Sweet Dreams

Un día estaba aburrida, no había Fics que me llamasen la atención y si los había, eran muy pocos. Entonces y al igual que los Kiss en su día me dije: ¿y por qué no subo algo yo?

Y así fue, cómo (empezó mi dictadura "fanfickeril") conocí a vuestra madre. (¡Yuju!) (I'M COMING LIKE A WRECKING BALL! Oh dios no.)


(Dato curioso: Soul Eater le pertenece a Atsushi Ohkubo (and company "asoseision"). En japonés el nombre de Atsushi se pronuncia Atshi. Por lo que al completo sería "Atshi Ohkubo." También se puede leer de forma: "Tokushi Ohkubo". Y significa "corazón fuerte". (Esta explicación no se debe a la (franquiciaWikipedil) Wikipedia, se lo debo al anime del manga "Hakkenden" que el protagonista explicó en el último capítulo hasta ahora… Que he visto yo, "olé."))


¡Ya llevamos 10 reyes y reinas, dieeeez! (I CAN'T SUPPORT MY OWN FEELINGS!)

Bueno, ya va comenzando el curso, y como habréis notado (Jonathan… Que no te metas pa' lo hondo), yo estoy muy centrada. (Que tú no sabes nadar, vente con el yayu, vente con la mama… ¡Jonathan!) ¿Constante? ¿Constante? ¿¡Qué rayos y retruécanos(radiactivoman)!?

Mis profesores son un amor, eso no lo voy a negar, excepto la de mates, ESA ES AMOR INFINITO, wu!) que es un poco… Un poco… El Diablo. (Pero como yo soy Satanás, nos llevamos muy bien.) Y nada, (sigue nadando, sigue nadando) que Bell os ama mucho y os da las gracias por vuestros chulescos comentarios, (voy a convertirlos en billetes y cada noche me bañaré con ellos en la bañera, ¡wu!) GRAZIE TANTI. PIZZA Y… EH… (Nah, si yo tengo ducha no bañera, por eso del ahorro y el medio ambiente, "cagoen"…) TUTTI… ¡wu!

¡Vamos con el capítulo 10 (especial 10.000 PALABREJAS redundantes. EXTRA LARGO como el Fuet), oh sí "beibi"!("¡Chikuso!")

Bell Star


Música para escuchar hoy:

Perdido en la calle

Por el tiempo, que perdimos.

Que contigo, que sin ti.

Por tus bailes, tus salidas.

Sólo tú eres así…

Por tus verdes, ojos tristes.

Por tus ganas de llorar.

Eso es mucho más de lo que yo jamás…

¡Podía esperar!

Por donde andabas, dímelo.

Por donde andabas…

Te he buscado por la ciudad,

¡y no te encontraba!

Hoy he enterrado aquellos besos,

que regalé.

Y ya no tengo que esperar…

¡Perdido en la calle!

(Taxi)


"Oh, Sweet Dreams are made of these. Who am I to disagree?"


Capítulo décimo.

Death City.

2003.

Maka.

La noche era oscura, no va a ser verde. Y hacía un frío que te calaba todos los huesos, me golpeaba de frente, como si quisiera echarme atrás. Maka, "murió estampada contra un tejado, volando como una hoja". Pues no lo va a conseguir. Estaba helada. Pensaba en las agujetas que tendría mañana, pero lo más preocupante sin duda era: mi padre.

A estas alturas ya habrá llamado a la policía, a la guardia civil, al ejército de mar, de tierra y de aire, a Sherlock Holmes, al Detective Conan, a la NASA, al FBI, a la ONU, a la CIA, al área 51 y al repartidor de pizzas; esa última seguramente porque no tendrá nada para comer. Y la culpa es mía. Aun así, lo soportaría. Una charla, una bronca, y listo. Mañana por la mañana se le pasaría. Así es mi padre, de bueno, y de idiota también.

—Ah —susurraba, frotándome los brazos con ambas manos. Abrazándome a mí misma, escondí la cabeza en el cuello del abrigo…

"Cómo desearía tener mi estúpida bufanda."

Por si fuera poco, volvía a pasar por la mansión blanca. La tétrica casa del terror que estaba: abandonada. El seto estaba seco y descuidado. La verja se movía sin parar, se abría y se cerraba en un ciclo infinito de querer meterme más miedo del que tenía. Alguien permanecía dando portazos.

Me crispé al ver un par de columpios colgados de un roble, balanceándose solos por la fuerza que ejercía el aire. Y cuando de las ventanas rotas comenzó a oírse un sonido penetrante, una voz, una respiración jadeante, fue entonces cuando salí corriendo. Sin mirar atrás, no había corrido tanto en toda mi vida. Ni detrás de un camión de helados; mi infancia no había sido muy bonita que digamos.

Nunca aceptes nada de los extraños, ni de las casas. Regla número uno de las películas de miedo. Ellos suelen entrar como pánfilos, yo en cambio, ni aunque me pagasen. Si regalasen chocolate, libros o pinturas ahí dentro ya sería otra historia.

Pensando tonterías, pensando en la bronca que me iba a echar mi padre y en la prisa que tenía por pasar de ello, no me di cuenta de algo que sucedía a mi alrededor. De nuevo, comencé a escuchar respiraciones. Hambrientas y acompasadas. La niebla que se encapotó tras la lluvia me impedía ver con claridad. Miré a ambos lados de la calle. Deteniéndome cerca de la luz blanca de una farola. Unas pisadas se acercaban. Cada vez eran más veloces.

Un aullido se oyó entre la penumbra, y una enorme sombra se aproximaba a mi posición. Un monstruo.

Era imposible, los monstruos no existen, salvo el de las galletas, Drácula, el Coco, el de la máscara verde, Monstruos S.A., el del lago Ness... Vale, pensándolo bien hay muchos monstruos. Pero de todos ellos, ¿porque tenía que tocarme a mí el encontrarme con uno?

Tragué saliva, se me había puesto un nudo en la garganta, aferrándome a mi mochila algo en mi cerebro decía: ¡echa a correr idiota!

—¡Seas lo que seas —di un paso hacia atrás bajo el bombín de la farola—. Tengo una mochila, ¡y no dudaré en usarla! —que te golpeen con cincuenta kilos de libros en modo bloque, tiene que doler, yo avisaba. Por si acaso—. ¿Te enteras?

"Tú serás un monstruo, pero yo soy más peligrosa."

La gran sombra monstruosa se acercaba más y más, tenía una boca gigantesca. Preparé los puños. Si puedo con los abrazos de oso de mi padre, esto tiene que estar tirado. Que venga el violador, barra asesino, que yo estoy preparada para lo que sea.

—Jai ya —grité, dando una perfecta pose a lo Karate Kid—… Ven si te atreves.

Tras la niebla, el monstruo saltó con sus enormes garras, agudicé la vista, agarré un libro y me dispuse a dar una patada cuando:

—¡Guau, guau! —el "malvado y feroz monstruo" comenzó a arañarme las piernas, con la lengua ondeando en el viento.

—Oh —guardé el libro, dando un suspiro—… Eres tú.

Viendo que me iba a dejar sin rodillas le levanté con ambos brazos.

El Husky me lamió la cara por completo. Era el cachorro, el cachorro peludo. Y por algún casual, estaba muy calentito.

O yo estaba muy fría, una de dos.

—¿Dónde te habías metido? —hablaba al perro, como si me fuese a responder—. Has crecido, un poquito —ya era más grande que mis dos palmas juntas.

—¡Guau! —y me respondió, babeando de la emoción, es un buen perro.

¿Habrá comido bien? No tengo nada para darle ahora. Me lo llevaría a casa a escondidas y después, por la mañana, le buscaríamos dueño. Como si mi padre fuese a aceptarlo con bollos y una sonrisa de los anuncios de pasta dental de menta.

Yo ya hacía planes de futuro. Como la Barbie*.

Su pelaje negro brillaba bajo la luz de la farola, esos ojos de distintos colores me miraban contentos.

—Lo siento —negué con la cabeza, me agaché y le dejé en el suelo para acariciarlo—, no hablo canis.

El perrito arrugó la nariz. Él me entiende. O no, pero yo pienso que sí.

Girando, persiguiéndose la cola, se dio la vuelta colocándose entre mis piernas en una pose defensiva, comenzó a ladrar sin cesar:

—¡Guau, guau, guau! —saltaba en el sitio con la lengua larga fuera. No parecía asustado, se lo estaba pasando de muerte.

Movía el rabo como si fuese un abanico chino.

—¡Vas a despertar a los vecinos! —grité, aleteando los brazos al igual que un flamenco manco. Cosa que no debía hacer…

El animal comienza a gruñir en todas direcciones. Las pisadas vuelven, alguien está corriendo. Son veloces. Una sombra alargada aparecía en mi blanco ciego.

—¿Has venido a salvarme? —me coloco en guardia con el libro en mano, tras el cachorro—. Porque llegas justo a tiempo —este perro tenía un sexto sentido, daba fe de ello—. ¡A por él, chico! —ordené señalando aquella figura entre la neblina nocturna—. ¡Ataca perrito!

—¡Guau! —el cachorro se lanza sin miedo alguno hacia la sombra tenebrosa.

Pero no para atacarle exactamente…

—Oh, eres tú Porky. No te había visto.

Soul Evans cae de bruces al suelo, siendo abusado a "lamentones" por el perrito asesino.

—Vale, vale, para. Que pares. —se lo quita de encima como si fuese una lapa y le deja en el suelo. El cachorro corretea entre nosotros—. Yo también te quiero.

¿Qué ha dicho?

—¿Perdona? —pongo ambas manos en las caderas.

Porky aquí, Porky allá.

—Perdonada —él asiente, me saluda con la mano—. Bueno adiós.

Se levanta, me acercó unos pasos hasta llegar a él.

—¡Oye espera, ¿acaso es tuyo?! —le acuso ferozmente con el dedo en alto—. ¡Y mi nombre es Maka!

¿Cómo había sido capaz Evans de abandonar un perrito? Sabía que era cruel y borde, ¿pero tanto? Toda maldad tiene un límite.

—Eh, no —levantó los hombros—. Me lo encontré el otro día en la calle muerto de hambre, el día —juega con sus dedos temblorosos, escalofriante—… De nuestro incidente con la… Con la…

—¿La sangre? —hice el signo de la cruz en memoria de la rana muerta. Y amén.

Le entró un escalofrío por todo el cuerpo…

—No lo digas —me señaló, murmurando entre dientes. Se rascaba la nuca, nervioso—. Tengo prisa.

—Eh, eh, ¿vas a dejar a una señorita sola y desamparada por la noche? —me zafo a uno de sus brazos. También está calentito.

Tampoco recordaba bien el camino de vuelta, todo sea dicho, no es que quisiese caminar junto al señor "borderline". Me gusta ese mote: borderline.

Gruñón le sigue pegando más.

—Pues —se llevó una mano a sus labios cortados, miró a la izquierda y luego a la derecha, y cerrando los ojos murmuró—… Yo no veo ninguna. Adiós.

Un monstruo en toda regla.

—¿Qué? ¡Eres increíble! —le grité a la espalda mientras se alejaba seguido del perrito. Hasta él me abandonaba.

En un segundo, mientras yo soltaba las mil y una barbaries de insultos habidos y por haber hacia su persona, Evans se detenía en medio de la calle, recto como un palillo. Con los pelos de punta. Y cómo el que no quiere la cosa, se dio la vuelta dirigiéndose hacia mí, ¿sonriente?

—Pensándolo mejor, tienes toda la razón —en serio, ¿por qué sonríe? Tengo miedo—. Volvamos, volvamos.

El perro ladra a nuestros pies. Soul me empuja por la retaguardia con nerviosismo.

—Es bueno tener compañía.

"¿Pero qué dice? ¡Si me odia!"

—¿Eh? ¿Pero a ti qué te pasa? —me doy la vuelta, él suelta su agarre patidifuso. Le golpeo en el pecho con el puño varias veces—. Estás loco.

—Yo no estoy loco —me gritó negando la cabeza como un loco. Esquivándome.

Desvía la mirada al lado inferior derecho, me encara.

—Pues claro qué…

No alcanzo a terminar, una chica joven me corta en medio de la frase.

—¡Wes lo he encontrado! —era la novia de Wes sí creo recordar bien, Eruka—. ¡Está aquí! —salta eufórica.

—Mierda —Soul susurraba, con la vista perdida en el suelo, se mordía el labio inferior.

Eruka aplaudía con alegría. El perrito ladraba felizmente a nuestro alrededor… Y Soul Evans se escondió tras mi espalda.

—Sí —asentí con picardía, le observé—, seguro que ahí no te encuentra jamás.

—Si no fueras tan plana —seguidamente, le golpeé con un libro…

—¡Soul! ¿Qué estás haciendo? —su hermano Wes chilla, acercándose a paso veloz, violento—. ¿Qué tienes en la cabeza? ¿¡Aire!? —atrapó a su hermano con ambas manos del cuello de la camisa, zarandeándole con un cabreo de mil demonios. Aún sin haberse recuperado de mi ataque, de mi Maka Chop perfecto—. ¿Maka?

Primero me observó a mí. Luego observó a Soul con una vista penetrante, poniendo una mueca de pez con la boca, su novia se le unió para matarle con la mirada, los dos.

Soul se alejaba poco a poco, temeroso.

—¿Qué estabas haciendo? —repitió, y perdón por la palabra, pero Wes estaba siendo serio, jodidamente serio.

Jamás lo había visto así. O tal vez sí, en el tren.

Acaso se pensaría que Soul… Y yo… Un momento.


—¡No, no, no! —salto moviendo los brazos, ellos levantan una ceja—. Esto ha sido un encuentro fortuito, ¿verdad?

Ahora respáldame tú ahora, Soul…

"¿Pero en qué estaba pensando? ¡Si no hemos hecho nada! ¿De qué estoy yo nerviosa?" Me salía humo por las orejas.

—Sí, sí, claro Maka —Soul tartamudea sin que me lo espere. Pero si el idiota se sabe mi nombre. Por lo menos resolverá este malentendido—… Es que ella ha… Ha sacado a pasear a su perro —exactamente…

No.

—¿Qué? —grito, con unas ganas inmensas de partirle el cuello.

Él me tapa la boca con ambas manos. Le lamí y las retiró asqueado.

"¿Dónde quedó eso de Porky?"

—Y no me ha parecido bien dejarla sola, ¿verdad que sí Maka? —abrió los ojos con desmesura, abrazándome con su brazo izquierdo, tras los hombros, apretaba—. ¿Verdad que es tu perro? ¿Verdad? —estaba desesperado. Tan desesperado como para contar conmigo.

Su mirada dulce pudo con mi cordura, no sé de donde la habría sacado, pero era buenísima. Es todo un actor.

—Pues yo —lo dudé por un segundo, pero en el fondo parecía divertido, así que le seguí la corriente—… Sí, sí es mío. Soul ha sido muy gentil —y una mierda de pato—, al acompañarme —no sabía que sentir por dentro, si risa o temor.

—Ajá —ambos murmuraron, mirándose el uno al otro. Ni de broma se lo habrían tragado—… Ya…

—Joder, ¡la próxima vez avisa pedazo de idiota! —aullaba Wes cabreado, regañándo a su hermano menor a grito pelado. ¿Y a los vecinos? Que les den—. Menudo susto me has dado, y más te vale pedirle perdón a Eruka por la que le has montado.

Y ahora os explicaré mi preciado estatus: "Ni idea de lo que ha pasado aquí."

—¡Antes la muerte! —miro a otro lado, con decisión.

Sin duda, ese es Soul Evans.

—Te voy a…

Wes comenzó a perseguir a Soul para darle un coscorrón en la cabeza.

—No me toques, ¡que no me toques! —el hermano pequeño se zafaba de su agarre.

—¡Ven aquí, bicho asqueroso!

—Menos mal —Eruka susurraba, mostrando una tierna sonrisa mientras les miraba—. Ha vuelto a ser el mismo.

La observé con los ojos abiertos.

—¿Ah? —fui a preguntar, pero el cachorro me rasgaba las piernas de nuevo. Le cogí en brazos y me lamió la mejilla, parecía cansado.

—¡Que me dejes!

—¡Que vengas aquí!

Sin darnos cuenta, ha comenzado a chispear un poco de lluvia.

¿Qué es lo que habría liado este chico?


—¿Le conoces? ¿Al cachorro? —Soul me preguntaba mientras caminábamos de vuelta a casa, con Wes y Eruka delante. Soul y yo detrás. El perro dormido en mis brazos—. ¿No me digas que le has abandonado tú? —me miró con rencor.

Está pensando lo mismo, que yo pensaba yo de él. Mira tú por dónde.

—¿No tienes alma o qué te pasa?

Negué con la cabeza.

—Qué te pasa a ti —señalé—. Que es eso de "el perro de Maka" —le imité con voz y pose altiva, frunciendo el ceño—. No es mío.

—Oye, yo tampoco puedo quedármelo —ladeo la cabeza, susurrando—. Lo tenía escondido en casa, en el garaje. No puedo tener más animales. Mi gata lo mataría —todo lo dijo con una seriedad y una templanza apabullante.

No sé porque, pero eso me lo creo.

—Yo tampoco puedo, mi padre me va a echar de casa, ¿sabes?

Eso sí que sabía por qué…

—¿Bueno, y qué querías que hiciese? —levantó los hombros, intranquilo—. Volverlo a abandonar en la calle, ¿o dejarlo en la perrera para que lo maten?

Genial, soy vecina del mayor defensor de la fauna del país.

—¿Matarlo? —fruncí el ceño, Soul guardaba las manos en los bolsillos mientras el vaho escapaba de sus labios. La imagen de este cachorro sufriendo se me pasó por la mente, la borré al instante—. Eso no tiene porqué —mencioné de nuevo…

—Oh, por favor, ¿le has visto los ojos? Nadie lo querrá —negó con la cabeza, apartando la mirada hacia la derecha—. Es diferente.

Y de nuevo vuelve a ser igual de cruel, y aunque me costase creerlo. Igual de realista.

—¿De qué habláis vosotros dos ahí atrás? —Wes preguntaba divertido acompañado de su novia. Después de desfogarse con su hermano pequeño a base de pulirle la cabeza con los nudillos, se había quedado en la gloria—. Nada de guarradas hasta que yo no esté presente.

—¡Pero que no…

—Déjalo —Soul suspiraba—. No quiero que se quede solo. Por favor, quédatelo —me estaba suplicando. "A eso Maka gustar"—. Por ahora. Ya encontraremos algo, lo que sea —me retiró la mirada, susurrando—. Tú y yo juntos.

Abro los ojos con desmesura y pienso: "¿Qué ha dicho? Ojalá tuviera una grabadora, ojalá."

—Vale —suspiré derrotada—… Pero luego no me dejes el marrón a mí.

—Te lo prometo.

Y esa última frase, quedó para los restos. Durante mucho tiempo…


Casas de muñecas.

(Primera parte.)

Soul.

Una vez cruzada la puerta de la entrada de la casa, Wes se transformó en otro ser, aún más diabólico. Si cabía la posibilidad. Tirándome del brazo me empujó por el pasillo, cruzando el salón con sigilo para no despertar a mi padre, y arrastrándome violentamente hasta la mesa de la cocina. Encendió las luces. Para después, darme la bronca del siglo. Los científicos deberían estudiar sobre ello.

—No me lo puedo creer, yo preocupado por ti —aporreaba la mesa mientras Eruka intentaba calmarle en vano.

—Ajá.

—Y tú por ahí haciendo Dios sabe qué —se le estaba hinchando la vena de la frente—. Con esa chica.

—Ajá.

—Porque cuando papá te pone un castigo, ¿tú qué te haces? —Wes me aplaudía en la cara—. ¡El sueco!

—Ajá.

—¡Deja de decir "ajá"!

—Diré "ajá", cuando quiera decir "ajá".

—¿¡"Ajá"!?

—¡Ajá!

—¡Que ya vale, parad los dos! —Eruka se interpuso entre nosotros, plantando la cabeza. Nos miró de lado a lado, tirándonos fuerte de las orejas—. Menudo par de idiotas.

No hay nada como ser violento para conseguir la paz.

—Au, au, au —murmuramos los dos al mismo tiempo, tapándonos los oídos…

Mi gata Blair salta sobre la mesa, alertada por nuestros quejidos. Se pensaría que un perro había entrado en casa, en su territorio. Los odia a muerte. Se dedicó a olerme por todo el cuerpo, mientras se le erizaba todo el vello, me dirigía unas miradas traicioneras que me derretían el alma.

Por eso no era lo peor, lo peor es que mi gata no venía sola.

—¿Qué es todo ese alboroto? —mi padre aparecía por el umbral de la cocina, despeinado—. ¿Qué estáis haciendo?

Los tres, y Blair, nos quedamos atónitos, observándole con terror. No ha servido para nada aquello del "sigilo". Aunque sólo haya durado tres segundos, es nuestro récord personal.

—Papá… Nosotros estábamos —mi hermano se rasca la nuca, sudamos—, estábamos…

Y ahora es cuando Wes me delata y me gano un doble castigo. Tampoco tengo mucho que perder.

Estoy cansado.

—Estábamos intentando sonsacar a Soul que quiere —la novia de Wes salta al rescate, con el dedo alzado—, es que tiene hambre, pero no sabe de qué.

Me llevo una mano a la frente, me golpeó fuerte. Estúpida Eruka, siempre tiene que abrir la boca. Si pudiera se la cosería con hilo y aguja. Envenenados.

Los dos susurramos.

—¿Por qué me odias?

—¿Por qué me odias tú?

Escondí la cabeza entre los brazos, al obtener esa respuesta sonriente por parte de la novia de mi hermano. Deseando que papá me mandase a mi habitación de una vez. No estoy de humor, acabo de dejar un cachorro en manos de Belcebú con cara de cerdo…

Observé por el rabillo del ojo.

—De acuerdo —mi padre me miró inquieto, masajeándose el cuello. Rascándose la nuca, sin saber si preocuparse o no, estará pensando: "el anoréxico de mi estúpido hijo va contra natura, debería clavarle una estaca en el ojo y exorcizarle para que no me dé más problemas: ¡muere Soul, muere!". Pero, no fue así. No del todo—… Dinos que quieres comer. Sea lo que sea lo que quieras —sonrió—, te lo preparo.

Crucé los brazos, hincando los codos en la mesa. Eruka y Wes chocaron la mano sin siquiera mirarse, solo asintiendo.

Eso sí es un castigo para mí… Y para ellos una victoria.

No tenía sentido negarme, la verdad era que tenía mucha hambre. Hoy aquella voz no había hecho acto de presencia. Está muerta.

—Pero —pensé, echándome hacia atrás en la silla blanca de la cocina. Blair me vigilaba como si estuviese viendo un partido de tenis—… ¿Lo que sea?

—Lo que sea —afirmó él.

Me aproveché.

—Quiero tortitas —dije, llevándome un dedo al mentón.

Les dirigí la mirada, ellos la apartaron observándose los unos a los otros. No se lo creían.

Un ligero silencio inundó la cocina, dejando escuchar los inaudibles ronroneos de Blair mientras la acariciaba entre las orejas.

—¿Ahora? —mi padre arruga el entrecejo, acercándose—. ¿A las doce y media de la noche? —pregunta entre bostezos, señalando el reloj verde parpadeante del microondas.

—Sí —asiento con una sonrisa en los labios, revolviéndome en la silla. Zarandeándome en sus patas traseras, adelante y hacia atrás.

—¿Y no puede ser otra cosa? —mi hermano refunfuña, rezando con ambas manos.

—No —niego en rotundo, deteniendo mi balance un instante. Continuo—. Tortitas.

—Pero…

—Sino nada.

Ellos sueltan un suspiro lastimero de cansancio.

—Está bien…

Hace mucho que no como tortitas, ni como las que hacia mi madre…


Eruka la bocazas, mi progenitor que me odia y el idiota de mi hermano, se ponen manos a la obra. Remangándose, cada uno con un delantal a cada cual más obsceno, comienzan a hacer la masa para las tortitas. Seguía sentado a la mesa, observándoles con detenimiento. Me caía del sueño, así que apoyé los codos, dejando caer mi mejilla sobre la palma de la mano, pero la cabeza se me deslizaba hacia abajo.

Wes ha echado tanto azúcar en su bol que en vez de tener una masa líquida tiene a Flubber*.

—Primero bajáis el fuego, echáis con sumo cuidado la masa en la sartén y —Eruka les enseñaba como hacerlas en la vitro-cerámica. Había que admitir que tenía talento para la cocina, le daba la vuelta a la tortita con un estilo impecable de muñeca, pero eso jamás se lo diría—… ¡Bualá!

—¡Bualá! —Wes gritaba, asustando a Blair. Lanzó la masa de tortita hacia arriba, con demasiada fuerza; la tortita no volvió a bajar. Isaac Newton se equivocaba, no conocía a mi hermano—... Eruka —sonreía nervioso—, mi "bualá" se ha pegado en el techo…

—Eh Wessi —posaba una mano sobre su hombro—, quizá haya que practicar un poco más…

"Quizás cientos de años, Wessi."

Eruka le daba a probar mojando el dedo en la masa y metiéndoselo a Wes en la boca, de una forma muy poco higiénica…

"Oh, estúpido Kid."

Me revuelvo el pelo con las manos.

—Señor Evans, ¡que se le quema la corbata! —Eruka chilla aterrada.

La tenía desabrochada y la había metido sin darse cuenta en la sartén. Corbata a la brasa.

—¡Oh, vaya!

Tiene complejo de antorcha humana. Sonrío. O al menos de una chamuscada.

Blair se acerca, ronroneando se frota en mis piernas. La llamo y ella sube a la silla para que la acoja en mi regazo, acariciándola. Se aproxima a mi pecho sobre sus delgadas patas moradas, salta a la mesa de la cocina y la atraigo con ambos brazos, apoyando el mentón en su lomo. Cesa en mover el rabo, relajándose.

Oigo algún que otro susurro silencioso, que se escapa a mi comprensión. Como si alguien me estuviese hablando desde muy lejos. ¿Soy yo, o son ellos?

Huele bien.

—Eh, esto ya está bicho feo —la voz pregunta. Me estoy moviendo, me están tocando—. ¿Soul?

¿La voz ha vuelto?

—Se ha quedado dormido —la voz responde en un susurro.

¿Hay dos voces? Oh, no.

Frunzo el ceño, mi mano no me obedece, tengo algo en la cara.

—¡Deja de pinchar con el dedo a tu hermano! —la voz grita. Es grave. Se escucha un golpe.

—¡Aú! —la otra voz ríe entre dientes—. Perdón.

Tres voces. Me he vuelto loco. Me van a mandar al Hospital otra vez. Al Hospital no.

—Mírale que oportuno es él —me protejo la cabeza, me tapo los oídos. Algo peludo me roza la barbilla—… Si es que parece hasta bueno y todo.

—¡Wes! —la voz gritona aúlla. ¿Mi hermano? ¿Qué hace mi hermano en mi cabeza? Fuera—. Es extraño, se ha echado esta tarde una siesta muy larga —siento un aliento agradable en la frente, un soplido que me remueve el flequillo. Arrugo la nariz molesto—… Doy fe de ello.

—Claro, has usado su trasero como almohada.

—Era perfectamente compacto, en serio —lo juraba e hiper-juraba aquella voz chillona—. ¿Le despertamos?

Las voces callan, y esperan.

—No, dejémosle —la voz grave suspira derrotada, no son muy insistentes, tan sólo un poco molestas—. Supongo que tiene que —la voz dudosa, murmura en silencio. Siento la palma de una mano grande sobre la cabeza, me revuelve el pelo—… Recuperar todo el sueño que ha perdido.

¿Sueño? Caigo en la cuenta. Estoy soñando. No es real, es un sueño. ¿Verdad?

A veces no puedo distinguirlo. Como una locura transitoria.

A veces pienso en qué pasaría si estuviese muerto. Porque sentir, no hay sentimiento tras la muerte. Sólo el sufrimiento que llega antes, aquello que te demuestra que aún sigues vivo, que esto no es un sueño: el dolor.

Pero los sueños también pueden ser dolorosos.

—Lo subiré arriba —un par de brazos me sujetan, me alzan hacia arriba. Se mueven y me agarro con fuerza, al menos con la poca que tengo—, ¡vamos campeón!

No opongo resistencia alguna, por alguna razón no siento peligro alguno. Reposo la cabeza en una superficie caliente. Aspiro por la nariz con dificultad, sigue oliendo a dulce.

Tal vez sea como estar dormido. Eso me gusta, porque cuando estoy durmiendo no puedo molestar nadie, no sueño nada malo, no hay porque sentir nada, ni recordar, ni lamentar. Como si no estuviese viviendo del todo, y el tiempo pasa. Y tú no te das cuenta. Creo que si pudiese hacerlo, lo haría más a menudo.

—Buenas noches Soul —la voz termina en un pequeño susurro. Los brazos me sueltan. La oscuridad se cierne alrededor, tan sólo queda una rendija de luz, una línea vertical lejana que no alcanzo con los brazos. Escucho un maullido cercano, una bola de pelo calentita se instala en mi tripa, en mi piel.

Porque tal vez, estar muerto sea un sueño eterno. ¿Pero qué tipo de sueño? ¿Paz o pesadilla? Estar dormido y soñar, no son lo mismo.

—Buenas noches…

Entonces, no quiero morir.


Maka.

Cogí aire por la nariz como una aspiradora. Y allá vamos.

—¿Qué horas son estás de llegar? —chillaba mi padre encolerizado en el umbral de la entrada, con escupitajos incluidos.

Escondo al cachorro en mi mochila, dormita plácidamente. Al menos uno de los dos, no sufre.

Había trozos de pizza barbacoa desparramada por la mesa del salón. Acerté en algo, esa soy yo.

—Son las —observé el reloj de plástico pegado a la pared—… Las once cincuenta y siete.

—Ya sé la hora que es —se cruza de brazos. "¿para qué pregunta entonces?"—. Tarde —responde tajante, asintiendo con desespero. Técnicamente esa franja horaria no existe—. Lo que quiero saber es porqué llegas tan tarde. ¿Sabes lo preocupado que me tenías?

Había sonado como Wes Evans hace tan sólo un momento…

—¿No podías haberme avisado de adónde ibas?

"—Tú tampoco lo hiciste, cuando decidiste por tu cuenta traerme aquí por sorpresa." Si le digo eso, estoy muerta.

—Pues verás, me ha surgido un incidente —no tenía sentido engañarle, podía darle un perfecto giro inesperado a la regañina…

Con otra regañina, menos seria.

Inquieta, tras un suspiro, le muestro al cachorro agazapado en mi mochila.

Mi padre se queda atónito durante un par de segundos. Dudo en si le ha dado un ataque al corazón en el acto.

—¿¡Qué!? —grita alarmado, tirándose de los pelos.

—No tiene collar ni nada —sonrío, esquivando sus babas.

Estaría pensando que me había quedado embarazada por el Espíritu Santo de sextillizos…

—Maka, no.

—Pero papá…

Me corta con decisión.

—Ni peros ni peras —acaba de soltar una frase de madre monumental—. No quiero animales en casa, y lo sabes. Perfectamente, Maka. No —movía los brazos como si fuese el guardia de una calle peatonal. El macho alfa de la manada no quiere que el macho beta se haga con su territorio—. ¿De dónde lo has sacado? Devuélvelo ahora mismo.

—¡Pero mírale papá! Estaba abandonado en la calle…

Sujetando al perro entre las manos le hice que le mirara a los ojos, irradiaban amor-amo-mascota, y aunque a Spirit se le escaparon unos cuantos tics de dulzura durante unos segundos, el resultado fue…

—No.

Plan B:

—Pero papi, me siento muy sola desde que os divorciasteis —grito, atrayéndole. No me queda otra que mentir, al fin al cabo siempre acabo llegando al mismo sitio—… Echo de menos a mamá. Pasas mucho tiempo fuera, me dejas un vacío enorme por dentro cada vez —sollozo audazmente. Me agarro el pecho con la mano vacía, donde se encuentra el corazón. Por poco escojo el lado derecho—, cada vez que te veo marchar, papá —y eso lo había oído en una canción.

Me mira seriamente, yo le ofrezco unos ojos hinchados y tristes de cordero degollado. El perro también.

—Vale, te lo puedes quedar —suspiró derrotado. Jaque mate. El rey ha caído en mis fauces. Me merezco un premio a la mejor interpretación, gracias a la academia—... Pero no quiero que haga sus "popo" en mi alfombra —levantaba el dedo en alto. En mi nariz. "¿Qué alfombra? Si somos pobres"—... Y tú te encargaras de él, todos los días —alargó la palabra "todos". Asentí, eso no está claro del todo. El cachorro ladraba sin cesar—. Sino, a la calle.

Se refiere a mí.

—Entendido —asentí contenta, al poco de lanzar al perro adormilado por los aires. Acabaré haciendo que vomite.

Subí a mi habitación por decorar aún, le faltaba mi toque especial. Miles de fotos. Y pintarla de verde oscuro con flores y hadas raras. Entonces sería perfecta. Tenía que celebrar esto a mi modo. Rebusco por mi escritorio de madera, entre las decenas de cámaras "donadas" por Spirit y las acuarelas secas. Encuentro mi cámara Polaroid* apenas sin estrenar.

—Cachorro, a partir de ahora, yo cuidaré de ti.

Le subí a mi cama, escondiéndole entre las mantas. Él se acurrucaba recibiendo el calor de mi regazo, pensaba que si le tapaba se asfixiaría y ganaría el récord Guinnes de perder a un animal en el menor tiempo posible. Después de Lisa Simpson, claro está.

Y los dos juntos, cerramos los ojos dejándonos llevar por el sueño.

—Dulces sueños…

Hubiese estado bien que la charla y la felicidad en aumento no hubiese quedado ahí. Porque engañar a Spirit es sencillo, pero limpiar la caca apestosa que el cachorro se hizo a escondidas en su habitación por la mañana, no era para nada sencillo. Y por si fuera poco, Spirit…

La piso al levantarse.

—¡Maka! —su grito agónico se escuchó por toda la casa, y en Plutón también.

Desde luego, Soul Evans me había dejado todo el marrón. Literalmente.

Me entraron ganas de matarle por esto.


Abrí las ventanas, olía a caca de perro por toda la casa. La culpa era de Spirit por pisarla y extenderla, sólo suya.

Adormilada caminé el trayecto hacia el instituto. Bostezaba sin parar. No había dormido nada en toda la noche, el perrito no paraba de moverse y de llorar como un cerdo en el matadero, o cualquier animal que se coma en el matadero. Tendría pesadillas con Soul Evans.

No debería pensar así, me provoca nauseas.

—No te muevas de aquí hasta que venga Spirit —le ordené como toda una sargento, colocándome la coleta izquierda.

Ese ser que se hace llamar padre y yo, habíamos acordado la custodia del animal. Yo me encargaría de él todos los días del año y Spirit lo cuidaría mientras yo estuviese en el colegio. No era muy justo para mí, pero siempre acababa mangoneando a mi padre. Era mi deber. Como hija.

Hoy Spirit trabajaba escribiendo en casa, así que podía encargarse de darle de comer y limpiarle, lo debidamente bien que sabe. Según mi madre, cuando Spirit aprendió a ponerme los pañales del derecho, yo ya vestía bragas sexys con volantes, de calabaza.

—¡Guau! —me despedía él moviendo el rabo, con la lengua colgando. Cerré la puerta, saludándole con la mano.

De todos modos, le hacía algo Spirit a este perro y soy capaz de coger una noche la maquinilla de afeitar mientras él duerme, y dejarlo más calvo que el señor del Detergente: "Don Limpio."

—¡Me voy!


Suena la campana.

Apoyé la cabeza en la mesa del instituto con los ojos cerrados, con los brazos a modo de almohada. Sería fantástico si en vez de brazos tuviéramos almohadas. Se acabaron los pulgares y dedos prensiles, pero dile hola a la comodidad sin límites.

Ojalá acabase este día pronto.

Pensándolo bien, aunque cerrase los ojos no había forma de conciliar el sueño. Estuviese el perro o no, no tenía la culpa. A Spirit si puedo hacérselo, pero a él no. El problema era yo. Tenía insomnio. Me había pasado la noche entera pensando en Black Star como una tonta. Cada vez que intentaba evadir la idea, me golpeaba de lleno al mínimo despiste. Mi cerebro era un saco de boxeo, bien machacado, un trozo de jamón reseco.

Ni siquiera estaba pensando nada en concreto, sólo sentía como el corazón me iba a mil por hora. Abrí los ojos, dando un largo suspiro.

—¿Eh?

—¿Oh?

—¿Qué haces?

—¿Qué haces tú? —él fruncía el ceño, nos mirábamos el uno al otro, a los ojos—. Yo ya estaba así antes.

Soul se mantenía acurrucado entre sus brazos, de la misma forma que yo. Su pelo estaba completamente alborotado, como una marea blanca. Permanecimos así un par de minutos sin decir nada en realidad. Sólo, mirando. Sin darme cuenta.

Era como si me estuviese viendo en un espejo, ambos rojos como un tomate.

—Imbécil —susurré yo.

—Estúpida —murmuró él.

Qué tontería más absurda acababa de hacer. Me han debido hechizar o algo por el estilo.

—Sino has dormido bien, duerme en clase.

—No puedo dormirme en clase, como tú —lo quisiera o no, yo era una buena alumna—. Estaría mal.

—Ni que fuera para tanto —Soul alzaba los hombros—, es sencillo.

—Tú calla, Satán —le señalé hinchando los mofletes.

Volvió a subir los hombros, ¿qué le pasa en los hombros?

—Perdóname, Eva —sonrió maliciosamente—. ¿Qué tal está el cachorro?

Atención, atención. Porque Soul Evans está empezando una conversación, tardé en responder por el shock.

—De maravilla —aplaudí, él se sobresaltaba sin moverse un ápice—. Es más le ha gustado tanto quedarse conmigo, que se ha cagado y todo.

—¿Qué quieres? —no limpiar cacas, claramente—. Es un bebé. Haberle puesto periódicos —eso no se le pone a un "bebé"…

Había notado últimamente que Soul tenía un tic un tanto extraño, a menudo, cuando habla, enseña el colmillo izquierdo, y se lo hinca en los dientes inferiores.

—Ya lo he hecho hoy, sé cuidar de él —hablaba como una niña de cinco años a la que le han regalado a un Tamagotchi, pero estar con Soul más de un minuto y no actuar así, era prácticamente imposible.

—Lo que tú digas…

Debería estar contenta, él no podía amargarme la semana más. Porque hoy por fin era viernes. Y aunque tengo demasiado sueño como para dudar de si estoy soñando en este mismo instante, sobreviviré.

—¿Por qué huías ayer de tu hermano? —recordé, sentándome en la silla, con la cabeza en alto. Mareada, pero como las personas normales y aburridas—. ¿La liaste o qué?

Soul parecía bastante molesto por el comentario. Dio un chasquido con la lengua.

—No es de tu incumbencia —me retiró la mirada, con los ojos vidriosos.

Permanecía echado en el pupitre, escondido bajo aquella fortaleza que había creado con sus brazos.

Susurré con un mohín, observando su nuca.

—No sé para qué me molesto —"en saber más de ti, en hablar contigo."

Le imité.

Me ignoró, di un bufido de rabia. Y volvió, volvió a levantar los hombros. Perderé toda esperanza con él. Aunque al menos hoy no me había llamado cierta palabra porcina de la cual no quiero acordarme. Ojalá se olvidase de ello pronto.

Ojalá.

—¡Sentaos bien, vamos a empezar la clase!


Para mi mala fortuna, dirigí la vista a la puerta de la entrada. Y allí estaba Medusa, tarde, pero siempre llega. Como los orgasmos femeninos de una mujer. No estaría bien decir que ella lo es, es más bien un grano en el culo. Pica, molesta, y nunca se va del todo.

De repente, fija la mirada en mí, en todo de mí, y produce un sonido amenazador con la garganta. Me crispo. En verdad comienzo a pensar que sabe leer mentes.

—¡Mara! ¿Qué haces en ese sitio aún? —da un golpe en la mesa con el periódico diario enrollado en forma de churro—. ¿Y el desastre de Star? —pregunta en tono amenazante, se acerca rauda y veloz como un tranvía con tacones de aguja negros—. Habla…

Juraría que una lengua de serpiente seseaba por su boca.

—¿No se estará escapando otra vez de mi clase? —achina la vista, parece asiática. Una asiática vieja y rubia.

"Bienvenida al club, profe."

—Díselo antes de que se enfade más —Tsubaki se acercaba tras mi espalda, hablando con los dientes bien apretados—… Corre.

"—Pues en su casa, regáñele a él. No a mí."

—Pu-Pues… Aún no se habrá recuperado —"porque aquí no está, como habrá podido comprobar, y usted está ciega de capirote".

—¿Sigue enfermo? —preguntó con una mueca en los labios—. Qué raro… Mala hierba, nunca muere —es una psicópata—. Mara, recuerda que tú y Evans tenéis una reunión con el señor Shinigami la semana que viene —señaló contenta. Se me había olvidado por completo—... Traed a vuestros padres o tutores legales —le daba un trago a su amargo café oscuro, entre bufidos.

Y mi padre, ahora sí que me echará de casa, pero de verdad, si es que sigo con vida para entonces.

—Y no faltéis —se limpiaba el bigote con su lengua viperina…

¿Es que todo lo que tenía que decir, ha de hacerlo como si quisiera matarte en ese instante? Yo estaba sudando por todos mis poros, erguida como una barra de hierro.

Daba otro golpe con el periódico. Asustándome. Pero esta vez en la mesa de Soul.

—¡Y tú! —chilla en el oído de Soul Evans, él se despierta de su siesta matutina de primera hora, y juntos, se miran a los ojos, penetrándose por dentro él uno al otro. Soul Evans parece el diablo recién levantado, pelos de loco incluidos. Psicópata contra psicópata. Hasta que finalmente, Medusa se retira con cautela, un poco de su café cae al suelo—. Puedes seguir con lo que estabas haciendo —le quita importancia, y se marcha hacia la pizarra.

¿Cómo? Hincho mis mejillas de aire rabioso. "Qué envidia…"

Gana psicópata albino.

—Que morro —susurré, él me oyó, en un espasmo, giró la cabeza sin levantarla del sitio. Y me mató con la mirada.

Empecé a silbar. Y él volvió a esconderse. Es como una tortuguita. Me reí de forma absurda, casualmente los demás estaban en silencio, cosa que suele pasar cada dos mil millones de milenios en una clase, como si se tratase de un agujero negro. Todos me oyeron.

—Bien —Medusa acalló las risas, me escondí tras el libro de lengua—, pequeños futuros freidores de patatas del DeathDonald's. Hoy daremos el acento diacrítico en palabras cómo: "¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué?" —vuelta a la rutina—. Seré directa, si puede llevar un "cojones" detrás, es que seguro que lleva tilde.

¿Qué?

Lo ha sido.

—Vamos pollos vagos, ¡apuntad! —esto va a matarme, saqué una hoja. Y Soul Evans seguía acostado—. Esto caerá en el examen…


La hora de comer llegó tras una larga mañana en ayunas, el perro daba mucho trabajo, ni siquiera había podido desayunar como es debido. Tenía que habérmelo pensado mucho antes.

—¿Qué tal la mañana Maka? —Tsubaki me preguntaba mientras comíamos sobre su mesa.

—Bueno —me levanté el flequillo de un soplido—, no es que el señor gruñón de mucha conversación, la verdad…

Ella se reía. Le hace gracia mi sufrimiento, es normal.

—¿Ah sí? —se llevaba la comida a la boca lentamente, con elegancia, como un cisne; eso le sobraba. Me podría dar un poco—. Bueno, yo soy nueva este año también, sólo que bueno, llegué tres meses antes que tú —le saqué la lengua.

Bueno, bueno.

—Ósea, que te alegras porque yo he pasado a ser la nueva y tú estás libre de pecado concedido —señalé con los palillos, mostrando unos ojos achinados.

Puedo imitar a Medusa, pero nunca daré tanto miedo como ella. Es imposible.

—Exacto —asintió sin ningún pudor ni remordimiento—. Y has sonado como un cura.

—Es un don, nena —me levanté una coleta como en los anuncios de champú. Sonriendo de lado a lado. A ella por poco se le escapa el agua de los labios, riendo en silencio—… De todas formas, no sé porque le caigo tan mal. Es mi vecino. No es como si quisiese caerle bien a todo el mundo, sé que no puedo pero… Bueno sí, es eso.

Hay que ser sincero, ella lo es. De verdad que no paraba de carcajearse en silencio. Al menos alguien se lo pasaba bien.

—Lo siento —se disculpaba, juntando ambas manos—… Sabes, creo que eres una buena persona —sonrió, formando un par de hoyuelos en sus mejillas. Me señalaba con los palillos, imitándome.

—Si tú lo dices —jugaba con mi comida, suspirando sin cese…

Cenando el otro día en casa de Black Star, me trajo mucha nostalgia de mi infancia en Japón. Por eso hoy decidí prepararme algo típico.

Soy fácil de engatusar.

—Y en cuanto a Soul —se llevó un dedo al mentón—, vino casi al mismo tiempo que tú este año, nunca he hablado con él, pero, parece que todo el mundo lo conoce, aunque nadie comenta nunca nada de ello.

—Ah…

Observé el asiento de Soul vacío. Siempre que sonaba el timbre salía el primero por la puerta. ¿A dónde iría, y por qué me importa? Tsubaki me miraba, se dio cuenta.

—Yo no sé mucho sobre él, pero sé quién te puede iluminar —golpeó su mano con el puño, cerrando su tartera. ¿Y luego soy yo el cura? Somos un par de monjas de clausura.

No. Alcé la vista. ¿Desde cuándo somos detectives?

Tsubaki me agarró del brazo, arrastrándome hacia la mesa de al lado. Comenzó a presentarme a un par de chicas de cabello dorado.

—Maka, ellas son las hermanas Thompson. Está es Liz. Y ella es su hermana-

—¡Yo soy Patty! —se levantaba del asiento la rubia más bajita e inocente, tirando la silla al suelo de tal velocidad. Zarandeó mi brazo pillándome por banda.

Tenía un lápiz sobre el labio superior…

—Encantada soy-

—Maka, lo sabemos —la rubia más alta decía sin apenas dirigirme la vista, se limaba las uñas, entretenida.

—¿Eh?

Amables no sé, pero son buenas en saber cortar a la gente a mitad de frase.

—¿Te gusta el Origami? —la pequeña hermana daba saltitos en el sitio.

—¿Qué? —fruncí el entrecejo—. Supongo…

—¿Y las jirafas? —se acercó demasiado, sentí su aliento en la nuca.

Hablaba seriamente, mirándome a los ojos.

—Sí, sí también.

—Hm… Vale, a mí ya me cae bien —le quitaba importancia, dándome un amistoso y brutal manotazo en la espalda. Reía sin parar.

—A mí tú, también —dije sincera y llanamente.

"Pues no ha sido muy difícil."

Parecía estar loca, pero, ¿quién no lo está aquí?

Recordé aquella frase que Black Star me dijo el primer día de instituto: "Sabes Maka, aquí en Death City todos estamos un poco locos. Ten cuidado o puedes contagiarte."

¿Por qué ese chico no se me iba de la cabeza? Me golpeé las mejillas con ambas manos.

—Calla Patty. No digas tonterías.

Ya decía yo que era un sueño demasiado bonito…

—Liz —Tsubaki pronunciaba—, Maka quería saber alguna cosa sobre Soul Evans —sonrió, pasándome un brazo sobre los hombros.

Que oportuna era Tsubaki… ¿No?

—No —negué nerviosa—, la verdad es que yo no-

—¿Sobre Soul? ¿Por qué? ¿Te gusta o algo? —preguntó disparada, lazando la lima de uñas con estampado de piel de leopardo.

Menuda capacidad de cotilleo. Es una maestra. Me deja con la boca abierta.

"¿O algo? ¿Qué es o algo?"

—¿Te pone? —dijo maliciosa.

"Será eso."

—Bueno, si es por eso —se llevó un dedo a los labios—… Haré una buena causa.

Ni siquiera la he contestado.

—Aléjate de él —su semblante se volvió serio como una estatua de bronce—. Olvídalo.

—¿Eh?

—Cuidado con mi hermana Maka —Patty me susurraba en el oído. "¡Se sabe mi nombre!"—, se cree profeta.

—Tú calla —la lanzaba la lima de uñas, la hermana pequeña huía—. Le he dicho lo mejor que puede hacer.

Tsubaki sonreía intranquila.

—¿Por qué dices eso? —me atreví a preguntar. Cogí una silla, sentándome frente a su pupitre de madera. Tsubaki se sentaba en el borde.

—¿Cómo que por qué? —preguntó, ironizando. Realmente extrañada—. Desde luego no sabéis nada.

Tsubaki y yo nos miramos confusas: ¿por qué cree sino que le hemos preguntado?

—No es de fiar —dirigió la mirada al suelo, con tristeza. Iba a romper la lima—. Y nadie está a su alcance —desvió la mirada tan sólo un segundo, hacia una chica de pelo rosa chillón, sentada sobre la mesa anti gérmenes infantiles de Medusa Gorgon…

Esperé, y temiendo que no seguía pregunté por mi cuenta, pero Tsubaki se me adelantó. Estaba más interesada que yo, o eran imaginaciones mías…

—¿Y?

—Y punto —respondió tajante, buscando algo en su mochila de piel.

Levanté una ceja. Parecía escondernos algo, que yo no entendía. Si era tan reacia a ello, mejor no seguir insistiendo. Mejor no haber preguntado.

—De acuerdo —puse unos morros de pez globo—. Tú mandas.

Solté. Tsubaki frunció sus cejas morenas y perfiladas, suspirante.

Liz se sorprendió en el acto, saliéndose de la línea con una barra de labios, con la que se estaba pintando. Patty aparecía por detrás, abrazando a su hermana mayor. Patty tenía unos enormes pechos. A diferencia de Liz, tenemos algo en común.

—Te dije que nos caería bien —sonrió abiertamente, con unos dientes blancos y bien colocados. Te cegaba con sus sonrisas alegre—, ¿o no te lo dije?

—Cállate Patty —Liz Thompson murmuraba, dibujándome con la mirada—… Tal vez.


Llega mi hora de clase preferida. Para que engañarnos, la única que me gusta en todo el mundo. Me encanta leer, pero sólo lo que a mí me gusta.

—Sacad una hoja, ¡vamos a dibujar! —Medusa chilla, colocando a mala idea unas frutas de mentira sobre un cuenco granate y robusto.

Todavía no había llegado nuestra profesora de artes y música al colegio. Según había oído por Liz y Patty, andaba de año sabático por la India para encontrarse a sí misma, ayudar a los necesitados o quien sabe por qué.

—No quiero Dalís, ni Picassos ni huevos en vinagre —Medusa comenzaba uno de sus soliloquios, paseándose por la clase. Me miraba a mí más que a nadie—. Dejad la imaginación para vuestros momentos sucios de juventud —ella entiende—, ahora, haced un retrato de esto —señaló el cuenco con frutas—. Patty, no quiero Origami esta vez, avisada quedas.

—Sííí —Patty asentía, soltando un suspiro lastimero. Susurró en voz baja, para que Medusa no la oyese—. Bruja, lo haré de plastilina —río maquiavélicamente, es mi héroe…

A eso se le llama animar al personal

Medusa se dirigió a su mesa, para leer una revista que habría robado de la biblioteca. Se llevaba el bolígrafo a la lengua, lamiéndolo. Y apuntaba en el papel. "¿Estará haciendo un sudoku?"

Claro que, para ella eso sería muy sencillo. ¿Cómo podría ella volver a sus estúpidos asuntos sin antes amargar la vida de sus pobres alumnos un poco más?

Pues lo hizo, e hizo juntar las mesas. El señor Gruñón y yo estamos teniendo una agradable velada. Mientras yo dibujo él duerme. Es divertidísimo.

—Ts —le llamé con el codo, no respondía. Más fuerte—. ¡Tsss!

—Déjame estúpida —dijo alto y claro mientras le movía como un peso muerto.

Tenía los brazos a modo de almohada, cubriéndose la cabeza, bostezaba. Observó las frutas desde su posición, achinando los ojos.

—¿Otra vez es la hora de comer?

—Estamos en arte —fruncí el ceño—, imbécil.

—Wow —murmuro levantando las cejas, y volvió descansar la cabeza entre los brazos cubiertos por su chaqueta.

Me asusté, por un momento le vi sonreír. Habrán sido imaginaciones mías. "Malas, imaginaciones malas."

Malas, porque me daba la sensación de que no paraba de observarme. Durante media hora. Pero no era una imaginación, de nuevo me estaba mirando. Como un niño con caries a un pastel desde un mostrador. Me estaba poniendo de los nervios, el lapicero tembló en mi mano derecha, tuve que borrar un par de líneas, enrojecida como un tomate.

—¿Podrías dejar de hacer eso? —pregunté en un ruego esperanzador, manteniendo la sonrisa.

"Si quiera guerra, la va a tener."

—¿El qué? —preguntó curioso, apoyando la mejilla en la palma de la mano, y los codos sobre la mesa. Le mandé señales de alerta con la mirada, apretando los dientes. Hasta que finalmente cayó en la cuenta como el conejo en la trampa—. Oh, lo siento —se disculpó sonrojando, retirando la mirada.

"No quiere guerra, jo."

—¿Qué has…? Déjalo.

Alzó una ceja albina, esperando una respuesta. Viendo que no llegaba por mi parte, dirigió la vista al papel con aborrecimiento. Está rarísimo...

—¿Por qué no haces algo? —de un toque con la mano, le pase un lápiz.

—No sé dibujar —dijo con la boca pequeña.

—Nadie nace sabiendo.

—¿Qué eres, experta en obviedades y refranes?

—Perdone usted —ironicé, soltando el aire por la nariz como un toro furioso—. A mí me encanta.

—Perdonada —se dispuso a mirar el techo de la clase, echado en el respaldo de la silla.

—Inténtalo al menos —le regañé—. Te pondrá un cero —otra vez.

—Vale —alargó la palabra. Recogió lentamente el lápiz con los dedos, y dibujó una línea en medio de la nada. Una línea torcida—. Ya está —sonrió de forma macabra e irónica, rodando los ojos—. Uh. Arte.

—No te burles —hinché las mejillas, haciendo las sombras de una manzana roja…

—¿Qué sentido tiene? —dijo con total seriedad, entristecido.

Arrugué el entrecejo, "¿a qué se refería?" Exactamente.

Soul Evans suspiró, levantándose el flequillo. Observó por última vez como pintaba e hizo de su papel una madeja. Sin mirar siquiera, la tiró encestando en la angosta papelera; en la otra punta de la clase.

—¿Cómo has? —fui a preguntar asombrada, pero él ya estaba durmiendo, apoyando el mentón entre sus brazos—Ah —suspiré derrotada, terminando el retrato…

Tras un corto rato, y con la cabeza escondida entre las mangas de la chaqueta, oí decirle suavemente a mi lado:

—Dibujas bien...


La campana que indicaba el fin de la clase, sonó de una vez por todas, ensordeciendo toda alma presente. Es mi nuevo amor platónico. El segundo al menos.

—De acuerdo, vándalos. Podéis iros —ha dicho las palabras mágicas, golpeando una regla en la mesa—. El lunes no estaré aquí —como si hubiese oído la dulce voz de un ángel caído del cielo, o fuese el último día de clase y pudiese tirar los libros de texto por encima de mi cabeza, ese sentimiento de libertad nació en mí, y en mis compañeros también—, tengo asuntos que atender. Vendrá una —comenzó a toser—… Viuda negra —abandonó la tos—… Sustituta.

Todo el mundo se alegraba.

Por eso ella nos había recordado la charla con el director. Para hacernos sufrir en su ausencia bendita. Ahora lo entiendo.

—Maaaaaaaa —un chico gritaba mi nombre, acercándose—, kaaaaaaaaa. ¿Te vienes a ver a Black Star? —Kilik me pregunta apoyado en mi pupitre—. Vamos a ir todos.

—Yo tengo que ir de compras, decidle que se mejore de mi parte a ese cría cuervos —Liz comentaba en el sitio de Tsubaki, pintándose las uñas.

¿Cría cuervos?

—Liz, ¿desde cuándo te llamas Maka? —Kilik rueda los ojos.

—No puedo responder, no están secas —sonríe lujuriosa. Zarandeando la palma derecha.

Tsubaki recoge su mochila con rapidez, y me da un toque en el hombro.

—Claro —alcé ambos hombros, asintiendo—. Me apunto.

Él asiente contento, tocando velozmente una batería invisible en la preciada mesa de Black Star. No tenía chicles pegados, pero estaba llena de garabatos, letras pequeñas y frases de canciones sin sentido:

"And now all I do is sit"
"In my darkened room"
"And on occasion break my silence"
"To howl at the moon…"

"Imma star!"

"Alpha dog and oh-oh-omegalomeniac-ac-ac!"

"Alpha dog and oh-oh-omega-mega-lo!"

Le deben de gustar los lobos, el universo y él mismo. Es bueno saberlo.

—¡Os veo abajo! —Kilik se dirige a la salida, dando saltos junto a otros chicos—. ¡Viernes!

Sonrío, parece que acaba de salir de un anuncio de crema para las hemorroides, cada uno con su tema. Tsubaki se adelanta hacia la pizarra. Y Liz y Patty salen juntas por la puerta de clase. Una quiere salir antes que la otra, se quedan atascadas por un momento.

Guardando los libros en mi bolso de cuero, observo el pupitre de al lado. Y para no variar Evans no está, siempre sale el primero. Se me ocurre una idea disparatada.

"¿Tiene acaso un petardo en el culo que se recarga mientras duerme?"

No, esa no.

Tsubaki termina de borrar la pizarra, se quita el polvo de las manos sacudiéndose y bajamos las escaleras hasta llegar a la salida principal del colegio.


Una vez abajo, nos esperaban en la puerta Kilik, pasando el brazo por encima de los hombros de Harvar contándole no sé qué tontería que había hecho con una chica; junto con Patty Thompson haciendo tonterías. Ella corre hasta nosotras, cogiéndonos de las manos, comienza a dar saltitos.

—¿Venís también a ver cómo está el señor erizo? —sonríe de oreja a oreja.

Asentimos con los labios pegados. "¿Señor Erizo?"

—¡Ataque sorpresa!

Patty se lanza como un chimpancé sobre las espaldas de Kilik y Harvar. Caían los tres al suelo.

—¡Patty! —la regañan los dos chicos al unísono. Persiguiéndola.

Tsubaki y yo empezamos a reírnos, me sujeto el estómago con ambos brazos, me duele el bazo.

Rozándome por tan sólo un segundo, Soul Evans aparece a cámara lenta en mi flanco izquierdo. Nuestras pupilas se juntan, hasta que él baja la mirada al suelo, recorriendo la calle contraria.

Intento decirle algo, pero al abrir la boca lo único que consigo es coger aire. "¿Palabras? ¿Qué es eso? Yo no lo uso nunca." Observo a mis compañeros, corriendo me alejo, atreviéndome a decir:

—¡Adelantaos! —grito ayudándome de las manos—. Ahora voy.

—Vale —Harvar responde en un chillido, mientras dados la vuelta, todos se van marchando—, no tardes.

La risa de Patty se escucha a lo lejos. Es inconfundible.

—¿Tsubaki?

—Te espero —sonrió con los ojos cerrados, esperándome.

Su sonrisa me marcó por dentro. Como si alguien hubiese encendido una estufa dentro de mi cuerpo que me daba una calidez asombrosa.

—¡Soul! —le atrapé, jadeante. Qué rápido es—. ¡Evans Gruñón! —le chillé a la espalda, llegando hasta él. Y por extraño que parezca, me contestó.

Eso de los motes funciona.

—¿Qué quieres? —respondió con esa voz apagada y lúgubre. Guardó las manos en los bolsillos, con cansancio.

Ahí va la idea:

—¿Vienes a ver a Black Star? —pregunté sonriente, rezándole con ambas manos. Sudando también—. Bueno, no pasa nada —él levantó una ceja, ladeando la cabeza juntó ambos labios—, sé que no os lleváis muy bien pero como era tu amigo y eso pensé que…

—Voy.

—Ya sé que vas a decir que no, pero…

—Que voy —me golpeó con suavidad en la frente. Con los nudillos—, sorda.

—Estaría muy bien de tu parte y, —continué mi monólogo…

—Joder —él tomó camino a través, justo por donde yo había venido; dándome un golpecito en el hombro, rozándome…

Llegó hasta Tsubaki, deteniéndose lentamente. Esperándome.

Había oído bien entonces. "¿De verdad que no estoy soñando?"

—Hola —la comisura de sus labios se alzaron.

—Hm —Soul asintió parpadeante, con la mirada tranquila.

Empezaron a caminar.

—¡Eh! ¡Esperad! —corrí lo más rápido que pude hacia ellos.


—¿Era por aquí? —pregunté en un susurro con la ceja alzada.

—Que yo recuerde no —Tsubaki observaba confundida.

—Me sé un atajo —Soul murmuró antes de que comenzásemos a cavilar.

Pero aun así lo hicimos.

Tsubaki y yo nos miramos de nuevo, nuestro contacto telepático de mujer, ese sexto sentido del que todos presumen que tenemos, se agudizó.

"—¿Nos fiamos de él?"

"—No nos queda otra, además, somos dos contra uno."

"—¡Es cierto! Y si trama algo, podemos darle un combo-bolsazo."

—Os estoy oyendo, si queréis id por otro camino —Soul habló con voz grave, mirándonos de costado con desilusión.

—No, no importa, te seguimos —asentimos demasiado nerviosas. Creo que ninguna de las dos sabemos cómo ir del todo, exactamente— Perdón…

Estábamos hablando en voz alta…

Él gruñó, echando la cabeza hacia atrás. Posicionándose delante de nosotras.

—Oye Maka, ¿crees que esto es buena idea?

—Sí, sé lo que me vas a decir —cerré los ojos, decidida—. Liz nos ha dicho que nos alejemos de él pero…

—Al cuerno, ella no está aquí ahora —guiñó un ojo, dirigiendo la vista a Soul, sonrojada—. Lo decía por —se calló por un instante—... No importa —marcó una sonrisa agraciada.

De verdad parecía que le gustase. De verdad.

Abrí los ojos impresionada. La aplaudí.

—Alucinante —ella levantó la cabeza, orgullosa.

—Os sigo oyendo —Soul murmuró con seriedad, asustándonos.

Nos abrazamos arrolladas y no sólo por el frío, siguiendo los astutos y rápidos pasos de aquel Gruñón, a casa de Blancanieves, digo Black Star.

Pensé, no pasará nada malo, ¿verdad? Tal vez le haría ilusión, y así se pondría mejor antes. Estoy haciendo una buena acción. Si iba a acabar mal, ¿por qué él no hubiese dicho no?

"Si le cae mal, ¿por qué se sienta junto a él?"

"Black Star vive cerca de la estación de tren."

"No hables así de Soul, Soul no da miedo..."

"Sabes, Black Star nació con problemas en el pulmón, tiene asma desde que nació. Dile de mi parte, que es imbécil."

"Que voy, sorda"

Nadie se tira a un río para salvar a su mayor enemigo.

Observo con detenimiento la cara alicaída de Soul.

Me pregunto que pasó, entre estos dos…


Espacio Beru*:

En Globalización, quiero responder a esa pregunta (que sí, lleváis toda la razón, yo os comprendo bellezas) de "¿Si es un SoulXMaka qué hace Maka con Black Star?" ("Ámos pa allá". Melendi Style.) Sweet Dreams a diferencia de los demás fics que tengo y los que tengo planeados, es un (Hablando en manga… Soñando en anime.) "Shojo tirando a psicológico". (Olé yo, y mis explanations, ou em gi.)

¿Qué quiere decir? Que es largo, y será largo. (Para "jartarse".) No lleva una aventura en sí, ni un número de capítulos fijos. (Es como una telenovela, pero peor. Sí, soy tu abuela.) El final ya está escrito, el borrador de todo lo que va a pasar ya está en el horno, pero lo que pase entre esos puntos fijos de la historia no; pueden pasar cosas "mundanas" del día a día.

Cosas divertidas, o tristes, o románticas. (This is Sparta! No, this is Patrick! No, this is La Biblia!) Toda historia que se precie tiene que tener puntos fuertes, puntos de enlace unos con otros, que indiquen hacia dónde va la trama, pero sin chicha (¡Chorizo!) ¡sin chicha no hay historia! (Sin tele y sin cerveza, Homer pierde la cabeza.) "Ni hay ná." Yo no voy poniendo detalles, o palabras sueltas porque sí. (I'M A WITCH! Este año empiezo en Hogwarts… Como lechuza. A ver qué tal, ya os iré contando, tralarí tralará…)

… (Risa del mal.) I LOVE IT.


Me encantan vuestros comentarios, (¡Tengo que responder lo sé, no me matéis todavía, tengo un perro al que alimentar!) no os voy a engañar, sea bueno o sea malo, o incluso me ayude a mejorar. Muchas gracias por estar ahí, y darme un minuto de vuestro tiempo. (Moraleja: No os fíes de nada, de lo que salga en Sweet Dreams, ni de lo que la loca de la autora diga, muajá.) Y sí, sé que os apetece tomar tortitas, ¡AJAJAJAJA JAJA!

El próximo Fic que planeo subir será Sinnerman, que le tengo "abandonaito" al pobre, lo seguiré, menos a menudo, pero lo seguiré.

"Arigato tomodachi."


Y nada, como siempre:

Nos vemos en el próximo capítulo de Sweet Dreams.

Capítulo 11.

Casas de muñecas. Segunda parte.


¿Qué monstruo es el que mejor os cae?

A mí me encanta Goofy, es un pasote… (¿Cómo que no es monstruo? Pero si era mitad perro, mitad conejo y 99% idiotez, es muy probable que… Oye, ¡oye!)

Pero el peor de todos sin duda, es el lector… (Deep inside…) Que no deja review. ¡Monstruo! (And cry, cry, cry…)