-X-

-¿Matt?-la voz en el teléfono se escucha grave- ¡Necesito que vengas al campus!

-…

-¿Matt?

-Matthew no se encuentra disponible en estos momentos, favor de salir de su vida en este instante- dice conteniendo una risa.

-Alfred no seas infantil –Francis soltó un bufido exasperado al otro lado -necesito hablar con tu hermano urgentemente.

-Está preparando mi desayuno -y para Alfred, esa excusa es suficientemente buena para que Francis deje en paz a su hermano todo el día.

-Nuestro desayuno -le corrige Matthew a su espalda, concentrado en que los panqueques le queden con la textura correcta, tal como les gusta.

-Si, si, nuestro desayuno -responde Alfred condescendiente -es hora sagrada Francis, moléstalo luego ¿Si?

-Es en serio Alfred Williams Jones.

Alfred hizo una mueca al escuchar su nombre completo, por lo general solo sus padres o los profesores lo usan cuando hizo algo mal. Y no es que tenga algo en contra de su madre, pero prefiere ser llamado Alfred Jones por dos simples razones: Jones era un apellido netamente originario de la Unión de Picas. Mientras que Williams era un apellido muy común en la Republica de Diamantes y generalmente asociado a el.

-Ok, ok, no tienes por qué ponerte rudo- bufo antes de moverse cerca de Matt, haciéndole señas con la mano libre para que tomase el aparato mientras que él se encarga de la estufa.

-¿Qué ocurre Fran?- Matthew no necesita que le digan quien es, lo sabe solo con ver la mueca amarga en la cara de su mellizo.

-¿Podrías venir a la facultad?

-¿Ocurrió algo malo?

-Mmm no en realidad, eso creo… -añadió Francis poco después que se escuchó una verborrea rápida y casi indescifrable-depende de cual sea tu definición de malo.

Matthew frunció el ceño intrigado.

-Estaré ahí en cuanto pueda –le dijo- ¿Dónde te veo?

-En la enfermería…

-¡Apresúrate Matt, me está volviendo loco! -se escuchó la voz de Antonio a lo lejos.

-¿Están bien? -pregunto mientras se quitaba el delantal de oso polar y subía las escaleras - ¿Estas bien?

-Estoy excitado.

-¿Qué?- Matthew se quedó congelado escaleras arriba, con las mejillas comenzando a arderle.

-Ya sabes, emocionado, eufórico diría yo.

-Oh…- maldito Francis y sus palabras mal entendibles.

-Cuando lo veas te darás cuenta Matt ¡Es realmente asombroso! -siguió el otro completamente ajeno al turbamiento de Matthew -¡Y no le entiendo ni una palabra!

-¿De qué hablas?

-¡De La Reina, Matt! ¡La mismísima Reina de Picas!- grita Francis triunfalmente- Oh espera, Gilbert está teniendo problemas para mantenerlo quieto, llega pronto por favor.

Y colgó.

Matthew parpadeo varias veces mirando su teléfono antes de echarlo en su mochila, no entendía nada de lo que estaba pasando. Por suerte solo tenía dos clases por la tarde así podría dedicarle toda su mañana a lo que sea que Francis quería.

Al bajar se dio cuenta que Alfred no estaba a la vista así como las llaves de la camioneta que compartían.

-¿Es en serio Alfred?- grito con la esperanza de ser escuchado.

-No hay necesidad de gritar Matt, yo también voy al campus -le dijo Alfred a la mitad de las escaleras con su chaqueta y mochila en mano, ante la mirada curiosa de su hermano añadió –te recuerdo que yo también tomo clases ahí.

-Entras dentro de dos horas.

-¿Y?

Alfred le paso de largo, abriendo la puerta principal para que pasara.

-Olvídalo, eres imposible a veces –susurro Matt con un poco de resquemor al pasar por la puerta, atravesando el pequeño jardín lo más rápido posible.

-Soy tu hermano, solo quiero cuidarte –explico Alfred mientras le daba alcance.

-Si por ti fuera me moriría virgen- se quejó en un berrinche que Alfred prefirió ignorar por su seguridad mental y física.

X X X X

Francis volvió a la enfermería después de colgar el teléfono, mirando con una sonrisa la escena que se desarrollaba dentro; La Reina intentaba bajarse de la cama mientras que Gilbert, con todo el acopio de buena voluntad que tenía, intentaba mantenerlo sentado. Procurando no tocar el hombro izquierdo cuyo brazo estaba confinado en un cabestrillo.

Desde que despertó, La Reina puso su atención en Gilbert, llamándolo incluso por un nombre raro, si es que era un nombre.

Y tan pronto como estuvo enfocado comenzó a hablar tan rápido que mareaba, aun así la forma en que las palabras salían de su boca era sin duda alguna como una melodía. Y aunque Matt lo pronunciaba de manera envidiable, estaba seguro que frente a la entonación que La Reina le daba se oiría un poco brusco.

Suspiro pensando todas las veces que, junto a Jeanne se imaginaba como habría sonado el Miriano en la propia lengua de sus hablantes, miles de palabras y expresiones perdidas a través del tiempo. Y ahora estaba aquí, frente a la única persona en el mundo que sabía esos secretos y más.

¡Ojala Matt no tardase tanto!

Francis se moría de ganas por saber que era lo que La Reina le decía a Gilbert con tanto apuro.

-Su palabrería me va a volver loco –susurro Antonio junto a él.

-Creo que son los balbuceos más lindos que he oído –replico Francis, como un padre orgulloso de los intentos de palabras de su hijo.

-No son balbuceos… -le corrigió –aunque… ¿No crees que es extraño?

-¿El qué?

-Parece que reconoce a Gil, como si lo conociera de algún lado.

-Tal vez solo se golpeó la cabeza con suficiente fuerza para confundirlo… rayos espero que eso no sea un problema a futuro.

-Hay algo que me da mala espina Fran ¿Tu no lo sientes?

Francis negó con la cabeza, en realidad sentía como si las cosas estuviesen corriendo de la manera correcta.

Por fin de la manera correcta.

X X X X

Matthew se bajó tan pronto como Alfred estaciono la camioneta, sin esperarlo casi hecho a correr en dirección de la puerta oeste que quedaba más cerca de la enfermería. Suspirando aliviado al ver que su hermano había sido interceptado por otro alumno, realmente no quería seguir escuchando las quejas de Alfred.

Ya cerca de la enfermería, escucho algo parecido a una conversación o más bien monologo, pues solo se escuchaba una voz. Matt reconoció al momento el Miriano.

¿Feliciano estaba ahí?

Cuando asomo la cabeza por la puerta el ruido ceso y todos en la habitación giraron a verlo.

-Ah… lamento la tardanza- murmuro apenado de ser el centro de atención.

-Llegas a tiempo Matty –le dijo Francis con una sonrisa, recargado en la pared cercana a la puerta.

-Hey Francis –le saludo Matt regresándole la sonrisa –mmm… creo que no entendí muy bien lo que me dijiste por teléfono ¿Qué tengo que hacer?

Antes que Francis le contestara, un grito llamo su atención.

-¡Majestad!

Matthew volvió la cara a las camas, donde Gilbert intentaba mantener quieto a alguien.

-Maldición, que te estés tranquilo –siseaba Gil ya molesto –Matthew, crees que puedas ayudarme con esto, necesito que sepa que si se sigue moviendo así se va a joder más el hombro.

Matthew volteo a ver a Francis de nuevo, con miles de preguntas que no podían ser formadas por la emoción. Francis asintió con un gesto, indicándole que se acercara.

Matt pudo captar pedazos de lo que La Reina decía a una velocidad vertiginosa.

Sueltame Giselbert…

Esto es una grave ofensa…

Giselbert le diré a Sasha lo que estás haciendo…

Mejor aún, se lo diré a Erzsébet…

Majestad dígale a Giselbert que me suelte…

Matt no estaba seguro si entendía bien lo que La Reina estaba diciendo o si lo estaba confundiendo con alguien más.

Así que hizo lo que mejor sonaba en su cabeza;

-Mi nombre es Matthew Williams Jones y no tengo la menor idea de que me está diciendo Majestad.