Último capítulo… He tenido muchos feels mientras escribía este fanfic, pero vale la pena sobretodo porque ustedes leen mis locuras. Muchas gracias por seguirme en el viaje y espero que le haya hecho justicia al SanSan. Nos vemos!
Agradecimientos a:
Helena Black Granger
Denisse W.H.D
Lady Angel Yue
Cookiepeace (gracias por el review n.n Gregor… Bueno, abajo se resolvió de otra forma, lamento no haberlo mencionado mucho D: )
Marialucia
SadicaDestruction
Emelimon
LourdesRiddle
o0okrolao0o
Erika
IzzyRomanoffLovegood
Wen. Vallejos (me alegra que te haya gustado, soy fan de la pareja Jaqen/ Arya… Tuve que involucrarlos)
lizzielpz
DISCLAIMER: los personajes no me pertenecen, son de la saga "Canción de Hielo y Fuego". Cualquier referencia de temporalidad está basada en la serie Juego de Tronos. Más allá de eso, los escenarios y diálogos son invento mio. Reviví algunos para el contexto de la historia.
ADVERTENCIAS: rated M. Lenguaje fuerte, contenido sexual.
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LOS PERROS SON FIELES POR NATURALEZA
X. PÁGINAS RENOVADAS
La más grande y estruendosa batalla que haya visto Westeros había concluido.
La casa del león había caído. Jaime y otros Lannister pasaban sus días bajo la custodia de los hermanos Stark en calidad de prisioneros; Tyrion, Cersei y los hijos de ésta eran buscados por algunos subordinados, pero aún seguían sin hallar su paradero; los sirvientes que quedaban en el castillo fueron tomados al servicio de diferentes señores de todos los reinos, algunos lores aliados de los Lannister fueron sometidos a juicio por una corte dirigida por Olenna Tyrell. El trono de hierro había quedado vacío y en seguida varias casas defendieron sus títulos para asegurarse de ser elegidos como sucesores en el reinado, y a pesar de que varios tenían buenos argumentos para quedarse, se decidió por unanimidad que la casa protectora del trono se legaba por derecho de cuna a Daenerys Targaryen, la madre de dragones, quien estaba en Volantis en ese preciso instante. Por supuesto el pueblo reclamaba que fuera el mismo Eddard Stark quien tomara la regencia, pero él nunca había aspirado a tal título. El mismo lord se encargó de redactar una carta con todos los pormenores de la batalla, los malentendidos, las acusaciones y las circunstancias a la Targaryen para pedirle que volviera a King's Landing y reclamar el lugar que le correspondía porque él no tenía nada más que hacer ahí. Era guardián del Norte y su lugar estaba en Winterfell.
Sin embargo, visto desde la política, él era el sucesor legal en el trono, básicamente pasando a ser la Mano del Rey en ausencia de alguien que gobernara mientras la khaleesi respondía la comitiva o iba personalmente a presentar su derecho. Eddard Stark confiaba que ese periodo no fuera mayor a cuatro meses, por lo que tuvo que convocar nuevos miembros de la corte, como un pequeño parlamento que reconstruiría todo, integrado por lady Olenna, Petyr Baelish, Varys y sir Gregor Clegane, porque era su consuegro. Tampoco hubo mucho de donde escoger y que tuviera menos ambición por arrebatarle el trono a la madre de dragones, pero era con quienes el lord debía hacer ajustes. Sus abanderados se quedarían en el castillo si así lo deseaban, y hubo muchos que aceptaron la oferta, juramentados para servirlo como rey hasta que llegara Daenerys.
Los hombres sin rostro debían retirarse luego de haber prestado sus servicios al dios Rojo. Algunos murieron, pero no en una cantidad basta. Arya personalmente fue a despedirlos a la costa, y aunque su alma permanecería presente con Jaqen, sabía perfectamente que el tiempo y la distancia los separarían por años, y eso la entristecía bastante.
—Una chica prometió esperarme
—Y sostengo mi promesa —respondió cuando vio que el hombre iba a subirse al barco —. Jaqen…
—Un hombre ha cumplido su palabra. Un hombre debe rendir cuentas al dios Rojo y también sabe que una chica permanecerá con su familia
—Me gustaría que te quedaras
—En otra ocasión linda niña —sonrió de lado, tomando la barbilla de Arya y en lugar de besarle los labios, besó su frente, pues estaban a ojos de muchos —. Valar Morghulis
—Valar Dohaeris —despidió la Stark, viendo cómo el primer hombre que le robó un beso se alejaba a las costas de Braavos. Aunque no lo admitía, iba a extrañarlo.
Cuando se estableció toda la organización, Sandor pidió un favor especial a lord Stark para volver a Winterfell puesto que su presencia no era indispensable para el gobierno, mismo que le fue concedido de inmediato, dejando que partiera hacia su libertad con su esposa.
A pesar de no haber estrangulado con sus propias manos a Joffrey como tenía previsto, la prioridad era reencontrarse con Sansa y decirle que seguía vivo; más importante aún, debía apresurarse si deseaba conocer a su hijo. Probablemente llegaría cuando el bebé hubiera nacido ya y eso lo regocijaba en demasía. Todavía mantenía su palabra de darle muerte al rubio imbécil que quiso arrebatarle su felicidad, y en cuanto terminara sus asuntos en Winterfell, dedicaría día y noche a la ayuda de su búsqueda.
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Sansa miraba por la ventana, desde el mismo sitio donde todo empezó, cuando su boda estaba por llevarse a cabo. A diferencia de aquel lejano día, ahora sentía fuerza, confianza, impaciencia y una que otra patadita en su vientre. Había recibido un comunicado hace dos semanas de parte de sus hermanos, Robb y Jon, sobre lo que ocurría, porque nadie en los próximos seis meses de la partida hacia King's Landing le había aclarado qué pasaría con los siete reinos. Confiaba en que pronto los vería, por supuesto no daba falsas ilusiones de que regresaran a casa porque todavía faltaban cosas que su padre debía organizar con ayuda de ellos, sin embargo, su corazón permanecía impaciente por recibir a Sandor luego de todo ese tiempo sin verse. Le parecieron siglos los días, contando los segundos en su ausencia mientras su hijo crecía poco a poco, comenzando a reconocer su voz a la vez que ella procuraba hablarle sobre su padre: "es un buen hombre" decía; "llegará para ver lo grande que eres".
Estaba agradecida a los dioses por haber dejado vivir a Sandor, porque cada noche que se recostaba sus rezos eran dirigidos a que cayeran los Lannister, rezaba por su familia, por su hijo y su esposo, por lograr encontrar paz en ese caos lejano. Cada vez que Sandor era herido o acuchillado, ella percibía en su pecho punzadas que le eran imposibles de confundir, no pasó una vez, sino decenas de veces. Por eso al oír la noticia del triunfo, pudo suspirar aliviada.
—Mi lady —escuchó a una mucama hablarle —. Lady Catelyn quiere hablar con usted
Sansa asintió y ayudada por la mujer a levantarse, bajó las escaleras. En su estado grávido muchos (sino es que todos) los sirvientes de la fortaleza resguardaban sus espaldas y su salud. El maestro Luwin hacía de médico y le había comentado que, por la evolución de su embarazo todo parecía marchar bien. Aproximadamente en una semana terminaría su gestación y por eso la pelirroja más que nada deseaba que Sandor regresara.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó su madre cuando se sentó a la mesa a comer —. ¿Ninguna contracción?
—Nada —respondió Sansa, mordiendo un pedazo de pan de centeno. A su derecha estaba Osha, entretenida con el montón de patatas en su plato que en la conversación—. Ha pateado más estos días, pero no de una forma que deba preocuparme
Sansa no podía describir exactamente esa simbiosis madre-hijo que logró desarrollar los últimos meses, pero entre más avanzaba su embarazo y el bebé reaccionaba a cada palabra suya, se volvía fuerte. Esa especie única de comunicación que cualquier madre amorosa descubría cuando sentía patadas o movimientos leves; ¿significaría algo en especial? Particularmente ese día había despertado con un presentimiento entretejido en sus emociones, algo así como un susurro de su propio hijo, como si tratara de avisar o advertirle que se preparara para algo. No pensaba que se tratara de su alumbramiento, porque no figuraba esa sensación exactamente en su cabeza; se trataba de, quizá, su sexto sentido en marcha.
No se equivocaba.
—¿Has oído sobre lo que hizo Arya? —sacó a conversación Sansa
—Claro que sí —respondió su madre sonriendo —ella jamás le gustó demasiado las costumbres de damisela, y parece que tu padre le agradecerá por siempre no haberle hecho caso
—Asumo que ella volverá cuando mi padre vuelva, pero ¿qué hay de Bran y Rickon?
—Ya se envió un comunicado a Braavos para que regresen a Winterfell, pero tardará un poco que todo se ponga en marcha con el sistema de comunicación. En un periodo post guerra existen confusiones enormes, y no queremos que intercepten a las palomas mensajeras —sonaba preocupada por sus dos hijos, sobretodo porque siendo los más pequeños, eran más vulnerables a todo lo que sus enemigos residuales dispusieran.
Un mozo cabecilla entró repentinamente en la estancia, dispensado por lady Catelyn por la abrupta interrupción durante el desayuno.
—Hay un visitante afuera lady Catelyn. Dice que desea hablar con usted, y de ser posible con lady Sansa —curiosamente tenía una sonrisa dibujada en los labios aquel jovencillo
—Pensé que todas las invitaciones a nuestro hogar quedaban pospuestas hasta después de que llegara papá —comentó Sansa confundida
—Así es —respondió su madre —Edwin, ¿es un visitante que conozcamos?
—Oh, ya lo creo que sí, mi lady
—Y bueno, ¿quién es? Empieza por ahí
—Lady Catelyn. Me ha pedido que mantenga su identidad sin revelar por el momento. Quiere daros una sorpresa
La mujer alzó ambas cejas. No era fanática de las adivinanzas, alzó una mano para que unos guardias la escoltaran hacia la puerta. "Ojalá no se trate de un ataque sorpresa" pensó mientras le pedía a su hija que esperara por ella.
No tardó mucho en regresar con un ánimo similar al que había mostrado Edwin al cruzar la puerta, cosa que le pareció curiosa a la pelirroja. De inmediato se puso de pie, junto con Osha.
—¿Madre?
—No hagas preguntas y solo ve afuera —dijo repentinamente, tomando por las manos a Sansa —. Puede acompañarte Osha
La chica se levantó ayudada de su amiga, tratando de comprender a qué se refería su madre exactamente. Se encogió de hombros, apoyando sus manos por debajo de su vientre para poder caminar mejor y dar mayor soporte a esa parte de su cuerpo. Osha estaba a un lado de ella. Llegaron hasta la parte de la entrada que aún estaba cubierta por techo; ahí, un sirviente les indicó que el visitante deseaba una audiencia exclusiva con lady Sansa, que pareció inquietante para Osha. La pelirroja la retuvo por el hombro y le dio a entender con un asentimiento de cabeza que no se preocupara, que había guardias que la vigilarían.
Luego de caminar dentro de la sala del recibidor, Sansa vio que la habitación estaba llanamente vacía. ¿Un visitante? No veía ninguno dentro de esos muros de piedra, tan solo grandes sillas de caoba, una fogata y varios escudos de armas con pieles de animales colgando. A ella le gustaba esa parte de su casa porque era lo más parecido a una sala de visitas privada, donde a lo mucho diez personas podían tener espacio suficiente vital para cada una. Los enormes ventanales filtraban la luz de invierno y suavizaban su recorrido con los vitrales transparentes que redirigían el brillo hacia el suelo, pero que iluminaba todo lo bastante bien como para no encender velas dentro.
Convencida de que fue un error por parte del mozo indicarle dónde estaba el misterioso huésped, giró sobre sus talones y no pudo ocultar su sorpresa al ver a un hombre gigante y con armadura negra al pie de la puerta.
—Sandor…
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Se había quedado muda, pronunciando el nombre del hombre dentro de su cabeza repetidas veces antes de enfocar bien su vista y dar un paso hacia delante. Dioses, había pasado tanto tiempo desde la última vez que se vieron que parecía una ilusión óptica que le jugaba su subconsciente. Por instinto se palpó el vientre, sintiendo flaquear sus rodillas sin dejar de mirar a su esposo. Parecía irreal que hubiera vuelto a ella, como prometió. Sabía que seguía vivo, pero reencontrarse resultaba tan inesperado que no pensó en sentirse tan impactada al grado de querer desfallecer. Eso lo notó Sandor, corriendo rápidamente hasta ella para evitar que cayera desmayada, sosteniendo su cintura abultada.
—Estoy aquí Pajarito —le dijo suavemente, cargándola sin ninguna dificultad porque parecía que la chica iba a perder el equilibrio.
La llevó a un asiento forrado de piel para que retomara la cordura. Comprendió que su reacción era normal, y no tardó en notar cómo su vientre asomaba fácilmente a través de su vestido. Esa pequeña imagen de verla y de notar que su hijo había logrado crecer tanto, llenó su pecho de emoción desconocida. Hizo un intento de sonrisa y tomó una mano de Sansa, permaneciendo en silencio a la espera que ella lo aceptara en su regazo, arrodillado enfrente.
Sansa podría jurar que verlo la reconfortaba tanto como la vez que miró su casa al ser perseguida por sir Meryn, excepto que ahora podía llevarse un recuerdo más alegre de todo. Lentamente apretó su mano y recreó sus recuerdos al observar mejor sus profundos ojos cafés, su corazón latió con fuerza y sus mejillas se colorearon de carmín al sonreír por fin. Sin dudarlo entonces, lo abrazó con todas sus fuerzas, mientras dejaba caer lágrimas, agradecida a los sietes dioses ésta nueva vida que pronto comenzarían a tener juntos, lejos de guerras, de trampas de los Lannister y con un nuevo bebé. Se aferró a él como la última vez que lo vio partir de Winterfell y se dijo a sí misma que era el hombre que siempre esperaría, no importando los años que pasaran.
Cuando se separaron del abrazo, se hicieron mimos con las manos sobre el rostro del otro, diciéndose todo a través de la mirada hasta finalmente apaciguar su respiración para besarse. Un beso que duró todo el tiempo que ellos dejaron pasar entre los días y noches que estuvieron lejos, de dimensiones que rebasaban sus propios sentimientos y que constataba el hecho de que estaban destinados a ser marido y mujer por todo el tiempo que los dioses les permitieran. Sansa abrió sus labios para sentir el calor de los de Sandor y rodear sus hombros con sus brazos, respirando el aroma a tierra y nieve que le cubría el rostro, sentir su enorme cuerpo acercándose tanto como su posición de rodillas le permitía. Sentía una increíble necesidad de aire, sin embargo, no deseaba apartarse de aquel beso tan profundo y lleno de orgullo feroz que la sumergía en su propio vicio hacia el hombre que amaba.
Se separaron, se miraron, se sonrieron. Sandor parecía más enorme que de costumbre y llevaba unas cuantas cicatrices extra cerca de la barbilla y el cuello, cosa que Sansa catalogó como "irresistible", como si todas esa marcas le hicieran sentir orgullosa de ser esposa de un soldado tan fiero y letal como él, y orgullosa también de llevar un hijo suyo. Pudo levantarse finalmente con ayuda de su esposo, caminar unos pasos por la sala y hacerlo tocar su vientre.
—Ha crecido mucho desde la última vez que nos vimos
—Eso puedo ver —respondió el otro, suavemente pasando sus ásperas palmas por encima de la tela.
—El maestre Luwin me ha dicho que por la forma que avanza mi gestación, es probable que sea niño —reveló la Stark, apenas emitiendo una pequeña vacilación sobre si decírselo o no
Sandor no pudo frenar su impulso de agacharse para rodear su vientre con sus brazos, asintiendo repetidas veces porque dentro de poco nacería su primogénito.
—Me apresuré para estar presente en el nacimiento
—Justo a tiempo, podría decir. Parece que daré a luz en una semana —comentó Sansa, feliz de los ánimos que mostraba su esposo
—Muy conveniente al parecer —respondió, poniéndose en pie en seguida. No pudo sentir patadas, pero claramente escuchó el latido de su hijo, y con eso le bastó para esbozar una sonrisa a medias —. Antes de que pase alguna otra mierda de la guerra, quiero que escuches algo Pajarito
Sansa asintió, tomando la mano de Sandor cerca de los ventanales. Apenas se habían reencontrado, apenas estaban tratando de acostumbrarse a estar en un mismo espacio sin hiperventilar o tartamudear, bueno, por parte de ella. Notaba la gran fatiga que cargaban sus ojos cafés, el esfuerzo que supone pelear a diario por su vida y volvió a estar prendada de su perfil y su forma tan melancólica que poseía en sus palabras. Todo el dolor que nunca pudo sacar y que se acumulaba conforme pasaron las semanas, durante su ausencia y repetidas noches soñando que volviera a su regazo. Ella no le negaría ese único sitio donde hallaba paz, donde lo había podido ver dormir en su noche de bodas sin la rabia y amargura en su expresión. ¿Por qué le dolía verlo tan triste? Porque cargaba con penas desde su infancia y una tremenda cicatriz que le cubría media cara, obligándolo a luchar por ganarse un lugar en medio de todo el egoísmo humano, cuando lo más fácil pudo haber sido que alguien le tendiera la mano para decirle que no estaba solo. Sansa quería pensar que ella podía devolverle esa felicidad con creces, pensó que su embarazo le contagiaría esa alegría también.
Y así era.
Sandor guardó silencio unos segundos e inmediatamente acercó los nudillos de Sansa a su boca para besarlos y acercarse lo suficiente para poder besarla de nuevo. Un beso pequeño esta ocasión, únicamente juntando sus labios, reflejando la inocencia que todavía poseía la pelirroja, y Sansa pensó que era el gesto más dulce que alguien, con un carácter tan crudo como el suyo, podía expresar.
—Una vez me pediste que te diera una explicación sobre mi comportamiento hacia ti —empezó diciéndole —. Cometí errores irreparables al estar contigo, Pajarito
Sansa se confundió. ¿Qué intentaba decirle?
—El matrimonio fue forzado para ambos, aunque tú llevaste la mayor carga
—Yo no… —tanteó la Stark —. Fue un acuerdo que no creí correcto, pero al final lo ha sido —refiriéndose al bebé en su vientre.
—Tendré un hijo gracias a ti Pajarito, y es algo que no podré terminar de agradecerte, considerando lo difícil que te resultaron los primeros días en mi compañía. Sé que no soy exactamente el príncipe que te prometieron, pero quería enmendar todo lo que te hice. Allá en King's Landing solo me preocupaba matar al cabrón Lannister que te quiso hacer daño, pero cuando llegué había huido el hijo de puta, aun así, quiero limpiar tu nombre
—Sandor —lo llamó por su nombre para que entendiera que hablaba en serio —. Ya has hecho lo suficiente por mí
—No, Pajarito. Pensé que estaba haciendo bien siguiendo las órdenes de mi padre y lord Stark, pero solo conseguí dejarte sola todos estos meses
—No tuviste otra elección, y eso no importa ahora porque mi padre ha matado a Tywin Lannister y tú has vuelto a mí
Sansa hizo que girara su rostro hacia ella, acunando el lado de su rostro quemado. Sandor sintió aquella caricia como el más suave roce que su piel haya sentido. Amaba a esa chica, y se había jurado desde el primer día de su partida decírselo, por más orgulloso que fuera, y por más que no creyera en los finales felices. No era iluso para recibir una correspondencia, pero simplemente no era algo que pudiera callar por más tiempo, era algo que su corazón tenía que expulsar o se quemaría por dentro.
—Había algo que me mantuvo vivo todo este tiempo, Pajarito
—Lo sé —eso pensaba Sansa, con la firme creencia que su hijo era el motivo de su regreso, pero tenía que admitir que dentro de su pecho existía otra idea más fuerte; algo que vibraba y repiqueteaba con tanto fervor que no podía estar equivocada al sospechar que Sandor sentía lo mismo que ella. —Dímelo, lo que te ha regresado conmigo
Fue como el permiso que esperaba escuchar implícito. Sandor respiró con una tranquilidad paradójica y concluyó que era un maldito hombre enamorado de su esposa.
—Regresé porque necesitaba decirte que te amo
Cerró los ojos fuertemente, como si esperara un golpe en su mejilla el gélido rechazo de la pelirroja, en cambio, escuchó un susurro gentil colmado de puertas abiertas. Sus hombros se relajaron y finalmente pudo contemplar con total confianza a Sansa, quien le sonreía aún.
Sansa era quien recibía sorpresa tras sorpresa al parecer. Su esposo acababa de hacerle una confesión que probablemente hubiera estado muy acorde durante su boda, pero conocía a Sandor y su modo de expresar afecto. Se alegró de poder oír aquellas palabras con tanta sinceridad y sin miramientos, incluso dentro de su frialdad habitual ya no era el mismo… Meses atrás había notado un cambio al momento de salvarla de sir Meryn. Su corazón le ofrecía motivos para entregarse completamente y por eso, ciegamente, lo abrazó.
—Juré ser tuya siempre el día de nuestra boda —contestó, oculta en el pecho del hombre —. Y te daré el mismo amor que me ofreces
Fue su correspondencia.
Sandor devolvió el abrazo y gracias a su altura, solo pudo observar el cabello rojo de su esposa, sintiendo el vientre pegarse contra su abdomen. No apretó para no lastimarla, pero si se aferró para entender que ella no lo veía como bestia. Delicadamente la hizo encararlo y volvió a besarla sin prisa.
Sansa recordó todo lo que había vivido esos últimos meses, inmersa en el beso con Sandor al punto de creer que soñaba, aunque la realidad le era favorable. Su hijo nacería dentro de poco y todos aquellos días que aguardó para expresarse había valido la pena. Después de todo, ¿qué amor era más sincero que el de un hombre que sacrificaría su vida por su familia, le mostraba otro modo de ver el cristal y la hipnotizaba al hacerle el amor? Oh, moría por sentir a Sandor en su lecho en cuanto el estado de su gestación llegara a término. Deseaba sus besos, sus abrazos, sus manos rozando todo su cuerpo y su voz gutural reclamando que era suya. Esperaría, pero por ahora continuaría besándolo hasta cansarse y que el aliento le faltara, incluso sin aliento se esforzaría por besarlo y estaba convencida de que podría quitarle esa máscara de dolor y mostrarle que, de vez en cuando, los finales felices existían.
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Ah, finalmente ha concluido. De nuevo, gracias por leerlo y espero vernos pronto. Ciao!
