Disclaimer: InuYasha es propiedad de Rumiko Takahashi.


Capítulo 10: ¡No quiero verte!

.

El peliplata se encogió de hombros otorgando a Kagome una mirada difícil de descifrar, ella frunció el ceño soltando un pesado suspiro. InuYasha estaba demasiado alcoholizado, ni sabía qué era lo que estaba diciendo, lo iba a levantar hasta llevarlo a su habitación, hasta que el habló.

–Kikyo rompió conmigo porque dijo que tengo sentimientos hacia ti.

–Eso es ridículo –contestó con frialdad, restándole importancia–, si tú me detestas.

–Eso no es verdad.

–Estas borracho, deja de hablar estupideces –dijo aparentando tranquilidad, sin embargo estaba sorprendida, y un sentimiento extraño invadiendo su pecho–. Más bien vamos a tu cuarto.

A pesar de las protestas del Taisho, Kagome lo arrastró a paso torpe hasta su habitación, con cuidado lo descargó en la cama, diciéndole que debía dormir y descansar, ella estaría un par de horas más hasta que Inu No regresara, por lo que en ese tiempo se podría decir que estaría para "cuidarlo", sin embargo aún tenía que hacer tareas y realmente no tenía tiempo para lidiar con él.

Estaba casi golpeándose la cabeza contra la mesa intentando resolver los ejercicios de matemáticas, incluso y sin exagerar ya había un rastro de sangre de su cráneo en las blancas hojas del cuaderno. La pelinegra estaba frustrada puesto no lograba resolver la ecuación. En momentos como estos era cuando necesitaba de InuYasha ayudándole, así le molestara; lástima que en ese momento casi que tenía todas las neuronas muertas. De repente escuchó gritos del pequeño pelirrojo que bajó corriendo como si su vida dependiese de ello, con la respiración agitada comenzó a hablar.

–Kagome… creo… que… InuYasha… murió…

La vocecita del niño se escuchaba angustiada, como si de verdad su primo hubiese muerto, la pelinegra giró los ojos, mirándolo con comprensión y otorgándole una sonrisa tranquilizadora.

–No te preocupes Shippo –dijo acariciándole la cabezita–, está demasiado borracho, es normal que lo parezca.

–No, en serio está muerto –replicó con angustia, como cuando un adulto no cree en lo más mínimo algo que dice un niño.

Aunque Kagome trató de persuadirlo que de verdad estaba bien, el niño insistió hasta que logró que la pelinegra le acompañara hasta la habitación en donde InuYasha tenía la cabeza colgando de la cama junto con uno de sus brazos, ambas piernas separadas, y no lograba ver su otro brazo, de verdad parecía muerto. Kagome rodó los ojos.

–¡Ves que está muerto!

–No lo está Shippo –respondió y justo en ese momento el peliplata emitió un ronquido–, ¿lo ves?

El niño asintió aún algo dudoso, sin embargo ya no estaba preocupado.

–No te angusties Shippo, ve a dormir que ya es tarde –dijo dándole un pequeño beso en la mejilla, su expresión cambió cuando observó a InuYasha–, yo cuidaré de él hasta que llegue tu tío, ¿vale?

El pelirrojo se marchó de la habitación dejando a ambos adolescentes, una consciente y el otro no. Con un gesto de exasperación, Kagome se acercó a la cama, acomodándolo como debía ser, no pensó que InuYasha durmiera de esa manera, mucho menos borracho, de verdad se podía matar si le colgaba la cabeza de esa forma, se podría ahogar incluso. Se quedó unos minutos observándolo dormir, un rubor invadió sus mejillas junto con el pensamiento de que parecía una acosadora mirándolo mientras él no estaba consciente, negó rápidamente con la cabeza, tratando expulsar aquellos pensamientos, y justo cuando se disponía a marcharse, sintió su brazo siendo agarrado por la mano del Taisho.

–¿A dónde vas? –preguntó adormilado, mirándole con un solo ojo ambarino entreabierto.

–A continuar con mi tarea.

–¿Tarea? ¡Qué ñoña eres!

–¿Perdón? Yo aprovecho mi estudio, hacer la tarea es lo que cualquier alumno juicioso haría.

–O uno que no entiende nada y aún así espera pasar –murmuró con una media sonrisa, habían pasado un par de horas desde que lo habían acostado, y ahora parecía un poco más lúcido.

–¿Qué dijiste-?

Fue interrumpida cuando ágilmente el peliplata la jaló hasta su alcance posicionándola bajo su cuerpo, acostada en su cama, Kagome balbuceó incoherencias tratando de librarse, sin embargo estaba avergonzada.

–¿Te gustaría que te ayudara con tu tarea? –masculló con voz baja, casi rasposa, acercando su rostro al de la chica, quién giró la cabeza evitando el contacto visual.

–No sé como esto puede ser ayudarme a mi tarea, que por cierto tú también tienes, ¿podrías quitarte de encima?

–No lo haré –respondió con una sonrisa, sus colmillos brillaban con la luz de la luna que se filtraba por la ventana–. No hasta que me des un beso.

–¿Q-Qué? ¡Estás loco! ¡¿Por qué te daría un beso?!

–Fácil –murmuró cerrando distancias, aprisionando el cuerpo de la chica con sus piernas a cada lado–, porque es lo que deseas desde que te demostré como se hace un ejercicio en la clase de matemáticas.

La chica sintió todos los colores subirle al rostro, pero no sólo de vergüenza, también de ira al recordar cómo la hizo sentir ese primer día de clases, con el ceño fruncido le pegó un rodillazo no muy fuerte en la parte baja del abdomen, haciéndolo retroceder para que ella lograra escapar de aquella situación, sin embargo el peliplata actuó más rápido, agarrándola con fuerza de la muñeca.

–Dime si no es así y me retracto de mis palabras.

–N-No lo es, me parecías un molesto y lo único que quería era golpearte… justo como ahora.

–Te hubiese creído si no me hablaras con esa vocecita tímida –pronunció con una sonrisa, acercándola a su cuerpo hasta quedar frente a frente, ámbar mezclándose con chocolate.

–¿Por qué eres tan molesto y peleas con todo el mundo? –preguntó mirándolo firmemente, cambiando completamente de tema.

–Así es mi personalidad –se encogió de hombros, desviando su mirada hacia la ventana, sus ojos reflejando cierta melancolía–, nunca he sido bueno para hacer amigos.

–Pero tienes a Miroku, Kikyo… –se pausó cuando él la miró con severidad–, incluso a mí –terminó casi en un susurro.

–Es distinto, Miroku es mi amigo de la infancia se podría decir, y… Kikyo, comencé a hablar con ella un día que vino a hacer un trabajo con el idiota de Sesshomaru, con ella siempre fue fácil hablar y me comprende cada vez que le cuento algo –dijo sintiendo aún sorpresa porque ella incluso había reconocido ser su amiga.

–Siempre me he preguntado, ¿por qué odias a tu hermano? –tratando de desviar el tema de Kikyo, no es que la odiara, sólo… no le gustaba como InuYasha hablaba de ella, aunque no tenía sentido, ellos habían sido novios, no entendía la opresión en su pecho.

–No lo odio, lo detesto –dijo con una leve risita de burla–, en realidad no creo que sea distinta a una relación normal de hermanos, siempre pelean.

–Ehm si lo es –dijo con un poco de timidez–, es normal pelear a veces, pero por lo que me he dado cuenta ustedes ni se determinan.

El peliplata soltó una carcajada, observando a Kagome con diversión en los ojos, ella le miró con enojo.

–Sesshomaru nunca me ha querido, ni a mi madre tampoco.

–¿No quiere a su mamá? –preguntó con sorpresa.

InuYasha rió. – Kagome, él y yo somos medio hermanos.

–No sabía –respondió inclinando la cabeza avergonzada.

–No hay problema, no tendrías por qué saberlo.

–¿Me contarás la historia? –preguntó en voz baja.

–¿De verdad quieres saber? –la chica asintió.

.

Poco tiempo después de la concepción de Sesshomaru, Inu conoció a la madre de Inuyasha, Izayoi, con quien tuvo un romance fuera del matrimonio, por lo que Irasue, su esposa al enterarse se separó de Inu No y dejó a su hijo a disposición del padre. Vivieron algo así como una familia, los cuatro, sin embargo Sesshomaru siempre actuó indiferente con InuYasha y su madre. Seis años después, Izayoi falleció, dejando a la "familia" sólo con los tres. Sesshomaru repudiaba a Inuyasha, y este igual, correspondiendo al trato que le daba, pero algo podía agradecerle, y era que gracias a él, conoció a Kikyo, ella y su hermano asistían a la misma clase.

.

–Y hasta ahora nada de eso ha cambiado, aunque me da igual, cuando se ha visto un hijo bastardo que sea querido… –finalizó InuYasha con ironía.

Kagome permaneció en silencio, realmente no sabía que decir respecto a eso.

–¿No tienes más preguntas? –indagó con una expresión que la pelinegra no supo descifrar, entre enojo y tristeza, quizá hasta un tinte de burla.

–Yo… ehm… ¿Recuerdas a tu mamá?

–Claro que sí, la amo mucho, recuerdo que era la única persona que de verdad me entendía… –murmuró mirando hacia ningún punto en específico, como ido de esta dimensión– ¿algo más?

La pelinegra negó con la cabeza, un tanto incómoda con esa situación, ella nunca había imaginado que alguien como InuYasha se abriera de esa manera a ella y le contara de su vida personal. En esas escasas semanas había logrado formar una especie de amistad con el peliplata, y aunque en un principio no lo aceptaba, se dio cuenta que al convivir juntos estaban formando un lazo.

–Kagome –se rascó la nuca con incomodidad–, yo… me siento mejor, tomé unas pastas, pero aún no he hecho la tarea de matemáticas, si quieres la terminamos juntos –dijo con voz suave–, además no la anoté –murmuró lo último con una sonrisita–.

–¿Eh? –se sobresaltó, con un leve rubor en el rostro sin saber por qué–… Hm claro… me falta como la mitad, ¿vamos a la sala?

–No, podemos trabajar aquí, trae tus cosas.

Kagome asintió con duda, sin embargo salió por sus materiales. La cabeza de InuYasha estaba aún peor de revuelta, confundido por aquella pelinegra que le causaba ciertos pensamientos que él no aceptaría de ninguna forma, pero aún estaban ahí, y aunque ya había pasado la pena por el rompimiento con Kikyo, no estaba tan afectado como debería, mucho menos con Kagome a su lado. Si él hubiera querido, la hubiera besado, entonces en ese momento recordó la apuesta con su padre, él no podía hacerlo, y si ella se llegaba a enterar su relación se iría por el excusado. Sin embargo, él lograría que Kagome le besara por propia voluntad, además que oficialmente estaba soltero, de cierta manera era un alivio para él. Al instante regresó la pelinegra con sus apuntes.

–Bien, comencemos –dijo con una sonrisita, era increíble que InuYasha tuviese la suficiente lucidez para ayudarla con la tarea que se le había dificultado sólo un poco, el peliplateado asintió.

Pasaron aproximadamente unos treinta minutos resolviendo las ecuaciones y gráficas para la tarea, algunas veces InuYasha se demoraba un poco, aún el dolor de cabeza le cobraba cuenta, sin embargo había logrado resolver los ejercicios. Muy a su pesar Kagome tenía que aceptar que el Taisho era muy bueno para esa materia. Todo lo contrario a ella. Una vez terminaron, InuYasha le miró con una sonrisa socarrona, guardando sus cuadernos.

–¿Y bien? ¿Qué me darás a cambio por ayudarte en la tarea?

–¿Perdón? Yo hice mi tarea…

–Querrás decir que te copiaste –rió el peliplata.

–Imbécil, ¿para qué me invitaste entonces? –gruñó con enojo.

–Porque no quería dejarte morir –dijo encogiéndose de hombros aún con burla.

–Idiota –dijo Kagome lanzando una almohada al rostro de InuYasha.

–¡Te lo has buscado! –exclamó lanzándole la almohada de vuelta, e inmediatamente el atacándola a hacerle cosquillas.

Estuvieron jugueteando un rato, haciéndose cosquillas, empujándose, riendo, golpeándose, todo encima de la cama del Taisho. InuYasha se ubicó encima de la pelinegra, sujetándole las muñecas impidiéndole moverse, con una sonrisa victoriosa en su rostro se declaró el ganador, sin embargo al ver aquellos ojos chocolate que lo miraban muy abiertos, y casi podía decir expectantes, fue cerrando distancias, acercando levemente su rostro al contrario, sintiendo como la respiración de ambos se mezclaba. Kagome fue cerrando los ojos anticipándose a lo que sabía vendría, InuYasha al ver que no ofrecía resistencia y parecía más que dispuesta rozó sus labios con los suaves de la chica, lo tentaban y le era imposible el resistirlo, sin embargo en el momento que hicieron contacto, abrió sus orbes ámbar con exaltación y saltó al otro lado de la cama. Al sentir la ausencia del chico, Kagome abrió los ojos preguntándose que acababa de pasar.

–Kagome… yo… lo siento –balbuceó con nerviosismo, no la miraba a la cara.

–¿Por qué hiciste eso? –indagó con voz firme, con un tinte de decepción muy en el fondo.

–Yo no quería besarte…

–¿Qué? ¿No querías? ¿Entonces por qué…?

Se calló, sintió sus ojos humedecerse y antes de que el chico la viera llorar se dio la vuelta y salió de la habitación.

Pasó corriendo por la sala, en donde agarró su maleta y abrió la puerta con desespero, justo al abrirla chocó con el cuerpo de alguien más, un peliplata que la miraba como si no fuera nada importante.

–¡Lo siento Sesshomaru! –dijo inclinando la cabeza y pasando rápidamente la calle hasta su casa.

.

.

.

–InuYasha, ¿me podrías decir qué pasó con Kagome? –inquirió con voz calmada el mayor de los Taisho.

–No pasó nada papá –respondió desviando la mirada.

–Anoche cuando llegué vi a Kagome salir llorando –acotó Sesshomaru mirando a su padre.

–Quizá cosas de niñas –dijo con molestia el hijo menor.

–No lo creo –firmemente habló Inu No–. Tendrás que decirme que pasó.

–Papá, quiero cancelar la apuesta, aceptaré mi castigo, tú ganas… –dijo con claro disgusto.

–¿De qué estás hablando? ¿Por qué te rindes? Pensé que habías dicho que lograrías que Kagome te diera un beso…

–No lo hará, no antes de que yo mismo lo haga…

–Espera, ¿eso significa que sientes algo por ella? –preguntó con tranquilidad el hijo mayor, mirándole con cierta diversión oculta.

–¡Claro que no! ¡Es que ella…!

–¿Qué pasa con Kikyo? –indagó el padre con un suspiro.

–Ella… terminó conmigo.

–Entonces es cierto –habló Sesshomaru con un tinte de burla.

–InuYasha, no sé que pasó, pero creo que mejor hablamos en la noche cuando regrese, hay que aclarar esto y ustedes dos tienen que ir a estudiar –habló Inu No con severidad, despidiendo a sus hijos, acomodándose la corbata y saliendo de la casa.

–Creo que no iré a estudiar –habló InuYasha con tranquilidad.

–¿En serio es bueno para tu promedio?

–¿Tú crees que iré a esa loca escuela para que hablen mierdas de mi, Sesshomaru? Ni loco… mejor esperaré que se calme un poco todo.

–Y también con Kagome, ¿no? –preguntó el mayor, siendo fulminado con la mirada por su hermano, le dedicó una mirada fría–. Haz lo que quieras.

Una vez Sesshomaru abandonó el hogar, InuYasha se acostó en su cama, sin poder conciliar el sueño porque la imagen de cierta pelinegra no lo dejaba dormir, y no, esta vez no era Kikyo.

.


.

N/A: Bueno, creo que pude actualizar rápido, aunque aún creo que es un poco apresurado no quiero explayarme mucho ya cuando la historia llega al nudo. Como vieron este capítulo es exclusivo de InuYasha y Kagome, no tengo mucho que decir en realidad, sólo que espero sinceramente que este capítulo haya sido de su agrado, y pedirles que si tienen alguna opinión, crítica o lo que sea, me la dejen ¡con mucho gusto la leeré! n.n

¡Gracias Jossy-chan, Astron, Azucenas45 y Aleja25! De verdad me hace muy feliz que me apoyen con esta loca historia :P

Un saludo muy grande, y ¡Feliz año nuevo 2.015!