Rating: M
Género: Action/Romance
Pareja: Haou Juudai x Johan Andersen
Tema/Capítulo: 10. Death / Muerte.
Cuando Johan consiguió poner todas sus ideas en orden y dejar de mirarse como hipnotizado en el espejo, con esos extraños ojos suyos recorrió la habitación buscando sus pertenencias, recogiéndolas conforme iban siendo localizadas. ¿Qué demonios estaban pensando? ¡Atacando sólo echarían a perder el plan! Tenía que apresurarse, debía sacarlos a todos de ahí, a todos los que fuese posible y rogar porque nadie fuese capturado o muerto. Aquella estupidez sería muy difícil de reparar, si no es que imposible. Todas las almas que Haou necesitaba para crear super fusion estaban ahí y sólo bastaba con que se uniera a la Batalla para que todo estuviese perdido. ¿Así que... ir con Haou o con sus amigos? ¿Qué era más urgente? ¿Detener los planes inmediatos del inicio de la guerra o el peligro futuro de Yubel?
Patinó por los escalones sin cuidado alguno, deslizándose por ellos varias veces, sin importarle realmente si llegaba o no a resbalarse. Seguían oyéndose ruidos por todas partes, cañonazos que indicaban que había intrusos, gritos, tanto conocidos como desconocidos, así como también humo y polvo llenando el ambiente. ¿Dónde estaba Haou? ¿Dónde estaban los rebeldes? ¿Habrían logrado llegar hasta el Castillo o permanecían afuera? ¡Endemoniado Haou, que había construido una edificación tan extensa! ¡No llegaría a tiempo para salvar a muchos si él ya estaba entre las filas de los defensores!
Una vez llegó al piso donde estaban las habitaciones del resto de los Generales del Ejército, se dio cuenta de que muchos de ellos ya no estaban allí y un escalofrío recorrió su espalda, pues el único que yacía ahí era Silver y nadie más. Silver, el más inepto de todos.
—¿Qué demonios ha sucedido? —preguntó, echándose el cabello hacia atrás en un gesto de desesperación—. ¿Dónde están los rebeldes? ¿Dónde están todos?
—¡Lo capturaron! ¡Capturaron a Gold! Están peleando en la entrada del Castillo, Haou-sama se dirigirá ahí una vez termine los preparativos de su ritual, me ha pedido que te ordene captures a cuantos rebeldes puedas —el monstruo se dio la vuelta para echar a andar hacia el salón principal, donde sin duda se estarían llevando a cabo los rituales para la resurrección de Yubel, diciéndole claramente con la vista: 'Si no vas te daré por traidor...'
¿Y cómo quería que se quedara tan tranquilo cuando Yubel estaba a punto de ser convocada y los mundos unificados? ¡Nisiquiera estaba seguro de lo que eso significaba! Podrían todos desaparecer o no... Tenía que ver a O'Brien, Jim, Ryo y Edo antes de decidir. La guerra ya parecía inevitable.
Cuando logró llegar a las puertas del edificio comprobó que lo que Silver le había dicho era cierto: el resto de los Generales sostenían arduas Batallas contra algunos aldeanos bastante habilidosos, entre ellos uno de cabello negro y ojos grises, quien tenía acorralado a Baou y a quien nunca había visto jamás, pero que según sus ropas pertenecía a la Aldea Topacio. También había una chica rubia peleando contra unos guardias y otro moreno cuyos dinosaurios aplastaban a cualquiera que se cruzara en su camino. El Ejército parecía fuerte, ¿pero qué tanto?
A su alrededor se alzaban discos de duelo y se oían gritos anunciando el comienzo de nuevas batallas, pero él no pensaba involucrarse en una antes de saber dónde estaban las mentes maestras de aquél plan, sus amigos. Localizó a Ryo haciendo trizas a una Harpy Lady bastante vanidosa unos cuantos minutos y metros más allá de él. Parecía exhausto, pero en sus ojos se veía la determinación. No por nada lo llamaban Hell Kaiser, ése que aguantaba hasta el más profundo de los dolores con tal de ganar.
—¡Ryo! —gritó y entre la confusión de la batalla, sólo algunos pudieron escucharlo. El joven le dirigió una mirada sorprendida y despectiva antes de alzar su disco de duelo contra él—. ¿Qué haces? ¡Soy yo, Johan!
—¡Sí, un traidor! —corroboró Edo, quien también había terminado con su oponente y se dirigía al parecer a darle refuerzos a Ryo—. ¡Déjamelo a mí, Ryo!
El aludido negó con la cabeza, sin dejar de apartar su vista fría y colérica de su objetivo. ¿Cómo habían sido tan tontos? ¿Por qué se habían dejado engañar por la marioneta de Haou? ¡Qué imbéciles! Sólo una estrategia sorpresa y suicida podría ayudarlos, de otro modo, el traidor le hubiera contado -al Rey- de sus planes. Si no es que ya estaba del todo enterado.
—¿Por qué me llamas traidor? —cuestionó Johan, pensando que fingir demencia era la mejor opción. Que él supiera -y sabía bastante más de ambos bandos que nadie-, todavía seguía siendo de confianza para cualquiera que lo viera, fuese enemigo o aliado de Haou.
—No seas modesto —se quejó Ryo con la voz monótona, mientras analizaba el campo de batalla a su alrededor—. ¿O acaso el crédito de ser el -amante- del Rey no es tuyo?
Oh, no. Estaba terminado, aniquilado. Lo sabían. ¿Pero cómo? Después de lo que había pasado algunas cuantas horas atrás no podía decir que lo era en contra de su voluntad, aunque en un principio había sido obligado a gustar de eso. ¿Qué hacer? ¿Qué decir?
—¡Háganse a un lado, inútiles! —bramó Brron a sus espaldas, blandiendo algo enorme que él no podía reconocer—. ¿Creen que seremos tan honestos como para sólo pelear en duelos? ¡Ilusos! ¡Mueran y conviértanse en el sacrificio para revivir a nuestra señora!
Se oyó un grito desgarrador proveniente de donde Brron estaba y luego se dieron cuenta de que había matado a alguien usando una espada, porque cuando la niebla se disipó un mar de sangre yacía a sus pies, pero no había cuerpo alguno y la brillante arma estaba opaca debido a que un líquido rojizo y pegajoso la cubría. El pánico se extendió como pólvora al ver dicha arma. Muy pocos llevaban consigo ese tipo de cosas, si los demás generales y soldados seguían su ejemplo estarían acabados.
—¿Qué demonios crees que haces? —gritó Johan fuera de sus casillas, olvidándose instantáneamente de Ryo y los demás. Aquello era bajo, sucio y humillante, incluso para el Ejército de Haou.
—¿Quieres morir tú también? —inquirió el monstruo, avanzando con resolución y malicia hasta el muchacho, quien posó su mano rápidamente sobre su deck y disco de duelos—. No seas ridículo, a estas alturas no mataría a un traidor como tú en un duelo. Mereces morir sucia y dolorosamente como el traidor que eres.
Todo mundo lo llamaba traidor. Y él estaba seguro de que lo era, pero, ¿a quién estaba traicionando? No estaba seguro. Sus sentimientos le pedían, no, le exigían ayudar a la gente que peleaba a su alrededor, pero su instinto de supervivencia le aconsejaba seguir a Haou. ¿A quién debía seguir? ¿Por qué siempre estaba tan indeciso?
El certero disparo de O'Brien lo sacó de sus cavilaciones, había dado en la espada del monstruo, la cual había volado varios metros más allá para después ser recogida por un rebelde, dejándolo completamente indefenso.
—¿Entonces vamos al duelo?
Johan preparó su disco, encendiéndolo.
—Es mi turno, robo.
Fin del capítulo.
Notas de la Autora: La principal razón por la cual este capítulo es tan corto es porque en el siguiente escribiré un duelo, sé no diré bastante, pero si mucho de cartas y trataré de construir un deck para Brron que sea atractivo y a la vez, que finalice la misión que Johan se planteó desde hace muchos capítulos, que es terminar con él. Después, quién sabe. Que esté peleando con Brron no necesariamente significa que apoya a los rebeldes y viceversa, ahora mismo está actuando por y para su beneficio, pero veamos si eso cambia en el siguiente. Tengo que escribir muchos duelos, pero antes necesito investigar un poco unas cartas de las cuales tengo duda, prometo que el capítulo del Lunes será extenso y esclarecedor, por lo mientras es todo.
Espero sus críticas, comentarios, sugerencias o lo que quieran decirme con muchas ansias.
Ya están arriba los nuevos caps de los fics que siempre actualizo por si quieren pasarse a leerlos :3.
Gracias por leer y comentar.
Ja ne!
