidad impresionante a juzgar por el tamaño del metal, se descorrió sólo el sector de la puerta principal. El rubio que estaba a cargo, Carlisle, salió lentamente con su eterna sonrisa amable.

- Jacob, buenos días. ¿Qué podemos hacer por ti hoy? – lo saludé con un gesto.

- Quiero ver a Nessie. ¿Ya están aquí o los alcanzo en la cabaña? – eso había pasado un par de veces.

- No, de hecho. Tenemos algo que decirte. – Asentí. – Hubo una situación, una complicada. Pasaron un par de cosas y hubo un problema con Nessie. Ella… bueno, ella ya no está. Y Edward y Bella ya no viven aquí.

- Creo que no lo entiendo. ¿Están en la cabaña o…?

- No, Jacob. Nessie murió. Edward y Bella se mudaron. Ellos ya no están aquí. Lo siento mucho.

No pude distinguir en qué momento entró a la casa, o cuándo se descorrió la puerta de metal. Todo lo vi borroso por un par de segundos antes de transformarme. En cuanto lo hice, los recuerdos de Seth me llegaron de inmediato. Él los había visto anoche. Vancouver. Eso estaba a un par de horas de aquí. No podían alejarla de mí.

No sé si corrí por horas, o por días. No había olor conocido. Lo hubo los primeros kilómetros, podía identificar a Bella. Pero, al llegar al mar, el olor se fue. El camino dejó de serlo y ya no hubo nada conocido.

No había ni rastro de ellos. El amor de mi vida se había ido, y yo no tenía manera de encontrarlos.

Lo supe cuando recorrí todo el territorio asignado a Vancouver, cada kilómetro cuadrado, cada casa de campo, y no hubo pista alguna.

No había nada. Estaba solo. Y mi única otra mitad en el mundo se había desvanecido.

~Sev