Chapter 10

Entre bostezos y con paso torpe consigue llegar hasta la cocina. Parece ser que ha sido el último en salir de la cama, pues los demás ya están correteando vivarachos por toda la casa. La primera en reparar en la presencia del rubio es Jade.

— Buenos díiiiias, Dave... ¿Dave? ¡Dave!

— Ah, joder... ¿Qué pasa?

— Tienes mala cara, ¿no descansaste? — Dave está tan empanado que es la morena la que tiene que cogerle las manos para que sostenga entre ellas el zumo de manzana que le ha traído.

— Bueno, no estoy...

En ese momento pasa por detrás de la chica el mayor de los Strider, que le dedica una mirada furtiva y una sonrisa confidente a Dave, lo cual le distrae lo bastante como para hacer que sus palabras se conviertan en balbuceos.

— ¿No estas...? — insiste Jade, soltando una risilla.

— ¿Qué? Ah, no estoy acostumbrado a dormir con algu... Quiero decir, esa no era mi cama y... Agh, qué cojones. Si no he dormido ha sido por vuestra culpa. ¿Cómo os atrevéis a hacerlo en mi cuarto?

Bueno, eso no era del todo mentira, de hecho la culpa de todo aquello prácticamente la tenían los gemidos de Jade. Esta última está tan roja como un tomate, así que no puede excusarse, pero John, que tiene la nariz taponada con un algodón, lleva refuerzos.

— En realidad no eres el más adecuado para decir eso, Dave. ¿Tengo que recordarte la noche que te tiraste a Rose en mi sofá? Ahora estamos en paz.

— Oh, vamos. Cállate, Egderp.

— ¿Te has tirado a Rose? — interviene Dirk, incrédulo.

— Sí, bueno, fue solo una noche, antes de irme de gira y...

Cuando levanta la mirada se encuentra con el ceño fruncido de su hermano.

—... Y no os tengo que dar ninguna explicación, joder. Ya habéis desayunado, ¿verdad? Dejadme hacer algo a mi, ¿qué os falta?

— Bueno, aún nadie ha fregado los platos que hemos utilizado.

Antes de que termine de hablar, Dave ya pone rumbo al fregadero y se hace con uno de los platos sucios. Ni si quiera le gusta hacer tareas de la casa, pero no tiene apetito y quiere hacer lo que sea para distraerse y no tener que enfrentarse a la mirada de su hermano oficialmente, al menos no aún.

— Tienes que quitar los restos del plato, no sacarle brillo como si no lo hubieran utilizado nunca. Vas a rallarlo, inútil.

Cuando la voz de Dirk se alza tras él, Dave da un respingo y presta más atención a lo que está haciendo.

— ¿Quieres dejarme en paz? No soy un crío, he vivido solo todos estos meses y no he-…

— ¿Te quieres callar? — corta el mayor de forma efectiva, ya que a partir de ese momento Dave cierra la boca con un gruñido y el ceño fruncido.

Dirk sonríe victorioso y pasa los brazos por los lados del cuerpo del otro para coger la esponja sobrante y otro plato, simulando que lo que quiere es echar una mano, aunque su objetivo desde el principio es el de tener una excusa para acercarse a su bro de una forma no sospechosa mientras Jade y John siguen recogiendo sus cosas y haciendo sus maletas para marcharse.

— ¿Se te pone la voz más aguda cuando gimes o es cosa mía? — susurra, enterrando la boca en su pelo para dar con su oído.

A Dave se le resbala el plato de las manos y este desaparece bajo el agua y espuma del fregadero. El mayor se da cuenta de su reacción y sonríe con malicia.

— ¡Jaaade! ¡Me vuelve a sangrar la nariz! — se escucha la voz del Egbert salir del cuarto de baño y seguidamente los pasos de Jade perdiéndose en el pasillo.

Dirk ve vía libre y suelta el plato para coger las manos de su hermano y pegarse a su espalda todo lo que puede.

— En realidad me parece algo adorable, enano — farfulla contra su cuello, inclinándose sobre él más de lo debido porque su presa no para de contorsionarse como una serpiente escurridiza para intentar escapar de sus garras.

— B-bro, no... En serio, para. No tiene gracia… Agh, puto pulpo, van a vernos por tu culpa — pone empeño en sonar molesto, pero en una ocasión hasta se le escapa un suspiro.

— Pero si solo estoy ayudando al torpe de mi hermano a lavar los platos… ¿no? — al decir aquel "no" interrogante suelta una de sus manos para pasearla por su vientre en dirección descendente. Ambos saben perfectamente dónde acabará esa mano traviesa, así que el de mirada bermeja aprovecha que tiene una mano libre para coger uno de los platos que se han hundido en el agua y dejarlo caer fuera del fregadero.

El resultado es inmediato: Dirk se aparta, sorprendido por el estruendo que causa la cerámica al impactar contra el suelo; y Jade regresa al salón con la lengua fuera por haberse recorrido todo el pasillo a la carrera.

— ¡¿Qué está pasando aquí?! — se alza la voz de la morena, que mira el plato en el suelo con el ceño fruncido mientras se coloca bien las gafas.

— Este tío, que es un manazas y en vez de echar una mano lo que hace es entorpecer — le reprocha Dave al mayor, mostrando una expresión molesta.

Dirk boquea, y solo es capaz de encogerse de hombros y alzar una ceja, ya que no se esperaba la tetra de Dave, que no pierde el tiempo y se dirige al recibidor. En mitad de su huida, Jade le interrumpe:

— ¿A dónde crees que vas, Dave Strider? — le señala con la mirada sus calzoncillos, haciéndole caer en la cuenta de que está en ropa interior.

No esperaba tener que dar una explicación, así que tiene que improvisar.

— A pedirle una escoba y un recogedor al vecino, por supuesto — dice ya con el pomo de la puerta entre sus dedos, teniendo esta entreabierta.

Dirk se da un palmazo en la cara al escuchar una excusa tan patética, y Jade le mira interrogante.

— Eh… ¿Dave? Ya tenem-…

— Escoba y recogedor. He dicho — y huye dejando un portazo tras de sí.

Obviamente no iba a pisar la calle así, según él podría ser un engorro: no quiere volver a casa lleno de sujetadores y bragas que seguramente le tirarían las jovencitas que le viesen pasar. Además, necesita estar solo un rato y pensar, así que no se le ocurre otra cosa que echar a andar escaleras arriba, directo a la azotea.

~o~

— Bueno, uhh… dicen que la semana que viene podré entrar a quirófano… ¿No te alegra oír eso, Gam?

Hace tanto que no ve esa sonrisa sincera en los labios de su amigo que, ahora que lo hace, no puede evitar bajar la mirada a sus manos, las cuales sujeta, totalmente deslumbrado por aquellos perfectos dientes blanquecinos.

— Y tanto que me alegra, Tav… Es un milagro, colega. Un jodido milagro…

Acaricia sus suaves y jóvenes manos, como todo él, con una sonrisa tristona en el rostro que el otro no es capaz de interpretar como tal. Se levanta y le acaricia el pelo momentáneamente.

— Voy a la azotea un rato, Tav. Llevo el móvil encima, por si necesitas algo.

— ¡Oh! Estaré bien, Gamzee. No te preocupes por mí.

Cierra la puerta despacio tras él y, con la mirada fija en sus deshilachados zapatos, suelta un suspiro que parece dolerle. El silencio le atormenta durante unos segundos, así que para romperlo entona una de esas canciones sobre circos y payasos que tanto le gustan.

Cuando abre la puerta que le lleva a la azotea, el viento azota violentamente su cara y sus cabellos ondulados los primeros instantes.

Entrecierra los ojos, y sentado sobre el poyete de la azotea distingue una figura masculina en calzoncillos de cabellera dorada. Sonríe cuando la reconoce y se empieza a acercar a él por detrás.

— Yo.

Dave no tiene ni que girarse esta vez para ver de quién se trata, esa voz ronca empieza a serle familiar.

— ¿Te he quitado el sitio?

— Tranqui hermano, la azotea no lleva mi nombre.

Se coloca al lado del rubio, pero en vez de subirse al poyete, tan solo pone sus brazos cruzados sobre él. El silencio de Dave hace que el moreno clave su mirada amodorrada en él. Apenas le conoce, pero no hay que ser muy observador para darse cuenta de lo mucho que le gusta hablar sobre él mismo con extrema insolencia y egocentrismo, y que ahora no salga palabra alguna de su bocaza de creído le hace pensar que algo no va bien.

— ¿Te preocupa algo, colega?

Dave suspira, aún mirando al frente, admirando la ciudad.

— Dudo mucho que te importe.

— Oh, vamos… — empieza a decir mientras busca algo en el bolsillo de su sudadera. Encuentra una especie de cigarro, pero más gordo y que parece estar hecho a mano. — suelta toda tu mierda, el tío Gam te escucha.

Mientras Dave vacila entre si hacerlo o no, el moreno se pasa la droga por debajo de la nariz para captar su olor puro y después busca el mechero, ahora más ansioso por encenderlo.

— ¿Alguna vez te has tirado a la novia de tu mejor amigo y después has sentido un increíble sentimiento de culpa que te dice que ha estado mal y no deberías haberlo hecho? — pregunta el Strider lo más rápido que puede.

Makara se le queda mirando con una ceja alzada y el porro sobre sus labios.

— Eh… ¿no?

— Genial, yo tampoco. Pero creo que se siente algo así y es exactamente como me siento yo ahora.

Se oye la piedra del mechero chascar y Gamzee inspira con fuerza la primera calada, sonriendo como un idiota cuando siente que el humo ha llegado a sus pulmones.

—Qué jodido, hermano…. Tienes que estar sintiéndote como una putísima mierda. Aunque si no te has tirado a la jodida novia de tu colega, sigo sin saber qué es eso que no deberías haber hecho.

— En realidad no pretendía que supieses es-…

De repelente, un fuerte olor que ya le ha venido antes a la nariz estando en compañía del moreno, hace que la arrugue y baje las comisuras de los labios en una mueca molesta, mirando al otro.

— ¿Qué? — pregunta Gamzee, sin saber a qué viene esa cara. Mira la mano que agarra lo que está fumando y se lo ofrece con una sonrisa — ¿Gustas?

— No, gracias. No quiero acabar como tú… Agh, y hazme el favor de echar el humo hacia otro lado, lo que me falta ya es llegar apestando a porro a casa y que mi hermano piense que soy un enganchado.

Gamzee responde a sus quejas con una suave risa entre dientes. Ese es el rubiales insolente que quiere ver. Pero su risa se corta cuando parece recordar algo.

— Oh tío, casi se me olvida. Escucha hermano, tengo entradas para el mejor festival de rap del puto mundo. Es esta noche, a lo mejor te apetece venir para despejarte.

— ¿Lo dices en serio, tío? Me encanta el rap.

Gamzee le dedica una sonrisa en la que deja ver un poco sus dientes. Dave se fija inevitablemente en ellos y se encuentra con que tienen una forma un tanto peculiar, son algo más afilados de lo normal.

— Lo sé, hermano.

— Ah… ¿cómo que lo sabes?

— Te seguía desde antes de que te hicieses famoso y dejases eso de rapear a un lado, rubiales.

El moreno no parece ser consciente de lo que acaba de decir, pero a Dave se le ha cosido en la cara la misma sonrisa arrogante que utilizó en el supermercado para lidiar con las adolescentes.

— ¿Me estás diciendo que estoy ante un fan?

— Eso parece.

— ¿Y por qué no estás mojando calzoncillos? Tienes a Dave Strider ante tus narices, chaval — dice con tono socarrón, al tiempo que se baja del poyete de un salto.

— Los porros hacen milagros, tío — murmura mientras tira lo que queda del cigarro al vacío de la ciudad. Se mete las manos en los bolsillos y se queda mirando las gafas de Dave fijamente — Tal vez si me dejases ver lo que esconden esas jodidas gafas… — deja la suposición en el aire de forma juguetona.

— Hah, eso es un privilegio, Makara.

— Me lo temía… Al menos nos veremos en el puto festival esta noche, ¿no?

— Por supuesto.

— De puta madre, hermano. Ese puño — dice al tiempo que eleva una de sus manos hecha puño. Entendiendo el gesto, Dave alza el suyo y lo choca con el ajeno.