Red Queen.


Disclaimer: Nada de esto me pertenece, ni siquiera sus historias y orígenes. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia es una adaptación de la fabulosa novela homónima de Victoria Aveyard. Yo me atribuyo únicamente la adaptación.

P.S: Aquello escrito en cursiva son, en su mayoría, los pensamientos de nuestra protagonista. En una menor medida, son otras cosas como cartas, notas, y demás.

¡Disfruten la lectura! ¡Nos vemos abajito!


CHAPTER 9.

Lady Isabella Titanos, nacida de lady Esmerald Nolle Titanos y lord Carlisle Titanos, general de la Legión de Hierro. Heredera de la Casa Titanos. Isabella Titanos. Titanos.

Mi nuevo nombre resuena en mi cabeza mientras las criadas Rojas me preparan para el próximo ataque. Las tres chicas trabajan de forma rápida y eficiente, sin hablar la una con la otra. Tampoco me hacen preguntas, a pesar de que deben querer hacerlas. No digas nada, recuerdo. No se les permite hablar conmigo y ciertamente no se les permite hablar sobre mí con nadie más. Incluso de las cosas extrañas, las cosas Rojas, que estoy segura que ven.

Durante muchos minutos de agonía, tratan de ponerme presentable, bañándome, peinándome, pintándome en la absurda cosa que se supone que debo ser. El maquillaje es lo peor, especialmente la gruesa pasta blanca aplicada en mi piel. Me ponen tres potes de eso, cubriendo mi rostro, cuello, clavícula y brazos con el brillante polvo húmedo. En el espejo, parece que la calidez ha sido quitada, como si el polvo hubiera cubierto el calor en mi piel. Con un jadeo, me doy cuenta de que se supone que oculte mi rubor natural, el florecimiento rojo en mi piel, la sangre roja. Estoy fingiendo ser Plateada y cuando terminen de pintar mi cara, realmente interpretaré el papel. Con mi nueva piel pálida; ojos y labios oscuros, parezco fría, cruel, una navaja viviente. Me veo Plateada. Me veo hermosa. Y lo odio.

¿Cuánto tiempo durará esto? Desposada con un príncipe. Incluso en mi cabeza, parece una locura. Porque lo es. Ningún Plateado en su sano juicio se casaría contigo, mucho menos un príncipe de Norta. Ni para calmar la rebelión, ni para ocultar tu identidad, ni para nada.

¿Entonces por qué hacen esto?

Cuando las criadas sujetan y me ponen una bata, me siento como un cadáver siendo vestido para su funeral. Sé que no está lejos de la verdad. Las chicas Rojas no se casan con príncipes Plateados. Nunca llevaré una corona o me sentaré en un trono. Algo pasará, tal vez un accidente. Una mentira me elevará y otro día una mentira me derribará.

El vestido es de un tono oscuro salpicado de púrpura con plateado, hecho de seda y encaje transparente. Todas las casas tienen un color, recuerdo, pensando en el arco iris de las familias. Los colores de los Titanos, mi nombre, deben ser de color púrpura y plateado.

Cuando una de las criadas alcanza mis pendientes, tratando de quitar la última parte de mi antigua vida, una oleada de miedo me atraviesa.

—¡No los toques!

La chica retrocede de un salto, parpadeando rápidamente y las otras se quedan inmóviles por mi arrebato.

—Lo siento, yo… —Una Plateada no se disculparía. Me aclaro la garganta, calmándome—. Deja los pendientes. —Mi voz suena fuerte, dura, majestuosa—. Puedes cambiar todo lo demás, pero deja los pendientes.

Las tres piezas baratas de metal, cada una un hermano, no van a ir a ninguna parte.

—El color te favorece.

Me doy la vuelta para ver a las criadas encorvadas en reverencias idénticas. Y de pie sobrepasándolas: Edward. Repentinamente, estoy muy contenta de que el maquillaje cubra el rubor extendiéndose.

Él hace un gesto rápido, su mano moviéndose en un gesto de quitarse y las criadas se escabullen de la habitación como ratones huyendo de un gato.

—Soy algo nueva en esta cosa real, pero no estoy segura de que debas estar aquí. En mi habitación. —digo, poniendo tanto desprecio en mi voz como puedo. Después de todo, es su culpa que esté en este horrible lío.

Da unos pasos hacia mí y por instinto, doy un paso atrás. Mis pies atrapan el dobladillo de mi vestido, haciéndome elegir entre no moverme o caerme. No sé qué es menos deseable.

—Vine a disculparme, algo que en realidad no puedo hacer con una audiencia. —Se detiene, notando mi incomodidad. Un músculo tiembla en su mejilla mientras me mira por encima, probablemente recordando a la chica desesperada que trató de robarle apenas anoche. No me veo para nada como ella ahora—. Lo siento por involucrarte en esto, Bella.

—Isabella. —El nombre incluso sabe mal—. Ese es mi nombre, ¿recuerdas?

—Entonces es una buena cosa que Bella sea un apodo adecuado.

—No creo que nada sobre mí sea adecuado.

Los ojos de Edward me dan un vistazo, y mi piel arde bajo su mirada.

—¿Qué te parece James? —dice finalmente, dando un complaciente paso atrás.

El guardia Samos, el primer Plateado decente que he conocido aquí.

—Él está bien, supongo.

Tal vez la reina lo alejará si revelo lo amable que fue el oficial conmigo.

—James es un buen hombre. Su familia lo considera débil debido a su amabilidad. —añade, sus ojos oscureciéndose un poco. Como si conociera el sentimiento—. Pero él te servirá bien y justamente. Me aseguraré de ello.

Qué considerado. Me está dando una especie de carcelero. Pero me muerdo la lengua. No servirá de nada interrumpir su misericordia.

—Gracias, su alteza.

La chispa vuelve a sus ojos y una sonrisa a sus labios.

—Sabes que mi nombre es Edward.

—Y tú sabes mi nombre, ¿no? —le digo con amargura—. Sabes de dónde vengo.

Apenas asiente, como si estuviera avergonzado.

—Tienes que protegerles. —Mi familia. Sus rostros nadan delante de mis ojos, ya tan lejos—. A todos ellos, por todo el tiempo que puedas.

—Por supuesto que lo haré. —Da un paso hacia mí, cerrando la brecha entre nosotros—. Lo siento. —dice de nuevo. Las palabras resuenan en mi cabeza, haciendo eco en el recuerdo.

La pared de fuego. El humo asfixiante. Lo siento, lo siento, lo siento.

Fue Edward quien me atrapó antes, quien me impidió escapar de este lugar horrible.

—¿Lamentas detener mi única oportunidad de escapar?

—¿Quieres decir si hubieras pasado a los Centinelas, la Seguridad, las paredes, el bosque, para regresar a tu pueblo a esperar que la misma reina te persiguiera? —responde, tomando mis acusaciones con calma—. Detenerte fue lo mejor para ti y tu familia.

—Podría haber escapado. No me conoces.

—Sé que la reina destruiría el mundo buscando a la pequeña chica relámpago.

—No me llames así. —El apodo me molesta más que el nombre falso al que sigo tratando de acostumbrarme. Pequeña chica relámpago—. Así me llama tu madre.

Se ríe amargamente.

—Ella no es mi madre. Es de Anthony, no la mía.

Solo por la tensión en su mandíbula, sé que no debo insistir en el asunto.

—Oh. —es todo lo que puedo decir, mi voz muy suave. Se desvanece rápidamente, un eco débil contra el techo abovedado. Estiro el cuello, mirando mi nueva habitación por primera vez desde que llegué. Es más elegante que cualquier cosa que haya visto jamás: mármol y vidrio, seda y plumas. La luz ha cambiado al color anaranjado del atardecer. Viene la noche. Y con ello, el resto de mi vida.

—Me desperté esta mañana como una persona —murmuro, más para mí que para él—, y ahora se supone que debo ser alguien completamente diferente.

—Puedes hacer esto. —Le siento dar un paso hacia mí, su calor llenando la habitación de una manera que hace que mi piel hormiguee. Pero no levanto la vista. No lo haré.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque debes. —Se muerde el labio, sus ojos moviéndose sobre mí—. Tan hermoso como es este mundo, es igual de peligroso. Las personas que no son útiles, las personas que cometen errores, pueden ser eliminadas. Tú puedes ser eliminada.

Y lo seré. Algún día. Pero esa no es la única amenaza que enfrento.

—Así que el momento en que arruine algo, ¿podría ser el último?

No habla, pero puedo ver la respuesta en sus ojos. Sí.

Mis dedos juguetean con el cinturón de plata en mi cintura, tirándolo con fuerza. Si esto fuera un sueño, me despertaría, pero no lo hago. Esto está sucediendo realmente.

—¿Qué hay de mí? ¿Acerca de…? —Extiendo mi mano, mirando las cosas infernales—… ¿esto?

En respuesta, Edward sonríe.

—Creo que le pillarás el truco.

Entonces levanta su propia mano desnuda. Un extraño artilugio en su muñeca, más o menos como una pulsera con dos extremos de metal, haciendo clic, produciendo chispas. En lugar de desaparecer en un instante, las chispas brillan y estallan en llamas rojas, emitiendo una ráfaga de calor. Él es un quemador, controla el calor y el fuego, recuerdo. Es un príncipe y uno peligroso debido a eso. Pero la llama desaparece tan rápido como llega, dejando solo la alentadora sonrisa de Edward y el zumbido de las cámaras ocultas en algún lugar, observándolo todo.

Los Centinelas enmascarados en el borde de mi visión son un recordatorio constante de mi nueva posición. Soy casi una princesa, comprometida al segundo soltero más codiciado del país. Y soy una mentira. Edward se ha ido, dejándome con mis guardias. James no es tan malo, pero los demás son severos y callados, nunca mirándome a los ojos. Los guardias e incluso James son vigilantes para mantenerme encarcelada en mi propia piel, roja detrás de una cortina plateada que nunca puede ser removida. Si caigo, si incluso me deslizo, moriré. Y otros morirán por mi fracaso.

Mientras me escoltan hacia la fiesta, repaso la historia que la reina inculcó en mí, la bonita historia que ella iba a decirle a la corte. Es simple, fácil de recordar, pero todavía me hace temblar.

Nací en el frente de guerra. Mis padres murieron en un ataque contra el campamento. Un soldado Rojo me salvó de los escombros y me llevó a casa para una esposa que siempre quiso una hija. Me criaron en el pueblo llamado Los Pilares y estuve desconociendo mi derecho de nacimiento o mi habilidad hasta esta mañana. Y ahora he regresado al lugar que me corresponde.

El pensamiento me pone enferma. El lugar que me corresponde está en casa, con mis padres, Alice y Jasper. No aquí.

Los Centinelas dirigen el camino a través del laberinto de pasadizos en los niveles superiores del palacio. Al igual que el Jardín Espiral, la arquitectura es toda curva de piedra, vidrio y metal, girando lentamente hacia abajo. Hay vidrios de diamantes en cada esquina, mostrando impresionantes vistas del mercado, el valle del río y el bosque más allá. Desde esta altura, puedo ver las colinas que no sabía que existían alzándose a lo lejos, destacando contra el sol poniente.

—Los dos últimos pisos son apartamentos reales. —dice James, apuntando la pendiente en espiral del pasillo. La luz del sol brilla como una tormenta de fuego, arrojando manchas de luz sobre nosotros—. El ascensor nos llevará hasta el salón de baile. Justo aquí. —James se estira, deteniéndose junto a una pared de metal. Nos refleja débilmente, entonces se desliza cuando él agita una mano.

Los Centinelas nos dirigen a una caja sin ventanas y con intensa iluminación. Me obligo a respirar, aunque preferiría salir de lo que parece un enorme ataúd de metal.

Me sobresalto cuando el ascensor se mueve repentinamente, haciendo que mi pulso se acelere. Mi aliento sale en jadeos entrecortados cuando miro alrededor con los ojos abiertos por el miedo, esperando ver a los demás reaccionando de la misma manera. Pero a nadie parece importarle el hecho de que la caja en la que estamos se está cayendo. Solo James nota mi incomodidad y ralentiza un poco el descenso.

—El ascensor se mueve hacia arriba y hacia abajo, así no tenemos que caminar. Este lugar es muy grande, lady Titanos. —murmura, esbozando una sonrisa.

Estoy dividida entre el asombro y el miedo mientras caemos y doy un suspiro de alivio cuando James abre las puertas del ascensor. Marchamos hacia el pasillo de espejos por donde corrí esta mañana. Los espejos rotos ya están arreglados, se ve como si nada hubiera sucedido.

Cuando la reina Elara aparece por la esquina, con sus propios Centinelas a cuestas, James hace una inclinación. Ahora ella viste de negro, rojo y plateado, los colores de su marido. Con su cabello rubio y piel pálida, luce francamente macabra.

Me agarra por el brazo, acercándome a ella mientras caminamos. Sus labios no se mueven, pero igual escucho su voz, resonando en mi cabeza. Esta vez no duele ni me produce náuseas, pero la sensación todavía se siente rara e incorrecta. Quiero gritar, arañar para sacarla de mi cabeza. Pero no hay nada que pueda hacer excepto odiarla.

La familia Titanos fue olvidada, dice, su voz por todas partes. Ellos podían explotar cosas con un toque, como la chica Lerolan lo hizo en La Prueba de la Reina. Cuando trato de recordar a la chica, Elara proyecta una imagen de ella directamente en mi cerebro. Apenas parpadea allí, pero todavía veo a una chica joven vestida en color naranja volando una roca y arena como bombas militares. Tu madre, Esme Nolle, era una tormenta como el resto de la Casa Nolle. Las Tormentas controlan el clima, hasta cierto punto. No es común, pero de su unión resultó tu habilidad única para controlar la electricidad. No digas más, si alguien pregunta.

¿Qué es lo que realmente quieres de mí? Incluso en mi cabeza, mi voz tiembla.

Su risa rebota dentro de mi cráneo, la única respuesta que obtendré.

Recuerda la persona que debes ser, y recuérdalo bien, continúa, ignorando mi pregunta. Estás fingiendo ser criada por Rojos, pero eres Plateada de sangre. Ahora eres Roja en la cabeza, Plateada en el corazón.

Un escalofrío de miedo me atraviesa.

A partir de ahora hasta el final de tus días, debes mentir. Tu vida depende de ello, pequeña chica relámpago.


Juro por todos los lobos buenorros que no era mi intención subir el capítulo tan tarde en la noche. De hecho, abrí la pestaña de ff hace como unas cinco horas... Pero lo olvidé. :'v Sí, así de despistada soy que mantengo abierta una pestaña durante cinco horas y olvido completamente subir lo que tenía que subir. :'v En mi defensa, diré que me distraje haciendo unas cosas en RP y en PS, y pues... :'v

Pero aquí les traigo este capítulo, el número 9 de esta historia.

No se me ocurre mucho para decir sobre este (culpen a que a las once de la noche mis neuronas tienen ya problemas de cortocircuito), so...


EmiBelikovCullen: Aaksbdaskjbd, muchas gracias, nena. Diría que es difícil adaptar, pero pues... Estaría mintiendo. Gracias a Word (San Word, he de decir) y sus herramientas, adaptar es mucho más fácil de lo que pensaba, y pues ayuda mucho el hecho de que revise veinte veces cada capítulo antes de subirlo. xD Me alegra que te guste, y espero sigas leyendolo. *emoticon heart* Muchas, muchas, muchas gracias por tu rr, además. Cosas como estas alegran muchísimo mi día, y me animan a seguir subiendo esta historia, lakjsbdlasb.


Y, por supuesto, agradecer a aquellos que tienen en fav o follow la historia:

ALEJANDRA MASEN CULLEN, Akemix, Aliapr-peke, Andre Swan de Cullen, , DBMR1, EmiBelikovCullen, Ilovevampiresangels, Irenebrav, Isa Malfoy Cullen, Itzel Lightwood, It's Elle, Jenny Hatake, Kath's cats, Lauren470, MansenAbril, PoliFP13, Yanryan, constanzalmv, danielaMc1, danyy18, , geova cullen, marilopez9916, natalie. , olmos123, prisjsr, sagecristin.

Nos vemos el miércoles, alksbdlaskjbjsdbl. Tengan un buen inicio de semana, y espero que sus días esten llenos de alegría.

Los rr no son obligatorios, aunque sí muy bien recibidos. *emoticon heart*

Los adora,

S.