Con este capítulo se da un gran salto en la historia, un capítulo de transición que es capaz de llevarnos a especular mucho sobre lo que pasará a partir de ahora. Espero que les agrade mucho, es un capítulo complejo por lo que tampoco es tan largo como los otros.


-10-

Las cartas de Jolly.


Nami caminó lentamente en los pasillos de aquel castillo viejo. Con un candelabro en su mano derecha pasó de largo los hermosos cuadros y llegó a la última puerta del fondo del ala izquierda del castillo. Entró con cuidado y contempló el viejo piano en el cual Brook se había esforzado en tocar el Sake de Binks para ella y Luffy. Se sentó un momento y acarició las teclas, colocó el candelabro sobre la tapa del piano y lo sacudió un poco, para retirarle el polvo.

Tocó la primera tecla que se le ocurrió y el sonido de Re la consoló un momento hasta que desapareció. Se sentía tan condenadamente sola. Miró un momento el salón de música y pensó, en lo triste que sería pasar el resto de tus tardes ahí, sin nada más que hacer que ver cómo se acumulaba el polvo sobre el hermoso instrumento.

Tocó un par de teclas más y pensó en lo maravilloso que sería si ella pudiera tocar el piano como el fantasma músico. Iba a levantarse y sin querer empujó el asiento, éste cayó haciendo un sonido hueco que dejó tiesa a Nami. Tragó saliva y se agachó para recogerlo, mas al hacerlo se dio cuenta de algo. Debajo del asiento había un pequeño cajón, atornillado a una esquina del asiento. La manija había sido arrancada y tenía una pequeña cerradura. Nami acercó la luz del fuego para verlo mejor y, de nuevo, accidentalmente dejó caer cera caliente sobre la cerradura. El metal oxidado al calor brilló un momento y después de ello Nami apreció cómo la madera del cajoncito se rompía a causa de las polillas y el peso extra de la cera.

Emergió mucho polvo y por si fuera poco un pequeño sobre. La chica tosió un poco y después se sacudió, apreció el trozo de papel y lo tomó con cuidado. Leyó el sobre y se sorprendió de lo que decía:

Portgas D. Jolly.

De pronto, una sombra malhechora y gigantesca se apoderó del suelo, casi como ver a un demonio levantarse tras ella, la sombra asustó a Nami quien tomó el sobre y corrió hasta la puerta. Intentó abrirla varias veces pero simplemente no pudo hacerlo, estaba cerrada con cerrojo. Golpeó la puerta varias veces mientras la sombra en su espalda se hacía cada vez más grande, llegó un momento en el cual los cristales de las ventanas reventaron uno por uno, causando un sonido terrorífico que se mezcló con un rugido. Nami se volteó al verse atrapada y contempló que la sombra era incluso más grande que Nightmare Luffy. Clavó sus uñas en la madera de la puerta del salón de música y sudó cuando se percató que lo negro de la sombra comenzaba a colorearse de un color más parecido a la piel.

Otro rugido adornó el salón de música; los instrumentos se reventaron por la onda sónica y el techo se destrozó mientras aquella inmensa criatura continuaba creciendo. Cuando el piso comenzó a resquebrajarse Nami se aferró a aquel sobre y juntó valor dentro de ella.

—¡¿Quién eres?! – pidió saber con desesperación.

—¡Jolly! – rugió aquel demonio mientras la luna le daba color y luz.

Era como ver a un demonio colosal frente a ella, como si un monstruo de pesadilla, todavía peor a Nightmare se hubiese apoderado de la noche plutónica. La bestia se inclinó sobre ella y Nami quedó sin aliento.

—¿Tú eres… Portgas D. Jolly? – Nami estaba atónita.

—¡Kishishishi! – una risa mucho más cantábile y aguda se asomó entre los dos y desde aquel suelo destrozado por el peso del gigante emergió una sobra de aspecto grotesco. La sombra se acercó peligrosamente a ella. —¡Dame el secreto, Jolly! – reclamó la sombra. —Tú sabes lo que quiero. ¡¿En dónde está Oars?!

—¿De qué está hablando? – Nami retrocedió, como si eso fuese posible.

—¡¿Está en el cementerio, verdad?! ¡¿No?! ¡Entonces está debajo del castillo! ¿No? – la sombra se abalanzaba cada vez más hacia ella y Nami estaba totalmente asustada. —Oh… - La sombra comenzó a encarnarse, sus facciones oscuras se convirtieron en lentamente en una expresión más plástica. Nami observó aterrorizada la piel pálida y los colmillos de Gekko Moria.

—¿Qué está pasando? – musitó la chica.

—Ya lo sé, ya lo sé. – una sonrisa maquiavélica emergió del enorme Moria. —En el lago.

—¡Aléjate de mí! – gritó Nami, pero, más que su voz, sintió que alguien más había gritado por ella.

Entonces despertó.

—¡Nami! – la voz inconfundible de Luffy la hizo volver de la realidad oscura en la que se había sometido. Nami le miró y parpadeó un par de veces. El chico que estaba frente a ella lucía un aspecto deplorable. Lleno de barro, algunas hojas secas en su pelo y sus pantalones, por supuesto, destrozados por el aumento de masa corporal en sus muslos.

—¿Luffy? – ella contestó en un hilo, estaba pálida y eso alertó al pirata.

—¿Estás bien? – colocó sus manos alrededor de sus hombros, parecía realmente preocupado. Nami parpadeó de nuevo.

—Sí, sí… yo sólo, tuve una pesadilla. – se llevó las manos a la cabeza, la sensación tormentosa de ver a aquel gigante y la sombra del demonio Moria le había dejado un más sabor de boca.

Luffy la miró aún más angustiado y le tocó la frente, inquieto. Nami se percató de esto.

—Llamaré a Chopper. – iba a dar media vuelta pero la chica lo detuvo.

—Espera, estoy bien. – se levantó de la cama en la cual, se había acostado para descansar la noche anterior. —¿Qué te pasó a ti? Estás tan sucio… Por favor, no me digas que has vuelto al pueblo.

—No, no. – Luffy negó inmediatamente. —Ya casi es luna llena, mis ansias se calman a medida que la luz lunar es más fuerte. Por lo que puedo controlar más mi maldición.

—Ya veo.

—Simplemente… caí por un barranco.

—¡¿Qué?! – la chica exclamó asustada y eso provocó una carcajada limpia en Luffy. —¡No es gracioso!

—Claro que sí. – se llevó una mano a su mejilla y la estiró. —Soy de goma, ¿Lo olvidaste? Soy inmune a las caídas.

—Oh… es cierto. – por un momento se sintió tonta. Luffy era un usuario de la fruta del diablo y además, por las noches, un impresionante monstruo nocturno, una caída quizá no habría de lastimarlo mucho.

—¿Tenías una pesadilla? – preguntó el capitán mientras volvía a posar su vista sobre ella.

—Eso creo. – Nami se sentó a la orilla de la cama y llevó sus manos a su rostro para recargarse. —Luffy, ¿Quién es Portgas D. Jolly? – a continuación, el rostro del muchacho se llenó de confusión.

—Jamás había escuchado ese nombre, pero supongo que debe ser pariente de Ace o Rouge, por el apellido.

—Tuve un sueño extraño y en medio de todo aprendí ese nombre. ¿Qué crees que signifique?

—No lo sé. – se encogió de hombros y se sentó a su lado. —¿No tienes hambre? – se llevó una mano a su estómago desnudo. —Muero de hambre. – y el rugido de su estómago se escuchó fuerte y claro.

—Claro.

Ambos se levantaron y acudieron a la mesa. Después de una sesión de coqueteo por parte de Sanji en el cuerpo de Luffy y una extensa explicación sobre la preparación de los alimentos, los dos finalmente estaban degustando del agradable banquete; por lo menos para Luffy.

En medio de la comida Nami observó a Luffy mientras comía y pensó en que todavía era muy increíble saber que un joven como él se convertía por las noches en una feroz bestia.

—Luffy… - el chico dejó de comer para hacerle entender que le escuchaba. —¿Cómo caíste a ese barranco?

El muchacho sintió que una gota de sudor corría por su sien y después sonrió con pena.

—Intentaba alcanzar algo, pero resbalé. No es la primera vez ¡Shishishishi!

—¿Y qué querías alcanzar? – Nami tomó una tacita de té de porcelana y bebió gustosa.

—Una flor. Para ti. – la honestidad de Luffy la sorprendió enormemente y dejó de tomar el té para que su rostro se enrojeciera.

—¿Una flor para mí? – ella enredó sus dedos nerviosamente, era la primera vez que un hombre la cortejaba de esa forma tan tierna. Generalmente, cuando viajaba por todo el mapa, varios hombres, de diferentes edades se acercaban a ella con la intención de coquetearle. No obstante siempre fueron vulgares o malintencionados y Nami era perfectamente capaz de ver a través de sus intenciones. Por lo que siempre había rechazado a sus posibles pretendientes.

—Aa, cuando era niño solía regalarle flores a Rouge que luego se ponía en el cabello. – Nami recordó uno de los cuadros, en los cuales Rouge portaba en el cabello un hermoso obelisco rojo. —Antes había por todos los jardines del castillo, pero desde que Rouge murió nadie cuidó de ellas y se marchitaron. – Luffy haber terminado de comer y estaba recargado en la mesa con sus dos manos cruzadas sobre su pecho. —Pensé que se te vería bien en tu cabello… así que traté de conseguir una para ti.

Nami estaba más que sonrojada y sentía un revoloteó singular en su estómago. Luffy era demasiado honesto.

—Gracias. – ella bajó la cabeza de pena.

—Pero… no pude tomarla, cuando caí la flor se rompió. – explicó Luffy decepcionado.

—Oh, no importa.

—Realmente quería regalártela. – hizo un gesto gracioso y cerró los ojos para intentar pensar. —Esta noche podría intentarlo otra vez.

—No te preocupes. – Nami se levantó y se le acercó, su rostro y el de Luffy estaban muy cerca. Ella le dio un beso pequeño y casto en su mejilla. El chico le miró intensamente y se levantó de su asiento, quedando ligeramente más alto que ella. La tomó de los hombros con sumo cuidado y le besó en los labios.

Una flama emergió dentro de ellos, era agobiante y al mismo tiempo agradable. Las mariposas en el estómago de Nami se convirtieron en remolinos que hicieron latir rápidamente a su corazón. Luffy se negó a soltarla y bajó sus manos por la espalda de la chica hasta tomarla de la cintura y pegarla más a él.

Ella tuvo que separarse del chico por la falta de aire y suspiró sonrojada al verle la gran sonrisa que Luffy tenía en los labios.

—¿Qué? – murmuró ella ruborizada.

—Me gustan tus ojos. – dijo casual.

—¿Ah sí? – Nami se llevó una mano a su cabello e intentó colocarlo detrás de la oreja, pues le hacía cosquillas.

—Sí, también tu cabello. – el mechón rebelde volvió al frente y esta vez Luffy lo peinó.

—Y a mí el tuyo. – ella subió la mano y acarició su cabeza. —Es tan oscuro y despeinado, te queda muy bien.

—Shishishi. ¿Vamos a dormir?

—¿Dormir? – esto hizo que Nami se coloreara más de rojo.

—Sí, muero de sueño. Durante las noches no duermo, así que… - la tomó de la mano y los dos fueron a la habitación de Nami, Luffy se acostó primero entre las sabanas de algodón y seda y bostezó sonoramente. Palmó a un lado suyo para que la chica se acostara a su lado.

Ella lo hizo lentamente y una vez ahí Luffy pasó sus manos alrededor de su espalda y cintura, él se acercó demasiado a su espacio vital y colocó su barbilla sobre su hombro, Nami estaba más roja que un tomate.

—Me gusta tu olor. – comentó somnoliento, ella tragó saliva.

—Gracias.

—No sé por qué… - comentó mientras poco a poco perdía la batalla contra Morfeo. —Pero desde que estás aquí… puedo dormir.

—¿Enserio?

—Sí… siempre tengo pesadillas. Pero… Cuando estoy contigo… desaparecen. – y dicho esto se quedó totalmente dormido. Nami le acarició el cabello y sintió que el agarre del muchacho se debilitaba. Posó su mentón sobre la cabellera del pirata y respiró su aroma varonil.

Permaneció junto a Luffy un rato más y después se levantó, el chico estaba tan dormido como un tronco, así que no sintió nada. Salió de la habitación y caminó por los pasillos. Entonces se dio cuenta que sin querer había llegado a la puerta del salón de música. Ella tragó saliva y contempló la puerta tallada a mano. Los sucesos de su sueño la atormentaron desde lo más profundo de su conciencia. Se llevó las manos a la cabeza y respiró pausadamente para recuperar el aliento. Volvió a mirar la puerta y la abrió silenciosamente.

El cuarto de música estaba vacío, completo, y tan quieto que se animó a dar un paso al frente. Sus zapatos contra el piso resonaban con un eco esplendoroso, Nami pensó, que si el piano sonase lo haría de una forma majestuosa.

—El piano. – se dijo para sí, recordó que en el asiento del instrumento se hallaba aquella extraña cajita en la cual había leído el nombre de la tal Jolly.

Cuando lo revisó estaba vacío, tal como imagino, su sueño no significaba nada. Se sentó frente al piano y suspiró derrotada, ese lugar tenía una atmosfera mística que le hacía pensar en fantasías a medias. Se recargó en la tapa del piano y contempló su sombra que era, repentinamente acosada por la forma de una mujer. Nami se levantó rápidamente y después se relajó al recordar a Nico Robin, la tripulante que aparentemente era muy inteligente y letrada. La sombra de Robin tomó de la mano a la suya y Nami sintió un jalón.

—¿Quieres que te siga? – la sombra asintió. Nami se puso de pie y caminó por todo el castillo siguiéndola. Posteriormente llegaron al cuarto de Rouge, la sombra de Robin se posó sobre la puerta y Nami la abrió. Una vez dentro apreció cómo se metía debajo de la cama. La chica de cabellos naranja alzó una ceja confundida, pero cuando la vio salir debajo de la cama y señalarle el fondo del mueble comprendió que quería mostrarle algo.

Nami movió la cama de todas las formas de pudo. La pieza era sumamente pesada, puesto que estaba hecha de madera de roble. Una vez que lo hizo tuvo un ataque de estornudos, había levantado demasiado polvo. Aun así, la sombra de Robin continuaba señalándole una parte del suelo. Nami sacudió este y de pronto se dio cuenta que había una puertecilla. Forcejeó para abrirla y después de tanto golpear el cerrojo cedió. Cuando se fijó dentro sacó un pequeño cofrecillo el cual tenía un nombre grabado con bronce.

—Jolly.- leyó inquieta. —¿Tú lo sabías? – preguntó a la sombra de la arqueóloga. —¿Sabes quién es ella? – la sombra no respondió de ninguna forma. —Entiendo. – Nami miró el cofre e intentó abrirlo, tuvo que forcejear un poco, esta vez abrió más fácil que la puerta.

En el interior de aquel cofre había varios objetos, desde joyas antiguas, dibujos, flores disecadas y en total tres trozos de papel papiro escritos con tinta negra. Como si fueran una reliquia. Estaban doblados con forma de cartas y un sello de cera, cuyo escudo seguramente pertenecería al escudo de armas de la familia Portgas. Nami se sentó sobre la cama e inspeccionó el contenido de aquel tesoro.

Las joyas eran viejas y muy valiosas, los dibujos eran bocetos de algunos animales, la luna, atardeceres y flores. La flora disecada estaba quebradiza y muy bien conservada en un pequeño librito de hierbas medicinales. Pero, lo que más intrigó a Nami fueron las cartas de papiro. Las desdobló con sumo cuidado, pues al igual que las flores estaban un tanto viejos. Lo que encontró escrito en el primer papel la dejó desconcertada, el segundo extrañada y el tercero fascinada.

—Están escritos en clave, parecen canticos o algo así. – intentó leer el primero en voz alta, la sombra de Robin seguía con ella.

—«La niña miró la figura del demonio frente al alba y lloró cuando se dio cuenta que la criatura le mataría. El manto oscuro que guardó su alma se elevó en medio del caos, tomó posesión de la bestia y la hizo llorar. Caminante incierto, que obedeces ordenes, cadáver parco y agusanado, guárdate en camposanto, levántate para proteger a la niña que lloró cuando te vio y visítame en mis pesadillas. La umbría de mi conciencia gobernará sobre tu cuerpo exánime y mi voluntad moverá tu esqueleto, calavera, oh bestia gigantesca, maldito seas por la sombra de los deseos y te inclines sobre tus rodillas, pidiendo amnistía. Porque siempre reconocerás a aquel espíritu tu amo una vez que el alma de tu negra extensión sea arrebatada del suelo por donde caminas y, aunque intente tú vida recordar, caerá tarde o temprano y se someterá. Pero, cuando sea mi alma la ennegrecida capa que penetre en tu cuerpo vivo, tú lucharás, bestia incansable, para despojarla del control, sólo la voluntad del amo y la víctima se batirán en muerte y pena.

Llora, llora cantábile, puesto las tinieblas que se encuentran bajo los pies de tus enemigos también has de controlar; volarán por la tierra y podrás depositarlas en materiales inertes no vivos, para que el ejército de tu propia oscuridad se levante para tu provecho.

Pena y pena a quien sepa esto, sombra y muerte al maldito, cuya sombra del portador quede atrapada en un cuerpo ajeno. La voluntad del propietario será un ancla, la magnificencia del alma será la dueña y sufrirás, día con día hasta que seas exorcizado. Pues la sombra es mía, mi sombra es propia y su vida indiferente a mi existencia. Ella respeta, obedece y se mueve, cuan ser negro de mi propia cara, espejo fecundo, cuyo daño es mío, cuya vida mi otra cara, pues si llegase a asomarme al alba y muriera, yo moriría con ella o viceversa. » - Nami dejó de leer y respiró. A pesar de no haber entendido ni la mitad de la lectura se cuestionó firmemente si aquello tenía un significado más allá de la hermosa prosa poética.

Nami tomó la segunda carta y la leyó, está era más corta, pero decía algo muy claro.

—«Para mi quería hijo: Klaus, mi querido. Esta noche descanso en el exilio de mis pesares y me preguntaba cómo estarías. Sé que desde que me fui la has pasado mal, pero es necesario mi pequeño. Pues la maldición que pesa sobre mí, el poder de la sombra, la fruta que maldijo mi existencia, me ha mostrado un gran camino. Ahora domino mi propia injuria, ahora soy capaz de ver más allá de la oscuridad de mi destino. Sé que las cosas no van bien, sé que el cuerpo del demonio está siendo acosado constantemente por caza fortunas, pero no cedas, mi querido hijo, porque yo lo usaré para protegerte, dale mis saludos a vuestro padre y dile que muy pronto regresaré a casa. » Esta es una carta más normal. – dijo la chica. —Luce como una madre que tuvo que abandonar su hogar por alguna extraña razón. – comentó a la sombra de la arqueóloga. Tomó la última carta y la apreció un poco diferente. El papel tenía una consistencia extraña, era más nuevo y menos gastado. La caligrafía era un poco más armoniosa y un tanto menos estilizada, como si una mano vieja y cansada la hubiese escrito.

—«A la más pequeña de mis nietas: Querida Rouge, la luz de mis ojos, la pequeña brizna de amanecer que día con día me inspira a caminar en mi senda de vejez. Mi vida se acaba y quiero que antes de que la cruda parca llegue por mis pies cansados, guardes el poema que te he contado cuando eras una dulce bebé. La magia de la fruta maldita yace en ella y las capacidades de potenciar esa fuerza espectral. Yo, quien poseyó la capacidad de hablar con las sombras, te ruego guardes la sonata del poder que posee mi elemento. Sé que sabes dónde está, guárdala, mi quería, no dejes que sea usada contra vuestros corazones, yo luché por proteger el castillo, pero ahora será tu responsabilidad. El cristal de hielo mágico es una herencia única que posee nuestra familia, sé que lo conoces. He guardado en el interior de nuestra tierra el demonio colosal que una vez protegió nuestra sangre de la invasión y aniquilación. Ese hielo lo mantendrá por siempre como una reliquia y ahora soy muy vieja para mostrarte donde está, pero sí, mi pequeña, el agua negra del lago es lo suficientemente profunda para guardar el secreto de mi triunfo. Solo la sangre de un Portgas puede moldear aquel hielo, pues como mencioné antes, se trata de la herencia y la magia del primero de los Portgas y el hielo mágico responde solamente a nuestra herencia; una línea sucesoria que procede de reyes y profetas de uno de los reinos más antiguos del mundo. No conozco su verdadero origen y no sé cómo funciona realmente este cristal, pero te aseguro que nadie que no sea un Portgas podrá profanarlo.

Me despido, querida mía. Está noche yo me hundiré en las profundidades de un abismo inigualable, aunque he visto la oscuridad muchas veces, está será la primera vez que me sumerja para nunca volver. Cuida nuestro preciado castillo, nuestra herencia y a tus hijos.

Portgas D. Jolly.» - todo quedó en silencio cuando terminó de leer. Nami miró las cartas nuevamente y después las guardó en el cofre.

—¿Nami? – Luffy estaba despierto y se asomaba por la puerta.

—Luffy, has despertado.

—¿Qué haces aquí? – miró alrededor.

—Robin me enseñó el camino, ella… - pero cuando quiso señalarla no volvió a encontrarla.

—¿Qué es eso? – el pirata señaló el cofre en sus manos.

—¿Esto? – se levantó y se lo dio a Luffy. —Encontré esto en una puerta secreta bajo la cama de tu madre. – Luffy la abrió y se encontró con las cartas, las leyó lentamente y después se rascó la cabeza. —¿Sabes que podrían significar?

—No. Me duele la cabeza. – le regresó el cofre. —¿Dices que fue Robin quien te mostró el camino acá?

—Sí, creo que quería que leyera esto. – señaló las cartas.

—Robin es una persona muy inteligente, algo querría decirte.

—Eso creo, pero al igual que tú no logró entender el contenido de las cartas.

Mugiwara se encogió de hombros.

—¿Dormiste bien? – ella cambió de tema cuando Luffy perdió el interés.

—Perfectamente. – sonrió tan abiertamente como sólo él podía hacerlo.

—Me alegro. – Nami pasó una mano por su rostro y acarició la cicatriz bajo el ojo de Luffy. —Estos últimos días me he preguntado, ¿Por qué tienes esa cicatriz?

—Cuando era niño intenté pasarme de listo, me corte bajo el ojo para mostrar mi valentía. Shanks estaba furioso conmigo, ¡Shishishishi!

—¿Shanks? ¿Te refieres al feroz pirata?

—Sí. – Luffy volvía a sonreír. —Él era un alumno de Roger cuando solía ser el Rey de los Piratas, era su grumete.

—¿De verdad? Bueno, no me sorprendería que alguien cuyo maestro haya sido Gol D. Roger no fuera poderoso. ¿Cómo lo conociste?

—Shanks era el único que frecuentaba a Roger. Cuando dejó su título de Rey Pirata desapareció para el resto del mundo, pero su tripulación sabía su ubicación. Shanks le tenía mucho aprecio a Roger y de vez en cuando nos visitaba. Era mi héroe, cuando Roger murió él vino a visitarnos, Ace tenía quince años, yo tenía doce, Shanks me dio este sombrero de paja, ese día le prometí que me convertiría en el Rey de los Piratas. – entonces la alegría se convirtió en amargura. —Es… una pena que no fuese así.

—No digas eso. – Nami sostuvo su rostro entre sus manos.

—Aprecio que estés conmigo, Nami. Creo que si no fuera por ti me hubiera vuelto loco en breve.

—Pero si sólo tengo unos días contigo. – ella agregó risueña.

—¿Y qué? – Luffy pasó sus manos por su cintura. —Siento tu compañía como ninguna otra. Aunque me gusta estar con mis nakamas… - le acarició la espalda. —A ti puedo tocarte, puede escucharte, verte… tú eres cálida, tienes una voz agradable, en cambio las sombras que me acompañan son frías, oscuras, no es lo mismo. – terminó por abrazarla con cariño. —Quiero que te quedes a mi lado. – pidió cuan niño y ella sintió un vuelco en su corazón. Se aferró a su pecho, sonrojada, y asintió mientras aspiraba el olor de su pecho y escuchaba el sonido de su corazón.

Esa tarde ella y Luffy pasaron el tiempo conversando, tomados de la mano, mientras comían bocadillos y bebían té en el gran salón. Luffy le contó anécdotas de cuando era un niño y ella algunas historias de su infancia.

Cuando se llegó la noche Nami contempló el cambio de Luffy y éste, antes de partir le dedicó una mirada profunda. El caminante nocturno, Nightmare Luffy desaparecía en medio del bosque frondoso y ella, nuevamente estaba sola.

Así, pasaron los días. La relación entre los dos se hizo cada vez más y más fuerte. No sólo pasaban el tiempo conversando y compartiendo vivencias, en varias ocasiones los nakamas de Luffy hicieron acto de presencia, Brook tocó varias canciones en el piano, Franky y Usopp, posesionando a Luffy contaron chistes y bailaron para entretener a Nami. Sanji cocinaba ricos banquetes a diario y, por tanto, Luffy era obligado en su estado oscuro, a cazar y recolectar comida para llenar la bodega. En algunas ocasiones Robin tomaba prestado a Luffy y conversaba con Nami, el principal tema eran aquellas misteriosas cartas y qué podrían significar. Siempre llegaban al mismo lugar, el cual era, nada. Robin se retiraba prometiendo investigar más.

Chopper también charlaba con Nami y Zoro, aunque arisco, le ofrecía en ocasiones juegos de ajedrez, que ciertamente perdía, pues Nami era una mujer sumamente inteligente. La vida era muy agradable y para Luffy era como estar en la gloría, la sola presencia de Nami era un pilar que le sostenía después de tanta soledad. Quien dijera que la soledad no era una enfermedad estaba equivocado, pues Luffy sentía que el vórtice de horror se alejaba y su cuerpo recuperaba ánimos y fuerzas.

Un día, Nami estaba lavando unos trastes en el cuarto de lavado. Luffy había comido y quedado dormido en la mesa, así que ella recogió todo y fue a limpiar. Fue ahí cuando la sombra de Robin le llamó, la condujo a la biblioteca y le señaló un enorme pergamino que al parecer estaba oculto en los registros familiares.

Nami se sentó a leerlo, la familia Portgas en verdad que era grande. Según aquel registro sus raíces venían desde más seiscientos años, cuyo patriarca era un hombre llamado Portgas D. Roth. De ahí emergían numerosas ramas que con el paso del tiempo cambiaban su apellido en tantos que no quiso contarlos. Mientras bajaba se encontró con un dato curioso. Ese pergamino estaba actualizado y en él se hallaban los nombres de Ace, Luffy y Sabo. Le llamó la atención un dato curioso, pues aparentemente Sabo no era hijo legítimo de Roger y Rouge, cosa que, aparentemente Luffy nunca había mencionado.

Sabo venía de una rama lejana de la familia Portgas, cuyos padres se apellidaban distintos, pero que de una manera u otra seguían compartiendo lazos sanguíneos. Según el árbol genealógico ellos yacían muertos, así que Sabo había sido adoptado por Rouge, la cual, según el pergamino era la penúltima Portgas pura. El registro de Ace era impecable, pues era contemplado como el hijo legítimo del matrimonio entre Roger y Rouge, sin embargo, a su lado, además de Sabo estaba Luffy, el cual, ponía claramente que suponía otro apellido.

—Mira esto. – Nami encontró en el registro a Portgas D. Jolly. Ella postulaba el puesto de abuela de Rouge y bisabuela de Ace. —Bueno, no es una sorpresa, puesto a que se refirió a Rouge como "querida nieta". –la sombra de Robin señaló un pequeño álbum de dibujos que estaba en la misma mesa de la biblioteca. Aparentemente la sombra lo había movido usando su control físico sobre las sombras, después de todo, estas figuras eran una realidad paralela y exacta de su cuerpo material.

Nami tomó el cuaderno y encontró un dibujo de Jolly, ella posaba sentada en un hermoso sofá y detrás de ella emergía una enorme masa negra que, a juzgar por la silueta de la ilustración provenía de sus pies. El dibujo era interesante, pues había una fogata al lado del boceto y, según el artista daba un intercambio de luz en su diseño. La chica observó más la mancha negra que emergía de sus pies y abrió los ojos impresionada cuando se percató que esta mancha era en realidad la sombra de Jolly.

Entonces, debajo de la hoja, con letras sumamente pequeñas se leía lo siguiente: "Portgas D. Jolly, La domadora de sombras. Usuaria de la Kage Kage no Mi."

—¿Kage Kage no mi? – Nami cayó en cuenta que se trataba de una fruta del diablo. —Pero… - entonces Nami recordó lo que Luffy le había contado hacía tiempo.

El poder de Moria se llamaba Kage Kage no Mi.

Algo extraño estaba aconteciendo. ¿Qué relación existía entre Portgas D. Jolly, Gekko Moria y la maldición? Nami miró el árbol genealógico y entrecerró los ojos, después pensó en las cartas de Jolly y recordó su sueño.

—Oh, cielos. – Nami se levantó de un salto y corrió a la habitación de Rouge, tomó el cofre y sacó las cartas, leyó la primera y entonces lo entendió. Leyó un poco la carta en voz alta y tras analizar párrafo por párrafo se llevó las manos a la boca. La primera carta era quizá la más enigmática de las tres y ahora Nami parecía entenderlas.

—Esto no es un cantico o un poema. Es un instructivo, Portgas D. Jolly lo escribió para la posteridad. Todo concuerda. – la sombra de Robin apareció. —Robin, creo que existe una conexión entre la maldición de Luffy y estas cartas, quizá, si logramos resolverlas podremos averiguar la forma de romperla. – Nami sonrió radiantemente. —Muy pronto serán libres.

Nami había descubierto una premisa para desenvolver el misterio de las sombras de aquel castillo, no obstante ella no contaba con algo. Sólo faltaba un día para la luna nueva y el caos, pronto se desataría.

Continuará…

Espero que este capítulo les haya gustado. Y lo dedicaré a una nakama que en estos momentos no se encuentra muy bien, espero que te animes y encuentres energías nuevamente. A todos nos pasa, así que no te preocupes, por lo que te deseo que recuperes tu ánimo pronto y poder leer más de tus lindas historias. Saludos a Kaoru Like One Piece.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.