Heya. Me recuerdan? Yo se que no y vaya que quería actualizar este fic, eso debido a que tengo un anuncio qué hacer respecto al mismo. Pero se los daré en un momento hehe.
Un enorme agradecimiento a quienes han llegado hasta aquí y tengan pensado prevalecer hasta que termine la historia. Me alegra que aun haya gente leyendo y es por eso que les digo ahora.
Bienvenidos a los cinco últimos capítulos del fic
Judy
Nunca había visto a Nick tan centrado en nada, ni siquiera cuando estuvo furioso conmigo estaba del todo concentrado en ello. Siempre parecía estar divagando cuando estaba en el hospital, incluso cuando lo vi en Fangtown por primera vez tenía la mente dispersa por las nubes. Hoy, mantuvo la mirada al frente, respondía firme y corto sin mencionar que nunca, nunca, nunca le dirigió la mirada a Jack mientras que ese idiota constantemente lo veía de reojo. Podía distinguir la ira, el odio escondido entre ese mirar tan "Calmado" que presumía.
No sabía lo que debía esperar ahora, no tenía idea si Nick soportaría todo esto o lo que pasaría al terminar. Yo me sentía el conejo más inútil de todo el mundo; sin mi placa, mi uniforme, no tenía nada de autoridad, no era nadie en este momento, solo una voz más entre todas las del juzgado y ni siquiera llamaba mucho la atención.
-Eso es lo que pasó la noche que todos los cuerpos fueron encontrados en el Distrito foresta- Terminó el zorro.
-Entiendo. ¿La defensa del señor Savage tiene algo más para agregar?-
Con el ceño fruncido el abogado de Jack no levantaba la mirada de su escritorio. El conejo finalmente había borrado la sonrisa simplona y molesta que había sostenido todo el tiempo. No es que Jack estuviese cerca de salir impune de todas sus atrocidades pero cuanto menos encontraría una manera de no ser castigado tan severamente. Ahora que Nick había asistido a la última sesión, el zorro había destrozado toda ilusión de éxito para Savage.
-Tomaremos un último descanso para deliberar. En cuanto se retome la sesión se dará el veredicto final de este caso. Pueden retirarse de la sala pero no abandonar el juzgado- Anunció el juez.
Judy al fin pudo respirar tranquila por un momento al ver cómo los policías se llevaban a Jack a otra habitación para esperar su destino. En cuanto estuvo segura de que era prudente, rápidamente corrió a donde se encontraba Nick. Éste se tambaleaba levemente al bajar del estrado y casi parecía que el aire lo abandonaba con cada paso.
-Nick ¿Estás bien?-
-Sí, eso creo. Me tiemblan las piernas Hehe- Sonrió aparentando optimismo.
-Tranquilo, ya terminó y estoy casi segura de que no tendrás qué hablar otra vez-
-Wilde- De pronto Bogo apareció de la nada nuevamente.
-Jefe-
-Debo admitir que no esperaba ver a ninguno de los dos aquí- Confesó el búfalo –Pero me alegra que lo hayan hecho, ahora tal vez al fin podamos librarnos del mal recuerdo de Jack para siempre- Dijo con un inusual tono de alegría en su voz.
-Más vale que así sea- Respondió el vulpino con recelo.
-El verlos aquí a los dos, ¿Significa que volverán a la estación?- Preguntó Bogo.
Nick y Judy intercambiaron miradas por escasos segundos, ambos llenos de incertidumbre pero al mismo tiempo con algo más de confianza en sí mismos.
-Eso creo- Nick esbozó una pequeña sonrisa sin apartar la vista de la coneja.
-Si él regresa, entonces yo también-
-Bien, entonces dejemos que esta pesadilla termine de una buena vez.
El receso aún era joven y sin embargo los canales de noticias ya estaban recibiendo y haciendo llamadas respecto al ahora tan conocida conocido ex oficial Nicholas Wilde. Por ley no podían interferir hasta que la sesión terminase, pero demonios, quien quiera que lograse una exclusiva con tan peculiar personaje de seguro ganaba un aumento seguro. Tal revuelo no pasaría por alto y tanto Nick como Judy empezaban a percatarse de ello ¿Cómo harían para escapar una vez terminase todo? Estar frente a cientos de cámaras, micrófonos y mamíferos no era algo que tuviesen en mente y en el caso de Nick; noche en que perdió su vida había sido similar, sólo que la multitud estuvo ahí para insultarlo y no tener reserva alguna en todo el odio que sentían hacia él. Vaya ciudad más hipócrita; primero él era un asesino ante los ojos de todos y ahora estaba convirtiéndose en el héroe de la ciudad por terminar con los crímenes de Jack. Al zorro le resultaba imposible ocultar su desprecio hacia tal ofensa. Su vida en definitiva no era para deleitar a los demás ¿No podían simplemente dejarlo en paz y ya? Solo eso quería ahora. Paz.
-Nicky- Ahora que Bogo se había retirado Nick tuvo tiempo para estirar las patas por el lugar, y justo cerca de la entrada su madre luchaba contra la multitud para lograr pasar.
-¿Mamá? ¿Qué haces aquí?-
-No esperabas que te dejara solo en algo así ¿Cierto?- Respondió con calidez –Quería ver que estuvieras bien- Levemente inclinó su vista hacia el costado de su hijo, muy claro fue su desagrado al ver a Judy tan cerca de él. Ella no podía culparla por tal desprecio hacia su persona, aunque no por ello la mirada acusatoria de la zorra mayor era menos punzante para Judy.
-Judy- Dijo con frialdad.
-Se… Señora Wilde, un gusto volver a verla- Ni siquiera encontraba fuerza para verla a los ojos ¿Quién podría afrontar la ira de una madre enojada?
-Ojalá pudiera decir lo mismo-
Judy bajó la mirada, resignada al trato que seguramente recibiría de aquí hasta su muerte.
-Oye- Protestó Nick.
-(Suspiro) Lo siento. No es fácil para mí, por favor entiéndelo ¿Sí?- Respondió Marian
-Trataré-
Poco tiempo después el juez se hizo presente otra vez y Jack había sido llevado de regreso a su asiento. No había nada más por hacer, no había otra evidencia qué mostrar y ningún ingenioso discurso podría hacer frente a las declaraciones de Nicholas Wilde. Había sido el jaque mate definitivo para Jack ¿No es así? Debía terminar todo, debía terminar ahora. La tensión se percibía en el aire. Mientras que el jurado retomaba sus lugares y el juez regresaba al medio de la sala todos mantenían la vista pegada en el zorro ¿Por qué? Él no daría el veredicto final y sin embargo todos los ojos estaban sobre él.
-Silencio por favor- Cámaras, murmullos, casi parecía que todos dejaron de respirar por un momento.
Una gota de sudor helado recorrió la espalda de Nick, tragó un bulto muy grueso mientras mantenía los dedos de ambas patas cruzados.
-Este caso ha sido de lo más controversial que hemos tenido en años, el hecho de al fin tener los medios para darle fin es de lo más reconfortante, no solo para mí, sino también para la ciudad. Señor Savage. Por el secuestro y asesinato de numerosos mamíferos en la ciudad de Zootopia, lo condeno, a cadena perpetua y pendiente para la decisión de la pena de muerte- Los ojos de la liebre se abrieron por completo, trató de hablar, de gritar tal vez pero de nada serviría ya. Bien podría maldecir a todo el mundo presente y no conseguir nada más que acabarse la garganta en el intento.
-Oficiales, pueden llevárselo- Con total calma Savage se levantó de su asiento. Era curioso pero de alguna forma todos los presentes esperaban ver algún intento de escape y sin embargo no pasó nada. Dos lobos se posicionaron tras él y lo escoltaron a la habitación de la que había salido, con seguridad a prepararlo para ir a la prisión.
-Esto no ha terminado Wilde…- Magnificas últimas palabras, sin mencionar macabras y aun así el zorro no pudo contener la sonrisa y el regocijo que le ocasionó ver a Jack derrotado al fin. Había sido todo, recuperó su vida por completo no había nada más a qué temer ni razón alguna para alejarse de la ciudad otra vez. O eso es lo que él creía.
-Ahora su caso señor Wilde-
-Mi… ¿Mi caso?- Cuestionó confundido.
-Tengo entendido que hace dos años se presentaron pruebas de que usted había sido el culpable tras la desaparición y asesinato de los mamíferos anteriormente mencionados ¿Estoy en lo correcto?-
-Pues… Sí pero...
-Todas las evidencias presentadas en contra de él se probaron como falsas- Increíblemente Bogo saltó a la defensa del zorro, ni siquiera Judy había pensado en entrometerse en aquél asunto.
-Tal vez, pero la cuestión aquí es que usted Nicholas Piberius Wilde estuvo en carácter de desaparecido por estos dos años. No se le vio jamás en la ciudad durante ese tiempo y definitivamente no presentó nada en contra de Jack Savage hasta este momento. Entenderá que dicha conducta puede parecer sospechosa-
-¿Qué? Espere, espere. ¿Aún creen que yo tuve algo que ver?-
-Algunos miembros del jurado desean que su situación sea analizada nuevamente, sólo para estar seguros-
-¡¿Seguros de qué?! ¡¿De que ese imbécil mintió hasta su último aliento?!
-¡Cuide mucho su tono señor! ¡A partir de este momento es sospechoso del caso y por lo tanto!…-
-No…- Murmuraba Nick.
-¡Deberá permanecer bajo custodia del departamento de policía de Zootopia!-
-No otra vez…-
-¡Hasta que su presunta inocencia sea probada con fundamentos firmes o pase lo contrario!- El firme sonido del martillo firmó la sentencia de Nick. El zorro quedó en blanco; no sentía nada, no escuchaba nada, no lograba percibir absolutamente nada más que el sonido de su propio corazón, mismo que iba gradualmente en aumento hasta sentirlo salir disparado de su pecho ¿Qué demonios había ocurrido? ¿Fue para eso que regresó a la ciudad, solo para ser inculpado y arrestado nuevamente? No era el único con esas ideas en la cabeza.
Judy estaba atónita. Llena de dolor, bajó la mirada y abrazó su estómago en un intento fatal de contener el llanto que con seguridad iba a soltar. Así no es como había imaginado su regreso a la ciudad, eso no es lo que quería para Nick. Ya fuera por curiosidad o simple masoquismo, discretamente miró sobre su hombro y se topó con la desgarradora imagen de Marian sosteniendo ambas manos en su hocico, ella no se había contenido y el caudal de lágrimas que bajaba por sus mejillas era la prueba de ello.
-Llévenselo de aquí- Las últimas palabras del juez hicieron volver a todos en sí mismos. Ninguno de los oficiales presentes se atrevía a cercarse al zorro ya fuera por miedo o respeto pues quién no conocería ya la historia de Nicholas Wilde y después de lo que recién ocurrió, las televisoras tendrían mucho de qué hablar a futuro.
-Wilde- Bogo fue el único que encontró la voluntad para terminar con todo ese alboroto. Nick alzó la mirada al escucharlo y sin más, procedió a abandonar la sala. Caminó por el pasillo central, pasando exactamente entre Judy y su madre. Ambas estaban asustadas por lo que sería de él ¿Cómo ayudar? ¿Cómo intervenir? No había nada que pudieran hacer ahora.
Se acabó.
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Con pasos veloces y después de haber luchado para librarse de la prensa Judy corría por las calles de la ciudad evitando a todo mamífero que se cruzara en su camino, ya fuera por miedo a ser reconocida o simplemente por no querer ver a nadie más. Debía saber lo que pasó con Nick, Bogo se lo llevo por las buenas, sin esposas ni fuerza bruta y sin embargo ella estaba aterrada de sólo pensar en el desenlace que pudo tener todo en la estación. Tal vez simplemente estaba siendo paranoica, ¿Exactamente qué podría pasar? ¿Que Jack de alguna mágica manera hubiese escapado y estuviera esperando por él en la estación? La cordura de Judy no estaba hablando con ella, por primera vez en años se estaba dejando llevar únicamente por sus instintos y tristemente todos le gritaban que él iba a morir. La coneja no se había dado el lujo de tomar ningún transporte, no tuvo tiempo para pensar en ello tampoco quiso hacerlo, confiaba lo suficiente en sus piernas y si bien en el pasado la llevarían hasta el fin del mundo, después de dos años sin mucha actividad física el desgaste empezaba a cobrarle factura.
-Tengo… Tengo que… Debo llegar a la estación- Recuperar el aliento estaba siendo especialmente difícil ahora. Se había detenido en una calle cualquiera y se apoyaba en un poste de luz mientras que mantenía la mirada fija al frente. No faltaba mucho, unas cuantas cuadras y llegaría al ZPD.
Mientras tanto y después del tortuoso viaje de malos recuerdos que Nick tuvo que revivir al viajar en una patrulla de regreso a la estación, el zorro se encontraba dentro del ZPD. Le aliviaba no sentir esposas sujetando sus muñecas; durante los dos años anteriores a su regreso a Zootopia tuvo tiempo más que suficiente para odiar y detestar todo lo que la estación representó para él. Algunas de sus pesadillas más retorcidas tenían lugar en ese lugar y el estar ahí en ese momento era, a falta de una mejor palabra, extraño. Era una complicada mezcla entre miedo y seguridad; las buenas memorias con Judy chocaban con las malas y los recuerdos de la noche de su desgracia aparecían ante sus ojos como flashes de fotografía. Se veía a sí mismo con su uniforme desgarrado, lleno de sangre, incluso lograba revivir el dolor que su cuerpo sentía ese día. El zorro suspiró serenando sus pensamientos y con inseguridad alzaba la mirada hacia aquellos que lo rodeaban. Tal como Judy había dicho antes, había muchas caras nuevas en la estación y aún a pesar de ello, veía bien en sus miradas que muchos de ellos de alguna manera lo conocían o cuanto menos sabían de él y seguramente de todo lo que pasó.
-Wilde- Escuchó al detenerse frente al escritorio de recepción.
-Jefe- Respondió el zorro.
-(Suspiro) Esto no tenía que pasar- Se disculpó –Te aseguro que tu caso se resolverá pronto…-
-¿Cuánto tiempo? ¿Un día, una semana, un mes, un año?- Replicó molesto pero sin alzar la voz –O hasta que otro demente aparezca para inculparme de algo, así ya me tendrán tras las rejas ¿No? Les ahorraría una molestia-
De alguna extraña manera, Bogo, el gran jefe Bogo, quien se había visto frente a frente con criminales famosos y temidos en la ciudad y había logrado romper su voluntad tan solo con su mirada, ahora se estremecía frente a un pequeño e inofensivo zorro ¿Por qué? No era por temor, no podía serlo y estaba seguro de ello, o al menos no lo era en su totalidad. El fracaso no era algo que estuviese en el día a día del gran búfalo y ahora tener a Nick frente a él sólo para recordarle el mayor y tal vez único gran fracaso de toda su vida era, intimidante.
-Lobato- Habló.
-¿Sí?-
-Lleva a Wilde al pabellón D, no hay nadie más ahí y me aseguraré de que así siga siendo hasta que seas libre otra vez- Explicó desviando la mirada.
-Entendido señor…- Ahora Lobato se enfrentaba al zorro. Lo miró por escasos segundos y con eso la pesarosa mirada de Nick logró atravesarlo por completo. ¿Dónde había quedado aquél sarcástico y fastidioso colega que tanto apreciaba? –Nick, por aquí- Dijo sin fuerza para seguir sosteniendo la mirada.
-Esto fue un gran error- Musitó Nick al empezar a caminar tras Lobato.
Bogo, Colmillar y Garraza se quedaron ahí por un rato. No fue hasta que vieron desaparecer a ambos caninos tras una puerta que lograron respirar con tranquilidad.
-Bogo ¿Qué demonios pasó allá?- Cuestionó el felino.
-Nada que yo hubiese esperado, el alcalde prometió que solo sería una declaración y ya-
-¿Y usted le creyó? Nadie ha olvidado lo que pasó esa noche y ahora esto ¿Cuánto tiempo vamos a seguir dudando de él eh?-
-Yo no dudo de él- Corrigió Bogo con firmeza –Ya no lo hago, y en cuanto tenga algo para arreglar esto ten por seguro que no lo pasaré solamente por escrito-
-¿En verdad no lo entiendes Bogo?- Se quejó Colmillar –Ante todas las noticieras de Zootopia, el ZPD volvió a arrestar al zorro equivocado ¿Acaso recuerda lo que nos tomó librarnos del odio público? Porque yo no lo he hecho, ni Lobato y le aseguro que tampoco lo han hecho todos los que nos dejaron… No vamos a soportar otro ataque así, ninguno de nosotros-
Bogo llevó ambas manos al escritorio. Sostenía la expresión de molestia en su rostro sin lograr encontrar una forma de zafarse de eso. Bien podría ayudar a escapar a Nick pero eso solo aumentaría las sospechas en su contra.
-Necesitamos evitar más problemas- Fue todo lo que se le ocurrió para decir.
-¿Cómo? Ahora toda la ciudad sabe, no únicamente que están de regreso, sino que uno de ellos está en la estación- Aclaró Colmillar.
-En realidad ya son los dos- Dijo Garraza con cierta preocupación.
-¿Qué?-
Agotada y agitada. Judy al fin llegó a la estación. Se apoyaba en sus rodillas, sus orejas estaban bajas y hacía un esfuerzo enorme para recobrar el aliento.
-¿Hopps?-
-Donde… ¿Dónde lo tienen?- Jadeó sin siquiera poder alzar la mirada.
-¿Estás bien?- Preguntó Colmillar. Se acercó a ella y se arrodilló para estar a su nivel.
-Pregunté… Dónde tienen a Nick ¡¿Qué diablos pasó allá Bogo?!- Gritó furiosa.
-Creo que está un poco molesta- Murmuró Garraza en el oído del búfalo, obteniendo la irónica mirada de Bogo como respuesta.
-Judy él está bien- Habló el tigre –Pero debe estar aquí hasta…
-¡¿Hasta cuándo?! ¿Cuánto tiempo más tienen que hacerlo sufrir?- El nudo en su garganta era tal que ni siquiera podía respirar bien –Yo no lo traje de vuelta para esto-
Bogo, Garraza y Colmillar no tenían palabras para responder o excusar tal fiasco. Sólo se miraban entre ellos no pudiendo ocultar el pesado y abrumador sentimiento de culpa. El jefe aclaró la garganta, mientras con tranquilidad se aproximó hacia la coneja. Judy esperaba gritos, un regaño por tal falta de respeto y ella desde luego no tenía nada que perder. Bogo la miró con dureza, Judy retomó su postura y se preparó para lo peor.
-Hopps…-
-Nada de lo que diga me va a…-
-Lo siento mucho-
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En la ciudad la noticia del juicio de Jack Savage voló en seguida. Ahora todas las familias de los mamíferos desaparecidos podían dormir tranquilos a sabiendas de que se le había hecho justicia a sus seres queridos. De igual manera había varios que aún se sentían resentidos con todo ese asunto. No era suficiente, definitivamente no era suficiente ¿Qué sería ahora de esa liebre? Simplemente sería encerrado y ya. Su castigo debería ser más severo, algunos querían la cabeza de Savage colgada de algún lugar.
En ese momento la ciudad estaba siendo un completo caos silencioso. Era una guerra fría en contra de un solo animal y de no serenar rápido los ánimos de los habitantes de Zootopia, quién sabe lo que podría llegar a pasar.
En la estación de trenes, un ominoso chillido anunciaba la llegada de uno de ellos. Inmediatamente los pasajeros bajaron de los vagones y de entre todos, un zorro de pelaje anaranjado con una maleta color marrón y vestido con ropa gastada y algo rota bajó a la estación. Miró a su alrededor, habían pasado años desde que estuvo en Zootopia la última vez, ni siquiera podía recordar del todo bien cómo era la ciudad en sí y sin embargo, se sentías en casa, a pesar de que nunca lo había sido ¿Cambiaría algo en esta ocasión? Al salir a las calles lo primero que llamó su atención fueron los grandes edificios con las pantallas. ¿Quién era Gazelle exactamente? Y lo más importante de todo, hacía cuánto que depredadores y presas se llevaban tan bien. Bueno, casi todos al menos pues las miradas despectivas hacia su persona no tardaron en llegar, aunque claro, sus prendas y el estado en que se encontraban eran despreciables para cualquiera, incluso para un zorro.
-Me muero de hambre- Dijo para sí mismo mientras daba vuelta en una esquina. Rápidamente siendo chocado por otro animal.
-Oye fíjate por donde…- Reclamó el extraño. Se trataba de otro zorro, pero este tenía el pelaje de color gris.
-Lo siento mucho-
-Oh, ¿Nicholas Wilde?- Preguntó con asombro.
-Ni… ¿Nicholas? No, no, bueno yo soy Robin Wilde- Aclaró rápidamente.
-Oh, lo siento se parece mucho a otro zorro que muchos conocemos- Se disculpó.
-¿Muchos? Sólo para aclarar, ¿Tiene el mismo color de mis ojos y mi pelaje también?-
-Exacto, son muy parecidos ahora que lo pienso-
-Ya veo… Bueno lamento haberme puesto en su camino. Alguien me espera así que debo irme ya-
Con suma cortesía Robin se despidió y siguió su camino. El zorro pensaba en lo que recién le ocurrió, al parecer su hijo era más conocido de lo que cualquier zorro lo había sido nunca, solo esperaba que dicha fama fuera buena y no la de un criminal. Era difícil no pensar en cosas así al tratarse de su propia especie, el ser un zorro era muy duro y lleno de muchos limitantes, muy pocos vulpinos alrededor del mundo podían decirse exitosos y quienes lo eran, seguro que alguna influencia había del mundo criminal. Eran estereotipos, es lo que él se repetía y sin embargo sabía que mucho de verdad había en ellos. Se suponía que Zootopia era la ciudad perfecta y sin embargo su sueño también murió en ese lugar, sólo su hermano, hacía muchos años muerto, había logrado algo válido en su vida; él se casó con una hermosa dama que se había robado el corazón de muchos de su especie en el pasado y Robin, no tuvo más qué hacer en ese lugar que irse con sus sueños e ilusiones rotas, y buscarse la vida de distintas formas. Había sido golpeado tan duro por la vida que en múltiples ocasiones se vio a sí mismo cerca de la desesperada vida criminal pero su credo era mostrar al menos a quienes le conocían, que no todos los zorros debían llevar esa vida. Era curioso ponerse a pensar en todo eso mientras caminaba por la calle porque alguien pareció confundirlo con su propio hijo.
-Qué tonto…- Rió irónico "Me pregunto cómo estará Marian ahora, no la veo desde que Nicky nació, ¿Cómo estará él? Cuando ella me llamó dijo que regresó pero nunca me dijo por qué se fue en primer lugar ni a dónde, pero Marian sonaba tan asustada. Solo espero que ambos estén bien…"
La tortuosa espera iba a ser eterna si seguía caminando a ciegas. A pesar de tener la dirección de nada le serviría si no sabía en donde se encontraba, el siguiente paso lógico era buscar un transporte que conociera la ciudad. Un taxi, eso era lo más lógico. Mientras viajaba en aquél auto, el conductor tenía la radio en alto, casi todas las estaciones de radio por las que pasó hablaban sobre el gran caso de Jack Savage y el repentino desenlace que tuvo; por desgracia no estaban dando más detalles, Robin no tenía idea de la suerte que tenía al no saber bien de qué iba todo lo que pasó. ¿Cómo reaccionaría de saber que su hijo había sido arrestado por segunda vez? Corrección, ni siquiera sabía de la primera.
-¿Es nuevo en la ciudad?- Preguntó la cebra que conducía.
-¿Eh? Sí, bueno, habían pasado años desde la última vez que vine a Zootopia- Explicó -¿Cómo lo supo?-
-Bueno, eres el único que no me ha pedido subir más el volumen de la radio, se ve que no sabes lo que pasó hace dos años-
-¿Tan malo fue?-
-Amigo, te daré un consejo. A veces la ignorancia es una bendición, y ésta es una de esas ocasiones. Es mejor que no lo sepas- Respondió con cierta tristeza.
-Entiendo… Pero, dígame algo, tal vez suene extraño pero… ¿El nombre Nicholas Wilde le suena conocido?-
Un chillido al parar en seco alertó a todos los conductores circundantes, una fortuna haber parado en un crucero y que la luz marcara el alto o de lo contrario con seguridad habría ocasionado un gran accidente.
-E… ¿Está todo bien?-Preguntó Robin. Asustado y con el corazón saltándole del pecho.
-Lo siento mucho, estos viejos frenos tienden a ser muy molestos. Por cierto ¿Dijo algo sobre Nicholas Wilde?-
-Yo…- La idea de que tal vez era algo muy malo lo que pasó en todo ese tiempo que no estuvo en la ciudad tomó más fuerza después de lo que recién ocurrió. ¿Y si era en realidad odiado por todos ahora? ¿Y si había sido el protagonista de un crimen terrible? Esa cebra estaba en lo cierto, la ignorancia podía llegar a ser una bendición en algunos casos –No… Creo, creo que escuchó mal-
Unos minutos más tarde Robin llegó a su destino. Pagó el transporte y se encontró sólo frente a la casa de Marian, o es lo que esperaba, definitivamente no estaba del todo seguro de haber llegado al lugar correcto.
-A ver…Según la dirección que me dio, éste es el lugar correcto (Suspiro) Aquí vamos- Llamó a la puerta con tres simples golpes y esperó. Mientras aguardaba a que alguien atendiera, toda clase de pensamientos abordaron su mente; Desde las preguntas más preocupantes hasta las más ridículas. ¿Cómo lo recibiría Marian? ¿Cuánto habría crecido Nick? ¿Se acordaría de él si quiera? ¿Habría sido el lugar correcto? Pequeñas distracciones como esas entre tanta angustia ayudaban a serenar los nervios. Prueba de ello era la pequeña risa que logró soltar.
Entonces, la puerta se abrió, o al menos en parte; simplemente se retiró el seguro y la perilla giró levemente pero nadie abrió. Confundido, Robin empujó la puerta, aún sin lograr ver a nadie del otro lado. Con pasos inseguros entró y fue entonces que sus orejas reaccionaron ante los murmullos de otro animal, dio un par de pasos hasta la cocina y la vio. Pese a que ella le estaba dando la espalda, definitivamente Robin no había olvidado para nada el aspecto de su amada Marian, misma que por desgracia jamás estuvo con él y sin embargo estaba seguro de lo que sentía por ella, aún después de tanto tiempo.
-¿Mary?- Ella captó de inmediato esa palabra. Un simple apodo, nada más que eso y aún así era una sensación tan cálida y reconfortante escucharlo. Estaba tan conflictuada consigo misma en ese momento que recibir tan piadoso reposo emocional había sido demasiado para Marian.
-¿Estás bien?- Preguntó Robin. Ahora ella temblaba y fácilmente podía ver que se abrazaba a sí misma, de igual manera empezó a gimotear y de ahí pasó al llanto. Sin perder tiempo observando tan cruel escena, Robin soltó su maleta y corrió a sostenerla, la giró y entonces pudo ver su rostro lleno de lágrimas. Marian no lograba contener por mucho tiempo el aliento y en definitiva estaba devastada a tal punto que fue ella quien se abalanzó sobre él. Lo abrazó con fuerza, se aferró no queriendo estar sola en ese momento y hundió el rostro en su pecho. La humedad no tardó sentirse en el pecho del zorro y eso ocasionó que este apretara más el abrazo.
-Hey ¿Qué es lo que pasa? ¿Estás bien? ¿Nicky está bien?- Preguntaba él.
-Él… Él está… Fue…- Balbuceos era todo lo que salía de su boca. Era tal su desesperación que ni siquiera encontraba por dónde empezar. Era frustrante, era una horrible sensación para ella.
-Mary, Mary, cálmate un poco ¿Sí?-
Ella lo miró con atención. Pese a lo devastador que era para Robin verla así, se las arregló para esbozar una pequeña sonrisa. Pasó sus manos por las mejillas de Marian, mientras revolvía con delicadeza su pelaje anaranjado. La acariciaba, la reconfortaba, todo en busca de tranquilizarla. Con un prolongado suspiro finalmente dejó de lado la desesperación. Reposó su mano sobre la de Robin, misma que aún se encontraba sobre su mejilla. Sus ojos aún llenos de lágrimas lo vieron por algunos segundos más, hasta que finalmente bajó la mirada.
-Pasó algo terrible con Nicky…-
-E… ¿Está?...-
-No, no está muerto, aunque por dos años así lo creí… Ha sido una locura todo lo que pasó, y después de hoy no estaba segura de que soportaría nada más. Lamento mucho cómo reaccioné pero verte aquí, escucharte después de tanto tiempo yo…-
-Oye, oye… Lo entiendo. A mí también me da mucho gusto verte-
-(Suspiro) Ni siquiera sabía si vendrías… O si me responderías en primer lugar Hehe…- Rió algo nerviosa.
-No te iba a dejar así…-
-¿Qué es lo que te pasó? Tu ropa y todo tú están…-
-Algo desaliñados lo sé- Rió levemente –Digamos que debía terminar un trabajo o de lo contrario no hubiera podido venir aquí-Explicó Robin.
-Debes estar exhausto, y yo aquí llorando como una niña pequeña…- Dijo con un nudo en la garganta.
-No digas eso. Yo estoy bien, pero ahora necesito saber qué es lo que pasó ¿De acuerdo? ¿Dónde está Nicky? ¿Dónde está nuestro hijo?-
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Tal y como Bogo prometió, la zona en que habían metido a Nick estaba completamente vacía. Era reconfortante ya que un policía nunca había sido muy bien recibido entre los delincuentes, y ver a uno encerrado junto con ellos, solo Dios sabe lo que podría llegar a pasar. Solos dos animales estaban ahí, uno detrás de las barras de metal y otra sentada justo al frente. El ánimo de Nick estaba por los suelos, no sin razón alguna pues una vez más se encontraba en el lado contrario de la ley. Estaba sentado en la banca y la mirada clavada en la pared frente a él mientras que Judy no paraba de hablar. Contaba chistes, hacía ingeniosas (lamentables) interpretaciones de Bogo y los demás miembros de la estación que habían visto hasta ahora y sin embargo no había palabra alguna saliendo de la boca del vulpino.
– (Suspiro) En verdad lamento que todo haya terminado así- Musitó desanimada –Jamás creí que esto llegaría a pasar, solo esperaba que dijeras unas palabras y saliéramos de ahí a desayunar algo-
Sin respuesta alguna.
-Tienes… ¿Tienes hambre? ¿Nick?-
Silencio.
-Voy… Voy a conseguirte algo de agua al menos- Desanimada se levantó y le dio un último vistazo al zorro, muy poco faltaba para reproducir el deplorable estado en que se había encontrado dos años atrás. Era devastador para ella –Volveré pronto-
-Lo eché a perder Judy- Escuchó.
-¿Qué?-
-Lo arruiné todo hace dos años y ahora me lo restriegan en la cara- Explicó Nick.
-¿De qué hablas? Tú no tuviste nada que ver en lo que pasó sólo…-
-No lo entiendes Judy… Fui un completo cobarde al huir de la ciudad y ahora… Esto es lo que obtengo por eso-
-¿Cobarde?-
-Si no hubiera salido de la ciudad por todo ese tiempo, habría asistido al juicio de Jack y todo habría terminado rápidamente… En vez de eso escapé a la primera oportunidad, ni siquiera tuve el coraje de verte a la cara otra vez y…-
-Oye ya basta- Dijo Judy pasando su mano entre las barras de acero para alcanzar el hombro del vulpino –No tienes que ser tan duro contigo mismo… Yo fui quien te metió en todo esto en primer lugar.
-¿Cómo crees que habría resultado todo de no haber huido así Judy? Jack habría estado encerrado de por vida hacía mucho, no te habrías alejado tanto tiempo de tu familia y definitivamente no me habría hecho todo esto a mí mismo- Observó sus brazos, sintió la piel bajo su pelaje y por ende todas las cicatrices que tenía sin mencionar el amargo recuerdo de todas aquellas que su ropa ocultaba –Mi madre no hubiera tenido que pasar todo ese tiempo ella sola… Soy un idiota-
-¡Claro que no lo eres Nick! ¿De verdad esperas que alguien hubiese reaccionado de manera coherente en una situación como la que tú viviste? Al menos sé que yo no lo habría hecho, hubiera regresado con la cola entre las patas a casa… Tú al menos encontraste una manera de seguir adelante, aunque hubiera sido lejos de todo lo que te hizo daño-
-¿Y de cuánto sirvió? Al final de todo regresamos a lo mismo-
-Pero esta vez muchos saben que eres inocente, eso debe contar de algo ¿No?-
-Dependerá de los idiotas que vayan a juzgarme ahora- Respondió Nick.
-Si… Si te sirve de consuelo… Haré todo lo que pueda para obligar a Bogo a cumplir lo que dijo-
-¿Para que nos devuelva el empleo? Lamento decirte que después de esto dudo mucho que mi expediente esté limpio… No creo que me permitan volver Judy. Ya te lo dije, lo eché todo a perder.
-No mientras yo esté aquí-
Palabras alentadoras que al fin tuvieron un efecto en el zorro, tristemente no era más que una mentira hecha por Judy, pues en ese momento estaba tan perdida como él. Difícilmente Bogo podría hacer algo ahora, al menos no podría sin terminar de destrozar su carrera policial y lo mismo iba para cualquiera de los oficiales presentes en el ZPD. La única opción que podía llegar a tener era que ella misma organizara el escape y después de eso ¿Qué? El pensar tanto en todo eso iba a causarle dolor de cabeza a la larga sin duda alguna. Solo quedaba olvidar y seguir adelante por un rato hasta pensar en algo mejor.
Para empeorar un poco las cosas, en ese día Nick definitivamente no abandonaría la estación. Judy por desgracia tuvo que hacerlo, no podían permitir dejar a un civil cerca de los prisioneros por toda la noche así que eso iba a ser todo. Ella prometió que volvería mañana a primera hora y aun así sentía como si jamás volvería a ver a Nick. Miles de pensamientos descabellados cruzaron por la mente de Judy mientras iba camino a su nuevo departamento, nuevo, grande y vacío. Irónicamente ahora llegaba a extrañar un poco a Violet, tal vez era un poco paranoica pero al menos podría alguien con quien hablar y olvidar un poco la culpa y el dolor. En definitiva no podría dormir bien esa noche.
Para Nick no era la excepción. Hacía mucho tiempo ya que las luces de casi toda la estación habían sido apagadas y que el silencio se había adueñado de toda la sección y sin embargo Nick no paraba de retorcerse y moverse sobre la cama, musitaba y gemía todo con los ojos aun cerrados, hasta que de pronto se levantó de golpe, se estrujaba el pecho por sobre su chaleco y miraba en todas direcciones tratando de recobrar el aliento. Estaba agitado, estaba asustado, completamente fuera de sí hasta que después de un par de respiraciones profundas, logró calmarse.
-Solo fue una pesadilla- Dijo para sí mismo al bajar la mirada, ahora sintiéndose algo tonto de haber reaccionado así en primer lugar –Tranquilízate Nick, ya estuviste en esta situación una vez, al menos ahora no tienes costillas rotas-
Un continuo golpe en los barrotes se hizo presente.
-¿Qué?- Parecía que alguien estuviese golpeando algo contra ellos y también parecía estar acercándose cada vez más a la celda de Nick -¿Quién anda ahí?- Cuestionó al levantarse de la cama. No se explicaba cómo ni por qué pero aun a pesar de escuchar el ruido tan claramente, no lograba ver a nadie en el pasillo. Estaba oscuro claro que sí, pero él debía ser capaz de ver en la oscuridad a la perfección y sin embargo, nada.
-¿Zanahorias eres tú? ¿Bogo? ¿Lobato? ¿Alguien?- Nadie le respondía y eso solo hacía que los nervios del zorro se dispararan por los aires. No estaba armado, no estaba protegido de ninguna manera y algo le decía que esos barrotes que lo encerraban no le servirían de nada. Toda la angustia que estaba sintiendo empeoró en cuanto no escuchó nada más. Absoluto silencio se apoderó por completo del ambiente. Todos y cada uno de los sentidos del vulpino estaban alertas pero no lograba percibir nada, ni con olfato ni con oído mucho menos con la vista. Pasaron algunos minutos y no parecía haber nadie al final de todo –Creo… Creo que fue mi imaginación…- Musitó con la voz temblorosa, acompañándola de una sonrisa nerviosa –Tengo… Tengo que descansar…-
-Yo puedo ayudarte con eso- Esa voz, esa maldita voz. Tan conocida y tan odiada por Nick ¿Qué estaba haciendo con él? ¿Cómo es que Jack había logrado escapar? Con suma lentitud se giró hacia atrás y pudo sentir una punzada muy aguda en su columna al ver a la liebre recargada en el muro. Ese infeliz de Jack le sonreía, incluso reía levemente y Nick estaba petrificado, simplemente pensando en qué pudo haber salido mal y más importante aún ¿Judy estaría bien?
-Si estás pensando en tu coneja, no tienes nada de qué alarmarte, aún no la he visitado, aunque tengo pensado hacerlo antes de que termine la noche. Tal vez pueda divertirme un poco con ella otra vez- Rió de forma macabra.
Nick tragó un bulto muy grueso y siendo guiado únicamente por su instinto logró protestar.
-No te atrevas a acercarte a ella-
-¿Y qué harás para detenerme? ¿Qué podrías hacer si ni siquiera puedes caminar?- Comentó Savage, a lo que el zorro reaccionó con mera confusión ¿No podía caminar, a qué se refería con eso exactamente? El ensordecedor sonido de un disparo respondió aquella duda y un segundo disparo disipó toda sospecha de que no fuera real. Un dolor más que conocido se manifestó en la pierna de Nick. En un principio su mente ni siquiera podía procesar lo que ocurrió, únicamente miró hacia abajo y vio la sangre escurriendo por su pata, su pelaje anaranjado manchado de carmesí y entonces la horrible sensación de las balas incrustadas en su pierna otra vez. Ni siquiera pudo gritar, solo se arrodillo y cayó. El shock había sido tal que ni siquiera logró hablar, simplemente hacía ruidos con la garganta sin poder articular palabra alguna. Fue entonces que vio a Jack Savage caminando hacia él. Olfateó la pólvora y pudo tener un primer plano del arma humeante en sus diminutas patas. La liebre lo observó por escasos segundos y alzó el arma otra vez, en esta ocasión apuntando a su cabeza.
-Te dije que no habíamos terminado Wilde…-
-A… Apártate de Judy…-
-Ella no es tuya zorro, jamás lo fue y jamás lo será… Yo ya la reclamé. Hasta nunca Nick- Jack tiró del gatillo y entonces todo se oscureció.
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Nick…
Nick…
Nick…
¡Nick!
-¿Qué?- Por poco cayendo de la cama el zorro despertó. Analizó su entorno, se miró a sí mismo, su pierna, todo estaba en orden. No había heridas, no había Jack, aunque sí habían algunos ruidos raros, más concretamente, alguien diciendo su nombre una y otra vez.
-¡Nick! ¿Estás despierto?- Escuchó al otro lado del muro.
-Esa voz…- Gruñó tratando de despertar por completo. Aún tallaba sus ojos y no dejaba de bostezar.
-¿Me escuchas?-
-Za… ¿Zanahorias?- Dijo con asombro al analizar bien aquella voz -¿Pelusa eres tú?- Exclamó levantándose del suelo.
-¡Sí! ¡Aquí arriba!- Respondió jovial la pequeña coneja. Nick alzó la mirada hasta la ventana rectangular que había en la parte superior del muro y ahí fue donde la vio. Completamente aferrada a los barrotes y sonriendo de oreja a oreja.
-¿Judy?-
-Hola… No te desperté ¿O sí?-
-Heh… Solo de una pesadilla, te agradezco Zanahorias. Espera ¿Cómo?...-
-Estoy parada sobre la rama de un árbol y no es muy estable que digamos así que… No te asustes si me escuchas gritar y ya no puedes verme ¿De acuerdo?- Dijo sonriente.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó él.
-Bueno… La idea de dejarte aquí solo toda la noche no me pareció muy adecuada… No podía dormir así- Explicó cabizbaja.
-¿Viniste desde tu departamento hasta acá?-
-Algo así… ¿Cómo te encuentras?- Preguntó preocupada.
-(Suspiro) Un poco mejor ahora que estás aquí- Era curioso cómo la simple presencia de esa coneja podía tranquilizarlo tanto, más sorprendente aun cuando hace un par de años el verla era como un tabú para Nick.
-¿De qué era esa pesadilla dime?- Pidió la coneja.
-Nada importante… Una tontería simplemente-
-¿Estás seguro?-
-Ahora lo estoy. Dime algo Pelusa, si me quedó aquí por un año ¿Vendrás a acampar en ese árbol todo ese tiempo?- Era un claro intento por desviar la conversación hacia aguas más tranquilas.
-¿Acampar? Construiré una casa en este árbol de ser necesario ¿Sabes?-
-Hehe. Confío en que lo harás Zanahorias-
Durante gran parte de la noche así fue como ambos lo tuvieron que pasar. Judy haciendo equilibrio sobre una muy delgada rama de árbol y Nick manteniendo la vista hacia arriba para poder ver a su coneja. Hablaron durante horas aunque no se lograba ver el sol en el horizonte. Poco a poco ambos iban perdiendo su batalla contra el sueño. Nick tenía una cama, muy incómoda y pobremente armada pero al menos era una cama. Con seguridad Judy tendría que bajar del árbol para dormir en el césped esa noche, una pena que no llevase consigo ninguna frazada, pero al salir de casa no podía pensar en nada más que en Nick. Los dos aguardaban por un mejor amanecer, que las cosas otra vez se pusieran de su parte al menos por una vez. No era mucho pedir ¿O sí? Esperaban que no, o de lo contrario, sería incierto lo que pasaría después de esa noche, toda una irónica fortuna que al menos no empezara a llover.
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El tan ansiado amanecer se asomaba por el horizonte de la ciudad. Mientras el resto de las sombras se disipaban y algunos animales despertaban, otros tales como Judy no encontraban la fuerza necesaria para iniciar el día. Algo irónico siendo que hacía mucho ella solía ser más rápida incluso que el sol; siempre despertando antes que el resto de la ciudad para iniciar su día a día. Aunque claro antes tenía un trabajo por el cual preocuparse y un zorro al cual despertar a la fuerza. Sobraba decir que el césped de los aparcamientos del ZPD no era nada confortable. De una manera algo extraña Judy seguía dormida sin siquiera percatarse de la mañana recién iniciada. No fue hasta que pequeñas briznas de maleza rozaron su nariz que un estornudo inoportuno la sacó de su profundo sueño.
-Esa sensación es horrible…- Se quejaba al tallar su nariz una y otra vez –Aunque muy familiar también- Imposible no recordar las tardes que solía quedarse dormida en los campos de las madrigueras cuando era tan sólo una niña. Buenos pero también melancólicos recuerdos. Mismos que ahora no tenían razón de ser. A penas estuvo al completo despierta, saltó al árbol en que había estado la noche anterior y haciendo un balance casi perfecto llegó hasta la ventana de la celda del zorro.
-Buenos días Nick… ¿Nick?- Mucha fue su sorpresa al no verlo ahí. Examinó con detenimiento el lugar; no había nadie más en las celdas, estaba completamente vacío -¿Qué rayos está pasando? ¡¿Nick estás aquí?!- Gritó. Y su eco fue quien le respondió –Bogo-
A toda prisa Judy corrió a la entrada más cercana del ZPD. ¿Qué fue lo que le habían hecho a su zorro esta vez? Por el bien de Bogo más vale que nada malo.
Mientras tanto en la recepción de la estación se encontraban dos figuras muy particulares. Uno de ellos era Robin, llegado a la ciudad hacía tan solo un día y no tardó mucho en ir en busca de su hijo. Por otro lado el alcalde Leodoro charlaba tranquilamente con el jefe Bogo y en medio de toda esa extraña escena Nick aguardaba pacientemente a lo que podría ser el fin de toda su pesadilla.
-¿Es esto oficial alcalde?- Preguntaba Bogo revisando un documento.
-Siempre cumplo mis promesas Bogo, tu zorro se presentó y ahora depende de mí decidir el destino de esa liebre desquiciada- Explicó el león.
-¿Y qué hay del caso de Wilde?-
-¿Cuál caso? Todas las evidencias presentadas habían sido falsas ¿O no?- Sonrió suspicaz.
Nick pudo respirar tranquilo al escuchar esas palabras. De ninguna manera esperaba una resolución tan repentina, mucho menos que saliera de prisión sin más ni más.
-Debo admitir que no esperaba bueno… Que fuera tan pronto- Confesó Bogo.
-Ahora estamos a mano y espero que el rendimiento del ZPD no baje a pesar de que haya tantos novatos en la estación ¿Quedó claro?- Dijo con seriedad el alcalde.
-Sí señor…- Masculló Bogo entre dientes.
-Ahora debo irme. Debo volver antes de que empiece la asamblea de presas o tendré que hablar con todos ellos si no me encuentran- Musitó mientras salía de la estación.
-Bien Wilde, creo que eso es todo, y usted señor…-
-Wilde- Respondió Robin.
-¿Qué?-
-Él es mi tío- Explicó Nick –Hacía mucho tiempo que no lo veía-
-Uno podría jurar que son hermanos con ese parecido tan monstruoso- Comentó el búfalo –Pero no me importa, así que hagan lo que tengan que hacer y Wilde-
-¿Sí?- Respondieron los dos zorros al unísono.
-Am… Nick-
-¿Qué pasa jefe?-
-Espero tu respuesta… El mes que viene- Suspiró rindiéndose ante todo lo que había pasado con él. Era más que claro que no obtendría una respuesta una semana –Y cuando veas a Hopps dile lo mismo ¿Sí?-
Ahora solo asintió. Robin tomó el hombro de su hijo y lo animó a caminar fuera de la estación. Éste le sonreía con tranquilidad y para Nick resultaba especialmente extraño verlo ahí en esa situación, más aún cuando habían pasado años desde la última vez que estuvo en contacto con él.
-¿Pasó algo malo?- Preguntó Nick.
-Yo soy quien debería preguntarte eso… Tu madre me explicó una parte pero verte en prisión, vaya, no creí que llegaría a tanto- Comentó algo decepcionado.
-Para limpiar mi nombre diré que me inculparon- Aseguró.
-Lo mismo dijo ella, pero quiero saber qué…-
-¿Nick?- Escucharon ambos. Se giraron para encontrarse con el origen de aquella voz.
-¿Judy?-
-E… ¿Está todo bien?- Preguntó la confundida coneja.
-Eso parece- Respondió el zorro.
-¿Ella es?-
-¿La conoces?- Preguntó Nick a su tío.
-Tu madre habló de varias cosas sobre lo sucedido hace dos años…-Comentó reacio a mirar a Judy.
-Oh- Dijeron Nick y Judy al unísono.
-Nicky tu madre te está esperando ahora así que será mejor irnos- Dijo Robin empujando levemente al zorro.
-Zanahorias… Dile a Bogo que te explique todo… Te veré más tarde-
-Claro- Musitó la coneja mientras lo veía alejarse – (Suspiro) Y ahora qué te pasó Nick…-
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No hubo muchas palabras entre los dos zorros en su camino a casa de Marian. De hecho ni siquiera intercambiaban miradas entre ellos. Únicamente caminaron lado a lado hasta tomar un taxi. Nick permaneció en el asiento trasero justo al lado de la ventana; recargando su cabeza sobre su brazo manteniendo la vista perdida en la ciudad que pasaba frente a sus ojos. Sentía el viento en su pelaje y de alguna manera lo hacía sentir a salvo. Era lógico pensar que el haber salido de prisión le reconfortaba especialmente en ese día.
-¡Nick!- Clamó su madre al verlo entrar por la puerta sano y salvo.
-Hola mamá- Respondió al recibir un abrazo de su madre.
-¿Estás bien? ¿Te lastimaron? Y ¿Cómo es que estás aquí?- Interrogó Marian.
-Tranquila Mary, al menos déjalo llegar- Rió Robin mientras colgaba su abrigo en el perchero.
-Lo siento… Es que… Después de lo que pasó ayer bueno… No esperaba verte aquí tan pronto- Explicó con la cabeza baja.
-Entiendo, y lamento que las cosas hayan terminado así- Confesó el zorro.
-¿Cómo que lo lamentas? No fue tu culpa… Da igual, al menos estás aquí ahora- Sonrió aliviada.
-Sí, aquí estoy pero… ¿Por qué?-
-¿De qué hablas?- Preguntó Marian.
-Robin fue por mí pero… Dudo mucho que supiera que me soltarían esta misma mañana-
-Sí sobre eso…- Habló el otro zorro.
-Verás Nicky. Hay algo que debemos contarte-
-¿Pasa algo malo?-
-Es sobre esa coneja… Judy así es como se llama ¿No es así?- Habló Robin.
-Sí… Si es por lo que pasó hace dos años… Mamá creí que me dejarías a mí manejar eso- Se defendió Nick.
-Así es, pero después de lo de ayer me quedó claro que ella no te traerá absolutamente nada bueno a la larga Nicky-
-¿Cómo puedes estar tan segura de eso? En un principio fue ella quien me llevó a ser policía-
-¿Y cómo terminó esa etapa de tu vida eh?- Cuestionó su tío.
-Espera, espera ¿Para eso es que lo llamaste a él?- Cuestionó indignado –No puedo creerlo. ¿Tanto odias a Judy mamá?-
-No la odio… Pero no puedo aceptar lo que te hizo, mucho menos puedo aceptarla tan cerca de ti. Solamente te ocurren cosas malas cada vez que la tienes a tu lado ¿Qué hay de prometedor en un futuro así dime?-
Nick bajó la cabeza. Sería mentira decir que estaba seguro de lo que hacía. Mucho tiempo había pasado desde que tuvo control sobre algún aspecto de su vida, ahora todo no era más que un gran y magnifico juego de azar. En el que, hasta ahora, solo había obtenido muy malas jugadas. No es que él ignorase todo lo que Judy ocasionó, tampoco es que no le importara pero no había más opciones a las cuales aferrarse. Con Judy a su lado al menos garantizaba algo de felicidad.
Por la mente de Marian lo único que en esos momentos tomaba absoluto control de sus ideas era aquél olvidado y arraigado instinto materno. El mismo que le decía a gritos que debía proteger a su hijo de todo aquello que podría lastimarlo. Desde que Nick volvió no había visto en él más que a un niño perdido otra vez. No importaba que fuera un adulto, no importaba que hubiese sido policía, ahora únicamente lo veía perdido. No se le podía culpar. Era una madre angustiada y al igual que todas, quería lo mejor para su hijo aunque eso significara entrometerse en su vida otra vez.
-Puedes pensar de mí lo que quieras. Pero nada más busco lo mejor para ti ¿Entiendes?- Habló su mamá.
-Ambos lo buscamos- Agregó Robin.
-(Suspiro) Trato de entender esto ¿Saben? Y el que mi madre le tenga tanto rencor a Judy puede tener sentido pero tú tío… ¿Por qué?-
Los dos zorros mayores intercambiaron miradas por algunos segundos. ¿Qué tanto bien le haría Nick escuchar la verdad? O más importante ¿Le haría algún bien? El cómo reaccionaría alguien al saber que toda su vida había sido una gran farsa era devastador en cualquier escenario. Más aún para alguien como Nick. Sin embargo ¿De qué serviría argumentar acerca de lo que está bien o está mal en su vida si sus padres le seguían mintiendo? Sería peor si en un futuro cercano o lejano él llegara a enterarse por otros medios. Con seguridad lo perderían para siempre y eso era algo a lo que Marian ya no quería temerle nunca más. Es así como iba a ser, tomarían el riesgo tanto ella como Robin; al fin y al cabo siempre había sido su familia. Marian sería la primera en hablar. Ella vivió mucho más tiempo con Nick y podría decirse que lo conocía mejor que nadie, si debía enterarse por alguien definitivamente debía ser ella.
-Nicky por favor siéntate- Pidió. Aunque el vulpino no atendió.
-Lo que vayas a decirme. Prefiero que sea de frente-
Marian inhaló profundamente a la par que Robin se acercó a ella. La tomó del hombro y con suma humildad le sonrió.
-Nicky… Yo… No hay forma sencilla de decir esto pero… Debes saberlo ahora. No quiero, no queremos lastimarte más- Comentó con la voz temblorosa.
-¿De qué hablan?-
-Lo que tu madre quiere decir es…-
-No… Debo ser yo quien se lo diga- Afirmó ella. Se dirigió hacia su hijo de esa manera generando un temor inexplicable en el vulpino. Nick tragó un bulto muy grueso y sin tener la menor idea de qué esperar permaneció callado.
Marian tomó sus manos suavemente, le sonrió y con temor a no poder hacerlo nunca más. Lo abrazó fuertemente.
-¿Mamá?-
-Nick…- Se separó de él -¿Recuerdas a tu padre?-
-Por supuesto que sí…- Respondió confundido.
-¿Y sabes en dónde está?-
-¿Por qué me preguntas eso?...-
-Sólo respóndeme ¿Quieres?- Interrumpió a punto de irrumpir en llanto.
-Está sepultado en el cementerio de la ciudad ¿También quieres que mencione el lote de la lápida?- Inquirió algo molesto.
-No… Nicky tu padre no está sepultado- Corrigió desviando la mirada.
-A… ¿A qué te refieres?-
-Tu padre está… Está aquí-
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El mundo entero sobre el que Nick había hecho y vivido su vida se había desmoronado en cuestión de segundos. Miles de ideas, miles de pensamientos. Todo en su mente era un conflicto enorme. ¿Debía odiarlos? ¿Debía ignorarlos? ¿Debería estar feliz de saber que aún tiene un padre que se preocupe por él? ¿O furioso porque todo, absolutamente todo en su vida fue una vil y elaborada mentira por la mujer que lo cuidó por años y un hombre que a penas y conocía bien? Y aun así. Después de lo que hicieron, ambos tuvieron el descaro de decidir sobre su vida ¿Con qué derecho? ¿Con qué cara podían siquiera pensar en hacer semejante cosa?
Por el resto del día no vio a nadie, no habló con nadie. Únicamente deambuló por toda la ciudad. Sería seguro decir que visitó todos y cada uno de los distritos de Zootopia. En todos ellos buscando algo. ¿Tal vez a sí mismo? No tenía idea. Simplemente buscaba perderse, eliminar de su mente todos los pensamientos restantes sobre lo que recién vivió.
La caliente arena de Sahara Square bajo sus patas. Las incesantes lluvias del distrito forestal y para finalizar tan amargo y melancólico recorrido, los fríos vientos de Tundratown erizándole la piel y congelando sus patas al caminar. La noche había llegado en todo el tiempo que le tomó poner en orden todas sus ideas. Solo el alumbrado público iluminaba su camino. Nadie le hacía compañía, se encontraba completamente sólo. Sus patas no dieron para más en todo el tiempo que pasó deambulando por ahí. Con un prolongado suspiro se dispuso a reposar en una banca en el centro del distrito. Una estatua de un lobo blanco ornamentaba la plaza. Estaba cubierto de nieve y un poco de hielo no dejando ver bien el rostro del animal.
Nick se llevó las manos a su sien. Frotó su cabeza con algo de molestia y con un gruñido terminó de liberar por completo el estrés que llenaba su cuerpo. Alzó la mirada nuevamente esta vez mirando al oscuro cielo nublado y como un faro entre un tormentoso mar escuchó una voz que lo reconfortó hasta lo más profundo de su ser.
-Aquí estás-
-¿Judy?-
-¿Cómo estás?- Preguntó con gentileza.
-No muy bien. Pero creo que eso es obvio- Respondió desviando la mirada.
-¿Qué tan mal te fue con tu madre?- Cuestionó un poco más seria.
-Mucho peor de lo que te fue a ti- Respondió cubriendo sus ojos con sus manos.
-¿Qué? Pero ella…-
-¡Toda mi vida fue una gran mentira!- Exclamó apretando ambos puños.
Judy no pudo evitar el susto de aquella repentina acción. Agregando los grandes colmillos que sin ningún reparo mostraba el zorro.
-U… ¿Una mentira?-
-Ella… Ellos me… Engañaron- Respondió bajando la cabeza.
-¿Ellos? ¿Te refieres a tu tío?
-No es… (Suspiro) En realidad era mi padre- Musitó.
-Tu… Hay Dios…-
-Estoy perdido Judy… Completamente perdido-
-¿Es por eso que no me llamaste ni escribiste en todo el día?- Preguntó angustiada.
-Sí… En verdad lo siento Judy pero yo… En verdad necesitaba respirar- Se disculpó el zorro.
No obtuvo más respuestas después de eso y la ilógica idea de que ahora Judy estaba molesta con él se apoderó de su mente casi de inmediato. Nick ya no estaba seguro de nada. No sabía en qué o en quién creer. Hasta que sintió el pequeño cuerpo de su coneja juntarse con el suyo.
-No… ¿No estás molesta?- Cuestionó con asombro.
-¿Molesta? Escucha Nick, no sé qué clase de cosas estén pasando por tu mente en este momento, pero jamás me molestaría que no me hayas llamado por algo así. No me imagino cómo debió ser para ti enterarte de algo así y siendo completamente honesta contigo, no quiero saberlo y dudo mucho que tú quieras hablar de eso conmigo- Explicó mirándolo a los ojos.
-Judy yo…
-Tampoco es necesario que digas nada- Le sonrió – Solo quiero calmarte, ayudarte un poco de ser posible pero difícilmente podría decirte algo que te ayude a superar lo que pasó… No sé nada de eso y no quiero saberlo jamás… ¿Qué dices?-
Nick la miró. Sintió un poco de humedad acumularse en sus ojos y rápidamente la eliminó al pasar su antebrazo por sus ojos al mismo tiempo que reía levemente para tratar de disimular, una máscara que hacía mucho tiempo ya no podía engañar a Judy. La coneja saltó de la banca hacia el suelo y tomó las manos del zorro.
-Hay que ir a casa Nick… Si después de todo aún sientes que tienes que desahogarte de alguna manera, con gusto escuchare todo lo que tengas para decir- Le sonrió con tanta calidez que de pronto el vulpino dejó de sentir el frío a su alrededor.
-Gracias Zanahorias-
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Una caminata nocturna por la ciudad jamás había sido tan agradable, mucho menos tan romántica como lo había sido la que Nick y Judy tuvieron en esa noche. Sin decir palabra alguna, simplemente tomándose de las manos sin querer dejarse ir el uno al otro. Ocasionalmente intercambiando miradas, riendo en silencio o sonriéndose mutuamente. Era como si conversaran sin hablar, simple lenguaje corporal que los ayudaba a seguir adelante a los dos. Para Nick especialmente ese día había sido una montaña rusa desenfrenada que jugó y estrujó su corazón, pero ahora encontraba en la mirada de Judy aquello que anheló en cuanto regresó a Zootopia. Paz. Tranquilidad y nada de temor, se sentía seguro. No importaba nada de lo que su madre o su recién descubierto padre pudiesen decir de Judy, ella era lo que él más necesitaba dentro de su vida y sin ella… No podía imaginar nada en esa clase de futuro.
Cuando por fin llegaron al nuevo departamento de Judy en el centro de la ciudad una pequeña tormenta se desató justo al entrar. Menuda suerte con la que los dos habían contado pues aún conservaban algo de nieve en la ropa y el pelaje. Habría sido una total desgracia ser empapados en ese estado. El piso no rechinaba bajo sus pies, la puerta no se trabó al entrar y había una considerable cantidad de calor guardada en el interior del nuevo departamento de la coneja. Era cálido y acogedor a diferencia de donde solían vivir por separado. Más importante, ahora estaban juntos. Violet se había ido hacía dos días lo cual permitió a Judy iniciar la mudanza de las cosas de Nick. Aun restaba la maleta que dejó en casa de su madre pero bajo ninguna circunstancia volvería a ese lugar en ese momento. Ahora solo estaban ellos dos.
-¿Por qué siempre que pasa algo así tiene que llover?- Se preguntó Judy mirando por la ventana.
-Tal vez signifique que hacemos las cosas mal…- Habló Nick.
-O que las hacemos bien- Le sonrió ella –Es cierto que llovió cuando pasó lo de Jack. Pero también lo hizo cuando me perdonaste allá en Fangtown, también cuando empezamos a estar juntos. Di lo que quieras pero yo cuento más cosas buenas que malas- Aseguró la coneja.
-¿Y qué es esta rabo de algodón?- Preguntó -¿Es buena o mala?-
-Bueno, lo de tus padres debió ser horrible… Pero al menos estamos los dos aquí, juntos y ¿Estamos bien no?-
-Eso creo…- Respondió Nick mientras se desplazaba hasta la cama. Dejó escapar un pequeño suspiro y le dedicó una sonrisa a Judy –Creo que sé cómo hacer que sea una noche agradable. Ven aquí- Extendió su brazo hacia ella.
-¿Qué tienes planeado?- No tardó en acercarse a él. Nick la abrazó con delicadeza. Acarició sus mejillas y sus orejas también, eso último ocasionó un leve pero agradable escalofrío en el pequeño cuerpo de la coneja.
-Esto- Sin más reparos la besó. Los dos cerraron los ojos y se dejaron llevar. Un beso profundo, tierno y cálido entre los dos, muy ansiado también pues en toda la semana pasada no hubo contacto entre ambos y con Violet al acecho definitivamente era algo imposible. Pero esa noche no, esa noche era solo de ellos y para ellos.
-Lo siento- Dijo el vulpino al romper el beso –Pero en verdad lo necesitaba- Confesó algo ruborizado.
-¿Y por eso me detuviste?- Preguntó riendo la coneja.
-Hehe, también me disculpo por eso-
-Ven aquí torpe zorro-
Retomaron el beso. Esta vez Judy subió a la cama junto con Nick. Acarició su cuello y sus esponjosas mejillas, tristemente debía estar de pie para poder alcanzar bien el rostro de su zorro mientras que él solo disfrutaba de la sensación. No tardó en responder también; Nick la tomó por la cintura y se encargó de acomodarla sobre él. El zorro se recostó en la cama y continuaron con su pequeño y acalorado momento. Similar a cuando Bogo los interrumpió hace una semana y en esta ocasión cualquier palabra era de sobra. Sin darse cuenta en qué momento Judy había empezado a desabotonar el chaleco del vulpino procediendo con su camisa hasta poder ver y sentir el pelaje de su pecho; era cálido, era suave, era motivo de sueños y anhelos para ella.
Nick la socorrió en ese detalle; en cuanto sintió el último botón liberado rápidamente se quitó ambas prendas quedando únicamente con el pantalón puesto, mismo que Judy ya había desabrochado también. Él no pudo evitar dejar escapar una pequeña risa ante la gran desesperación de Judy por seguir adelante. Para Nick era completamente distinto pues él se tomaba su tiempo. No quería llegar a la mejor parte tan deprisa, quería disfrutar todo el camino que debía recorrer. Acariciaba las orejas de la coneja, sus mejillas, disfrutaba probar sus labios una y otra vez. Llevó su mano bajo la blusa de Judy, acarició su vientre con delicadeza y luego pasó a su espalda desde abajo hacia arriba hasta toparse con el pequeño seguro que mantenía firme el sostén de la coneja. El rubor fue inevitable en ambos al sentir eso aunque rápidamente eliminaron la vergüenza al sonreírse de nueva cuenta, una clara señal de aprobación pero ahora Judy fue quien socorrió a Nick. Detuvo por un momento aquél agasajo y se irguió para quitarse la blusa y dejar ver el sostén de encaje negro que ocultaba su pecho. Arrojó la prenda lejos de la cama y continuó besando al semidesnudo zorro que estaba bajo ella.
-Judy…-
-¿Sí?-
-Te amo…-
Un par de lágrimas escaparon de los ojos violetas de la coneja. ¿Cómo tan simple palabra podía llenarla de tanta alegría? Porque era sincero, porque era un sentimiento verdadero.
-Yo también Nick-
Era un momento perfecto y sin igual. Todo terminó con Jack, los padres de Nick eran cantar para otro día. Ya nada debía molestar y sin embargo era demasiado pronto para decir que esta historia tuvo un final feliz.
De pronto, la puerta del departamento se abrió. Otra coneja con gafas de armazón rojo entró con paso raudo y sin detenerse a tocar.
-Judy no vas a creer lo que pasó, nuestros padres me…-
Un silencio sepulcral llenó la habitación. Los tres mamíferos que se encontraban ahí quedaron congelados al instante y pareció ser que lo mismo había pasado con el resto del mundo fuera de aquellos muros. Mundo que ahora se desmoronaba para Judy.
Llena de vergüenza y de terror bajó del cuerpo de Nick. Saltó de la cama y rápidamente buscó y vistió su blusa nuevamente.
-Violet… E… Esto no es lo que parece… Yo… Nosotros…-
Su hermana ni siquiera se molestó en responder. Salió huyendo del departamento sin mirar atrás. Dejando a una devastada y asustada Judy Hopps arrodillada en el suelo. Con tranquilidad el zorro se aproximó por detrás, se arrodilló a su nivel y reposó su mano en el hombro de la coneja.
-¿Judy?-
-Estoy acabada-
Un capítulo un poco largo lo sé, pero espero que sirva para compensar un poco la tardanza hehe. Como habrán leído al inicio el fic ya está por terminar y bueno ya se había extendido demasiado de su proposito original hehe.
Espero les haya gustado o al menos les haya dado algo qué hacer y al igual que siempre saben que es un honor escribir par austedes.
Comenta? Por favor? Así sabré si les gustó, les encanto... Y si ya ansiaban ver el final de esta singular historia.
Espero hayan disfrutado el capítulo. Hasta otra.
Paz.
