Capítulo beteado por Patto Moleres, Betas FFAD.
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Capítulo 9: Obstáculo
Eran las dos de la mañana cuando James regresó a su casa. Esa noche, había un fuerte diluvio cuando salió de uno de esos eventos clandestinos que su compañía preparaba para exponer sus "artículos de venta y alquiler", lo cual retrasó su llegada a su mansión. Por primera vez en su vida, el trabajo no representaba una prioridad. El hecho que Bella le propusiera el divorcio lo estaba atormentando a tal grado que estaba dispuesto a descuartizar a Jane delante de ella, para demostrarle que lo que sentía por su amante era pasajero y sin importancia.
El enorme recibidor estaba a oscuras. Tenues ráfagas de luz provenientes de los relámpagos iluminaban la estancia a través de los enormes ventanales. Estaba acostumbrado a la lobreguez de su casa a esas horas de la noche.
Subió las escaleras hacia su habitación. Entró en el aposento y se detuvo en la puerta, como se lo esperaba, Bella no estaba allí. Después de su reciente disputa y que ella lo haya visto fornicando con Jane, era lógico pensar que no quisiera compartir la alcoba con él. Sin dar un paso dentro del dormitorio, se fue en su búsqueda por las habitaciones de huéspedes, pero sin ningún resultado.
—¿Dónde rayos te metiste?
En ese momento una idea vagó por su mente y le hizo recordar las últimas crueles palabras que empleó antes de marcharse. La imagen del rostro alarmado de Bella al escucharlo decir aquello perforó sus pensamientos. Se dirigió de vuelta a su habitación temiendo lo peor. Abrió el enorme armario, desordenó los compartimientos de la cómoda y los anaqueles comprobando sus sospechas: gran parte de la ropa de su esposa no estaba, ella se había ido.
James lanzó una enorme maldición, perdió el control de su temperamento y comenzó a hacer un caos en toda la habitación, destrozando todo lo que pudo y despertando a las personas del servicio con el enorme alboroto que estaba haciendo.
—¡Te voy a encontrar y lamentarás con tu vida haberme abandonado! —gruñó mientras lanzaba un retrato de Bella contra la pared haciéndolo añicos.
Bella estaba de pie en el porche de la casa de Edward protegiéndose de la tormenta. Estaba exhausta, hambrienta, mojada y llevaba consigo una pesada maleta que también había sido víctima de la fuerte lluvia.
Después de que James saliera de la casa, ella no dudó en aprovechar ese momento para huir de allí. Empacó rápidamente todo lo que le pudo caber en una maleta y esperó a que todos los del servicio se retiraran, rezando para que James no regresara antes y que le diera tiempo de escapar.
Tomó un taxi hasta una estación de buses y tomó un autobús que la dejó a unas tres cuadras de la casa de Edward, no quería que nadie supiera a dónde iría realmente, así que prefirió caminar desde allí a pesar de la lluvia y la oscuridad.
Había decidido acudir a Edward por dos razones: él era la única persona en la que podía confiar en estos momentos, y segundo, James jamás la encontraría allí. Sólo esperaba que Edward no le diera la espalda.
Llevaba casi dos horas esperándolo y él no aparecía. Su vehículo no estaba, así que cuando tocó el timbre supo que no respondería. En ese momento deseaba haber traído su celular consigo, pero lo había dejado, no sin antes borrar su historial de llamadas. No quería que James tuviera forma alguna de contactarla.
Otra oleada de briza fría la envolvió completamente. Temblando de pies a cabeza, se sentó en el suelo de cuclillas apoyando la espalda a la pared.
—¿Dónde estarás?
Edward conducía rumbo a su casa. La tormenta estaba cediendo, la iluminación de la calle era más visible ahora sin la cortina pesada de agua cayendo sobre el cristal delantero de su vehículo.
Había decidido cambiar un poco su modus operandi con respecto a su próximo objetivo. La incertidumbre de saber si Jessica había sido víctima o cómplice de sus enemigos, era más grande que su deseo de ultimar rápidamente con la vida de ella. Mañana se divertiría sumamente sacándole todo tipo de información. Ya había colocado la trampa sólo era cuestión de esperar a que…
Edward contuvo la respiración y sus pensamientos se bloquearon mientras se acercaba a su casa y mantenía la mirada fija en el porche.
—¿Bella? —se preguntó en un susurro.
Bella abrió los ojos con pereza y se sorprendió al notar que ya no estaba afuera en el porche, congelándose de frio; sino que se encontraba en la habitación de Edward. Se había quedado dormida sin pretenderlo y ahora estaba acostada en su cama, abrigada bajo las gruesas sábanas. El escaso frío que sentía desapareció y fue reemplazado por una abrazadora sensación al recordar todo lo que Edward le hizo en la tarde en esa misma cama.
Se sentó en la cama haciendo que las mantas se deslizaran por su cuerpo hasta el abdomen, de inmediato se sintió extraña al percatase de que en vez de tener su mojada y arruinada ropa, llevaba puesto una camisa de hombre y sus bragas. Dio un respingo cuando por su mente cruzaron imágenes de Edward vistiéndola; tironeó de las puntas del cuello de la camisa y vio como sus pezones se endurecían ante la idea de él quitándole el sostén y de sus manos cerca de esa zona que estaba empezando a palpitarle de deseo. No podía explicar cómo el simple hecho de pensar en este hombre, la hacía excitarse a tal grado de humedecer sus bragas.
Miró hacia el reloj que estaba encima de la pequeña cómoda al lado de la cama para comprobar la hora, eran las 3:40 de la mañana. Se preguntaba dónde estaba Edward, así que se levantó para ir en su búsqueda, y agradeció enormemente la buena calefacción de la habitación ya que probablemente no aguantaría la baja temperatura vistiendo sólo una camisa. Aun así, un pequeño escalofrío la recorrió al pisar el suelo descalza y desprotegida de las sábanas.
Salió de la habitación y se dirigió escaleras abajo, cuando entró en la sala de estar, escuchó un ruido proveniente de la parte de atrás. Cruzó el umbral y entró en un pasillo que daba paso a la cocina; allí, de espaldas a ella, estaba Edward, se encontraba frente a la estufa vistiendo únicamente unos sencillos vaqueros. La vista de su espalda desnuda la hizo tragar en seco. Dios, este hombre es sexy.
Edward se volteó al sentir la presencia de Bella detrás de él. Al instante su miembro se tensó mientras la observaba. La camisa apenas le llegaba a cubrir la mitad de sus muslos y sus pechos se podían vislumbrar a través de la tela. Edward no pudo evitar acariciárselos mientras le quitaba la ropa mojada. Ella estaba tan perfecta y lucía estupenda en su cama, por lo que fue un suplicio enorme el retener las ganas de engullir uno de esos pezones en ese momento, pero se refrenó y logró cambiarle la ropa, y salir luego de la habitación para obtener el placer por sus propias manos.
—Hola —dijo Edward antes de lanzarle una última mirada ardiente y luego volver a lo que hacía—. Pensé que despertarías más tarde, pero ya que estás aquí, he preparado unos huevos con tocino, ¿tienes hambre?
—Edward… yo, este… me fui de mi casa… —comenzó a decir Bella tímidamente acariciando una hebra de su húmedo cabello y colocándola detrás de la oreja.
Edward le ofreció una sonrisa ante aquella expresión de niña tonta que había cometido una travesura.
—Ven —le interrumpió—, siéntate y come algo mientras me cuentas por qué has salido a altas horas de la noche y con este clima, ¿en que estabas pensando, cariño?
Edward le hablaba con una paciencia infinita, como un padre regañando a su hija por algo tonto que había hecho.
Depositó un plato con un par de tostadas y una buena porción de huevos revueltos con tocino en la pequeña mesa cuadrada que estaba junto a unos enormes ventanales de donde se podía ver el patio trasero iluminado con unas luces tenues. Bella tomó asiento, él fue a buscar otro plato y dos latas de Coca Cola, luego se sentó frente a ella.
—No esperaba visitas, así que no tengo mucho que ofrecerte —le dijo Edward pasándole una lata de Coca Cola.
—No quiero incomodarte.
—Y no lo haces, para nada, siempre es un placer tenerte cerca —le dijo con su vista fija en la cumbre de sus pechos.
—Supongo entonces que no te molestarías si te pidiera quedarme aquí algunos días… No tengo a donde ir —admitió.
Edward maldijo en su mente. Aunque Bella le estaba comenzando a interesar de un modo que no quería indagar, no podía ni quería que ella entrara en su vida. Había pensado que tener sexo con ella, aunque sea una sola vez, sería suficiente para aplacar el deseo que lo consumía desde el día en que la vio, pero eso sólo consiguió obsesionarlo más. Bella despertaba en él un sentimiento utópico que nunca había experimentado con otra de las muchas mujeres con las que se había acostado. Edward quería, no, necesitaba volver a poseerla, era como una sed insaciable y sabía que eso le traería problemas.
Él tenía un propósito, uno que no le permitía una relación, ni si quiera una amistad. Pero a pesar de todas las excusas posibles que venían a su mente, no podía decirle que no… No podía negarle nada y se maldijo por eso. Bella se estaba convirtiendo en más que una distracción, ahora era un obstáculo.
—Puedes quedarte el tiempo que quieras —respondió al fin, y continúo comiendo en silencio.
Bella notó que algo andaba mal, pero se limitó a terminar de comer.
—¿Y vas a contarme que sucedió? —preguntó Edward rompiendo el silencio.
—Él… No se tomó nada bien lo del divorcio. —Se estremeció al recordar la discusión que tuvo con James— Se puso muy violento.
Edward se tensó al escucharla y sus ojos llamearon por la rabia. En esos momentos quería ponerle las manos encima a ese imbécil. Dios no sabe a quién le da las cosas, si mi esposa hubiese sido como Bella, tal vez, solo tal vez…
—Pero no me hizo nada —se apresuró a decir Bella—. Exceptuando la amenaza de muerte… Hubieses visto su cara, él hablaba en serio… Ya no me siento para nada segura a su lado… No quiero volver a verlo en mi vida.
—Tranquila, no tendrás que hacerlo.
Bella le ofreció una sonrisa.
—¿Por qué eres tan amable conmigo? No tengo como pagarte todo los que has hecho por mí… Sabes, nunca me había sentido tan apoyada por alguien… De no ser por ti, yo no tendría manera de alejarme de él… —Respiró hondo— Me siento muy sola, casi no veo a mi mamá, además sé que jamás se pondría de mi lado, y la única amiga confiable que tenía… murió hace días.
Edward acarició su mano sobre la mesa.
—Lo siento mucho.
—Fue horrible lo que le pasó… —Bella quería continuar hablando pero las lágrimas amenazaban con salírsele y no quería tener otro descontrol emocional frente a Edward, el hombre acabaría pensando que era un manojo de nervios. Pestañó varias veces— Bueno, hablemos de otra cosa… Nunca me dijiste a qué te dedicas.
—Mi familia es dueña de una zona vitivinícola, nuestra bodega se abastece de nuestras 8 fincas… Me he retirado un poco del negocio y mi hermano es quien lo maneja ahora, digamos que me he tomado unas vacaciones.
Bella estaba sorprendida.
—Los viñedos son hermosos —dijo entusiasmada—. Una vez en el instituto, gané una visita guida a uno en Kelowna*, creo que ahí deben estar los mejores viñedos de todo Thompson Okanagan**. Recuerdo esas enormes hileras de vides en las laderas inclinadas frente al Lago Okanagan, fue una experiencia inolvidable.
Un terrible recuerdo azotó la mente de Edward.
—Sí, he estado ahí.
—¿Papi el Ogopogo*** va a comerme? Yo quiedo ir, pero no quiedo que me coma, no, no, no. —dijo con lágrimas asomándose por sus ojos.
Edward tomó a Melanie en sus brazos y la sentó en su regazo. No encontraba la manera de convencerla de que ese monstruo no existe. Él y su familia estaban hospedándose en The Cove Lakeside en Kelowna. Anthony quería adquirir una vieja bodega y una finca adjunta a ésta, así que quiso aprovechar para viajar junto a su hija al campo y mostrarle el lago. Pero su pequeña aventurera no podía dormir por miedo a una estúpida leyenda.
—Mi niña, como crees que yo permitiré eso, tu papi es fuerte y puede vencer al Ogopogo.
—¿Y tía Rose también? ¿Ella es guerte como tú? Si no es guerte, que se quede aquí.
—Rose es una guerrera, ha acabado con muchos ogopogos.
—Ooooohhhh… —Bostezó y se acurrucó en los brazos de su padre— Entonces yo voy… Yo sí quiedo…
Se quedó dormida. Edward la acomodó en su cama y la observó dormir durante unos minutos. Su hija. Su ángel. Su vida.
—¿Son muy unidos? —preguntó Bella, devolviéndolo al presente.
—¿Qué?
—Hablo de tu familia.
—Sólo somos mis hermanos y yo —respondió y se levantó para llevar su plato al lavado. La verdad es que no quería tener este tipo de conversación. Su familia había sido herida, y la simple mención de la misma le dolía.
Bella entendió que tal vez no le gustaba hablar de su vida personal. Se levantó, cogió su plato y se dirigió al lavado. Edward tomó su mano cuando pasó junto a él, le quitó el plato para dejarlo en la encimera.
—Yo me encargaré de eso después, pero ahora… —Posó sus manos en su cintura y la atrajo hacia sí y apretó los dientes al sentir sus pechos aplastados contra su torso desnudo.
Se apoderó de sus labios, besándola con ahínco, ella reaccionó ante ese delicioso asalto con un gemido y cruzando los brazos alrededor de su cuello. Edward mordió delicadamente su labio inferior y su boca trazó un camino hasta su cuello, mientras liberaba su erección. Quitó una de sus manos de su cuello y la dirigió hacia su hinchado miembro.
Bella contuvo la respiración mientras tomaba el pene de Edward en su mano. Era enorme y de un grosor bastante considerable, lo acarició desde la base hasta la punta para detenerse ahí y pasar su dedo pulgar por el glande. No tenía mucha experiencia en darle placer a un hombre, podía contar las veces en que le había hecho sexo oral a James y no eran recuerdos muy agradables, nunca se deleitó haciéndolo; pero con Edward, ¡hasta se le hacía agua la boca! No se consideraba una mujer lujuriosa, pero en ese momento no podía pensar en otra cosa que llenar su boca con toda aquella longitud.
Edward estaba extasiado, las pequeñas manos de Bella jugando con su miembro lo estaba llevando al borde de la locura.
—Tengo que tenerte linda, aquí, ahora —susurró cerca de sus labios.
—Yo también… tengo que…
No habló más, se arrodillo frente a él y llevó su miembro a su boca. Primero engulló la punta varias veces y después fue tomando todo lo que pudo. Edward gemía, embistió lentamente en la boca de ella mientras le acariciaba el cabello. ¡Dios, va a matarme! Ninguna mujer le había provocado tanto placer, esa boca osada lo estaba torturando. Y cuando ella agarró sus testículos, fue su fin, pensó que explotaría. Un gruñido feroz salió de su garganta, no podía resistirlo más; la alzó y la colocó sobre la mesa, arrancó sus bragas de un tirón y se introdujo en su interior con una fuerte estocada.
Bella gritó cuando la penetró. Esta vez no había ternura, Edward estaba hambriento, la embestía con movimientos rápidos y profundos. Los gemidos de ambos llenaban la cocina de una espectacular música erótica. Ella se aferró a su cuerpo, mientras él aumentaba el ritmo de sus movimientos.
Bella mordió su hombro cuando el orgasmo la alcanzó. Edward con tres penetraciones más se unió a ella y ambos se quedaron abrazados mientras recobraban la respiración. Bella lo miró y le acarició la mejilla antes de depositar un beso en sus labios.
Maldición. Esos enormes ojos que lo miraban con afecto, enmarcados en un rostro que parecía haber sido moldeado por un artista, que tuvo excelente cuidado en cada uno de los detalles, desde sus pómulos y sus mejillas sonrojadas, hasta sus finos labios enrojecidos por sus besos. Todo en ella le fascinaba, y aunque quisiera negarlo, la realidad era evidente: se estaba enamorando.
Abrazó su cuerpo y besó la cima de su cabeza, saboreando su cercanía. ¿Sería posible que la vida le mostrara otro camino? Pero Edward no era un iluso. Ya estaba muy jodido y no arrastraría a Bella hacia el infierno con él.
—Allontanatevi da me, mentre avete ancora tempo**** —le susurró.
Miami, Florida
Dallas empacaba sus pertenencias, mientras pensaba en una manera decirle a James lo que había averiguado de manera sutil, sin causarle un infarto. A sus nuevos compradores los habían amenazado para que no realizaran negocios con ellos. Al parecer habían recibido altas sumas de dinero por cancelarles la venta.
Dallas movió los contactos de la compañía y dio con una cuenta bancaria secreta de sus clientes en Sebastopol, donde recientemente habían transferido $1,000,000 de dólares desde Italia… Sólo podía pensar en una familia italiana dispuesta a pagar tanto, únicamente con el fin de poder perjudicarlos. Sabía que ese encaprichamiento de James con Jane, no les traería nada bueno.
—Así que los Masen quieren enfrentarnos de nuevo… Bien, que comience el juego… —Cerró de golpe su equipaje y salió de la habitación. Tomaría el siguiente vuelo a Canadá. Si la historia se empeñaba en repetirse, que así fuera.
Edward le concretó una cita a Bella con Emmett en la tarde. Luego volvió a fijar su concentración en la mujer, que dormía plácidamente en su cama. Se había pasado el resto de la madrugada dándole tantos orgasmos, que Bella finalmente se desvaneció y se quedó dormida.
Le dejó una nota en la cómoda y salió de la habitación, ahora tenía que encargarse de otra mujer.
*Ciudad canadiense de la provincia de Columbia Británica, en Canadá.
**Es la principal región vinícola de Columbia Británica.
*** Es el nombre con el que se conoce a un monstruo que supuestamente vive en el lago Okanagan.
****Aléjate de mí, mientras todavía tengas tiempo…
uff lo que me ha costado subir este capitulo, la pagina siempre me daba un error, pero bueno, es mejor tarde que nunca ;)
Pasen por el grupo de facebook (link en mi perfil) y déjenme sus comentarios. Lamento mucho tardarme tanto, pero hay cosas que se me salen de las manos :/
Feliz resto de la semana y nos leemos luego :3
