SEIYA
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"Déjame tan solo que hoy roce tu boca. Déjame que voy a detener las horas.
Volveré a pintar de azul el Universo, haré que todo esto sólo sea un sueño" PA.
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Al fin me encuentro en casa después de esa maravillosa reunión en la que pude materializar mis sueños.
Me tumbo de un salto sobre el acojinado colchón clavando mi mirada en la lámpara apagada en lo alto de mi techo. Todavía me siento desorbitado, me cuesta creer que sea yo el que esté en este momento subido en esa nube que la gente conoce como amor correspondido. Sí, he experimentado una genuina y estupenda correspondencia. Mis labios se curvean en una sonrisa cargada de satisfacción y con estupor aprecio que mi labio inferior se muestra un poco hinchado. Lo muerdo nuevamente como memorando los sinuosos mordisqueos que mi Bombón me prodigó esta noche. ¡Quién diría que es algo salvaje esa niña!
Suspiro, llenando mis pulmones de ese sentimiento de paz que pensé jamás tendría. Apenas una noche atrás la ansiedad no me permitió conciliar el sueño. Expectante al saberla tan próxima.
Durante la mañana medianamente pude atender algunos asuntos que, en palabras de Taiki, eran prioritarios para nuestro relanzamiento. En palabras mías la prioridad tenía nombre y apellido: Serena Tsukino. Mi vista recaía en cualquier artefacto que contuviese la hora, cualquier objeto que me dijese que estaba cada vez más cerca de las cinco de la tarde. Luego vino a mí la elección que había arreglado por sitio de reunión, me preguntaba cómo demonios haría para entrar a la preparatoria, que al arribar allí, no entendí del todo el por qué aquel amable señor me había dejado pasar así, sin más.
Debo decir, que me quedé helado al contemplarla de espaldas observando hacia la nada. Había llegado una hora antes; nervioso y sobre todo impaciente como siempre he sido, no pude soportar el estar en mi recámara, así es que, en el primer descuido de mis hermanos tomé mi chaqueta, las llaves de mi auto y me enfilé hacia aquel viejo distrito. Cinco minutos estuve ahí, estático frente a la entrada principal con el estómago revuelto y las manos sudorosas. Cinco minutos y mi pie en el acelerador me obligó a ir a dar algunas vueltas por la redonda para calmarme, debo suponer que en mi repentina huida llegó ella.
Mis ojos volvieron a llenarse en totalidad de su visión. Se veía hermosa con ese peinado que amé no hubiese dejado de lado porque la hacía ser muy ella, y el aroma de su perfume anunciándose como un heraldo, haciéndome saber que ese sería uno de los mejores días de mi vida. No pude emitir sonido alguno, no sabía de qué forma hacerle saber que estaba ahí, de nuevo, por ella. En un impulso mis manos fueron a parar sobre sus hombros y le sentí estremecer. Tampoco recuerdo cómo me fueron saliendo las palabras, ni siquiera sé cómo no me solté a llorar junto con ella cuando al fin pude abrazarla, escucharla decir mi nombre, y besarla suavemente por encima de la cabeza, aunque yo desease olvidarme de cualquier cortesía. Volver a ver el sonrojo de su piel lechosa, tomarla de la mano y escucharla reír. Confieso que ni siquiera tenía un plan elaborado, nunca lo supo, pero las cosas fueron saliendo naturales, llevadas únicamente por el deseo de no dejarla escapar, de tenerla conmigo lo más que se pudiera.
Convulsiones internas se vieron peligrosamente incrementadas cada que ella consciente o inconscientemente mordía con sensual sutiliza la esquina inferior de su labiecillo apenas cubierto por una fina capa de labial rosado. Todavía no entiendo cómo pude contenerme tanto tiempo. Está de más el decir que la cercanía que con timidez queríamos conseguir sin animarnos a ser más audaces en la rueda de la fortuna me mantuvo trastornado. ¡Quién puede soportar semejante tortura! ¡Cómo no hacer lo que hice bajando, si todo mi cuerpo reaccionaba con sus endemoniados aleteos que abrían y cerraban esos orbes de ensueño!
Quería besarla, ¡no!, necesitaba besarla.
"Promete que no vas a pensar en nada", atinadas palabras que salieron de nosédónde. Preámbulo bendito de mi osada acción, de mi declaración inicial en la que con fervor pude al fin decirle lo que tantas veces le solté al aire esperando que ella lo escuchase. "Te amo".
Todo mi ser tiembla cuando evoco la sensación de sus labios sobre los míos, de su boca recibiendo mi ternura acumulada durante años, y sin más mis ojos se vuelven a humedecer presos de una emoción indescriptible, hermosa. Llena de ella, de mi Serena.
—Seiya… —murmuró con los labios pegados todavía a los míos que titiritaban.
Bombón se separó ligeramente buscando la fuente de mi estremecimiento. Sus ojos azorados se encontraron con los míos totalmente acuosos y una arruguita adornó su frente, estaba preocupada.
—Seiya, no… no llores —dijo mientras sus manos fungían como pañuelo.
Quería hablar, pero no podía, aquello me había rebasado. No entendía por qué no podía articular palabras y el hipo infantil terminó por romper la coraza que con los años me fui armando. Aquella muralla infranqueable de amor abnegado. La variable había cambiado, ya no podía ser ese amigo incondicional, para ese momento dejé de ser merecedor de una insulsa amistad, ya era algo más, éramos algo más. Lloré mucho, pegado a su cuerpecito y ella tan sólo me abrazó con la fuerza que sus delicados brazos le permitían. Nuestros labios volvieron a buscarse sin remedio y entre sollozos salados la probé nuevamente. Cada vez más lento, como si el miedo de pensar que ese podía ser el primero y el último beso entre nosotros me hiciese querer alentar el tiempo.
—Déjame reemplazarlo… —susurré en la pausa necesaria que todo beso arrebatado amerita.
Las palabras resbalaron por mis cuerdas vocales como aquella tarde en que olvidé quién era y porqué estaba en la Tierra para volcar todos mis sentimientos en esa sencilla pero profunda suplica. Quise y quería auténticamente ocupar el lugar de quien consideraba no la merecía. Mi rubia me separó al instante abriendo de más los celestes ojos como procesando mi petición con tintes de antaño.
—Eso… no…
Una punzada estuvo a punto de atravesar mi alma cuando su cálida sonrisa me alivió aun sin estar herido.
—No tienes que reemplazar nada, tú…
Mi llanto cesó. La frase me envolvió tibia, pero el miedo a malinterpretar prematuramente la paráfrasis implícita en sus pausas me mantuvo al borde de lo políticamente correcto. Esperar a que ella hablase.
—Tú… tienes tu lugar —continúo—. No hay nada que reemplazar si siempre se ha tenido un espacio propio, aquí —dijo señalando con el índice el centro de su pecho, ahí en donde llevaba como un tatuaje el medallón de transformación.
—¿Lo dices en serio? —vacilé—. Serena, yo no podría soportar el…
Sus labios me apresaron acallando las dudas internas que la decepción había minado por todo mi ser.
—¿Acaso el gran Seiya Kou duda que una simple muchachita como yo se haya enamorado de él?
"Enamorado" una palabra bastó para endulzarme de la forma más bella, y sonreí.
—Pero no estamos hablando de una simple muchachita.
Una mueca apareció en sus labiecillos ahora desprovistos de retoque gracias a mis besos. Pude dilucidar entonces que Bombón pensaba que el mundo entero atribuía su magnificencia al proceder de su alma reencarnada. Y aunque yo jamás pondría en tela de juicio aquella aseveración, lo cierto era que, para mí, su grandeza iba más allá de una princesa de la luna o una guerrera mágica. Serena Tsukino representaba por sí sola lo que ni en más locos sueños llegué a esperar de una mujer y quise que lo supiera.
Tomé con delicadeza su mentón obligándola a no apartar su vista de mí.
—No eres una simple muchachita porque eres la mujer que me enseñó a confiar. La que con su ternura y amor desinteresado me mostró que la magia existe, y no hablo de esto —dije señalando ahora yo el medallón—. Sino de esto —apunté mientras mi mano recorría su mejilla haciéndola sonreír.
Su sonrisa, ella, eso era lo que me tenía ahí, dispuesto a partirme la cara nuevamente, a jugarme el todo por el todo. A amarla cada día más.
Serena me abrazó efusiva, y el atisbo de la adolescente que conocí y de la que me enamoré como un tonto resurgió con tanta fuerza que me dije ya era hora de apartar los lloriqueos para vivir, para vivirla a plenitud.
—Ahora sí eres tú.
—¡Y tú! —chilló muy pegada a mi cuello.
Regresamos al auto tomados de las manos y aquella simple acción reconfortó todas las lunas rojas que le extrañé en mi lejano planeta.
Tokio nos recibió estruendoso como solía ser por las noches y aunque yo no lo desease la pregunta emergió en mí como un tópico inevitable, dolorosamente inevitable.
—¿Hablarás con él?
Ella calló unos segundos jugueteando nerviosa con el bies de su blusa, tal vez encontrando las palabras exactas para hablar conmigo sin que me lastimase.
—Sí —resopló aprovechando la pausa que la luz roja del semáforo nos brindó—. Hablaré con Darién lo antes posible.
Pude notar como agachaba la mirada al nombrarlo, era evidente la incomodidad.
—Bombón —la llamé mientras reanudaba la marcha—. No te voy a negar que estoy muy feliz de saberme correspondido, pero entiendo quién es Darién en tu vida, yo mismo vi el amor que le profesabas y no quiero que pienses que es mi intención alejarte de él. Sólo tú sabes cómo manejar esto, yo… confío en ti.
—Seiya…
—No digas nada, Bombón. Habla con él, esperaré paciente, después de todo ya aguardé por ti cinco años —dije con una sonrisa que me hizo cerrar los ojos.
Ella me palmeó el brazo en gesto de juguetona desaprobación. Supuse que ese era el inicio de una relación, de un nuevo amanecer al lado de la chica que tanto amaba, y fui feliz.
La luz de mi habitación se prende sin previo aviso sacándome de mis recuerdos.
—Pensé que no estabas.
—¡Taiki! —chillo incorporándome de la cama como si me hubiese pillado en alguna travesura.
—Estás muy raro, ¿todo bien?
—Maravillosamente —contesto recostándome nuevamente.
—Tsukino, ¿cierto?
Concedo con una amplia sonrisa.
—¿Cuándo?
—Hace poco, prácticamente acabo de dejarla.
Mi hermano me observa analítico a través de sus gafas, él siempre es así.
—Seiya —dice entrando a mi habitación cerrando tras de sí la puerta—. Yaten y yo te apoyamos, sólo por favor sé más racional, no queremos volver a verte caer.
—No te preocupes, estaré bien, sabes… ella, también siente algo por mí —le respondo con el puente de la nariz colorado.
Taiki torna la mirada con media sonrisa como si mi declaración fuese obvia.
—¡Vaya!, comenzaba a creer que Tsukino era en verdad tonta.
—¡Taiki! —baladro al tiempo que uno de mis cojines asesta con tino en el rostro de mi hermano mayor.
Ambos reímos, y el cojín me es devuelto con torpeza permitiéndome esquivarlo con facilidad.
—Ojalá que ahora sí pongas atención a las juntas con Mr. Thomas, el relanzamiento es algo importante.
—Lo sé, sabes que anhelo volver a estar arriba de un escenario o en una cabina de grabación.
—Eso espero —musita tomando el picaporte para girarlo y salir antes de que yo me ponga parlanchín.
—Tai… —digo interrumpiendo su huida.
—Sí, Seiya —contesta dándome la espalda como si intuyera que voy a decir algo que no le va a agradar.
—Eh, no nada, buenas noches.
Asiente con la cabeza por toda respuesta y sale dejándome solo con mis pensamientos. No he querido presionarlo, a fin de cuentas, ellos fueron pacientes conmigo. Taiki puede parecer ante el resto el ser más hermético de la galaxia, pero no ante mí. Yo sé leerlo y aunque no me lo diga sé que está esperando el momento oportuno para comunicarse con ella. Sólo espero de corazón que no sea tan tonto como para no sincerarse de una buena vez, de no hacerlo terminará como Yaten.
Resoplo al pensar en lo mal que lo ha pasado el enano de un tiempo para acá.
—¡Healer!, la Princesa Kakyuu solicita la presencia de todas en la Sala de Audiencias, ¿qué haces aquí todavía? —bufé en dirección al conjunto de mantas apelmazadas sobre el cuerpo oculto de mi hermana.
—¡Cállate! Déjame en paz.
—¡Yaten! —cuánto tiempo había pasado sin que escuchase esa voz.
De entre los almohadones emergió la cabeza plata desordenada y las esmeraldas rezongonas de él me miraron un poco enojadas, un poco tristes. Sin más me eché a su costado.
—Sabes que a la Princesa le es raro vernos así —dije transformándome también, me parecía que quería hablar con Seiya, no con Fighter.
—Ah, ¡¿le es raro?! —zanjó con tanta ironía que pude comprender medianamente por dónde iba el asunto.
Healer había estado, por decirlo de algún modo, encandilada por nuestra Princesa desde el día en que nuestros padres nos llevaron al Palacio.
Teníamos 14, 13 y 11 años respectivamente cuando el Oráculo Real reveló en el fuego la identidad de las tres Sailors reencarnadas. Los cuchicheos por todo Kinmoku no se hicieron esperar, tres miembros de la nueva guardia de la Princesa Kakyuu en una misma familia era algo que tal vez sólo había ocurrido una vez en un millón. Como fuese, nuestro ingreso ya se había visto marcado por la hostilidad de las demás disputantes, siendo la amabilidad y amor que nos prodigó la Reina Kiyomi* y sobre todo el de su hija desde el principio, el que nos alentó a dejar atrás las habladurías, y además surtió en nosotras un efecto tan vasto que hasta cierto punto me fue normal el que mi hermana hubiese quedado prendada.
—Es por su compromiso ¿verdad? —pregunté temiendo que Yaten me soltase un puñetazo.
No obtuve un golpe, sólo él girándose sobre sí para darme la espalda.
—Que se case con quien se le dé la gana, ¡no me importa!
Healer nunca nos lo confesó, pero bien sabía de sus encuentros clandestinos en la Torre Norte del palacio, en los que en la penumbra de la noche la guerrera se transformaba en Yaten para pasar momentos de felicidad ficticia y contada al lado de la mujer que amaba.
Las reglas eran claras, aquello era una aventura y nada más.
El día de la boda, Healer aguantó con el mismo estoicismo que yo al partir de la Tierra el verla enfundada en su traje nupcial, lucía radiante, bella. Y su pena me sobrecogió. Desde ese día, algo se rompió dentro de ella, de él, de ambos. Yaten Kou, el ahora humano, jamás volvería a confiar su corazón.
El sueño comienza a mermar mis ganas de cavilar todo lo que me ha sucedido e inevitablemente me rindo a los brazos de Morfeo, ella aparece en mis sueños como siempre.
La mañana se presenta ante mí con nuevos bríos, he acordado con Bombón esperar a que me llame, después de todo todavía tiene que arreglar sus "asuntos" con él. Seré paciente, pero tengo unas ganas enormes de compartir todo esto con alguien, así es que después de una búsqueda rápida por Internet me es fácil dar con el paradero que quiero.
Aparco mi auto justo a la salida del Teatro Kabukiza, mis ojos se llenan del antiguo balaustrado y cada ornamento que lo componen, se parece demasiado a la decoración empleada en el Karamon del Castillo de Kinmoku y aquello me entristece un poco. Ya sin padres y absortas en nuestros deberes reales, las murallas de ese sitio habían sido nuestro hogar por muchos años.
Un grupo de personas salen de las inmediaciones del anfiteatro y no me es complicado visualizar a la chica por quien espero. Rei viene enfundada en una especie de poncho cubriéndole hasta las rodillas y su cabello agitado por el aire de medio día lucha por mantenerse en su lugar.
No me ha visto, así es que decido jugarle una pequeña broma. Atraviesa la calle cargando una pila de folders y su portafolio. Me sorprende lo atarantada es que esa chica, cruzó sin apenas fijarse en los autos. Camino detrás de ella a una distancia prudente como para notar que zigzaguea. Antes de llegar a la esquina me le re pego un poco.
—Disculpe señorita, podría regalarme un autógrafo.
La morocha respinga y sus cuadernillos terminan en el piso. Con una carcajada la veo buscar furiosa mi voz detrás suyo.
—¡Me has dado un buen susto! —bufa al tiempo que se desprende de sus audífonos.
—Normalmente un tipo como yo no provoca sustos —digo recogiendo el desastre que le hecho hacer.
—¡Qué presumido, Kou!
—Anda, el auto está más allá.
Rei me ve dudosa.
—¿Tu auto? ¿Acaso vas a llevarme? —pregunta alzando la ceja derecha.
—No planeo que atropellen a mi amiga, así es que la llevaré a casa sana y salva —aquella declaración la sorprende y me sorprende a mí. Pero es la verdad, Hino se ha convertido en mi apoyo desde el comienzo y estando con ella me siento cómodo, supongo que así es en una amistad.
Se encoje de hombros como aceptando mi propuesta y emprendemos el camino hacia mi Camaro.
—Tienes algo raro —dice escudriñándome.
—¿Te lo parece? Tal vez es esta atmósfera que le cae tan bien a mi piel.
Hace una mueca seguida de una pasada de dedos por su desordenado cabello.
—Bombón, ella… bueno, nosotros… —no entiendo porque me cuesta contarlo, se supone que para eso la busqué.
—¡Oh, por Kami! ¡Esa niña al fin te ha dicho que te ama! —chilla emocionada.
Abro los ojos en dirección suya, ¡qué ha dicho! Rei se lleva las manos a la boca.
—Dijiste que ella… ¿me ama?
La sonrisa que de por sí ya tenía se ensancha aún más. Serena había dicho estar enamorada pero eso podía significar muchas cosas. ¡Amarme! ¡dioses, eso sí que era demasiado!
—Bueno, antes dime, se vieron ¿cierto?
Entiendo que quiere tantear terreno antes de descubrir más a su amiga, así es que le sigo el juego.
—La secuestré.
—¡Qué hiciste, ¿qué?!
—Lo que oíste —respondo burlón—. Antes de partir hace cinco años le confesé a Serena que estaba enamorado de ella y le prometí que la secuestraría, no pude cumplirlo así es que regresé. Soy un chico de honor.
—Ya veo, no sabía eso. ¿Entonces?
—Pues… —mis mejillas queman—. Tu amiga correspondió todos y cada uno de mis afectos.
Rei suspira aliviada.
—Te ama, Seiya. Sé que no te lo dijo por la cara que me has puesto, pero puedes estar seguro de que Serena Tsukino está profunda y estúpidamente enamorada de ti.
Mi corazón palpita fuerte, casi siento que puede oírlo.
—Rei, te invito a comer, ¿quieres?
—Bueno, yo tengo cosas que hacer por la tarde, pero…
—Anda, apuesto a que nos has probado bocado, prometo regresarte a lo que tengas que hacer más tarde. No me tomes por loco, pero estoy muy feliz y platicar de esto con alguien aligera las ansías de salir corriendo a buscar a Bombón.
—¿Y por qué no lo haces?
—Debo esperar —respondo exhalando, aquel tema no me es grato—. Ella tiene que hablar… tú sabes, con su novio.
Hino deposita la vista en el camino apenada.
—Vamos a comer, ¡acepto!
Zanjo que esa es su forma de evadir un tema que tampoco a le es agradable, así es que sin más tomo el viaducto hacia mi departamento. Al llegar al complejo evidentemente la guerrera de Marte pregunta de qué va aquello.
—No puedo andar exhibiéndome, no todavía, así es que hoy probarás los platillos del Chef Seiya Kou.
Subimos por el ascensor envueltos en una plática amena sobre el pasado, en donde me burlo de su obstinación por estar cerca de mí y mis hermanos en la adolescencia. Abro la puerta haciéndola pasar primero encontrando al fondo del pasillo a un malhumorado Yaten sorprendido con mi acompañante.
—Ya-yaten —tartamudea Rei como si mi hermano fuese una visión. Sus pómulos son del color de una apetitosa manzana roja.
Sonrío ante lo cómico del encuentro y presiento que mi nueva mejor amiga también tiene mucho que contarme.
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"Después de mil y pico noches, sin nada que perder.
Estrellas escondidas al anochecer, me duermo en los colores que me han visto crecer,
y siento que mi alma empieza a amanecer.
Abro las cortinas, es un nuevo día, y me siento bien.
¡Como si todo empezara otra vez!". HG.
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HALLO!
Conejitos, un nuevo capítulo que consideré necesario para cerrar el de Serena. :) En esta entrega leerán cositas que tal vez digan: ¡O sea ¿cómo?! Prometo que pronto se irán despejando todas las dudas.
Les cuento que la Reina Kiyomi nada más es un invento mío para reforzar, no tendrá mayor relevancia.
¡Cuéntenme como les fue el leer las reacciones de Seiya con ese encuentro!, ya conocíamos las de Serena, pero definitivamente nuestra amada estrella también merecía contarnos su versión. :)
Muchas incógnitas ¿no? ¿A quién sabe Seiya quiere buscar Tai? ¡Hagan sus apuestas!
¿Se veían venir lo de Healer/ Yaten con Kakyuu? :O No sé ustedes pero a mí me daba la impresión de que ella estaba enamorada de su Princesa. Aquí quiero aclarar que no es malaleche contra Kakyuu, ella me encanta, pero bueno, a veces uno se deja llevar sólo por las bajas pasiones y en el camino se puede lastimar. ¡Que lance la primera piedra aquel que esté libre de pecado!
Amo mucho el ir entretejiendo la historia con destellos del pasado de estas estrellas, espero que a ustedes también.
Y bueno, el final... Quiero decir que las letras me secuestraron y salió esto. Rei y Seiya como amigos confidentes me mata, creo que ya saben de dónde desarrollé este gustito, sino, busquen a la estrella más grande de nuestro sistema planetario ;)
¡Muchas gracias por todo su cariño y apoyo, me hacen suspirar con todos sus reviews!
Ya casi por los noventas en nueve entregas, ¡Wow! Son lo más conejos.
¡Un beso, y todo mi amor!
PS. En el próximo capítulo les paso el link de Spotify con todas las canciones acá mencionadas, no le he olvidado. :)
WRITE LIKE A MAGICAL GIRL!
