¡Otra nueva aventura para los intrépidos fans de One piece y de nuestra querida pareja NamiLuffy!

Algo romanticote, para compensar las risas del anterior jeje


Aquello era algo nuevo. Insólito, asombroso..

Estaba caliente, tan caliente que sentía su cuerpo a punto de ebullición, como cuando utilizaba su Gear Second, pues igual, pero peor. Mucho más calor, mucho. Además, estaba débil y temblaba. Sudaba y no tenía ni una pizca de hambre, y eso que Sanji hacía una comida deliciosa.

Odiaba. Odiaba estar y sentirse así.

— ¡Oi, Nami! —gritó tan fuerte el nombre de su navegante que incluso llegó a oídos de Robin, que regaba sus plantas en la primera planta.

— ¡Voy, voy!

La pelirroja suspiró, entrando con una bandeja de comida a la recámara de su capitán.

— ¡Nami, odio esto! ¡Haz algo!

— ¿Y qué quieres que haga? —Responde entre dientes ella, dejando la bandeja a un lado, acercándose a la cama de su capitán—estás enfermo.

Le mira. Ahí, tumbado en la cama, con las mejillas rosadas, el flequillo y el pelo húmedo debido a la sudor, sus ojos negros faltos de esa típica energía suya, brillosos…Si señores, como pueden ver, Luffy ha pillado un resfriado.

¿Sorprende? Por supuesto que sí. Porque...¿Nunca os habríais imaginado a Luffy cayendo por un simple resfriado, verdad? Pues hoy era el caso. Y Nami, Nami disfrutaba de ello. El increíble hombre de goma, flácido y débil como un ratoncillo, derrotado por un resfriado.

Sonríe. Una sonrisa ladina curva sus labios; sus ojos naranjas brillan con malicia y Luffy se extraña.

—Así que no podías ponerte malo eh…

Él se sorprende y enseguida frunce el ceño, enfadado.

—Soy un hombre de goma, comí la fruta del diablo, soy un hombre invencible. ¡No estoy resfriado!

—Sí, sí…—y sigue sonriendo tras su mano, con malicia, enfadando más a Luffy.

— ¡No lo estoy! ¡Y voy a demostrártelo!

—Oye, que…

Se sienta, se retira la manta y se pone en pie, pero tan solo el contacto con el frío suelo hace que se debilite y se caiga sobre el cuerpo de su amiga, casi como si estuviera fundiéndose.

— ¡Luffy! ¿¡Es qué no puedes quedarte qui-quieto!

—Namiiii…—se apoya por completo a ella, incapaz de ponerse en pie.

Ella hace lo que puede por mantenerse en pie, pero Luffy pesa mucho. Además, está mucho más alto que ella. ¿Cómo ha ocurrido eso? Sopla, sonrojándose ante el calor que desprende su cuerpo…y al notar la firmeza de los músculos de su espalda. Luffy había cambiado y mucho.

—V-vamos Luffy, metete en la cama.

—Me siento débil…—murmura él en su oído, con una voz tan ronca que a ella le estremece—carne…

—No…puedes…—lo tumba de nuevo en la cama y suspira, agotada—debes cuidarte, así que olvídate de la carne por unos días.

Le cubre con la manta hasta arriba y después se dirige a coger el plato de sopa. Él lo huele, pero gira la cabeza.

—Luffy…

—No pienso comer de eso otra vez. ¡Carne! ¡Quiero carne! ¡Sanji! ¡Caaarne!

—¡No puedes! —grita enfadada—así que deja de gritar y tómatelo.

—No.

Él frunce los labios y Nami suspira cansada y frustrada. Deja el plato sobre la mesita y vuelve a sentarse en la silla, frente a su cama.

—Sé lo que se pasa cuando estás enfermo. Yo también estuve enferma, ¿recuerdas?

—No es lo mismo—remarca él, con la lengua fuera. Tenía tanto calor que deseaba poder meterse en el mismo mar para refrescarse— tú eres débil.

Y una vena aparece en la frente de Nami, que aprieta su puño en alto. "No Nami, cálmate. Está enfermo, resfriado. Ese es su castigo."

—Agua.

Ella vuelve a levantarse, coge el vaso y, arrodillándose a su lado, le coge la cabeza y le da el agua.

No comprendo por qué debo ser yo quien le cuide.

.

.

—Él estuvo todo el rato a tu lado. Intentó de todo para hacerte sonreír.

.

.

Eso fue lo que le dijo Zoro y lo que no paraba de rondarle en la cabeza.

Porque era cierto.

Todo lo que tuvieron que pasar para llegar al castillo donde residía aquella vieja que la curó…

Suspiró, un poco avergonzada.

—Nami…

Luffy volvió a llamarla y ella le miró. Estaba sufriendo, a su manera, pero sufriendo. Él, que nunca había experimentado lo que era un resfriado en primera carne, ahora estaba padeciéndolo. Y le tocaba a ella devolverle el favor.

Agarró la toalla de su frente, la mojó y volvió a ponérsela, dando suaves toques para alejar el calor al menos de su rostro.

Mira su cabello, su expresión adolorida, aun con los ojos cerrados, el ceño fruncido…y sonríe levemente.

—Gracias, Luffy.

Y vuelve a dejar la toalla húmeda en su frente, más antes, se inclina y besa sus labios. Los nota calientes, suaves y firmes.

Se separa y se para en pie, sonrojada, sin saber porque ha hecho eso, pero algo le detiene y cuando vira su rostro, apenas tiene tiempo de hacer algo. Cae sobre la cama, después de que Luffy le hubiera retenido la muñeca y ahora…ahora el enfermo capitán la abraza.

Toda la sangre sube a sus mejillas y nota un calor parecido al que desprende Luffy.

—L-luffy…

Pero él no responde y ella, por más que quiera no puede salir. Luffy era y es fuerte. Una batalla contra él era una derrota segura. Por lo que suspira y, aprovechando, pasa un brazo por el masculino torso, quedando más pegada a él. Y sonríe.

Solo minutos después, cuando él abre los ojos y ve a Nami durmiendo en sus brazos, sonríe.

Aun puede notarse débil, el calor acumulado en su cuerpo, pero también nota lo bien que se siente teniendo a Nami tan cerca. Huele a mandarinas, a mar, a aire puro. Y siente como si estuviera sentado en la cabeza del león, sabiendo que protege a sus amigos, sabiendo que están bien…y que con ellos, llegará a ser el futuro rey de los piratas.

Shishishishi. Estrecha a Nami, contento. Porque tras imaginar y soñar, después de vivir las aventuras y de esperar a convertirse en lo que así sería, había tomado una decisión.

Nami sería la futura esposa del rey pirata Monkey D. Luffy.


Sí, lo sé. Cortito, pero bonito ¿no? Un poco de romance entre estos dos es lo que hace falta en One piece jeje.

Pero por hoy, lo dejamos.

¡Espero vuestros comentarios!

¡Nos vemos en el próximo!

Geum Jan di